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domingo, 13 de noviembre de 2022

Toledo en 1948 fotografiado por Alfonso Ortiz Bilbao

El diplomático, político, académico y profesor universitario ecuatoriano Luis Alfonso Ortiz Bilbao nació en Quito el 31 de octubre de 1903 y falleció en la misma ciudad el 10 de diciembre de 1988 a los 85 años de edad. Fue un formidable fotógrafo aficionado con una intensa vida llena de vicisitudes. Tras estudiar primaria en la escuela de los Hermanos de las Escuelas Cristianas del barrio quiteño de El Cebollar, pasó al Colegio de San Gabriel para completar los estudios secundarios. Tras ello, accedió a la universidad para estudiar en la Facultad de Jurisprudencia de la Universidad Central del Ecuador, donde se licenció en Ciencias Sociales y Políticas. Impulsó el Centro Católico de Obreros en los años 20 y fue uno de los fundadores de la Central Ecuatoriana de Obreros Católicos, una de las principales organizaciones sindicales del país. Fue concejal en Quito, diputado por Pichincha, secretario general del Banco Nacional de Fomento, miembro del Consejo Nacional de Economía, Consejero de Estado, Vicepresidente del Banco Nacional de Crédito, Embajador del Ecuador ante la Santa Sede, Presidente del Instituto Ecuatoriano de Cultura Hispánica, miembro de la Academia Nacional de Historia... en definitiva, una personalidad muy destacada en la sociedad ecuatoriana.
Alfonso Ortiz Bilbao Muy atraído por España como miembro destacado del Instituto Ecuatoriano de Cultura Hispánica, en 1948 fue doblemente invitado a acudir a nuestro país: por un lado, el presidente del Instituto de Cultura Hispánica, Joaquín Ruiz-Giménez, le invitaba a ocupar la cátedra "Ramiro de Maeztu" y, por otro, el director de la Real Academia Española, José María Pemán, le invitaba a la clausura de las festividades del IV centenario del nacimiento de Cervantes. Por ello, Ortiz Bilbao se decidió a acudir a España. Aquí permaneció varios meses, llegando a entrevistarse con el propio Francisco Franco, y recorriendo el país de punta a punta. Como era un gran aficionado a la fotografía, obtuvo una gran cantidad de imágenes de enorme mérito artístico.
Petrechado con una cámara Kodak Reflex 6x6 de anastigmático lumenizado f. 3,5 comprada el año anterior, y un fotómetro Weston (con el propósito de no desperdiciar negativos por ausencia o exceso de luz), Alfonso Ortiz Bilbao recorrió España entre el 15 de marzo y el 20 de julio de 1948 en lo que, para él, era como cumplir un sueño. Fueron nada menos que 13.000 los kilómetros que recorrió por nuestro país, visitando la friolera de 34 de las 50 capitales provinciales.
Utilizó en su periplo español los 720 disparos que le permitían los 60 carretes Kodak 620 Verichrome y Plus X comprados tanto en Quito como en Nueva York, a los que añadió 15 carretes más Gevaert e Infonal adquiridos en varias ciudades españolas. En los últimos días del viaje pudo usar un último cargamento de 20 carretes Kodak que le llegaron a Madrid desde Lisboa. En total fueron finalmente 996 fotografías repartidas en 83 carretes, una cifra que superaba todas sus expectativas cuando comenzó el viaje. Solo quedaron inutilizadas finalmente dos de ellas por haber apretado el disparador de manera inmediatamente consecutiva, por lo que el viaje de Ortiz Bilbao por España se resumió definitivamente en 994 fotografías de enorme valor documental.
Alfonso Ortiz Bilbao en Sevilla en 1948 Tal fue el entusiasmo que Ortiz Bilbao puso en este viaje, en el que llegó a olvidar "hasta la noción del descanso", que creo conveniente y significativo reproducir lo que él mismo escribió acerca de su recorrido por España:
"Y sin embargo, ¡cuántas cosas dignas de ser vistas tuvieron que quedar fuera de los itinerarios, a veces teniéndolas al alcance de la mano. (...) Sírvame de consuelo por lo que dejé de ver, lo mucho que vi, aunque el goce de lo visto se empañe al considerar cuánto no vi."
Ortiz Bilbao era una persona de temperamento humilde y nada pretencioso, especialmente cuando hablaba de sí mismo. Pese a la tremenda calidad de las fotografías que tomó en España (vais a ser testigos de ello), así definió su propio trabajo en nuestro país:
"Por las circunstancias mismas en que fueron tomadas, no aspiran estas fotografías a la calificación de artísticas. Aún más: ninguna de ellas persiguió tal propósito. Para ello habría sido preciso vivir en España, más que meses, años, escogiendo pacientemente luces, ángulos y motivos, pero sacrificando también la emoción de esos instantes maravillosos en que los ojos y el alma quedaban extáticos ante un monumento o un paisaje... Por lo mismo, si alguna resultó artística, sencillamente no es mi culpa..."
Como no podía ser de otro modo, Toledo fue una de las ciudades visitadas por Alfonso Ortiz Bilbao. Recorrió las calles de la vieja ciudad castellana acompañado por tres mujeres: Lelia Proaño de Arcos, Mercedes Luna Tobar y Rosario Tobar García, amigas del fotógrafo.
Del inmenso talento fotográfico de Ortiz Bilbao dan fe muchas de las fotografías que obtuvo en Toledo, como testimonio gráfico impagable del aspecto de Toledo y los toledanos en aquellos duros años de posguerra. De entre todas ellas yo destacaría esta imagen en la que una niña posa con un muchacho –probablemente su hermano– sentado en sus rodillas. Al fondo se vislumbra la puerta vieja de Bisagra, mientras que los niños están sobre el pretil que existía a modo de paso superior para acceder al Hostal del Cardenal con una cota mucho mayor a la actual.
Una niña con un pequeño en brazos junto a la Puerta Vieja de Bisagra de Toledo en 1948. Fotografía de Alfonso Ortiz Bilbao © Herederos de Alfonso Ortiz Bilbao (Quito, Ecuador) / Universidad de León La animada vida de la plaza de Zocodover en 1948 vista desde la terraza del Café Español también fue magistralmente retratada por Alfonso Ortiz Bilbao. Las sillas vacías esperaban a los clientes, que no tardarían mucho en llegar en aquel soleado día.
Plaza de Zocodover y mesas del Café Español de Toledo en 1948. Fotografía de Alfonso Ortiz Bilbao © Herederos de Alfonso Ortiz Bilbao (Quito, Ecuador) / Universidad de León Las acompañantes de Alfonso Ortiz posaron sonrientes en 1948 junto a la imponente presencia de la mezquita del Cristo de la Luz. Unos chiquillos a ambos lados de la imagen se animaron también a completar la escena en un improvisado posado. La aprecia perfectamente la belleza de la verja de la mezquita ejecutada en forja artística por el gran maestro Julio Pascual.
Mezquita del Cristo de la Luz en Toledo en 1948. Fotografía de Alfonso Ortiz Bilbao  © Herederos de Alfonso Ortiz Bilbao (Quito, Ecuador) / Universidad de León La calle Carmelitas Descalzos fue también inmortalizado por Alfonso Ortiz Bilbao en 1948, que logró captar las texturas de las paredes de las calles de un modo magistral a través de la luz.
Calle Carmelitas Descalzos en Toledo en 1948. Fotografía de Alfonso Ortiz Bilbao  © Herederos de Alfonso Ortiz Bilbao (Quito, Ecuador) / Universidad de León Esta foto de una procesión que recorría la calle del Arco de Palacio en 1948 fue titulada por Alfonso Ortiz como “desde la catedral a bendecir los campos” por lo que es muy probable que se tratara de una de las rogativas que se hacían en fechas concretas como los días de San Isidro o de San Marcos pidiendo al cielo una buena cosecha. También eran habituales las procesiones que, en época de sequía o incluso de exceso de lluvias, sacaban a la calle imágenes de santos y vírgenes pidiendo un cambio en las condiciones meteorológicas.
Una procesión pasa bajo el Arco de Palacio en Toledo en 1948. Fotografía de Alfonso Ortiz Bilbao  © Herederos de Alfonso Ortiz Bilbao (Quito, Ecuador) / Universidad de León Esta es otra de las grandes fotografías que tomó el ecuatoriano Alfonso Ortiz Bilbao en 1948. En ella vemos la puerta de Valmardón con un grupo de soldados que miran a la cámara y un niño a la izquierda. Dos de los hombres simulan apuntar con su rifle al fotógrafo.
Soldados en la Puerta de Valmardón de Toledo en 1948. Fotografía de Alfonso Ortiz Bilbao  © Herederos de Alfonso Ortiz Bilbao (Quito, Ecuador) / Universidad de León Alfonso Ortiz Bilbao inmortalizó en 1948 a este anciano situado en la puerta de acceso al interior de la sinagoga de Santa María la Blanca. Es posible que se tratara del encargado de la apertura del monumento en aquellos años, pero lo cierto es que, con un cigarro en los labios, apoyado en un bastón y con cara de pocos amigos, su presencia no invitaba demasiado a que los visitantes entraran al edificio.
Un anciano a la entrada de la Sinagoga de Santa María la Blanca  en Toledo en 1948. Fotografía de Alfonso Ortiz Bilbao  © Herederos de Alfonso Ortiz Bilbao (Quito, Ecuador) / Universidad de León En 1948 el Alcázar se encontraba sin reconstruir y su patio era un lugar de obligada visita que los dirigentes de la época se esforzaban en erigir como uno de sus símbolos internacionales, rememorando lo sucedido durante el asedio de la guerra civil. Hasta allí se dirigió Alfonso Ortiz Bilbao, que fue capaz de lograr estas bellas imágenes en las que vemos el patio y la escultura de Carlos V rodeada de las ruinas bajo un cielo con nubes algodonosas.
Patio del Alcázar de Toledo en 1948. Fotografía de Alfonso Ortiz Bilbao  © Herederos de Alfonso Ortiz Bilbao (Quito, Ecuador) / Universidad de León Patio del Alcázar de Toledo en 1948. Fotografía de Alfonso Ortiz Bilbao  © Herederos de Alfonso Ortiz Bilbao (Quito, Ecuador) / Universidad de León El Museo del Greco fue también objeto de la visita de Ortiz Bilbao y sus acompañantes:
Patio del Museo del Greco en Toledo en 1948. Fotografía de Alfonso Ortiz Bilbao  © Herederos de Alfonso Ortiz Bilbao (Quito, Ecuador) / Universidad de León El monasterio de San Juan de los Reyes con sus filigranas góticas:
Monasterio de san Juan de los Reyes en Toledo en 1948. Fotografía de Alfonso Ortiz Bilbao  © Herederos de Alfonso Ortiz Bilbao (Quito, Ecuador) / Universidad de León Una vista del Arrabal y la Puerta de Bisagra:
Arrabal y Puerta de Bisagra en Toledo en 1948. Fotografía de Alfonso Ortiz Bilbao © Herederos de Alfonso Ortiz Bilbao (Quito, Ecuador) / Universidad de León Como habéis podido comprobar, estamos ante uno de los más bellos reportajes del Toledo de posguerra, de la mano de una persona que plasmó su entusiasmo por nuestro país en forma de soberbias fotografías. Solo me queda agradecer tanto a los herederos de Alfonso Ortiz Bilbao como a la Universidad de Léon su generosidad al permitirme publicar estas fotografías tanto el mi último libro "Toledo Olvidado 5" como en esta entrada del blog que estoy seguro de que os ha hecho disfrutar sobremanera a los amantes de la fotografía histórica toledana.
Alfonso Ortiz Bilbao (izquierda) en Mallorca

lunes, 22 de agosto de 2022

Las soberbias fotografías de Steven Henty en Toledo en 1949

En el último libro de la saga (Toledo Olvidado 5) que tuve la suerte de poder publicar el año pasado, pude incluir un buen número de fotografías procedentes de Australia, lo que vuelve a demostrar el carácter magnético de la ciudad de Toledo para los mejores fotógrafos de la historia a lo largo del mundo, que visitaron nuestra ciudad para inmortalizarla recorriendo en ocasiones miles y miles de kilómetros para ello.
Uno de estos fotógrafos australianos que estuvo en Toledo con su cámara fue el genial Steven Henty, uno de los mejores reporteros australianos en el siglo XX. Henty visitó nuestra ciudad en plena posguerra, concretamente en el año 1949, muy probablemente el día 1 de junio de ese año. En un trabajo encomendado por el periódico Sydney Morning Herald, en la vieja ciudad castellana Henty obtuvo una serie de fotografías sencillamente magistral que me ha llevado varios años no solo descubrir sino comprobar su autoría, y que suponen todo un retrato sociológico del Toledo de aquellos años.
Comenzaré por mostraros las imágenes más bellas en mi opinión, que se corresponden con retratos de personas sencillas, de carne y hueso, que conformaban nuestra sociedad por aquellos años y que han vivido en el más absoluto anonimato... tal vez hasta hoy. Y digo hasta hoy porque os invito, como siempre, a aportar cualquier posible pista que podáis detectar en las fotos para poder identificar a alguna de las personas que aparecen retratadas. La primera de ellas es esta entrañable y expresiva imagen obtenida en la plaza del ayuntamiento en la que una jovencísima cuidadora posa con una pequeña niña en brazos. En aquella época, era muy habitual en las familias con ciertos recursos contar con la figura de las tatas, mujeres que se encargaban de la crianza y cuidado de los pequeños así como de muchas de las tareas del hogar, viviendo de manera permanente en esos hogares. En muchas ocasiones, se creaba un fuerte vínculo afectivo entre estas empleadas y las familias, llegando en la práctica a ser un miembro más de la familia.
Una tata con una niña en la plaza del ayuntemiento el 1 de junio de 1949. Foto de Steven Henty © Steven Henty / Sydney Morning Herald / SMH (Australia) Son del mismo modo impagables las fotografías que Henty tomó en el parque del Paseo del Tránsito, donde podemos volver a ver rostros infantiles que han dormido el sueño de los justos hasta el día de hoy y que sería maravilloso poder asociar con los nombres y apellidos de sus protagonistas.
Una niña en el paseo del Tránsito el 1 de junio de 1949. Foto de Steven Henty © Steven Henty / Sydney Morning Herald / SMH (Australia) Una niña en el Paseo del Tránsito el 1 de junio de 1949. Foto de Steven Henty © Steven Henty / Sydney Morning Herald / SMH (Australia) ¿Y qué decir de esta otra estampa, llena de dureza y expresividad, absoluto retrato de una época tan dura en Toledo como fue la posguerra? ¡Cuántas historias se esconden detras de cada rostro, de cada arruga, de cada detalle...!
Una anciana en Toledo, a las afueras de la ciudad,  el 1 de junio de 1949. Foto de Steven Henty © Steven Henty / Sydney Morning Herald / SMH (Australia) Si las escenas de primeros planos son soberbias, no lo son menos las que inmortalizan a grupos de personas en escenarios perfectamente reconocibles. Es sencillamente deliciosa esta fotografía tomada en Zocodover en la que podemos ver no solo la animación de la plaza sino el furor que por entonces despertaba el uso de la gomina en los caballeros, probablemente determinado por la influencia del cine a través de películas como Casablanca.
Plaza de Zocodover a mediados del siglo XX, el 1 de junio de 1949. Foto de Steven Henty. Hombres con gomina y boinas en la plaza de Zocodover. Detalle de una Fotografía de Steven Henty en 1949 Deja sencillamente sin palabras esta escena capturada en la castiza plaza de las Cuatro Calles. Es una imagen llena de fuerza estética y de capacidad de evocación que estoy seguro que os encantará:
Plaza de las Cuatro Calles el 1 de junio de 1949. Fotografía de Steven Henty. Una de las escenas más duras, en mi opinión, es esta en la que podemos ver la vida cotidiana entre las ruinas del Alcázar. En un mar de escombros como consecuencia de la guerra acaecida hacía trece años, los toledanos hacían su vida y pasaban las horas, mientras los altos muros semiderruidos del baluarte les recordaban cada día la desdicha que supone un enfrentamiento entre hermanos, capaz de destruir no solo edificaciones sino especialmente vidas, vínculos afectivos e ilusiones.
Vista de la Catedral desde el Alcázar el 1 de junio de 1949. La gente pasea y toma el sol en un mar de destrucción. Fotografía de Steven Henty. En el Alcázar, Steven Henty tomó varias fotos más:
Ruinas del Alcázar de Toledo. Fotografía de Steven Henty en 1949 Estatua del furor de Carlos V en el Alcázar de Toledo el 1 de junio de 1949. Fotografía de Steven Henty. La Catedral tampoco pasó desapercibida para el genial fotógrafo australiano:
Catedral de Toledo el 1 de junio de 1949. Fotografía de Steven Henty. Interior de la catedral de Toledo el 1 de junio de 1949. Fotografía de Steven Henty. Transparente de la Catedral de Toledo el 1 de junio de 1949. Fotografía de Steven Henty. Puerta del Reloj de la Catedral de Toledo el 1 de junio de 1949. Fotografía de Steven Henty. Y, para finalizar, un paisaje precioso: el río Tajo con el brillo de sus aguas (no, no es espuma, es el reflejo de la luz en las por entonces limpias aguas) junto a los molinos de Daicán y la desembocadura del arroyo de la Cabeza procedente de Pozuela a través de la vaguada de Valdecolomba:
Río Tajo y molinos de Daicán en Toledo el 1 de junio de 1949. Fotografía de Steven Henty. Molinos de Daicán. Detalle de una Fotografía de Steven Henty en 1949 Con la certeza de que estas preciosas fotografías os han encantado y os han trasladado a aquellos ya lejanos y duros años de la posguerra en Toledo, solo me queda recordaros que agradeceré sobremanera cualquier pista que pueda conducirme a la identificación de alguna de las personas que aparecen en las fotografías. Mil gracias a todos por adelantado.

sábado, 17 de julio de 2021

Un repaso al Toledo de 1945 para la elaboración del Plan General de Ordenación de la ciudad

La guerra civil supuso para Toledo la destrucción y desfiguración de buena parte de la ciudad. A los edificios completamente destruidos como el Alcázar, la Fonda de la Caridad, el convento de San Juan de la Penitencia o las Iglesias de San Lorenzo y de la Magdalena, por citar los más voluminosos, hay que añadir centenares de viviendas repartidas por toda la ciudad que dejaron como consecuencia una situación complicadísima en lo patrimonial y urbanístico en un contexto económico y social absolutamente desolador.
En esas circunstancias es donde se encarga por el recién creado Servicio de Protección del Patrimonio Artístico Nacional la elaboración de un plan de reconstrucción y recuperación de las consideradas como las dos principales joyas históricas de toda España: las ciudades de Toledo y Santiago de Compostela.
Surge así una cadena de órdenes que, partiendo del Ministro de la Gobernación, permitió crear una Comisión de Urbanismo que resolviera el problema de las dos citadas ciudades. En esa comisión figuraban la Dirección General de Arquitectura, los ayuntamientos de ambas cudades y otros organismos entre los que destacaba Real Academia de Bellas Artes de San Fernando. De este modo, el denominado "Plan General de Ordenación de Toledo" fue redactado en 1945 por la Junta de Urbanismo de Toledo bajo la tutela técnica de la Sección de Urbanismo de la Dirección General de Arquitectura.
Se trata de un documento cuyo espíritu se resume en el preámbulo con estas palabras:
"La declaración de monumentalidad impone una rigidez restrictiva perfectamente aplicable a un edificio, pero muy difícil de practicar en una ciudad sin alterar su vida normal; pudiendo producir un colapso contraproducente si no se dictan las normas necesarias y oportunas para canalizar la vitalidad urbana y la influencia rural en una convivencia con los principios de observancia inexcusables en la conservación de una ciudad histórica y en su debida organización interna."
Hace poco he adquirido un ejemplar original de esta joya de la historia del urbanismo de Toledo, que fue publicado en abril de 1945 en la Revista Nacional de Arquitectura. Se trata de un documento de inmenso interés por sus planteamientos, en una época en la que hay que recordar que la ciudad aún se circunscribía prácticamente en su totalidad al recinto amurallado, con unas condiciones de vida muy rudimentarias para sus 35.000 habitantes tanto por los estragos de la guerra como por la degradación que Toledo había sufrido en los siglos anteriores, que conformaba una ciudad inmersa en profundísimos problemas de habitabilidad, salubridad y deterioro patrimonial en un entorno también complicado topográficamente.
Como sabéis, en este blog me centro en la fotografía histórica, por lo que no analizaré aquí los planteamientos urbanísticos que el documento proponía con profusión de planos y mapas de elaboración ciertamente esmerada. Sin embargo, sí os mostraré las valiosísimas imágenes que se tomaron de la ciudad para ser incluidas en el documento y que tienen el valor de ser una muestra muy representativa del estado de todo el centro histórico en 1945 con un enfoque muy diferente del habitual, ya que incidían más en lo problemático y deteriorado que en lo monumental y bien conservado. Ello supone para nosotros un verdadero tesoro que nos permite valorar, casi 80 años después, el inmenso salto que ha dado la ciudad en su estado de conservación y habitabilidad, aún siendo conscientes de que todavía queda mucho camino por recorrer y muchos problemas que solventar.
Comenzaremos por repasar el entorno del Alcázar, el más degradado por la guerra. Cuesta casi reconocer los lugares si los comparamos con su estado actual, y sobrecoge ver su aspecto en 1945:
Restos del torreón suroeste del Alcázar junto al Horno de los Bizcochos. Foto incluida en el Plan General de Ordenación de Toledo publicado en 1945 en la Revista Nacional de Arquitectura. Colección personal de Eduardo Sánchez Butragueño. Zona del Horno de los Bizcochos junto al Alcázar. Foto incluida en el Plan General de Ordenación de Toledo publicado en 1945 en la Revista Nacional de Arquitectura. Colección personal de Eduardo Sánchez Butragueño. Otra zona profusamente fotografiada para la redacción del plan fue la de la cornisa, con las Iglesias de San Lucas y San Sebastián como centros. El documento apuntaba acertadamente la necesidad de abrir una circunvalación que uniera todo el sur del centro histórico y sacara estos barrios de su situación de extrema pobreza, pues eran auténticos suburbios con una población viviendo en condiciones a menudo inconcebibles para nuestros estándares actuales. Esa circunvalación, que aprovechaba parte del denominado "camino de ronda" que aquí vemos en algunos tramos, no fue realidad hasta que en los años 70 y 80 se ejecutó la denominada "Ronda Cornisa" que cambió para bien toda esta zona de Toledo.
Iglesia de San Lucas. Foto incluida en el Plan General de Ordenación de Toledo publicado en 1945 en la Revista Nacional de Arquitectura. Colección personal de Eduardo Sánchez Butragueño. Iglesia de San Lucas. Foto incluida en el Plan General de Ordenación de Toledo publicado en 1945 en la Revista Nacional de Arquitectura. Colección personal de Eduardo Sánchez Butragueño. Iglesia de San Lucas. Foto incluida en el Plan General de Ordenación de Toledo publicado en 1945 en la Revista Nacional de Arquitectura. Colección personal de Eduardo Sánchez Butragueño. Entorno de la Iglesia de San Lucas y cigarral del doctor Botella. Foto incluida en el Plan General de Ordenación de Toledo publicado en 1945 en la Revista Nacional de Arquitectura. Colección personal de Eduardo Sánchez Butragueño. Entorno de San Lucas-Convento de San Pablo en la confluencia con la calle del Barco. Foto incluida en el Plan General de Ordenación de Toledo publicado en 1945 en la Revista Nacional de Arquitectura. Colección personal de Eduardo Sánchez Butragueño. Entorno de la Iglesia de San Sebastián. Foto incluida en el Plan General de Ordenación de Toledo publicado en 1945 en la Revista Nacional de Arquitectura. Colección personal de Eduardo Sánchez Butragueño. Carreras de San Sebastián. Foto incluida en el Plan General de Ordenación de Toledo publicado en 1945 en la Revista Nacional de Arquitectura. Colección personal de Eduardo Sánchez Butragueño. Zona de casas en ruina en las Carreras de San Sebastián. Foto incluida en el Plan General de Ordenación de Toledo publicado en 1945 en la Revista Nacional de Arquitectura. Colección personal de Eduardo Sánchez Butragueño. Carreras de San Sebastián. Foto incluida en el Plan General de Ordenación de Toledo publicado en 1945 en la Revista Nacional de Arquitectura. Colección personal de Eduardo Sánchez Butragueño. No lejos de allí, las calles interiores que terminan descendiendo hacia esa proyectada circunvalación, fueron también fotografiadas con motivo de la redacción de este plan:
Confluencia del Convento de San Pablo con la circunvalación. Foto incluida en el Plan General de Ordenación de Toledo publicado en 1945 en la Revista Nacional de Arquitectura. Colección personal de Eduardo Sánchez Butragueño. Plaza de Santa Catalina. Foto incluida en el Plan General de Ordenación de Toledo publicado en 1945 en la Revista Nacional de Arquitectura. Colección personal de Eduardo Sánchez Butragueño. Una de las plazas más fotografiadas del plan es la de Barrio Nuevo en la judería, que en el documento cobraba gran importancia por sus posibilidades para convertirse en un de los "centros" de la ciudad histórica:
Plaza de Barrionuevo. Foto incluida en el Plan General de Ordenación de Toledo publicado en 1945 en la Revista Nacional de Arquitectura. Colección personal de Eduardo Sánchez Butragueño. Plaza de Barrionuevo. Foto incluida en el Plan General de Ordenación de Toledo publicado en 1945 en la Revista Nacional de Arquitectura. Colección personal de Eduardo Sánchez Butragueño. Plaza de Barrionuevo. Foto incluida en el Plan General de Ordenación de Toledo publicado en 1945 en la Revista Nacional de Arquitectura. Colección personal de Eduardo Sánchez Butragueño. Plaza de Barrionuevo desde la fábrica de Harinas San José. Foto incluida en el Plan General de Ordenación de Toledo publicado en 1945 en la Revista Nacional de Arquitectura. Colección personal de Eduardo Sánchez Butragueño. Sorprende mucho en esta vista de la Plaza del Salvador ver al fondo las viviendas que existían en la actual plaza junto a San Marcos y la Trinidad, que ocupaban el terreno que siglos atrás acogió un convento trinitario:
Plaza del Salvador. Foto incluida en el Plan General de Ordenación de Toledo publicado en 1945 en la Revista Nacional de Arquitectura. Colección personal de Eduardo Sánchez Butragueño. No lejos de allí, junto a Santa Úrsula, se puede ver la portezuela colocada donde se situaba una de las portadas del convento trinitario, que ya había sido trasladada a la Alhóndiga:
Calle de la Portería de la Trinidad junto al Convento de Santa Úrsula. Foto incluida en el Plan General de Ordenación de Toledo publicado en 1945 en la Revista Nacional de Arquitectura. Colección personal de Eduardo Sánchez Butragueño. La calle del Taller del Moro y su confluencia con el Paseo de San Cristóbal quedó retratada en estas dos fotografías que muestran bastantes cambios con el aspecto actual de la zona:
Paseo de San Cristóbal. Foto incluida en el Plan General de Ordenación de Toledo publicado en 1945 en la Revista Nacional de Arquitectura. Colección personal de Eduardo Sánchez Butragueño. Calle Taller del Moro. Foto incluida en el Plan General de Ordenación de Toledo publicado en 1945 en la Revista Nacional de Arquitectura. Colección personal de Eduardo Sánchez Butragueño. La explanada situada frente a San Juan de los Reyes tenía en 1945 este aspecto:
San Juan de los Reyes y su entorno. Foto incluida en el Plan General de Ordenación de Toledo publicado en 1945 en la Revista Nacional de Arquitectura. Colección personal de Eduardo Sánchez Butragueño. Algo más abajo, el Palacio de los Duques de Maqueda:
Palacio de los duques de Maqueda y San Juan de los Reyes. Foto incluida en el Plan General de Ordenación de Toledo publicado en 1945 en la Revista Nacional de Arquitectura. Colección personal de Eduardo Sánchez Butragueño. La calle de San Juan de la Penitencia fue inmortalizada con una pequeña curiosidad: el logotipo en forja del taller del genio del hierro Julio Pascual, colocado en perpendicular a la fachada de la que era su casa y lugar de trabajo, en nuestros días presa de una incomprensible y vergonzosa ruina:
Casa-Taller de Julio Pascual en la calle San Juan de la Penitencia. Foto incluida en el Plan General de Ordenación de Toledo publicado en 1945 en la Revista Nacional de Arquitectura. Colección personal de Eduardo Sánchez Butragueño. Muy cerca de allí, el denominado Callejón de la Divisa:
Callejón de la Divisa. Foto incluida en el Plan General de Ordenación de Toledo publicado en 1945 en la Revista Nacional de Arquitectura. Colección personal de Eduardo Sánchez Butragueño. Esta es la calle del Ángel, en su zona inferior, junto a la actual Plaza del Sofer:
Confluencia de la calle del Ángel con la plaza del Sofer. Foto incluida en el Plan General de Ordenación de Toledo publicado en 1945 en la Revista Nacional de Arquitectura. Colección personal de Eduardo Sánchez Butragueño. Aquí vemos dos tomas de la calle de la Merced:
Calle de la Merced. Foto incluida en el Plan General de Ordenación de Toledo publicado en 1945 en la Revista Nacional de Arquitectura. Colección personal de Eduardo Sánchez Butragueño. Calle de la Merced. Foto incluida en el Plan General de Ordenación de Toledo publicado en 1945 en la Revista Nacional de Arquitectura. Colección personal de Eduardo Sánchez Butragueño. La Iglesia de Santiago del Arrabal aún permanecía semioculta en varias de sus fachadas por viviendas adosadas a ella. Así de sorprendente era el aspecto de la zona cuando se observa la Iglesia desde la Puerta de Bisagra, justo donde hoy se sitúa la parada del autobús:
Casas adosadas a la Iglesia de Santiago del Arrabal. Foto incluida en el Plan General de Ordenación de Toledo publicado en 1945 en la Revista Nacional de Arquitectura. Colección personal de Eduardo Sánchez Butragueño. Santiago del Arrabal con casas aún adosadas. Foto incluida en el Plan General de Ordenación de Toledo publicado en 1945 en la Revista Nacional de Arquitectura. Colección personal de Eduardo Sánchez Butragueño. La propia Puerta de Bisagra, con el hueco practicado de manera absolutamente tosca en la muralla junto a ella para permitir el tránsito de vehículos:
Puerta de Bisagra. Foto incluida en el Plan General de Ordenación de Toledo publicado en 1945 en la Revista Nacional de Arquitectura. Colección personal de Eduardo Sánchez Butragueño. Para finalizar, os dejo una vista general de la ciudad en aquel ya lejano 1945. Espero que os haya gustado este repaso al Toledo de la posguerra y que os sirva, como a mí me ha sucedido, para valorar cada día más el gran avance que la ciudad ha experimentado en las últimas décadas en su conservación y aspecto general. Sigamos entre todos trabajando para que cada día nuestra ciudad luzca mejor, nuestro patrimonio esté lo mejor conservado posible y logremos que las condiciones de vida en el centro histórico sigan mejorando para mantener la esencia de una ciudad viva, que siempre -incluso en los momentos más duros como es una guerra- logró afrontar y superar los desafíos que cada época presenta. Nuestra generación debe estar a la altura para volver a conseguirlo.
Vista general de Toledo. Foto incluida en el Plan General de Ordenación de Toledo publicado en 1945 en la Revista Nacional de Arquitectura. Colección personal de Eduardo Sánchez Butragueño.
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Maira Gall