domingo, 28 de junio de 2020

Toledo hacia 1911 dentro del Portfolio Fotográfico de España

Si en el siglo XIX hubo preciosos ejemplos de difusión sistematizada del patrimonio artístico, histórico y paisajístico español a través de la fotografía (con ejemplos como el de Jean Laurent a la cabeza), una vez iniciado el siglo XX debemos fijar nuestra mirada en la iniciativa emprendida hacia 1910-1915 por el editor Alberto Martín Vicente (ca. 1870-1917) denominada "Portfolio Fotográfico de España". Para llevarla a cabo, Martín hubo de seleccionar a grandes fotógrafos a lo largo de la geografía española. Además, encomendó la dirección de la obra al eminente geógrafo, arqueólogo e historiador Ceferino Rocafort (1872-1917), todo ello para lograr los objetivos de la publicación que, en sus propias palabras, no era otro que sacar a la luz una cuidada obra «por cuadernos semanales, constando cada uno de un mapa impreso á siete tintas, dieciseis fotografías, impresas en papel couché, con la descripción de la provincia y capital y nomenclátor de los pueblos por orden alfabético, número de habitantes y si tiene estación férrea».
La publicación fue todo un éxito y, debido a ello, se añadieron nuevos números a la tirada original de 50 fascículos, llegándose a editar más de un centenar.
Uno de los primeros en publicarse (fue el número 3 de la colección) estuvo dedicado a la ciudad de Toledo, con 16 preciosas fotografías que hoy voy a mostraros:
Portada de "Portfolio Fotográfico de España (cuaderno nº 3)" editado por Alberto Martín a iniciativa de Ceferino Rocafort hacia 1910. Dibujo de Prado y Alcalá.

El Puente de San Martín aparece majestuoso con el Tajo, por entonces limpio y caudaloso, pasando bajo sus cinco ojos:
Puente de San Martín  hacia 1910. Publicada en "Portfolio Fotográfico de España (cuaderno nº 3)" por Alberto Martín a iniciativa de Ceferino Rocafort

Desde el Puente de Alcántara se veían no solo las Turbinas de Vargas o elevadora de aguas (en el lugar donde se levantara el mítico Artificio de Juanelo) sino también las modestas casas de baños que cada verano se colocaban con licencia municipal en las orillas del Tajo:
Turbinas de Vargas y Molinos de San Servando  hacia 1910. Publicada en "Portfolio Fotográfico de España (cuaderno nº 3)" por Alberto Martín a iniciativa de Ceferino Rocafort

Las casetas de baños también son visibles en la parte inferior de la fotografía dedicada al Baño de la Cava:
Baño de la Cava  hacia 1910. Publicada en "Portfolio Fotográfico de España (cuaderno nº 3)" por Alberto Martín a iniciativa de Ceferino Rocafort

La Puerta del Sol, uno de nuestros más bellos monumentos, no podía faltar en el capítulo dedicado a Toledo:
Puerta del Sol  hacia 1910. Publicada en "Portfolio Fotográfico de España (cuaderno nº 3)" por Alberto Martín a iniciativa de Ceferino Rocafort

La Sinagoga de Santa María la Blanca aparece así de bellamente retratada:
Sinagoga de Santa María la Blanca  hacia 1910. Publicada en "Portfolio Fotográfico de España (cuaderno nº 3)" por Alberto Martín a iniciativa de Ceferino Rocafort

El Castillo de San Servando, en su promontorio rocoso que vigila el este de la ciudad, también forma parte del Portfolio:
Castillo de San Servando  hacia 1910. Publicada en "Portfolio Fotográfico de España (cuaderno nº 3)" por Alberto Martín a iniciativa de Ceferino Rocafort

La Posada de la Hermandad presenta en la zona derecha un curioso anuncio de una "Relojería y Platería" con la esfera de un reloj como reclamo:
Posada de la Hermandad hacia 1910. Publicada en "Portfolio Fotográfico de España (cuaderno nº 3)" por Alberto Martín a iniciativa de Ceferino Rocafort

En esta foto del Puente de Alcántara hay una pista que ayuda a datar la colección en torno a 1911: ya aparece la Puerta de Alcántara desprovista de las humildes casas que la ocultaban hasta ese año. Además, se ve en obras el depósito de aguas que comenzó también a construirse en 1911 en el Paseo del Carmen:
Puente de Alcántara y Alcázar de Toledo  hacia 1910. Publicada en "Portfolio Fotográfico de España (cuaderno nº 3)" por Alberto Martín a iniciativa de Ceferino Rocafort

La Plaza de Zocodover aparece preciosa, con la presencia de las efímeras catalpas plantadas hacia 1906 y que fueron retiradas hacia 1915:
Plaza de Zocodover y Alcázar de Toledo  hacia 1910. Publicada en "Portfolio Fotográfico de España (cuaderno nº 3)" por Alberto Martín a iniciativa de Ceferino Rocafort

La Catedral y la Plaza del Ayuntamiento, por entonces ajardinada:
Catedral de Toledo  hacia 1910. Publicada en "Portfolio Fotográfico de España (cuaderno nº 3)" por Alberto Martín a iniciativa de Ceferino Rocafort

Un aspecto de la plaza desde la propia Catedral:
Ayuntamiento de Toledo  hacia 1910. Publicada en "Portfolio Fotográfico de España (cuaderno nº 3)" por Alberto Martín a iniciativa de Ceferino Rocafort

La espectacular Puerta de los Leones:
Puerta de los Leones  hacia 1910. Publicada en "Portfolio Fotográfico de España (cuaderno nº 3)" por Alberto Martín a iniciativa de Ceferino Rocafort

Los sepulcros de Álvaro de Luna y Juana Pimentel en la Capilla de Santiago de la Catedral:
Sepulcro de Don Álvaro de Luna  hacia 1910. Publicada en "Portfolio Fotográfico de España (cuaderno nº 3)" por Alberto Martín a iniciativa de Ceferino Rocafort

El Cristo de la Vega, con las lámparas de la ermita cubiertas por lonas o telas:
Cristo de la Vega  hacia 1910. Publicada en "Portfolio Fotográfico de España (cuaderno nº 3)" por Alberto Martín a iniciativa de Ceferino Rocafort

El Claustro de San Juan de los Reyes:
Claustro de San Juan de los Reyes  hacia 1910. Publicada en "Portfolio Fotográfico de España (cuaderno nº 3)" por Alberto Martín a iniciativa de Ceferino Rocafort

La fachada del Teatro de Rojas fotografiada desde la Plaza Mayor:
Teatro de Rojas  hacia 1910. Publicada en "Portfolio Fotográfico de España (cuaderno nº 3)" por Alberto Martín a iniciativa de Ceferino Rocafort

La autoría de las fotos es desconocida, puede incluso que no todas sean de un mismo fotógrafo. Hay similitudes o coincidencias en algunas fotos con series de postales de casas como Castañeira, Álvarez y Levenfeld por lo que es probable que la editorial acudiera a las casas fotográficas más famosas por entonces, que surtían de imágenes a diferentes empresas relacionadas con el mundo de las postales, los libros turísticos y el mundo artístico.
Espero que os haya gustado este pequeño viaje al Toledo de hace más de un siglo.

lunes, 15 de junio de 2020

La Ermita de la Virgen de la Guía

Este año de 2020 será recordado, tristemente, por todas las pérdidas ocasionadas por el maldito coronavirus: pérdida de vidas, pérdida de momentos compartidos, pérdidas económicas y pérdida también de fiestas y tradiciones que este año no se celebrarán.
Repasaba mentalmente hace poco la larga lista de celebraciones que en Toledo han tenido que suspenderse este año, desde las grandes fiestas como el Corpus o la Feria de Agosto, hasta las fiestas de muchos barrios, pasando por las tradicionales romerías (el Valle, la Bastida, la Cabeza, el Ángel, los Reviernes...)...cuando, de pronto, recordé que tal vez no esté todo perdido, y que es posible que al menos una romería tradicional toledana pueda celebrarse en este año 2020. Me refiero a la histórica romería en honor de Nuestra Señora de la Guía, en la ermita que lleva su nombre en el barrio de Santa Bárbara.
Dado que esta fiesta se celebra el 12 de octubre, es posible que por entonces se permitan ya ciertos actos como este. El tiempo lo dirá, pero por lo pronto aprovecharé para dedicar una entrada, que tenía pendiente hace tiempo, a esta ermita tan recoleta situada en un paraje de bastante belleza en lo alto de un roquedo muy cerca de las casas de este entrañable barrio.
El origen de esta ermita, según publicó Felipe Rubio Piqueras en 1928, se remonta al año de 1432, al parecer por iniciativa de cuatro sacerdotes toledanos conocidos como los Cruces.
Según el mismo autor, un desgraciado incendio destruyó en 1499 casi por completo la primitiva ermita. Las crónicas cuentan que los encargados del mantenimiento del culto en estos años de destrucción fueron los cofrades adscritos a otra ermita -llamada de Santa Lucía- en los terrenos de la vega Tajo cercanos al palacio de Galiana. Estos cofrades, que Rubio Piqueras cifra en 73, se dedicaban al cultivo de la Huerta del Rey y poseían también algunos molinos y batanes en este tramo del río.
Pero aquella ermita de Santa Lucía en el Tajo también quedó destruida a mediados del XVI, por lo que en 1598 -casi un siglo exacto después del incendio de nuestra protagonista de hoy- se abordó la reedificación del templo aprovechando lo poco que quedaba del edificio original.
Ello se hizo por el impulso del racionero de la catedral D. Diego Rodríguez, sumado al entusiasmo de los cofrades que sobrevivían y a la fe de algunos devotos. Así, el 30 de mayo de 1599, la ermita fue bendecida por el entonces obispo Tenerife, que se encontraba en Toledo. Las trazas del templo se debieron al maestro mayor de la Obra y Fábrica de la Catedral, de apellido Zapata. La imagen de la Virgen fue tallada por el oliero Carlos Tejado Venero, uno de los escultores en nómina del templo primado. Para lograr una masa crítica de fieles que acudieran al templo, se creó una congregación de señoras que, sumada a una preexistente de artesanos, adquirieron el compromiso de oír misa todos los festivos y comulgar allí el primer domingo del mes. Sus fiestas principales se celebraban con motivo de la Natividad, la Purificación y el último domingo de mayo, que era la más importante y solemne de todas para los fieles de la ermita.
Pasaron varios siglos -hubo una restauración más en 1668- con esta actividad religiosa en la ermita hasta que, en la Guerra de la Independecia las tropas francesas destruyeron tanto la ermita como la imagen de la Virgen, que fue quemada.
Pocos años después -según unas fuentes en 1820 y según otras en 1823- la cofradía aportó 520 ducados para la reconstrucción del templo que, sumados a una aportación mayor del alcalde-corregidor D. Trinidad Ramírez, alcanzó la cifra necesaria para completar los trabajos.
De este modo, Martín Ramiro Lumbreras, obispo de Pachou y natural de Toledo, bendijo el templo reedificado el 30 de mayo de aquel año de 1823. La nueva imagen mariana fue costeada por el Marqués de Malpica, siendo tallada en su propio palacio situado en la Plaza de Santa Clara. Se reutilizó el antiguo niño Jesús para completar el conjunto escultórico pues, según la tradición, dicho resto de la primitiva talla fue encontrado milagrosamente por el maestro de coches del Conde de Trastámara (cuando se usaba el Salón Rico del Corral de Don Diego como cochera), apellidado López, en el camino que une la Ermita de la Guía con la Ermita o Venta de Santa Ana, escondido en unas retamas, al parecer ocultado por alguna persona que lo salvó de la destrucción francesa. Según la tradición, esta persona lo halló al traer la comida desde esa cercana venta, donde trabajaban y acopiaban material al comienzo de las obras de reconstrucción de la Ermita de la Guía.
Desde aquel año de 1823 se utilizó la ermita como lugar de retiro espiritual de miembros de diversos conventos toledanos cercanos (San Servando, la Sisla, las Nieves, San Pedro y San Félix...). También fue utilizada al parecer por ermitaños y como Beaterío de Penitencia, con usos marcados por el recogimiento y la más rigurosa austeridad.
El nombre de "Virgen de la Guía" parece tener su origen en un suceso que le aconteció al deán de la Catedral, Don Diego Fernández Machuca quien, acompañado del ya mencionado racionero Diego Rodríguez (el impulsor de la reedificación de 1598) protagonizó la siguiente historia: habían salido de cacería por una dehesa cercana (conocida como "La Legua Grande") cuando les sorprendió la noche y una fuerte tormenta. Asustados y perdidos entre el denso encinar, se encomendaron a la Virgen de la Natividad (con esa advocación era conocido el, por entonces, ruinoso templo), con la suerte de que Machuca fue a encontrar cobijo en un paraje en el que decidió construir una ermita dedicada a Santa Ana en agradecimiento (la citada Ermita o Venta de Santa Ana). Por su parte, el racionero Rodríguez llegó a la Ermita de la Natividad guiado por una corneja que portaba en su pico una potente luz. En agradecimiento, reconstruyó y renombró el templo como el de la Virgen de la Guía, en alusión al pájaro que le había guiado hasta el lugar para salvarle de la tempestad. Este racionero está enterrado en la ermita bajo el altar mayor.
Quinario de la Virgen de la Guía, año 1852
Se levanta la ermita en un terreno escarpado, muy cerca del arroyo de la Rosa. Junto a ella pasaba el antiguo camino romano que comunicaba nuestra ciudad con Oretum. La propiedad de la misma corresponde a la parroquia de San Justo, lo que ha permitido mantener el culto tanto cuando se vendieron los terrenos municipales colindantes en 1855 como, ya en el siglo XX, cuando quedó rodeada por terrenos militares.
En la Guerra Civil fue destruida parcialmente la imagen de la Virgen (al parecer quemaron el armazón y las manos, no así la cabeza, según apunta el historiador Emilio Vaquero) , pues el lugar quedó muy expuesto en la zona del Frente del Tajo, que registró combates hasta la primavera de 1939. Tras la guerra, todos los terrenos colindantes pasaron a la Academia de Infantería, quedando la ermita como un enclave un tanto aislado. En 1961, el presbítero Ignacio Gallego Peñalver tramitó para el Arzobispado ante el Ayuntamiento el permiso para construir un edificio de dos niveles, en el costado izquierdo del patio, junto a la vaguada del arroyo de la Rosa, destinado a «los guardas de la ermita», según el proyecto elaborado por el arquitecto José Gómez Luengo.
La imagen de la Virgen de la Guía fue escogida por el gremio de guías turísticos como su patrona y actualmente esta romería se celebra el día 12 de octubre con notable asistencia pues es muy querida en el barrio, por lo que en la edición de 2020 desearemos con todas nuestras fuerzas que pueda celebrarse: sería la mejor señal del regreso de la normalidad a nuestras vidas.
No abundan las imágenes antiguas de esta ermita, pero las pocas que hay son muy bellas:
Romería de la Virgen de la Guía en 1901. Foto cedida por Luis Alba para el libro de Emilio Vaquero Fernández-Prieto dedicado a la ermita en 1996
Ermita de la Virgen de la Guía a mediados del siglo XX. Foto Villasante
Ermita de la Virgen de la Guía a mediados del siglo XX. Foto Villasante
Procesión de la romería de la ermita de la Virgen de la Guía en los años 50. Fotografía de Victoriano de Tena Sardón
Procesión de la romería de la ermita de la Virgen de la Guía en los años 50. Fotografía de Victoriano de Tena Sardón

Se conserva una fotografía de la imagen, antes de sufrir los reseñados daños en la Guerra Civil:
Imagen de la Virgen de la Guía, destruida en 1936

El estupendo libro que en 1996 le dedicó el historiador Emilio Vaquero Fernández-Prieto presenta fotos muy interesantes:
Santeros de la Virgen de la Guía en 1945. Foto cedida por Esperanza García Calvo para el libro de Emilio Vaquero Fernández-Prieto dedicado a la ermita en 1996
Romería de la Virgen de la Guía en 1949. Foto cedida por la familia Córdoba para el libro de Emilio Vaquero Fernández-Prieto dedicado a la ermita en 1996
Romería de la Virgen de la Guía en 1995. Foto cedida por Esperanza García Calvo para el libro de Emilio Vaquero Fernández-Prieto dedicado a la ermita en 1996
Romería de la Virgen de la Guía en 1994. Foto cedida por Esperanza García Calvo para el libro de Emilio Vaquero Fernández-Prieto dedicado a la ermita en 1996

Este es el artículo publicado en 1928 por Felipe Rubio Piqueras en la Revista Toledo:
Reportaje sobre la Ermita de la Virgen de la Guía publicado en febrero de 1928 en la Revista Toledo
Reportaje sobre la Ermita de la Virgen de la Guía publicado en febrero de 1928 en la Revista Toledo
Reportaje sobre la Ermita de la Virgen de la Guía publicado en febrero de 1928 en la Revista Toledo

Para saber más:
- "El paraje de la ermita de La Guía y la Cruz del Siglo" por Rafael del Cerro Malagón.

Ver la Ermita de la Virgen de la Guía en Google Maps

Mapa de las fotos de Toledo Olvidado:









jueves, 28 de mayo de 2020

Toledo a comienzos del siglo XX fotografiado por Hans Leyden (homenaje a Luis Alba)

He tardado varias semanas en asimilar que se ha ido. El golpe de su fallecimiento me noqueó y aún me descubro a mí mismo muchas noches viendo el último whatsapp que me envió, o el postrero correo electrónico con esos archivos adjuntos que yo abría con la ilusión de un niño.
Aquella maldita mañana de confinamiento, mis hijos me sorprendieron llorando en mi sofá tras colgar el teléfono a su sobrino, que fue quien me dio la triste noticia.
- Papá, ¿qué te pasa? ¿Por qué lloras?
- Se ha muerto un gran amigo mío, niños. Estoy muy triste.
- ¿Ha sido por el coronavirus, Papá?
- No, él estaba malito hace un tiempo, pero en los últimos días se ha acelerado todo. Tenía 86 años, una edad en la que las personas deben cuidarse mucho, porque ya no son tan fuertes.
- ¿Pero no has dicho que era un amigo tuyo?

De repente, me vi explicando a mis hijos algo tan bonito que mi ánimo, dentro del palo recibido, mejoró un poco. Les conté que Luis Alba era para mí un ejemplo en muchas cosas pero que, sobre todo, era mi amigo. Sí, mi amigo, porque la amistad no tiene edad. Ha querido el destino que él se haya marchado cuando su edad era justamente el doble de la mía. Pertenecíamos a generaciones muy diferentes y, sin embargo, tengo que reconocer que con él he pasado algunos de los momentos más gratos de los últimos años.
No necesitábamos gran cosa: una tarde entera por delante, carpetas y cajas llenas de fotos antiguas de Toledo, un escáner, él y yo.
Entrar a su casa era para mí como acceder a un santuario. Aún recuerdo la primera vez: yo estaba ilusionado y nervioso a partes iguales. Iba a conocer a la persona que más había hecho por la compilación de todo lo relacionado con Toledo en muchos campos: fotografía, libros, objetos, carteles, cuadros, recuerdos...todo lo que oliera a Toledo, Luis lo había comprado durante décadas en un esfuerzo tanto intelectual como económico que solo cuando conoces su colección alcanzas a comprender y a valorar. Para alguien como yo, dedicado a la búsqueda y divulgación de fotografías antiguas de Toledo, conocer a Luis Alba era como si un joven mago tuviese la oportunidad de tratar al mismísimo Merlín. Al salir del ascensor, vi que Luis me estaba esperando en el umbral, con su inconfundible mirada: amable, alegre y socarrona. Pronto olvidé mis nervios y solo me quedó la ilusión, él enseguida logró hacerme sentir cómodo. Al fin y al cabo, ser anfitrión había sido su gran especialidad: al igual que me estaba enseñando y acogiendo en su casa, Luis Alba fue el encargado durante décadas de mostrar a visitantes de todo el mundo y de toda condición su "gran casa", Toledo, en su condición de guía oficial y predilecto de la ciudad.
Aquella tarde fue la primera de muchas de inmenso gozo: su colección fotográfica era para mí el mayor tesoro que podría imaginar, y su generosidad y amabilidad hacían que las horas pasaran volando. Podíamos estar largo rato mirando una sola foto. El detalle que a mí se me había pasado, lo advertía él, o viceversa. Un encuadre desconocido, un rincón difícil de identificar, un autor por investigar...cada foto era la excusa perfecta para viajar juntos en una especie de máquina del tiempo. Entremezcladas, sus vivencias, anécdotas, chascarrillos y recuerdos personales eran pequeños regalos que mi mente hacía un enorme esfuerzo en recordar. Ahora lamento no haber tenido una grabadora, pues algunos detalles ya los he olvidado, aunque intentaba anotar todo lo que creía importante.
Poco a poco, nuestra relación fue evolucionando. Madurando, sería el término más apropiado. Él seguía siendo mi maestro y yo siempre seré su aprendiz, pero el paso de los años y la brecha digital generacional hacían que él no fuese muy activo en internet. Luis era el auténtico experto en búsquedas analógicas, donde se movía como pez en el agua: el rastro madrileño, anticuarios, librerías de viejo, ferias, subastas físicas, mercadillos y una excelente red de avisadores que le informaban de hallazgos en derribos, mudanzas, limpiezas de trasteros y herencias conflictivas.
Luis Alba. Fotografía de Renate Takkenberg-Krohn.
Sin embargo, la red le daba pereza...y aunque de vez en cuando también compraba en línea, tanto personalmente como por encargo, él era un romántico y no disfrutaba comprando digitalmente. De este modo, comenzamos a colaborar y era yo quien le avisaba de posibles colecciones interesantes en páginas españolas y extranjeras, para que Luis o alguien en su nombre pujase.
Poco a poco fuimos ganando confianza y me transmitía su alegría por encontrar personas más jóvenes que él interesadas en Toledo y en coleccionar y divulgar imágenes toledanas, pues él era consciente de que Toledo es un filón inagotable y por mucho que él hubiera rescatado ya miles, ambos sabíamos que el iceberg aún escondía su mayor parte bajo el agua. Me mostraba su interés por poder acceder a colecciones que en su época eran muy opacas o desconocidas al no estar digitalizadas ni disponibles para su consulta, como las de los museos internacionales o los archivos de ciudades, regiones y países a lo largo del mundo, así como los bancos de imágenes de los mejores fotógrafos y agencias de la historia. Ambos comprendimos que nos complementábamos muy bien: él era un experto en un tipo de rastreos y yo intentaba serlo en otros diferentes, de modo que el objetivo común -Toledo y sus fotos- fuese poco a poco siendo abordable desde diferentes flancos. Al ser una persona muy metódica, siempre anotaba todos los datos que conocía al dorso: lugar, fecha, autor, personas que aparecían, vendedor, fecha de la venta...de modo que me daba muchas pistas que para él no eran importantes pero que al usarlas en rastreos digitales nos dieron grandes alegrías que disfrutábamos juntos con la ilusión de dos niños.
Un buen día, un viernes santo, me lo encontré al salir de un convento de los que tanto amaba y conocía, y me acompañó en un largo paseo mientras mis hijos correteaban alrededor. En un momento dado me dijo: "Eduardo, tienes que animarte a optar a ser académico en la Real Academia de Toledo, necesitamos gente nueva y me encantaría que algún día fueras uno de los nuestros". Sinceramente, siempre había visto el mundo académico como algo lejano e inaccesible, y nunca había entrado en mis planes esa posibilidad. Pensaba que eran instituciones de otro tiempo con gente de otro tiempo (¡qué equivocado estaba!). Pero la opinión de Luis era siempre una referencia para mí, y aunque inicialmente le dije que lo veía muy difícil por mi escaso tiempo disponible, poco a poco mi opinión fue cambiando...ayudado por la insistencia de Luis, que cada poco tiempo me recordaba el tema.
Finalmente, accedí a presentar mi candidatura, que por suerte tuvo buena acogida e ingresé en marzo de 2017 como correspondiente. En febrero de 2018 leía mi discurso de ingreso como académico numerario, con el honor de recibir la réplica de Luis Alba -¿quién si no?-, mi mentor, amigo y compañero de pasiones toledanas. Nunca olvidaré sus palabras aquel día, dirigidas tanto a mí como a mi familia. Formarán parte de mis mejores recuerdos para siempre.
Con Luis Alba el día que leí el discurso de entrada como numerario en la RABACHT
Su legado es impresionante. Probablemente rescató miles de trozos de nuestra historia que sin él se hubieran perdido para siempre. Pocas ciudades han tenido la suerte de contar entre sus habitantes a personas como Luis, capaces de generar de manera autónoma una especie de colección-museo con fondos muy superiores, no solo en cantidad sino especialmente en calidad, a los de muchas instituciones oficiales. Toledo ha sido una ciudad generadora de infinidad de elementos coleccionables como lugar de referencia para artistas, historiadores, literatos y viajeros, pero sin Luis Alba ese tesoro se habría difuminado en vertederos, hogueras y escombreras. Por suerte, buena parte de su colección fue adquirida por el Ayuntamiento para engrosar nuestro Archivo Municipal, y el resto de su colección seguro que es bien gestionado también en el futuro. Los toledanos de ayer, de hoy y del futuro estaremos siempre en deuda con él, y cuanto más pase el tiempo mejor comprenderemos el valor de su trabajo. Será para siempre un espejo en el que muchos nos miraremos, y en cierto modo seguirá siendo siempre nuestro guía, pues su ejemplo nos marcará el camino a muchos que venimos por detrás. Si logramos siquiera parecernos un poco a él en su capacidad y amor por Toledo, podremos darnos por satisfechos.
No poder despedirme de él ha sido lo más duro de todo, no solo por lo repentino de su fallecimiento, sino por las horribles fechas que estamos viviendo en las que nos es imposible despedir y honrar a nuestros muertos como ellos merecen. Me rompe el alma que su funeral hubiera de celebrarse casi en soledad, únicamente acompañado de sus más directos familiares. Él hubiera merecido algo muy diferente, pero las circunstancias son las que son y tenemos que idear maneras de despedirle diferentes. En mi caso lo voy a hacer con una breve selección de unas fotos de su colección personal tomadas por un médico, de modo que quiero hacer extensivo este homenaje también a todos los sanitarios que han afrontado esta pandemia en circunstancias heroicas, enfrentándose a una carga de trabajo y a unos riesgos para su salud que solo una decidida vocación y capacidad de servicio a los demás son capaces de explicar.
Hans Leyden era el doctor de la Embajada de Alemania en Madrid a comienzos del siglo XX. Hispanófilo militante, este berlinés recorrió España con su cámara fotográfica, pues además de la medicina, la fotografía era su otra gran pasión, especialmente en la modalidad estereoscópica.
Firma de Hans Leyden (1906). Colección Luis Alba.
Retrató muchos lugares y actos oficiales y, como no podía ser de otro modo, la ciudad de Toledo fue uno de sus destinos predilectos. Luis Alba adquirió varias de sus fotografía toledanas, que nos muestran la ciudad de los primeros años del siglo XX de modo muy bello. Por ejemplo, existen muy pocas fotografías tan bonitas y tan antiguas de la iglesia de San Lucas como esta:
Iglesia de San Lucas en 1906. Fotografía de Hans Leyden. Colección personal de Luis Alba

Mirad qué preciosa vista del Tajo desde la zona del embarcadero de la casa del Diamantista:
Casa del Diamantista en 1906 por Hans Leyden. Colección Luis Alba.

Aquí vemos una escena muy animada en la Puerta de Bisagra en 1906:
Puerta de Bisagra en 1906 por Hans Leyden. Colección Luis Alba.

En esta escena, unos personajes con maletín (muy propios de los médicos de la época) parecen inspeccionar un puesto situado a la entrada del Puente de Alcántara. Me pregunto si serían compañeros de Leyden o si, incluso, alguno de ellos sería el propio doctor.
Vendedor en el Puente de Alcántara en 1906. Fotografía de Hans Leyden. Colección Luis Alba.

Como veis, son fotos curiosas y bellas tomadas por un eminente médico que sirven de muestra de qué tipo de archivos han sido rescatados de una muerte segura gracias al cariño de Luis Alba por Toledo. Intentaremos seguir su estela los que aún seguimos por aquí y trataremos de inculcar ese amor por nuestra ciudad para que la semilla germine en muchas personas y siempre tengamos un grupo nutrido de amantes de esta ciudad mágica que la protejan, la preserven y la den a conocer como Luis hizo. Descansa en paz, amigo, nunca te olvidaré.
Decorado para la grabación de La Novena Puerta de Roman Polanski en 1998 en los cobertizos. Foto de Luis Alba. Colección Luis Alba

jueves, 30 de abril de 2020

El Toledo de mediados del siglo XX visto por un genio: Nicolás Muller

Si hay un fotógrafo que enfocó su talento con auténtica maestría a los rostros de los españoles de mediados del siglo XX, ese fue Nicolás Muller. Se trata de una de las referencias imprescindibles en la historia de la fotografía de nuestro país, un verdadero gigante de este arte y una constante inspiración para decenas de fotógrafos incluso en nuestros días.
Su verdadero nombre era Müller Miklós y nació en Orosháza (Hungría) en el año 1913. Pertenecía a una familia judía de mentalidad bastante liberal y estudió Derecho y Ciencias Políticas en tierras húngaras. Allí comenzó muy joven su andadura fotográfica, con claras influencias estéticas de emergentes movimientos artísticos como la Bauhaus y el Constructivismo soviético. Nicolás se fijó en las duras condiciones de vida y en el arduo trabajo del campesinado húngaro, inmortalizándolo magistralmente con su cámara. Tan crudamente retrató aquella realidad que uno de sus reportajes fue considerado antipatriótico por la derecha húngara.​ Esas críticas junto a la cada vez más patente influencia de la Alemania nazi sobre el Reino de Hungría, hicieron que Müller decidiera emigrar a Francia en 1938, cuando solo contaba con veinticinco años. Una vez en tierras francesas, Nicolás se instaló en París, donde se dio a conocer como profesional de la fotografía y comenzó a colaborar con diferentes revistas. También se relacionó con otros fotógrafos húngaros -considerados actualmente mitos de la fotografía- como Brassaï y Robert Capa. Sin embargo, el comienzo de la Segunda Guerra Mundial le obligó a hacer de nuevo las maletas, escogiendo esta vez trasladarse a Portugal. Lamentablemente, en tierras portuguesas fue detenido por la policía del dictador António de Oliveira Salazar. Muller logró su libertad comprometiéndose a no regresar a Portugal. Ello le obligó a iniciar una nueva etapa y escoger para vivir otro país diferente, en esta ocasión Marruecos. En territorio marroquí, Nicolás Muller permaneció un largo periodo de tiempo: vivió allí nueve años. En la ciudad de Tánger, que pertenecía al Protectorado español, trabó amistad con Fernando Vela, que era el secretario de José Ortega y Gasset. Gracias a él entró en contacto con la Revista de Occidente -publicación fundada y dirigida desde 1923 por Ortega-, que le organizó una exposición fotográfica en España. Esto abrió las puertas de España a Muller, que se instaló definitivamente en tierras españolas en 1947, obteniendo la nacionalidad española a finales de la década de 1950.
Nicolás Muller en 1948
Su trabajo desde entonces en España fue asombroso y prolífico, tanto por su talento fotográfico como por su capacidad de trabajar en colaboración de importantes escritores. Muller publicó una amplia serie de libros ilustrados con sus fotografías: España clara, con texto de Azorín (1966) y en 1968 los seis volúmenes conformados por Cataluña (con Dionisio Ridruejo), Andalucía (con Fernando Quiñones), Baleares (con Lorenzo Villalonga), Canarias (con Federico Carlos Sainz de Robles), País Vasco (con Julio Caro Baroja) y Cantabria (con Manolo Arce).
Recorrió España en los años 50, 60 y 70 con su cámara y dando rienda suelta a su ojo especialmente sensible para captar matices, costumbres, paisajes, y especialmente, los rostros de las gentes de toda condición (especialmente las más humildes) que poblaban aquella España aún muy pobre y sumida en un secular retraso del que estaba a punto de salir.
En la década de 1980, Nicolás Muller se retiró a la aldea de Andrín, en Llanes (Asturias), donde falleció en el año 2000.
Nicolás Muller. Fotografía de Jean Pierre Ledos www.jeanpierreledos.com
En la ciudad de Toledo Nicolás Muller podríamos decir que se explayó tomando fotografías: su recorrido fotográfico por la ciudad en los años 50, 60 y 70 es amplísimo, yendo desde la fotografía netamente humanista a la más monumental, pasando por el costumbrismo o el paisajismo, alternando las películas a color con las excelsas tomas en blanco y negro.
Su legado toledano se custodia en el fondo fotográfico del Archivo Regional de la Comunidad de Madrid, que visité hace unos años y donde obtuve el pertinente permiso de reproducción de sus imágenes. En ese tiempo también entablé contacto con Ana Muller, hija de Nicolás, que me resolvió algunas dudas y me aportó datos de utilidad con una gran amabilidad y a la que quiero agradecer públicamente su ayuda.
El repaso a sus fotos toledanas lo comenzaré por su faceta más humanista, centrándome en las imágenes que muestran los rostros y el día a día de los humildes tratantes que acudían al mercado de ganados que aún se celebraba en Toledo en el paseo de Recaredo.
Mercado de ganado en el Paseo de Recaredo de Toledo en los años 50. Fotografía de Nicolás Muller  © Archivo Regional de la Comunidad de Madrid, fondo fotográfico
Mercado de ganado en el Paseo de Recaredo de Toledo en los años 50. Fotografía de Nicolás Muller  © Archivo Regional de la Comunidad de Madrid, fondo fotográfico
Mercado de ganado en el Paseo de Recaredo de Toledo en los años 50. Fotografía de Nicolás Muller  © Archivo Regional de la Comunidad de Madrid, fondo fotográfico
Mercado de ganado en el Paseo de Recaredo de Toledo en los años 50. Fotografía de Nicolás Muller  © Archivo Regional de la Comunidad de Madrid, fondo fotográfico
Mercado de ganado junto a la Puerta Vieja de Bisagra en Toledo en los años 50. Fotografía de Nicolás Muller  © Archivo Regional de la Comunidad de Madrid, fondo fotográfico
Toledo en los años 50. Fotografía de Nicolás Muller  © Archivo Regional de la Comunidad de Madrid, fondo fotográfico
Mercado de Ganado en el Paseo de Recaredo de Toledo en los años 50. Fotografía de Nicolás Muller  © Archivo Regional de la Comunidad de Madrid, fondo fotográfico
Mercado de ganado en el Paseo de Recaredo de Toledo en los años 50. Fotografía de Nicolás Muller  © Archivo Regional de la Comunidad de Madrid, fondo fotográfico
Mercado de ganado en el Paseo de Recaredo. Toledo en los años 50. Fotografía de Nicolás Muller  © Archivo Regional de la Comunidad de Madrid, fondo fotográfico
Mercado de ganado en el Paseo de Recaredo de Toledo en los años 50. Fotografía de Nicolás Muller  © Archivo Regional de la Comunidad de Madrid, fondo fotográfico

La intensa mirada de este comerciante de ganado con el rostro curtido por el sol y el frío, presente en el Paseo de Recaredo en los años 50, fue capturada para la eternidad por la cámara de Nicolás Muller con toda su inmensa carga de humildad y dignidad repartida a partes iguales. Al fondo se vislumbra la muralla situada bajo el talud de la Diputación Provincial:
Toledo en los años 50. Fotografía de Nicolás Muller  © Archivo Regional de la Comunidad de Madrid, fondo fotográfico

Su secuencia más gloriosa, en mi opinión una de las mejores de la historia de la fotografía española, es la que retrata a un grupo de seminaristas en su descenso desde el centro histórico hasta los "Campos de Don Gregorio" para jugar al fútbol, en el momento de atravesar el entorno de la Puerta del Sol. Un regalo para la vista:
Seminaristas bajo la Puerta del Sol de Toledo en los años 50. Fotografía de Nicolás Muller  © Archivo Regional de la Comunidad de Madrid, fondo fotográfico
Seminaristas bajo la Puerta del Sol de Toledo en los años 50. Fotografía de Nicolás Muller  © Archivo Regional de la Comunidad de Madrid, fondo fotográfico
Seminaristas en la Puerta del Sol. Fotografía de Nicolás Muller, galería de Blanca Berlín

Mirad qué maravillosa escena callejera: unos niños en la Bajada del Colegio de Infantes:
Niños en la bajada del Colegio de Infantes por Nicolás Muller

Nicolás Muller fue testigo del entrañable momento en que unos niños con su uniforme escolar de la Falange acuden cargados de ilusión al humilde puesto de un vendedor ambulante de dulces en la Plaza de la Merced, enfrente del palacio de la Diputación, en los años 50:
Niños compran chucherías. Plaza de la Merced de Toledo en los años 50. Fotografía de Nicolás Muller  © Archivo Regional de la Comunidad de Madrid, fondo fotográfico
Toledo en los años 50. Fotografía de Nicolás Muller  © Archivo Regional de la Comunidad de Madrid, fondo fotográfico
Toledo en los años 50. Fotografía de Nicolás Muller  © Archivo Regional de la Comunidad de Madrid, fondo fotográfico

El costumbrismo y la vida cotidiana están reflejados en muchas imágenes, como por ejemplo las que muestran el mercado del Martes en Zocodover:
Mercado del Martes en Zocodover (puesto de cerámica), años 50. Fotografía de Nicolás Muller  © Archivo Regional de la Comunidad de Madrid, fondo fotográfico

El Castillo de San Servando recién restaurado, cuando acogía el Colegio Menor de Juventudes:
Toledo en los años 50. Fotografía de Nicolás Muller  © Archivo Regional de la Comunidad de Madrid, fondo fotográfico
Toledo en los años 50. Fotografía de Nicolás Muller  © Archivo Regional de la Comunidad de Madrid, fondo fotográfico

Esta es la calle del Ángel:
Calle del Ángel en Toledo en los años 50. Fotografía de Nicolás Muller  © Archivo Regional de la Comunidad de Madrid, fondo fotográfico

Este grupo de personas influyentes de la época que posa en la puerta del Restaurante Venta de Aires nos permite ver al fondo el talud de la Diputación con una repoblación vegetal recién efectuada:
Autoridades y personas influyentes de Toledo en la puerta del Restaurante Venta de Aires en los años 50. Fotografía de Nicolás Muller  © Archivo Regional de la Comunidad de Madrid, fondo fotográfico

Aquí vemos el interior de un restaurante de Toledo, creo que se trata del comedor del Mesón del Toledano:
Restaurante en Toledo en los años 50. Fotografía de Nicolás Muller  © Archivo Regional de la Comunidad de Madrid, fondo fotográfico

La calle Ancha:
Calle Ancha de Toledo en los años 50. Fotografía de Nicolás Muller  © Archivo Regional de la Comunidad de Madrid, fondo fotográfico

La plaza de Zocodover con sus terrazas:
Plaza de Zocodover de Toledo en los años 50. Fotografía de Nicolás Muller  © Archivo Regional de la Comunidad de Madrid, fondo fotográfico

Una chica pasando delante de la Puerta de los Leones...sin duda una foto magistral:
Puerta de los Leones de la Catedral de Toledo en los años 50. Fotografía de Nicolás Muller  © Archivo Regional de la Comunidad de Madrid, fondo fotográfico

Una estupenda vista de la calle de la Feria o Chapinería, con la oficina de la Caja de Ahorros y Monte de Piedad de Madrid a la izquierda:
Calle de la Feria o Chapinería en Toledo en los años 50. Fotografía de Nicolás Muller  © Archivo Regional de la Comunidad de Madrid, fondo fotográfico

En la imagen vemos el establecimiento que Moisés Alonso, nacido en Arcicóllar, tenía abierto en los años 50 en la cuesta de las Armas. Se trasladó con siete años con su familia a la Venta del Hoyo, donde sus padres trabajaban como encargados de este balneario y su finca. Para ir al colegio tomaba su bicicleta hasta Toledo, no sin antes repartir algo de leche que levaba en dos cántaros acoplados, para aprovechar el viaje y ganar un dinerillo. Ingresó en la Escuela de Aprendices de la Fábrica de Armas, especializándose como mecánico. Consumado ciclista, tras la guerra abrió un taller de reparación de bicicletas, que poco a poco fue creciendo y ampliando el negocio a motos y otros vehículos.
Cuesta de las Armas de Toledo en los años 50. Fotografía de Nicolás Muller  © Archivo Regional de la Comunidad de Madrid, fondo fotográfico

Otra genial serie de fotos de Muller fue obtenida en la torre de la Catedral, junto a la famosa Campana Gorda:
Campana gorda de la Catedral de Toledo en los años 50. Fotografía de Nicolás Muller  © Archivo Regional de la Comunidad de Madrid, fondo fotográfico
Campana gorda de la Catedral de Toledo en los años 50. Fotografía de Nicolás Muller  © Archivo Regional de la Comunidad de Madrid, fondo fotográfico
Campana gorda de la Catedral de Toledo en los años 50. Fotografía de Nicolás Muller  © Archivo Regional de la Comunidad de Madrid, fondo fotográfico
Campana gorda de la Catedral de Toledo en los años 50. Fotografía de Nicolás Muller  © Archivo Regional de la Comunidad de Madrid, fondo fotográfico

La zona del Puente de San Martín permitió a Muller obtener preciosas imágenes llenas de vida:
Dos mujeres y un burro en el Puente de San Martín en los años 50. Fotografía de Nicolás Muller  © Archivo Regional de la Comunidad de Madrid, fondo fotográfico
Un burro junto al Puente de san Martín de Toledo en los años 50. Fotografía de Nicolás Muller  © Archivo Regional de la Comunidad de Madrid, fondo fotográfico
Arriero en el Puente de San Martín de Toledo en los años 50. Fotografía de Nicolás Muller  © Archivo Regional de la Comunidad de Madrid, fondo fotográfico
Vistillas de San Agustín en Toledo en los años 50. Fotografía de Nicolás Muller  © Archivo Regional de la Comunidad de Madrid, fondo fotográfico

Las fotografías paisajísticas toledanas de Nicolás Muller tienen su mejor exponente en las que reflejan un río Tajo aún limpio y vivo. En los años 50, en los meses de verano, aún era posible disfrutar de un Tajo de aguas azuladas (ese es el verdadero color del Tajo cuando no hay arrastres de barro en épocas de lluvias ni tampoco contaminación). En nuestros días, imaginar en Toledo el regreso de este color es difícil por la nefasta política de trasvases y ausencia de depuración perpetrada por absolutamente todos los gobiernos desde que existe democracia. Ello no me impedirá, no obstante, seguir luchando y denunciando esta vergüenza nacional que es el estado del río más largo de la Península Ibérica:
Tajo en Toledo, años 50 por Nicolás Muller. Archivo Regional de la Comunidad de Madrid, fondo fotográfico

Las imágenes tomadas hacia 1970 muestran ya signos de contaminación: agua sucia y primeras espumas:
Puente de Alcántara en los años 70. Fotografía de Nicolás Muller  © Archivo Regional de la Comunidad de Madrid, fondo fotográfico

Impresiona ver la tremenda aridez y ausencia de vegetación en los cerros del Valle:
Vista desde la Catedral de Toledo en los años 50. Fotografía de Nicolás Muller  © Archivo Regional de la Comunidad de Madrid, fondo fotográfico

Son estupendas las vistas desde el cerro de la Ermita de la Cabeza:
Vista de Toledo desde la Ermita de la Cabeza en los años 60. Fotografía de Nicolás Muller  © Archivo Regional de la Comunidad de Madrid, fondo fotográfico
Puente de San Martín visto desde el Cigarral de la Cabeza, años 50. Fotografía de Nicolás Muller  © Archivo Regional de la Comunidad de Madrid, fondo fotográfico
Vista desde el cerro de la Cabeza en Toledo en los años 50. Fotografía de Nicolás Muller  © Archivo Regional de la Comunidad de Madrid, fondo fotográfico
Vista desde el Cerro de la Cabeza en Toledo en los años 50. Fotografía de Nicolás Muller  © Archivo Regional de la Comunidad de Madrid, fondo fotográfico
Toledo visto desde el Cerro de la Cabeza en los años 50. Fotografía de Nicolás Muller  © Archivo Regional de la Comunidad de Madrid, fondo fotográfico

La Vega Baja:
Cristo de la Vega y río Tajo en Toledo en los años 50. Fotografía de Nicolás Muller  © Archivo Regional de la Comunidad de Madrid, fondo fotográfico

Este era el aspecto general de la ciudad en los años 50:
Toledo en los años 50. Fotografía de Nicolás Muller  © Archivo Regional de la Comunidad de Madrid, fondo fotográfico
Vista general de Toledo en los años 50. Fotografía de Nicolás Muller  © Archivo Regional de la Comunidad de Madrid, fondo fotográfico

Dos vistas del Arrabal y la Antequeruela:
Vista del Arrabal y las Covachuelas de Toledo en los años 50. Fotografía de Nicolás Muller  © Archivo Regional de la Comunidad de Madrid, fondo fotográfico
Arrabal y las Covachuelas de Toledo en los años 50. Fotografía de Nicolás Muller  © Archivo Regional de la Comunidad de Madrid, fondo fotográfico

En cuanto a fotografía monumental, Muller fue capaz de retratar la belleza de decenas de edificios toledanos, tanto a color como en blanco y negro:
Alcázar de Toledo visto desde la Catedral en los años 50. Fotografía de Nicolás Muller  © Archivo Regional de la Comunidad de Madrid, fondo fotográfico
Santiago del Arrabal. Toledo en los años 50. Fotografía de Nicolás Muller  © Archivo Regional de la Comunidad de Madrid, fondo fotográfico
Mezquita del Cristo de la Luz. Toledo en los años 50. Fotografía de Nicolás Muller  © Archivo Regional de la Comunidad de Madrid, fondo fotográfico
Mezquita del Cristo de la Luz en Toledo en los años 50. Fotografía de Nicolás Muller  © Archivo Regional de la Comunidad de Madrid, fondo fotográfico
Mezquita del Cristo de la Luz. Toledo en los años 50. Fotografía de Nicolás Muller  © Archivo Regional de la Comunidad de Madrid, fondo fotográfico
Mezquita de Tornerías en Toledo en los años 50. Fotografía de Nicolás Muller  © Archivo Regional de la Comunidad de Madrid, fondo fotográfico
Mezquita de Tornerías en Toledo en los años 50. Fotografía de Nicolás Muller  © Archivo Regional de la Comunidad de Madrid, fondo fotográfico
Calle del Ángel. Toledo en los años 50. Fotografía de Nicolás Muller  © Archivo Regional de la Comunidad de Madrid, fondo fotográfico
Puerta del Cambrón. Toledo en los años 50. Fotografía de Nicolás Muller  © Archivo Regional de la Comunidad de Madrid, fondo fotográfico
Puerta del Cambrón de Toledo en los años 50. Fotografía de Nicolás Muller  © Archivo Regional de la Comunidad de Madrid, fondo fotográfico
Puerta del Cambrón en Toledo en los años 50. Fotografía de Nicolás Muller  © Archivo Regional de la Comunidad de Madrid, fondo fotográfico
Puerta del Cambrón en Toledo en los años 50. Fotografía de Nicolás Muller  © Archivo Regional de la Comunidad de Madrid, fondo fotográfico
Basílica de Santa Leocadia (Cristo de la Vega) en los años 50. Fotografía de Nicolás Muller  © Archivo Regional de la Comunidad de Madrid, fondo fotográfico
Alcázar de Toledo en los años 50, aún destruido. Fotografía de Nicolás Muller  © Archivo Regional de la Comunidad de Madrid, fondo fotográfico
Puente de san Martín en Toledo en los años 50. Fotografía de Nicolás Muller  © Archivo Regional de la Comunidad de Madrid, fondo fotográfico
Puente de Alcántara en Toledo en los años 50. Fotografía de Nicolás Muller  © Archivo Regional de la Comunidad de Madrid, fondo fotográfico
Puente de Alcántara en Toledo en los años 50. Fotografía de Nicolás Muller  © Archivo Regional de la Comunidad de Madrid, fondo fotográfico
Puente de San Martín en Toledo en los años 50. Fotografía de Nicolás Muller  © Archivo Regional de la Comunidad de Madrid, fondo fotográfico
Puente de San Martín de Toledo en los años 50. Fotografía de Nicolás Muller  © Archivo Regional de la Comunidad de Madrid, fondo fotográfico
Puente de Alcántara en Toledo en los años 50. Fotografía de Nicolás Muller  © Archivo Regional de la Comunidad de Madrid, fondo fotográfico
Puerta del Sol en Toledo en los años 50. Fotografía de Nicolás Muller  © Archivo Regional de la Comunidad de Madrid, fondo fotográfico
Iglesia de Santa Leocadia en Toledo en los años 50. Fotografía de Nicolás Muller  © Archivo Regional de la Comunidad de Madrid, fondo fotográfico
Puente de San Martín en Toledo en los años 50. Fotografía de Nicolás Muller  © Archivo Regional de la Comunidad de Madrid, fondo fotográfico
Catedral de Toledo en los años 50. Fotografía de Nicolás Muller  © Archivo Regional de la Comunidad de Madrid, fondo fotográfico
Catedral de Toledo en los años 50. Fotografía de Nicolás Muller  © Archivo Regional de la Comunidad de Madrid, fondo fotográfico
Puerta de Bisagra en Toledo en los años 50. Fotografía de Nicolás Muller  © Archivo Regional de la Comunidad de Madrid, fondo fotográfico
Puerta de Bisagra de Toledo en los años 50. Fotografía de Nicolás Muller  © Archivo Regional de la Comunidad de Madrid, fondo fotográfico
Puerta de Bisagra en Toledo en los años 50. Fotografía de Nicolás Muller  © Archivo Regional de la Comunidad de Madrid, fondo fotográfico
Capitel de Santa María la Blanca (sinagoga) en los años 50. Fotografía de Nicolás Muller  © Archivo Regional de la Comunidad de Madrid, fondo fotográfico
Sinagoga de santa María la Blanca en los años 50. Fotografía de Nicolás Muller  © Archivo Regional de la Comunidad de Madrid, fondo fotográfico
Santa María la Blanca (sinagoga) en los años 50. Fotografía de Nicolás Muller  © Archivo Regional de la Comunidad de Madrid, fondo fotográfico
Santa María la Blanca (sinagoga) en los años 50. Fotografía de Nicolás Muller  © Archivo Regional de la Comunidad de Madrid, fondo fotográfico
Puerta de Bisagra en Toledo en los años 50. Fotografía de Nicolás Muller  © Archivo Regional de la Comunidad de Madrid, fondo fotográfico
Puerta de Bisagra en Toledo en los años 50. Fotografía de Nicolás Muller  © Archivo Regional de la Comunidad de Madrid, fondo fotográfico
Puerta de Bisagra en Toledo en los años 50. Fotografía de Nicolás Muller  © Archivo Regional de la Comunidad de Madrid, fondo fotográfico
Castillo de San Servando y Puente de Alcántara en los años 50. Fotografía de Nicolás Muller  © Archivo Regional de la Comunidad de Madrid, fondo fotográfico
Castillo de San Servando de Toledo en los años 50. Fotografía de Nicolás Muller  © Archivo Regional de la Comunidad de Madrid, fondo fotográfico
Castillo de San Servando en Toledo en los años 50. Fotografía de Nicolás Muller  © Archivo Regional de la Comunidad de Madrid, fondo fotográfico
Castillo de San Servando en Toledo en los años 50. Fotografía de Nicolás Muller  © Archivo Regional de la Comunidad de Madrid, fondo fotográfico
Castillo de san Servando en Toledo en los años 50. Fotografía de Nicolás Muller  © Archivo Regional de la Comunidad de Madrid, fondo fotográfico
Museo del Greco en Toledo en los años 50. Fotografía de Nicolás Muller  © Archivo Regional de la Comunidad de Madrid, fondo fotográfico
Museo del Greco en Toledo en los años 50. Fotografía de Nicolás Muller  © Archivo Regional de la Comunidad de Madrid, fondo fotográfico
Museo del Greco en Toledo en los años 50. Fotografía de Nicolás Muller  © Archivo Regional de la Comunidad de Madrid, fondo fotográfico
Vista de Toledo en los años 60. Fotografía de Nicolás Muller  © Archivo Regional de la Comunidad de Madrid, fondo fotográfico
Vista de los Jesuitas desde la Catedral de Toledo en los años 50. Fotografía de Nicolás Muller  © Archivo Regional de la Comunidad de Madrid, fondo fotográfico
Iglesia de Santiago del Arrabal en Toledo en los años 50. Fotografía de Nicolás Muller  © Archivo Regional de la Comunidad de Madrid, fondo fotográfico
Puerta Vieja de Bisagra en Toledo en los años 50. Fotografía de Nicolás Muller  © Archivo Regional de la Comunidad de Madrid, fondo fotográfico
Posada de la Hermandad de Toledo en los años 50. Fotografía de Nicolás Muller  © Archivo Regional de la Comunidad de Madrid, fondo fotográfico
Torre de Santo Tomé en Toledo en los años 50. Fotografía de Nicolás Muller  © Archivo Regional de la Comunidad de Madrid, fondo fotográfico
Escudo en el Puente de san Martín de Toledo en los años 50. Fotografía de Nicolás Muller  © Archivo Regional de la Comunidad de Madrid, fondo fotográfico
Puente de San Martín de Toledo en los años 50. Fotografía de Nicolás Muller  © Archivo Regional de la Comunidad de Madrid, fondo fotográfico
Puente de San Martín de Toledo en los años 50. Fotografía de Nicolás Muller  © Archivo Regional de la Comunidad de Madrid, fondo fotográfico
San Juan de los Reyes en Toledo en los años 50. Fotografía de Nicolás Muller  © Archivo Regional de la Comunidad de Madrid, fondo fotográfico
San Juan de los Reyes en Toledo en los años 50. Fotografía de Nicolás Muller  © Archivo Regional de la Comunidad de Madrid, fondo fotográfico
San Juan de los Reyes en Toledo en los años 50. Fotografía de Nicolás Muller  © Archivo Regional de la Comunidad de Madrid, fondo fotográfico
Claustro de San Juan de los Reyes en Toledo en los años 50. Fotografía de Nicolás Muller  © Archivo Regional de la Comunidad de Madrid, fondo fotográfico
San Juan de los Reyes en Toledo en los años 50. Fotografía de Nicolás Muller  © Archivo Regional de la Comunidad de Madrid, fondo fotográfico
Catedral y Plaza del Ayuntamiento de Toledo en los años 50. Fotografía de Nicolás Muller  © Archivo Regional de la Comunidad de Madrid, fondo fotográfico
Catedral de Toledo en los años 50. Fotografía de Nicolás Muller  © Archivo Regional de la Comunidad de Madrid, fondo fotográfico
Capilla de Santiago de la Catedral de Toledo en los años 50. Fotografía de Nicolás Muller  © Archivo Regional de la Comunidad de Madrid, fondo fotográfico
Fachada de la Catedral de Toledo en los años 50. Fotografía de Nicolás Muller  © Archivo Regional de la Comunidad de Madrid, fondo fotográfico
Capilla de Santiago de la Catedral de Toledo en los años 50. Fotografía de Nicolás Muller  © Archivo Regional de la Comunidad de Madrid, fondo fotográfico
Torre de la Catedral de Toledo en los años 50. Fotografía de Nicolás Muller  © Archivo Regional de la Comunidad de Madrid, fondo fotográfico
Catedral de Toledo en los años 50 por Nicolás Muller

Creo que ha quedado claro que Muller fue uno de los fotógrafos con mayúsculas en el siglo XX en España y en Europa. Poder contar con tal cantidad de imágenes suyas tomadas en Toledo vuelve a demostrar que esa simbiosis entre la ciudad y los mejores fotógrafos de la historia es uno de nuestros mayores tesoros culturales que merece la pena, poco a poco, ir dando a conocer.
Nicolás Muller viendo un libro con fotografías suyas
© TOLEDO OLVIDADO
Maira Gall