viernes, 31 de julio de 2020

El Club Milcar o cuando la Casa del Diamantista se convirtió en un espacio para disfrutar del Tajo en 1933

La tarde del 16 de julio de 1933 no fue una tarde cualquiera en Toledo. Fue la que vio nacer un club de recreo ligado al -por entonces- limpio y caudaloso Tajo en la mítica Casa del Diamantista. Su propietario, Ángel Aguilar, con gran ilusión, había fundado el denominado Club Milcar y ese era el día escogido para su puesta de largo en sociedad. Para la ocasión organizó una fiesta con competiciones náuticas y saltos desde el trampolín instalado en uno de los torreones de la legendaria casa, asomada directamente a las aguas del Padre Tajo. Según me cuenta su bisnieto, el nombre de Milcar era un homenaje a sus hijas gemelas, cuyos nombres eran Milagros y Carmen.
En estas competiciones participaron muchos toledanos, y leyendo las crónicas encontramos apellidos de marcado arraigo local como Maeso o Relanzón, mezclados con los de los miembros del otro club ligado al río (del que os hablé hace unos meses): el Club Náutico de Toledo.
Crónica en El Castellano de la Inauguración del Club Milcar el 18 de julio de 1933
Era Toledo por entonces una ciudad volcada con su río, orgullosa de él y dedicada a su uso y disfrute, como la existencia de estos clubes indica. Enfrente de la casa, el club construyó en la otra orilla una caseta y sus miembros cruzaban nadando de un lado a otro en las largas jornadas veraniegas refrescándose y haciendo deporte a la vez.
Cuando descubrí la historia de este club comencé a rastrear imágenes en las que se pudiera apreciar su actividad e instalaciones y, por suerte, entre las miles de fotos que he tenido la ocasión de poder divulgar estos años, recordé el reportaje que el gran geógrafo Gonzalo de Reparaz realizó precisamente ese mismo verano de 1933. Vi las fotos con detenimiento y...voilà!, allí estaban la caseta, los bañistas y la Casa del Diamantista esperándome, deseosos de ser rescatados para la historia más de 80 años después. Emociona poder luchar por la recuperación de nuestro río utilizando su memoria, sus ilusiones, sus fotos...en un ejercicio de unión espacio-temporal realmente estimulante que debe servirnos de nuevo para conseguir tener un río como el que ellos disfrutaban. Instalaciones del Club Milcar en las inmediaciones de la Casa del Diamantista y la Barca de Pasaje en el verano de 1933. Detalle de una fotografía de Gonzalo de Reparaz (Institut Cartogràfic de Catalunya) Instalaciones del Club Milcar en las inmediaciones de la Casa del Diamantista y la Barca de Pasaje en el verano de 1933. Detalle de una fotografía de Gonzalo de Reparaz (Institut Cartogràfic de Catalunya) Casa del Diamantista en 1933. Fotografía de Gonzalo de Reparaz Ruiz. © Institut Cartogràfic de Catalunya Instalaciones del Club Milcar en las inmediaciones de la Casa del Diamantista y la Barca de Pasaje en el verano de 1933. Detalle de una fotografía de Gonzalo de Reparaz (Institut Cartogràfic de Catalunya) Instalaciones del Club Milcar en las inmediaciones de la Casa del Diamantista y la Barca de Pasaje en el verano de 1933. Detalle de una fotografía de Gonzalo de Reparaz (Institut Cartogràfic de Catalunya) Instalaciones del Club Milcar en las inmediaciones de la Casa del Diamantista y la Barca de Pasaje en el verano de 1933. Detalle de una fotografía de Gonzalo de Reparaz (Institut Cartogràfic de Catalunya)
Ermita del Valle y Torno del Tajo en 1933. Fotografía de Gonzalo de Reparaz Ruiz. © Institut Cartogràfic de CatalunyaOrillas del Tajo y vista de Toledo en 1933. Fotografía de Gonzalo de Reparaz Ruiz. © Institut Cartogràfic de Catalunya
Por desgracia, al igual que le sucedió al Club Náutico, la vida del Milcar fue efímera debido al estallido de la guerra civil en 1936. Sin embargo, su recuerdo debe seguir vivo y esta breve entrada quiero dedicarla a la memoria de sus miembros, y a la de todos los que han luchado, luchan y lucharán por la recuperación de un Tajo vivo. Tarde o temprano, venceremos. Trabajemos unidos para que ese día llegue cuanto antes.

domingo, 12 de julio de 2020

La Playa de Safont atestada de bañistas disfrutando del Tajo en Toledo hacia 1970

Supongo que la vida va poniendo delante de nosotros personas y situaciones que, lejos de ser fruto de la casualidad, son consecuencia de nuestros actos, anhelos, ilusiones y recuerdos. María de Tena es una de esas personas a las que conocí de este modo: nos unió nuestra pasión por la fotografía, por Toledo, por Morricone...y por un modo libre de ver la vida fuera de prejuicios y estereotipos. Si a ello le sumas la química que existe entre nuestras respectivas parejas y entre nuestros hijos, hace que la fuerza que hoy enlaza esas ilusiones en común (que es lo que mantiene viva una amistad) sea más potente que nunca.
Ella sabe mi debilidad por el Tajo y por divulgar cualquier prueba que recuerde a todo el mundo que su actual situación es una anomalía infame, que durante siglos este río nos dio la vida, y que no por verlo a diario tenemos que aceptar como normal su deprimente estado actual, fruto de la contaminación y el Trasvase Tajo-Segura, consentido y potenciado por absolutamente todos los gobiernos que han tenido responsabilidad en España en los últimos 45 años. Por eso, María se acordó de mí cuando tuvo acceso a un material inédito en forma de vídeos familiares grabados hacia 1970 en formato Super-8. Cuando me habló de ellos y de su contenido sentí esa ilusión difícil de describir que me genera poder sacar del olvido recuerdos y vivencias toledanas, casi siempre en forma de fotografías, y de vez en cuando en forma de vídeos. Y entre todos los temas que divulgo, ninguno me apasiona más que el Tajo, pues estoy convencido de que tenemos una obligación y una responsabilidad: recuperar nuestro río. Y como María lo sabe, logró que la familia propietaria de las cintas accediera a poder divulgar en este blog las partes en las que aparece el Tajo...Mi agradecimiento a esta familia, que prefiere mantenerse en el anonimato discretamente, y a María por hacer de enlace, es proporcional a la ilusión que me produce poder mostraros hoy este vídeo.
Hace muy pocos días, un buen amigo al que admiro profundamente habló de los dos faros que deben guiar nuestra vida: la memoria y la utopía. La memoria para entender de dónde venimos, herramienta esencial para comprender el presente. Y la utopía para soñar con un mañana mejor, para que la nostalgia sea un estímulo pero no un ancla que nos frene. Utopía para imaginar realidades casi imposibles pero que nos marcan objetivos vitales que, aunque solo se consigan parcialmente o requieran mucho tiempo en lograrse, son el germen de todo progreso humano.
Hacia 1970 esta generosa familia pasaba un día de verano en Toledo, probablemente uno de tantos, como demuestra su actitud en el vídeo, con esa preciosa naturalidad de lo cotidiano que es imposible fingir y que, por suerte, uno de ellos grabó con su cámara de vídeo del modo menos pretencioso que se puede imaginar, pero que hoy constituye un tesoro de gran valor para los toledanos y para la lucha por la recuperación del río.
Porque recuerda a los que lo vivieron lo que el río era (memoria), porque muestra a los más jóvenes el porqué de nuestra lucha (comprensión del presente a través de la memoria), y porque debe servirnos de guía a todos a la hora de luchar, de proponer, de investigar y de perseguir un objetivo que aunque parezca imposible (utopía), la memoria nos recuerda que es perfectamente realizable. Nuestra mente debe entender que lo anómalo es tenerlo tal como lo vemos hoy.
El vídeo dura 37 segundos que son una pura delicia. Os pido que lo veáis tranquilamente y lo disfrutéis con la calma que merece:


¿Tenéis el vello de punta y un nudo en la garganta? No os preocupéis, es lógico y normal. Incluso es probable que sintáis rabia, porque nos robaron algo que formaba parte de nuestra esencia...y es natural también ese sentimiento. Transformemos la rabia en fuerza para luchar, y las ganas de llorar en ilusión por recuperarlo. Entre todos lo conseguiremos, no me cabe duda.
He capturado algunos fotogramas para verlos más detenidamente y comentarlos en detalle. Por ejemplo, los famosos "gangos", palabra local usada para denominar los chiringuitos que servían comida y bebida a los cientos de toledanos que pasaban el día en las orillas de la Playa de Safont:
Gangos en la orilla y toledanos bañándose en el río Tajo en Toledo (Playa de Safont) hacia 1970
Gangos en la orilla y toledanos bañándose en el río Tajo en Toledo (Playa de Safont) hacia 1970

Impresiona ver la multitud de personas que atestaban las orillas y el agua, con la central eléctrica de la presa del Corregidor al fondo:
Toledanos bañándose en el río Tajo en Toledo (Playa de Safont) hacia 1970
Toledanos bañándose en el río Tajo en Toledo (Playa de Safont) hacia 1970

Aquí vemos el momento en que un bañista se lanza de cabeza desde un trampolín improvisado en la orilla:
Toledanos bañándose en el río Tajo en Toledo (Playa de Safont) hacia 1970

Imaginad por un momento qué enorme placer sería volver a poder mirar la silueta de Toledo desde nuestro hinchable en el centro del cauce del río más largo de la Península Ibérica...
Toledanos bañándose en el río Tajo en Toledo (Playa de Safont) hacia 1970

Mirando en la otra dirección, de nuevo una gran multitud, con la estampa del Alcázar presidiendo la escena:
Toledanos bañándose en el río Tajo en Toledo (Playa de Safont) hacia 1970
Toledanos bañándose en el río Tajo en Toledo (Playa de Safont) hacia 1970

Estas eran las vistas de la zona del Miradero (por entonces un sombreado, verde y arbolado Paseo en pleno centro histórico) y la zona de la Puerta del Sol:
Paseo del Miradero y alrededores. Fotograma de un vídeo de toledanos bañándose en el río Tajo en Toledo (Playa de Safont) hacia 1970
Vista de la zona de la Puerta del Sol. Fotograma de un vídeo de toledanos bañándose en el río Tajo en Toledo (Playa de Safont) hacia 1970

Para finalizar, de nuevo mostrar mi agradecimiento a María de Tena y a la familia donante por permitirnos acceder a este increíble material que debe servirnos para que la ilusión por recuperar un Tajo limpio y con caudal sea cada vez mayor. Estos cientos de personas disfrutaban (hacia 1970) de un Tajo vivo, ignorando que era un lujo que estaba a punto de desaparecer: todo eso terminó en junio de 1972 con la prohibición oficial del baño debido a la contaminación, y en 1979 llegó la puntilla con el expolio de las aguas del Tajo mediante el nefasto trasvase Tajo-Segura.
Luchemos con todas nuestras fuerzas por recuperar un río Tajo limpio y con caudal, generador de vida, ocio y disfrute de los toledanos y los que nos visitan.

domingo, 28 de junio de 2020

Toledo hacia 1911 dentro del Portfolio Fotográfico de España

Si en el siglo XIX hubo preciosos ejemplos de difusión sistematizada del patrimonio artístico, histórico y paisajístico español a través de la fotografía (con ejemplos como el de Jean Laurent a la cabeza), una vez iniciado el siglo XX debemos fijar nuestra mirada en la iniciativa emprendida hacia 1910-1915 por el editor Alberto Martín Vicente (ca. 1870-1917) denominada "Portfolio Fotográfico de España". Para llevarla a cabo, Martín hubo de seleccionar a grandes fotógrafos a lo largo de la geografía española. Además, encomendó la dirección de la obra al eminente geógrafo, arqueólogo e historiador Ceferino Rocafort (1872-1917), todo ello para lograr los objetivos de la publicación que, en sus propias palabras, no era otro que sacar a la luz una cuidada obra «por cuadernos semanales, constando cada uno de un mapa impreso á siete tintas, dieciseis fotografías, impresas en papel couché, con la descripción de la provincia y capital y nomenclátor de los pueblos por orden alfabético, número de habitantes y si tiene estación férrea».
La publicación fue todo un éxito y, debido a ello, se añadieron nuevos números a la tirada original de 50 fascículos, llegándose a editar más de un centenar.
Uno de los primeros en publicarse (fue el número 3 de la colección) estuvo dedicado a la ciudad de Toledo, con 16 preciosas fotografías que hoy voy a mostraros:
Portada de "Portfolio Fotográfico de España (cuaderno nº 3)" editado por Alberto Martín a iniciativa de Ceferino Rocafort hacia 1910. Dibujo de Prado y Alcalá.

El Puente de San Martín aparece majestuoso con el Tajo, por entonces limpio y caudaloso, pasando bajo sus cinco ojos:
Puente de San Martín  hacia 1910. Publicada en "Portfolio Fotográfico de España (cuaderno nº 3)" por Alberto Martín a iniciativa de Ceferino Rocafort

Desde el Puente de Alcántara se veían no solo las Turbinas de Vargas o elevadora de aguas (en el lugar donde se levantara el mítico Artificio de Juanelo) sino también las modestas casas de baños que cada verano se colocaban con licencia municipal en las orillas del Tajo:
Turbinas de Vargas y Molinos de San Servando  hacia 1910. Publicada en "Portfolio Fotográfico de España (cuaderno nº 3)" por Alberto Martín a iniciativa de Ceferino Rocafort

Las casetas de baños también son visibles en la parte inferior de la fotografía dedicada al Baño de la Cava:
Baño de la Cava  hacia 1910. Publicada en "Portfolio Fotográfico de España (cuaderno nº 3)" por Alberto Martín a iniciativa de Ceferino Rocafort

La Puerta del Sol, uno de nuestros más bellos monumentos, no podía faltar en el capítulo dedicado a Toledo:
Puerta del Sol  hacia 1910. Publicada en "Portfolio Fotográfico de España (cuaderno nº 3)" por Alberto Martín a iniciativa de Ceferino Rocafort

La Sinagoga de Santa María la Blanca aparece así de bellamente retratada:
Sinagoga de Santa María la Blanca  hacia 1910. Publicada en "Portfolio Fotográfico de España (cuaderno nº 3)" por Alberto Martín a iniciativa de Ceferino Rocafort

El Castillo de San Servando, en su promontorio rocoso que vigila el este de la ciudad, también forma parte del Portfolio:
Castillo de San Servando  hacia 1910. Publicada en "Portfolio Fotográfico de España (cuaderno nº 3)" por Alberto Martín a iniciativa de Ceferino Rocafort

La Posada de la Hermandad presenta en la zona derecha un curioso anuncio de una "Relojería y Platería" con la esfera de un reloj como reclamo:
Posada de la Hermandad hacia 1910. Publicada en "Portfolio Fotográfico de España (cuaderno nº 3)" por Alberto Martín a iniciativa de Ceferino Rocafort

En esta foto del Puente de Alcántara hay una pista que ayuda a datar la colección en torno a 1911: ya aparece la Puerta de Alcántara desprovista de las humildes casas que la ocultaban hasta ese año. Además, se ve en obras el depósito de aguas que comenzó también a construirse en 1911 en el Paseo del Carmen:
Puente de Alcántara y Alcázar de Toledo  hacia 1910. Publicada en "Portfolio Fotográfico de España (cuaderno nº 3)" por Alberto Martín a iniciativa de Ceferino Rocafort

La Plaza de Zocodover aparece preciosa, con la presencia de las efímeras catalpas plantadas hacia 1906 y que fueron retiradas hacia 1915:
Plaza de Zocodover y Alcázar de Toledo  hacia 1910. Publicada en "Portfolio Fotográfico de España (cuaderno nº 3)" por Alberto Martín a iniciativa de Ceferino Rocafort

La Catedral y la Plaza del Ayuntamiento, por entonces ajardinada:
Catedral de Toledo  hacia 1910. Publicada en "Portfolio Fotográfico de España (cuaderno nº 3)" por Alberto Martín a iniciativa de Ceferino Rocafort

Un aspecto de la plaza desde la propia Catedral:
Ayuntamiento de Toledo  hacia 1910. Publicada en "Portfolio Fotográfico de España (cuaderno nº 3)" por Alberto Martín a iniciativa de Ceferino Rocafort

La espectacular Puerta de los Leones:
Puerta de los Leones  hacia 1910. Publicada en "Portfolio Fotográfico de España (cuaderno nº 3)" por Alberto Martín a iniciativa de Ceferino Rocafort

Los sepulcros de Álvaro de Luna y Juana Pimentel en la Capilla de Santiago de la Catedral:
Sepulcro de Don Álvaro de Luna  hacia 1910. Publicada en "Portfolio Fotográfico de España (cuaderno nº 3)" por Alberto Martín a iniciativa de Ceferino Rocafort

El Cristo de la Vega, con las lámparas de la ermita cubiertas por lonas o telas:
Cristo de la Vega  hacia 1910. Publicada en "Portfolio Fotográfico de España (cuaderno nº 3)" por Alberto Martín a iniciativa de Ceferino Rocafort

El Claustro de San Juan de los Reyes:
Claustro de San Juan de los Reyes  hacia 1910. Publicada en "Portfolio Fotográfico de España (cuaderno nº 3)" por Alberto Martín a iniciativa de Ceferino Rocafort

La fachada del Teatro de Rojas fotografiada desde la Plaza Mayor:
Teatro de Rojas  hacia 1910. Publicada en "Portfolio Fotográfico de España (cuaderno nº 3)" por Alberto Martín a iniciativa de Ceferino Rocafort

La autoría de las fotos es desconocida, puede incluso que no todas sean de un mismo fotógrafo. Hay similitudes o coincidencias en algunas fotos con series de postales de casas como Castañeira, Álvarez y Levenfeld por lo que es probable que la editorial acudiera a las casas fotográficas más famosas por entonces, que surtían de imágenes a diferentes empresas relacionadas con el mundo de las postales, los libros turísticos y el mundo artístico.
Espero que os haya gustado este pequeño viaje al Toledo de hace más de un siglo.

lunes, 15 de junio de 2020

La Ermita de la Virgen de la Guía

Este año de 2020 será recordado, tristemente, por todas las pérdidas ocasionadas por el maldito coronavirus: pérdida de vidas, pérdida de momentos compartidos, pérdidas económicas y pérdida también de fiestas y tradiciones que este año no se celebrarán.
Repasaba mentalmente hace poco la larga lista de celebraciones que en Toledo han tenido que suspenderse este año, desde las grandes fiestas como el Corpus o la Feria de Agosto, hasta las fiestas de muchos barrios, pasando por las tradicionales romerías (el Valle, la Bastida, la Cabeza, el Ángel, los Reviernes...)...cuando, de pronto, recordé que tal vez no esté todo perdido, y que es posible que al menos una romería tradicional toledana pueda celebrarse en este año 2020. Me refiero a la histórica romería en honor de Nuestra Señora de la Guía, en la ermita que lleva su nombre en el barrio de Santa Bárbara.
Dado que esta fiesta se celebra el 12 de octubre, es posible que por entonces se permitan ya ciertos actos como este. El tiempo lo dirá, pero por lo pronto aprovecharé para dedicar una entrada, que tenía pendiente hace tiempo, a esta ermita tan recoleta situada en un paraje de bastante belleza en lo alto de un roquedo muy cerca de las casas de este entrañable barrio.
El origen de esta ermita, según publicó Felipe Rubio Piqueras en 1928, se remonta al año de 1432, al parecer por iniciativa de cuatro sacerdotes toledanos conocidos como los Cruces.
Según el mismo autor, un desgraciado incendio destruyó en 1499 casi por completo la primitiva ermita. Las crónicas cuentan que los encargados del mantenimiento del culto en estos años de destrucción fueron los cofrades adscritos a otra ermita -llamada de Santa Lucía- en los terrenos de la vega Tajo cercanos al palacio de Galiana. Estos cofrades, que Rubio Piqueras cifra en 73, se dedicaban al cultivo de la Huerta del Rey y poseían también algunos molinos y batanes en este tramo del río.
Pero aquella ermita de Santa Lucía en el Tajo también quedó destruida a mediados del XVI, por lo que en 1598 -casi un siglo exacto después del incendio de nuestra protagonista de hoy- se abordó la reedificación del templo aprovechando lo poco que quedaba del edificio original.
Ello se hizo por el impulso del racionero de la catedral D. Diego Rodríguez, sumado al entusiasmo de los cofrades que sobrevivían y a la fe de algunos devotos. Así, el 30 de mayo de 1599, la ermita fue bendecida por el entonces obispo Tenerife, que se encontraba en Toledo. Las trazas del templo se debieron al maestro mayor de la Obra y Fábrica de la Catedral, de apellido Zapata. La imagen de la Virgen fue tallada por el oliero Carlos Tejado Venero, uno de los escultores en nómina del templo primado. Para lograr una masa crítica de fieles que acudieran al templo, se creó una congregación de señoras que, sumada a una preexistente de artesanos, adquirieron el compromiso de oír misa todos los festivos y comulgar allí el primer domingo del mes. Sus fiestas principales se celebraban con motivo de la Natividad, la Purificación y el último domingo de mayo, que era la más importante y solemne de todas para los fieles de la ermita.
Pasaron varios siglos -hubo una restauración más en 1668- con esta actividad religiosa en la ermita hasta que, en la Guerra de la Independecia las tropas francesas destruyeron tanto la ermita como la imagen de la Virgen, que fue quemada.
Pocos años después -según unas fuentes en 1820 y según otras en 1823- la cofradía aportó 520 ducados para la reconstrucción del templo que, sumados a una aportación mayor del alcalde-corregidor D. Trinidad Ramírez, alcanzó la cifra necesaria para completar los trabajos.
De este modo, Martín Ramiro Lumbreras, obispo de Pachou y natural de Toledo, bendijo el templo reedificado el 30 de mayo de aquel año de 1823. La nueva imagen mariana fue costeada por el Marqués de Malpica, siendo tallada en su propio palacio situado en la Plaza de Santa Clara. Se reutilizó el antiguo niño Jesús para completar el conjunto escultórico pues, según la tradición, dicho resto de la primitiva talla fue encontrado milagrosamente por el maestro de coches del Conde de Trastámara (cuando se usaba el Salón Rico del Corral de Don Diego como cochera), apellidado López, en el camino que une la Ermita de la Guía con la Ermita o Venta de Santa Ana, escondido en unas retamas, al parecer ocultado por alguna persona que lo salvó de la destrucción francesa. Según la tradición, esta persona lo halló al traer la comida desde esa cercana venta, donde trabajaban y acopiaban material al comienzo de las obras de reconstrucción de la Ermita de la Guía.
Desde aquel año de 1823 se utilizó la ermita como lugar de retiro espiritual de miembros de diversos conventos toledanos cercanos (San Servando, la Sisla, las Nieves, San Pedro y San Félix...). También fue utilizada al parecer por ermitaños y como Beaterío de Penitencia, con usos marcados por el recogimiento y la más rigurosa austeridad.
El nombre de "Virgen de la Guía" parece tener su origen en un suceso que le aconteció al deán de la Catedral, Don Diego Fernández Machuca quien, acompañado del ya mencionado racionero Diego Rodríguez (el impulsor de la reedificación de 1598) protagonizó la siguiente historia: habían salido de cacería por una dehesa cercana (conocida como "La Legua Grande") cuando les sorprendió la noche y una fuerte tormenta. Asustados y perdidos entre el denso encinar, se encomendaron a la Virgen de la Natividad (con esa advocación era conocido el, por entonces, ruinoso templo), con la suerte de que Machuca fue a encontrar cobijo en un paraje en el que decidió construir una ermita dedicada a Santa Ana en agradecimiento (la citada Ermita o Venta de Santa Ana). Por su parte, el racionero Rodríguez llegó a la Ermita de la Natividad guiado por una corneja que portaba en su pico una potente luz. En agradecimiento, reconstruyó y renombró el templo como el de la Virgen de la Guía, en alusión al pájaro que le había guiado hasta el lugar para salvarle de la tempestad. Este racionero está enterrado en la ermita bajo el altar mayor.
Quinario de la Virgen de la Guía, año 1852
Se levanta la ermita en un terreno escarpado, muy cerca del arroyo de la Rosa. Junto a ella pasaba el antiguo camino romano que comunicaba nuestra ciudad con Oretum. La propiedad de la misma corresponde a la parroquia de San Justo, lo que ha permitido mantener el culto tanto cuando se vendieron los terrenos municipales colindantes en 1855 como, ya en el siglo XX, cuando quedó rodeada por terrenos militares.
En la Guerra Civil fue destruida parcialmente la imagen de la Virgen (al parecer quemaron el armazón y las manos, no así la cabeza, según apunta el historiador Emilio Vaquero) , pues el lugar quedó muy expuesto en la zona del Frente del Tajo, que registró combates hasta la primavera de 1939. Tras la guerra, todos los terrenos colindantes pasaron a la Academia de Infantería, quedando la ermita como un enclave un tanto aislado. En 1961, el presbítero Ignacio Gallego Peñalver tramitó para el Arzobispado ante el Ayuntamiento el permiso para construir un edificio de dos niveles, en el costado izquierdo del patio, junto a la vaguada del arroyo de la Rosa, destinado a «los guardas de la ermita», según el proyecto elaborado por el arquitecto José Gómez Luengo.
La imagen de la Virgen de la Guía fue escogida por el gremio de guías turísticos como su patrona y actualmente esta romería se celebra el día 12 de octubre con notable asistencia pues es muy querida en el barrio, por lo que en la edición de 2020 desearemos con todas nuestras fuerzas que pueda celebrarse: sería la mejor señal del regreso de la normalidad a nuestras vidas.
No abundan las imágenes antiguas de esta ermita, pero las pocas que hay son muy bellas:
Romería de la Virgen de la Guía en 1901. Foto cedida por Luis Alba para el libro de Emilio Vaquero Fernández-Prieto dedicado a la ermita en 1996
Ermita de la Virgen de la Guía a mediados del siglo XX. Foto Villasante
Ermita de la Virgen de la Guía a mediados del siglo XX. Foto Villasante
Procesión de la romería de la ermita de la Virgen de la Guía en los años 50. Fotografía de Victoriano de Tena Sardón
Procesión de la romería de la ermita de la Virgen de la Guía en los años 50. Fotografía de Victoriano de Tena Sardón

Se conserva una fotografía de la imagen, antes de sufrir los reseñados daños en la Guerra Civil:
Imagen de la Virgen de la Guía, destruida en 1936

El estupendo libro que en 1996 le dedicó el historiador Emilio Vaquero Fernández-Prieto presenta fotos muy interesantes:
Santeros de la Virgen de la Guía en 1945. Foto cedida por Esperanza García Calvo para el libro de Emilio Vaquero Fernández-Prieto dedicado a la ermita en 1996
Romería de la Virgen de la Guía en 1949. Foto cedida por la familia Córdoba para el libro de Emilio Vaquero Fernández-Prieto dedicado a la ermita en 1996
Romería de la Virgen de la Guía en 1995. Foto cedida por Esperanza García Calvo para el libro de Emilio Vaquero Fernández-Prieto dedicado a la ermita en 1996
Romería de la Virgen de la Guía en 1994. Foto cedida por Esperanza García Calvo para el libro de Emilio Vaquero Fernández-Prieto dedicado a la ermita en 1996

Este es el artículo publicado en 1928 por Felipe Rubio Piqueras en la Revista Toledo:
Reportaje sobre la Ermita de la Virgen de la Guía publicado en febrero de 1928 en la Revista Toledo
Reportaje sobre la Ermita de la Virgen de la Guía publicado en febrero de 1928 en la Revista Toledo
Reportaje sobre la Ermita de la Virgen de la Guía publicado en febrero de 1928 en la Revista Toledo

Para saber más:
- "El paraje de la ermita de La Guía y la Cruz del Siglo" por Rafael del Cerro Malagón.

Ver la Ermita de la Virgen de la Guía en Google Maps

Mapa de las fotos de Toledo Olvidado:









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