viernes, 29 de abril de 2022

La romería de la Virgen del Valle o el idilio entre los toledanos y su entorno natural

Debido a la dureza de nuestros inviernos y veranos, los toledanos valoramos especialmente nuestras primaveras y otoños. Tal vez por ello, conscientes de que las mejores cosas de la vida son aquellas más efímeras, llegada la estación primaveral la ciudad se vuelca en una particularmente intensa secuencia de celebraciones en las que el vínculo con nuestro entorno natural cobra un especial protagonismo.
Pocas ciudades pueden presumir de tener el campo pegado a la ciudad: en Toledo basta con cruzar el Tajo para adentrarnos en terrenos en los que ya no manda el asfalto ni el adoquín, sino que lo hace la perdiz, el zorro, la culebra, la encina, el almez, la abubilla o la oropéndola. Este tesoro, cada vez más escaso en esta España nuestra, es especialmente agradable para los sentidos llegado este entretiempo. Una vez dejado atrás el frío invierno, y antes de que el sol se imponga con toda su rotundidad, existe en Toledo un lapso de tiempo —llamémosle primavera, aunque rara vez dura tres meses completos— en el que una combinación de agradables temperaturas, junto con el despertar de la naturaleza, ofrece multitud de motivos de gozo para los sentidos, especialmente si las lluvias han sido suficientes como para hacer brotar con vigor la hierba que, en estas condiciones, tupe buena parte del suelo.
Sumado a ello, la luz. Esa luz tan característica de Toledo, que en estos meses ofrece cientos de matices y texturas muy diferentes a los del invierno o el verano, y que hacen que la ciudad tenga en esta época un encanto visual mayor si cabe, que se complementa a la perfección con las vistas que la ciudad ofrece en todo tiempo: sus monumentos, su silueta, los cerros de sus contornos, el río...
Con todos estos ingredientes, no es de extrañar que sea en primavera cuando se concentran la mayoría de esas festividades en forma de romerías en las que lo religioso se mezcla con lo pagano, o viceversa, y que se celebran en varios de esos parajes en los que la naturaleza es protagonista pese a estar situados a escasísima distancia del centro urbano.
La romería toledana por antonomasia es la de la Virgen del Valle, que gana por goleada al resto, no solo en cuanto a asistencia de personas sino también en lo relativo a la belleza de las escenas que es capaz de generar. Tal vez por ello, en la memoria de los toledanos, la del Valle es la romería más entrañable, la que más recuerdos evoca y la que más hemos echado de menos en estos tristes años de pandemia.
En este primero de mayo de 2022 volveremos a disfrutarla como siempre hicimos, como hicieron nuestros padres y abuelos, y como esperamos que hagan nuestros nietos: sintiendo ese privilegio que es habitar Toledo, disfrutando de la íntima conexión entre la ciudad y la naturaleza —solo oscurecida por la vergonzosa e infame situación del Tajo como consecuencia de la contaminación y el Trasvase Tajo-Segura— y aprovechando los olores, colores y sabores que ofrece esta lluviosa primavera para pasar un día con la familia y los amigos.
Con tal motivo, para recordar ese vínculo entre los toledanos y el campo en esta jornada, hoy os ofrezco una impagable colección de fotografías familiares cedidas por dos amigos: el gran Javier Longobardo (un joven fotógrafo lleno de talento que me ha pasado las fotos familiares tomadas por Aleja Guillén Núñez y Manuel Gómez-Calcerrada Fuentes) y el genial Tomás García del Cerro. Estas fotos tienen la autenticidad de ser momentos reales de familias reales en la romería del Valle, pero poseen además una gran belleza y fuerza visual. He disfrutado tanto viéndolas que creo que es mejor no comentar nada más, y dejar que vosotros experimentéis también esa sensación de dejar a los recuerdos aflorar según veais las fotografías, sintiendo cómo ese cíclico devenir de los acontecimientos en forma de estaciones es una de las mejores experiencias que nos depara la vida, porque nos hace ser conscientes del paso del tiempo y de lo importante que es atrapar el momento y disfrutar de lo efímero.
Romería del Valle a mediados del siglo XX. Colección de Tomás García del Cerro Romería del Valle a mediados del siglo XX. Colección de Tomás García del Cerro Romería del Valle a mediados del siglo XX. Colección de Tomás García del Cerro Romería del Valle a mediados del siglo XX. Colección de Tomás García del Cerro Romería del Valle a mediados del siglo XX. Colección de Tomás García del Cerro Romería del Valle a mediados del siglo XX. Colección de Tomás García del Cerro Romería del Valle a mediados del siglo XX. Colección de Tomás García del Cerro Romería del Valle a mediados del siglo XX. Colección de Tomás García del Cerro Romería del Valle a mediados del siglo XX. Colección de Tomás García del Cerro Romería del Valle a mediados del siglo XX. Colección de Tomás García del Cerro Romería del Valle a mediados del siglo XX. Colección de Tomás García del Cerro Romería del Valle a mediados del siglo XX. Colección de Tomás García del Cerro Romería del Valle a mediados del siglo XX. Colección de Tomás García del Cerro Romería del Valle a mediados del siglo XX. Colección de Tomás García del Cerro Romería del Valle a mediados del siglo XX. Colección de Tomás García del Cerro Romería del Valle a mediados del siglo XX. Colección de Tomás García del Cerro Romería del Valle a mediados del siglo XX. Colección de Tomás García del Cerro Romería del Valle a mediados del siglo XX. Colección de Tomás García del Cerro Romería del Valle a mediados del siglo XX. Colección de Tomás García del Cerro Romería del Valle a mediados del siglo XX. Colección de Tomás García del Cerro Romería del Valle en los años 60. Donación de Javier Longobardo Romería del Valle en los años 60. Donación de Javier Longobardo Romería del Valle en los años 60. Donación de Javier Longobardo Romería del Valle en los años 60. Donación de Javier Longobardo Romería del Valle en los años 60. Donación de Javier Longobardo Romería del Valle en los años 60. Donación de Javier Longobardo Romería del Valle en los años 70. Donación de Javier Longobardo Romería del Valle en los años 70. Donación de Javier Longobardo Romería del Valle en los años 70. Donación de Javier Longobardo Romería del Valle en los años 70. Donación de Javier Longobardo Romería del Valle en los años 60. Donación de Javier Longobardo Romería del Valle en los años 60. Donación de Javier Longobardo Romería del Valle en los años 60. Donación de Javier Longobardo Romería del Valle en los años 60. Donación de Javier Longobardo Romería del Valle en los años 60. Donación de Javier Longobardo Romería del Valle en los años 60. Donación de Javier Longobardo Romería del Valle en los años 60. Donación de Javier Longobardo Romería del Valle en los años 60. Donación de Javier Longobardo Esperando que este repaso a una de las partes más bonitas y auténticas de la intrahistoria toledana os haya gustado, solo me queda desearos un muy feliz Día del Valle 2022.
Romería del Valle en Toledo hacia 1965 © Familia Del Cerro Corrales

viernes, 15 de abril de 2022

Los curiosos detalles que ayudan a datar una imagen del Viernes Santo toledano

En la página 113 del último libro de la saga (Toledo Olvidado 5) que publiqué el pasado mes de diciembre de 2021, incluyo una preciosa foto del Cristo del Descendimiento tomada por un fotógrafo del estudio de Abelardo Linares y conservada en la fototeca del Diario ABC (a quienes agradezco su generosa cesión) que, además de ser muy bella, presenta muchas curiosidades. La datación de la misma no estaba aún fijada, pero examinando los detalles que encierra, pude llegar a determinar el día exacto en que fue obtenida. Hoy, Viernes Santo de 2022, creo que es un buen momento para explicar el proceso.
La imagen en cuestión es esta:
Cristo del Descendimiento en la plaza de los Postes en una procesión de viernes santo de Semana Santa. Fototeca del diario ABC Como os decía, en las fotos hay detalles que ayudan a datar la fecha en que fueron tomadas de modo muy certero. En esta imagen del Cristo del Descendimiento en la Plaza de Amador de los Ríos, popularmente de Los Postes, hay varias pistas que me ayudaron a identificar sin duda el día en que se realizó. En primer lugar, las típicas gorras de los guardias de asalto ya permiten fijar la fecha dentro de la II República.
Guardias de asalto de la II República con su típica gorra Yendo más allá, el cartel de la calle, nombrada como Nicolás Salmerón en 1931, confirma ese extremo. Este cambio de denominación se incluyó en una profunda reforma del nomenclátor toledano en esos años. En concreto, los cambios en el callejero toledano en la II República en 1931 (anulados luego en la sesión del 20 de octubre de 1936, con la ciudad ya bajo dominio del bando franquista) fueron: Emilio Castelar por Barrio Rey; Capitanes Galán y García Hernández por Carlos V; Pablo Iglesias por Real del Arrabal; Juan Jaurés por avenida María Cristina; Joaquín Costa por Alfonso XII; Vicente Blasco Ibáñez por paseo de Recaredo; Jaime Vera por Alfonso X el Sabio; Estanislao Figueras por Real; Comuneros de Castilla por Reyes Católicos; plaza de la República por plaza del Ayuntamiento; Carlos Marx por Arco de Palacio; Pi y Margall por Comercio; Giner de los Ríos por Calle Nueva; plaza de Nicolás Salmerón por plaza de los Postes, ya citada; Francisco Palacios Sevillano por Colegio de Infantes (plaza y bajada); Amador de los Ríos por San Ginés; Enrique Solás por Mona; Paseo Pérez Galdós por Virgen de Gracia; plaza de Gómez de Nicolás por San Nicolás; Poeta José Zorrilla por Cristo de la Vega; avenida de Manuel Azaña por Camino de Bisagra a la Fábrica; José Nakens por Sillería; Isabel Nakens por Santa Isabel y Adolfo de Sandoval por Codo.
Placa de la Plaza de Nicolás Salmerón, nombre que se le asignó en época de la II República a la actual plaza de Amador de los Ríos Pero afinando aún más, tenemos en la zona derecha de la fotografía el cartel de Las Cuatro Hermanitas, película protagonizada por Katharine Hepburn y estrenada en noviembre en 1933 en Estados Unidos. Sumado a ello, se ve junto al citado cartel un bando del alcalde Justo García García, que gobernó en su segundo mandato entre octubre de 1934 y febrero de 1936.
Cartel de Las Cuatro Hermanitas y bando del alcalde Justo García García Todo ello permite fijar la fecha de la fotografía inequívocamente en el 19 de abril de 1935, Viernes Santo de aquel año, pues ese paso del Cristo del Descendimiento sale en procesión únicamente ese día del año.
Esperando que os haya resultado interesante, o al menos curioso, el proceso seguido para la datación de la imagen, me despido por hoy deseándoos una feliz Semana Santa.

sábado, 26 de marzo de 2022

El primo de Alfonso XIII que asesinó a su mujer y fotografió Toledo desde un avión en 1925

José María de Borbón y de la Torre vino al mundo en Madrid en 1883, como hijo del matrimonio entre su padre Francisco de Borbón y Castellví -conocido como el general Borbón- y su madre María Luisa de la Torre, que era hija de un cubano muy acaudalado. Por vía paterna era nieto del infante Enrique de Borbón, uno de los protagonistas del famoso Duelo de Carabanchel de 1870, y primo segundo del rey Alfonso XIII.
Siguiendo la vocación militar de su padre, José María entró en el ejército formándose en la Academia de Infantería de Toledo, y con solo 17 años logró el tercer premio como aspirante a teniente. Posteriormente tomó parte en diversas acciones en el norte de África, logrando la Cruz del Mérito Militar y también la de San Hermenegildo, aún más prestigiosa. Poco a poco, se fue especializando en tiro de precisión, siendo destinado al Regimiento de Cazadores Figueras 6. Después de los años complicados y duros de la Guerra de África, José María encontró un destino en la por entonces recién creada Aeronáutica Militar, llegando a ser segundo responsable de la base aérea de Getafe.
Contrajo matrimonio en 1909 con María Luisa Rich Carbajo, con la que tuvo siete hijos: José Luis, Fernando (fallecido con solo 7 meses), María Luisa, Carlos Luis, Alberto, Beatriz y Álvaro.
José María Borbón de la Torre Lo que parecía una vida plácida y jalonada de éxitos personales y profesionales se esfumó para siempre a las tres y media de la tarde del 5 de febrero de 1926. Aquel día, nuestro protagonista de hoy, José María de Borbón y de la Torre, que por entonces contaba con 43 años, almorzaba a solas en su casa de la madrileña calle de Andrés Mellado con su esposa, María Luisa Rich, de 36 años de edad. Solo sus dos hijos menores (Beatriz, de 6 años, y Álvaro de 4), estaban en el domicilio, pero se encontraban en ese momento con el personal de servicio. Se desató una discusión entre ambos y José María disparó en el rostro a su esposa con su pistola reglamentaria, modelo Browing del calibre 7,65.
Aunque las versiones de la prensa de entonces contienen relatos un tanto diferentes (según unas fue algo bastante premeditado y según otras el asesino fue presa de una enajenación tras la que comenzó a gritar ¡Qué he hecho!, ¡Qué he hecho!) lo cierto es que la desdichada mujer falleció como consecuencia de los dos disparos recibidos en la cabeza.
Crónica del asesinato de la esposa del teniente coronel Borbón a manos de éste. La Libertad, 6 de febrero de 1926 Noticia del asesinato de María Luisa Rich Carbajo a manos de su marido José María Borbón de la Torre. El Liberal, febrero de 1926 Sea como fuere (algo premeditado o una enajenación mental transitoria), lo cierto es que, como narró hace unos años Juan Luis Galiacho en El Español, el asesino nunca fue condenado por el crimen:
"Inicialmente el juzgado de guardia se inhibió por teléfono del caso al conocer el parentesco del agresor. El caso pasó seguidamente al juzgado de jurisdicción de guerra. Fue el juez militar, un comandante de caballería apellidado Serna, quien tomó en primer lugar las riendas del caso y decidió llevar a prisión al teniente coronel Borbón. También determinó tomar declaración en el despacho oficial de prisiones militares a toda la servidumbre. Algunos de los testigos, porteros y criadas, contaron que el asesinato de la esposa fue debido a los celos. Pero fuesen los celos o una enajenación mental transitoria, su primo el rey Alfonso XIII hizo todo lo posible por ayudarle en aquel trance. Primero se cambió de juez y se nombró uno nuevo, “especial”, el teniente coronel Julio Riudavets. Éste determinó que el paso del teniente coronel Borbón por una prisión militar fuera efímero. De hecho, su caso no fue visto nunca ante un Tribunal Militar. La causa fue sobreseída por enajenación emocional. Se le apartó a Marruecos, para alejarlo de la península, donde acabó residiendo y cursando finalmente baja forzosa en el Ejército en 1929 “por enfermedad”.
La relación de este oscuro suceso con Toledo reside en que, solo unos meses antes del asesinato, en el año 1925, José María Borbón y de la Torre logró una sensacional fotografía aérea de la vieja ciudad castellana que recientemente he descubierto. Fue publicada con su firma en una revista y lo cierto es que nos muestra una bellísma perspectiva de Toledo desde la zona oeste.
Vista aérea de Toledo publicada en 1925. Fotografía del Teniente Coronel Borbón de la base militar de Getafe. Colección personal de Eduardo Sánchez Butragueño. Os invito a ampliarla sin prisa y deleitaros en sus detalles, pues se trata de una joya. Hay que recordar que las primeras fotos aéreas de una ciudad de España tuvieron como protagonista también a Toledo solo diez años antes (en 1915, obra del capitán Vallespín Zayas) por lo que esta vista de 1925 es bastante antigua hablando de tomas aéreas. Fijaos en los rodaderos llenos de escombros, especialmente en la zona de Roca Tarpeya -por entonces, un derrumbadero llamado Paseo de los Precipicios-, el aspecto del Paseo del Tránsito (ya densamente arbolado) y del Paseo de San Cristóbal (sin arbolar). El denso caserío, plagado de torres, cúpulas y sinuosidades generadas por la trama urbana, aparece ante nosotros en aquel soleado día lleno de luminosidad.
Roca Tarpeya y Paseo del Tránsito. Detalle de una fotografía aérea de José María Borbón y de la Torre en 1925. Colección personal de Eduardo Sánchez Butragueño. Paseo de San Cristóbal y alrededores. Detalle de una fotografía aérea de José María Borbón y de la Torre en 1925. Colección personal de Eduardo Sánchez Butragueño. Alcázar, Catedral e Iglesia de los Jesuitas en medio del caserío toledano. Detalle de una fotografía aérea de José María Borbón y de la Torre en 1925. Colección personal de Eduardo Sánchez Butragueño. Pocos años más tarde del macabro suceso, cuando llegó la II República, José María Borbón fue recluido durante dos años en el convento de Santa Úrsula de Valencia, según algunos como castigo a sus ideas monárquicas, y según otros debido a la impunidad con la que había sido tratado en el asunto del asesinato de su mujer como consecuencia del trato de favor del rey Alfonso XIII. Tras la contienda prosigiuó con su vida alejado de cualquier foco tanto mediático como de actividad social y familiar, falleciendo en el año 1962 sin apenas dejar rastro documental.
Firma de la foto aérea del teniente coronel Borbón
© TOLEDO OLVIDADO
Maira Gall