viernes, 24 de septiembre de 2021

Toledo en 1857 fotografiado por Eugène Sevaistre

Debo confesar que me sigue emocionando comprobar cómo, gracias a la fotografia, podemos saber qué aspecto tenía nuestra ciudad hace más de 160 años. Más de siglo y medio después de ser tomadas, las imágenes de Toledo obtenidas por los pioneros fotógrafos de mediados del siglo XIX son auténticos tesoros que constituyen un viaje en el tiempo.
Y tenemos también que reconocer la maravillosa aportación que, en este sentido, hicieron los fotógrafos franceses, sin duda la nacionalidad más habitual en ese reducido grupo de adelantados a su tiempo.
Hoy me centraré en uno de ellos, Eugène Sevaistre (1817-1897), que visitó Toledo en 1857 obteniendo algunas de las más maravillosas imágenes del Toledo de mediados del XIX.
Su nombre completo era Louis Eugène Sevaistre y, gracias a las investigaciones de Juan Antonio Fernández Rivero, sabemos que era el hijo primogénito y único varón de los cinco hermanos que nacieron como fruto del matrimonio entre Louis Philémon Eugène Sevaistre (1787-1865) y Victorine Adèle Dubard (1791-1862), casados en 1813. La familia Sevaistre era originaria Elbeuf, un pueblo situado a orillas del Sena, en la región de Normandía, al noroeste de París y bastante cerca de Rouen.
Era una de las familias más acomodadas de la localidad, por lo que a todos los que han investigado la vida de Eugène Sevaistre les sorprende el hecho de que, con cuarenta años ya cumplidos, se lanzara a realizar viajes fotográficos tanto por España como por Italia entre 1857 y 1860. Para ello, debía tener algún conocimiento previo de la técnica fotográfica, algo solo reservado por entonces a las familias de la burguesía como eran los Sevaistre. Es por ello por lo que el citado investigador Fernández Rivero apunta a la posibilidad de que su marcha de Francia se podría haber debido a algún problema personal o a la existencia de alguna causa pendiente con la justicia.
La identificación de las fotos de Sevaistre fue posible porque, pese a que se comercializaron sin citar su autoría por la firma Gaudin Frères, en el Canadian Centre for Architecture (CCA) de Montreal se conservan dos álbumes de idénticas características titulados Souvenirs Stéréoscopique d’Espagne y Souvenirs stéréoscopique d’Italie. De los dos, únicamente aparece firmado por Sevaistre el álbum italiano, pero la similitud de ambos álbumes es tal que la adjudicación a Sevaistre de las fotos tomadas en España es inequívoca. Además, esas fotografias canadienses coinciden con otras idénticas editadas por la citada casa Gaudin, por lo que es fácilmente deducible que Sevaistre vendió total o parcialmente su obra a la casa Gaudin para que ésta la comercializara en una estupenda serie bajo el título Vues d´Espagne. Las ciudades visitadas por Sevaistre en España fueron Fuenterrabía, Pasajes, Lezo, Rentería, Irún, Burgos, Valladolid, Madrid, Toledo, Cádiz, Córdoba, Sevilla, Málaga, Granada, Valencia y Barcelona. El catálogo de este periplo por España se publicó en la revista La Lumière de París en sus números del 24 de Abril y 1 de Mayo de 1858, constando de un total de 400 vistas.
Se conserva incluso una fotografía tomada hacia 1862 del propio Sevaistre que nos permite ponerle rostro a este autor de biografía tan apasionante, que se conserva en Milán y que el propio autor describió como “Mon portrait convalescent après 4 mois de maladie (fièvre typhoïde)" [Mi retrato convaleciente después de 4 meses de enfermedad (fiebre tifoidea)].
Louis Eugène Sevaistre. “Mon portrait convalescent après 4 mois de maladie (fièvre typhoïde)". Estereoscopia a la albúmina. Civico Archivio Fotografico, Milano. Ca. 1862 En Toledo, Sevaistre obtuvo al menos cuarenta fotografías en formato estereoscópico de un valor inmenso. Se conservan en instituciones como el Archivo Municipal de Toledo (procedentes del fondo de Luis Alba), la Real Biblioteca del Patrimonio Nacional o el Canadian Centre for Architecture, así como en manos de particulares como Carlos Sánchez, Laura Valeriano y Paco de la Torre.
De entre todas las fotos toledanas de Sevaistre, es soberbia la serie dedicada a la Plaza de Armas del Puente de Alcántara, que posee el impagable mérito de retratar las desaparecidas puertas de San Ildefonso y Alcántara de las que ya os hablé en otras entradas específicas del blog:
Puente de Alcántara en 1857 por Eugène Sevaistre. Se ven en pie las puertas de Alcántara y de San Ildefonso que conformaban la plaza de armas del puente, hoy desaparecida. Puente de Alcántara y Alcázar en 1857. Fotografía de Eugène Sevaistre. Real Biblioteca del Patrimonio Nacional de España. Puerta de San Ildefonso hacia 1857. Fotografía estereoscópica tomada por Eugène Sevaistre y editada por  Chez Alexis Gaudin et frère. Propiedad de Carlos Sánchez Gómez Puerta de San Ildefonso hacia 1858 por Eugène Sevaistre. Fotografía estereoscópica editada por  Chez Alexis Gaudin et frère. Propiedad de Carlos Sánchez Gómez Puente de Alcántara de Toledo en 1857 por Eugène Sevaistre. Archivo Municipal, Ayuntamiento de Toledo (Colección Luis Alba) Parte trasera de la desaparecida Puerta de Alcántara en Toledo en 1857 por Eugène Sevaistre. Archivo Municipal, Ayuntamiento de Toledo (Colección Luis Alba) Justo al lado, Sevaistre inmortalizó los restos del Artificio de Juanelo:
Artificio de Juanelo y Alcázar en 1857. Fotografía de Eugène Sevaistre. Real Biblioteca del Patrimonio Nacional de España. Son sensacionales también las imágenes de la Catedral:
Catedral de Toledo en 1857 por Eugène Sevaistre. Archivo Municipal, Ayuntamiento de Toledo (Colección Luis Alba) Vista desde el Alcázar de Toledo hacia 1857. Fotografía de Eugène Sevaistre editada por Gaudin Puerta de los Leones en 1857 por Eugène Sevaistre. Colección Luis Alba. Estas vistas de la Puerta del Cambrón no tienen precio:
Puerta del Cambrón en 1857 por Eugène Sevaistre. Colección Luis Alba. Puerta del Cambrón en 1857 por Eugène Sevaistre. Colección Luis Alba. La Puerta del Sol:
Fotografía estereoscópica de la Puerta del Sol en 1857, probablemente obra de Eugène Sevaistre. Puerta del Sol hacia 1857. Fotografía de Eugène Sevaistre editada por Gaudin Impresionante es esta vista de los molinos de Daicán en el Tajo, en una de las pocas estampas de esta zona a ras de agua en el siglo XIX:
Torre de Alfarach y Molinos de Daicán fotografiados en 1857 por Eugène Sevaistre (c) Colección Luis Alba, Ayuntamiento de Toledo Justo al lado, una vista del Tajo desde la desembocadura del arroyo de la Cabeza o de Pozuela:
Río Tajo desde la desembocadura del arroyo de la Cabeza de Pozuela en Toledo en 1857 por Eugène Sevaistre. Archivo Municipal, Ayuntamiento de Toledo (Colección Luis Alba) Muy cerca de allí, los molinos de Saelices:
Molinos de Saelices en Toledo en 1857 por Eugène Sevaistre. Archivo Municipal, Ayuntamiento de Toledo (Colección Luis Alba) Hay varias vistas panorámicas de la ciudad que realmente son joyas documentales por mostrarnos el aspecto de Toledo y sus contornos hace más de 160 años:
Vista general de Toledo en 1857 por Eugène Sevaistre. Archivo Municipal, Ayuntamiento de Toledo (Colección Luis Alba) Vista general de Toledo en 1857 por Eugène Sevaistre. Archivo Municipal, Ayuntamiento de Toledo (Colección Luis Alba) Vista del barrio de las Tenerías desde el valle en Toledo en 1857 por Eugène Sevaistre. Archivo Municipal, Ayuntamiento de Toledo (Colección Luis Alba) Vista estereoscópica del Tajo hacia 1857 por Eugène Sevaistre. Colección de Eduardo Sánchez Butragueño. La calle Ancha también aparece, tratándose de una de las primeras fotografías tomadas en esta céntrica vía:
Calle ancha en 1858 por Eugène Sevaistre. Canadian Centre for Architecture, Montréal, Canada Las dos puertas de Bisagra, tanto la vieja como la nueva:
Puerta Vieja de Bisagra en 1857. Fotografía de Eugène Sevaistre Puerta de Bisagra en 1857. Fotografía de Eugène Sevaistre El Puente de San Martín protagoniza varias de las imágenes:
Puente de San Martín en 1857 por Eugène Sevaistre. Fotografía estereoscópica. Se ve la capilla de la Beata Mariana, adosada a San Juan de los Reyes, demolida en 1864 Puente de San Martín en Toledo en 1857 por Eugène Sevaistre. Archivo Municipal, Ayuntamiento de Toledo (Colección Luis Alba) Puente de San Martín en Toledo en 1857 por Eugène Sevaistre. Archivo Municipal, Ayuntamiento de Toledo (Colección Luis Alba) Puente de San Martín en Toledo en 1857 por Eugène Sevaistre. Archivo Municipal, Ayuntamiento de Toledo (Colección Luis Alba) Puente de San Martín en 1857 por Eugène Sevaistre. Colección Luis Alba. En esta, además, podemos ver un detalle interesantísimo: los restos de las fortificaciones de una de las guerras carlistas aún en pie en la zona derecha:
Puente de San Martín hacia 1858 con los restos en pie de la fortificación creada en la Segunda Guerra Carlista. Fotografía estereoscópica de Eugene Sevaistre y Alexis Gaudin (detalle). Colección Luis Alba, Ayuntamiento de Toledo El Alcázar, en su ruinoso estado tras la guerra de la Independencia:
Patio del Alcázar de Toledo en 1857 por Eugène Sevaistre. Archivo Municipal, Ayuntamiento de Toledo (Colección Luis Alba) Fachada de Covarrubias del Alcázar de Toledo en 1857 por Eugène Sevaistre. Archivo Municipal, Ayuntamiento de Toledo (Colección Luis Alba) Patio del Alcázar de Toledo en 1857 por Eugène Sevaistre. Archivo Municipal, Ayuntamiento de Toledo (Colección Luis Alba) Santiago del Arrabal y las casas de la Antequeruela:
Santiago del Arrabal en 1857 por Eugène Sevaistre. Colección Luis Alba. El Hospital de Santa Cruz:
Hospital de Santa Cruz en Toledo en 1857 por Eugène Sevaistre. Archivo Municipal, Ayuntamiento de Toledo (Colección Luis Alba) La Casa del Diamantista:
Casa del Diamantista en 1857. Fotografía estereoscópica de Eugène Sevaistre. Colección Luis Alba. Ayuntamiento de Toledo La zona conventual vista desde el Paseo de Recaredo:
Convento de las Concepcionistas en el Paseo de Recaredo. Toledo en 1857 por Eugène Sevaistre. Archivo Municipal, Ayuntamiento de Toledo (Colección Luis Alba) El Claustro de San Juan de los Reyes:
Claustro de San Juan de los Reyes en Toledo en 1857 por Eugène Sevaistre. Archivo Municipal, Ayuntamiento de Toledo (Colección Luis Alba) Claustro de San Juan de los Reyes. Toledo en 1857 por Eugène Sevaistre. Archivo Municipal, Ayuntamiento de Toledo (Colección Luis Alba) Claustro de San Juan de los Reyes en 1857. Fotografía estereoscópica de Eugène Sevaistre editada por Gaudin. Colección de Paco de la Torre y Laura Valeriano. Como habréis podido comprobar, se trata de un verdadero lujo poder contar con cuarenta imágenes de nuestra ciudad tomadas por Sevaistre nada menos que en 1857, constituyendo el mayor registro de fotografías de un mismo autor en fecha tan temprana en la ciudad. Muy pocas ciudades del mundo pueden presumir de tener fondos visuales tan ricos procedentes de un mismo fotógrafo con más de 160 años de antigüedad.
Catálogo de vistas estereoscópicas de Gaudin et Frère titulado "Vues d´Espagne" en el que se incluyen las vistas de Toledo con fotos de Eugène Sevaistre. Publicado en La Lumière el 1 de mayo de 1858

martes, 24 de agosto de 2021

El Convento de Capuchinos y la ¿desaparecida? cripta de Santa Leocadia

Los capuchinos son una rama de los monjes franciscanos con una regla monástica más estricta, creada en el año 1528, caracterizada por optar por una vida aún más austera que el resto y se encuadran dentro de los denominados observantes. La llegada de la comunidad de frailes capuchinos de San Francisco a Toledo se produce a comienzos del siglo XVII, siendo su primera sede monástica los terrenos del actual Cigarral del Ángel Custodio, tras la donación que el Cardenal Sandoval y Rojas les hizo de este paraje cigarralero en 1610, consagrándose una pequeña iglesia en la pascua de Pentecostés de 1611. En 1631 el monasterio era ya un edificio mucho más importante y siguió ampliándose, convirtiéndose en uno de los principales monasterios capuchinos españoles.
Los capuchinos son una orden mendicante y, a diferencia de las monacales, solían tener sedes mucho más variables. De este modo, a menudo comenzaban viviendo fuera de las ciudades y, cuando surgía la oportunidad, se trasladaban al centro urbano ya que, al vivir de las limosnas, éstas se conseguían con mayor facilidad en la ciudad que en el campo. Esa fue la razón por la que los capuchinos se marcharon de su emplazamiento en el Cigarral del Ángel: vendieron los terrenos y, durante el pontificado del cardenal Moscoso (1648-1665), lograron que una iglesia que se encontraba casi sin uso junto al Alcázar les fuera concedida.
Esa iglesia era la denominada "Santa Leocadia junto al Alcázar", un templo colegial de origen visigótico cuya fundación se atribuía nada menos que a Sisebuto. Se encontraba adosada a la fachada sur del Alcázar y era una de las tres iglesias toledanas dedicadas a Santa Leocadia. La primera fuente documental que cita este primitivo templo data de 1226 cuando es mencionada en un documento mozárabe. Ago más tarde, en 1291, se menciona su carácter de colegial, aunque se desconoce el número de sus canónigos ni de quien dependían.
Lo más curioso, y para muchos desconocido, es que bajo este templo se hallaba una cripta excavada en la roca donde se aseguraba por la tradición que estuvo la prisión pública en época romana donde permaneció encarcelada la propia Santa Leocadia. De hecho, en 1274 se exhumaron y trajeron a esta cripta, por orden de Alfonso X el Sabio, los restos mortales que se creía pertenecían a los reyes visigodos Wamba y Recesvinto, siendo inhumados en este subterráneo.
Santa Leocadia en su cárcel. Litografía del siglo XIX Cuando a mediados del XVII los capuchinos se mudan a este lugar junto al Alcázar procedentes del Cigarral del Ángel en tiempos del cardenal Baltasar Moscoso y Sandoval, la mencionada antigua iglesia no debía tener apenas ingresos ni culto, por lo que el cardenal la compró o cedió sin más para uso de la comunidad capuchina. Parece ser que para ello se demolió el anterior edificio construyéndose en su lugar inicialmente un convento pequeño pues la finca no era grande, contando con un huerto que, según Julio Porres Martín-Cleto, se correspondería con el espacio que hoy ocupa la explanada oriental del Alcázar.
Los capuchinos contaban ya por tanto con un lugar céntrico de la ciudad que era un buen emplazamiento para lograr más limosnas, pero por contra se encontraban junto al Alcázar con todo lo que ello implica cuando los tiempos se vuelven convulsos. Así, en 1710 sobrevino la invasión de la ciudad durante la guerra de sucesión y ocuparon Toledo las tropas austríacas y portuguesas, quienes incendiaron el Alcázar y con él ardió parcialmente el convento capuchino de Santa Leocadia. Los monjes lo reconstruyeron pronto y más adelante se volvió a reformar costeando las obras el cardenal Lorenzana.
Por desgracia, solo un siglo después de la anterior invasión, se produce la ocupación francesa y por ello se decide fortificar el Alcázar, siendo evacuados los capuchinos de su convento. Desgraciadamente, las tropas francesas tomaron la ciudad y el convento no escapó al saqueo y profanación de los sepulcros de la famosa cripta a manos de soldados napoleónicos. Sumado a ello, el propio Alcázar salió de nuevo ardiendo tras la retirada de los franceses en 1810 afectando el fuego también al convento. Los frailes se alojaron temporalmente en unas casas junto al hospitalito de Santa Ana, según cuenta Sixto Ramón Parro, mientras comenzaron a reparar el convento. Sin embargo, pronto llegó el año 1821, y con él la desamortización dispuesta durante el Trienio Liberal por la que se ordena que se cierre el convento y se vayan sus escasos frailes, unos a Los Navalmorales y otros a Calzada de Calatrava.
De nada sirvió la petición que encarecidamente realizó el Ayuntamiento de Toledo para que no fuera cerrado el monasterio, que era muy útil en la parroquia de San Miguel, logrando únicamente un retraso en el viaje de los frailes que fueran muy ancianos o estuvieran enfermos.
Es en esta época cuando se reliza un intento de recuperar la cripta y los enterramientos de Wamba y Recesvinto, citados anteriormente. Corría en año 1845 cuando el 12 de febrero de ese año la Comisión de Monumentos decidió inspeccionar el lugar. El acta de la comisión recogió textualmente que se "mandó destruir la pared que impedía la entrada en la mencionada bobeda, y allanada que fué inmediatamente penetró en ella acompañado de las enunciadas personas, y a presencia de varios Señores Oficiales del insinuado Batallón, y otras muchas, se vió y reconoció este Subterráneo que es una bobeda cuadrangular, á cuyo frente se halla un altar de mampostería, cuya tabla de mesa es una piedra berroqueña sin ara, sobre el cual, en un nicho abierto en la pared, está colocada una estatua de piedra de Santa Leocadia en el lado izquierdo de dicho altar y costado de la bobeda enlucida de yeso se leía en letras de tinta negra, perfectamente conservadas esta inscripción .. y en el lado opuesta ... cerca de la primera inscripción y entre ella y la jamba de la puerta de la boveda, por debajo de un cuadro escabado que deja descubierta la Silleria del muro que forma esta Capilla y antiguo Calavozo se lee otra inscricción que dice: me ORAT LEOCADJA, DIRIS ONUSTA CATENIS DIGI-TO QUE SIGNAT HOC IN LAPIDA CRUCEM"
Noticia de la excavación de la cripta del Convento de Capuchinos en busca de los huesos de Wamba y Recesvinto. El Heraldo, 12 de febrero de 1945 Aunque se anunció a bombo y platillo que en esa incursión al subterráneo se hallaron los restos óseos de ambos reyes godos, lo cierto es que todo parece indicar que los citados restos no eran sino cuerpos de monjes enterrados allí. En este sentido, recomiendo la lectura del estudio realizado por Francisco García Martín titulado "La Cripta de Santa Leocadia en el Alcázar" (PDF aquí).
Una vez sin uso, el edificio del convento de capuchinos quedó ya incorporado al complejo militar del Alcázar, puesto que no fue comprado por nadie. Es así como en 1847 el edificio es reformado ampliamente para integrarlo dentro del nuevo Colegio General Militar, instalándose en él varias dependencias mientras avanzaba lentamente la restauración del vecino Alcázar. De esta época de mediados del siglo XIX datan las primeras fotografías que se conservan del edificio del Convento de Capuchinos, donde aparece rodeado por otras construcciones, todas ya desaparecidas (salvo el Alcázar).
Convento de Capuchinos junto al Alcázar (señalado con flecha roja) en 1854. Detalle de una foto de Alphonse de Launay. Convento de Capuchinos junto al Alcázar (señalado con flecha roja) hacia 1870. Foto de Jean Laurent. Fototeca del IPCE. Convento de Capuchinos junto al Alcázar (señalado con flecha roja) hacia 1870. Foto de Jean Laurent. Fototeca del IPCE. Pero de nuevo la desgracia volvió a cebarse con el lugar, y en 1887, cuando ya estaba terminada totalmente la obra de la sede de la nueva Academia de Infantería en el Alcázar, un nuevo incendio casual destruyó el Alcázar y su anejo de los Capuchinos. Tocaba la enésima reconstrucción del edificio, la cual se realizó esta vez para su uso como cuartel y servicios militares.
Alcázar hacia 1890, desmochado tras el incendio de 1887. A la derecha se ve el edificio de Capuchinos. Es muy probable que esta foto de una clase de esgrima se tomara en el convento y que la sillería de madera que aparece procediera del mismo:
Esgrima en Capuchinos, probablemente. Colección De José Luis Isabel Unos años antes, hacia 1885, se había comenzado a construir el famoso "paso curvo" que conectaba el antiguo convento con el Alcázar a la altura de su torreón sureste, ejecutado con ladrillo en estilo neomudéjar.
Construcción del paso curvo que unía el Alcázar con el edificio de capuchinos. Detalle de una foto de la casa Léon y Lévy tomada hacia 1885 desde el Castillo de San Servando Construcción del paso curvo que unía el Alcázar con el edificio de capuchinos. Detalle de una foto de la casa Léon y Lévy tomada hacia 1885 desde el Castillo de San Servando Aquí se ve a la perfección esta estructura que tenía forma de un cuarto de circunferencia, y al fondo el antiguo convento:
Visita a Toledo del presidente francés Poincaré en octubre de 1913. Al fondo el paso curvo de Capuchinos al Alcázar. Alcázar y paso curvo hacia el convento de Capuchinos. Fototeca del Museo del ejército, signatura  [MUE-204792] Paso curvo del Alcázar a Capuchinos en 1915 durante una visita del rey Alfonso XIII.  Publicada en Mundo Gráfico el 30 de junio de ese año. Paso curvo y edificio de Capuchinos junto al Alcázar. Fotografía de Loty en los años 20. © Diputación de Toledo Sin embargo, es desde el aire como mejor se comprende la ubicación del convento de Capuchinos junto al Alcázar. Por suerte, en los años 10 y 20 la ciudad fue sobrevolada y fotografiada desde las alturas y, de este modo, se aprecia el conjunto antes de que desapareciera pocos años después. La primera que os muestro es esta tomada hacia 1915 durante el vuelo del capitán Vallespín. Se ven a la perfección los dos patios del convento y sus considerables dimensiones:
Convento de Capuchinos junto al Alcázar hacia 1915. Detalle de una foto aérea tomada durante el vuelo del capitán Juan Vallespín Zayas. También en esta foto de Luis Ramón Marín se aprecia a la perfección que el edificio estaba adosado al Alcázar y que sus patios estaban situados en el centro de la actual calle que desciende al Corralillo de San Miguel:
Convento de Capuchinos junto al Alcázar en los años 20. Foto aérea de Luis Ramón Marín. Otras buenas vistas aéreas:
Alcázar y edificio del Convento de Capuchinos. Foto Garrabella Foto aérea del edificio de Capuchinos junto al Alcázar en 1929 Y así llegamos al año 1936 cuando la devastación del lugar durante la guerra civil dejó reducidas a mera anécdota las anteriores y sucesivas destrucciones. El bombardeo republicano para acabar con la resistencia de las tropas sublevadas que se acantonaron en el baluarte fue de tal intensidad que toda la zona quedó prácticamente reducida a escombros.
Edificio de Capuchinos y picadero destruidos en la Guerra Civil vistos desde las ruinas del Alcázar Edificio de Capuchinos destruido en la guerra Civil Picadero y Capuchinos, al fondo los Alijares.  Casas, Calles y plazas de Toledo durante la guerra civil. Biblioteca Nacional de España Un militar franquista se asoma a los escombros tras tomar el Alcázar. Al fondo los restos del Convento de Capuchinos. Entorno del Alcázar destruido tras el asedio de la guerra civil. Foto aérea donde se ve el edificio de Capuchinos y la zona del Corralillo de San Miguel. Colección Personal de Luis Alba En esta foto se ven entre las ruinas algunos de los sótanos del edificio de Capuchinos. Es complicado saber si se corresponden con el acceso a la cueva, pero es poco probable:
Fotografía aérea del Alcázar de Toledo hacia 1940, destruido tras los bombardeos y asedio de 1936. Centro cartográfico del Ministerio del Ejército. El solar fue explanado totalmente tras la contienda, demoliéndose probablemente incluso la famosa cueva de Santa Leocadia. Las nuevas calles que rodean el Alcázar desde entonces, mucho más anchas que las preexistentes, ocupan muchos espacios anteriormente edificados. En el caso del convento, la actual calle denominada de nuevo Cuesta de los Capuchinos en su honor (anteriormente se denominó General Moscardó) está trazada en su parte inferior justo en el centro del antiguo edificio.
Foto aérea del entorno del Alcázar de Toledo tomada entre 1953 y 1955. Fondo Trabajos Aéreos y Fotogramétricos, S. A. (TAF) © Arxiu Nacional de Catalunya, Generalitat de Catalunya Corralillo de san Miguel  © Fondo Rodríguez. Archivo Histórico Provincial. JCCM. Signatura CT-173 Corralillo de San  Miguel  © Fondo Rodríguez. Archivo Histórico Provincial. JCCM. Signatura CT-174 Corralillo de San Miguel  © Fondo Rodríguez. Archivo Histórico Provincial. JCCM. Signatura CT-160 Fiestas Liberación Alcázar en 1951. Procesión con la Virgen del Alcázar en presencia de  Moscardó. Fondo Rodríguez, AHP, JCCM signatura [00002-00355-AC] Vista aérea del Alcázar en 1966 Tal vez en el subsuelo quede algo de aquella célebre cueva, o tal vez no. Probablemente no lo sepamos nunca, pero al menos gracias a las fotografías he intentado que la memoria de este lugar de vida tan azarosa no caiga del todo en el olvido. Espero que os haya gustado.
© TOLEDO OLVIDADO
Maira Gall