martes, 24 de agosto de 2021

El Convento de Capuchinos y la ¿desaparecida? cripta de Santa Leocadia

Los capuchinos son una rama de los monjes franciscanos con una regla monástica más estricta, creada en el año 1528, caracterizada por optar por una vida aún más austera que el resto y se encuadran dentro de los denominados observantes. La llegada de la comunidad de frailes capuchinos de San Francisco a Toledo se produce a comienzos del siglo XVII, siendo su primera sede monástica los terrenos del actual Cigarral del Ángel Custodio, tras la donación que el Cardenal Sandoval y Rojas les hizo de este paraje cigarralero en 1610, consagrándose una pequeña iglesia en la pascua de Pentecostés de 1611. En 1631 el monasterio era ya un edificio mucho más importante y siguió ampliándose, convirtiéndose en uno de los principales monasterios capuchinos españoles.
Los capuchinos son una orden mendicante y, a diferencia de las monacales, solían tener sedes mucho más variables. De este modo, a menudo comenzaban viviendo fuera de las ciudades y, cuando surgía la oportunidad, se trasladaban al centro urbano ya que, al vivir de las limosnas, éstas se conseguían con mayor facilidad en la ciudad que en el campo. Esa fue la razón por la que los capuchinos se marcharon de su emplazamiento en el Cigarral del Ángel: vendieron los terrenos y, durante el pontificado del cardenal Moscoso (1648-1665), lograron que una iglesia que se encontraba casi sin uso junto al Alcázar les fuera concedida.
Esa iglesia era la denominada "Santa Leocadia junto al Alcázar", un templo colegial de origen visigótico cuya fundación se atribuía nada menos que a Sisebuto. Se encontraba adosada a la fachada sur del Alcázar y era una de las tres iglesias toledanas dedicadas a Santa Leocadia. La primera fuente documental que cita este primitivo templo data de 1226 cuando es mencionada en un documento mozárabe. Ago más tarde, en 1291, se menciona su carácter de colegial, aunque se desconoce el número de sus canónigos ni de quien dependían.
Lo más curioso, y para muchos desconocido, es que bajo este templo se hallaba una cripta excavada en la roca donde se aseguraba por la tradición que estuvo la prisión pública en época romana donde permaneció encarcelada la propia Santa Leocadia. De hecho, en 1274 se exhumaron y trajeron a esta cripta, por orden de Alfonso X el Sabio, los restos mortales que se creía pertenecían a los reyes visigodos Wamba y Recesvinto, siendo inhumados en este subterráneo.
Santa Leocadia en su cárcel. Litografía del siglo XIX Cuando a mediados del XVII los capuchinos se mudan a este lugar junto al Alcázar procedentes del Cigarral del Ángel en tiempos del cardenal Baltasar Moscoso y Sandoval, la mencionada antigua iglesia no debía tener apenas ingresos ni culto, por lo que el cardenal la compró o cedió sin más para uso de la comunidad capuchina. Parece ser que para ello se demolió el anterior edificio construyéndose en su lugar inicialmente un convento pequeño pues la finca no era grande, contando con un huerto que, según Julio Porres Martín-Cleto, se correspondería con el espacio que hoy ocupa la explanada oriental del Alcázar.
Los capuchinos contaban ya por tanto con un lugar céntrico de la ciudad que era un buen emplazamiento para lograr más limosnas, pero por contra se encontraban junto al Alcázar con todo lo que ello implica cuando los tiempos se vuelven convulsos. Así, en 1710 sobrevino la invasión de la ciudad durante la guerra de sucesión y ocuparon Toledo las tropas austríacas y portuguesas, quienes incendiaron el Alcázar y con él ardió parcialmente el convento capuchino de Santa Leocadia. Los monjes lo reconstruyeron pronto y más adelante se volvió a reformar costeando las obras el cardenal Lorenzana.
Por desgracia, solo un siglo después de la anterior invasión, se produce la ocupación francesa y por ello se decide fortificar el Alcázar, siendo evacuados los capuchinos de su convento. Desgraciadamente, las tropas francesas tomaron la ciudad y el convento no escapó al saqueo y profanación de los sepulcros de la famosa cripta a manos de soldados napoleónicos. Sumado a ello, el propio Alcázar salió de nuevo ardiendo tras la retirada de los franceses en 1810 afectando el fuego también al convento. Los frailes se alojaron temporalmente en unas casas junto al hospitalito de Santa Ana, según cuenta Sixto Ramón Parro, mientras comenzaron a reparar el convento. Sin embargo, pronto llegó el año 1821, y con él la desamortización dispuesta durante el Trienio Liberal por la que se ordena que se cierre el convento y se vayan sus escasos frailes, unos a Los Navalmorales y otros a Calzada de Calatrava.
De nada sirvió la petición que encarecidamente realizó el Ayuntamiento de Toledo para que no fuera cerrado el monasterio, que era muy útil en la parroquia de San Miguel, logrando únicamente un retraso en el viaje de los frailes que fueran muy ancianos o estuvieran enfermos.
Es en esta época cuando se reliza un intento de recuperar la cripta y los enterramientos de Wamba y Recesvinto, citados anteriormente. Corría en año 1845 cuando el 12 de febrero de ese año la Comisión de Monumentos decidió inspeccionar el lugar. El acta de la comisión recogió textualmente que se "mandó destruir la pared que impedía la entrada en la mencionada bobeda, y allanada que fué inmediatamente penetró en ella acompañado de las enunciadas personas, y a presencia de varios Señores Oficiales del insinuado Batallón, y otras muchas, se vió y reconoció este Subterráneo que es una bobeda cuadrangular, á cuyo frente se halla un altar de mampostería, cuya tabla de mesa es una piedra berroqueña sin ara, sobre el cual, en un nicho abierto en la pared, está colocada una estatua de piedra de Santa Leocadia en el lado izquierdo de dicho altar y costado de la bobeda enlucida de yeso se leía en letras de tinta negra, perfectamente conservadas esta inscripción .. y en el lado opuesta ... cerca de la primera inscripción y entre ella y la jamba de la puerta de la boveda, por debajo de un cuadro escabado que deja descubierta la Silleria del muro que forma esta Capilla y antiguo Calavozo se lee otra inscricción que dice: me ORAT LEOCADJA, DIRIS ONUSTA CATENIS DIGI-TO QUE SIGNAT HOC IN LAPIDA CRUCEM"
Noticia de la excavación de la cripta del Convento de Capuchinos en busca de los huesos de Wamba y Recesvinto. El Heraldo, 12 de febrero de 1945 Aunque se anunció a bombo y platillo que en esa incursión al subterráneo se hallaron los restos óseos de ambos reyes godos, lo cierto es que todo parece indicar que los citados restos no eran sino cuerpos de monjes enterrados allí. En este sentido, recomiendo la lectura del estudio realizado por Francisco García Martín titulado "La Cripta de Santa Leocadia en el Alcázar" (PDF aquí).
Una vez sin uso, el edificio del convento de capuchinos quedó ya incorporado al complejo militar del Alcázar, puesto que no fue comprado por nadie. Es así como en 1847 el edificio es reformado ampliamente para integrarlo dentro del nuevo Colegio General Militar, instalándose en él varias dependencias mientras avanzaba lentamente la restauración del vecino Alcázar. De esta época de mediados del siglo XIX datan las primeras fotografías que se conservan del edificio del Convento de Capuchinos, donde aparece rodeado por otras construcciones, todas ya desaparecidas (salvo el Alcázar).
Convento de Capuchinos junto al Alcázar (señalado con flecha roja) en 1854. Detalle de una foto de Alphonse de Launay. Convento de Capuchinos junto al Alcázar (señalado con flecha roja) hacia 1870. Foto de Jean Laurent. Fototeca del IPCE. Convento de Capuchinos junto al Alcázar (señalado con flecha roja) hacia 1870. Foto de Jean Laurent. Fototeca del IPCE. Pero de nuevo la desgracia volvió a cebarse con el lugar, y en 1887, cuando ya estaba terminada totalmente la obra de la sede de la nueva Academia de Infantería en el Alcázar, un nuevo incendio casual destruyó el Alcázar y su anejo de los Capuchinos. Tocaba la enésima reconstrucción del edificio, la cual se realizó esta vez para su uso como cuartel y servicios militares.
Alcázar hacia 1890, desmochado tras el incendio de 1887. A la derecha se ve el edificio de Capuchinos. Es muy probable que esta foto de una clase de esgrima se tomara en el convento y que la sillería de madera que aparece procediera del mismo:
Esgrima en Capuchinos, probablemente. Colección De José Luis Isabel Unos años antes, hacia 1885, se había comenzado a construir el famoso "paso curvo" que conectaba el antiguo convento con el Alcázar a la altura de su torreón sureste, ejecutado con ladrillo en estilo neomudéjar.
Construcción del paso curvo que unía el Alcázar con el edificio de capuchinos. Detalle de una foto de la casa Léon y Lévy tomada hacia 1885 desde el Castillo de San Servando Construcción del paso curvo que unía el Alcázar con el edificio de capuchinos. Detalle de una foto de la casa Léon y Lévy tomada hacia 1885 desde el Castillo de San Servando Aquí se ve a la perfección esta estructura que tenía forma de un cuarto de circunferencia, y al fondo el antiguo convento:
Visita a Toledo del presidente francés Poincaré en octubre de 1913. Al fondo el paso curvo de Capuchinos al Alcázar. Alcázar y paso curvo hacia el convento de Capuchinos. Fototeca del Museo del ejército, signatura  [MUE-204792] Paso curvo del Alcázar a Capuchinos en 1915 durante una visita del rey Alfonso XIII.  Publicada en Mundo Gráfico el 30 de junio de ese año. Paso curvo y edificio de Capuchinos junto al Alcázar. Fotografía de Loty en los años 20. © Diputación de Toledo Sin embargo, es desde el aire como mejor se comprende la ubicación del convento de Capuchinos junto al Alcázar. Por suerte, en los años 10 y 20 la ciudad fue sobrevolada y fotografiada desde las alturas y, de este modo, se aprecia el conjunto antes de que desapareciera pocos años después. La primera que os muestro es esta tomada hacia 1915 durante el vuelo del capitán Vallespín. Se ven a la perfección los dos patios del convento y sus considerables dimensiones:
Convento de Capuchinos junto al Alcázar hacia 1915. Detalle de una foto aérea tomada durante el vuelo del capitán Juan Vallespín Zayas. También en esta foto de Luis Ramón Marín se aprecia a la perfección que el edificio estaba adosado al Alcázar y que sus patios estaban situados en el centro de la actual calle que desciende al Corralillo de San Miguel:
Convento de Capuchinos junto al Alcázar en los años 20. Foto aérea de Luis Ramón Marín. Otras buenas vistas aéreas:
Alcázar y edificio del Convento de Capuchinos. Foto Garrabella Foto aérea del edificio de Capuchinos junto al Alcázar en 1929 Y así llegamos al año 1936 cuando la devastación del lugar durante la guerra civil dejó reducidas a mera anécdota las anteriores y sucesivas destrucciones. El bombardeo republicano para acabar con la resistencia de las tropas sublevadas que se acantonaron en el baluarte fue de tal intensidad que toda la zona quedó prácticamente reducida a escombros.
Edificio de Capuchinos y picadero destruidos en la Guerra Civil vistos desde las ruinas del Alcázar Edificio de Capuchinos destruido en la guerra Civil Picadero y Capuchinos, al fondo los Alijares.  Casas, Calles y plazas de Toledo durante la guerra civil. Biblioteca Nacional de España Un militar franquista se asoma a los escombros tras tomar el Alcázar. Al fondo los restos del Convento de Capuchinos. Entorno del Alcázar destruido tras el asedio de la guerra civil. Foto aérea donde se ve el edificio de Capuchinos y la zona del Corralillo de San Miguel. Colección Personal de Luis Alba En esta foto se ven entre las ruinas algunos de los sótanos del edificio de Capuchinos. Es complicado saber si se corresponden con el acceso a la cueva, pero es poco probable:
Fotografía aérea del Alcázar de Toledo hacia 1940, destruido tras los bombardeos y asedio de 1936. Centro cartográfico del Ministerio del Ejército. El solar fue explanado totalmente tras la contienda, demoliéndose probablemente incluso la famosa cueva de Santa Leocadia. Las nuevas calles que rodean el Alcázar desde entonces, mucho más anchas que las preexistentes, ocupan muchos espacios anteriormente edificados. En el caso del convento, la actual calle denominada de nuevo Cuesta de los Capuchinos en su honor (anteriormente se denominó General Moscardó) está trazada en su parte inferior justo en el centro del antiguo edificio.
Foto aérea del entorno del Alcázar de Toledo tomada entre 1953 y 1955. Fondo Trabajos Aéreos y Fotogramétricos, S. A. (TAF) © Arxiu Nacional de Catalunya, Generalitat de Catalunya Corralillo de san Miguel  © Fondo Rodríguez. Archivo Histórico Provincial. JCCM. Signatura CT-173 Corralillo de San  Miguel  © Fondo Rodríguez. Archivo Histórico Provincial. JCCM. Signatura CT-174 Corralillo de San Miguel  © Fondo Rodríguez. Archivo Histórico Provincial. JCCM. Signatura CT-160 Fiestas Liberación Alcázar en 1951. Procesión con la Virgen del Alcázar en presencia de  Moscardó. Fondo Rodríguez, AHP, JCCM signatura [00002-00355-AC] Vista aérea del Alcázar en 1966 Tal vez en el subsuelo quede algo de aquella célebre cueva, o tal vez no. Probablemente no lo sepamos nunca, pero al menos gracias a las fotografías he intentado que la memoria de este lugar de vida tan azarosa no caiga del todo en el olvido. Espero que os haya gustado.

sábado, 17 de julio de 2021

Un repaso al Toledo de 1945 para la elaboración del Plan General de Ordenación de la ciudad

La guerra civil supuso para Toledo la destrucción y desfiguración de buena parte de la ciudad. A los edificios completamente destruidos como el Alcázar, la Fonda de la Caridad, el convento de San Juan de la Penitencia o las Iglesias de San Lorenzo y de la Magdalena, por citar los más voluminosos, hay que añadir centenares de viviendas repartidas por toda la ciudad que dejaron como consecuencia una situación complicadísima en lo patrimonial y urbanístico en un contexto económico y social absolutamente desolador.
En esas circunstancias es donde se encarga por el recién creado Servicio de Protección del Patrimonio Artístico Nacional la elaboración de un plan de reconstrucción y recuperación de las consideradas como las dos principales joyas históricas de toda España: las ciudades de Toledo y Santiago de Compostela.
Surge así una cadena de órdenes que, partiendo del Ministro de la Gobernación, permitió crear una Comisión de Urbanismo que resolviera el problema de las dos citadas ciudades. En esa comisión figuraban la Dirección General de Arquitectura, los ayuntamientos de ambas cudades y otros organismos entre los que destacaba Real Academia de Bellas Artes de San Fernando. De este modo, el denominado "Plan General de Ordenación de Toledo" fue redactado en 1945 por la Junta de Urbanismo de Toledo bajo la tutela técnica de la Sección de Urbanismo de la Dirección General de Arquitectura.
Se trata de un documento cuyo espíritu se resume en el preámbulo con estas palabras:
"La declaración de monumentalidad impone una rigidez restrictiva perfectamente aplicable a un edificio, pero muy difícil de practicar en una ciudad sin alterar su vida normal; pudiendo producir un colapso contraproducente si no se dictan las normas necesarias y oportunas para canalizar la vitalidad urbana y la influencia rural en una convivencia con los principios de observancia inexcusables en la conservación de una ciudad histórica y en su debida organización interna."
Hace poco he adquirido un ejemplar original de esta joya de la historia del urbanismo de Toledo, que fue publicado en abril de 1945 en la Revista Nacional de Arquitectura. Se trata de un documento de inmenso interés por sus planteamientos, en una época en la que hay que recordar que la ciudad aún se circunscribía prácticamente en su totalidad al recinto amurallado, con unas condiciones de vida muy rudimentarias para sus 35.000 habitantes tanto por los estragos de la guerra como por la degradación que Toledo había sufrido en los siglos anteriores, que conformaba una ciudad inmersa en profundísimos problemas de habitabilidad, salubridad y deterioro patrimonial en un entorno también complicado topográficamente.
Como sabéis, en este blog me centro en la fotografía histórica, por lo que no analizaré aquí los planteamientos urbanísticos que el documento proponía con profusión de planos y mapas de elaboración ciertamente esmerada. Sin embargo, sí os mostraré las valiosísimas imágenes que se tomaron de la ciudad para ser incluidas en el documento y que tienen el valor de ser una muestra muy representativa del estado de todo el centro histórico en 1945 con un enfoque muy diferente del habitual, ya que incidían más en lo problemático y deteriorado que en lo monumental y bien conservado. Ello supone para nosotros un verdadero tesoro que nos permite valorar, casi 80 años después, el inmenso salto que ha dado la ciudad en su estado de conservación y habitabilidad, aún siendo conscientes de que todavía queda mucho camino por recorrer y muchos problemas que solventar.
Comenzaremos por repasar el entorno del Alcázar, el más degradado por la guerra. Cuesta casi reconocer los lugares si los comparamos con su estado actual, y sobrecoge ver su aspecto en 1945:
Restos del torreón suroeste del Alcázar junto al Horno de los Bizcochos. Foto incluida en el Plan General de Ordenación de Toledo publicado en 1945 en la Revista Nacional de Arquitectura. Colección personal de Eduardo Sánchez Butragueño. Zona del Horno de los Bizcochos junto al Alcázar. Foto incluida en el Plan General de Ordenación de Toledo publicado en 1945 en la Revista Nacional de Arquitectura. Colección personal de Eduardo Sánchez Butragueño. Otra zona profusamente fotografiada para la redacción del plan fue la de la cornisa, con las Iglesias de San Lucas y San Sebastián como centros. El documento apuntaba acertadamente la necesidad de abrir una circunvalación que uniera todo el sur del centro histórico y sacara estos barrios de su situación de extrema pobreza, pues eran auténticos suburbios con una población viviendo en condiciones a menudo inconcebibles para nuestros estándares actuales. Esa circunvalación, que aprovechaba parte del denominado "camino de ronda" que aquí vemos en algunos tramos, no fue realidad hasta que en los años 70 y 80 se ejecutó la denominada "Ronda Cornisa" que cambió para bien toda esta zona de Toledo.
Iglesia de San Lucas. Foto incluida en el Plan General de Ordenación de Toledo publicado en 1945 en la Revista Nacional de Arquitectura. Colección personal de Eduardo Sánchez Butragueño. Iglesia de San Lucas. Foto incluida en el Plan General de Ordenación de Toledo publicado en 1945 en la Revista Nacional de Arquitectura. Colección personal de Eduardo Sánchez Butragueño. Iglesia de San Lucas. Foto incluida en el Plan General de Ordenación de Toledo publicado en 1945 en la Revista Nacional de Arquitectura. Colección personal de Eduardo Sánchez Butragueño. Entorno de la Iglesia de San Lucas y cigarral del doctor Botella. Foto incluida en el Plan General de Ordenación de Toledo publicado en 1945 en la Revista Nacional de Arquitectura. Colección personal de Eduardo Sánchez Butragueño. Entorno de San Lucas-Convento de San Pablo en la confluencia con la calle del Barco. Foto incluida en el Plan General de Ordenación de Toledo publicado en 1945 en la Revista Nacional de Arquitectura. Colección personal de Eduardo Sánchez Butragueño. Entorno de la Iglesia de San Sebastián. Foto incluida en el Plan General de Ordenación de Toledo publicado en 1945 en la Revista Nacional de Arquitectura. Colección personal de Eduardo Sánchez Butragueño. Carreras de San Sebastián. Foto incluida en el Plan General de Ordenación de Toledo publicado en 1945 en la Revista Nacional de Arquitectura. Colección personal de Eduardo Sánchez Butragueño. Zona de casas en ruina en las Carreras de San Sebastián. Foto incluida en el Plan General de Ordenación de Toledo publicado en 1945 en la Revista Nacional de Arquitectura. Colección personal de Eduardo Sánchez Butragueño. Carreras de San Sebastián. Foto incluida en el Plan General de Ordenación de Toledo publicado en 1945 en la Revista Nacional de Arquitectura. Colección personal de Eduardo Sánchez Butragueño. No lejos de allí, las calles interiores que terminan descendiendo hacia esa proyectada circunvalación, fueron también fotografiadas con motivo de la redacción de este plan:
Confluencia del Convento de San Pablo con la circunvalación. Foto incluida en el Plan General de Ordenación de Toledo publicado en 1945 en la Revista Nacional de Arquitectura. Colección personal de Eduardo Sánchez Butragueño. Plaza de Santa Catalina. Foto incluida en el Plan General de Ordenación de Toledo publicado en 1945 en la Revista Nacional de Arquitectura. Colección personal de Eduardo Sánchez Butragueño. Una de las plazas más fotografiadas del plan es la de Barrio Nuevo en la judería, que en el documento cobraba gran importancia por sus posibilidades para convertirse en un de los "centros" de la ciudad histórica:
Plaza de Barrionuevo. Foto incluida en el Plan General de Ordenación de Toledo publicado en 1945 en la Revista Nacional de Arquitectura. Colección personal de Eduardo Sánchez Butragueño. Plaza de Barrionuevo. Foto incluida en el Plan General de Ordenación de Toledo publicado en 1945 en la Revista Nacional de Arquitectura. Colección personal de Eduardo Sánchez Butragueño. Plaza de Barrionuevo. Foto incluida en el Plan General de Ordenación de Toledo publicado en 1945 en la Revista Nacional de Arquitectura. Colección personal de Eduardo Sánchez Butragueño. Plaza de Barrionuevo desde la fábrica de Harinas San José. Foto incluida en el Plan General de Ordenación de Toledo publicado en 1945 en la Revista Nacional de Arquitectura. Colección personal de Eduardo Sánchez Butragueño. Sorprende mucho en esta vista de la Plaza del Salvador ver al fondo las viviendas que existían en la actual plaza junto a San Marcos y la Trinidad, que ocupaban el terreno que siglos atrás acogió un convento trinitario:
Plaza del Salvador. Foto incluida en el Plan General de Ordenación de Toledo publicado en 1945 en la Revista Nacional de Arquitectura. Colección personal de Eduardo Sánchez Butragueño. No lejos de allí, junto a Santa Úrsula, se puede ver la portezuela colocada donde se situaba una de las portadas del convento trinitario, que ya había sido trasladada a la Alhóndiga:
Calle de la Portería de la Trinidad junto al Convento de Santa Úrsula. Foto incluida en el Plan General de Ordenación de Toledo publicado en 1945 en la Revista Nacional de Arquitectura. Colección personal de Eduardo Sánchez Butragueño. La calle del Taller del Moro y su confluencia con el Paseo de San Cristóbal quedó retratada en estas dos fotografías que muestran bastantes cambios con el aspecto actual de la zona:
Paseo de San Cristóbal. Foto incluida en el Plan General de Ordenación de Toledo publicado en 1945 en la Revista Nacional de Arquitectura. Colección personal de Eduardo Sánchez Butragueño. Calle Taller del Moro. Foto incluida en el Plan General de Ordenación de Toledo publicado en 1945 en la Revista Nacional de Arquitectura. Colección personal de Eduardo Sánchez Butragueño. La explanada situada frente a San Juan de los Reyes tenía en 1945 este aspecto:
San Juan de los Reyes y su entorno. Foto incluida en el Plan General de Ordenación de Toledo publicado en 1945 en la Revista Nacional de Arquitectura. Colección personal de Eduardo Sánchez Butragueño. Algo más abajo, el Palacio de los Duques de Maqueda:
Palacio de los duques de Maqueda y San Juan de los Reyes. Foto incluida en el Plan General de Ordenación de Toledo publicado en 1945 en la Revista Nacional de Arquitectura. Colección personal de Eduardo Sánchez Butragueño. La calle de San Juan de la Penitencia fue inmortalizada con una pequeña curiosidad: el logotipo en forja del taller del genio del hierro Julio Pascual, colocado en perpendicular a la fachada de la que era su casa y lugar de trabajo, en nuestros días presa de una incomprensible y vergonzosa ruina:
Casa-Taller de Julio Pascual en la calle San Juan de la Penitencia. Foto incluida en el Plan General de Ordenación de Toledo publicado en 1945 en la Revista Nacional de Arquitectura. Colección personal de Eduardo Sánchez Butragueño. Muy cerca de allí, el denominado Callejón de la Divisa:
Callejón de la Divisa. Foto incluida en el Plan General de Ordenación de Toledo publicado en 1945 en la Revista Nacional de Arquitectura. Colección personal de Eduardo Sánchez Butragueño. Esta es la calle del Ángel, en su zona inferior, junto a la actual Plaza del Sofer:
Confluencia de la calle del Ángel con la plaza del Sofer. Foto incluida en el Plan General de Ordenación de Toledo publicado en 1945 en la Revista Nacional de Arquitectura. Colección personal de Eduardo Sánchez Butragueño. Aquí vemos dos tomas de la calle de la Merced:
Calle de la Merced. Foto incluida en el Plan General de Ordenación de Toledo publicado en 1945 en la Revista Nacional de Arquitectura. Colección personal de Eduardo Sánchez Butragueño. Calle de la Merced. Foto incluida en el Plan General de Ordenación de Toledo publicado en 1945 en la Revista Nacional de Arquitectura. Colección personal de Eduardo Sánchez Butragueño. La Iglesia de Santiago del Arrabal aún permanecía semioculta en varias de sus fachadas por viviendas adosadas a ella. Así de sorprendente era el aspecto de la zona cuando se observa la Iglesia desde la Puerta de Bisagra, justo donde hoy se sitúa la parada del autobús:
Casas adosadas a la Iglesia de Santiago del Arrabal. Foto incluida en el Plan General de Ordenación de Toledo publicado en 1945 en la Revista Nacional de Arquitectura. Colección personal de Eduardo Sánchez Butragueño. La propia Puerta de Bisagra, con el hueco practicado de manera absolutamente tosca en la muralla junto a ella para permitir el tránsito de vehículos:
Puerta de Bisagra. Foto incluida en el Plan General de Ordenación de Toledo publicado en 1945 en la Revista Nacional de Arquitectura. Colección personal de Eduardo Sánchez Butragueño. Para finalizar, os dejo una vista general de la ciudad en aquel ya lejano 1945. Espero que os haya gustado este repaso al Toledo de la posguerra y que os sirva, como a mí me ha sucedido, para valorar cada día más el gran avance que la ciudad ha experimentado en las últimas décadas en su conservación y aspecto general. Sigamos entre todos trabajando para que cada día nuestra ciudad luzca mejor, nuestro patrimonio esté lo mejor conservado posible y logremos que las condiciones de vida en el centro histórico sigan mejorando para mantener la esencia de una ciudad viva, que siempre -incluso en los momentos más duros como es una guerra- logró afrontar y superar los desafíos que cada época presenta. Nuestra generación debe estar a la altura para volver a conseguirlo.
Vista general de Toledo. Foto incluida en el Plan General de Ordenación de Toledo publicado en 1945 en la Revista Nacional de Arquitectura. Colección personal de Eduardo Sánchez Butragueño.
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Maira Gall