En el caso particular de Toledo, hasta hace no demasiado tiempo, existían oficios durísimos hoy felizmente olvidados. Uno de ellos era el de aguador o azacán, cuya labor consistía en acarrear agua desde el río hasta lo alto de la ciudad para abastecer a la población. La escasez de manantiales naturales en el promontorio rocoso donde se asienta la ciudad y el suministro garantizado (¡que tiempos!) de un agua medianamente potable desde el Tajo (tampoco creo que fuese Perrier o Solán de Cabras) hacía posible su labor, que era efectuada mediante cántaros transportados por burros o bueyes.
Ya en la ciudad, solían ser las mujeres las encargadas de ir a buscar al azacán para comprarle la acuosa mercancía.
Otro trabajo estupendo por la otra punta era el de boyero, consistente en pasar la vida junto a estos animales que daban todo lo que tenían (fuerza, carne, leche, calor...) a sus sostenibles dueños.
Pero para trabajo duro hace unas décadas estaba el de labriego. Hiciera frío o calor, sus jornadas eran de sol a sol y su piel terminaba por curtirse casi como la de los mongoles o tibetanos a fuerza de recibir vientos gélidos y chicharreras estivales.
Otro al que no se le podía denominar como aburguesado era al pastor, condenado a dormir en toda época en el campo, o con suerte, en un chozo de construcción propia.
Y qué deciros de los porqueros, de acá para allá todo el día con su olorosa compañía, como en esta estampa tomada junto a la Puerta de Bisagra.
Otra labor dura era la de los arrieros, siempre caminando con mercancía de pueblo en pueblo y de ciudad en ciudad.
Esas mercancías se solían vender a menudo en el "martes" de Zocodover o años más tarde en El Carmen.
A mediados de siglo, con la llegada del hielo y los transportes por carretera se pudo empezar a comer pescado de mar "fresco" en Toledo.
Más adelante cuando se creó el mercado el punto de venta cambió.
También suministraban a cacharrerías y tiendas de venta al por menor muy curiosas.
Con la alegría de saber que hoy en Toledo ya nadie vive así de duramente, quiero dedicar esta entrada a todos nuestros antepasados que pasaron estas penurias y que, si levantaran la cabeza, le dirían cuatro cosas a los que hoy día añoran esos días.
Y como anexo final aquí tenéis dos vídeos impresionantes de 1925 rescatados por el ayuntamiento en los que se puede ver en acción a los últimos representantes de algunos de estos oficios en Toledo dentro de documentales turísticos franceses.