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sábado, 11 de enero de 2014

William Randolph Hearst: el Ciudadano Kane en Toledo en 1934

William Randolph Hearst fue durante décadas una de las personas más poderosas e influyentes del mundo. Afianzó su inmenso poder en la creación de un nuevo tipo de prensa sensacionalista o amarilla, caracterizada por titulares incendiarios, a menudo carentes de rigor, con el único objetivo de maximizar las ventas. Hearst llegó a tener en su imperio mediático hasta 28 periódicos de tirada nacional en Estados Unidos.
William Randolph Hearst en 1906 ©  The Library of Congress of The United States of America
Así por ejemplo fue clave en el desencadenamiento de la Guerra de Cuba en la que España perdió aquella isla en 1898, al acusar en sus periódicos sin prueba alguna a España del estallido de las bombas que hundieron el famoso acorazado Maine:
Portada del San Francisco Examiner acusando a España del hundimiento del Maine
Portada del New York Journal acusando a España del hundimiento del Maine el 1898-02-17

Forjó un entramado empresarial y político sin precedentes y su figura alcanzó tal magnitud que inspiró a Orson Welles el personaje de Ciudadano Kane. Welles mantuvo hasta el final en secreto que se había inspirado en Hearst al concebir el personaje, consciente de que si el magnate conocía este extremo haría todo lo posible por evitar que la película saliera a la luz. Aún así, al enterarse, W.R. Hearst intentó evitar que la película fuera proyectada, pero ya era demasiado tarde, si bien sí consiguió que la taquilla del film fuese menor de la esperada. Hoy es considerada por muchos la mejor película de la historia:
Ciudadano Kane
William Randolph Hearst el 8 de octubre de 1910 ©  The Library of Congress of the United States

Pero William Randolph Hearst tuvo otra faceta menos conocida y probablemente más nociva para España que la mismísima perdida de Cuba: fue un excéntrico y compulsivo acaparador de obras de arte. De este modo durante años se dedicó a recopilar las piezas de nuestro patrimonio más valiosas que podía, para lo cual contó con la inestimable colaboración de Arthur Byne, su contacto en España, experto en sobornar, negociar, localizar tesoros y organizar los expolios a lo largo de toda nuestra geografía.
En una España decadente y empobrecida, con una muy escasa consideración por el patrimonio y buenas dosis de corrupción, Byne -por encargo de Hearst- fue capaz de superar trabas administrativas y legales bajo muy diferentes regímenes, desde la dictadura de Primo de Rivera hasta la II República. Para obtener su objetivo Byne no dudaba en sobornar a funcionarios, clérigos, políticos, nobles, anticuarios, marchantes y particulares para conseguir sacar de España miles de piezas de incalculable valor histórico que hoy se hallan dispersas por medio mundo en colecciones privadas y en museos extranjeros, o directamente desaparecidas. Byne era un gran conocedor del arte español, buen dibujante y fotógrafo, extremadamente profesional, meticuloso y sigiloso, bien relacionado y con una capacidad fuera de lo común para convencer a Hearst para pagar verdaderas fortunas por piezas que él había obtenido a precio de saldo.
Aunque pueda parecer increíble Byne fue capaz de exportar a tierras americanas edificios enteros como el Monasterio de Óvila o el claustro del Monasterio de Sacramenia así como buena parte de impresionantes monumentos como el Convento de San Francisco de Cuéllar (Segovia), el Castillo de Benavente (Zamora), la reja de la Catedral de Valladolid, la sillería del coro y un arco de jaspe de la catedral de la Seo de Urgel (Lérida), diversa ornamentación del Monasterio de Santa María de Moreruela (Zamora) y más de 80 artesonados hispano-musulmanes, varios de ellos de Toledo. Curiosamente, Arthur Byne era también famoso por ser muy ruidoso en las múltiples reuniones de amigos que celebraba en su casa de la calle Gravina en Madrid. Quiso el destino que su atormentado vecino fuese Juan Ramón Jiménez, quien solía aporrear la pared para pedirles silencio. En una de estas noches, al escritor le llamó la atención entre tanto escándalo una voz femenina. Se propuso averiguar quién era la dueña de esa voz y resultó ser Zenobia Camprubí, que finalmente acabaría siendo su esposa.
Esta casualidad debió ser una de las pocas cosas positivas que dejara la presencia de Byne en España. Impostor y dado al soborno -se hacía pasar por arquitecto sin serlo- consiguió poderosas amistades e incluso fue condecorado durante el gobierno de Primo de Rivera.
Arthur Byne
Byne murió en un accidente de coche en Ciudad Real, en julio de 1935. Su obituario en ABC demuestra a las claras la reputación que increíblemente había logrado ganarse:
Necrológica de Arthur Byne. ABC, julio de 1935
Necrológica de Arthur Byne. ABC, julio de 1935
Los restos de Byne descansan en el cementerio inglés de Carabanchel.

Con todas estas adquisiciones Hearst construyó y decoró sus increíblemente suntuosas propiedades, especialmente en California, como el Castillo de San Simeón o Hearst Castle, convertido hoy en un museo excelentemente gestionado. Ha sido gracias a los gestores de este museo -en especial agradezco la amabilidad de Vickie Garagliano- como he conseguido obtener esta valiosa fotografía en la que podemos ver al mismísimo William Randolph Hearst en Toledo junto al propio Arthur Byne y otros acompañantes en 1934, probablemente en una de sus expediciones expoliadoras (la reproducción de esta fotografía está prohibida sin el permiso expreso y por escrito del Hearst Castle). Podemos ver en ella a la derecha a Hearst y en el centro con sombrero a Byne, un año antes de su fallecimiento en el citado accidente de automóvil:
William Raldolph Hearst junto con Arthur Byne en Toledo en 1934 © Hearst Castle/CA State Parks

Hoy en día el inmenso patrimonio acaparado por Hearst se encuentra bastante disperso entre los edificios que le pertenecieron y los principales museos de Estados Unidos. Un reciente e imprescindible libro de José Miguel Merino de Cáceres y María José Martínez Ruiz -La Destrucción del Patrimonio Artístico Español. W.R. Hearst: el Gran Acaparador, Ediciones Cátedra, 2012- arroja valiosos datos sobre las piezas expoliadas por Hearst. He hecho a partir de él una lista preliminar de elementos sustraídos de Toledo y que Hearst adquirió.
El grupo más numeroso de elementos es el de artesonados y techos mudéjares, destacando de entre todos el perteneciente al Convento de Madre de Dios. En la ficha rellenada por el propio Arthur Byne decía de él que era "el techo más importante en España". Aseveraba Byne a Hearst en una carta de 7 de julio de 1931 que "sacar del viejo convento esta enorme masa de madera, en los difíciles momentos actuales, requirió un sinfín de habilidad y paciencia, ya que fue preciso enmascarar cada carga de camión. El techo en su totalidad está ahora en Madrid, guardado en mi almacén, por lo cual no hay peligro de una intervención gubernamental". La compra la formalizó Hearst a Byne el 4 de octubre de 1931 por 22.000 dólares y el cargamento salió hacia San Francisco el 28 de enero de 1932. Es posible que fuese empleado en la denominada "New Wing" del castillo de San Simeón. Se trata de un techo del siglo XV compuesto por 20 vigas mayores y 19 vanos, organizando cuarteles en forma de escudos. Todo él está decorado y soportado por triples ménsulas tratadas en oro. Se encontraba en el refectorio del citado convento. Lo cierto es que los artesonados de este convento eran famosos y ya habían sido fotografiados en el siglo XIX (ojo, este no es el techo expoliado por Byne):
Artesonado mudéjar del Convento de Madre de Dios hacia 1880. Fotografía de Casiano Alguacil © Archivo Municipal del Ayuntamiento de Toledo, signatura CA-0439-VI

Otro techo adquirido por Hearst fue este: "Mudéjar, toledano, del siglo XVI, de vigas, ménsulas de madera, talladas en pino llevado desde Cuenca por el río ". Comprado a Byne en 1923. Formaba parte de una casa en la que también, en la misma habitación se expoliaron dos excelentes puertas mudéjares y dos postigos. El 12 de noviembre de 1923 tras la demolición salió hacia Santander y de allí a Nueva York. Hearst pagó 13.966 pesetas, de las que 450 eran de la demolición y 1.261 la comisión de Byne. En la nota conservada se menciona que procede de la Calle de Sevillanos de Toledo (tal vez se trate de la calle Cervantes, donde situaban el Mesón del Sevillano). Eran 6 vigas de 17 x 25 metros. En la actualidad cubre el dormitorio número 4 del Cloister y su vestíbulo, en la conocida como "Della Robbia Room" del Hearst Castle en San Simeón:
Della Robbia Room en el Hearst Castle con techo mudéjar expoliado en Toledo en 1923

Un tercero fue así descrito: "El techo es uno de los documentos arquitectónicos más históricos que nunca ha abandonado España. El edificio del cual procede es el Palacio de Pedro el Cruel en Toledo". Era una pareja de techos moriscos pintados, dibujo en estrella y pieza central octogonal. Fueron comprados a Raimundo Ruiz, uno de ellos, al menos, lo fue a través de P.W. French & Co. por la cantidad de 12.000 dólares el 20 de octubre de 1922.
Se mencionan bastantes techos toledanos más, como por ejemplo los del citado como Palacio de los Mendoza.
Pero no solo techos acaparó Hearst del legado toledano, sino que también adquirió valiosos tapices flamencos que habían ya salido en el siglo XIX de la Catedral de Toledo. Son los famosos cuatro tapices de la iconografía de los vicios y las virtudes, datados entre 1510 y 1515 en Bruselas: La tentación del hombre por los vicios y la defensa de las virtudes, El combate de vicios y virtudes o el Triunfo de Cristo, La Creación y Caída del Hombre y La Resurrección de Cristo. Procedían de la colección Weinberg de Fráncfort, de donde pasaron a la colección de Duveen que fue quien en 1921 los vendió a Hearst por 400.000 dólares. Hoy pueden admirarse en The Fine Arts Museum de San Francisco. Hearst los tuvo en su impresionante y lujoso apartamento de Clarendon House en Nueva York, situado en el 137 de Riverside Drive a orillas del Hudson, diseñado por Charles Birge y a donde se había mudado en 1908:
Tapices de la Catedral de Toledo en la galería de la Clarendon House, Riverside Drive, de Nueva York © The Library of Congress of The United States of America

En definitiva, estamos ante el principal coleccionista de arte español del siglo XX, que utilizó su inmenso poder y riqueza para acaparar miles de piezas de valor incalculable. Además de su codicia y ambición, jugó a su favor la necesaria colaboración de multitud de personas en España que, lejos de preocuparse por la protección y defensa de este legado, participaron en su proceso expoliador como intermediarios en busca de beneficio económico.
Hoy, si bien es aun muy elevado el riesgo que corre nuestro patrimonio y muy largo el camino por recorrer para la concienciación social de su valor, pienso sinceramente que un proceso como el desarrollado por Hearst aquellas décadas sería prácticamente imposible. Es nuestra obligación impedir que se repita y en la medida de lo posible investigar qué fue del paradero de aquellos bienes para dar a conocer su estado actual.

sábado, 15 de mayo de 2010

El Palacio de Fuensalida

Célebre por su rico pasado histórico, el enorme Palacio de Fuensalida es uno de los edificios más emblemáticos de Toledo. Construido hacia 1440, se trata de un soberbio palacio mudéjar con claras influencias góticas. Sus promotores fueron los primeros Condes de Fuensalida, Pedro López de Ayala y Elvira de Castañeda. Entre sus muros falleció Isabel de Portugal, esposa del emperador Carlos V, el día 1 de mayo de 1539. Por aquel entonces la corte de la reina vivía en el palacio mientras duraban las obras del Alcázar. El fallecimiento de Isabel en el Palacio de Fuensalida hundió al Emperador, que se retiró al Monasterio de La Sisla y posteriormente al de Yuste. En el traslado del cadáver desde Toledo hasta Granada -donde fue enterrada- sucedió la conversión de San Francisco de Borja. Él fue el jefe de la comitiva fúnebre como caballerizo de la Emperatriz que era. Al llegar a Granada, debía abrir el féretro para hacer entrega del cuerpo a los monjes que iban a enterrarlo. Fue entonces cuando, al contemplar el cuerpo descompuesto de Isabel, pronunció su famosa frase: «No puedo jurar que ésta sea la Emperatriz, pero sí juro que fue su cadáver el que aquí se puso». Después de este traumático suceso, decidió optar por la vida religiosa y cuando enviudó de la dama portuguesa de la Emperatriz, Eleanor de Castro, ingresó en la Compañía de Jesús.
Posteriormente el edificio tuvo muchos usos, entre los que destaca el de cuartel del batallón la milicia provincial. Sixto Ramón Parro, en el siglo XIX, comenta su uso en alquiler para vecinos y como almacén de maderas.
Por fortuna, en 1964, se hace cargo del edificio la Dirección General del Patrimonio Artístico, que lo restauró inaugurándolo en 1969. Actualmente alberga la sede de la Presidencia de la Junta de Comunidades.

Sus fotografías más antiguas datan del siglo XIX. Sin lugar a dudas, la mejor de todas ellas es esta tomada en 1897 por el granadino Rafael Garzón. Pueden apreciarse todos y cada uno de los detalles de la preciosa portada:
Portada del Palacio de Fuensalida (Toledo) a finales del siglo XIX. Fotografía de Rafael Garzón

También a finales del siglo XIX el palacio fue fotografiado por Casiano Alguacil o Alexander Lamont Henderson:
Palacio de Fuensalida a finales del siglo XIX. Fotografía de Casiano Alguacil
Interior del Palacio de Fuensalida en el siglo XIX. Fotografía de Casiano Alguacil. Ayuntamiento de Toledo
Interior del Palacio de Fuensalida en el siglo XIX. Fotografía de Casiano Alguacil. Ayuntamiento de Toledo
Interior del Palacio de Fuensalida en el siglo XIX. Fotografía de Casiano Alguacil. Ayuntamiento de Toledo
Parte trasera de la Iglesia de Santo Tomé a finales del siglo XIX. Fotografía de Alexander Lamont Henderson

Ya a comienzos del siglo XX fue también fotografiado de modo brillante por varios autores:
Palacio de Fuensalida a comienzos del siglo XX. Fotografía de Pedro Román Martínez. Centro de Estudios Juan de Mariana. Diputación de Toledo
Palacio de Fuensalida a comienzos del siglo XX
Palacio de Fuensalida a inicios del siglo XX. Foto Rodríguez
Palacio de Fuensalida en 1907. Fotografía de Roy Lucien. Société Française d'Archéologie et Ministère de la Culture (France), Médiathèque de l'architecture et du patrimoine (archives photographiques) diffusion RMN
Palacio de Fuensalida en 1907. Fotografía de Roy Lucien. Société Française d'Archéologie et Ministère de la Culture (France), Médiathèque de l'architecture et du patrimoine (archives photographiques) diffusion RMN
Palacio de Fuensalida a comienzos del siglo XX. Foto Aldus
Palacio de Fuensalida a comienzos del siglo XX. Foto Roisin
Palacio de Fuensalida a comienzos del siglo XX. Foto Aldus
Palacio de Fuensalida a comienzos del siglo XX. Fotografía de Pedro Román Martínez para el diario El Sol (12-4-1931)
Palacio de Fuensalida a inicios del siglo XX. Foto Rodríguez
Plaza del Conde y  Palacio de Fuensalida a comienzos del siglo XX
Palacio de Fuensalida a comienzos del siglo XX
Palacio de Fuensalida visto desde la Casa del Greco a comienzos del siglo XX

Muy curiosa resulta esta imagen del palacio con un cartel de una academia de formación militar allí instalada: la famosa Academia Gamir:
Palacio de Fuensalida con un cartel de una academia de formación militar. Principios del siglo XX. Fotografía Rodríguez

Es muy destacable esta fotografía tomada hacia 1915 por Arthur Byne y conservada en la Hispanic Society of America. Su interés radica en la personalidad del autor: Byne pasó a la historia como uno de los mayores expoliadores de arte que asolaron España en los comienzos del siglo XX.
Palacio de Fuensalida hacia 1915. Fotografía de Arthur Byne
A él se debe el desmontaje y -en ocasiones- traslado íntegro de impresionantes monumentos como el Convento de San Francisco de Cuéllar (Segovia), el Monasterio de Santa María de Sacramenia (Segovia), el Castillo de Benavente (Zamora), la reja de la Catedral de Valladolid, la sillería del coro y un arco de jaspe de la catedral de la Seo de Urgel (Lérida), diversa ornamentación del Monasterio de Santa María de Moreruela (Zamora), el Monasterio de Santa María de Óvila (Guadalajara) y más de 80 artesonados hispano-musulmanes, probablemente alguno de ellos de Toledo. Curiosamente, Arthur Byne era también famoso por ser muy ruidoso en las múltiples reuniones de amigos que celebraba en su casa de la calle Gravina en Madrid. Quiso el destino que su atormentado vecino fuese Juan Ramón Jiménez, quien solía aporrear la pared para pedirles silencio. En una de estas noches, al escritor le llamó la atención entre tanto escándalo una voz femenina. Se propuso averiguar quién era la dueña de esa voz y resultó ser Zenobia Camprubí, que finalmente acabaría siendo su esposa.
Esta casualidad debió ser una de las pocas cosas positivas que dejara la presencia de Byne en España. Impostor y dado al soborno -se hacía pasar por arquitecto sin serlo- consiguió poderosas amistades e incluso fue condecorado durante el gobierno de Primo de Rivera.
Arthur Byne
Byne murió en un accidente de coche en Ciudad Real, en julio de 1935. Su obituario en ABC demuestra a las claras la reputación que increíblemente había logrado ganarse:
Necrológica de Arthur Byne. ABC, julio de 1935
Necrológica de Arthur Byne. ABC, julio de 1935
Los restos de Byne descansan en el cementerio inglés de Carabanchel.

Pero volvamos al Palacio de Fuensalida. Algunas de las mejores vistas del edificio a comienzos de siglo fueron tomadas desde el cercano Paseo de San Cristóbal. Se trata de uno de los mejores miradores de la ciudad y uno de los lugares que más ha cambiado desde las primeras fotografías. Las más antiguas muestran un paseo mucho más estrecho de lo que es hoy. Existía una doble bajada en rampa que acababa en dos mojones coronados por una bola de piedra. Al fondo podemos ver el Palacio de Fuensalida (click para ampliar):
Paseo de San Cristóbal antes de la ampliación de comienzos del siglo XX

En los años 40 el paseo fue ampliado tomando terreno del frontal del paseo:
Paseo de San Cristóbal después de la ampliación de comienzos del siglo XX
Paseo de San Cristóbal a mediados del siglo XX

La última ampliación y remodelación, de los años 80, suprimió las rampas y abrió la cuesta a los vehículos por donde hoy se accede al Taller del Moro. Esta imagen está tomada poco antes de la supresión de esas rampas peatonales:
Paseo de san Cristóbal poco antes de su ampliación. Cortesía de Julio Sánchez

La primitiva configuración con rampas es la que aparecía en las impresionantes imágenes de Albert Einstein en 1923 y que recordaréis que tanto me costó identificar:
Albert Einstein en Toledo, en la Casa Museo de el Greco con la iglesia de San Cristóbal al fondo

Esas dos bolas que existían al fondo de las rampas fueron fotografiadas por mi abuelo en los años 20 cuando era solo un adolescente:
Subida hacia San Cristóbal, junto al Tránsito. Años 20. Fotografía de Eduardo Butragueño Bueno

Desde el Paseo de San Cristóbal, antes de ser remodelado, fue tomada esta interesantísima imagen que nos muestra una procesión bajando desde la Plaza del Conde:
Procesión a inicios del siglo XX vista desde el Paseo de San Cristóbal

Mi abuelo también retrató en los años 20 el Palacio de Fuensalida visto desde el Paseo del Tránsito:
Paseo del Tránsito hacia 1920. Fotografía de Eduardo Butragueño Bueno
Paseo del Tránsito hacia 1920. Fotografía de Eduardo Butragueño Bueno

A mediados de siglo, en 1964, el Palacio de Fuensalida fue escenario de algunas escenas de la Película "El Greco", que fue estrenada en 1966. Dirigida por Luciano Salce, protagonizada por Mel Ferrer y Rosanna Schiaffino y con música de Ennio Morricone, el film no obtuvo el éxito previsto.
Cartel de El Greco (1966)
Cartel de la Película El Greco de Mel Ferrer (1966)
Estas son algunas de las imágenes tomadas en el Palacio de Fuensalida, donde al parecer se recrearon también algunas escenas con enfermos del manicomio como ya hiciera pocos años antes Gregorio Marañón:
Mel Ferrer en el Palacio de Fuensalida durante el rodaje de El Greco (1966)
Palacio de Fuensalida durante el rodaje de El Greco (1966)
Palacio de Fuensalida durante el rodaje de El Greco (1966)

Aquí tenemos a los dos protagonistas en la Playa de Safont:
Mel Ferrer y Rosanna Schiaffino a orillas del Tajo en Toledo durante la grabación de la película El Greco en 1964
Mel Ferrer y Rosanna Schiaffino a orillas del Tajo en Toledo durante la grabación de la película El Greco en 1964

Este era el aspecto del Palacio en esos años de mediados de siglo:
Palacio de Fuensalida en los años 60
Palacio de Fuensalida en los años 50. Diario ABC, 27-9-1958
Alamillos del Tránsito. Fotografía de Eduardo Butragueño Bueno, 1 diciembre del 69
Palacio de Fuensalida hacia 1970. Colección Luis Alba. Ayuntamiento de Toledo

En 1970, al finalizar la restauración, se publicó un interesante reportaje en la revista Blanco y Negro con buenas fotografías de José Sánchez Martínez:
Palacio de Fuensalida en 1970. Fotografía de José Sánchez Martínez para la revista Blanco y Negro
Palacio de Fuensalida en 1970. Fotografía de José Sánchez Martínez para la revista Blanco y Negro
Palacio de Fuensalida en 1970. Fotografía de José Sánchez Martínez para la revista Blanco y Negro
Palacio de Fuensalida en 1970. Fotografía de José Sánchez Martínez para la revista Blanco y Negro
Palacio de Fuensalida en 1970. Fotografía de José Sánchez Martínez para la revista Blanco y Negro
Palacio de Fuensalida en 1970. Fotografía de José Sánchez Martínez para la revista Blanco y Negro
Palacio de Fuensalida en 1970. Fotografía de José Sánchez Martínez para la revista Blanco y Negro
Palacio de Fuensalida en 1970. Fotografía de José Sánchez Martínez para la revista Blanco y Negro
Palacio de Fuensalida en 1970. Fotografía de José Sánchez Martínez para la revista Blanco y Negro
Palacio de Fuensalida en 1970. Fotografía de José Sánchez Martínez para la revista Blanco y Negro
Palacio de Fuensalida en 1970. Fotografía de José Sánchez Martínez para la revista Blanco y Negro
Palacio de Fuensalida en 1970. Fotografía de José Sánchez Martínez para la revista Blanco y Negro
Palacio de Fuensalida en 1970. Fotografía de José Sánchez Martínez para la revista Blanco y Negro
Palacio de Fuensalida en 1970. Fotografía de José Sánchez Martínez para la revista Blanco y Negro
Palacio de Fuensalida en 1970. Fotografía de José Sánchez Martínez para la revista Blanco y Negro
Palacio de Fuensalida en 1970. Fotografía de José Sánchez Martínez para la revista Blanco y Negro
Palacio de Fuensalida en 1970. Fotografía de José Sánchez Martínez para la revista Blanco y Negro
Palacio de Fuensalida en 1970. Fotografía de José Sánchez Martínez para la revista Blanco y Negro
Palacio de Fuensalida en 1970. Fotografía de José Sánchez Martínez para la revista Blanco y Negro
Palacio de Fuensalida en 1970. Fotografía de José Sánchez Martínez para la revista Blanco y Negro
Palacio de Fuensalida en 1970. Fotografía de José Sánchez Martínez para la revista Blanco y Negro
Palacio de Fuensalida en 1970. Fotografía de José Sánchez Martínez para la revista Blanco y Negro
Palacio de Fuensalida en 1970. Fotografía de José Sánchez Martínez para la revista Blanco y Negro
Palacio de Fuensalida en 1970. Fotografía de José Sánchez Martínez para la revista Blanco y Negro

Este es un reportaje de 1979:
Palacio de Fuensalida en 1979. Emblema de los Señores de Fuensalida, los lobos pasantes con borduras de aspas, de la familia Ayala
Palacio de Fuensalida en 1979. Emblema de los Señores de Fuensalida, los armiños en bandas diagonales, de los Castañeda
Palacio de Fuensalida en 1979. Bóvedas de las caballerizas
Palacio de Fuensalida en 1979. Galería norte del patio noble
Palacio de Fuensalida en 1979. Galería sur del patio
Palacio de Fuensalida en 1979. Crujía sur del patio
Palacio de Fuensalida en 1979. Frente con yeserías de la sala de la Emperatriz
Palacio de Fuensalida en 1979. Interior de la sala de la Emperatriz
Palacio de Fuensalida en 1979. Escalera monumental
Palacio de Fuensalida en 1979. Jardín que une el Palacio de Fuensalida con el Taller del Moro
Palacio de Fuensalida en 1979. Sala de la planta baja
Palacio de Fuensalida en 1979. Salón grande de la planta alta. Cubierta de par y nudillo.

Estas son imágenes de la restauración llevada a cabo para su adecuación como sede de la Presidencia de la Junta:
Palacio de Fuensalida durante su restauración. Foto Rodríguez
Palacio de Fuensalida en la restauración de finales del siglo XX. Foto Rodríguez
Palacio de Fuensalida en la restauración de finales del siglo XX. Foto Rodríguez

Sirva esta entrada como celebración de la nueva restauración recién finalizada del edificio y que al parecer ha dejado por fin el palacio en un estado óptimo. Un edificio con tal historia merecía una actuación de este nivel.

El Palacio de Fuensalida en Google Maps:

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