En los últimos siglos tras dejar de ser alquilado por la catedral sus usos fueron de lo más variopinto: cochera, salón de baile, fábrica de cerillas o almacén de harina.
Por suerte, en 1959 fue adquirido por el Estado. Fue restaurado y desde 1963 acogió el Museo Taller del Moro del Mudéjar Toledano. En 1968 se compró el jardín que lo conecta con el Palacio de Fuensalida.
Destaca por sus riquísimas decoraciones, prueba de la suntuosidad del mudéjar toledano, con preciosas yeserías y artesonados de madera. Debió tener un importante zócalo de cerámica, hoy desaparecido.
Sus primeras fotografías datan del siglo XIX cuando Casiano Alguacil lo retrató en varias fotografías:
A finales del XIX lo fotografió Alexander Lamont Henderson:
En 1901 fue inmortalizado en su triste condición de aprisco para el ganado por los geniales pintores Nabis en su visita a Toledo:
También fue fotografiado como cochera:


Estas son otras imágenes de comienzos del siglo XX:
Estas fotografías nos lo muestran ya recién inaugurado su museo del mudéjar toledano en los años 60:
En la actualidad, y pese a que fue objeto de restauraciones en 2003, se encuentra asombrosa e inexplicablemente cerrado desde hace más de diez años, a la espera de que la Junta de Comunidades se decida a reabrir el museo, cosa que vehementemente desde aquí reclamo. No podemos permitr por más tiempo que esta joya del mudéjar siga cerrada al público. El continente y el contenido del edificio merecen ser admirados y contemplados por turistas y toledanos.
El Taller del Moro en Google Maps:
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