Lo primero que hay que hacer en estos casos, además de celebrar por todo lo alto el descubrimiento, es agradecer a sus propietarios Soraia Molina y José Valderrey la divulgación de la imagen y al Centro de Estudios de Castilla-La Mancha el haber canalizado dicha divulgación dentro de este ya prestigioso y veterano encuentro de fotografía.
Tiempo habrá de ir ahondando en el estudio pormenorizado de la imagen para determinar su posible autoría o su datación exacta, que según parece podría fijarse de alrededor del año 1845, para lo cual será bueno analizar en detalle todos y cada uno de los milímetros cuadrados del daguerrotipo. La historia resumida del descubrimiento, según ha trascendido de la mano de las profesoras María de los Santos García Felguera (Universidad Pompeu Fabra) y Esther Almarcha (UCLM), nace en 2012 cuando sus propietarios actuales la adquirieron a un chamarilero en San Sebastián. Tras proceder a su limpieza con una pera de aire, pronto comprendieron la magnitud del hallazgo por tratarse de uno de los escasísimos daguerrotipos exteriores conservados en toda España. Se trata de una placa metálica de cobre plateado de 16 x 12 centímetros aproximadamente, que muestra una vista de la vieja ciudad castellana desde el Valle con una nitidez bastante aceptable pese al tiempo transcurrido y su deficiente conservación (al parecer se encontraba en una caja metálica junto a tornillos y otros materiales). Para concluir, deciros que el daguerrotipo fue el primer procedimiento fotográfico dado a conocer en 1839, desarrollado y perfeccionado por el galo Louis Daguerre desde unos años antes a partir de las primeras experiencias hasta entonces inéditas de Nicéphore Niépce, llevadas a cabo antes de 1826. Los daguerrotipos son muy valiosos, además de por su antigüedad, por su carácter de piezas únicas pues la imagen se formaba sobre una superficie de plata pulida como un espejo, no siendo posible su posterior reproducción a partir de esta impresión original. La imagen se generaba al fijarse partículas microscópicas de aleación de mercurio y plata, gracias a que el revelado con vapores de mercurio (altamente tóxicos) producía estas amalgamas en la cara plateada de la placa. Previamente, la placa debía ser expuesta a vapores de yodo para que fuera fotosensible. En definitiva, una maravilla de la química y de la física que sentó las bases de lo que hoy es la fotografía, esa mágica congelación de un instante para la eternidad.
Como conclusión final, reiterar lo que en otras ocasiones he expuesto: la historia fotográfica de Toledo nunca terminará de escribirse pues siempre podrán surgir sorpresas y hallazgos de tesoros como el que hoy, a modo de adelantado regalo de Navidad, podemos admirar. Disfrutadlo: