martes, 24 de agosto de 2021

El Convento de Capuchinos y la ¿desaparecida? cripta de Santa Leocadia

Los capuchinos son una rama de los monjes franciscanos con una regla monástica más estricta, creada en el año 1528, caracterizada por optar por una vida aún más austera que el resto y se encuadran dentro de los denominados observantes. La llegada de la comunidad de frailes capuchinos de San Francisco a Toledo se produce a comienzos del siglo XVII, siendo su primera sede monástica los terrenos del actual Cigarral del Ángel Custodio, tras la donación que el Cardenal Sandoval y Rojas les hizo de este paraje cigarralero en 1610, consagrándose una pequeña iglesia en la pascua de Pentecostés de 1611. En 1631 el monasterio era ya un edificio mucho más importante y siguió ampliándose, convirtiéndose en uno de los principales monasterios capuchinos españoles.
Los capuchinos son una orden mendicante y, a diferencia de las monacales, solían tener sedes mucho más variables. De este modo, a menudo comenzaban viviendo fuera de las ciudades y, cuando surgía la oportunidad, se trasladaban al centro urbano ya que, al vivir de las limosnas, éstas se conseguían con mayor facilidad en la ciudad que en el campo. Esa fue la razón por la que los capuchinos se marcharon de su emplazamiento en el Cigarral del Ángel: vendieron los terrenos y, durante el pontificado del cardenal Moscoso (1648-1665), lograron que una iglesia que se encontraba casi sin uso junto al Alcázar les fuera concedida.
Esa iglesia era la denominada "Santa Leocadia junto al Alcázar", un templo colegial de origen visigótico cuya fundación se atribuía nada menos que a Sisebuto. Se encontraba adosada a la fachada sur del Alcázar y era una de las tres iglesias toledanas dedicadas a Santa Leocadia. La primera fuente documental que cita este primitivo templo data de 1226 cuando es mencionada en un documento mozárabe. Ago más tarde, en 1291, se menciona su carácter de colegial, aunque se desconoce el número de sus canónigos ni de quien dependían.
Lo más curioso, y para muchos desconocido, es que bajo este templo se hallaba una cripta excavada en la roca donde se aseguraba por la tradición que estuvo la prisión pública en época romana donde permaneció encarcelada la propia Santa Leocadia. De hecho, en 1274 se exhumaron y trajeron a esta cripta, por orden de Alfonso X el Sabio, los restos mortales que se creía pertenecían a los reyes visigodos Wamba y Recesvinto, siendo inhumados en este subterráneo.
Santa Leocadia en su cárcel. Litografía del siglo XIX Cuando a mediados del XVII los capuchinos se mudan a este lugar junto al Alcázar procedentes del Cigarral del Ángel en tiempos del cardenal Baltasar Moscoso y Sandoval, la mencionada antigua iglesia no debía tener apenas ingresos ni culto, por lo que el cardenal la compró o cedió sin más para uso de la comunidad capuchina. Parece ser que para ello se demolió el anterior edificio construyéndose en su lugar inicialmente un convento pequeño pues la finca no era grande, contando con un huerto que, según Julio Porres Martín-Cleto, se correspondería con el espacio que hoy ocupa la explanada oriental del Alcázar.
Los capuchinos contaban ya por tanto con un lugar céntrico de la ciudad que era un buen emplazamiento para lograr más limosnas, pero por contra se encontraban junto al Alcázar con todo lo que ello implica cuando los tiempos se vuelven convulsos. Así, en 1710 sobrevino la invasión de la ciudad durante la guerra de sucesión y ocuparon Toledo las tropas austríacas y portuguesas, quienes incendiaron el Alcázar y con él ardió parcialmente el convento capuchino de Santa Leocadia. Los monjes lo reconstruyeron pronto y más adelante se volvió a reformar costeando las obras el cardenal Lorenzana.
Por desgracia, solo un siglo después de la anterior invasión, se produce la ocupación francesa y por ello se decide fortificar el Alcázar, siendo evacuados los capuchinos de su convento. Desgraciadamente, las tropas francesas tomaron la ciudad y el convento no escapó al saqueo y profanación de los sepulcros de la famosa cripta a manos de soldados napoleónicos. Sumado a ello, el propio Alcázar salió de nuevo ardiendo tras la retirada de los franceses en 1810 afectando el fuego también al convento. Los frailes se alojaron temporalmente en unas casas junto al hospitalito de Santa Ana, según cuenta Sixto Ramón Parro, mientras comenzaron a reparar el convento. Sin embargo, pronto llegó el año 1821, y con él la desamortización dispuesta durante el Trienio Liberal por la que se ordena que se cierre el convento y se vayan sus escasos frailes, unos a Los Navalmorales y otros a Calzada de Calatrava.
De nada sirvió la petición que encarecidamente realizó el Ayuntamiento de Toledo para que no fuera cerrado el monasterio, que era muy útil en la parroquia de San Miguel, logrando únicamente un retraso en el viaje de los frailes que fueran muy ancianos o estuvieran enfermos.
Es en esta época cuando se reliza un intento de recuperar la cripta y los enterramientos de Wamba y Recesvinto, citados anteriormente. Corría en año 1845 cuando el 12 de febrero de ese año la Comisión de Monumentos decidió inspeccionar el lugar. El acta de la comisión recogió textualmente que se "mandó destruir la pared que impedía la entrada en la mencionada bobeda, y allanada que fué inmediatamente penetró en ella acompañado de las enunciadas personas, y a presencia de varios Señores Oficiales del insinuado Batallón, y otras muchas, se vió y reconoció este Subterráneo que es una bobeda cuadrangular, á cuyo frente se halla un altar de mampostería, cuya tabla de mesa es una piedra berroqueña sin ara, sobre el cual, en un nicho abierto en la pared, está colocada una estatua de piedra de Santa Leocadia en el lado izquierdo de dicho altar y costado de la bobeda enlucida de yeso se leía en letras de tinta negra, perfectamente conservadas esta inscripción .. y en el lado opuesta ... cerca de la primera inscripción y entre ella y la jamba de la puerta de la boveda, por debajo de un cuadro escabado que deja descubierta la Silleria del muro que forma esta Capilla y antiguo Calavozo se lee otra inscricción que dice: me ORAT LEOCADJA, DIRIS ONUSTA CATENIS DIGI-TO QUE SIGNAT HOC IN LAPIDA CRUCEM"
Noticia de la excavación de la cripta del Convento de Capuchinos en busca de los huesos de Wamba y Recesvinto. El Heraldo, 12 de febrero de 1945 Aunque se anunció a bombo y platillo que en esa incursión al subterráneo se hallaron los restos óseos de ambos reyes godos, lo cierto es que todo parece indicar que los citados restos no eran sino cuerpos de monjes enterrados allí. En este sentido, recomiendo la lectura del estudio realizado por Francisco García Martín titulado "La Cripta de Santa Leocadia en el Alcázar" (PDF aquí).
Una vez sin uso, el edificio del convento de capuchinos quedó ya incorporado al complejo militar del Alcázar, puesto que no fue comprado por nadie. Es así como en 1847 el edificio es reformado ampliamente para integrarlo dentro del nuevo Colegio General Militar, instalándose en él varias dependencias mientras avanzaba lentamente la restauración del vecino Alcázar. De esta época de mediados del siglo XIX datan las primeras fotografías que se conservan del edificio del Convento de Capuchinos, donde aparece rodeado por otras construcciones, todas ya desaparecidas (salvo el Alcázar).
Convento de Capuchinos junto al Alcázar (señalado con flecha roja) en 1854. Detalle de una foto de Alphonse de Launay. Convento de Capuchinos junto al Alcázar (señalado con flecha roja) hacia 1870. Foto de Jean Laurent. Fototeca del IPCE. Convento de Capuchinos junto al Alcázar (señalado con flecha roja) hacia 1870. Foto de Jean Laurent. Fototeca del IPCE. Pero de nuevo la desgracia volvió a cebarse con el lugar, y en 1887, cuando ya estaba terminada totalmente la obra de la sede de la nueva Academia de Infantería en el Alcázar, un nuevo incendio casual destruyó el Alcázar y su anejo de los Capuchinos. Tocaba la enésima reconstrucción del edificio, la cual se realizó esta vez para su uso como cuartel y servicios militares.
Alcázar hacia 1890, desmochado tras el incendio de 1887. A la derecha se ve el edificio de Capuchinos. Es muy probable que esta foto de una clase de esgrima se tomara en el convento y que la sillería de madera que aparece procediera del mismo:
Esgrima en Capuchinos, probablemente. Colección De José Luis Isabel Unos años antes, hacia 1885, se había comenzado a construir el famoso "paso curvo" que conectaba el antiguo convento con el Alcázar a la altura de su torreón sureste, ejecutado con ladrillo en estilo neomudéjar.
Construcción del paso curvo que unía el Alcázar con el edificio de capuchinos. Detalle de una foto de la casa Léon y Lévy tomada hacia 1885 desde el Castillo de San Servando Construcción del paso curvo que unía el Alcázar con el edificio de capuchinos. Detalle de una foto de la casa Léon y Lévy tomada hacia 1885 desde el Castillo de San Servando Aquí se ve a la perfección esta estructura que tenía forma de un cuarto de circunferencia, y al fondo el antiguo convento:
Visita a Toledo del presidente francés Poincaré en octubre de 1913. Al fondo el paso curvo de Capuchinos al Alcázar. Alcázar y paso curvo hacia el convento de Capuchinos. Fototeca del Museo del ejército, signatura  [MUE-204792] Paso curvo del Alcázar a Capuchinos en 1915 durante una visita del rey Alfonso XIII.  Publicada en Mundo Gráfico el 30 de junio de ese año. Paso curvo y edificio de Capuchinos junto al Alcázar. Fotografía de Loty en los años 20. © Diputación de Toledo Sin embargo, es desde el aire como mejor se comprende la ubicación del convento de Capuchinos junto al Alcázar. Por suerte, en los años 10 y 20 la ciudad fue sobrevolada y fotografiada desde las alturas y, de este modo, se aprecia el conjunto antes de que desapareciera pocos años después. La primera que os muestro es esta tomada hacia 1915 durante el vuelo del capitán Vallespín. Se ven a la perfección los dos patios del convento y sus considerables dimensiones:
Convento de Capuchinos junto al Alcázar hacia 1915. Detalle de una foto aérea tomada durante el vuelo del capitán Juan Vallespín Zayas. También en esta foto de Luis Ramón Marín se aprecia a la perfección que el edificio estaba adosado al Alcázar y que sus patios estaban situados en el centro de la actual calle que desciende al Corralillo de San Miguel:
Convento de Capuchinos junto al Alcázar en los años 20. Foto aérea de Luis Ramón Marín. Otras buenas vistas aéreas:
Alcázar y edificio del Convento de Capuchinos. Foto Garrabella Foto aérea del edificio de Capuchinos junto al Alcázar en 1929 Y así llegamos al año 1936 cuando la devastación del lugar durante la guerra civil dejó reducidas a mera anécdota las anteriores y sucesivas destrucciones. El bombardeo republicano para acabar con la resistencia de las tropas sublevadas que se acantonaron en el baluarte fue de tal intensidad que toda la zona quedó prácticamente reducida a escombros.
Edificio de Capuchinos y picadero destruidos en la Guerra Civil vistos desde las ruinas del Alcázar Edificio de Capuchinos destruido en la guerra Civil Picadero y Capuchinos, al fondo los Alijares.  Casas, Calles y plazas de Toledo durante la guerra civil. Biblioteca Nacional de España Un militar franquista se asoma a los escombros tras tomar el Alcázar. Al fondo los restos del Convento de Capuchinos. Entorno del Alcázar destruido tras el asedio de la guerra civil. Foto aérea donde se ve el edificio de Capuchinos y la zona del Corralillo de San Miguel. Colección Personal de Luis Alba En esta foto se ven entre las ruinas algunos de los sótanos del edificio de Capuchinos. Es complicado saber si se corresponden con el acceso a la cueva, pero es poco probable:
Fotografía aérea del Alcázar de Toledo hacia 1940, destruido tras los bombardeos y asedio de 1936. Centro cartográfico del Ministerio del Ejército. El solar fue explanado totalmente tras la contienda, demoliéndose probablemente incluso la famosa cueva de Santa Leocadia. Las nuevas calles que rodean el Alcázar desde entonces, mucho más anchas que las preexistentes, ocupan muchos espacios anteriormente edificados. En el caso del convento, la actual calle denominada de nuevo Cuesta de los Capuchinos en su honor (anteriormente se denominó General Moscardó) está trazada en su parte inferior justo en el centro del antiguo edificio.
Foto aérea del entorno del Alcázar de Toledo tomada entre 1953 y 1955. Fondo Trabajos Aéreos y Fotogramétricos, S. A. (TAF) © Arxiu Nacional de Catalunya, Generalitat de Catalunya Corralillo de san Miguel  © Fondo Rodríguez. Archivo Histórico Provincial. JCCM. Signatura CT-173 Corralillo de San  Miguel  © Fondo Rodríguez. Archivo Histórico Provincial. JCCM. Signatura CT-174 Corralillo de San Miguel  © Fondo Rodríguez. Archivo Histórico Provincial. JCCM. Signatura CT-160 Fiestas Liberación Alcázar en 1951. Procesión con la Virgen del Alcázar en presencia de  Moscardó. Fondo Rodríguez, AHP, JCCM signatura [00002-00355-AC] Vista aérea del Alcázar en 1966 Tal vez en el subsuelo quede algo de aquella célebre cueva, o tal vez no. Probablemente no lo sepamos nunca, pero al menos gracias a las fotografías he intentado que la memoria de este lugar de vida tan azarosa no caiga del todo en el olvido. Espero que os haya gustado.
© TOLEDO OLVIDADO
Maira Gall