viernes, 31 de julio de 2020

El Club Milcar o cuando la Casa del Diamantista se convirtió en un espacio para disfrutar del Tajo en 1933

La tarde del 16 de julio de 1933 no fue una tarde cualquiera en Toledo. Fue la que vio nacer un club de recreo ligado al -por entonces- limpio y caudaloso Tajo en la mítica Casa del Diamantista. Su propietario, Ángel Aguilar, con gran ilusión, había fundado el denominado Club Milcar y ese era el día escogido para su puesta de largo en sociedad. Para la ocasión organizó una fiesta con competiciones náuticas y saltos desde el trampolín instalado en uno de los torreones de la legendaria casa, asomada directamente a las aguas del Padre Tajo. Según me cuenta su bisnieto, el nombre de Milcar era un homenaje a sus hijas gemelas, cuyos nombres eran Milagros y Carmen.
En estas competiciones participaron muchos toledanos, y leyendo las crónicas encontramos apellidos de marcado arraigo local como Maeso o Relanzón, mezclados con los de los miembros del otro club ligado al río (del que os hablé hace unos meses): el Club Náutico de Toledo.
Crónica en El Castellano de la Inauguración del Club Milcar el 18 de julio de 1933
Era Toledo por entonces una ciudad volcada con su río, orgullosa de él y dedicada a su uso y disfrute, como la existencia de estos clubes indica. Enfrente de la casa, el club construyó en la otra orilla una caseta y sus miembros cruzaban nadando de un lado a otro en las largas jornadas veraniegas refrescándose y haciendo deporte a la vez.
Cuando descubrí la historia de este club comencé a rastrear imágenes en las que se pudiera apreciar su actividad e instalaciones y, por suerte, entre las miles de fotos que he tenido la ocasión de poder divulgar estos años, recordé el reportaje que el gran geógrafo Gonzalo de Reparaz realizó precisamente ese mismo verano de 1933. Vi las fotos con detenimiento y...voilà!, allí estaban la caseta, los bañistas y la Casa del Diamantista esperándome, deseosos de ser rescatados para la historia más de 80 años después. Emociona poder luchar por la recuperación de nuestro río utilizando su memoria, sus ilusiones, sus fotos...en un ejercicio de unión espacio-temporal realmente estimulante que debe servirnos de nuevo para conseguir tener un río como el que ellos disfrutaban. Instalaciones del Club Milcar en las inmediaciones de la Casa del Diamantista y la Barca de Pasaje en el verano de 1933. Detalle de una fotografía de Gonzalo de Reparaz (Institut Cartogràfic de Catalunya) Instalaciones del Club Milcar en las inmediaciones de la Casa del Diamantista y la Barca de Pasaje en el verano de 1933. Detalle de una fotografía de Gonzalo de Reparaz (Institut Cartogràfic de Catalunya) Casa del Diamantista en 1933. Fotografía de Gonzalo de Reparaz Ruiz. © Institut Cartogràfic de Catalunya Instalaciones del Club Milcar en las inmediaciones de la Casa del Diamantista y la Barca de Pasaje en el verano de 1933. Detalle de una fotografía de Gonzalo de Reparaz (Institut Cartogràfic de Catalunya) Instalaciones del Club Milcar en las inmediaciones de la Casa del Diamantista y la Barca de Pasaje en el verano de 1933. Detalle de una fotografía de Gonzalo de Reparaz (Institut Cartogràfic de Catalunya) Instalaciones del Club Milcar en las inmediaciones de la Casa del Diamantista y la Barca de Pasaje en el verano de 1933. Detalle de una fotografía de Gonzalo de Reparaz (Institut Cartogràfic de Catalunya)
Ermita del Valle y Torno del Tajo en 1933. Fotografía de Gonzalo de Reparaz Ruiz. © Institut Cartogràfic de CatalunyaOrillas del Tajo y vista de Toledo en 1933. Fotografía de Gonzalo de Reparaz Ruiz. © Institut Cartogràfic de Catalunya
Por desgracia, al igual que le sucedió al Club Náutico, la vida del Milcar fue efímera debido al estallido de la guerra civil en 1936. Sin embargo, su recuerdo debe seguir vivo y esta breve entrada quiero dedicarla a la memoria de sus miembros, y a la de todos los que han luchado, luchan y lucharán por la recuperación de un Tajo vivo. Tarde o temprano, venceremos. Trabajemos unidos para que ese día llegue cuanto antes.

domingo, 12 de julio de 2020

La Playa de Safont atestada de bañistas disfrutando del Tajo en Toledo hacia 1970

Supongo que la vida va poniendo delante de nosotros personas y situaciones que, lejos de ser fruto de la casualidad, son consecuencia de nuestros actos, anhelos, ilusiones y recuerdos. María de Tena es una de esas personas a las que conocí de este modo: nos unió nuestra pasión por la fotografía, por Toledo, por Morricone...y por un modo libre de ver la vida fuera de prejuicios y estereotipos. Si a ello le sumas la química que existe entre nuestras respectivas parejas y entre nuestros hijos, hace que la fuerza que hoy enlaza esas ilusiones en común (que es lo que mantiene viva una amistad) sea más potente que nunca.
Ella sabe mi debilidad por el Tajo y por divulgar cualquier prueba que recuerde a todo el mundo que su actual situación es una anomalía infame, que durante siglos este río nos dio la vida, y que no por verlo a diario tenemos que aceptar como normal su deprimente estado actual, fruto de la contaminación y el Trasvase Tajo-Segura, consentido y potenciado por absolutamente todos los gobiernos que han tenido responsabilidad en España en los últimos 45 años. Por eso, María se acordó de mí cuando tuvo acceso a un material inédito en forma de vídeos familiares grabados hacia 1970 en formato Super-8. Cuando me habló de ellos y de su contenido sentí esa ilusión difícil de describir que me genera poder sacar del olvido recuerdos y vivencias toledanas, casi siempre en forma de fotografías, y de vez en cuando en forma de vídeos. Y entre todos los temas que divulgo, ninguno me apasiona más que el Tajo, pues estoy convencido de que tenemos una obligación y una responsabilidad: recuperar nuestro río. Y como María lo sabe, logró que la familia propietaria de las cintas accediera a poder divulgar en este blog las partes en las que aparece el Tajo...Mi agradecimiento a esta familia, que prefiere mantenerse en el anonimato discretamente, y a María por hacer de enlace, es proporcional a la ilusión que me produce poder mostraros hoy este vídeo.
Hace muy pocos días, un buen amigo al que admiro profundamente habló de los dos faros que deben guiar nuestra vida: la memoria y la utopía. La memoria para entender de dónde venimos, herramienta esencial para comprender el presente. Y la utopía para soñar con un mañana mejor, para que la nostalgia sea un estímulo pero no un ancla que nos frene. Utopía para imaginar realidades casi imposibles pero que nos marcan objetivos vitales que, aunque solo se consigan parcialmente o requieran mucho tiempo en lograrse, son el germen de todo progreso humano.
Hacia 1970 esta generosa familia pasaba un día de verano en Toledo, probablemente uno de tantos, como demuestra su actitud en el vídeo, con esa preciosa naturalidad de lo cotidiano que es imposible fingir y que, por suerte, uno de ellos grabó con su cámara de vídeo del modo menos pretencioso que se puede imaginar, pero que hoy constituye un tesoro de gran valor para los toledanos y para la lucha por la recuperación del río.
Porque recuerda a los que lo vivieron lo que el río era (memoria), porque muestra a los más jóvenes el porqué de nuestra lucha (comprensión del presente a través de la memoria), y porque debe servirnos de guía a todos a la hora de luchar, de proponer, de investigar y de perseguir un objetivo que aunque parezca imposible (utopía), la memoria nos recuerda que es perfectamente realizable. Nuestra mente debe entender que lo anómalo es tenerlo tal como lo vemos hoy.
El vídeo dura 37 segundos que son una pura delicia. Os pido que lo veáis tranquilamente y lo disfrutéis con la calma que merece:


¿Tenéis el vello de punta y un nudo en la garganta? No os preocupéis, es lógico y normal. Incluso es probable que sintáis rabia, porque nos robaron algo que formaba parte de nuestra esencia...y es natural también ese sentimiento. Transformemos la rabia en fuerza para luchar, y las ganas de llorar en ilusión por recuperarlo. Entre todos lo conseguiremos, no me cabe duda.
He capturado algunos fotogramas para verlos más detenidamente y comentarlos en detalle. Por ejemplo, los famosos "gangos", palabra local usada para denominar los chiringuitos que servían comida y bebida a los cientos de toledanos que pasaban el día en las orillas de la Playa de Safont:
Gangos en la orilla y toledanos bañándose en el río Tajo en Toledo (Playa de Safont) hacia 1970
Gangos en la orilla y toledanos bañándose en el río Tajo en Toledo (Playa de Safont) hacia 1970

Impresiona ver la multitud de personas que atestaban las orillas y el agua, con la central eléctrica de la presa del Corregidor al fondo:
Toledanos bañándose en el río Tajo en Toledo (Playa de Safont) hacia 1970
Toledanos bañándose en el río Tajo en Toledo (Playa de Safont) hacia 1970

Aquí vemos el momento en que un bañista se lanza de cabeza desde un trampolín improvisado en la orilla:
Toledanos bañándose en el río Tajo en Toledo (Playa de Safont) hacia 1970

Imaginad por un momento qué enorme placer sería volver a poder mirar la silueta de Toledo desde nuestro hinchable en el centro del cauce del río más largo de la Península Ibérica...
Toledanos bañándose en el río Tajo en Toledo (Playa de Safont) hacia 1970

Mirando en la otra dirección, de nuevo una gran multitud, con la estampa del Alcázar presidiendo la escena:
Toledanos bañándose en el río Tajo en Toledo (Playa de Safont) hacia 1970
Toledanos bañándose en el río Tajo en Toledo (Playa de Safont) hacia 1970

Estas eran las vistas de la zona del Miradero (por entonces un sombreado, verde y arbolado Paseo en pleno centro histórico) y la zona de la Puerta del Sol:
Paseo del Miradero y alrededores. Fotograma de un vídeo de toledanos bañándose en el río Tajo en Toledo (Playa de Safont) hacia 1970
Vista de la zona de la Puerta del Sol. Fotograma de un vídeo de toledanos bañándose en el río Tajo en Toledo (Playa de Safont) hacia 1970

Para finalizar, de nuevo mostrar mi agradecimiento a María de Tena y a la familia donante por permitirnos acceder a este increíble material que debe servirnos para que la ilusión por recuperar un Tajo limpio y con caudal sea cada vez mayor. Estos cientos de personas disfrutaban (hacia 1970) de un Tajo vivo, ignorando que era un lujo que estaba a punto de desaparecer: todo eso terminó en junio de 1972 con la prohibición oficial del baño debido a la contaminación, y en 1979 llegó la puntilla con el expolio de las aguas del Tajo mediante el nefasto trasvase Tajo-Segura.
Luchemos con todas nuestras fuerzas por recuperar un río Tajo limpio y con caudal, generador de vida, ocio y disfrute de los toledanos y los que nos visitan.
© TOLEDO OLVIDADO
Maira Gall