sábado, 20 de julio de 2019

Los olmos de Carlos III que aún sobreviven en Toledo

Durante el mandato del activo corregidor Gabriel Amando Salido, que comenzó en 1783 bajo el reinado de Carlos III, se realizaron en la ciudad notables mejoras que recogió la prensa de la época. Entre ellas se mencionaba en El Correo de Madrid o de los Ciegos en su edición del 10 de noviembre de 1786 que se había “plantado una alameda inmediata á la fuente de Cabreygo” (sic) y se había procedido “al empedrado de la salida del Puente de Alcántara en el camino de Aranjuez”.
Estas dos acciones fueron claramente complementarias, pues la fuente de Cabrahigos, como todos la conocemos, se sitúa en ese camino que se dirigía a Aranjuez proveniente del cercanísimo Puente de Alcántara. Esas alamedas a las que se refiere el escrito no eran otra cosa que plantaciones del conocido en muchas ciudades de Castilla como “álamo negro”, que es el olmo “negrillo”, nuestro querido olmo autóctono o ibérico (Ulmus minor Mill.) y no debe confundirse con la otra especie también comúnmente denominada como álamo o más comúnmente chopo (Populus sp.).
El reinado de Carlos III fue, ciertamente, una época de abundancia de plantaciones en España, especialmente en las ciudades importantes para la monarquía, como ha sido recogido en multitud de fuentes históricas de su época y los años inmediatamente posteriores:

“Taláronse los campos para edificar regios alcázares, desapareció la humedad que atraían las frondosas copas de los tronchados árboles. Los rayos del sol abrasador secaron la tierra, y gracias á la ilustración del gobierno de Carlos III, no fue completa la ruina, porque afortunádamente se remediaron en parte estas desgracias, plantando dos millones de árboles.”
(Wenceslao Ayguals de Izco en María, la hija de un jornalero, 1845)

En efecto, el espacio comprendido entre el Puente de Alcántara y la Fuente de Cabrahigos, en el comienzo del denominado Paseo de la Rosa fue poblado por olmos negrillos que pronto demostraron su idoneidad para el fin previsto: sombreo y ornato con pocas necesidades de mantenimiento y adaptación al clima castellano. En una época en la que los sistemas de riego eran precarios y en una región climática como la nuestra, estas bazas eran realmente importantes a la hora de escoger las especies a plantar, sin olvidar el carácter de árbol emblemático, casi sagrado, que poseía el olmo desde tiempo inmemorial, presente en espacios muy destacados de pueblos y ciudades, sirviendo su sombra como lugar de reunión de vecinos, que en muchos casos eran encuentros (“ajuntamientos”) precursores de los ayuntamientos oficiales establecidos más tarde.
Era también una especie valorada por su vigor y fortaleza, con pocas enfermedades y plagas que mermasen sus capacidades de manera significativa. Por desgracia, este factor estaba cerca de su fin, pero lo veremos más adelante.
Castillo de San Servando y Paseo de la Rosa en 1928 por Friedrich Christiansen
Aquellos jóvenes ejemplares vieron cómo el tiempo pasaba y cómo el mundo asistía a profundos cambios: primero la Revolución Francesa, poco después la llegada de Napoleón con sus consecuencias en España, más adelante las sucesivas guerras carlistas que jalonaron todo el siglo XIX y tras ello el siglo XX, marcado profundamente por la Guerra Civil y, 40 años después, la instauración de una democracia que dura hasta nuestros días. Todo ello lo han vivido esa decena de impresionantes olmos que Toledo tiene la doble suerte de disfrutar. Y digo doble porque resistieron no solo a todos los avatares históricos, sino porque han sobrevivido también a la devastadora enfermedad de la grafiosis, que desde mediados del siglo XX acabó con buena parte de los olmos autóctonos. Este grupo de ejemplares nos habla de resiliencia, de adaptación a circunstancias tanto climáticas como humanas, y en definitiva, de esperanza por un futuro mejor.
Olmos negrillos del Paseo de la Rosa en Toledo en 1898. Fotografía de un anónimo francés.
Olmos negrillos del Paseo de la Rosa en Toledo en 1898. Fotografía de un anónimo francés.
Fuente de Cabrahigos con su olmeda aneja. Al fondo la estación de ferrocarril. Fotografía de Narciso Clavería a comienzos de 1919
Fuente de Cabrahigos entre 1900 y 1910. Foto de Nahum Sokolow. © Central Zionist Archives / Harvard University, Judaica Division. Widener Library. Harvard College Library, W727805_3
Fuente de Cabrahigos a comienzos del siglo XX. Fotografía de Pedro Román Martínez. Centro de Estudios Juan de Mariana. Diputación de Toledo
Fuente de Cabrahigos y Estación de Ferrocarril de Toledo a comienzos del siglo XX
Fuente de Cabrahigos en Toledo hacia 1880. Fotografía de Casiano Alguacil. Ayuntamiento de Toledo
Fuente de Cabrahigos en Toledo hacia 1880. Fotografía de Casiano Alguacil. Ayuntamiento de Toledo
Paseo de la Rosa en abril de 1917. Fotografía de Francesc Blasi i Vallespinosa   © Centre Excursionista de Catalunya
Paseo de la Rosa hacia 1910 (c) Fondo Rodríguez, JCCM Signatura PA-CAJA3-27
Fotografía estereoscópica del Paseo de la Rosa en Toledo hacia 1934. Donación del Marqués de la Vega Inclán a la Hispanic Society of America
Paseo de la Rosa en 1942, alumnos del Colegio de San Antón. Fotografía de Santos Yubero © Archivo Regional de la Comunidad de Madrid,fondo fotográfico
Fuente en el Paseo de la Rosa de Toledo a comienzos del siglo XX
Paseo de la Rosa, años 20. Foto de Contreras y Vilaseca. Fundación Telefónica signatura R-01870_2
Reposición de algunas marras en el paseo arbolado al comienzo del Paseo de la Rosa y Puente de Alcántara en 1906. Anónimo francés.
Inundación de 1947 en Toledo. Paseo de la Rosa
Siempre que paso a su lado intento valorar y disfrutar su presencia y su sombra, consciente de de que nada, ni siquiera ellos, son eternos. No sabemos si son resistentes a la grafiosis, tal vez solo el azar haya hecho que aún no estén enfermos, como acaba de sucederle a otro viejo compañero en el Parque de Buenavista, que morirá pronto. Por ello es muy importante que surjan proyectos como el de la Fundación Soliss que acaba de finalizar con la plantación de 100 ejemplares resistentes en toda la región, procedentes de una excelente tarea científica del ministerio.
En el caso de estos viejos ejemplares, también sería muy deseable por parte del ayuntamiento su inclusión en un catálogo oficial municipal de árboles singulares, que debería venir acompañado de un plan de educación ambiental que haga que la ciudadanía los conozca, los valore y los proteja.

Nota final: este artículo fue publicado en papel en el número 2 de la revista Castilla-La Mancha Ecológica editada en julio de 2019.

sábado, 6 de julio de 2019

Una joya de fotografía tomada en Toledo por Sem Presser en 1955

Aunque pasó a la historia con el nombre de Sem, su verdadero nombre era Samuel. La vida del genial fotógrafo holandés Sem Presser comenzó el 21 de noviembre de 1917 en la calle Commelinstraat de Ámsterdam, siendo el único hijo de Salomon Alexander Presser y Heintje Peper. Como muchos habréis deducido ya por su nombre, su padre era judío y regentaba un negocio de diamantes, siendo miembro de la Algemene Nederlandse Diamantbewerkers Bond (ANDB), Asociación General de Trabajadores de Diamantes de Holanda. Entre 1923 y 1934, la infancia de Sem Presser se desarrolla educativamente hablando en la escuela Jozef Israës, situada en la calle Manegestraat.
Siendo un adolescente, en 1931 se afilia como miembro de la organización socialista juvenil Arbeiders Jeugd Centrale (AJC), donde se muestra muy activo.
En 1932 gana una cámara fotográfica Agfa en un concurso organizado por el periódico Het Volk, y este hecho cambia para siempre su vida pues con ella toma sus primeras fotos y descubre la que sería su gran pasión y oficio.
En 1934 se convierte en el empleado más joven de la compañía Pfeffer, un almacén de ropa de trabajo, un empleo que le reporta dinero pero que no le satisface tanto como lo hará el siguiente. Así, en 1935 es cuando Sem Presser pasa a ser empleado del servicio de prensa de la agencia Foto Varia con el fotógrafo Sieg Vaz Dias. Su primera publicación data del 8 de julio de 1935, en la que retrató una fila de desempleados haciendo cola que apareció en el influyente periódico Algemeen Handelsblad. En esa época también escribe para De Zondagavond, el periódico dominical de Sieg Vaz Dias.
Cola de parados. Primer trabajo publicado de Sem Presser.
En 1937 abandona Foto Varia y se establece como fotoperiodista independiente en su ático de la calle Pieter Aertszstraat, creando su propia agencia de fotografía a la que llamó Algemeen Nederlandsch Foto Persbureau (ANFP). Entre 1937 y 1940 Sem Presser participa activamente en la recepción y acogida de refugiados judíos procedentes de Alemania, donde ya gobernaba el partido nazi.
El 1 de mayo de 1938 traslada su agencia de fotografía a la calle Paleisstraat 17 comenzando a colaborar con su ex-colega de Foto Varia, Ben van Meerendonk, con el que apenas dura un año como socio.
En 1939 hace su primer viaje al extranjero, desplazándose a Bélgica, donde fotografía la movilización de la sociedad belga ante los convulsos tiempos que entonces se vivían en el panorama político.
En abril de 1940 logró tomar unas fotos exclusivas del general Henri Gerard Winkelman, el comandante supremo de los holandeses por aquel entonces, analizando juntos mapas bélicos con el Príncipe Bernhard en el cuartel general militar en La Haya, siendo publicadas tanto en Het Leven como en el semanario estadounidense Life.
En 1941 tiene que esconderse por persecuciones políticas tras haber participado en la huelga de febrero de ese año, teniendo que proteger su archivo fotográfico con la ayuda de su amigo el editor Ton Weehuizen.
Ya iniciada la II Guerra Mundial, contrae matrimonio con Ruth Paula Schachno, una refugiada germano-judío nacida el 19 de marzo de 1921 en Berlín. Durante 1942, tanto él como su esposa se escondieron en Arnhem, trabajando de manera encubierta con el seudónimo de William Jan Knol. Falsificó tarjetas de identidad, ilustró dos libros infantiles y escribió sobre la guerra. Sem Presser fue arrestado tres veces durante este período. En el otoño de 1944, sus padres son deportados de Westerbork a Auschwitz en uno de los últimos transportes que los nazis hicieron al campo de exterminio, muriendo ambos inmediatamente después de su llegada.
Después de la liberación de Arnhem en abril de 1945, se mudó con el cineasta John Fernhout a Bruselas. Allí fue recibido por las autoridades militares y acreditado como fotógrafo de guerra para ANEFO (Agencia de Fotografía General Holandesa). De este modo, en mayo de 1945 fotografió la llegada de los aliados a Ámsterdam, Haarlem, Utrecht, La Haya y Rotterdam.
En junio de 1945 realizó un reportaje fotográfico en el tristemente célebre campo de concentración de Herzogenbusch-Vught y en verano, encargado por las autoridades militares, tomó una serie de fotografías de delincuentes políticos nazis encarcelados en el que había sido el campo de concentración de Amersfoort.
El nazi Karl Peter Berg durante su encarcelamiento. Fotografía de Sem Presser
A principios de septiembre de 1945, terminó su compromiso con la ANEFO y regresó a la fotografía independiente, volviendo a Holanda instalándose en la calle Kerkstraat 195 de Ámsterdam. Disfrutó de una exitosa carrera distinguida con encargos de alto perfil, como fue el de fotografiar a los inmigrantes holandeses en Australia a petición del gobierno, acompañar a la familia real como fotógrafo exclusivo o escribir una columna semanal en De Telegraaf. Fue galardonado como Oficial de la Orden de Orange-Nassau, privilegio reservado para solo unos pocos. En 1954 se divorció de su esposa y contrajo posteriormente matrimonio con Joke van den Heuvel.
En la posguerra y hasta su muerte desarrolló una impresionante labor fotográfica viajando por todo el mundo, hasta el punto de que hoy en día, Presser es considerado uno de los fotógrafos de prensa más prolíficos y famosos de Holanda. Durante un período de cincuenta años, tomó más de 300.000 fotografías. Su trabajo tiene un marcado tinte social y fue un genio en la captura de personas comunes en su vida cotidiana. Ello no le impidió también retratar a celebridades como Pablo Picasso, Brigitte Bardot, Sophia Loren y otros grandes nombres en el mundo del cine.
De 1948 a 1951 y de 1968 a 1981, Presser fue presidente de NVF (Asociación Holandesa de Fotoperiodistas) y recibió numerosos premios de fotografía, incluida la prestigiosa "Cámara de Plata". Su obra fue expuesta en las ciudades más importantes y fue miembro activo de la Fundación Burafo, la Federación de Fotógrafos, World Press Photo, el Consejo Europhot y formó parte de la Junta de Arte de Ámsterdam. Su extenso archivo está gestionado por Instituto Maria Austria / MAI en Ámsterdam.
Fotografía de Sem Presser
Cada año, World Press Photo invita a un orador prominente a dar la conferencia denominada "Sem Presser" en su honor, que siempre versa sobre un tema de importancia crucial para la fotografía.
Sem Presser murió el 29 de octubre de 1986 en Ámsterdam.
Sem Presser
Bueno, pues una vez hecha la reseña biográfica de uno de los más grandes fotógrafos de la historia holandesa, ha llegado el momento que todos esperáis de enlazar su vida y obra con la ciudad de Toledo. Sem Presser se cruzó con nuestra ciudad en 1955, en un viaje por España que evidentemente tenía parada obligada en Toledo.
Como siempre sucede con las visitas de los fotógrafos más geniales, nos quedamos con la duda de si solo tomó aquí una foto o tendremos la suerte algún día de descubrir toda la serie de imágenes que aquí obtuvo. Lo cierto es que la única foto de aquel viaje a Toledo que Presser divulgó es una auténtica obra de arte. Es puro caviar hecho fotografía. Una gozada para la vista. Un viaje a otra época. Una fotografía al alcance de muy pocos.
La escena, tomada junto a la Droguería Herrera en el número 32 de la calle Ancha, en la acera izquierda según vamos de Zocodover a la Catedral, retrata de manera sublime el momento en que un matrimonio joven formado por un militar y una mujer morena de rasgos clásicos pero bellos, atiende a su pareja de niños pequeños, casi bebés, que parecen ser gemelos. Niño y niña, para ser exactos. ¿Vivirán aún los cuatro protagonistas? ¿Los reconoceréis alguno? ¿Serán ellos mismos los que abran hoy el ordenador y se lleven la sorpresa del año al verse retratados por un grande de la fotografía? Son preguntas que me hago con la ilusión de que tengan una respuesta positiva. Sería precioso cerrar ese círculo, a modo ve viaje de ida y vuelta, iniciado hace casi 65 años por la cámara de Presser, que además aparece autorretratado en el reflejo del cristal del escaparate de la droguería.
Un militar y su mujer con un carrito de gemelos en la calle Ancha. Fotografía de Sem Presser en 1955 © Sem Presser/Maria Austria Institute (Vintage print available Sandvoort Gallery).
Una copia de esta foto, original de la época, de 60 x 50 centímetros está a la venta estos días en la Sandvoort Gallery de Ámsterdam por 3.500 €. Por desgracia, mi economía no me permite este gasto (más bien inversión) pero tal vez alguno de vosotros sí pueda estar interesado.
La visita de Presser a Toledo debió serle muy grata, pues 18 años después volvió a la ciudad para, de nuevo, dejar constancia de su talento. En 1973 obtuvo, ya a color, esta vista de la ciudad con un vendedor de cerámica en burro en primer plano:
Vista de Toledo en 1973 por Sem Presser, con un vendedor de cerámica y su burro © Maria Austria Instituut, Amsterdam

En definitiva, estamos de nuevo ante una muestra más de la fuerza gravitacional que Toledo siempre ha ejercido sobre los fotógrafos más talentosos de la historia. Poder incluir al mítico Sem Presser en la selecta pero extensa lista de genios de la fotografía que han retratado la ciudad, supone para mi una enorme alegría y un acicate inmenso para proseguir en esta búsqueda por cualquier rincón del planeta de fotografías tomadas en nuestra amada Toledo por personas con esta sensibilidad y esta capacidad de atrapar de forma mágica una coordenada del espacio-tiempo en una fotografía.
Autorretrato de Sem Presser en 1950. Maria Austria Instituut









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Maira Gall