Destacado colaborador del Cardenal Cisneros, Fray Francisco nació en Toledo en 1476. Cuentan las crónicas que cuando fue elegido Cisneros provincial de los franciscanos, solicitó algún religioso joven que le acompañara en sus habituales desplazamientos en burro y a pie y que se defendiera bien al escribir para despachar los negocios de la orden. Así, estando Cisneros en el monasterio de San Francisco en Alcalá de Henares encomendó al guardián esta búsqueda. El padre guardián le respondió:
Padre, hace ocho días que hizo aquí en
esta casa profesión un mancebito, de edad de XVII o
XVIII años que es de Toledo, y estuvo en aquella
santa iglesia en el choro por uno de los seyses, muy
bonito de muy linda voz y cantor y de muy gentil
pluma, un Sanctico que creo le contentará a vuestra
reverencia.
Así comenzó una vida plagada de viajes con Cisneros, que solía ir en un burro al que llamaban Benitillo, mientras Fray Francisco Ruiz iba a pie. Él se encargaba de solicitar las limosnas para la alimentación de ambos, y no permitía a Cisneros hacerlo. Al parecer Fray Francisco lo hacía cantando porque tenía muy buena voz.
Fue enviado como evangelizador a América y Las Antillas, pero su salud se resintió y volvió acompañado de algunos indios.
Volvió a ser secretario del entonces ya Cardenal Cisneros, al que acompañó en su entrada en Orán en la célebre batalla, hasta que en 1509 fue designado obispo de Ciudad Rodrigo. Posteriormente accedió al obispado de Ávila, llegando incluso a Roma, donde acompañó al Papa Adriano VI hasta su muerte en 1523. Adriano había sido previamente regente de Castilla durante la Guerra de las Comunidades, designado por Carlos V.
En Italia, concretamente en Génova, fue donde Fray Francisco encargó su majestuoso sepulcro al afamado taller de los Aprile de Carona. El 5 de Junio de 1524 se firmó el contrato entre Fray Francisco, Juan Antonio Aprile y Pedro Ángel de la Scala. En la primavera de 1526 estaba terminado por obra de Antonio Maria Aprile de Carona y su precio fue de 825 ducados. Finalmente fue trasladado a Toledo y se compuso con añadidos de estilo de Alonso de Covarrubias. El magnífico sepulcro tenía la figura del yacente bajo cortinajes sostenidos por ángeles y tres figuras femeninas representando las virtudes.
Fue fotografiado a finales del siglo XIX por Casiano Alguacil principalmente:
Sin embargo, llegó 1936 y en las fatídicas fechas de la contienda civil (concretamente el 24 de julio de 1936) el valiosísimo convento de San Juan de la Penitencia fue incendiado por los izquierdistas más anticlericales y el sepulcro fue presa de las llamas:
La figura yacente de mármol fue expoliada junto con otras piezas y en la actualidad se desconoce su paradero.
Sirva esta entrada al menos de recordatorio de esta maravilla del arte escultórico del siglo XVI en España, que gracias a la fotografía no ha desaparecido del todo.
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Para saber más:
- Descripción del cuadro de Fray Francisco y notas biográficas por Cristina Partearroyo Lacaba