1906
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sábado, 22 de julio de 2017

Toledo en 1906 fotografiado por el químico francés Charles Fournier

En 1906 visitó Toledo el eminente químico francés Charles Fournier, que tres años atrás había patentado junto a Hermann Cuenod por 20 años "un procedimiento perfeccionado relativo á la electrólisis de los cloruros alcalinos con aparato a propósito para realizar este perfeccionamiento", lo que viene a ser lo que conocemos como una pila.
En ese periplo, que comenzó en Madrid, además de tierras castellanas también visitó las ciudades de Algeciras, Alicante, Elche, Cádiz, Córdoba, Gibraltar, Sevilla y Ronda.
En su estancia en España obtuvo al menos 200 fotografías en placas de vidrio y negativos de nitrato de 9 x 12 cm que en 2004 fueron donadas por su compatriota Pierre Morlón al Instituto del Patrimonio Cultural de España (IPCE), que en su excelente labor divulgadora ha digitalizado dichos fondos recientemente para engrosar su espectacular fototeca.
Las imágenes tomadas en Toledo por Fournier son 14 y lo cierto es que poseen bastante belleza, como podréis comprobar a continuación.
Comenzaremos por ver una de las mejores, tomada en la Plaza de Zocodover, que además ha sido la llave para poder datar sin ningún género de dudas las fotografías. La plaza sufrió en 1906 algunos cambios, como por ejemplo fue la sustitución de las viejas acacias por árboles de la especie Catalpa bignonioides, que por aquel entonces estaba comenzando a ponerse de moda en las plantaciones de varios lugares de España. En la fotografía de Fournier aparecen los árboles recién plantados, aún sin hojas y casi sin ramas (tal como debieron venir del vivero) y con protectores de madera en cada tronco. Dicha plantación fue un rotundo fracaso pues es una especie que en Toledo solo a veces funciona, y no permanecieron en la plaza más allá de 1915, menos de 10 años después de ser plantados:
Plaza de Zocodover hacia 1906. Fotografía de Charles Fournier © Fototeca del IPCE, MECD. Signatura MOR-015_P

Otra bella imagen de Fournier fue tomada junto al Hospital de Santa Cruz:
Hospital de Santa Cruz hacia 1906. Fotografía de Charles Fournier © Fototeca del IPCE, MECD. Signatura MOR-014_P

El Claustro de San Juan de los Reyes, visita obligada de todo buen amante del arte que llega a Toledo, aparece en estas estampas:
Claustro de San Juan de los Reyes hacia 1906. Fotografía de Charles Fournier © Fototeca del IPCE, MECD. Signatura MOR-013_P
Clasutro de San Juan de los Reyes hacia 1906. Fotografía de Charles Fournier © Fototeca del IPCE, MECD. Signatura MOR-012_P

Son curiosas las vistas que Fournier obtuvo en el camino que a buen seguro recorrió a pie desde la estación de Ferrocarril hasta el Puente de Alcántara:
Puente de Alcántara y Alcázar hacia 1906. Fotografía de Charles Fournier © Fototeca del IPCE, MECD. Signatura MOR-003_P
Puente de Alcántara y Alcázar hacia 1906. Fotografía de Charles Fournier © Fototeca del IPCE, MECD. Signatura MOR-004_P
Vista del Alcázar y el Paseo del Carmen hacia 1906. Fotografía de Charles Fournier © Fototeca del IPCE, MECD. Signatura MOR-006_P
Torno del Tajo y Turbinas de Vargas hacia 1906. Fotografía de Charles Fournier © Fototeca del IPCE, MECD. Signatura MOR-005_P

En el Puente de Alcántara el galo retrató a esta señora que nos recuerda que eso del calor en Toledo no es nada nuevo, cobijada bajo una sombrilla:
Castillo de San Servando visto desde el Puente de Alcántara hacia 1906. Fotografía de Charles Fournier © Fototeca del IPCE, MECD. Signatura MOR-007_P

Muy bella es esta vista de la Playa de Safont con Tavera al fondo:
Vista de Tavera desde la Playa de Safont hacia 1906. Fotografía de Charles Fournier © Fototeca del IPCE, MECD. Signatura MOR-002_P

Charles Fournier se adentró en la Sinagoga de Santa María la Blanca:
Sinagoga de Santa María la Blanca hacia 1906. Fotografía de Charles Fournier © Fototeca del IPCE, MECD. Signatura MOR-011_P

Es muy bella esta vista desde el extremo del Paseo del Transito, casi en Roca Tarpeya:
Vista del Puente de San Martín desde Roca Tarpeya hacia 1906. Fotografía de Charles Fournier © Fototeca del IPCE, MECD. Signatura MOR-010_P

Aquí vemos el patio del Alcázar:
Patio del Alcázar hacia 1906. Fotografía de Charles Fournier © Fototeca del IPCE, MECD. Signatura MOR-008_P

Para finalizar, esta joya: la vista de la calle Ancha en 1906. A la derecha se ve la tienda de productos químicos (tal vez un guiño de Fournier a su profesión) regentada por Mariano Miedes. Algo más abajo vemos la tienda de Felicidad Peñalver, sombrerería de mujeres y niños, que ocupó un tiempo el local en esquina con la plaza de Solarejo que durante décadas fue más tarde el estudio de fotografía Rodríguez:
Calle Comercio o Ancha hacia 1906. Fotografía de Charles Fournier © Fototeca del IPCE, MECD. Signatura MOR-009_P

Como curiosidad, comentaros que esa señora, doña Felicidad Peñalver, llegó a ser centenaria, lo que motivó que los periódicos de 1968 se hicieran eco de ello:
Felicidad Peñalver cumple 100 años. ABC del 19 de marzo de 1968.

Agradeciendo al IPCE su inmensa labor divulgadora y preservadora del legado fotográfico español, espero que estas 14 imágenes os hayan permitido disfrutar de un viaje en el tiempo al Toledo de hace 111 años.

sábado, 16 de enero de 2016

Un viaje al Toledo de comienzos del siglo XX

En los tiempos actuales, quien más quien menos ha tenido oportunidad de viajar a otra ciudad por motivos turísticos. Dejar plasmado ese viaje como recuerdo imborrable en forma de fotografías es y será uno de los mayores placeres del hecho de conocer lugares nuevos. Hoy en día, con las cámaras digitales, todos podemos realizar cuantas fotografías nos venga en gana -o hasta que se agote la batería o la capacidad de la memoria del dispositivo- pero hasta no hace tanto, todos recordamos que, con las cámaras de carrete de película, había que economizar y disparar con prudencia...aunque la duda sobre si al revelar las imágenes éstas serían aceptables en ocasiones nos hacía tomar alguna foto de más.
Pero, ¿cómo afrontaban los primeros turistas este reto de dejar constancia fotográfica de su visita? No olvidemos que en aquellos primeros casos, las cámaras eras muy diferentes de las que hoy conocemos y el número de fotografías que se podían tomar mientras se disfrutaba de una visita era bastante limitado.
Para resolver esta duda del modo más visual posible, hoy os traigo dos reportajes realizados por turistas franceses en Toledo nada menos que en 1906 y en 1909 que recientemente he recopilado.
Comenzaremos por el grupo de fotografías tomadas en 1906 por una familia adinerada francesa en nuestra ciudad. Como a nosotros nos ocurre en la actualidad, el fotógrafo hizo un esfuerzo por capturar una mezcla de belleza -monumentos, paisajes...- con curiosidades que le llamaran la atención. Una de estas curiosidades quedó plasmada en esta soberbia fotografía de unas vacas en la preciosa calle de Santa Fe, tomada desde las inmediaciones del Arco de la Sangre, con la inconfundible vista del Convento de Santa Fe al fondo, donde hoy se sitúa el bar El Trébol:
Calle de Santa Fe en 1906. Anónimo francés.

Curioso debía también resultar ver el estado de abandono de algunos monumentos. Sin ir más lejos, este era el deplorable estado del patio del Hospital de Santa Cruz en 1906:
Hospital de Santa Cruz en 1906. Anónimo francés.

En nuestros días, una de nuestras prioridades es dejar constancia de nuestra presencia en alguna de las fotografías para que quien las vea lo pueda comprobar. En 1906 ya lo tenía claro este fotógrafo que inmortalizó al grupo de personas que le acompañaba en las inmediaciones del Puente de Alcántara en estas dos deliciosas e impagables fotografías:
Puente de Alcántara en 1906. Anónimo francés.
Comienzo del Paseo de la Rosa y Puente de Alcántara en 1906. Anónimo francés.

Cuando viajamos, evidentemente, no podemos evitar fotografiar los paisajes y monumentos que más llaman nuestra atención. Y está claro que Toledo enamoró al fotógrafo viajero que en 1906 no pudo dejar de retratar la vista desde el Valle, el por entonces limpio y caudaloso Tajo y los puentes que lo cruzan:
Vista general de Toledo en 1906. Anónimo francés.
Río Tajo en Toledo en 1906. Anónimo francés.
Puente de San Martín en 1906. Anónimo francés.
Río Tajo y Puente de San Martín desde Roca Tarpeya en 1906. Anónimo francés.
Puente de Alcántara en 1906. Anónimo francés.

En el corazón de Castilla, como es Toledo, el fotógrafo no dejó pasar la oportunidad de retratar uno de esos símbolos que dan el nombre a nuestra tierra: los castillos. En este caso, el legendario Castillo de San Servando:
Castillo de San Servando y Puente de Alcántara en 1906. Anónimo francés.

Para un francés, cuyo país fue la cuna del arte gótico, debía ser impresionante ver joyas arquitectónicas de este estilo tan lejos de su tierra. El claustro de San Juan de los Reyes era un buen ejemplo para mostrar en casa a su regreso...
Claustro de San Juan de los Reyes en 1906. Anónimo francés.

Pasemos ahora al viaje que también unos franceses realizaron a Toledo en 1909. De nuevo, las vistas generales de la ciudad asombraron al portador de la cámara:
Toledo hacia 1909
Toledo hacia 1909
Toledo hacia 1909
Catedral de Toledo hacia 1909

El Puente de San Martín, que encandila siempre a quien por primera vez lo admira...
Puente de San Martín en Toledo hacia 1909
Puente y Puerta de San Martín en Toledo hacia 1909

El Puente de Alcántara, que por entonces veía crecer alguna higuera entre sus sillares (siempre me ha sorprendido esta capacidad de las higueras para germinar y prosperar entre los sillares de los monumentos toledanos en los puntos más inverosímiles...):
Puente de Alcántara en Toledo hacia 1909

Tres años después del anterior reportaje, el estado del Hospital de Santa Cruz no era en absoluto mejor:
Hospital de Santa Cruz en Toledo hacia 1909
Hospital de Santa Cruz en Toledo hacia 1909
Hospital de Santa Cruz en Toledo hacia 1909

La Plaza del Ayuntamiento, la Catedral...¡cómo no iban a llamar la atención de los primeros turistas!
Plaza del Ayuntamiento y Catedral deToledo hacia 1909
Puerta de los Leones de la Catedral de Toledo hacia 1909

Por supuesto, el río Tajo siempre era motivo de admiración de cuantos venían:
Molinos de Santa Ana en Toledo hacia 1909
Turbinas de Vargas y Molinos de San Servando en Toledo hacia 1909

Los patios y claustros de los principales monumentos, eran parada obligada:
Patio del Alcázar de Toledo hacia 1909
Patio del Alcázar de Toledo hacia 1909
Claustro de San Juan de los Reyes en Toledo hacia 1909

Un hecho muy curioso es que este turista fotografiase en sentido inverso al habitual el aspecto de la calle de Santo Tomé. El 99,9% de las estampas de esta calle muestran la torre de la iglesia, pero sin embargo él nos dejó esta joya que permite ver los restos del colegio de San Bernardino y la confitería de Santo Tomé:
Calle de Santo Tomé en Toledo hacia 1909

¿Quién no ha tomado una foto desenfocada, descentrada o con un objeto delante? En 1909 ya les pasaba...
Puente de San Martín enToledo hacia 1909

Esta es una de las más bellas fotografías del Arco de la Sangre que jamás he visto. A la izquierda, como una aparición, la imponente y sobria presencia del muro de la desaparecida y renombrada Posada de la Sangre:
Arco de la Sangre en Toledo hacia 1909

La Puerta del Sol, con su impecable estilo mudéjar:
Puerta del Sol en Toledo hacia 1909

Para finalizar, esta curiosa foto. ¿Quién se aventura a adivinar dónde está tomada? Muchas gracias por vuestra colaboración de antemano:
Toledo hacia 1909

Esperando que os haya gustado esta curiosa entrada os animo a tomar y conservar fotografías de todos vuestros viajes...¡con el tiempo pueden ser joyas muy valoradas!

sábado, 22 de noviembre de 2014

1906: Joaquín Sorolla inmortaliza en Toledo el alma de Castilla

En este curioso país llamado España, las denominadas "realidades históricas" suelen enarbolarse más para dividir que para cultivar un sano patriotismo basado en la riquísima diversidad de las tierras que lo conforman. Sin embargo, una de sus realidades históricas más notables e indiscutibles languidece hecha jirones, dividida en cinco o seis pedazos, menospreciada y casi olvidada por sus propios habitantes. Me estoy refiriendo a Castilla. Sí, Castilla, sin más. La muy discutible división territorial de la última transición y el taifismo imperante en la gestión de las comunidades autónomas hace que estas porciones de Castilla vivan a menudo ignorándose unas a otras pese a los históricos lazos que las unen y que -le pese a quien le pese- las seguirán uniendo en el futuro.
No fue sin embargo así en un pasado aún reciente: Castilla fue para los miembros de la Generación del 98 una de sus mayores fuentes de inspiración. De este modo Castilla formó parte esencial de la obra de genios de la literatura como Antonio Machado, Azorín, Pío Baroja, Miguel de Unamuno, Blasco Ibáñez o Jacinto Benavente.
La influencia de este grupo de intelectuales llegó a otros campos como por ejemplo la pintura. En aquellos años, uno de los pintores más destacados del panorama nacional era el valenciano Joaquín Sorolla y Bastida.
Sorolla en la Playa de la Malvarrosa
Aunque sus relaciones con los miembros de la Generación del 98 no fueron siempre idílicas -especialmente por las diferencias entre los temas abordados en sus cuadros y las ideas regeneracionistas de los miembres de este grupo, más interesados en abordar los graves problemas del país- Sorolla entabló amistad con varios de ellos como Blasco Ibáñez (también valenciano) o Azorín, y retrató a muchos de sus miembros y simpatizantes.
Estas influencias mutuas hicieron que Sorolla también comenzara a mostrar gran interés por Castilla, especialmente animado por otros pintores como Aureliano de Beruete -que pintaba asíduamente en Segovia y en Toledo-. De este modo Sorolla, hasta entonces básicamente interesado como buen valenciano en exteriores ligados al mar, comenzó a enamorarse del paisaje y el paisanaje castellano, siendo capaz como pocos de atrapar su esencia en trabajos desarrollados no solo en Toledo sino en Segovia, Ávila, Burgos y otras muchas localidades castellanas.
Se sabe por una carta enviada por Sorolla a su mujer Clotilde que ya estaba en Toledo el día 21 de octubre de 1906, acompañado por Beruete, que siempre venía a Toledo a pintar en otoño y se alojaba (¡cómo no!) en el Gran Hotel de Castilla (comúnmente conocido como Hotel Castilla) de la toledana plaza de San Agustín. La impresión que causó Toledo en Sorolla debió ser inmensa, pues en su corta estancia hasta el 4 de noviembre pintó nada menos que veinte lienzos y bocetos. Como muestra de su idilio con la ciudad sirvan estas palabras del pintor en la carta a su esposa:

«Este pueblo, instalado una larga temporada, podría ser muy importante para el arte español, modestias aparte. Aquí, y no en Madrid, deberíamos vivir los que nos dedicamos a la pintura, pues nada hay en Italia y Bélgica que lo iguale; hoy mismo he visto el hospital o la iglesia de Santa Cruz, y me he quedado con la boca abierta. ¡Cuánta hermosura! ¿Qué sería de este pueblo en tiempos de Carlos V? En fin, no hay sino deplorar la incuria y la miseria de España (...). Todo desaparecerá, pues lo absorbe todo Madrid, y esto es albergue de cadetes, curas y de pobres que no dejan de andar por las calles.
(...) Es una poesía la que hay en Toledo, un misterio tan profundo, que sin esfuerzo vives en pleno siglo XVI.»


De esta primera visita de Sorolla a Toledo se conservan en el Museo Sorolla varias fotografías en las que aparece el pintor con su mujer e hijos mientras pintaba alguna de sus obras maestras. Constituyen documentos históricos de enorme valor no ya solo por su antigüedad sino por permitir ver al pintor desarrollando su labor creativa en aquellos intensos días en lugares perfectamente identificables por los que hoy pasamos a diario.
De todas las fotografías es probable que la más simbólica sea en la que aparece el pintor con su mujer e hijas -puede que el fotógrafo fuese su hijo Joaquín- pintando nada menos que su célebre "El ciego de Toledo" hoy propiedad del Meadows Museum en EE.UU. y que se expone estos días en la estupenda exposición de la Fundación Mapfre. Como se puede apreciar con claridad, Sorolla pintó el cuadro en la Bajada de Doce Cantos:
Joaquín Sorolla en Toledo en el otoño de 1906. Álbum familiar © Museo Sorolla, MECD
Sorolla, Joaquín. 1906. El ciego de Toledo. Óleo sobre lienzo, 62 x 93cm. Dallas . Meadows Museum

Otra estupenda fotografía es esta en la que vemos al matrimonio Sorolla junto al Puente de San Martín con San Juan de los Reyes al fondo:
Joaquín Sorolla en Toledo en el otoño de 1906. Álbum familiar © Museo Sorolla, MECD

También es sensacional esta otra en la que el pintor se sitúa pegado a los muros del Castillo de San Servando...¡cuánta historia en una sola foto!
Joaquín Sorolla en Toledo en el otoño de 1906. Álbum familiar © Museo Sorolla, MECD

Preciosa es también esta toma de su familia junto al entonces limpio Tajo -otra de las vejaciones que sufre Castilla en nuestros días- muy cerca de los restos de lo que fue el Artificio de Juanelo:
La familia de Joaquín Sorolla en Toledo en el otoño de 1906. Álbum familiar © Museo Sorolla, MECD

Esta fotografía está tomada desde el Paseo del Carmen y probablemente aparece en ella Joaquín Sorolla hijo:
Joaquín Sorolla en Toledo en el otoño de 1906. Álbum familiar © Museo Sorolla, MECD

No fue la última vez que Sorolla vino a la ciudad, sino que a esta visita le siguieron varias más hasta al menos 1913. De su talento a la hora de retratar los paisajes españoles tuvo noticia Archer M. Huntington, fundador de la Hispanic Society of America, que le encomendó en noviembre de 1911 la colección "Visión de España", en el que destaca "Castilla: La Fiesta del Pan", un soberbio mural de 3,51 metros de altura por 13,92 metros de ancho en el que a modo de alegoría figuran los habitantes de las comarcas castellanas y en el que son perfectamente identificables como fondo las ciudades de Toledo y de Ávila.
Castilla. La Fiesta del Pan. Pintado por Joaquín Sorolla en 1913 para la Hispanic Society

Con el deseo de que os hayan gustado estos documentos históricos solo me queda animaros a visitar la mencionada exposición de la Fundación Mapfre "Sorolla y Estados Unidos", abierta hasta el 15 de enero de 2015.

Para saber más:

- Los cuadros de Toledo pintados por Sorolla (entrada del blog Siempre Contigo).
- Cartas de Aureliano de Beruete a Joaquín Sorolla.
- Exposición Sorolla y Castilla.

Vista de la calle Recoletos pintada por Sorolla desde el Hotel Castilla:
"Una calle de  Toledo", obra de Joaquín Sorolla. Pintado desde el Hotel Castilla, donde se alojaba. La que se ve es la calle Recoletos. Otoño de 1906.
© TOLEDO OLVIDADO
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