Es una cita que me encanta porque resume muy bien mi concepción de la tarea investigadora: nunca un estudio es el definitivo, nunca un libro es perfecto, nunca se termina de conocer una temática...y en lo que respecta a la fotografía histórica de Toledo, jamás se terminará de descubrir todas sus joyas.
La misma noche que el libro fue enviado a imprenta, el genial fotógrafo francés Jean Paul Margnac (1936) subió a su cuenta de Flickr una perla realmente impresionante tomada en la calle de Santo Tomé en 1955 cuando él solo contaba con 19 años. Jean Paul, que sigue en activo recorriendo el mundo con su cámara, está digitalizando su archivo y en él destacan las imágenes tomadas con la mítica película Kodachrome, que fue la primera película a color utilizada por el gran público y que desbancó a la primitiva técnica del autocromo. Los colores que esta película captaba son muy característicos y permitía tomar imágenes de gran belleza.
Aquella noche me alegré más que nunca de haber escogido esa cita de Séneca: mi segundo libro, aún sin imprimir, ya estaba incompleto por más que me había esforzado en hacer una obra lo más definitiva posible. Eso es lo más bello de esta apasionante afición: nunca terminas. Aunque pueda parecer desasosegante emprender tareas que nunca finalizan en realidad es una lección de vida: lo mejor de un viaje no es el destino, es el camino.
La foto de la que os hablo es sencillamente magistral, de una belleza casi indescriptible. Corría el verano de 1955 y la calle de Santo Tomé -tan especial y querida para mí y para mi familia- era una de las arterias con más vida de Toledo. Un vendedor de melones y sandías sestea en su puesto a la sombra de los frondosos arces negundos. Su romana utilizada para pesar la mercancía permanece inmóvil junto a un humilde puesto de helados en el que su dueña se seca el sudor de la frente con la mano. Un muchacho la mira. A su lado, tras la fuente, dos hombres conversan de espaldas al fotógrafo. Al fondo, tres personas completan la escena paseando frente a los comercios allí existentes por entonces: "La Pilarica" y Damasquinados Mari Paz. El color amarillo de los melones contrasta con el verde de los arces, mientras el brillo de los adoquines es el reflejo de una preciosa luz. Una estampa que parece un poster, un cuadro, casi irreal. Perfecta.
Solo un genio es capaz de tomar esa imagen con 19 años. Jean Paul lo es, y así lo ha demostrado toda su vida. Volvió a Toledo tres años después, y volvió a dormir en su tienda de campaña a la orilla del Tajo como ya hiciera en 1955. Nos dejó para el recuerdo la evolución del mismo lugar durante aquellos tres años, destacando el lento avance de la reconstrucción del Alcázar:
Con mi infinito agradecimiento a Jean Paul Margnac por su generosidad al compartir estas fotografías, espero que estas joyas os hayan hecho disfrutar tanto como a mí.