Debe su nombre a una bonita y antigua leyenda que tuvo lugar entre los riscos que jalonan este arroyo temporal (suele secarse en verano) que ofrece imágenes bucólicas en los años lluviosos por las pequeñas cascadas que se forman al caer su corriente por las grandes pendientes rocosas que le llevan a su desembocadura en el padre Tajo, justo en la ciudad de Toledo al lado del Cerro del Bú.
Las imágenes más antiguas que se tomaron en este paraje datan del siglo XIX. Tanto Casiano Alguacil como Alfred Dismorr y Jean Andrieu debieron jugarse el tipo descendiendo con sus aparatosas cámaras decimonónicas por las rocas que llevan al arroyo mucho antes de que se contruyera la carretera que hoy permite un fácil acceso al barranco. Su esfuerzo mereció la pena pues nos legaron preciosas fotografías en las que asoma el Alcázar en lo alto del peñasco toledano (pinchar para ampliar cada imagen):
La primera imagen conocida a color del paraje es este autocromo anónimo francés tomado hacia 1915:
El arroyo es cruzado hoy día por la carretera de circunvalación que se dirige a la Ermita del Valle y era una de las pocas salidas hacia el sur que tenía la ciudad, por lo que decidió construirse un puente que cruzara el arroyo. Tenía tres ojos y fue finalizado hacia 1935. El gran Pedro Román fotografió el inicio de su construcción:
No era un puente espectacularmente bonito pero no desentonaba demasiado en el paisaje toledano:



Sin embargo, cuando el puente aún no había cumplido los cuarenta años de servicio, se derrumbó de buenas a primeras en un frío día de enero de 1973 -concretamente el día 22- tras pasar por él un autobús. Afortunadamente nadie sufrió daño alguno:

Esto suponía un enorme problema para la movilidad en una época en la que empezaba a ser masivo el uso del vehículo privado. Hay que recordar que en 1973 los únicos puentes por los que circulaban coches en Toledo eran el Puente medieval de San Martín, el Puente nuevo de Alcántara y éste derrumbado sobre el Arroyo de la Degollada.
Por ello, en sólo dieciseis días se improvisó un vial que descendía por la ladera hacia el arroyo y lo cuzaba en curva sobre un pedraplén con un pequeño caño que dejaba circular el agua. Este vial, hoy muerto, puede aún verse junto al actual puente.
La construcción del nuevo puente, efectuada al año siguiente, se vio envuelta en la polémica pues muchas voces consideraban prioritario acelerar la construcción del Puente de la Cava, aquejada por entonces de problemas económicos y técnicos que habían paralizado la obra con el puente a medio construir. Finalmente, el nuevo puente de la Degollada fue concluido antes que el de la Cava en un tiempo récord. Costó 24 millones de pesetas y consta de un sólo vano por el que es habitual observar haciendo puenting a aficionados a este deporte. Este es el aspecto del puente actualmente:
No quisiera terminar la entrada sin llamaros la atención sobre la positiva evolución ambiental de la vegetación de esta zona de Toledo. Si en el siglo XIX y principios del XX era casi un paisaje lunar carente de arbolado casi en su totalidad, hoy en día las manchas de encinar y vegetación de ribera, así como de otras especies, están en franca progresión como puede verse en esta comparativa tomada desde el mismo lugar en la desembocadura del arroyo y separadas por cien años:
El Puente sobre el Arroyo de la Degollada en Google Maps:
Ver Toledo Olvidado en un mapa más grande