De origen claramente islámico medieval, estos corrales eran viviendas agrupadas en torno a un espacio común y aisladas del exterior por una puerta. El caso que nos ocupa era conocido hacia 1200 como Plaza de los Cambistas, lo que parece localizar aquí la alcaicería de Toledo.
El 22 de julio del año 1467, todo el barrio ardió en las refriegas entre los partidarios del Conde de Cifuentes y los del de Fuensalida, relacionadas con el enfrentamiento entre Enrique IV y su medio hermano el Infante Alfonso, y que provocaron, entre otras cosas, la rocambolesca pero preciosa historia de la salida hacia Tombuctú (Mali) de una importante biblioteca andalusí toledana.
A nuestros días ha llegado de este corral medieval un precioso dintel con decoración vegetal gótica sobre la entrada que da acceso al Corral de Don Diego, así como el precioso Salón de Don Diego, situado en el interior y que está siendo restaurado, y que esperemos sea pronto visitable junto a la nueva calle proyectada que unirá el corral con la Cuesta de la Mona (y permitirá acceder al Teatro de Rojas sin pasar por la calle Tornerías).
Os pongo a continuación las imágenes antiguas que nos han llegado del Corral de Don Diego:
Aquí tenéis las del Salón de Don Diego:
Pero no acaban aquí los enormes atractivos de este coqueto rincón toledano, sino que, muy al contrario, este lugar guarda justo a la derecha de la entrada al corral uno de los mayores tesoros gastronómicos de la ciudad: el Bar Ludeña. Se trata nada menos que del lugar donde se crearon las ya míticas carcamusas toledanas, uno de los platos más famosos de la cocina local consistente en un guiso de magro de cerdo, chorizo, guisantes y un toque de picante, ideado por Don José Ludeña a mediados del siglo XX. Dicen que este plato tomó su nombre de carcamusas a partir de un curioso juego de palabras, pues el bar era frecuentado por clientes masculinos de cierta edad (los carcas) y por algunas señoritas más jóvenes, que ellos consideraban sus musas. El guiso de Don José era del gusto de ambos colectivos, por lo que en honor a ellos se denominó carca-musas.
Como curiosidad final, deciros que la Plaza de la Magdalena, hacia la que mira el Corral de Don Diego, no siempre tuvo la amplitud actual, sino que la extensión de la plaza se vio incrementada por la destrucción de las viviendas del centro de la plaza durante la Guerra Civil, como podréis ver en estas imágenes:
Estas fotos se tomaron desde el lado de enfrente y se vislumbra el Corral de Don Diego al fondo bajo la torre de la Catedral:
Esas viviendas delimitaban dos plazuelas en el espacio que hoy ocupa la Plaza de la Magdalena, que se conectaban por un callejón estrecho que se comunicaba con la calle Sierpe, junto a la antigua tienda de Bahamontes. Este es el callejón en 1936:
Esperemos que las las reformas urbanas del futuro no tengan nunca más un origen bélico, y que sigamos muchos años disfrutando del Bar Ludeña y de sus carcamusas.
El Corral de Don Diego y su Salón anejo en Google Maps:
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