Paul Almásy nació en Budapest el 29 de mayo de 1906 y murió en Jouars-Pontchartrain (Francia) el 23 de septiembre de 2003. En 1924 comenzó estudios en ciencias políticas en Austria y Alemania con el fin de prepararse para la carrera diplomática. Sin embargo, el periodismo llamó su atención y en 1925 aceptó un trabajo de corresponsal en Marruecos. Toma fotografías de un modo privado para ilustrar sus propios artículos hasta que en 1929 viaja a Sudamérica y realiza el que se puede considerar su primer reportaje fotográfico por encargo, sobre una industria de São Paulo. Comenzó a colaborar con diversas publicaciones, como por ejemplo Berliner Illustrierte.

En 1938 se trasladó a vivir a Francia, trabajando durante la II Guerra Mundial como corresponsal de la prensa suiza en este país. Fue miembro fundador del grupo fotográfico Gens d'Images que promueve anualmente los prestigiosos premios Niépce, Nadar y Arcimboldo. Desde 1952 colaboró con organismos internacionales como la UNESCO, UNICEF, la FAO o la OMS, viajando por todo el mundo. Fueron muy aclamados sus reportajes sobre el problema racial en Sudáfrica en 1953, el problema de las drogas en Asia, la vida de los esquimales o sobre la Tierra de Fuego en 1962. Tal fue su capacidad viajera, que a lo largo de su vida visitó todos los países del orbe excepto Mongolia. En 1956 se nacionalizó francés y desde 1973 fue profesor de fotoperiodismo. En 1978 fue reconocido como Maestro de la Fotografía por el Consejo Europeo de Fotógrafos Profesionales.

Su obra ha sido objeto de numerosas retrospectivas en Francia, Alemania, Suiza y Holanda.


Toledo tuvo el honor de ser visitada por Paul Almásy al menos dos veces: durante la Semana Santa de 1949 y en otra semana de pascua algo posterior a 1954 (en algunas imágenes se ve el Palacio Arzobispal ya restaurado, obra realizada en 1954). Durante ambas visitas, el húngaro obtuvo una serie de fotografías de la ciudad solo al alcance de un genio. Poneos cómodos y disfrutad.
Comenzaremos por ver las más bellas de todas, en mi opinión. El mejor resumen fotográfico de la vida de Toledo durante un día festivo a mediados del siglo XX: la Plaza de las Cuatro Calles atestada de gente en dos instantáneas casi consecutivas. Cada uno de vosotros se fijará en un detalle diferente. A cada uno de vosotros le traerá un recuerdo distinto. Pero estoy seguro de que todos coincidiréis conmigo en que se trata de dos obras de arte:


Como os decía, Almásy estuvo en Toledo durante la Semana Santa. El Domingo de Ramos de su visita algo posterior a 1954 inmortalizó la procesión que recorre la ciudad en esta impagable serie de imágenes:





Almásy no se pudo resistir a fotografiar el Puente de San Martín. El Tajo circulaba con un enorme caudal, impensable en nuestros días de ignominia y humillaciones diarias al río:

Aún quedaban unos pocos años para que fuera derribada la Puerta de San Martín, que se situaba muy cerca del Puente, demolida en 1967:

Es una auténtica delicia el viaje en el tiempo que supone esta fotografía de la Plaza del Ayuntamiento en 1949 (observad el Palacio Arzobispal aún enfoscado y con sus torrecillas superiores sin demoler). Uno se quedaría horas admirándola, ¿verdad?

Esta otra vista de la plaza tampoco se queda corta en cuanto a belleza:

Tomada casi desde el ángulo inverso a la anterior, tenemos esta otra joya:

Allí, en la misma plaza, en un momento dado, Almásy miró hacia arriba y se dijo: "esta torre bien merece una fotografía propia":

Si antes hemos visto el Puente de San Martín, ahora es el turno del Puente de Alcántara. Al fondo aparece el Castillo de San Servando recién restaurado:

Paul Almásy tomó esta maravilla de fotografía de la Puerta de Bisagra. Probablemente, hasta él desconocía que este monumento se había desmoronado en su flanco derecho solo tres años antes. La restauración fue casi inmediata. Pongo primero la imagen de Almásy en 1949 y luego la del derrumbe en 1946:


Los que me conocéis sabéis de mi debilidad por el árbol toledano por antonomasia, el almez, y más en concreto por el existente en la Ermita del Valle. Junto a él creció durante muchas décadas un hermano de notable porte. Hoy solo se conserva el de la izquierda de la imagen, y a la vista de la nefasta poda a la que habían sido sometidos (tan habitual en esta Castilla nuestra) quién sabe si su muerte se debió a las heridas de esta operación:

Para finalizar, vamos a ver la vista general que obtuvo Almásy desde el Valle. Para un verdadero maestro a la hora de encontrar la belleza y la alegría, no es nada raro que la imagen se corte justo antes de mostrar el Alcázar (por entonces aún ruinoso tras el asedio de 1936), pues su presencia sin duda le hubiera dado a la estampa un tono mucho menos alegre:

Hasta aquí este viaje al Toledo de mitad del siglo XX de la mano de este genio de la fotografía. Creo que me reconoceréis que ha merecido la pena encontrar un rato tranquilo para poder degustar estas imágenes, ¿verdad?