miércoles, 15 de junio de 2022

El Corpus de 1956 a todo color fotografiado por Verdugo

Tres años de espera bien merecen que la ciudad de Toledo se vuelque con su fiesta grande del Corpus Christi, desafiando al calor que en este 2022 protagonizará la semana más colorida de nuestra ciudad.
Desde junio de 2019 en que desfiló por última vez todo el cortejo por nuestras calles, con la Custodia de Arfe como gran protagonista, los toledanos hemos sufrido tres duros años sin esta manifestación colectiva de orgullo cívico que trasciende de lo meramente religioso para convertirse en una masiva demostración de amor por nuestra ciudad. Hemos superado la durísima pandemia que se llevó a cientos de toledanos, algunos de ellos profundos conocedores y amantes del Corpus, y hemos dejado atrás un trienio sin el colorido que transforma nuestra ciudad por unos días. Por ello, este Corpus de 2022 va a ser muy especial.
Esa es la razón por la que me quiero unir a la celebración del regreso de nuestra gran fiesta con la que es una de las primeras muestras a color del Corpus de Toledo en forma de reportaje publicado en 1957. Se conservan imágenes anteriores a color, como por ejemplo alguna bellísima tomada por José Ortiz Echagüe, pero en formato reportaje con varias fotografias la verdad es que a mi no me consta que existan precedentes anteriores al que realizó el genial Antonio Verdugo (o tal vez su hijo Enrique) para la revista Blanco y Negro.
Por ello, con la alegría que el color siempre transmite, especialmente importante al retratar fiestas tan espectaculermente vistosas como es el Corpus toledano, hoy quiero celebrar el regreso de la gran procesión con este grupo de fotografías.
Es necesario, antes de nada, introducir la biografía del autor de las imágenes, que no es otro que el madrileño Antonio Verdugo o bien su hijo Enrique. Y qué mejor manera de hacerlo que transcribir íntegramente la reseña que mi buen amigo y colaborador abulense José Luis Pajares le dedicó a Antonio hace unos años en su imprescindible proyecto avilas.es:
Antonio Verdugo Sánchez (1908-1986) era uno de los reporteros españoles más conocidos de su época, entre los años treinta y sesenta del pasado siglo. Fundador del diario Pueblo, miembro fundador de la agencia gráfica Cifra, fue uno de los jefes del Departamento de Fotografía del Ministerio de Información y Turismo. Esa estrecha relación con el gobierno del Régimen hizo que recibiese numerosos encargos para documentar reportajes periodísticos sobre Franco, siendo también uno de los encargados de cubrir oficialmente sus audiencias.
Aunque nacido en Madrid, pasó su infancia y adolescencia en Navalperal de Pinares, localidad de donde procedía toda su familia. Años después volvería a fijar su residencia en Madrid, en la Calle Lagasca nº 32, donde tenía también su estudio. El mayor de sus hijos, Enrique, siguió regentando ese mismo gabinete durante los años 70 y 80, continuando el trabajó del padre en la Dirección General de Turismo y el Diario Pueblo, realizando además algunas series de tarjetas postales. El menor de los hermanos, Juan, trabajó como cámara de Televisión Española, colaborando en muchas ocasiones con Miguel de la Cuadra Salcedo.
Dado su cargo, Verdugo participó en la elaboración de publicaciones para la Dirección General de Turismo.
También cabe la posibilidad de que fuese su hijo Enrique el autor de las imágenes. Enrique trabajó principalmente en diario Pueblo fundado por su padre.
Las imágenes que hoy os traigo fueron publicadas, como os decía, en 1957 en la revista Blanco y Negro para promocionar la fiesta, por lo que las mismas debieron tomarse antes de ese año. Concretamente, entre 1953 y 1956, pues la aparece la fachada de la catedral sin la verja principal (desmontada en 1953 y repuesta en 1985). Lo más probable es que las fotos fueran tomadas en el año 1956 con la intención de ser publicadas en la citada revista al año siguiente.
Esta es la imagen con la que se da comienzo al reportaje, en la que vemos la colorida multitud que rodeaba a la custodia el la plaza del Ayuntamiento junto a la catedral:
Procesión del Corpus Christi de Toledo en los años 50. Reportaje publicado en 1957 en Blanco y Negro con fotos de Verdugo. Los maravillosos colores de los mantones de Manila que colgaban de los balcones situados enfrente de la Puerta Llana, así como el fulgor dorado de la Custodia de Arfe, aparecen así de nítidos en esta imagen de Verdugo:
Procesión del Corpus Christi de Toledo en los años 50. Reportaje publicado en 1957 en Blanco y Negro con fotos de Verdugo. En esta otra vista es inevitable rendirse ante la maestría del fotógrafo a la hora de inmortalizar a todo color el ambiente y la decoración de las calles, con las guirnaldas de boj, los toldos, las flores con el nombre "Corpus Christi" formado por apretados claveles y los toledanos en ventanas y miradores:
Procesión del Corpus Christi de Toledo en los años 50. Reportaje publicado en 1957 en Blanco y Negro con fotos de Verdugo. Los danzantes provenientes de Méntrida eran todo un clásico en aquellos años. Aquí los vemos en la plaza del Ayuntamiento:
Procesión del Corpus Christi de Toledo en los años 50. Reportaje publicado en 1957 en Blanco y Negro con fotos de Verdugo. Los tapices flamencos que cuelgan de los muros de la catedral ese día, aparecen aquí en una de sus primeras fotografías a color:
Procesión del Corpus Christi de Toledo en los años 50. Reportaje publicado en 1957 en Blanco y Negro con fotos de Verdugo. Esperando que os haya gustado este pionero reportaje a color del Corpus, os dejo con la mencionada imagen suelta de Ortiz Echagüe que, hasta la fecha, es la imagen a color más antigua que se conserva (que yo conozca) de nuestra fiesta grande. Sabemos que es anterior a 1953 porque aún aparece la verja de la catedral. ¡Feliz Corpus 2022 a todos!
Procesión del Corpus por Ortiz Echagüe.

domingo, 22 de mayo de 2022

Toledo en 1907 fotografiado por F. Bardon

Corría el mes de septiembre del año 1907 cuando el francés F. Bardon visitó Toledo dentro un periplo que le había de llevar a varias ciudades españolas más como San Sebastián, Fuenterrabía, Pamplona, Segovia, Burgos y Valladolid. Sabemos poco sobre este autor, más allá de su nacionalidad y de la suposición (que queda en evidencia a través de las fotografías) de que se trataba de una persona de posición acomodada y que viajaba en grupo con amigos, todos ellos aficionados a la fotografía.
Las imágenes que Bardon obtuvo en Toledo en 1907 las he adquirido recientemente en una subasta complicadilla, pero el esfuerzo ha merecido la pena, como vais a poder comprobar.
La principal aportación de esta nueva serie de fotografías de un autor hasta ahora inexplorado, más allá de la antigüedad de las imágenes, es la constatación gráfica de la celebración de una de las primeras "excursiones fotográficas" que se conocen en Toledo, pues hasta la fecha no teníamos demasiados registros tan tempranos de personas tomando imágenes en grupo. Estamos, por tanto, ante unos auténticos adelantados a su tiempo. Pioneros de este tipo de excursionismo, inicialmente solo al alcance de unos pocos privilegiados, a los que podemos admirar en poses que, si no fuera por sus ropajes y aparatos, podrían ser las de cualquier fotógrafo de los que hoy visita nuestra ciudad con sus colegas o amigos.
Además, F. Bardon debía ser un fotógrafo con inquietudes innovadoras, como demuestra el hecho de atreverse a tomar fotos panorámicas divididas en varias tomas que artesanalmente él mismo componía en Francia una vez reveladas, demostrando también en este aspecto ser alguien que intentaba ir más allá, pese a que probablemente no fuera un profesional de la fotografía sino un acaudalado burgués que fotografiaba por placer en sus viajes por el mundo.
Vamos a comenzar por ver una de una estas panorámicas, en la que se aprecia a la perfección lo que os comentaba y además nos permite ver a algunos de sus colegas en plena acción retratando desde los peñascos del Valle la silueta de la vieja ciudad castellana:
Vista panorámica de Toledo en 1907 fotografiado por F. Bardon. Colección personal de Eduardo Sánchez Butragueño. Un personaje con perilla y sombrero usa una cámara en Toledo en 1907. Fotografía de F. Bardon (detalle) La panorámica en la que mejor se aprecia lo expuesto es una en la que la unión no la hizo Bardon sino mi buen amigo Antonio Torres Ochoa más de un siglo después. El resultado es sencillamente espectacular y permite apreciar a la perfección el aspecto de Toledo en 1907 además de ver a estos fotógrafos en acción petrechados con sombrillas y sus aparejos fotográficos con Toledo al fondo. Las imágenes se tomaron entre el 14 y el 21 de septiembre de aquel año de 1907:
Vista panorámica de Toledo - Año 1907 (Autor F. Bardon) Personajes con sombrilla y sombrero usan una cámara en las inmediaciones de la piedra del Rey Moro en Toledo en 1907. Fotografía de F. Bardon (detalle) El resto de las imágenes tomadas por este grupo de pioneros turistas fotográficos encabezado por F. Bardon presenta también bastante interés. Mirad por ejemplo qué bonita toma logró en Zocodover:
Plaza de Zocodover en Toledo en 1907 fotografiada por F. Bardon. Colección personal de Eduardo Sánchez Butragueño. Aquí tenemos la fachada de la Catedral:
Fachada de la Catedral de Toledo en 1907 fotografiada por F. Bardon. Colección personal de Eduardo Sánchez Butragueño. La Puerta de los Leones del templo primado:
Puerta de los Leones de la Catedral de Toledo en 1907 fotografiada por F. Bardon. Colección personal de Eduardo Sánchez Butragueño. En el puente de Alcántara el grupo también se detuvo y volvemos a poder verles con sus cámaras en la mano:
Puente de Alcántara en Toledo en 1907 fotografiado por F. Bardon. Colección personal de Eduardo Sánchez Butragueño. Puente de Alcántara en Toledo en 1907 fotografiado por F. Bardon. Colección personal de Eduardo Sánchez Butragueño. Molinos de San Servando y Torno del Tajo en Toledo en 1907 fotografiado por F. Bardon. Colección personal de Eduardo Sánchez Butragueño. Alcázar de Toledo en 1907 fotografiado por F. Bardon. Colección personal de Eduardo Sánchez Butragueño. En el otro puente medieval de Toledo, el de San Martín, también se detuvieron para inmortalizar varias escenas:
Puente de San Martín en Toledo en 1907 fotografiado por F. Bardon. Colección personal de Eduardo Sánchez Butragueño. Puente de San Martín en Toledo en 1907 fotografiado por F. Bardon. Colección personal de Eduardo Sánchez Butragueño. Puente de San Martín en Toledo en 1907 fotografiado por F. Bardon. Colección personal de Eduardo Sánchez Butragueño. Visitaron también el claustro de San Juan de los Reyes:
Claustro de san Juan de los Reyes en Toledo en 1907 fotografiado por F. Bardon. Colección personal de Eduardo Sánchez Butragueño. Son muy curiosas también estas vistas del Hospital de Santa Cruz tomadas desde la zona del Alcázar, que permiten ver curiosidades como por ejemplo un gran reloj de sol en una de sus paredes interiores. El edificio presentaba un gran deterioro en aquellos años:
Hospital de Santa Cruz en Toledo en 1907 fotografiado por F. Bardon. Colección personal de Eduardo Sánchez Butragueño. Hospital de Santa Cruz en Toledo en 1907 fotografiado por F. Bardon. Colección personal de Eduardo Sánchez Butragueño. Reloj de Sol en un muro del Hospital de Santa Cruz en 1907. Detalle de una foto de F. Bardon. Colección personal de Eduardo Sánchez Butragueño. Por supuesto, la Puerta del Sol, no podía faltar en el elenco de lugares visitados por el grupo:
Puerta del Sol en Toledo en 1907 fotografiada por F. Bardon. Colección personal de Eduardo Sánchez Butragueño. Puerta del Sol en Toledo en 1907 fotografiada por F. Bardon. Colección personal de Eduardo Sánchez Butragueño. Hasta aquí este repaso al Toledo de 1907 de la mano de este grupo de adelantados a su tiempo, precursores de ese inmenso grupo de personas que, desde el comienzo de la era fotográfica, han caído rendidos a la belleza de Toledo y han pasado grandes momentos en grupo con familiares y amigos retratando los rincones de este lugar mágico al que llamamos Toledo. Espero que os haya gustado.

viernes, 29 de abril de 2022

La romería de la Virgen del Valle o el idilio entre los toledanos y su entorno natural

Debido a la dureza de nuestros inviernos y veranos, los toledanos valoramos especialmente nuestras primaveras y otoños. Tal vez por ello, conscientes de que las mejores cosas de la vida son aquellas más efímeras, llegada la estación primaveral la ciudad se vuelca en una particularmente intensa secuencia de celebraciones en las que el vínculo con nuestro entorno natural cobra un especial protagonismo.
Pocas ciudades pueden presumir de tener el campo pegado a la ciudad: en Toledo basta con cruzar el Tajo para adentrarnos en terrenos en los que ya no manda el asfalto ni el adoquín, sino que lo hace la perdiz, el zorro, la culebra, la encina, el almez, la abubilla o la oropéndola. Este tesoro, cada vez más escaso en esta España nuestra, es especialmente agradable para los sentidos llegado este entretiempo. Una vez dejado atrás el frío invierno, y antes de que el sol se imponga con toda su rotundidad, existe en Toledo un lapso de tiempo —llamémosle primavera, aunque rara vez dura tres meses completos— en el que una combinación de agradables temperaturas, junto con el despertar de la naturaleza, ofrece multitud de motivos de gozo para los sentidos, especialmente si las lluvias han sido suficientes como para hacer brotar con vigor la hierba que, en estas condiciones, tupe buena parte del suelo.
Sumado a ello, la luz. Esa luz tan característica de Toledo, que en estos meses ofrece cientos de matices y texturas muy diferentes a los del invierno o el verano, y que hacen que la ciudad tenga en esta época un encanto visual mayor si cabe, que se complementa a la perfección con las vistas que la ciudad ofrece en todo tiempo: sus monumentos, su silueta, los cerros de sus contornos, el río...
Con todos estos ingredientes, no es de extrañar que sea en primavera cuando se concentran la mayoría de esas festividades en forma de romerías en las que lo religioso se mezcla con lo pagano, o viceversa, y que se celebran en varios de esos parajes en los que la naturaleza es protagonista pese a estar situados a escasísima distancia del centro urbano.
La romería toledana por antonomasia es la de la Virgen del Valle, que gana por goleada al resto, no solo en cuanto a asistencia de personas sino también en lo relativo a la belleza de las escenas que es capaz de generar. Tal vez por ello, en la memoria de los toledanos, la del Valle es la romería más entrañable, la que más recuerdos evoca y la que más hemos echado de menos en estos tristes años de pandemia.
En este primero de mayo de 2022 volveremos a disfrutarla como siempre hicimos, como hicieron nuestros padres y abuelos, y como esperamos que hagan nuestros nietos: sintiendo ese privilegio que es habitar Toledo, disfrutando de la íntima conexión entre la ciudad y la naturaleza —solo oscurecida por la vergonzosa e infame situación del Tajo como consecuencia de la contaminación y el Trasvase Tajo-Segura— y aprovechando los olores, colores y sabores que ofrece esta lluviosa primavera para pasar un día con la familia y los amigos.
Con tal motivo, para recordar ese vínculo entre los toledanos y el campo en esta jornada, hoy os ofrezco una impagable colección de fotografías familiares cedidas por dos amigos: el gran Javier Longobardo (un joven fotógrafo lleno de talento que me ha pasado las fotos familiares tomadas por Aleja Guillén Núñez y Manuel Gómez-Calcerrada Fuentes) y el genial Tomás García del Cerro. Estas fotos tienen la autenticidad de ser momentos reales de familias reales en la romería del Valle, pero poseen además una gran belleza y fuerza visual. He disfrutado tanto viéndolas que creo que es mejor no comentar nada más, y dejar que vosotros experimentéis también esa sensación de dejar a los recuerdos aflorar según veais las fotografías, sintiendo cómo ese cíclico devenir de los acontecimientos en forma de estaciones es una de las mejores experiencias que nos depara la vida, porque nos hace ser conscientes del paso del tiempo y de lo importante que es atrapar el momento y disfrutar de lo efímero.
Romería del Valle a mediados del siglo XX. Colección de Tomás García del Cerro Romería del Valle a mediados del siglo XX. Colección de Tomás García del Cerro Romería del Valle a mediados del siglo XX. Colección de Tomás García del Cerro Romería del Valle a mediados del siglo XX. Colección de Tomás García del Cerro Romería del Valle a mediados del siglo XX. Colección de Tomás García del Cerro Romería del Valle a mediados del siglo XX. Colección de Tomás García del Cerro Romería del Valle a mediados del siglo XX. Colección de Tomás García del Cerro Romería del Valle a mediados del siglo XX. Colección de Tomás García del Cerro Romería del Valle a mediados del siglo XX. Colección de Tomás García del Cerro Romería del Valle a mediados del siglo XX. Colección de Tomás García del Cerro Romería del Valle a mediados del siglo XX. Colección de Tomás García del Cerro Romería del Valle a mediados del siglo XX. Colección de Tomás García del Cerro Romería del Valle a mediados del siglo XX. Colección de Tomás García del Cerro Romería del Valle a mediados del siglo XX. Colección de Tomás García del Cerro Romería del Valle a mediados del siglo XX. Colección de Tomás García del Cerro Romería del Valle a mediados del siglo XX. Colección de Tomás García del Cerro Romería del Valle a mediados del siglo XX. Colección de Tomás García del Cerro Romería del Valle a mediados del siglo XX. Colección de Tomás García del Cerro Romería del Valle a mediados del siglo XX. Colección de Tomás García del Cerro Romería del Valle a mediados del siglo XX. Colección de Tomás García del Cerro Romería del Valle en los años 60. Donación de Javier Longobardo Romería del Valle en los años 60. Donación de Javier Longobardo Romería del Valle en los años 60. Donación de Javier Longobardo Romería del Valle en los años 60. Donación de Javier Longobardo Romería del Valle en los años 60. Donación de Javier Longobardo Romería del Valle en los años 60. Donación de Javier Longobardo Romería del Valle en los años 70. Donación de Javier Longobardo Romería del Valle en los años 70. Donación de Javier Longobardo Romería del Valle en los años 70. Donación de Javier Longobardo Romería del Valle en los años 70. Donación de Javier Longobardo Romería del Valle en los años 60. Donación de Javier Longobardo Romería del Valle en los años 60. Donación de Javier Longobardo Romería del Valle en los años 60. Donación de Javier Longobardo Romería del Valle en los años 60. Donación de Javier Longobardo Romería del Valle en los años 60. Donación de Javier Longobardo Romería del Valle en los años 60. Donación de Javier Longobardo Romería del Valle en los años 60. Donación de Javier Longobardo Romería del Valle en los años 60. Donación de Javier Longobardo Esperando que este repaso a una de las partes más bonitas y auténticas de la intrahistoria toledana os haya gustado, solo me queda desearos un muy feliz Día del Valle 2022.
Romería del Valle en Toledo hacia 1965 © Familia Del Cerro Corrales
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