sábado, 31 de agosto de 2019

Toledo en 1964 fotografiado por la genial Anno Wilms

Me enamoré de las fotografías de Anno Wilms en octubre de 2009 cuando compré una vieja revista mensual alemana de paisajes y ciudades históricas titulada Merian, que en su número XVIII-1 de 1965, dedicado a Toledo y Castilla la Nueva, presentaba una sensacional portada que no era otra cosa que una fotografía tomada por esta fotógrafa que, desde ese momento, se convirtió en una de mis pequeñas obsesiones. Comprenderéis enseguida por qué, al observar la inmensa belleza de la estampa en la que se conjuga una portada de piedra del Callejón de Menores con la presencia de un niño iluminado por el sol del atardecer. Los juegos de luces y sombras que la fotógrafa alemana fue capaz de capturar nos revelan una escena que casi parece un cuadro por las texturas que posee: la imponente reja de forja, cuyos barrotes se proyectan en la desconchada fachada, la palma del Domingo de Ramos atada a ella como era tradición en tantas casas toledanas, la sensación de profundidad aportada en ambos lados de la imagen por los paramentos de las casas de la Travesía de la Plata desde donde se tomó, el niño que parece jugar a perseguir su propia sombra...en definitiva, todo un microuniverso concentrado en una fotografía.
Portada de la revista alemana Merian dedicada a Toledo en 1965. Callejón de Menores visto desde la Travesía de la Plata en 1964. Fotografía de Anno Wilms.
Comencé a indagar sobre su vida y obra, con la esperanza de descubrir más fotografías suyas tomadas en Toledo, pues en la revista solo aparecían un par más. Pronto descubrí que estaba ante una figura humana que trascendía a la fotografía: su personalidad abarcaba más campos siendo una afamada artista plástica berlinesa que en los años 70 y 80 se hizo célebre por sus publicaciones fotográficas sobre grupos sociales minoritarios o con peculiaridades, destacando sus reportajes sobre los rastafaris o los travestis alemanes.
Sin embargo, por entonces no localicé más fotografías suyas tomadas en Toledo. Pero nunca hay que tirar la toalla y me propuse periódicamente ir rastreando su obra por si hubiera novedades, sobre todo teniendo en cuenta que por aquel entonces ella aún seguía viva (había nacido en Berlin el 21 de julio de 1935).
Formada en la Escuela de fotografía en Hamburgo y en la en la Lette-Schule Berlin, Anno Wilms trabajó como reportera gráfica independiente desde principios de la década de 1960 en innumerables viajes, especialmente relacionados con grupos sociales marginados y las artes escénicas. Marcadamente humanista, centró su obra en captar la realidad individual de cada persona en su entorno y circunstancias concretas.
Sus primeros trabajos se producen a principios de los años sesenta con fotos de viajes por toda Europa. En el centro de su interés fotográfico estaba siempre la gente, ya fuera en su entorno urbano o rural, retratando tanto Londres y París, como ciudades y aldeas en Italia, España, Grecia, Yugoslavia y Hungría. Captura también paisajes y vistas urbanas, siempre con una perspectiva poco convencional tanto en sus enfoques como en sus condiciones de iluminación.
Su ciudad natal, Berlín, fue siempre uno de los motivos principales de su trabajo fotográfico, inmortalizando la vida artística y cultural así como el paisaje urbano de la ciudad. Sus instantáneas capturaron la vida cotidiana de las personas en las calles, los cafés, pubs, tiendas, ferias y parques berlineses, tanto de los distritos centrales como de las afueras de la ciudad y localidades cercanas.
Realiza también extensos reportajes arquitectónicos, retratando iglesias, monumentos, puentes, fachadas, museos así como parques y esculturas en el espacio público. Sus fotografías rastrean y documentan el desarrollo urbano berlinés y de sus infraestructuras en unas décadas de profundos cambios tras la II Guerra Mundial. Fruto de este intenso trabajo, entre 1970 y 1977 publicó tres libros dedicados a Berlín.
A principios de los años 70, Wilms amplía su radio geográfico con sus viajes a Oriente Medio, Israel y Líbano, así como el norte de África, Egipto y Marruecos. Como fotógrafa busca cada vez más la yuxtaposición de las formas de vida tradicionales, ritos o atuendos religiosos con la civilización moderna incipiente en estos lugares. En 1981 y 1982 publica libros sobre Israel y Egipto muy bien recibidos por la crítica, con excepcionales imágenes del pueblo beduino.
Autorretrato de Anno Wilms. Stiftung Anno Wilms, Berlin
También viajó a EE.UU., especialmente a Nueva York y Nueva Orleans, donde, además de fijarse en la arquitectura y el paisaje urbano, documentó su vida cultural, artes escénicas y festivales, al igual que hizo en en su Berlín natal. Finalmente, entre 1989 y 1992, Anno Wilms completó sus registros con viajes al Caribe, Haití, Guadalupe, Puerto Rico y San Martín.
Los grupos socialmente marginados ocupan un lugar central en el trabajo fotográfico de Anno Wilms. Ya a principios de los años sesenta, tuvo sus primeros contactos retratando la vida de los gitanos (romaníes) en Francia, comenzando a fotografiarlos por toda Europa en los años siguientes. Publicó un libro ilustrado con sus fotografías titulado "Zigeuner" 1972, en el que combina fotografías del pueblo gitano en Alemania, Suiza, Francia, Italia, Hungría y Estambul. En él se documentan las condiciones de vida específicas de los romaníes, su vida cotidiana, sus modos de ganarse el pan y su vida familiar, así como su música, danzas, vida nómada y festivales religiosos.
Diez años después, en 1982, publicó otro libro ilustrado sobre la vida de los rastafaris, con quienes la fotógrafa vivió durante semanas en Jamaica. Fotografió sus condiciones de vida y sus prácticas espirituales, su música y arte, así como sus característicos peinados en el corazón del Caribe.
Anno Wilms fue también la fotógrafa de referencia del Berlin Bühnen, inmortalizando la intensa vida del teatro, la danza, el cabaret y el jazz berlinés entre 1964 y 1995.
Otra de sus grandes pasiones fue fotografiar a los colectivos que luchaban por sus identidades de género en una época en la que esto era algo absolutamente novedoso y transgresor. En 1978 publica su libro de gran formato titulado "Travestis", que contiene principalmente fotografías de los famosos teatros de cabaret y parodia de Berlín como Chez Nous , Chez Romy Hague y Lützower.
En 1987 publicó también un libro dedicado al célebre movimiento de teatro alternativo "Lindsay Kemp & Company".
En 1990 dedica un libro al bailarín brasileño Ismael Ivo, titulado "Ismael Ivo. Body and Dance", con excelentes fotografías que hoy son una referencia.
Mientras, durante todos esos años, Anno Wilms siguió fotografiando en las calles a personas anónimas, fijándose especialmente en ancianos, mujeres y niños, desde las calles de Berlín o París a los callejones de una aldea sarda pasando por las tiendas beduinas del desierto de Negev.
Completó su colosal obra fotográfica con retratos de personalidades conocidas, a quienes conoció como parte de su trabajo en la escena cultural internacional, como coreógrafos, escritores, músicos y directores como Merce Cunningham, Wolfdietrich Schnurre, Dave Brubeck, Heiner Müller, Markus Lüpertz.
Destacó también en el campo de la fotografía experimental, jugando con las sobreexposiciones, oscurecimientos, reflejos en fachadas de vidrio y escaparates desde perspectivas inusuales, fundiendo su trabajo con el collage o el montaje fotográfico.
A mediados de los 90 deja en buena medida la fotografía para centrarse en la pintura, los collages y obras sobre papel, de carácter abstracto, con inspiraciones en fuentes literarias como la "Divina Comedia" de Dante, "Carmen" de Bizet y la obra de Jean Genet y Pier Paolo Pasolini.
Anno Wilms falleció en su amada Berlín el 22 de mayo de 2016, pero por fortuna había constituido previamente una fundación para la divulgación y preservación de su inmenso legado de alrededor de 40.000 fotografías impresas y 6.000 rollos de fotografías con sus negativos. Fue con esta fundación, situada en la antigua vivienda de la artista en Xantener Straße en Berlín-Charlottenburg, con quien me puse en contacto hace unos meses solicitando información sobre sus fotografías tomadas en Toledo en 1964. Para mi inmensa alegría, dicha fundación me comunicó que conservan alrededor de un centenar de imágenes de la visita de Wilms a la ciudad, de las que me han autorizado a difundir una selección representativa de ellas, que hoy tengo el inmenso placer y honor de compartir con todos vosotros.
Como habéis podido leer en la biografía de Anno Wilms, su interés estaba siempre centrado en las personas, y en su visita a Toledo ello volvió a quedar bien patente, pues son los toledanos los principales protagonistas de las mismas. Como muestra de ello, comenzaré por ofreceros una soberbia imagen que retrata la alegría llena de vida de un grupo de niños del barrio de Santo Tomé, inmortalizados en aquel ya lejano 1964 en la Plaza del Conde junto al Palacio de Fuensalida. Sueño con que alguno de los niños pueda ser identificado y podamos entre todos generar una cadena de emociones al reconocer (o reconocerse) en una imagen de una mítica fotógrafa en un día que ya nadie recordaba...o tal vez sí:
Niños del barrio de Santo Tomé en Toledo posan junto al Palacio de Fuensalida en 1964. Fotografía de Anno Wilms © Stiftung Anno Wilms, Berlin

¿Qué me decís de esta preciosa niña con coletas fotografiada muy cerca de la ubicación anterior?
Una niña de Toledo en 1964. Fotografía de Anno Wilms © Stiftung Anno Wilms, Berlin

Otra escena infantil, en este caso protagonizada por un solo niño, es esta en la que un pequeño con gorra mira a la cámara un tanto sorprendido por la presencia de la fotógrafa:
Un niño de Toledo en 1964. Fotografía de Anno Wilms © Stiftung Anno Wilms, Berlin

No solo los niños fueron objetivo de la cámara de Wilms, sino también los ancianos. En este caso, tenemos un grupo de ellos junto al Puente de San Martín. Todos habrán muerto ya, pero también sería precioso que alguien reconociera a sus padres o abuelos en ella:
Unos hombres charlan junto al Puente de San Martín de Toledo en 1964. Fotografía de Anno Wilms © Stiftung Anno Wilms, Berlin

¿Y qué decir de la sensibilidad necesaria para inmortalizar algo tan bello como la amistad? Pues Anno Wilms hizo gala de ella en esta fotografía tomada en la Calle Honda en el barrio de las Covachuelas. ¿No será algo realmente bello que ambos puedan identificarse y recordar aquellos tiempos de momentos compartidos?
Dos amigos posan en la Calle Honda en Toledo en 1964. Fotografía de Anno Wilms © Stiftung Anno Wilms, Berlin

Justo al lado, también en la calle Honda, Anno Wilms se fijó en la humilde presencia de un barrendero municipal en su tarea diaria. Os prometo que la secuencia en la que se le ve acercándose a la cámara de Wilms es impagable, aunque solo estoy autorizado a difundir esta fotografía, que es sencillamente genial:
Un barrendero del Ayuntamiento de Toledo en la Calle Honda en 1964. Fotografía de Anno Wilms © Stiftung Anno Wilms, Berlin

La Puerta de Bisagra y sus alrededores fueron muy fotografiados por Wilms. Os dejo con dos obras maestras: por un lado un carro con la vista de Santiago del Arrabal al fondo y por otro una espectacular imagen a contraluz en la que dos chicas charlan bajo el arco de la zona interior de la histórica puerta.
Un carro con un burro con Santiago del Arrabal al fondo en Toledo en 1964. Fotografía de Anno Wilms © Stiftung Anno Wilms, Berlin
Dos mujeres bajo la Puerta de Bisagra con Santiago del Arrabal al fondo. Fotografía de Anno Wilms en 1964  © Stiftung Anno Wilms, Berlin

La parte trasera de la puerta fue testigo del paso de un grupo de niñas acompañadas de monjas. Es una imagen de una belleza excepcional.
Niños y monjas junto a la Puerta de Bisagra de Toledo Toledo en 1964. Fotografía de Anno Wilms © Stiftung Anno Wilms, Berlin

También junto a la Puerta de Bisagra, Anno Wilms obtuvo esta maravilla de fotografía en la que dos monjas se aproximan cruzando el arco que perfora la muralla (por entonces redondeado, hoy rectangular) con la Iglesia de Santiago del Arrabal de nuevo como testigo al fondo:
Unas monjas cruzan bajo el arco junto a la Puerta de Bisagra con Santiago del Arrabal al fondo en Toledo en 1964. Fotografía de Anno Wilms © Stiftung Anno Wilms, Berlin

Algunos espacios urbanos llamaron la atención de la fotógrafa alemana, y tal vez acostumbrada a ver ciudades en ruinas (su Berlín natal era una ciudad semidestruida en su infancia y juventud) veía belleza también en algunas perspectivas de destrucción. Así, en este caso, nos dejó esta foto que es un excepcional documento visual del solar que ocupaba la mítica Posada de la Sangre, que en 1964 estaba aún sin construir tras la destrucción de 1936 dejando el campo visual muy abierto para la contemplación del Hospital de Santa Cruz:
Solar de la Posada de la Sangre y Hospital de Santa Cruz en Toledo en 1964. Fotografía de Anno Wilms © Stiftung Anno Wilms, Berlin

Los burros, tan presentes todavía en 1964 en Toledo, no podían faltar en el reportaje de Wilms. En esta pareja de imágenes vemos a un arriero leyendo el ABC subido a uno de ellos junto al Puente de San Martín, probablemente camino de alguna localidad monteña, y en la siguiente observamos un mulo o caballo solitario junto al Cigarral de Caravantes con la vista de la Ermita de la Cabeza al fondo:
Un arriero lee el periódico en su burro junto al Puente de San Martín en Toledo en 1964. Fotografía de Anno Wilms © Stiftung Anno Wilms, Berlin
Un burro cerca del Cigarral de Caravantes con la ermita de la Cabeza al fondo en Toledo en 1964. Fotografía de Anno Wilms © Stiftung Anno Wilms, Berlin

La Calle del Ángel cuenta desde 1957 con un arco-pasadizo que comunica ambos lados de la misma. Anno Wilms apretó el disparador de su cámara para capturar esta escena en la que también destaca la presencia de un sidecar.
Calle del Ángel en Toledo en 1964. Fotografía de Anno Wilms © Stiftung Anno Wilms, Berlin

Para finalizar, os dejo esta vista del claustro del Monasterio de San Juan de los Reyes en que aparece un monje cuidando las plantas rodeado de las maravillosas decoraciones góticas:
Claustro de San Juan de los Reyes en Toledo en 1964. Fotografía de Anno Wilms © Stiftung Anno Wilms, Berlin

Como habréis podido comprobar, es un emocionante viaje al Toledo de 1964 el que hemos podido emprender de la mano de la genial Anno Wilms. No quisiera terminar sin agradecer profundamente a su fundación, la Stiftung Anno Wilms de Berlín, la cesión de los permisos para poder difundir estas joyas y dar a conocer a Wilms en Toledo. En especial quiero mostrar mi agradecimiento a Nina Zenker por su amabilidad y colaboración durante todo este tiempo para poder llegar a este día tan especial para mí en que puedo ofreceros estas fotografías.


sábado, 3 de agosto de 2019

El mercadillo del Martes en 1959 fotografiado por el genial Ramón Masats

Hablar de Ramón Masats es hacerlo sobre el que es considerado uno de los mejores fotógrafos de la historia de España. Nacido en Caldas de Montbui (Barcelona) en 1931, comenzó a fotografiar durante el servicio militar al descubrir en los ratos libres la revista Arte Fotográfico. Compró una cámara con dinero de su padre y se inscribió en el círculo fotográfico del Casino del Comercio de Tarrasa.
Sus primeros pasos en el terreno del reportaje datan de 1953, cuando realizó un trabajo sobre Las Ramblas barcelonesas. Su pasión por el arte fotográfico iba creciendo y al año siguiente, en 1954, ingresó en la Agrupación Fotográfica de Cataluña, coincidiendo con auténticos portentos como Ricard Terré y Xavier Miserachs. En 1957 se muda a vivir a Madrid, dedicándose a recorrer España trabajando como reportero gráfico para la publicación Gaceta Ilustrada. Ese mismo año Masats también ingresó en el afamado "Grupo AFAL", y creó creó el grupo fotográfico "La Palangana" junto a sus amigos Gabriel Cualladó, Paco Ontañón, Leonardo Cantero, Joaquín Rubio Camín y Paco Gómez, todos ellos miembros de la Real Sociedad Fotográfica de Madrid, concretamente muy involucrados en su tertulia y considerados mitos de la fotografía española.
Retrato de Ramón Masats en Palencia por Ángel Herraiz
Entre 1958 y 1964 Ramón Masats trabajó para más revistas además de Gaceta Ilustrada, haciéndolo también para Mundo Hispánico, Arriba o Ya. En esta época protagonizó exposiciones individuales y también algunas colectivas. Su trabajo era ya reconocido a nivel nacional: en 1960 recibió el Premio Negtor de fotografía, en 1962 publica el libro titulado "Neutral Corner", en 1963 editó "Los Sanfermines" con el que recibió el Premio Ibarra al libro mejor editado, en 1964 publicó "Viejas Historias de Castilla la Vieja" junto a Miguel Delibes, expuso con Carlos Saura y realizó su primer documental "Prado Vivo", que ganó el premio especial en Taormina.
Desarrolló así también su faceta cinematográfica: en 1965 dirigió "El que enseña" (Premio Miqueldi de Plata en el Festival de Cinematografía de Bilbao), alejándose algo de la fotografía durante dieciocho años para centrarse en la realización de documentales para TVE con marcado tinte costumbrista. Completó esta parte de su vida con la creación de un largometraje titulado "Topical Spanish", con guion tanto propio como del humorista Chumy Chúmez, y protagonizada por el grupo musical Los Íberos, Guillermina Motta, Victor Petit y José Sazatornil.
Su regreso a la fotografía tiene lugar en 1981, con una intensa actividad: participación en la Expo de Sevilla de 1992, múltiples conferencias y exposiciones en las mejores salas y museos de España (Círculo de Bellas Artes, Museo Reina Sofía, Real Fábrica de Tapices, Palau de La Virreina en Barcelona, Palacio de la Magdalena de Santander, Galería Marlborough o Instituto Cervantes) que le encumbran como una de las referencias fotográficas esenciales en la historia de este arte en nuestro país. No en vano, su obra está presente en las más selectas colecciones, desde la del Reina Sofía, a la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, pasando por el Centro Andaluz de Arte Contemporáneo o el Museo Nacional de Arte de Cataluña. A él le debemos agradecer algunas de las imágenes más icónicas de la historia del siglo XX español:
“Seminaristas jugando a fútbol” (Madrid, 1959) por Ramón Masats

Su relación fotográfica con la ciudad de Toledo comenzó en 1959 cuando, en su etapa de reportero gráfico, realizó una serie de fotografías para la revista Mundo Hispánico. Se trata de un reportaje con textos de Antonio Delgado sobre el célebre "mercadillo del Martes", que por entonces aún se celebraba en la Plaza de Zocodover, como venía sucediendo desde el siglo XV. Ramón Masats obtuvo una serie de preciosas imágenes en las que supo plasmar el carácter tradicional del mercadillo así como la incipiente presencia de turistas que asistían con curiosidad al mismo. El resultado es una serie de fotos que estoy seguro que os harán disfrutar:
Reportaje sobre el mercadillo del martes en Zocodover con fotos de Ramón Masats. Julio de 1959, Mundo Hispánico (portada)
Reportaje sobre el mercadillo del martes en Zocodover con fotos de Ramón Masats. Julio de 1959, Mundo Hispánico
Reportaje sobre el mercadillo del martes en Zocodover con fotos de Ramón Masats. Julio de 1959, Mundo Hispánico
Reportaje sobre el mercadillo del martes en Zocodover con fotos de Ramón Masats. Julio de 1959, Mundo Hispánico
Reportaje sobre el mercadillo del martes en Zocodover con fotos de Ramón Masats. Julio de 1959, Mundo Hispánico
Reportaje sobre el mercadillo del martes en Zocodover con fotos de Ramón Masats. Julio de 1959, Mundo Hispánico
Reportaje sobre el mercadillo del martes en Zocodover con fotos de Ramón Masats. Julio de 1959, Mundo Hispánico
Reportaje sobre el mercadillo del martes en Zocodover con fotos de Ramón Masats. Julio de 1959, Mundo Hispánico

En 1960 volvió a Toledo donde logró una de sus fotos más aclamadas, titulada "Ejercicios espirituales", que es considerada una obra maestra:
Fotografía titulada "Ejercicios Espirituales" por Ramón Masats. Toledo, 1960.

Como habréis podido ver, estamos de nuevo ante el cruce de caminos entre un gran fotógrafo y una ciudad irrepetible como es Toledo. Nuestra ciudad atrae irremediablemente a los que buscan la belleza y saben capturarla, como Ramón Masats lleva demostrando toda una vida, y ese encuentro nos deja siempre estos regalos en forma de fotografías que poco a poco tengo el placer de ir descubriendo y compartiendo con todos vosotros.

sábado, 20 de julio de 2019

Los olmos de Carlos III que aún sobreviven en Toledo

Durante el mandato del activo corregidor Gabriel Amando Salido, que comenzó en 1783 bajo el reinado de Carlos III, se realizaron en la ciudad notables mejoras que recogió la prensa de la época. Entre ellas se mencionaba en El Correo de Madrid o de los Ciegos en su edición del 10 de noviembre de 1786 que se había “plantado una alameda inmediata á la fuente de Cabreygo” (sic) y se había procedido “al empedrado de la salida del Puente de Alcántara en el camino de Aranjuez”.
Estas dos acciones fueron claramente complementarias, pues la fuente de Cabrahigos, como todos la conocemos, se sitúa en ese camino que se dirigía a Aranjuez proveniente del cercanísimo Puente de Alcántara. Esas alamedas a las que se refiere el escrito no eran otra cosa que plantaciones del conocido en muchas ciudades de Castilla como “álamo negro”, que es el olmo “negrillo”, nuestro querido olmo autóctono o ibérico (Ulmus minor Mill.) y no debe confundirse con la otra especie también comúnmente denominada como álamo o más comúnmente chopo (Populus sp.).
El reinado de Carlos III fue, ciertamente, una época de abundancia de plantaciones en España, especialmente en las ciudades importantes para la monarquía, como ha sido recogido en multitud de fuentes históricas de su época y los años inmediatamente posteriores:

“Taláronse los campos para edificar regios alcázares, desapareció la humedad que atraían las frondosas copas de los tronchados árboles. Los rayos del sol abrasador secaron la tierra, y gracias á la ilustración del gobierno de Carlos III, no fue completa la ruina, porque afortunádamente se remediaron en parte estas desgracias, plantando dos millones de árboles.”
(Wenceslao Ayguals de Izco en María, la hija de un jornalero, 1845)

En efecto, el espacio comprendido entre el Puente de Alcántara y la Fuente de Cabrahigos, en el comienzo del denominado Paseo de la Rosa fue poblado por olmos negrillos que pronto demostraron su idoneidad para el fin previsto: sombreo y ornato con pocas necesidades de mantenimiento y adaptación al clima castellano. En una época en la que los sistemas de riego eran precarios y en una región climática como la nuestra, estas bazas eran realmente importantes a la hora de escoger las especies a plantar, sin olvidar el carácter de árbol emblemático, casi sagrado, que poseía el olmo desde tiempo inmemorial, presente en espacios muy destacados de pueblos y ciudades, sirviendo su sombra como lugar de reunión de vecinos, que en muchos casos eran encuentros (“ajuntamientos”) precursores de los ayuntamientos oficiales establecidos más tarde.
Era también una especie valorada por su vigor y fortaleza, con pocas enfermedades y plagas que mermasen sus capacidades de manera significativa. Por desgracia, este factor estaba cerca de su fin, pero lo veremos más adelante.
Castillo de San Servando y Paseo de la Rosa en 1928 por Friedrich Christiansen
Aquellos jóvenes ejemplares vieron cómo el tiempo pasaba y cómo el mundo asistía a profundos cambios: primero la Revolución Francesa, poco después la llegada de Napoleón con sus consecuencias en España, más adelante las sucesivas guerras carlistas que jalonaron todo el siglo XIX y tras ello el siglo XX, marcado profundamente por la Guerra Civil y, 40 años después, la instauración de una democracia que dura hasta nuestros días. Todo ello lo han vivido esa decena de impresionantes olmos que Toledo tiene la doble suerte de disfrutar. Y digo doble porque resistieron no solo a todos los avatares históricos, sino porque han sobrevivido también a la devastadora enfermedad de la grafiosis, que desde mediados del siglo XX acabó con buena parte de los olmos autóctonos. Este grupo de ejemplares nos habla de resiliencia, de adaptación a circunstancias tanto climáticas como humanas, y en definitiva, de esperanza por un futuro mejor.
Olmos negrillos del Paseo de la Rosa en Toledo en 1898. Fotografía de un anónimo francés.
Olmos negrillos del Paseo de la Rosa en Toledo en 1898. Fotografía de un anónimo francés.
Fuente de Cabrahigos con su olmeda aneja. Al fondo la estación de ferrocarril. Fotografía de Narciso Clavería a comienzos de 1919
Fuente de Cabrahigos entre 1900 y 1910. Foto de Nahum Sokolow. © Central Zionist Archives / Harvard University, Judaica Division. Widener Library. Harvard College Library, W727805_3
Fuente de Cabrahigos a comienzos del siglo XX. Fotografía de Pedro Román Martínez. Centro de Estudios Juan de Mariana. Diputación de Toledo
Fuente de Cabrahigos y Estación de Ferrocarril de Toledo a comienzos del siglo XX
Fuente de Cabrahigos en Toledo hacia 1880. Fotografía de Casiano Alguacil. Ayuntamiento de Toledo
Fuente de Cabrahigos en Toledo hacia 1880. Fotografía de Casiano Alguacil. Ayuntamiento de Toledo
Paseo de la Rosa en abril de 1917. Fotografía de Francesc Blasi i Vallespinosa   © Centre Excursionista de Catalunya
Paseo de la Rosa hacia 1910 (c) Fondo Rodríguez, JCCM Signatura PA-CAJA3-27
Fotografía estereoscópica del Paseo de la Rosa en Toledo hacia 1934. Donación del Marqués de la Vega Inclán a la Hispanic Society of America
Paseo de la Rosa en 1942, alumnos del Colegio de San Antón. Fotografía de Santos Yubero © Archivo Regional de la Comunidad de Madrid,fondo fotográfico
Fuente en el Paseo de la Rosa de Toledo a comienzos del siglo XX
Paseo de la Rosa, años 20. Foto de Contreras y Vilaseca. Fundación Telefónica signatura R-01870_2
Reposición de algunas marras en el paseo arbolado al comienzo del Paseo de la Rosa y Puente de Alcántara en 1906. Anónimo francés.
Inundación de 1947 en Toledo. Paseo de la Rosa
Siempre que paso a su lado intento valorar y disfrutar su presencia y su sombra, consciente de de que nada, ni siquiera ellos, son eternos. No sabemos si son resistentes a la grafiosis, tal vez solo el azar haya hecho que aún no estén enfermos, como acaba de sucederle a otro viejo compañero en el Parque de Buenavista, que morirá pronto. Por ello es muy importante que surjan proyectos como el de la Fundación Soliss que acaba de finalizar con la plantación de 100 ejemplares resistentes en toda la región, procedentes de una excelente tarea científica del ministerio.
En el caso de estos viejos ejemplares, también sería muy deseable por parte del ayuntamiento su inclusión en un catálogo oficial municipal de árboles singulares, que debería venir acompañado de un plan de educación ambiental que haga que la ciudadanía los conozca, los valore y los proteja.

Nota final: este artículo fue publicado en papel en el número 2 de la revista Castilla-La Mancha Ecológica editada en julio de 2019.

sábado, 6 de julio de 2019

Una joya de fotografía tomada en Toledo por Sem Presser en 1955

Aunque pasó a la historia con el nombre de Sem, su verdadero nombre era Samuel. La vida del genial fotógrafo holandés Sem Presser comenzó el 21 de noviembre de 1917 en la calle Commelinstraat de Ámsterdam, siendo el único hijo de Salomon Alexander Presser y Heintje Peper. Como muchos habréis deducido ya por su nombre, su padre era judío y regentaba un negocio de diamantes, siendo miembro de la Algemene Nederlandse Diamantbewerkers Bond (ANDB), Asociación General de Trabajadores de Diamantes de Holanda. Entre 1923 y 1934, la infancia de Sem Presser se desarrolla educativamente hablando en la escuela Jozef Israës, situada en la calle Manegestraat.
Siendo un adolescente, en 1931 se afilia como miembro de la organización socialista juvenil Arbeiders Jeugd Centrale (AJC), donde se muestra muy activo.
En 1932 gana una cámara fotográfica Agfa en un concurso organizado por el periódico Het Volk, y este hecho cambia para siempre su vida pues con ella toma sus primeras fotos y descubre la que sería su gran pasión y oficio.
En 1934 se convierte en el empleado más joven de la compañía Pfeffer, un almacén de ropa de trabajo, un empleo que le reporta dinero pero que no le satisface tanto como lo hará el siguiente. Así, en 1935 es cuando Sem Presser pasa a ser empleado del servicio de prensa de la agencia Foto Varia con el fotógrafo Sieg Vaz Dias. Su primera publicación data del 8 de julio de 1935, en la que retrató una fila de desempleados haciendo cola que apareció en el influyente periódico Algemeen Handelsblad. En esa época también escribe para De Zondagavond, el periódico dominical de Sieg Vaz Dias.
Cola de parados. Primer trabajo publicado de Sem Presser.
En 1937 abandona Foto Varia y se establece como fotoperiodista independiente en su ático de la calle Pieter Aertszstraat, creando su propia agencia de fotografía a la que llamó Algemeen Nederlandsch Foto Persbureau (ANFP). Entre 1937 y 1940 Sem Presser participa activamente en la recepción y acogida de refugiados judíos procedentes de Alemania, donde ya gobernaba el partido nazi.
El 1 de mayo de 1938 traslada su agencia de fotografía a la calle Paleisstraat 17 comenzando a colaborar con su ex-colega de Foto Varia, Ben van Meerendonk, con el que apenas dura un año como socio.
En 1939 hace su primer viaje al extranjero, desplazándose a Bélgica, donde fotografía la movilización de la sociedad belga ante los convulsos tiempos que entonces se vivían en el panorama político.
En abril de 1940 logró tomar unas fotos exclusivas del general Henri Gerard Winkelman, el comandante supremo de los holandeses por aquel entonces, analizando juntos mapas bélicos con el Príncipe Bernhard en el cuartel general militar en La Haya, siendo publicadas tanto en Het Leven como en el semanario estadounidense Life.
En 1941 tiene que esconderse por persecuciones políticas tras haber participado en la huelga de febrero de ese año, teniendo que proteger su archivo fotográfico con la ayuda de su amigo el editor Ton Weehuizen.
Ya iniciada la II Guerra Mundial, contrae matrimonio con Ruth Paula Schachno, una refugiada germano-judío nacida el 19 de marzo de 1921 en Berlín. Durante 1942, tanto él como su esposa se escondieron en Arnhem, trabajando de manera encubierta con el seudónimo de William Jan Knol. Falsificó tarjetas de identidad, ilustró dos libros infantiles y escribió sobre la guerra. Sem Presser fue arrestado tres veces durante este período. En el otoño de 1944, sus padres son deportados de Westerbork a Auschwitz en uno de los últimos transportes que los nazis hicieron al campo de exterminio, muriendo ambos inmediatamente después de su llegada.
Después de la liberación de Arnhem en abril de 1945, se mudó con el cineasta John Fernhout a Bruselas. Allí fue recibido por las autoridades militares y acreditado como fotógrafo de guerra para ANEFO (Agencia de Fotografía General Holandesa). De este modo, en mayo de 1945 fotografió la llegada de los aliados a Ámsterdam, Haarlem, Utrecht, La Haya y Rotterdam.
En junio de 1945 realizó un reportaje fotográfico en el tristemente célebre campo de concentración de Herzogenbusch-Vught y en verano, encargado por las autoridades militares, tomó una serie de fotografías de delincuentes políticos nazis encarcelados en el que había sido el campo de concentración de Amersfoort.
El nazi Karl Peter Berg durante su encarcelamiento. Fotografía de Sem Presser
A principios de septiembre de 1945, terminó su compromiso con la ANEFO y regresó a la fotografía independiente, volviendo a Holanda instalándose en la calle Kerkstraat 195 de Ámsterdam. Disfrutó de una exitosa carrera distinguida con encargos de alto perfil, como fue el de fotografiar a los inmigrantes holandeses en Australia a petición del gobierno, acompañar a la familia real como fotógrafo exclusivo o escribir una columna semanal en De Telegraaf. Fue galardonado como Oficial de la Orden de Orange-Nassau, privilegio reservado para solo unos pocos. En 1954 se divorció de su esposa y contrajo posteriormente matrimonio con Joke van den Heuvel.
En la posguerra y hasta su muerte desarrolló una impresionante labor fotográfica viajando por todo el mundo, hasta el punto de que hoy en día, Presser es considerado uno de los fotógrafos de prensa más prolíficos y famosos de Holanda. Durante un período de cincuenta años, tomó más de 300.000 fotografías. Su trabajo tiene un marcado tinte social y fue un genio en la captura de personas comunes en su vida cotidiana. Ello no le impidió también retratar a celebridades como Pablo Picasso, Brigitte Bardot, Sophia Loren y otros grandes nombres en el mundo del cine.
De 1948 a 1951 y de 1968 a 1981, Presser fue presidente de NVF (Asociación Holandesa de Fotoperiodistas) y recibió numerosos premios de fotografía, incluida la prestigiosa "Cámara de Plata". Su obra fue expuesta en las ciudades más importantes y fue miembro activo de la Fundación Burafo, la Federación de Fotógrafos, World Press Photo, el Consejo Europhot y formó parte de la Junta de Arte de Ámsterdam. Su extenso archivo está gestionado por Instituto Maria Austria / MAI en Ámsterdam.
Fotografía de Sem Presser
Cada año, World Press Photo invita a un orador prominente a dar la conferencia denominada "Sem Presser" en su honor, que siempre versa sobre un tema de importancia crucial para la fotografía.
Sem Presser murió el 29 de octubre de 1986 en Ámsterdam.
Sem Presser
Bueno, pues una vez hecha la reseña biográfica de uno de los más grandes fotógrafos de la historia holandesa, ha llegado el momento que todos esperáis de enlazar su vida y obra con la ciudad de Toledo. Sem Presser se cruzó con nuestra ciudad en 1955, en un viaje por España que evidentemente tenía parada obligada en Toledo.
Como siempre sucede con las visitas de los fotógrafos más geniales, nos quedamos con la duda de si solo tomó aquí una foto o tendremos la suerte algún día de descubrir toda la serie de imágenes que aquí obtuvo. Lo cierto es que la única foto de aquel viaje a Toledo que Presser divulgó es una auténtica obra de arte. Es puro caviar hecho fotografía. Una gozada para la vista. Un viaje a otra época. Una fotografía al alcance de muy pocos.
La escena, tomada junto a la Droguería Herrera en el número 32 de la calle Ancha, en la acera izquierda según vamos de Zocodover a la Catedral, retrata de manera sublime el momento en que un matrimonio joven formado por un militar y una mujer morena de rasgos clásicos pero bellos, atiende a su pareja de niños pequeños, casi bebés, que parecen ser gemelos. Niño y niña, para ser exactos. ¿Vivirán aún los cuatro protagonistas? ¿Los reconoceréis alguno? ¿Serán ellos mismos los que abran hoy el ordenador y se lleven la sorpresa del año al verse retratados por un grande de la fotografía? Son preguntas que me hago con la ilusión de que tengan una respuesta positiva. Sería precioso cerrar ese círculo, a modo ve viaje de ida y vuelta, iniciado hace casi 65 años por la cámara de Presser, que además aparece autorretratado en el reflejo del cristal del escaparate de la droguería.
Un militar y su mujer con un carrito de gemelos en la calle Ancha. Fotografía de Sem Presser en 1955 © Sem Presser/Maria Austria Institute (Vintage print available Sandvoort Gallery).
Una copia de esta foto, original de la época, de 60 x 50 centímetros está a la venta estos días en la Sandvoort Gallery de Ámsterdam por 3.500 €. Por desgracia, mi economía no me permite este gasto (más bien inversión) pero tal vez alguno de vosotros sí pueda estar interesado.
La visita de Presser a Toledo debió serle muy grata, pues 18 años después volvió a la ciudad para, de nuevo, dejar constancia de su talento. En 1973 obtuvo, ya a color, esta vista de la ciudad con un vendedor de cerámica en burro en primer plano:
Vista de Toledo en 1973 por Sem Presser, con un vendedor de cerámica y su burro © Maria Austria Instituut, Amsterdam

En definitiva, estamos de nuevo ante una muestra más de la fuerza gravitacional que Toledo siempre ha ejercido sobre los fotógrafos más talentosos de la historia. Poder incluir al mítico Sem Presser en la selecta pero extensa lista de genios de la fotografía que han retratado la ciudad, supone para mi una enorme alegría y un acicate inmenso para proseguir en esta búsqueda por cualquier rincón del planeta de fotografías tomadas en nuestra amada Toledo por personas con esta sensibilidad y esta capacidad de atrapar de forma mágica una coordenada del espacio-tiempo en una fotografía.
Autorretrato de Sem Presser en 1950. Maria Austria Instituut









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Maira Gall