1952
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sábado, 26 de agosto de 2017

Robert Frank en Toledo en 1952: la preciosa historia de un error

Hay ocasiones en las que, al investigar sobre el pasado fotográfico de Toledo, siento que realmente solo soy un mero instrumento del que se sirven algunas historias para salir a la luz. Me pasó con la historia de la monja momificada o con la del espía Giacomo Antonini, sintiendo cómo la investigación avanzaba sin que apenas me diera cuenta, como si mis manos al teclear el ordenador estuvieran guiadas por un cerebro diferente al mío.
Pero tal vez el mejor ejemplo de lo que os cuento se produjo hace unos años, cuando mi buena amiga María de Tena me alertó sobre una publicación en El País en la que aparecía una foto supuestamente tomada por el mítico fotógrafo Robert Frank en el barrio de El Cabañal/El Cabanyal valenciano y que ilustraba la noticia de la presentación de un libro sobre las fotografías que este genio tomó en aquel barrio en 1952. Me indicaba María que esa foto le sonaba más a toledana que a valenciana...y enseguida vi que iba bien encaminada. Esa calle la conozco bien.
Quema del Judas en la Calle Santo Tomé en 1952. Fotografía de Robert Frank
Evidentemente no se trataba de Valencia sino de Toledo, de su preciosa calle de Santo Tomé donde durante varios siglos vivió mi familia materna y que forma parte de los primeros recuerdos que mis neuronas grabaron en mi memoria.
Pero, ¿cómo era posible que una personalidad de la talla de Robert Frank hubiera cometido un error tan grave y hubiera incluido esa foto en el libro sobre El Cabanyal, y a su vez hubiera servido a El País para ilustrar la noticia?
Por otro lado, la sola idea de haber descubierto esa impresionante imagen de Toledo tomada por uno de los más grandes fotógrafos de la historia no hacía más que invadir mi cabeza con la obsesión de poder narrar esta historia. Pero antes necesitaba lógicamente el permiso para publicarla, y por fortuna Robert Frank aún está entre nosotros (tiene 92 años). Había que contactar con él y, en primer lugar, alertarle del error en el libro, y en segundo lugar, preguntarle por su estancia en Toledo.
Así, inicié una sistemática tarea de búsqueda de posibles maneras de llegar hasta el propio Robert Frank. No fue nada fácil. Muchos caminos se cortaban al segundo o tercer eslabón. Pero la tenacidad siempre tiene premio, y un buen día conseguí entrar en contacto con sus asistentes personales, a quienes siempre agradeceré su amabilidad y generosidad a la hora de tratarme y permitir contaros esta historia. Hablaron con él, le mostraron fotos antiguas y actuales de la misma perspectiva que les envié como prueba, y le explicaron que ahí había un error y una historia que contar. Por desgracia, más de sesenta años es mucho tiempo y Robert no recordaba su periplo por España con nitidez. Sin embargo, sí recordó haber visitado Toledo, en fechas muy próximas a su visita a Valencia. Había que conseguir el rollo de negativos para descifrar el misterio de la valencianización de aquella soberbia foto. Y, en un detalle que jamás olvidaré, buscaron el rollo y me enviaron la secuencia. Hoy tengo el placer de mostrároslo. Pero antes, es mi obligación resumiros brevemente la vida de este verdadero símbolo universal de la fotografía:
Robert Frank nació en el seno de una rica familia judía el 9 de noviembre de 1924 en Zúrich (Suiza) y está incluido en esa selecta lista de los fotógrafos más influyentes de la historia del siglo XX y comienzos del XXI.
Robert Frank en 1996 fotografiado por Koos Breukel
Se interesó por la fotografía en lugar de continuar con los negocios familiares, creando su primer libro de fotografías en 1946. Al año siguiente emigró a Estados Unidos trabajando en Nueva York como fotógrafo de moda para Harper's Bazaar. Recorrió Sudamérica y Europa para volver a EE.UU. en 1950, exponiendo en una muestra colectiva en el Museo Arte Moderno de Nueva York, MoMa. Comenzó a percibir en la sociedad norteamericana un excesivo protagonismo del dinero, retratando el país como un lugar a menudo triste y solitario. Tras una temporada en París, en 1953 vuelve a Nueva York vendiendo fotografías a revistas como McCall's, Vogue, y Fortune. En 1955 recorrió Estados Unidos para fotografiar la sociedad en todos sus estratos, tomando 28.000 fotografías durante varios años. Seleccionó 83 de ellas para su famoso libro The Americans. El carácter crítico de la obra hizo que no fuese fácil su publicación en EE.UU., viendo la luz en 1958 en París, y posteriormente en 1959 en Estados Unidos, recibiendo duras críticas. Con el paso del tiempo, sin embargo, The Americans se convirtió en una referencia de la fotografía y la historia del arte estadounidense. En 1961 expuso individualmente en Chicago y en 1962 lo hizo en el MoMA. Frank se convirtió también hacia 1960 en realizador de películas como Pull my Daisy o Sin of Jesus. Su documental de 1972 sobre los Rolling Stones titulado Cocksucker Blues, es considerado su mejor filme. Retomó la fotografía en los años 70. En 1994 la National Gallery de Washington presentó una exposición retrospectiva de su obra, titulada Moving Out. En 2007 recibió el premio PhotoEspaña.
Volvamos a la visita de Frank a Toledo. Como os decía, en la secuencia de negativos de la imagen tenía que estar la clave, y así fue. El mismo carrete contenía correlativamente fotos de Valencia y fotos de Toledo. El paso del tiempo hizo que el propio Frank pensara que todo el carrete se correspondía con su extenso reportaje del Cabanyal...olvidando que seis de las imágenes del carrete las tomó en Toledo. Fotos, por otra parte históricas, pues retrató la ya desaparecida costumbre de la quema del Judas en Santo Tomé, que se celebraba el Domingo de Resurrección, lo que me permitió datar las fotos como tomadas exactamente el día 13 de abril de 1952. Esta es la secuencia:
Secuencia de las fotos de Robert Frank tomadas en Toledo y en Valencia en abril de 1952

Ampliando las imágenes se observa que la fotografía de Santo Tomé fue tomada en un grupo de 4 preciosas imágenes, una de ellas obtenida en el sentido opuesto:
Toledo en abril de 1952 por Robert Frank © Robert Frank
Toledo en abril de 1952 por Robert Frank © Robert Frank
Toledo en abril de 1952 por Robert Frank © Robert Frank
Toledo en abril de 1952 por Robert Frank © Robert Frank

Las otras dos fotografías fueron obtenidas en las inmediaciones del Alcázar, por entonces en ruinas desde el asedio de 1936. Aún faltaba más de una década para la finalización de su reconstrucción:
Toledo en abril de 1952 por Robert Frank © Robert Frank
Toledo en abril de 1952 por Robert Frank © Robert Frank

Algunas fotos de la secuencia muestran sábanas tendidas y escenas de campo, siendo difícil saber si es Toledo o Valencia. El final del carrete aparece ya con imágenes tomadas en Valencia.
La generosidad de Robert Frank me permitió, además, publicar la famosa fotografía en alta resolución en el libro Toledo Olvidado 3 en diciembre de 2015, tres años después del inicio de esta investigación con maravilloso final.
No cabe duda de que hay historias que están esperando que alguien las narre, y hacen todo lo posible por aflorar sirviéndose de herramientas muy variopintas. En esta ocasión hicieron falta más de 60 años y un error de identificación para que el legado toledano de Robert Frank viera la luz. Yo solamente pasaba por allí...

domingo, 15 de marzo de 2015

Toledo en 1952 fotografiado por Erika Groth-Schmachtenberger

¿Cuánto talento cabe en 145 centímetros de estatura? Esta es la pregunta con la que hoy comienzo esta entrada dedicada a una fotógrafa y mujer excepcional: la alemana Erika Groth-Schmachtenberger. Como podréis comprobar con vuestros propios ojos, la respuesta a la pregunta es evidente. El talento no guarda ningún tipo de relación con el tamaño físico de las personas, y así lo puso de manifiesto la pequeña gran Erika a lo largo de toda una vida dedicada a la fotografía.
Erika Groth en 1930. Die junge Fotografin Erika Groth-Schmachtenberger, 1930er Jahre Foto Archiv Freilichtmuseum Glentleiten, Aufnahme. Erika Groth-Schmachtenberger

Nacida en 1906 en la ciudad bávara de Frisinga (Freising en alemán), se trasladó con su familia cuando contaba tan solo un año de edad a Wuzburgo.
Fue a la edad de 14 años, en 1920, cuando Erika se sintió atraída por la fotografía, de la mano de su padre -fotógrafo aficionado- que poseía una cámara estenopeica Agfa Box Tengor. Fue tal en entusiasmo de la joven por la fotografía, que tras un fugaz paso por un empleo bancario decidió convertirse en fotógrafa profesional, fundando en 1928 su propio estudio llamado "Fotohaus Erika" en Tanneheim. Siguió formándose como fotógrafa en Múnich y mudó su negocio a Schwabing como estudio para retratos. Las dificultades económicas, sin embargo, hacen que en 1932 decida dedicarse a ser fotógrafa de prensa, trabajando desde entonces para varias publicaciones de Múnich entre las que destacó "Münchner Illustrierte" que le permitió viajar por multitud de países como reportera. De este modo retrató Nueva York y se dio a conocer como una fenomenal fotógrafa etnográfica en trabajos en Hungría, Austria, Rumanía, Italia, Alemania, Francia o España. Era una apasionada de la fotografía del mundo rural y de los campesinos y artesanos de estas zonas. Desde 1942 trabajó para la compañía cinematográfica TOBIS. Durante la II Guerra Mundial tuvo que mudarse en varias ocasiones de lugar de residencia y su archivo corrió el riesgo de perderse. Finalizada la contienda, Erika destacó especialmente por sus impactantes fotografías sobre la destrucción y reconstrucción de muchas ciudades alemanas, constituyendo este trabajo una obra de valor documental incalculable y que técnica y artísticamente roza la perfección. En 1948 se casa con el ingeniero Hans Groth y vuelve a trabajar para grandes editoriales y publicaciones viajando por toda Europa. En 1974 la pareja se muda a Murnau donde Erika sigue trabajando como fotógrafa hasta 1982. En 1987 recibió el Premio de la Orden del Mérito de Primera Clase del gobierno federal alemán por su impresionante trayectoria. Tras el fallecimiento de su marido en 1989, regresa a Wuzburgo, ciudad en la que fallece el 13 de marzo de 1992. Su impresionante legado fotográfico de unos 300.000 negativos está hoy repartido en distintos archivos como la Biblioteca de la Universidad de Augsburgo, la Casa de la Historia de Baviera, el Museo Nacional de Baviera, el Instituto de Etnología Comparada, la Universidad de Múnich, el Bildarchiv Foto Marburg o el archivo de imágenes del Patrimonio Cultural Prusiano.

Erika Groth-Schmachtenberger viajó a España en 1952, y en su periplo por nuestro país realizó un extenso reportaje de la ciudad de Toledo. La calidad de las fotografías que tomó en nuestra ciudad es verdaderamente impresionante y demuestran que estamos ante una de las mejores fotógrafas europeas del siglo XX como así es calificada en la numerosa bibliografía que la cita. De la mano de la Biblioteca de la Universidad de Augsburgo y del Bildarchiv Foto Marburg (derechos de copyright reservados, propiedad de estas instituciones) os ofrezco hoy una selección de sus mejores fotografías toledanas. Sin duda sus fotografías os harán disfrutar mucho.
Comenzaré por ofreceros un par de imágenes de una belleza descomunal, y que demuestran no solo el talento de Erika Groth-Schmachtenberger sino su sensibilidad social desde la perspectiva de una mujer fotógrafa. Se trata de este grupo de mujeres que carga la colada desde el río hasta sus casas subiendo primero por la cuesta de Doce Cantos y más adelante cerca de la Iglesia de San Miguel. Hay que recordar que si bien la llegada del agua corriente a Toledo data de 1948, en 1952 aún muchas casas no disponían de este suministro. Por suerte el Tajo era todavía un río limpio y la ropa aún podía lavarse en sus aguas:
Mujeres suben la colada en la Cuesta de Doce Cantos en 1952. Fotografía de Erika Groth-Schmachtenberger © Universitätsbibliothek Augsburg
Mujeres suben la colada junto a la Iglesia de San Miguel en 1952. Fotografía de Erika Groth-Schmachtenberger © Universitätsbibliothek Augsburg

Otra fotografía formidable de Erika Groth-Schmachtenberger es esta vista de la terraza del café Suizo de Zocodover:
Plaza de Zocodover en 1952. Fotografía de Erika Groth-Schmachtenberger © Universitätsbibliothek Augsburg

Erika inmortalizó la vida cotidiana de Toledo en varias fotografías llenas de vida a través de algunas de las calles más concurridas:
Plaza de las Cuatro Calles en 1952. Fotografía de Erika Groth-Schmachtenberger © Universitätsbibliothek Augsburg
Mujeres junto al Arco de Palacio y la Catedral de Toledo en 1952. Fotografía de Erika Groth-Schmachtenberger © Universitätsbibliothek Augsburg
Arco de Palacio en 1952. Fotografía de Erika Groth-Schmachtenberger
Escaparate con damasquino en 1952. Fotografía de Erika Groth-Schmachtenberger © Universitätsbibliothek Augsburg

Esta toma la realizó desde el interior de una estancia, probablemente el Hotel Carlos V:
Una mujer con la torre de la catedral de Toledo al fondoPuente de Alcántara en 1952. Fotografía de Erika Groth-Schmachtenberger © Universitätsbibliothek Augsburg
Catedral de ToledoPuente de Alcántara en 1952. Fotografía de Erika Groth-Schmachtenberger © Universitätsbibliothek Augsburg

Son muy bellas las vistas del Puente de Alcántara:
Puente de Alcántara en 1952. Fotografía de Erika Groth-Schmachtenberger © Universitätsbibliothek Augsburg
Puente de Alcántara en 1952. Fotografía de Erika Groth-Schmachtenberger © Universitätsbibliothek Augsburg
Puente de Alcántara en 1952. Fotografía de Erika Groth-Schmachtenberger © Universitätsbibliothek Augsburg
Puente de Alcántara en 1952. Fotografía de Erika Groth-Schmachtenberger © Universitätsbibliothek Augsburg
Puente de Alcántara en 1952. Fotografía de Erika Groth-Schmachtenberger © Universitätsbibliothek Augsburg
Puente de Alcántara en 1952. Fotografía de Erika Groth-Schmachtenberger © Universitätsbibliothek Augsburg
Puente de Alcántara en 1952. Fotografía de Erika Groth-Schmachtenberger © Universitätsbibliothek Augsburg
Inscripción Gótica del Puente de Alcántara en 1952. Fotografía de Erika Groth-Schmachtenberger © Universitätsbibliothek Augsburg
Castillo de San servando en 1952. Fotografía de Erika Groth-Schmachtenberger ?
Puente de Alcántara en 1952. Fotografía de Erika Groth-Schmachtenberger
Puente de Alcántara en 1952. Fotografía de Erika Groth-Schmachtenberger
Puente de Alcántara en 1952. Fotografía de Erika Groth-Schmachtenberger
Escalerillas del Miradero, Puente de Alcántara, Castillo de San Servando y Academia de Infantería en 1952. Fotografía de Erika Groth-Schmachtenberger
Castillo de San Servando desde el Puente de Alcántara en 1952. Fotografía de Erika Groth-Schmachtenberger ?

El Palacio de los duques de Maqueda:
Palacio de los duques de Maqueda en 1952. Fotografía de Erika Groth-Schmachtenberger

En esta vista de la Antequeruela-Covachuelas aún se ve el desaparecido edificio de la Escuela Normal de Magisterio en el actual Paseo de Sisebuto, junto a la Vega y a Tavera:
Barrio de la Antequeruela y Escuela Normal de Magisterio en 1952. Fotografía de Erika Groth-Schmachtenberger © Universitätsbibliothek Augsburg

Mirad qué bello reportaje de San Juan de los Reyes:
Monasterio de San Juan de los Reyes en 1952. Fotografía de Erika Groth-Schmachtenberger © Universitätsbibliothek Augsburg
Monasterio de San Juan de los Reyes en 1952. Fotografía de Erika Groth-Schmachtenberger © Universitätsbibliothek Augsburg
Monasterio de San Juan de los Reyes en 1952. Fotografía de Erika Groth-Schmachtenberger © Universitätsbibliothek Augsburg
Monasterio de San Juan de los Reyes en 1952. Fotografía de Erika Groth-Schmachtenberger © Universitätsbibliothek Augsburg
Monasterio de San Juan de los Reyes en 1952. Fotografía de Erika Groth-Schmachtenberger © Universitätsbibliothek Augsburg

¿Habíais pensado alguna vez qué bar precedió al legendario Ludeña? Aquí tenéis la respuesta: el bar Tropical. Una foto deliciosa:
Corral de Don Diego en 1952. Fotografía de Erika Groth-Schmachtenberger © Universitätsbibliothek Augsburg

Otra vista del Corral de Don Diego:
Corral de Don Diego en 1952. Fotografía de Erika Groth-Schmachtenberger © Universitätsbibliothek Augsburg

Estas son tomas de la Catedral:
Catedral de Toledo en 1952. Fotografía de Erika Groth-Schmachtenberger © Universitätsbibliothek Augsburg
Catedral de Toledo en 1952. Fotografía de Erika Groth-Schmachtenberger © Universitätsbibliothek Augsburg
Catedral de Toledo en 1952. Fotografía de Erika Groth-Schmachtenberger © Universitätsbibliothek Augsburg
Catedral de Toledo en 1952. Fotografía de Erika Groth-Schmachtenberger © Universitätsbibliothek Augsburg
Catedral de Toledo en 1952. Fotografía de Erika Groth-Schmachtenberger © Universitätsbibliothek Augsburg

La Iglesia del Salvador, aún con su placa en honor de Rojas Zorrilla en la torre:
Iglesia del Salvador en 1952. Fotografía de Erika Groth-Schmachtenberger © Universitätsbibliothek Augsburg
Iglesia del Salvador en 1952. Fotografía de Erika Groth-Schmachtenberger © Universitätsbibliothek Augsburg

La Sinagoga del Tránsito, y en ella un cartel con el nombre de "Plaza del Greco". Me pregunto, ¿sigue el nomenclátor actual municipal denominando este espacio así? Si así fuera, ¿no es hora de reponer esa placa?:
Sinagoga del Tránsito en 1952. Fotografía de Erika Groth-Schmachtenberger © Universitätsbibliothek Augsburg

El Museo del Greco está bien representado:
Museo del Greco en 1952. Fotografía de Erika Groth-Schmachtenberger © Universitätsbibliothek Augsburg
Museo del Greco en 1952. Fotografía de Erika Groth-Schmachtenberger © Universitätsbibliothek Augsburg
Museo del Greco en 1952. Fotografía de Erika Groth-Schmachtenberger © Universitätsbibliothek Augsburg
Museo del Greco en 1952. Fotografía de Erika Groth-Schmachtenberger © Universitätsbibliothek Augsburg
Museo del Greco en 1952. Fotografía de Erika Groth-Schmachtenberger © Universitätsbibliothek Augsburg
Museo del Greco en 1952. Fotografía de Erika Groth-Schmachtenberger © Universitätsbibliothek Augsburg
Museo del Greco en 1952. Fotografía de Erika Groth-Schmachtenberger © Universitätsbibliothek Augsburg
Museo del Greco en 1952. Fotografía de Erika Groth-Schmachtenberger © Universitätsbibliothek Augsburg

Aquí vemos el Hospital de Santa Cruz:
Hospital de Santa Cruz en 1952. Fotografía de Erika Groth-Schmachtenberger © Universitätsbibliothek Augsburg
Hospital de Santa Cruz en 1952. Fotografía de Erika Groth-Schmachtenberger © Universitätsbibliothek Augsburg

El Alcázar aún era una inmensa ruina:
Alcázar de Toledo en 1952. Fotografía de Erika Groth-Schmachtenberger © Universitätsbibliothek Augsburg
Alcázar en 1952. Fotografía de Erika Groth-Schmachtenberger

Sin embargo sí estaba restaurado ya en 1952 el Castillo de San Servando:
Castillo de San Servando en 1952. Fotografía de Erika Groth-Schmachtenberger © Universitätsbibliothek Augsburg
Castillo de San Servando y Puente Nuevo de Alcántara en 1952. Fotografía de Erika Groth-Schmachtenberger © Universitätsbibliothek Augsburg
Castillo de San Servando en 1952. Fotografía de Erika Groth-Schmachtenberger

Esta es una preciosa vista de Santiago del Arrabal:
Santiago del Arrabal en 1952. Fotografía de Erika Groth-Schmachtenberger © Universitätsbibliothek Augsburg

Aquí tenemos las Torres de la Reina:
Torres de la Reina en 1952. Fotografía de Erika Groth-Schmachtenberger © Universitätsbibliothek Augsburg

La Plaza y la Torre de Santo Tomé:
Plaza de Santo Tomé en 1952. Fotografía de Erika Groth-Schmachtenberger
Torre de Santo Tomé en 1952. Fotografía de Erika Groth-Schmachtenberger © Universitätsbibliothek Augsburg

Y hasta aquí llega este sensacional reportaje de una de las fotógrafas más grandes del siglo XX. Os aseguro que poder ofrecéroslo ha sido para mí una de las alegrías más grandes de los últimos tiempos, pues es una de mis fotógrafas más admiradas. Os recomiendo rastrear la red en busca de su obra etnográfica y de la reconstrucción de Alemania tras la guerra, pues es una auténtica gozada para la vista.
© TOLEDO OLVIDADO
Maira Gall