viernes, 3 de febrero de 2023

Toledo hacia 1955 fotografiado por Walter Schröder

Walter Schröder fue un fotógrafo alemán nacido en la ciudad de Fráncfort. Viajero empedernido, recorrió con su cámara medio mundo, fotografiando multitud de paises, comenzando por Europa, para continuar por Asia y el norte de África. Centró su mirada fotografica principalmente en el arte y en la arquitectura de los lugares que visitó. La mayor parte de sus negativos corresponden a los formatos 6x6 y 9x12, y su actividad más intensa tuvo lugar entre los años 1950 y 1971. En 1983 cedió 16.000 fotos impresas y 35.000 negativos al Bildarchiv Foto Marburg alemán, donde su legado es en gran parte accesible gracias a la labor de digitalización emprendida.
Hacia 1955, Walter Schröder vino a Toledo donde, como era de esperar, utilzó con profusión su cámara fotografica inmortalizando buena parte de los monumentos más representativos de la vieja ciudad castellana. En mi opinión, la foto más bella de las que Walter Schröder obtuvo en Toledo es esta vista, llena de vida, de la calle de la Chapinería o de la Feria:
Calle Chapinería o de la Feria en Toledo hacia 1955 fotografiado por Walter Schröder © Bildarchiv Foto Marburg La Iglesia de Santiago del Arrabal protagoniza también bellísimas tomas del reportaje toledano de este autor:
Iglesia de Santiago del Arrabal en Toledo hacia 1955 fotografiado por Walter Schröder © Bildarchiv Foto Marburg Iglesia de Santiago del Arrabal en Toledo hacia 1955 fotografiado por Walter Schröder © Bildarchiv Foto Marburg Puerta de Bisagra y barrio del Arrabal en Toledo hacia 1955 fotografiado por Walter Schröder © Bildarchiv Foto Marburg El alemán fotografió también la Puerta de Bisagra:
Puerta de Bisagra en Toledo hacia 1955 fotografiado por Walter Schröder © Bildarchiv Foto Marburg Puerta de Bisagra, parte trasera, en Toledo hacia 1955 fotografiado por Walter Schröder © Bildarchiv Foto Marburg La Puerta Vieja de Bisagra forma parte del grupo de fotografías:
Puerta vieja de Bisagra en Toledo hacia 1955 fotografiado por Walter Schröder © Bildarchiv Foto Marburg La Catedral, en diferentes planos y perspectivas, está bien representada:
Plaza del Ayuntamiento y Catedral de Toledo hacia 1955 fotografiado por Walter Schröder © Bildarchiv Foto Marburg Catedral de Toledo hacia 1955 fotografiado por Walter Schröder © Bildarchiv Foto Marburg Torre de la Catedral de Toledo hacia 1955 fotografiado por Walter Schröder © Bildarchiv Foto Marburg Vista de la Catedral de Toledo hacia 1955 fotografiado por Walter Schröder © Bildarchiv Foto Marburg Puerta Llana de la Catedral de Toledo hacia 1955 fotografiado por Walter Schröder © Bildarchiv Foto Marburg Puerta de los Leones de la Catedral de Toledo hacia 1955 fotografiado por Walter Schröder © Bildarchiv Foto Marburg Claustro de la Catedral en Toledo hacia 1955 fotografiado por Walter Schröder © Bildarchiv Foto Marburg La Escuela de Artes presentaba este aspecto hacia 1955:
Escuela de Artes en Toledo hacia 1955 fotografiado por Walter Schröder © Bildarchiv Foto Marburg El Puente de San Martín es uno de los monumentos más fotografiados de toda la serie de Schröder:
Puente de San Martín en Toledo hacia 1955 fotografiado por Walter Schröder © Bildarchiv Foto Marburg Puente de San Martín en Toledo hacia 1955 fotografiado por Walter Schröder © Bildarchiv Foto Marburg Puente de San Martín en Toledo hacia 1955 fotografiado por Walter Schröder © Bildarchiv Foto Marburg Puente de San Martín en Toledo hacia 1955 fotografiado por Walter Schröder © Bildarchiv Foto Marburg Puente de San Martín en Toledo hacia 1955 fotografiado por Walter Schröder © Bildarchiv Foto Marburg Puente de San Martín en Toledo hacia 1955 fotografiado por Walter Schröder © Bildarchiv Foto Marburg Puente de San Martín en Toledo hacia 1955 fotografiado por Walter Schröder © Bildarchiv Foto Marburg Puente de San Martín en Toledo hacia 1955 fotografiado por Walter Schröder © Bildarchiv Foto Marburg El Puente de Alcántara no se queda atrás, estando inmortalizado en un buen número de instantáneas:
Puente de Alcántara en Toledo hacia 1955 fotografiado por Walter Schröder © Bildarchiv Foto Marburg Puente de Alcántara, Castillo de San Servando y Academia de Infantería en Toledo hacia 1955 fotografiado por Walter Schröder © Bildarchiv Foto Marburg Puente de Alcántara en Toledo hacia 1955 fotografiado por Walter Schröder © Bildarchiv Foto Marburg Puente de Alcántara en Toledo hacia 1955 fotografiado por Walter Schröder © Bildarchiv Foto Marburg Castillo de San Servando y Puente de Alcántara en Toledo hacia 1955 fotografiado por Walter Schröder © Bildarchiv Foto Marburg Castillo de San Servando y Puente de Alcántara en Toledo hacia 1955 fotografiado por Walter Schröder © Bildarchiv Foto Marburg Puente de Alcántara y Castillo de San Servando en Toledo hacia 1955 fotografiado por Walter Schröder © Bildarchiv Foto Marburg Castillo de San Servando y Puente de Alcántara en Toledo hacia 1955 fotografiado por Walter Schröder © Bildarchiv Foto Marburg El Castillo de San Servando:
Castillo de San Servando en Toledo hacia 1955 fotografiado por Walter Schröder © Bildarchiv Foto Marburg Las murallas y el edificio de la Diputación, con la ladera absolutamente cubierta de vegetación:
Talud de la diputación repoblado de árboles y muralla de Toledo hacia 1955 fotografiado por Walter Schröder © Bildarchiv Foto Marburg Una bella perspectiva de la Puerta del Cambrón:
Puerta del Cambrón de Toledo hacia 1955 fotografiado por Walter Schröder © Bildarchiv Foto Marburg Me encantan estas vistas de la Antequeruela en las que se aprecia bien el estado de semiruina que ya presentaba el edificio de la Escuela Normal de la Vega en lo que hoy es el paseo de Sisebuto:
Vista de la Antequeruela en Toledo hacia 1955 fotografiado por Walter Schröder © Bildarchiv Foto Marburg Vista de la Antequeruela en Toledo hacia 1955 fotografiado por Walter Schröder © Bildarchiv Foto Marburg Aquí tenemos la Puerta del Sol:
Puerta del Sol en Toledo hacia 1955 fotografiado por Walter Schröder © Bildarchiv Foto Marburg Parte trasera de la Puerta del Sol en Toledo hacia 1955 fotografiado por Walter Schröder © Bildarchiv Foto Marburg La Mezquita del Cristo de la Luz aparece en esta imagen:
Mezquita del Cristo de la Luz en Toledo hacia 1955 fotografiado por Walter Schröder © Bildarchiv Foto Marburg El Museo del Greco fue visitado también por Schröder:
Museo del Greco en Toledo hacia 1955 fotografiado por Walter Schröder © Bildarchiv Foto Marburg Museo del Greco en Toledo hacia 1955 fotografiado por Walter Schröder © Bildarchiv Foto Marburg El Hospital Tavera, con su precioso patio:
Patio del Hospital Tavera en Toledo hacia 1955 fotografiado por Walter Schröder © Bildarchiv Foto Marburg El Hospital de Santa Cruz con su fabulosa portada:
Hospital de Santa Cruz en Toledo hacia 1955 fotografiado por Walter Schröder © Bildarchiv Foto Marburg Hasta aquí llega este amplio reportaje del Toledo de los años 50 de la mano, una vez más, de una persona llegada desde tierras lejanas, atraída por ese magnetismo tan potente que ha hecho de Toledo un lugar de parada obligatoria para todos cuantos sienten la llamada de la belleza y de la historia condensada en una ciudad irrepetible que tenemos el privilegio de habitar.

martes, 3 de enero de 2023

En recuerdo de Adrián "el Ciego"

La historia de las ciudades se suele escribir a partir de los acontecimientos relevantes relatados por los medios y cronistas oficiales, lo cual es evidentemente necesario, pero —a mi modo de ver— insuficiente para conocer la verdadera realidad de un lugar concreto en un periodo de tiempo.
Existe otra historia, la denominada intrahistoria, configurada por las vivencias, testimonios y relatos de la gente de a pie que, en realidad, muestran con un mayor realismo, humanidad y autenticidad el devenir de los acontecimientos. En este sentido, la fotografía histórica, en especial la fotografía humanista, juega un papel esencial desde su aparición, por la capacidad de evocación y fijación de recuerdos que constituye. Sumado a ella, se sitúa la irrupción de internet, que facilita a través de las redes sociales —en su mejor versión, lejos de mensajes de odio y chismorreos— la difusión de recuerdos entrañables de personajes muy populares que, sin estas herramientas de fijación de la memoria colectiva, caerían en el más absoluto e injusto olvido al no pertenecer a las clases dirigentes ni a los aparatos de comunicación más clásicos.
Es en este sentido donde deseo enmarcar esta breve entrada del blog, la primera de 2023, en la que quiero traer al recuerdo a una persona de la que tantas veces oí hablar como fue Adrián, conocido como "el Ciego".
Adrián García Albero nació hacia 1897 y tuvo la desgracia de quedar ciego muy joven, a los 21 años, como consecuencia de lo que entonces se denominaban "reliquias del sarampión". Esta terrible realidad, que debería hoy ser explicada a los "antivacunas", era más habitual de lo que podemos imaginar tanto con el sarampión como con otras enfermedades que dejaban graves secuelas como la poliomelitis o la viruela.
El caso es que Adrián, tan joven y sin visión, decidió ganarse la vida de modo valiente y admirable. Ideó, en los años 20, un sistema de ingresos basado en una rifa en la que sorteaba objetos muy diversos, especialmente de menaje del hogar. Adrián compartía los beneficios de la rifa con el comedor de caridad que existía en Toledo por aquel entonces, situado en en la calle de San Ildefonso. De estos primeros años de su actividad data esta preciosa fotografía datada hacia 1927, donada por su nieto Pepe García (a quien agradezco sinceramente su aportación en forma de fotos y de datos sobre Adrián y su actividad), en la calle Ancha o del Comercio. En ella vemos la parihuela en la que Adrián transportaba su mercancía, estando "el Ciego" situado semiagachado en la parte trasera. Le acompañaba, tirando del rudimentario medio de transporte y mirando a la cámara, su ayudante Paco "el Largo", a quien Adrián contrató para poder ejercer su actividad. El niño pequeño es Goro, el mayor de los cinco hijos de Adrián.
Adrián el Ciego Este otro personaje, Paco "el Largo", bien merece una mención aparte, pues se hizo también muy famoso en Toledo por "fallecer" hasta en tres ocasiones. Resulta que cuando murió “por primera vez”, estando ya su cuerpo dentro del féretro en la iglesia encaminándose al cementerio, se levantó del ataúd para sorpresa y asombro de todos. Años más tarde, volvió a "morir": esta vez no lo trasladaron al cementerio, sino que lo dejaron más tiempo en casa. Tras unas horas, volvió a levantarse del ataúd por segunda vez. A la tercera, sin embargo, Paco "el Largo", ya no se levantó. La explicación es que el bueno de Paco sufría de catalepsia, una dolencia que, en sus casos más graves, puede provocar este tipo de muertes aparentes.
Adrián se convirtió en una de las personas más queridas de Toledo por su afable carácter y su don de gentes. Se situaba cada mañana en las escaleras del Teatro de Rojas en la plaza Mayor y por las tardes trasladaba su pequeño puesto ambulante a la plaza de las Cuatro Calles. En aquel Toledo en el que la inmensa mayoría de la población aún residía en el centro histórico, la Rifa de Adrián era poco menos que una institución, y centenares de familias esperaban con ilusión cada nuevo sorteo.
Adrián "el Ciego" vende papeletas de su rifa en las escaleras del Teatro de Rojas en la Plaza Mayor. Colección de José García. Su propio nieto, Pepe, nos cuenta cómo era el proceso de la rifa a partir de esta entrañable foto tomada en 1961 o 1962 en la que se ve a las tres generaciones: Adrián “el Ciego”, su hijo Pepe “el de la Rifa”, y el nieto, Pepe “el Bala”.
Adrián "el Ciego", su hijo Pepe "el de la Rifa" y su nieto Pepe "el Bala" en 1961 o 1962 en las Cuatro Calles. Colección familiar de Pepe García. "En la imagen se ve que concretamente rifaban en esa ocasión unos sillones, una mesa, un tocadiscos y cantidad de singles que compraban en Casa Blanco (tienda tradicional situada en las Cuatro Calles).
El sorteo se realizaba de la siguiente forma: se numeraban las papeletas del 1 al 100.000 y cada papeleta se vendía a 10 céntimos, 10 papeletas por una peseta. Las papeletas las hacía la Imprenta Torres que estaba situada al lado de los Billares del Sr. Aurelio y mi padre me mandaba a recogerlas. Cuando faltaban pocos números a la venta, sacaban unos carteles anunciando: "Pasado mañana se rifa" y "Mañana se rifa", todo ello acompañado por las voces de mi abuelo Adrián y mi padre Pepe, voceando a diestro y siniestro: ¡Mañana se rifaaaaaaaaa!
Mi padre se inventó un artilugio montado en unas parihuelas, que contaba con cinco ruedas de madera, las cuales contenían todos los números del 0 al 9 e iban separados por clavos, y al girar la rueda se paraba con un trozo de ballesta que llevaba incrustado encima. En el momento del sorteo, se llamaba a “la autoridad”, en aquellos entonces un Guardia Local y este era el que hacía el sorteo en vivo. Primero, el guardia probaba las ruedas, voceando mi padre: "¡Esta es de prueba!". Una vez comprobado que las ruedas daban bien las vueltas, mi padre volvía a vocear: "¡Ahora va el premio!", y según se iban parando las ruedas, mi padre iba cantando los números. Una vez finalizado el sorteo, mi padre rotulaba el número en un papel, lo firmaba el guardia y lo pegaba en su “mesita”.
Yo no me perdía ningún sorteo, porque quedaba lo mejor para mí, que lo esperaba con mucha ilusión: terminado el sorteo, se llamaba a un motocarro, se cargaban todos los enseres de la rifa y se llevaban al Comedor de Caridad, donde el afortunado/a tenía que ir a recogerlos. En el trayecto de la plaza del Mercado (plaza Mayor) al Comedor de Caridad, mi padre iba delante en la cabina del motocarro, y yo encima al aire libre con los enseres. Era alucinante en esos tiempos, recorrerte las callejuelas del casco en un motocarro, ¡menudo vacile, me encantaba, todo el mundo me miraba!
El premio caducaba a los treinta días y si no aparecía el agraciado/a se volvía a rifar junto con otro lote."

Adrián fue una de esas escasas personas capaces de calar en la memoria de miles de toledanos, y lo consiguió gracias a su esfuerzo y bonhomía, en unas circunstancias realmente adversas, en una España sumida en años complicados, especialmente durante la guerra civil y la posguerra. Tuvo además que batirse el cobre en una sociedad en la que las personas con algún tipo de discapacidad aún no contaban con la cobertura de instituciones potentes (la ONCE no nació hasta 1938 y su implantación fue lenta y progresiva, especialmente en ciudades de tamaño no demasiado grande como Toledo). Aquella sociedad aún era proclive a hacer bromas y chanzas que, aun cuando no siempre se realizaban con mala intención, sí que contribuían a estigmatizar a personas como Adrián. Su propio nieto me cuenta cómo en una ocasión, durante un partido del Club Deportivo Toledo en el Salto del Caballo frente al Alcorcón hacia 1974, oyó gritar a un aficionado: "¡Árbitro, ves menos que Adrián el Ciego!". Pepe no pudo reprimir su rabia y acometió contra él. Le llevaron a comisaría a la calle de Santa Fe y se perdió el partido, pero me comenta que salió de las dependencias policiales orgulloso de haber defendido la memoria de su abuelo y sin cargos.
Asimismo, un buen amigo de Pepe narra cómo es todavía habitual entre los jugadores de mus más veteranos de Toledo utilizar una seña, en el primer lance de los cuatro que se compone el juego, llamada "la ciega" (que significa que no tienes nada reseñable que informar a tu compañero) expresando "estoy como Adrián", recordando a nuestro protagonista de hoy.
Adrián falleció en 1971, siendo su muerte muy sentida por miles de toledanos. En las páginas del diario El Alcázar se publicó este obituario firmado por El Duendecillo del Tajo que da buena fe del cariño que sus paisanos profesaban por Adrián.
Obituario en recuerdo de Adrián "el Ciego" escrito por El Duendecillo del Tajo en las páginas del diario el Alcázar en 1971 Su hijo Pepe continuó con el oficio y la tradición desde 1965 en que Adrián tuvo que dejarlo por su delicado estado. De esta etapa en la que ya Pepe ejercía sin su padre data esta genial foto de John Fyfe:
John Fyfe, Plaza Mayor. Toledo. 1967. Pepe, hijo de Adrián el Ciego, su mujer Conchi y su perro Kuki en la rifa que realizaban en la Plaza Mayor. Detalle de una foto de John Fyfe en 1967. Pepe, el hijo de Adrián, continuó en activo hasta que se jubiló en 1999.
José García Ballesteros (izquierda) en 1981 junto con un compañero de venta de cupones en la calle Ancha. Foto de María Teresa Silva (Archivo VASIL) Con él finalizó un modo de vida que sustentó a una familia caracterizada por su capacidad de superación ante la adversidad y su sentido del humor. Como muestra, esta anécdota que también nos narra su nieto Pepe de una broma que frecuentemente su abuelo Adrián le gastaba: "Mi abuelo me decía: Pepito, yo quiero que llueva, y yo no lo entendía, hasta que un día le pregunté por qué quería que lloviera y él me dijo: ¡Ojalá “yo viera” siempre!"
Dicen que nadie muere del todo mientras sea recordado. Por eso, pese a los más de 50 años transcurridos desde el fallecimiento de Adrián "el Ciego", quiero poner mi granito de arena para que la memoria de este toledano tan popular en su tiempo siga presente, y que esta entrada sirva de humilde homenaje tanto a él como a su ayudante Paco "el Largo", así como a los descendientes de Adrián que continuaron su labor, que era muy importante en aquellos días, aportando una pizca de ilusión con sus sorteos a miles de toledanos de varias generaciones. Sin duda, este tipo de personajes del Toledo más auténtico y con más sabor del siglo XX nunca deben caer en el olvido.
© TOLEDO OLVIDADO
Maira Gall