Se sitúa frente a la fachada de la Iglesia de San Ildefonso, más conocida como "Los Jesuítas" y es uno de los rincones más agradables del centro de la ciudad.
En el siglo XIX tuvo el privilegio de convertirse en uno de los primeros lugares de la ciudad en poseer una fuente pública de agua potable procedente de los cercanos depósitos de la Plaza de San Román, donde se almacenaba el agua que venía de los manantiales de Pozuela en los cigarrales (que era el agua que manaba en esta plaza) así como la procedente del río a través de la elevadora de aguas proyectada por Luis de la Escosura y ejecutada por López Vargas.
Hacia 1863 fue colocada la fuente en la plaza, y la excelente calidad del agua de Pozuela hacía que se formasen largas colas que necesitaban de la presencia de autoridades municipales para evitar altercados y trifulcas por el turno.
Las fotografías más antiguas de la plaza con la fuente datan de esos años del siglo XIX y fueron tomadas tanto por Casiano Alguacil como por Jean Laurent y Alexander Lamont Henderson:
El ambiente de esos años en la plaza quedó maravillosamente retratado nada menos que por Pío Baroja en su obra maestra Camino de perfección de 1902:
"Volvió de aquí para allá a fin de matar el tiempo, hasta encontrarse en una plaza en donde se veía una iglesia grandona y churrigueresca con dos torres a los lados, portada en tres puertas y una gradería, en la que estaban sentados una porción de mujeres y chicos. Entre aquellas mujeres había algunas que llevaban refajos y mantos de bayeta de unos colores desconocidos en el mundo de la civilización, de un tono tan jugoso, tan caliente, tan vivo, que Fernando pensó que sólo allí pudo El Greco vestir sus figuras con los paños espléndidos con que las vistió.
En medio de la plaza había una fuente y un jardinillo con bancos. En uno de éstos se sentó Fernando. En la acera de una callejuela en cuesta, que partía de la plaza, se veía una fila de cántaros sosteniéndose amigablemente, como buenos camaradas; unos hacían el efecto de haberse dormido sobre el hombro de los compañeros; otros, apoyándose en la pared, tan gordos y tripudos, parecían señores calmosos y escépticos, completamente convencidos de la inestabilidad de las cosas humanas.
A un lado de la plaza, por encima de un tejado, asomaba la gallarda torre de la catedral.
Ossorio miraba a los cántaros y a las personas sentadas en las gradas de la iglesia, preguntándose qué esperarían unas y otras.
En esto vino un hombre con un látigo en la mano, se acercó a la fuente, hizo una serie de manipulaciones con unos bramantes y unas cañas, y al poco rato el agua comenzó a manar. Entonces el hombre restalló el látigo en el aire.
Inmediatamente, como una bandada de gorriones, toda la gente apostada en las gradas bajó a la plaza; cogieron mujeres y chicos los cántaros en la acera de la callejuela y se acercaron con ellos a la fuente"
Esa estampa de los cántaros alineados que tan bien describe Baroja podemos verla en la imagen de Laurent si nos acercamos un poco: se trata de la puerta de la actual tienda de La Provisoría:
En los comienzos del siglo XX se repitieron preciosas fotografías de la plaza:
De nuevo, la fotografía parece tener un efecto resucitador al descubrir en dos imágenes, una de Abelardo Linares y otra del escocés James Craig Annan, al mismo azacán en esta plaza con su cargamento de agua y su jumento:
En los años veinte, mi abuelo Eduardo Butragueño Bueno, aún un adolescente, se fotografió én la plaza tirando de su ingenioso hilo escondido. La imagen tiene la curiosidad botánica de fotografiar tras él al que pudiera haber sido uno de los primeros magnolios plantados en el centro de Toledo (los más antiguos se plantaron en la Fábrica de Armas):
En la actualidad, la plaza, con menos vegetación, deja ver con mayor claridad la torre de la Catedral:
Como curiosidad final, deciros que esa fuente es la que se encuentra actualmente en la Plaza de San Justo.
La Plaza del Padre Juan de Mariana en Google Maps:
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