En fin, me centraré en la Puerta. Aunque su aspecto actual es fruto básicamente de una profunda reforma del S. XVI, existen evidencias de que en este lugar existió desde muy pronto una entrada a la ciudad fortificada, lo cual se ve corroborado tanto por elementos visigóticos y romanos reaprovechados como por su ubicación al final de una larga vaguada (las puertas también jugaban un papel importante en la evacuación de las escorrentías). Desde el principio fue bastante fotografiada y como muestra os pondré en primer lugar las imágenes que nos dejan ver la parte que mira a las afueras de la ciudad, destacando en ella el escudo con el águila monocéfala (distinto, pues, del de la Puerta de Bisagra) y los reyes godos sedentes con sus espadas de metal.


La parte interna está dominada por una imagen de Santa Leocadia, de Berruguete, y el escudo real de Felipe II. Por ella aún circula tráfico rodado, siendo la única puerta histórica que ha de soportar esta carga (he visto turistas llevarse las manos a la cabeza con asombro al ver que el enorme autobús urbano se adentraba en ella a todo gas tan campante). De hecho, hasta la demolición de la Puerta de San Martín (de la que otro día os hablaré) en los años 60 y que impedía circular bordeando la muralla junto al puente como ahora sucede, esta puerta era atravesada en ambos sentidos, por lo que había una señal de ceda el paso que daba prioridad a los que entraban en la ciudad (!).
Nota: Gracias a Pedro Antonio Alonso por la séptima foto.