1950
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sábado, 4 de mayo de 2024

Toledo visto desde un avión por Manuel Urech hacia 1950

Hablar de Manuel Urech López es hacerlo sobre uno de los más destacados fotógrafos de prensa españoles en el siglo XX. Especialmente relevante es su protagonismo al hablar de fotografía histórica de Madrid, ciudad en la que principalmente trabajó. No en vano, Urech desempeñó su labor como reportero durante treinta años en el Diario Madrid, a la vez que colaboraba frecuentemente también con el diario ABC y la revista Semana. Finalmente, culminó su vida profesional trabajando para la Agencia EFE.
Nació en Zaragoza en 1904, y fue su padre, el también fotógrafo y catedrático Manuel Urech González quien le introdujo en el mundo de la fotografía. Se sabe que, durante la Guerra Civil, el joven Manuel trabajó en Junta de Compras de Material del Ministerio de la Guerra y figura en el elenco de fotógrafos de la Junta Delegada de Defensa de Madrid. En aquellos años desempeñó también tareas como fototécnico del Instituto forestal de Investigaciones y Experiencias. En su larga trayectoria profesional, que abarca entre 1935 y 1975, año de su jubilación, se desenvolvió con maestría como fotoperiodista en los medios anteriormente citados, logrando fotografías de gran calidad.
Manuel Urech López, fotógrafo (1904-1985) Casado desde 1934 con Cecilia Ribera, y fallecido en el año 1985, Urech conformó a lo largo de su vida un inmenso legado fotográfico, hoy gestionado por su hijo Miguel Ángel Urech Ribera, a quien agradezco sinceramente su amabilidad y su generosidad. Es el propio Miguel Ángel quien describe con estas palabras el excepcional fondo fotográfico de su padre:
El archivo de mi padre no es un archivo en sentido estricto, yo digo que llamarlo así es todo un eufemismo. Son un montón de latas de película (Ilford en su mayoría) y cajas de papel fotográfico Kodak llenas de rollos y tiras de negativos, pero la inmensa mayoría sin la más mínima indicación de su contenido o fecha. Además, por lo que he podido comprobar hasta ahora, están mezcladas fotos hechas para el Diario Madrid (y supongo que para el ABC, aunque todavía no ha aparecido ninguna), fotos de trabajos particulares y fotos de familia. Era muy metódico y ordenado para sus cosas, especialmente para todo lo que tenía en su laboratorio. Sabía todo lo que tenía y donde lo tenía. Hasta tal punto era así que a veces le poníamos a prueba, entrábamos en el laboratorio y movíamos algo de sitio, incluso solo unos centímetros, para ver si lo notaba. No fallaba, cuando llegaba a casa y entraba en su laboratorio la reacción era inmediata: “¿Quién ha entrado aquí?”. Creo que tenía memoria fotográfica para su laboratorio, y por eso quizá él si sabía en qué orden estaban las latas de película y cajas de papel, lo que contenía cada una y más o menos su fecha.
Gracias al esfuerzo de su hijo Miguel Ángel, encargado de digitalizar y gestionar poco a poco las más de 100.000 fotos que componen el archivo, en 2012 se publicó un libro con fotografías de Urech titulado Madrid a pie de calle (Ediciones La librería) que se ha convertido en toda una referencia de la fotografía madrileña. En el prólogo de dicho libro hay un párrafo escrito por su hijo que me fascina, describiendo de este modo tan bello y elocuente los recuerdos que la minuciosa labor fotográfica de su padre le evocaban:
Una de las razones por las que me alegro de estar escribiendo estas líneas es que según escribo sobre algo, eso me hace evocar recuerdos que tenía totalmente olvidados. Por ejemplo, al escribir sobre cómo medía la luz y calculaba la exposición, he recordado haber hecho de su ayudante en algunas ocasiones. Cualquier aficionado a la fotografía sabe que no es fácil hacer fotos nocturnas con poca luz ambiente mezclada con puntos de luz artificial, incluso con la ayuda de la propia cámara, y que requieren largas exposiciones. Pues bien, como creo haber mencionado, a mediados de los años 1950 tuvo el encargo por parte del Sr. Lillo, concejal del Ayuntamiento de Madrid, de hacer fotos de la nueva iluminación que se iba instalando en diversas calles, lo que evidentemente requería que fuesen fotos nocturnas. Una de las ocasiones en las que le acompañé, y que ahora recuerdo como si hubiese sido ayer, fue para hacer el tramo de la calle de Alcalá desde Cibeles hacia la Gran Vía. Plantó su trípode con la cámara al lado del Banco de España junto al la entrada del metro y mi misión era avisarle si veía algún coche en Cibeles que fuese a entrar en Alcalá. Una vez apretado el disparador de cable e iniciada la exposición, si le avisaba de que venía algún coche, o él lo veía venir de frente, tapaba el objetivo con la mano hasta que desaparecía de la escena, entonces la quitaba y continuaba con la exposición. Y así las veces que fuese necesario para conseguir el tiempo de exposición que había calculado, creo recordar que a veces de minutos, y que la foto saliese sin ningún coche fantasma en movimiento. Y no crean que para esto utilizaba un cronómetro que paraba y arrancaba; él, además de fotómetro, era también cronómetro, al igual que cuando impresionaba el positivo en papel en la ampliadora.
Pues bien, como amante de la fotografía me puse en contacto hace unos meses con Miguel Ángel con el deseo y la esperanza de que en su extenso archivo figurase una amplia selección de fotos tomadas en Toledo. Cuando Miguel Ángel amablemente me respondió, me comentó que, a falta de finalizar completamente la digitalización del archivo, solo le constaban 6 fotos toledanas de su padre, todas ellas realizadas hacia 1950 desde un avión KLM en un vuelo acompañado del Sr. Esteban. Evidentemente me hubiera gustado que fuesen más las imágenes de Toledo conservadas dentro del archivo de tan extraordinario fotógrafo, pero lo cierto es que esa media docena de fotos también tienen su valor y he decidido ofrecérsoslas por cortesía de su hijo.
Como os decía, son fotos aéreas tomadas hacia 1950 en las que aún vemos una ciudad casi circunscrita a la muralla medieval, todavía con escasos desarrollos extramuros: solo vemos en las vegas los primeros bloques de la Avenida de la Reconquista y algunas de las primeras casas de la zona de Coronel Baeza. Aparece aún la Escuela Normal de Magisterio en el Paseo de Sisebuto y podemos apreciar la tremenda destrucción del Alcázar tras el asedio de 1936. En definitiva: un viaje a vista de pájaro por el Toledo de mediados de siglo de la mano de un gran genio de la fotografía como fue Manuel Urech. Espero que os gusten:
Vista aérea de Toledo hacia 1950 desde un avión KLM. Fotografía de Manuel Urech. Vista aérea de Toledo hacia 1950 desde un avión KLM. Fotografía de Manuel Urech. Vista aérea de Toledo hacia 1950 desde un avión KLM. Fotografía de Manuel Urech. Vista aérea de Toledo hacia 1950 desde un avión KLM. Fotografía de Manuel Urech. Vista aérea de Toledo hacia 1950 desde un avión KLM. Fotografía de Manuel Urech. Vista aérea de Toledo hacia 1950 desde un avión KLM. Fotografía de Manuel Urech. Para finalizar, únicamente recordaros que aún podéis ser mecenas del sexto tomo de Toledo Olvidado que verá la luz esta próxima Navidad. ¡Millones de gracias a todos los que ya habéis confiado realizando vuestra aportación!

sábado, 15 de mayo de 2021

Toledo alrededor de 1950 fotografiado por Emmanuel Boudot-Lamotte

Emmanuel Boudot-Lamotte nació en Paris en 1908. Fue un cultísimo y polifacético personaje: gran viajero, fotógrafo, historiador del arte, ilustrador, editor, traductor y gran amigo de personas clave en la cultura francesa del siglo XX como André Fraigneau. Fue también el editor en jefe de la célebre novelista, ensayista, poeta, dramaturga y traductora belga Marguerite Yourcenar en la editorial Gallimard.
Emmanuel Boudot-Lamotte fue miembro del comité de lectura de Editions Gallimard desde 1931 hasta 1945 donde participó notablemente en la publicación del primer libro de Raymond Queneau titulado Le Chiendent. Tras la II Guerra Mundial comenzó su estrecha relación con Marguerite Yourcenar en el periodo en el que él era director de las ediciones de J. B. Janin. Ambos trabajaron conjuntamente en varios proyectos, incluida una antología de cuentos estadounidenses contemporáneos y una obra recopilatoria de tesoros de arte francés, compilando y comentando obras de pinturas francesas conservadas en museos estadounidenses. La estrecha relación entre ambos se plasmó en multitud de cartas, que recientemente han dado lugar al libro En 1939, l'Amérique commence à Bordeaux: Lettres à Emmanuel Boudot-Lamotte (1938-1980) a partir de las cartas conservadas de Yourcenar a Emmanuel Boudot-Lamotte durante toda su vida.
Pero la faceta que más nos interesa de Boudot-Lamotte es la de fotógrafo autónomo, que le permitió publicar libros de sus fotografías parisinas en 1937 y 1931 o del Monte Sant Michel en 1941, entre otros. Su carácter viajero le llevó con su cámara a Toledo hacia 1950 donde obtuvo geniales fotografías que fueron publicadas sueltas en diversa bibliografía. En los últimos años he logrado recopilar parte de las fotos que tomó Boudot-Lamotte en Toledo y que figuran en diversos libros, y hoy os las ofrezco con la esperanza de que esta entrada pueda ser completada en el futuro con más imágenes según vaya siendo capaz de identificar nuevas imágenes suyas en libros menos conocidos. Comenzaremos por ver esta maravilla de imagen: el Puente de Alcántara fotografiado desde el Paseo del Carmen, con la cuesta de Doce Cantos bajo la perspectiva del fotógrafo. Es una estampa deliciosa, con un Tajo limpio y un gran árbol de sombra en mitad de lo que hoy es la carretera. Un grupo de personas aparece caminando para completar la escena:
Puente de Alcántara y Cuesta de Doce Cantos hacia 1950. Fotografía de Boudot-Lamotte (1908-1981). Publicada en el libro L´Espagne de A. T´Serstevens en 1952 El Puente de Alcántara vuelve a ser el protagonista en esta vista en la que aparecen unos pescadores a la orilla del Tajo:
Puente de Alcántara en Toledo hacia 1950. Fotografía de Emmanuel Boudot-Lamotte publicada en el libro "Espagne" de Maurice Legendre En el otro gran puente medieval, el de San Martín, Emmanuel Boudot-Lamotte descendió hasta el mismísimo nivel del agua para lograr esta vista en la que un cielo precioso con nubes algodonosas completa la escena:
Puente de San Martín en Toledo hacia 1950. Fotografía de Emmanuel Boudot-Lamotte publicada en el libro "Espagne" de Maurice Legendre La vista general de la ciudad que Boudot-Lamotte obtuvo hacia 1950 es sensacional pese a ser aún muy patente la destrucción causada por la guerra civil en edificios como el Alcázar:
Vista general de Toledo hacia 1950. Fotografía de Emmanuel Boudot-Lamotte publicada en el libro "Espagne" de Maurice Legendre Fue precisamente desde el Alcázar donde Emmanuel logró una vista hoy imposible de tomar: la vista de la zona de la calle Horno de los Bizcochos y sus alrededores aparece aún con la desaparecida casa del anticuario Justo García Callejo a la que ya dediqué esta otra entrada del blog. La zona está hoy en día absolutamente modificada:
Vista de la Catedral desde el Alcázar hacia 1950. Se ve la casa del anticuario Justo García Callejo. Fotografía de E. Boudot-Lamotte. El Hospital de Santa Cruz presentaba hacia 1950 un aspecto un tanto destartalado, con zonas en el piso superior del patio que habían sufrido la perdida de sus balcones y balaustradas probablemente durante la guerra civil:
Museo de Santa Cruz de Toledo hacia 1950. Fotografía de Emmanuel Boudot-Lamotte publicada en el libro "Espagne" de Maurice Legendre Para finalizar, probablemente la imagen más bella de todas. Se trata de esta vista del Palacio Arzobispal desde la plaza del Ayuntamiento que nos permite ver una fuente en el centro de la misma que fue muy efímera y que desapareció en la reforma que en 1954 sufrió tanto la plaza como el propio edificio arzobispal, al que se le suprimieron sus dos pequeños torreones en los pisos superiores (aquí vemos uno) así como el revoco de la fachada que pasó tras la reforma a mostrar la piedra y el ladrillo que aquí vemos cubierto con un típico enfoscado:
Palacio Arzobispal  y fuente en la Plaza del Ayuntamiento en Toledo hacia 1950. Fotografía de Emmanuel Boudot-Lamotte publicada en el libro "Espagne" de Maurice Legendre Emmanuel Boudot-Lamotte nos dejó en el año 1981 pero nos queda su gran legado en forma de fotografías. Son sensacionales sus publicaciones no solo parisinas sino que os recomiendo buscar las imágenes que obtuvo en Grecia, Sicilia, Roma o Dalmacia porque son una absoluta gozada para la vista. Una vez más, es un privilegio para los toledanos poder admirar las fotografías que un fotógrafo de su talla obtuvo en Toledo hace ya más de 70 años.

sábado, 26 de octubre de 2019

Toledo hacia 1950 fotografiado por unos turistas franceses

Muy a menudo, no nos paramos a valorar la inmensa cantidad de aportaciones positivas que el turismo cultural ha generado para España en general y para Toledo en particular. Es evidente que la conservación de multitud de monumentos españoles se activó gracias a que personas foráneas vinieron a valorarlos (frecuentemente más que la población local), generando una corriente de interés por el patrimonio cuyas consecuencias favorables hoy disfrutamos especialmente en las ciudades monumentales, con una actividad cultural y económica que crea riqueza y dinamismo haciendo nuestro día a día mucho más próspero.
Sumado a ello, existe otro legado directamente ligado al turismo que es más intangible pero tanto o más valioso que el anterior: me refiero a la generación de arte, literatura y fotografía por parte de los que en el pasado nos visitaron. Se nos olvida a veces que Rilke fue un turista que se enamoró de nuestra ciudad, que a Diego Rivera le pasó otro tanto o que Inge Morath vino a Toledo atraída por su fama mundial. Son solo tres ejemplos, en la literatura, la pintura y la fotografía, que demuestran el tremendo enriquecimiento creativo, cultural e intelectual que el turismo ligado a Toledo ha generado en el último siglo.
No en vano, el turista (el visitante u observador foráneo en general) aprecia nuestra realidad desde una perspectiva diferente, la de sus respectivos bagajes personales e influencias culturales asimiladas en su país de origen, generando una enriquecedora interacción con la visión exclusivamente local.
Las personas que vienen de fuera se fijan en detalles de nuestro día a día que a nosotros nos pasan a menudo desapercibidos y valoran, en ocasiones más que nosotros mismos, las joyas artísticas y paisajísticas aquí presentes que probablemente escaseen en su ciudad de origen.
El turismo cultural es, por tanto, un tesoro que quiero poner hoy en valor por todo lo que nos ha aportado y por todo lo que nos aportará en el futuro si sabemos cuidarlo y priorizar este tipo de visitantes por encima de otras opciones -digamos, menos enriquecedoras-, como ciertas despedidas de soltero, por poner un ejemplo.
Y, ¿qué mejor manera de homenajear al turismo cultural que trayendo fotografías antiguas que demuestren lo expuesto? Por ello hoy vamos a ver una colección de imágenes tomadas por unos turistas franceses hacia 1950 que, en su periplo hacia Marruecos, recalaron en Toledo dejándonos impagables fotografías que retratan muy bien la vida del Toledo de mediados del siglo XX.
Comenzaremos por ver una de las más bellas, tomada en el Arrabal, donde se aprecia a la perfección la realidad cotidiana de aquella calle en esa época:
Puerta de Bisagra y Real del Arrabal en Toledo hacia 1950 en una foto de unos viajeros franceses en su periplo hacia Marruecos

Al otro lado, la Puerta de Bisagra aparece flamante, tras su reconstrucción parcial derivada del hundimiento que sufrió su torreón derecho en 1946:
Puerta de Bisagra de Toledo hacia 1950 en una foto de unos viajeros franceses en su periplo hacia Marruecos

Su precioso vehículo de época aparece en bastantes fotografías, como por ejemplo esta tomada junto a San Juan de los Reyes con una preciosa vista del Palacio de los Duques de Maqueda al fondo:
Palacio de los Condes de Maqueda en Toledo hacia 1950 en una foto de unos viajeros franceses en su periplo hacia Marruecos

Las famosas cadenas que cuelgan en la fachada del monasterio presentaban este aspecto:
Cadenas de San Juan de los Reyes en Toledo hacia 1950 en una foto de unos viajeros franceses en su periplo hacia Marruecos

La desaparecida Puerta de San Martín fue retratada por nuestros amigos franceses, logrando otra imagen de gran belleza:
Puerta de San Martín en Toledo hacia 1950 en una foto de unos viajeros franceses en su periplo hacia Marruecos

Decía al principio que los turistas, como observadores foráneos, en ocasiones se fijan en detalles que les resultan sorprendentes. Eso debió sucederles a estos turistas franceses al ver autobuses cruzando por un puente medieval como el de San Martín. Era algo que los toledanos por entonces veían con la normalidad que confiere la visión constante de un hecho, pero que despertó la curiosidad del fotógrafo hasta tal punto de obtener varias tomas de la escena:
Un autobús cruza el Puente de San Martín de Toledo hacia 1950 en una foto de unos viajeros franceses en su periplo hacia Marruecos
Un autobús cruza el Puente de San Martín de Toledo hacia 1950 en una foto de unos viajeros franceses en su periplo hacia Marruecos

También obtuvieron una imagen del puente sin el autobús:
Puente de San Martín de Toledo hacia 1950 en una foto de unos viajeros franceses en su periplo hacia Marruecos

El Puente de Alcántara no podía faltar en el reportaje, destacando al fondo la presencia de la Puerta de Alcántara aún sin restaurar, tal como se descubrió en 1911 al derribar unas casas que la ocultaban:
Puente de Alcántara de Toledo hacia 1950 en una foto de unos viajeros franceses en su periplo hacia Marruecos
Puente de Alcántara de Toledo hacia 1950 en una foto de unos viajeros franceses en su periplo hacia Marruecos

El Castillo de San Servando sí aparece ya restaurado:
Castillo de San Servando de Toledo hacia 1950 en una foto de unos viajeros franceses en su periplo hacia Marruecos

La Catedral fue también visitada por el grupo de viajeros, que obtuvieron esta vista del claustro del templo:
Claustro de la Catedral de Toledo hacia 1950 en una foto de unos viajeros franceses en su periplo hacia Marruecos

La Puerta del Cambrón aparece bellísima en esta toma:
Puerta del Cambrón de Toledo hacia 1950 en una foto de unos viajeros franceses en su periplo hacia Marruecos

La vista de Toledo desde el Valle ofrecía un aspecto bellísimo aunque en algunos puntos aún marcado por las heridas de la Guerra Civil:
Vista general de Toledo hacia 1950 en una foto de unos viajeros franceses en su periplo hacia Marruecos
Toledo hacia 1950
Vista de Toledo hacia 1950 en una foto de unos viajeros franceses en su periplo hacia Marruecos

En las inmediaciones de la ciudad pararon a tomar una comida campestre. No he logrado aún identificar con certeza el lugar exacto, por lo que agradezco vuestras aportaciones:
Afueras de Toledo hacia 1950 en una foto de unos viajeros franceses en su periplo hacia Marruecos
Afueras de Toledo hacia 1950 en una foto de unos viajeros franceses en su periplo hacia Marruecos

Una de las carreteras de acceso a la ciudad (creo que es la que se dirigía al sur en la zona de Las Nieves) estaba siendo reparada por los peones camineros, con sus rudimentarios medios, en una estampa que debe hacernos valorar las carreteras que hoy disfrutamos:
Carretera de acceso a Toledo hacia 1950 en una foto de unos viajeros franceses en su periplo hacia Marruecos

En su viaje hacia Marruecos también hicieron parada en la localidad de Mora, la que para muchos es la primera localidad que puede considerarse manchega al sureste de Toledo, a unos 40 kilómetros de la nuestra ciudad. Aunque no suelo incluir fotos en el blog de localidades de la provincia, hoy haré una excepción por la belleza de las fotografías y por los muchos amigos que poseo en este precioso pueblo. Me encantan especialmente las imágenes tomadas en la churrería Fortu, donde se pueden tomar los que probablemente son los mejores churros de la provincia:
Mora de Toledo hacia 1950 en una foto de unos viajeros franceses en su periplo hacia Marruecos
Mora de Toledo hacia 1950 en una foto de unos viajeros franceses en su periplo hacia Marruecos. Casa Fortu, churrería.
Mora de Toledo hacia 1950 en una foto de unos viajeros franceses en su periplo hacia Marruecos. Casa Fortu, churrería.
Trillando en Mora de Toledo hacia 1950 en una foto de unos viajeros franceses en su periplo hacia Marruecos
Noria con burro en Mora de Toledo hacia 1950 en una foto de unos viajeros franceses en su periplo hacia Marruecos

Con el deseo de que os hayan gustado estas fotografías, me despido reivindicando una vez más el turismo como uno de nuestros mayores tesoros, pero no cualquier turismo, sino el turismo cultural y de calidad realizado por miles de personas respetuosas con nuestra ciudad que tanto nos aportan. Lejos de los extremismos (los que defienden cualquier tipo de "turismo" irrespetuoso o descontrolado, o los también absurdos movimientos turismófobos), creo que es de justicia reconocer cuántas cosas buenas ha traído el turismo a Toledo desde que visionarios como el Marqués de la Vega Inclán iniciaron aquel despegue.

sábado, 20 de junio de 2015

Toledo en abril de 1950 fotografiado por Leo Wehrli

Leo Wehrli fue un excepcional geólogo y geógrafo suizo nacido en 1870. Tras terminar sus estudios, entre 1893 y 1896 trabajó como asistente en la Escuela Politécnica Federal de Zurich. Es entonces -en 1896- cuando le encomiendan un trabajo que le marcaría de por vida: viaja a Argentina contratado por el gobierno argentino para delimitar en el terreno tanto las cuencas hidrográficas como las fronteras de este país con su vecino Chile, en pleno proceso de definición que a lo largo de la historia posteriormente provocó graves fricciones entre ambos países. Además de este trabajo como geógrafo, como geólogo realizó varios e importantes viajes a la región cordillerana de Neuquén y Mendoza junto a Carl Burckhardt en 1898. Producto de dichos viajes fueron varios afamados trabajos descriptivos la estratigrafía, tectónica y paleontología del Mesozoico andino, así como sobre los invertebrados del Paleoceno y la fauna del Jurásico Inferior de estas zonas. Estos trabajos constituyeron los primeros estudios sobre invertebrados fósiles efectuados en el Museo de La Plata y contribuyeron especialmente al conocimiento de la fauna fósil y la estratigrafía del Jurásico y Cretácico de Argentina.
Las andanzas de Wehrli para poder llegar por primera vez a Argentina para cumplir su misión comenzaron en México, donde tomó un autobús a San Rafael en Argentina. A partir de aquí viajó a caballo en una expedición de montaña de habla española para lograr el paso por los Andes, cordillera que cruzó ocho veces.
Al finalizar sus trabajos en 1899 regresó a Suiza, pero se dice que cuarenta años después cuando volvió a Argentina en 1938 aún era recordado por sus servicios al país.
Wehrli era una persona muy popular no solo en su país sino también en el extranjero por su gran capacidad docente y comunicativa, ya que sabía acompañar sus conferencias sobre sus viajes a todos los continentes con ilustraciones y fotografías tomadas por él mismo, que a menudo coloreaba su esposa.
Nada menos que con 80 años viajó a España donde visitó Toledo en abril de 1950, tomando una curiosa serie de fotografías de elevado valor y que se conservan en la Biblioteca Pública de Zurich (sujetas al correspondiente copyright © ETH-Bibliothek Zurich). Se trata de fotografías que hablan de un consumado fotógrafo por la calidad de las tomas, aunque hay que lamentar que el coloreado efectuado probablemente por su mujer distorsione un poco su calidad gráfica y realismo.
La más bella de todas a mi juicio es esta en la que un curioso grupo de personas que cargan con unas sillas sube por la calle junto a la Puerta del Sol:
Puerta del Sol fotografiada por Leo Wehrli el 4 de abril de 1950 (fotografía coloreada) © ETH-Bibliothek Zurich

Son espectaculares las vistas de las ruinas del Alcázar, aún sin reconstruir tras la guerra de 1936. Sorprende mucho ver el aspecto de la Cuesta de Carlos V:
Alcázar de Toledo y Cuesta de Carlos V  fotografiados por Leo Wehrli el 4 de abril de 1950 (fotografía coloreada) © ETH-Bibliothek Zurich
Alcázar de Toledo en ruinas fotografiado por Leo Wehrli el 4 de abril de 1950 (fotografía coloreada) © ETH-Bibliothek Zurich

Es sensacional también esta vista de la Plaza de la Magdalena con el Casino al fondo. Se observa a la derecha cómo una de las pocas partes de la iglesia que se salvó (el muro norte) acababa de ser liberada de las viviendas adosadas a ella:
Casino en la plaza de la Magdalena  fotografiado por Leo Wehrli el 4 de abril de 1950 (fotografía coloreada) © ETH-Bibliothek Zurich

Esta es una bonita toma de la Calle de Santo Tomé:
Calle de Santo Tomé fotografiada por Leo Wehrli el 4 de abril de 1950 (fotografía coloreada) © ETH-Bibliothek Zurich

Es preciosa esta vista de la Plaza de las Cuatro Calles en su confluencia con Hombre de Palo:
Plaza de las Cuatro Calles fotografiada por Leo Wehrli el 4 de abril de 1950 (fotografía coloreada) © ETH-Bibliothek Zurich

Entre las vistas panorámicas, destacan estas tres: en la primera vemos la zona de Tavera con el enorme edificio de la Escuela Normal de Magisterio de la Vega aún en pie:
Hospital Tavera y Escuela Normal de Magisterio de la Vega fotografiados por Leo Wehrli el 4 de abril de 1950 (fotografía coloreada) © ETH-Bibliothek Zurich

La segunda nos ofrece esta vista de la ciudad desde el norte (zona del Salto del Caballo), pudiendo observarse el edificio de la cárcel provincial:
Vista de Toledo desde la Zona del Salto del Caballo por Leo Wehrli el 4 de abril de 1950 (fotografía coloreada) © ETH-Bibliothek Zurich

La tercera es esta preciosa vista de la Huerta del Granadal y la playa de Safont:
Huerta del Granadal y Playa de Safont en el Tajo fotografiados por Leo Wehrli el 4 de abril de 1950 (fotografía coloreada) © ETH-Bibliothek Zurich

Aquí vemos el Museo del Greco:
Museo del Greco fotografiado por Leo Wehrli el 4 de abril de 1950 (fotografía coloreada) © ETH-Bibliothek Zurich

Aquí vemos la Plaza de Ayuntamiento:
Catedral y Plaza del Ayuntamiento fotografiadas por Leo Wehrli el 4 de abril de 1950 (fotografía coloreada) © ETH-Bibliothek Zurich

Mirad qué bella vista de la calle del Arco de Palacio:
Arco de Palacio fotografiado por Leo Wehrli el 4 de abril de 1950 (fotografía coloreada) © ETH-Bibliothek Zurich

Por último, una genial y original vista de la torre de la Catedral desde la calle Trinidad junto a la Iglesia de San Marcos:
Calle Trinidad junto a San Marcos fotografiada por Leo Wehrli el 4 de abril de 1950 (fotografía coloreada) © ETH-Bibliothek Zurich

Leo Wehrli falleció cuatro años después de este viaje a Toledo, a la edad de 84 años en 1954. Se trata de un buen ejemplo para demostrar que la edad no debe ser un impedimento para viajar, ilusionarse, seguir aprendiendo y desarrollar la creatividad -en este caso fotográfica- que cada persona lleva dentro. Es emocionante ver en cada pie de fotografía la ya temblorosa letra de Wehrli describiendo y catalogando cada una de las imágenes con la ilusión y meticulosidad del primer día.

© TOLEDO OLVIDADO
Maira Gall