fernando chueca goitia
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domingo, 1 de diciembre de 2013

El Palacio de Munárriz

La que fuera casa original de Rodrigo Niño Lasso, señor de Añover y miembro de la Orden de Santiago, situada junto a la Iglesia de San Lorenzo es conocida desde el siglo XVIII como casa o palacio de Munárriz, en honor a D. Andrés de Munárriz, capiscol y obrero mayor de la Catedral Primada bajo cuyo mandato se fundió la célebre campana gorda.
El edificio original fue encargado por Rodrigo Niño hacia 1536. Enrique Egas trazó el patio y se contrató como escultor a Pedro de Egas y como canteros a los granadinos Juan de Aysera, Pedro Muñoz y Francisco de Medina. Sin embargo los incumplimientos del contrato llevaron a que fuese Alonso de Covarrubias quien se hiciera cargo en 1539 de las obras así como de la ejecución de los capiteles y columnas de mármol del patio.
El portentoso edificio tuvo diversos dueños e inquilinos desde entonces, destacando la presencia en él de José Francisco Aizquibel -o Aizkibel- Epelde, escritor y lexicógrafo vasco (Azcoitia, 1798- Toledo, 1865) que vivió en el Palacio de Munárriz durante años.
Palacio de Munárriz en 1857. Fotografía de Charles Clifford (detalle)

Existió hasta hace pocos años en este edificio una placa bilingüe escrita en castellano y en vascuence recordando este hecho, colocada el 25 de mayo de 1996 por la Real Sociedad Bascongada de Amigos de País, pero fue retirada por razones que desconozco.
José Francisco Aizkibel Epelde, Escritor y lexicógrafo (Azcoitia, 1798- Toledo, 1865) y que vivió en el Palacio de Munárriz durante años

La fotografía más antigua del Palacio de Munárriz es esta vista estereoscópica tomada por Pedroso y Leal hacia 1863:
Patio del Palacio de Munárriz, hoy en París, hacia 1863. Fotografía estereoscópica de Pedroso y Leal. Colección de Luis Alba.
Patio del Palacio de Munárriz, hoy en París, hacia 1863. Fotografía estereoscópica de Pedroso y Leal. Colección de Luis Alba.

Poco después del fallecimiento de Aizquibel Epelde da comienzo el progresivo deterioro y abandono del edificio, que desde entonces y hasta mediados del siglo XX sufrió un lamentable expolio que prácticamente acabó con él. De este modo fue tristemente desmantelado, siendo desmontado el patio de Covarrubias cuyas cuarenta columnas terminaron en París, fueron desmontados los artesonados para ser vendidos a subasteros y constructores y fueron retiradas las soberbias ocho rejas de Domingo de Céspedes que lo adornaban.
Noticia de la demolición del Palacio de Munárriz en el diario La España. 9 de noviembre de 1866.

Aunque es solo una hipótesis, es sospechoso que en la imagen más antigua, obtenida por Fernando González Pedroso se aprecie a personas en el patio en lo que podría ser el inicio del desmantelamiento, y además este fotógrafo tuviera como principal actividad la de subastero ofreciendo entre sus servicios incluso el de carros para el transporte de materiales.
Anuncio de Fernando González Pedroso ofreciendo sus servicios como subastero

En 1872 se podía apreciar desde el Valle la destrucción del interior del palacio. Se distingue la portada pero todo el interior se ve ya vacío:
Palacio de Munárriz demolido interiormente. Detalle de una foto de Laurent en 1872 A comienzos de siglo fue fotografiada en varias ocasiones la preciosa portada renacentista típicamente toledana de frontispicio de vuelta redonda:
Palacio de Munárriz hacia 1900. Fotografía de Rodríguez
Palacio de Munárriz a comienzos del siglo XX. Fotografía de Pedro Román Martínez. Centro de Estudios Juan de Mariana. Diputación de Toledo
Portada del Palacio de Munárriz (hoy en el Cigarral del Ángel) hacia 1915
Palacio de Munárriz. Del libro Petits Édifices, publicado en Paris en 1928 por los editores Vincent, Fréal et Cie.

Un detalle decorativo:
Detalles decorativos del Palacio de Munárriz. Foto de finales del XIX o comienzos del XX.
También fueron fotografiadas otras partes del exterior de la casa contigua, denominada "Casa del Jardín" y que fue propiedad de la misma familia:
Palacio de los Niño (linaje Añover y Arcos) en el callejón de San Lorenzo de Toledo a principios del siglo XX. Foto Rodríguez
Casa de la familia Arcos en la Calle San Lorenzo © Fondo Rodríguez. Archivo Histórico Provincial. JCCM. Signatura Album4-1267
Casa de la familia Arcos en la Calle San Lorenzo © Fondo Rodríguez. Archivo Histórico Provincial. JCCM. Signatura Album4-1494
Ventura Reyes Prósper en una casa de la Calle de San Lorenzo. © Fondo Rodríguez. Archivo Histórico Provincial. JCCM. Signatura CGD2-007-1

Me queda la duda (admito opiniones) de si esta vista está tomada desde el interior del ruinoso palacio. Si no lo es, desde luego está realmente cerca:
Catedral vista desde cerca de San Lorenzo a comienzos del siglo XX

A mediados del siglo XX el estado de ruina del edificio hizo que la portada hubiera de ser apuntalada, lo cual facilitó que se concediera permiso para su venta y traslado a la entrada del Cigarral del Santo Ángel Custodio, donde puede ser hoy admirada:
Portada del Palacio de Munárriz apuntalada antes de ser trasladada al Cigarral del Ángel a mediados del siglo XX
Portada del Palacio de Munárriz recién trasladada al Cigarral del Ángel a mediados del siglo XX

En la década de los 50 el afamado arquitecto Fernando Chueca Goitia se encarga de la rehabilitación y reconstrucción del edificio para usarlo como vivienda personal. En 1959 fueron tomadas las siguientes fotografías de las obras en las que destaca la ausencia de la portada, ya trasladada al Cigarral del Ángel:
Palacio de Munárriz durante su restauración el 6 marzo de 1959. Foto Rodríguez
Palacio de Munárriz durante su restauración el 6 marzo de 1959. Foto Rodríguez

La restauración no escatimó en materiales y si bien el edificio primitivo prácticamente desapareció, hoy puede decirse que el actual es uno de los edificios más bellos de esta zona de la ciudad, con una portada en piedra similar a la original y terminaciones de excelente calidad -son formidables las rejas- tanto en el exterior como en el interior del palacio. Se trata de una más de las diferentes actuaciones de recuperación de espacios históricos degradados que este arquitecto emprendió, entre las que destacan la Torre del Hierro, el Palacio de Galiana o el Colegio Sadel.
Palacio de Munárriz en Toledo hacia 1967 por Marc Flament
Buñuel en en el Palacio de Munárriz en Toledo (Foto Carlos Saura)
Vista de la Catedral desde el jardín del Palacio de Munárriz en 1966 © Paco Gómez/Fundació Foto Colectania

Palacio de Munárriz restaurado en los años 60 Palacio de Munárriz restaurado en los años 60 Palacio de Munárriz restaurado en los años 60 Palacio de Munárriz restaurado en los años 60 Palacio de Munárriz restaurado en los años 60 Palacio de Munárriz restaurado en los años 60 Palacio de Munárriz restaurado en los años 60 Palacio de Munárriz restaurado en los años 60 Palacio de Munárriz en la actualidad Palacio de Munárriz en la actualidad. Interior. Palacio de Munárriz en la actualidad Palacio de Munárriz en la actualidad Palacio de Munárriz en la actualidad Palacio de Munárriz en la actualidad Aquí vemos al arquitecto en el palacio:
Fernando Chueca Goitia en su palacio de Munárriz hacia 1990. Fotografía de Renate Takkenberg-Krohn Fernando Chueca Goitia en el Palacio de Munárriz hacia 1990. Colección de Eduardo Sánchez Butragueño. El Palacio de Munárriz en Google Maps:

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sábado, 21 de mayo de 2011

El Palacio de Galiana

El edificio que conocemos hoy en día como Palacio de Galiana se corresponde casi con total seguridad con la almunia del rey de la Taifa de Toledo al-Ma´mun (1043-1075), cuyos verdaderos palacios regios se asentaban en la zona donde hoy se sitúa el Convento de Santa Fe. Tras la conquista cristiana pasó a denominarse almunia real o Huerta del Rey -nombre que aún conserva-. El primitivo edificio islámico sufrió grandes y sucesivos destrozos por causas diversas, entre las que destacan -debido a su situación el la vega extramuros de la ciudad fortificada- las incursiones de ejércitos almohades y almorávides en los siglos XI y XII, o también de tropas cristianas que allí acamparon en 1212 para hacer frente a los almohades. Pero, según parece, el edificio original no fue completamente destruido de modo que el palacio mudéjar que ha llegado hasta nuestros días utiliza en gran medida la estructura de la edificación islámica, de tal forma que la obra mudéjar fechada en el siglo XIII -a la que siguió probablemente otra posterior en el XIV- consistió básicamente en la reparación de los lienzos más deteriorados y, sobre todo, en labores decorativas entre las que destacan yeserías, zócalos y arquillos de ventanas. Todo ello se deduce de la observación detallada de la planta del edificio, típicamente islámica, compuesta por salas de recepción conectadas con una espaciosa alberca y todo ello rodeado de jardines. Las fuentes documentales islámicas citan a Ibn Wafid y a Ibn Bassal como diseñadores de los jardines, y nos hablan del célebre "salón de la noria" o maylis al-na´ura, cuyo repetitivo sonido se asemejaría al de una camella que ha perdido a su cría. Esta gran noria se reflejaba en el agua de la alberca, la cual se conserva en nuestros días y que estuvo en uso hasta 1603 según Salazar de Mendoza que cita textualmente "unas casas viejas que tienen un estanque de agua por patio, a quien el vulgo ignorante llama los Palacios de Galiana". La propiedad del Palacio de Galiana pasó en 1385 al Convento de Jerónimos de la Sisla por donación del rey Juan I. Los monjes venden el edificio en 1394 a Beatriz de Silva -esposa de Alvar Pérez de Guzmán-, fecha en la que debió hacerse la segunda reforma mudéjar pues se conservan escudos de los Silva y de los Guzmán en la yeserías.
Pero lo que convierte a este lugar en un emplazamiento legendario y de bellísimas evocaciones es la leyenda que narra los amores de Carlomagno con Galiana, la hija del rey musulmán Galafre. La leyenda tiene su origen en el cantar de gesta francés denominado Mainet o Mainete. En él se narra, al contar la llegada de Mainet con sus franceses a Toledo -Mainet es el nombre que toma el joven Carlos para vivir de incógnito en Toledo, donde va desterrado- que el rey moro los hospedó “en su alcázar menor, que llaman agora los palacios de Galiana, que él había hecho muy ricos a maravilla, en que se toviese viciosa aquella su hija; e este alcázar o el otro mayor eran de manera hechos que la infanta iba encubiertamente de uno al otro cuando quería”. Se refería pues a los verdaderos palacios regios, hoy Convento de Santa Fe. La leyenda tuvo un arraigo extraordinario en Toledo, y como el gran Ramón Menéndez Pidal explicara en 1932 al analizarla en detalle, ello no es extraño dado el importante contingente de franceses llegado a Toledo con Alfonso VI en la Reconquista pues llegaron a ser el tercer grupo de población más numeroso en Toledo -“Castellanos, Mozárabes atque Francos" según rezan los fueros de la ciudad- ocupando un barrio entero denominado Arrabal de los Francos entre Zocodover y la Catedral, siendo muy probable que ese cantar de gesta fuese escrito en Toledo, como Pidal trató de demostrar.
Según Menéndez Pidal, el nombre de Galiana no corresponde a ninguna mujer en concreto sino que hace referencia a la Vía Galliana, es decir, el antiguo camino romano que unía Toledo con las Galias -Francia- arrancando en los mencionados palacios regios para salir de la ciudad por la Puerta de Perpiñán y el Puente de Alcántara, y que pasaba por Guadalajara y Zaragoza hasta cruzar los Pirineos en el Summo Portu (Somport) de Canfranc. De hecho, ya en el siglo XII los palacios regios de lo que hoy es Santa Fe eran conocidos por este nombre como prueba un documento de 1210 del rey Alfonso VIII que en el que se lee que “dize que es aquel que dizen aver sido Palacios de Galiana, dentro de los muros de Toledo”. Otros muchos documentos de los siglos XIII y posteriores vuelven a mencionar los palacios con esta denominación.
Pero es en el siglo XVI cuando, tal vez por las modificaciones en estos palacios convertidos en conventos y por el arraigo de la leyenda carolingia de Mainet, se menciona por vez primera a la almunia real o Huerta del Rey, también junto a la senda Galiana, como Palacios de Galiana. Así, Luis del Mármol, en 1573 escribe que Galafre, al celebrar las bodas de Galiana y Carlos, “porque los christianos no entrassen en Toledo, mandó hazer en la propia Güerta unos palacios que oy día llaman los palacios de Galiana". El recuerdo de los ingenios árabes presentes en esa almunia, donde algunos autores ubicaban las clepsidras de Azarquiel y las albercas que se llenaban o vaciaban en ciclos perfectos de 29 días según los meses lunares, o la cúpula o qubba por la que se deslizaba el agua creando maravillosos reflejos hicieron acrecentar su fama legendaria.
Durante los siglos XVI y XVII esa leyenda seguía muy presente en la vida cotidiana castellana hasta el punto de ser mencionada por Cervantes en la segunda parte del Quijote en su capítulo LV:

"¡Válame Dios todopoderoso! -decía entre sí-. Esta que para mí es desventura, mejor fuera para aventura de mi amo don Quijote. Él sí que tuviera estas profundidades y mazmorras por jardines floridos y por palacios de Galiana, y esperara salir de esta escuridad y estrecheza a algún florido prado"

Para terminar de demostrar que el Mainet fue escrito en Toledo, Menéndez Pidal hizo un soberbio descubrimiento toponímico. En el poema épico medieval se dice que el combate de Mainet con Bramante, en el que el francés se apodera de la legendaria espada Durendart, ocurre en Val Salmorial, junto a Toledo. Pidal indagó fuentes diversas y halló que en el siglo XVI Pedro de Alcocer al hablar de esta leyenda decía que “Carlos hizo armas con Bramante en el lugar que agora llaman Balsalmorial, dos leguas y media desta cibdad”, y que Pedro Salazar de Mendoza en el XVII contaba que “Lo del moro Bradamante y las armas que hizo en el Valsalmorial, entre Olías y Cavañas, ni lo digo ni lo creo.”. Pues bien, Pidal recorrió los alrededores de Toledo en 1932 y halló varios lugares de terrenos salados llamados salmoriales, de entre los que destacó como posible ubicación del pasaje del Mainet uno llamado Dehesa de Navarreta. Esa dehesa está situada en un hondo, en el término de Magán, y en la que hay salmoriales, a dos leguas y media de Toledo, conforme la distancia señalada por Pedro de Alcocer. Sin duda, una preciosa labor de investigación sobre el terreno ocho siglos después de haberse descrito en un cantar de gesta.
También en el Palacio de Galiana se localiza otra leyenda, la de la Mano Horadada, que cuenta cómo estando Alfonso VI alojado como huésped de Al-Ma´mun en esta almunia, escuchó una conversación del rey árabe con sus ministros sobre cuál era el flanco más débil de la ciudad. Alfonso se hizo el dormido y Al-Ma´mun quiso asegurarse de ello, por lo que en voz baja para no despertarle pero suficientemente alta para que lo oyera si se hacía el dormido pidió que le trajeran plomo fundido. Le acercaron el metal hirviendo y logró no inmutarse hasta que le derramaron el plomo, momento en el que gritó de dolor por el agujero que ello le provocó en la mano que tenía extendida. Al-Ma´mun quedó tranquilo pensando que no les había escuchado, pero según la leyenda, poco después Alfonso entró a la ciudad por ese flanco.
Sea como fuere, este edificio llegó a la era fotográfica en un estado lamentable, completamente arruinado y, desde luego, nada evocador de fantasías legendarias. La emperatriz Eugenia de Montijo, conocedora de la leyenda, quiso restaurar el edificio al ver en sí misma a una heredera del destino de Galiana, aunque la muerte le vino antes de poder emprender la obra.
Las primeras fotografías del palacio datan de comienzos del siglo XX. Sin duda fue todo un genio como Don Pedro Román Martínez quien tomó las mejores fotografías del Palacio de Galiana en ese penoso estado:
Palacio de Galiana a principios del siglo XX. Fotografía de Pedro Román Martínez. Diputación de Toledo
Palacio de Galiana a principios del siglo XX. Fotografía de Pedro Román Martínez. Diputación de Toledo
Palacio de Galiana a principios del siglo XX. Fotografía de Pedro Román Martínez. Diputación de Toledo
Palacio de Galiana a principios del siglo XX. Fotografía de Pedro Román Martínez. Diputación de Toledo
José Joaquín Román Martínez junto al Palacio de Galiana a principios del siglo XX. Fotografía de Pedro Román Martínez. Diputación de Toledo

Estas son otras fotografías del edificio a comienzos del siglo XX:
Palacio de Galiana a comienzos del siglo XX. Foto Rodríguez
Palacio de Galiana a comienzos del siglo XX. Foto Rodríguez
Palacio de Galiana a comienzos del siglo XX. Foto ABC
Palacio de Galiana a comienzos del siglo XX. Foto Grafos
Palacio de Galiana a comienzos del siglo XX. Colección Luis Alba. Ayuntamiento de Toledo
Palacio de Galiana a comienzos del siglo XX. Foto ABC
Palacio de Galiana a principios del siglo XX.
Palacio de Galiana a comienzos del siglo XX. Fotografía de Rodríguez publicada en La Voz en agosto de 1932
Palacio de Galiana hacia 1910. © Fondo Rodríguez. Archivo Histórico Provincial. JCCM. Signatura 01A-405
En los años 30 el arquitecto Fernando García Mercadal obtuvo estas fotos del palacio:
Palacio de Galiana hacia 1933. Fotografía de Fernando García Mercadal © Fundación Arquitectura COAM Palacio de Galiana hacia 1933. Fotografía de Fernando García Mercadal © Fundación Arquitectura COAM La situación del Palacio en la Vega del río ha supuesto que, hasta la construcción de las grandes presas, las inundaciones fuesen más o menos frecuentes. En esta imagen de febrero de 1947 podemos ver las ruinas del Palacio de Galiana, al fondo, como un islote en medio de un mar:
Estación de Ferrocarril y Palacio de Galiana anegados por una crecida del Tajo en febrero de 1947

Pero por fortuna en los años 60 los propietarios del Palacio, Alejandro Fernández de Araoz y Carmen Marañón deciden restaurar el edificio, encomendando la dirección de los trabajos al prestigioso arquitecto Fernando Chueca Goitia. En palabras del propio Chueca, en dicha restauración "nada se ha inventado, y sin embargo, eran tantos los problemas, tantas las incógnitas... Hemos querido, ante todo, restituir". Estas son fotos de las excavaciones previas:
Palacio de Galiana  © Fondo Rodríguez. Archivo Histórico Provincial. JCCM. Signatura CAJARCHP-063-04 Excavaciones en el Palacio de Galiana  © Fondo Rodríguez. Archivo Histórico Provincial. JCCM. Signatura CAJARCHP-063-05 La revista Blanco y Negro del diario ABC dedicó un reportaje a esta restauración cuando estuvo concluida en 1965:
Palacio de Galiana en 1965 tras ser restaurado bajo la dirección de Fernando Chueca Goitia. Foto ABC
Palacio de Galiana en 1965 tras ser restaurado bajo la dirección de Fernando Chueca Goitia. Foto ABC

Estas son otras fotos del Palacio de Galiana en los años 60:
Vista aérea del Palacio de Galiana  hacia 1963. Publicada por la Diputación Principal en la Revista Provincia (nº 44) Palacio de Galiana en 1966 © Paco Gómez/Fundació Foto Colectania Palacio de Galiana de Toledo hacia 1967 por Marc Flament. Se trata en definitiva de una auténtica joya para Toledo, tanto por el valor del edificio como por la carga de historia y leyenda que lleva aparejada, en un entorno precioso y con unos jardines actualmente muy cuidados. Esperemos que los desarrollos que se puedan originar en el futuro alrededor de este edificio respeten su historia, su paisaje y su leyenda.

El Palacio de Galiana en Google Maps:

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Para saber más:
- "Galiene la belle" y los Palacios de Galiana en Toledo. Artículo de Ramón Menéndez Pidal en 1932
- El último Palacio de Galiana, de Julio Contreras Mesa
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