1906
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jueves, 28 de mayo de 2020

Toledo a comienzos del siglo XX fotografiado por Hans Leyden (homenaje a Luis Alba)

He tardado varias semanas en asimilar que se ha ido. El golpe de su fallecimiento me noqueó y aún me descubro a mí mismo muchas noches viendo el último whatsapp que me envió, o el postrero correo electrónico con esos archivos adjuntos que yo abría con la ilusión de un niño.
Aquella maldita mañana de confinamiento, mis hijos me sorprendieron llorando en mi sofá tras colgar el teléfono a su sobrino, que fue quien me dio la triste noticia.
- Papá, ¿qué te pasa? ¿Por qué lloras?
- Se ha muerto un gran amigo mío, niños. Estoy muy triste.
- ¿Ha sido por el coronavirus, Papá?
- No, él estaba malito hace un tiempo, pero en los últimos días se ha acelerado todo. Tenía 86 años, una edad en la que las personas deben cuidarse mucho, porque ya no son tan fuertes.
- ¿Pero no has dicho que era un amigo tuyo?

De repente, me vi explicando a mis hijos algo tan bonito que mi ánimo, dentro del palo recibido, mejoró un poco. Les conté que Luis Alba era para mí un ejemplo en muchas cosas pero que, sobre todo, era mi amigo. Sí, mi amigo, porque la amistad no tiene edad. Ha querido el destino que él se haya marchado cuando su edad era justamente el doble de la mía. Pertenecíamos a generaciones muy diferentes y, sin embargo, tengo que reconocer que con él he pasado algunos de los momentos más gratos de los últimos años.
No necesitábamos gran cosa: una tarde entera por delante, carpetas y cajas llenas de fotos antiguas de Toledo, un escáner, él y yo.
Entrar a su casa era para mí como acceder a un santuario. Aún recuerdo la primera vez: yo estaba ilusionado y nervioso a partes iguales. Iba a conocer a la persona que más había hecho por la compilación de todo lo relacionado con Toledo en muchos campos: fotografía, libros, objetos, carteles, cuadros, recuerdos...todo lo que oliera a Toledo, Luis lo había comprado durante décadas en un esfuerzo tanto intelectual como económico que solo cuando conoces su colección alcanzas a comprender y a valorar. Para alguien como yo, dedicado a la búsqueda y divulgación de fotografías antiguas de Toledo, conocer a Luis Alba era como si un joven mago tuviese la oportunidad de tratar al mismísimo Merlín. Al salir del ascensor, vi que Luis me estaba esperando en el umbral, con su inconfundible mirada: amable, alegre y socarrona. Pronto olvidé mis nervios y solo me quedó la ilusión, él enseguida logró hacerme sentir cómodo. Al fin y al cabo, ser anfitrión había sido su gran especialidad: al igual que me estaba enseñando y acogiendo en su casa, Luis Alba fue el encargado durante décadas de mostrar a visitantes de todo el mundo y de toda condición su "gran casa", Toledo, en su condición de guía oficial y predilecto de la ciudad.
Aquella tarde fue la primera de muchas de inmenso gozo: su colección fotográfica era para mí el mayor tesoro que podría imaginar, y su generosidad y amabilidad hacían que las horas pasaran volando. Podíamos estar largo rato mirando una sola foto. El detalle que a mí se me había pasado, lo advertía él, o viceversa. Un encuadre desconocido, un rincón difícil de identificar, un autor por investigar...cada foto era la excusa perfecta para viajar juntos en una especie de máquina del tiempo. Entremezcladas, sus vivencias, anécdotas, chascarrillos y recuerdos personales eran pequeños regalos que mi mente hacía un enorme esfuerzo en recordar. Ahora lamento no haber tenido una grabadora, pues algunos detalles ya los he olvidado, aunque intentaba anotar todo lo que creía importante.
Poco a poco, nuestra relación fue evolucionando. Madurando, sería el término más apropiado. Él seguía siendo mi maestro y yo siempre seré su aprendiz, pero el paso de los años y la brecha digital generacional hacían que él no fuese muy activo en internet. Luis era el auténtico experto en búsquedas analógicas, donde se movía como pez en el agua: el rastro madrileño, anticuarios, librerías de viejo, ferias, subastas físicas, mercadillos y una excelente red de avisadores que le informaban de hallazgos en derribos, mudanzas, limpiezas de trasteros y herencias conflictivas.
Luis Alba. Fotografía de Renate Takkenberg-Krohn.
Sin embargo, la red le daba pereza...y aunque de vez en cuando también compraba en línea, tanto personalmente como por encargo, él era un romántico y no disfrutaba comprando digitalmente. De este modo, comenzamos a colaborar y era yo quien le avisaba de posibles colecciones interesantes en páginas españolas y extranjeras, para que Luis o alguien en su nombre pujase.
Poco a poco fuimos ganando confianza y me transmitía su alegría por encontrar personas más jóvenes que él interesadas en Toledo y en coleccionar y divulgar imágenes toledanas, pues él era consciente de que Toledo es un filón inagotable y por mucho que él hubiera rescatado ya miles, ambos sabíamos que el iceberg aún escondía su mayor parte bajo el agua. Me mostraba su interés por poder acceder a colecciones que en su época eran muy opacas o desconocidas al no estar digitalizadas ni disponibles para su consulta, como las de los museos internacionales o los archivos de ciudades, regiones y países a lo largo del mundo, así como los bancos de imágenes de los mejores fotógrafos y agencias de la historia. Ambos comprendimos que nos complementábamos muy bien: él era un experto en un tipo de rastreos y yo intentaba serlo en otros diferentes, de modo que el objetivo común -Toledo y sus fotos- fuese poco a poco siendo abordable desde diferentes flancos. Al ser una persona muy metódica, siempre anotaba todos los datos que conocía al dorso: lugar, fecha, autor, personas que aparecían, vendedor, fecha de la venta...de modo que me daba muchas pistas que para él no eran importantes pero que al usarlas en rastreos digitales nos dieron grandes alegrías que disfrutábamos juntos con la ilusión de dos niños.
Un buen día, un viernes santo, me lo encontré al salir de un convento de los que tanto amaba y conocía, y me acompañó en un largo paseo mientras mis hijos correteaban alrededor. En un momento dado me dijo: "Eduardo, tienes que animarte a optar a ser académico en la Real Academia de Toledo, necesitamos gente nueva y me encantaría que algún día fueras uno de los nuestros". Sinceramente, siempre había visto el mundo académico como algo lejano e inaccesible, y nunca había entrado en mis planes esa posibilidad. Pensaba que eran instituciones de otro tiempo con gente de otro tiempo (¡qué equivocado estaba!). Pero la opinión de Luis era siempre una referencia para mí, y aunque inicialmente le dije que lo veía muy difícil por mi escaso tiempo disponible, poco a poco mi opinión fue cambiando...ayudado por la insistencia de Luis, que cada poco tiempo me recordaba el tema.
Finalmente, accedí a presentar mi candidatura, que por suerte tuvo buena acogida e ingresé en marzo de 2017 como correspondiente. En febrero de 2018 leía mi discurso de ingreso como académico numerario, con el honor de recibir la réplica de Luis Alba -¿quién si no?-, mi mentor, amigo y compañero de pasiones toledanas. Nunca olvidaré sus palabras aquel día, dirigidas tanto a mí como a mi familia. Formarán parte de mis mejores recuerdos para siempre.
Con Luis Alba el día que leí el discurso de entrada como numerario en la RABACHT
Su legado es impresionante. Probablemente rescató miles de trozos de nuestra historia que sin él se hubieran perdido para siempre. Pocas ciudades han tenido la suerte de contar entre sus habitantes a personas como Luis, capaces de generar de manera autónoma una especie de colección-museo con fondos muy superiores, no solo en cantidad sino especialmente en calidad, a los de muchas instituciones oficiales. Toledo ha sido una ciudad generadora de infinidad de elementos coleccionables como lugar de referencia para artistas, historiadores, literatos y viajeros, pero sin Luis Alba ese tesoro se habría difuminado en vertederos, hogueras y escombreras. Por suerte, buena parte de su colección fue adquirida por el Ayuntamiento para engrosar nuestro Archivo Municipal, y el resto de su colección seguro que es bien gestionado también en el futuro. Los toledanos de ayer, de hoy y del futuro estaremos siempre en deuda con él, y cuanto más pase el tiempo mejor comprenderemos el valor de su trabajo. Será para siempre un espejo en el que muchos nos miraremos, y en cierto modo seguirá siendo siempre nuestro guía, pues su ejemplo nos marcará el camino a muchos que venimos por detrás. Si logramos siquiera parecernos un poco a él en su capacidad y amor por Toledo, podremos darnos por satisfechos.
No poder despedirme de él ha sido lo más duro de todo, no solo por lo repentino de su fallecimiento, sino por las horribles fechas que estamos viviendo en las que nos es imposible despedir y honrar a nuestros muertos como ellos merecen. Me rompe el alma que su funeral hubiera de celebrarse casi en soledad, únicamente acompañado de sus más directos familiares. Él hubiera merecido algo muy diferente, pero las circunstancias son las que son y tenemos que idear maneras de despedirle diferentes. En mi caso lo voy a hacer con una breve selección de unas fotos de su colección personal tomadas por un médico, de modo que quiero hacer extensivo este homenaje también a todos los sanitarios que han afrontado esta pandemia en circunstancias heroicas, enfrentándose a una carga de trabajo y a unos riesgos para su salud que solo una decidida vocación y capacidad de servicio a los demás son capaces de explicar.
Hans Leyden era el doctor de la Embajada de Alemania en Madrid a comienzos del siglo XX. Hispanófilo militante, este berlinés recorrió España con su cámara fotográfica, pues además de la medicina, la fotografía era su otra gran pasión, especialmente en la modalidad estereoscópica.
Firma de Hans Leyden (1906). Colección Luis Alba.
Retrató muchos lugares y actos oficiales y, como no podía ser de otro modo, la ciudad de Toledo fue uno de sus destinos predilectos. Luis Alba adquirió varias de sus fotografía toledanas, que nos muestran la ciudad de los primeros años del siglo XX de modo muy bello. Por ejemplo, existen muy pocas fotografías tan bonitas y tan antiguas de la iglesia de San Lucas como esta:
Iglesia de San Lucas en 1906. Fotografía de Hans Leyden. Colección personal de Luis Alba

Mirad qué preciosa vista del Tajo desde la zona del embarcadero de la casa del Diamantista:
Casa del Diamantista en 1906 por Hans Leyden. Colección Luis Alba.

Aquí vemos una escena muy animada en la Puerta de Bisagra en 1906:
Puerta de Bisagra en 1906 por Hans Leyden. Colección Luis Alba.

En esta escena, unos personajes con maletín (muy propios de los médicos de la época) parecen inspeccionar un puesto situado a la entrada del Puente de Alcántara. Me pregunto si serían compañeros de Leyden o si, incluso, alguno de ellos sería el propio doctor.
Vendedor en el Puente de Alcántara en 1906. Fotografía de Hans Leyden. Colección Luis Alba.

Como veis, son fotos curiosas y bellas tomadas por un eminente médico que sirven de muestra de qué tipo de archivos han sido rescatados de una muerte segura gracias al cariño de Luis Alba por Toledo. Intentaremos seguir su estela los que aún seguimos por aquí y trataremos de inculcar ese amor por nuestra ciudad para que la semilla germine en muchas personas y siempre tengamos un grupo nutrido de amantes de esta ciudad mágica que la protejan, la preserven y la den a conocer como Luis hizo. Descansa en paz, amigo, nunca te olvidaré.
Decorado para la grabación de La Novena Puerta de Roman Polanski en 1998 en los cobertizos. Foto de Luis Alba. Colección Luis Alba

sábado, 22 de julio de 2017

Toledo en 1906 fotografiado por el químico francés Charles Fournier

En 1906 visitó Toledo el eminente químico francés Charles Fournier, que tres años atrás había patentado junto a Hermann Cuenod por 20 años "un procedimiento perfeccionado relativo á la electrólisis de los cloruros alcalinos con aparato a propósito para realizar este perfeccionamiento", lo que viene a ser lo que conocemos como una pila.
En ese periplo, que comenzó en Madrid, además de tierras castellanas también visitó las ciudades de Algeciras, Alicante, Elche, Cádiz, Córdoba, Gibraltar, Sevilla y Ronda.
En su estancia en España obtuvo al menos 200 fotografías en placas de vidrio y negativos de nitrato de 9 x 12 cm que en 2004 fueron donadas por su compatriota Pierre Morlón al Instituto del Patrimonio Cultural de España (IPCE), que en su excelente labor divulgadora ha digitalizado dichos fondos recientemente para engrosar su espectacular fototeca.
Las imágenes tomadas en Toledo por Fournier son 14 y lo cierto es que poseen bastante belleza, como podréis comprobar a continuación.
Comenzaremos por ver una de las mejores, tomada en la Plaza de Zocodover, que además ha sido la llave para poder datar sin ningún género de dudas las fotografías. La plaza sufrió en 1906 algunos cambios, como por ejemplo fue la sustitución de las viejas acacias por árboles de la especie Catalpa bignonioides, que por aquel entonces estaba comenzando a ponerse de moda en las plantaciones de varios lugares de España. En la fotografía de Fournier aparecen los árboles recién plantados, aún sin hojas y casi sin ramas (tal como debieron venir del vivero) y con protectores de madera en cada tronco. Dicha plantación fue un rotundo fracaso pues es una especie que en Toledo solo a veces funciona, y no permanecieron en la plaza más allá de 1915, menos de 10 años después de ser plantados:
Plaza de Zocodover hacia 1906. Fotografía de Charles Fournier © Fototeca del IPCE, MECD. Signatura MOR-015_P

Otra bella imagen de Fournier fue tomada junto al Hospital de Santa Cruz:
Hospital de Santa Cruz hacia 1906. Fotografía de Charles Fournier © Fototeca del IPCE, MECD. Signatura MOR-014_P

El Claustro de San Juan de los Reyes, visita obligada de todo buen amante del arte que llega a Toledo, aparece en estas estampas:
Claustro de San Juan de los Reyes hacia 1906. Fotografía de Charles Fournier © Fototeca del IPCE, MECD. Signatura MOR-013_P
Clasutro de San Juan de los Reyes hacia 1906. Fotografía de Charles Fournier © Fototeca del IPCE, MECD. Signatura MOR-012_P

Son curiosas las vistas que Fournier obtuvo en el camino que a buen seguro recorrió a pie desde la estación de Ferrocarril hasta el Puente de Alcántara:
Puente de Alcántara y Alcázar hacia 1906. Fotografía de Charles Fournier © Fototeca del IPCE, MECD. Signatura MOR-003_P
Puente de Alcántara y Alcázar hacia 1906. Fotografía de Charles Fournier © Fototeca del IPCE, MECD. Signatura MOR-004_P
Vista del Alcázar y el Paseo del Carmen hacia 1906. Fotografía de Charles Fournier © Fototeca del IPCE, MECD. Signatura MOR-006_P
Torno del Tajo y Turbinas de Vargas hacia 1906. Fotografía de Charles Fournier © Fototeca del IPCE, MECD. Signatura MOR-005_P

En el Puente de Alcántara el galo retrató a esta señora que nos recuerda que eso del calor en Toledo no es nada nuevo, cobijada bajo una sombrilla:
Castillo de San Servando visto desde el Puente de Alcántara hacia 1906. Fotografía de Charles Fournier © Fototeca del IPCE, MECD. Signatura MOR-007_P

Muy bella es esta vista de la Playa de Safont con Tavera al fondo:
Vista de Tavera desde la Playa de Safont hacia 1906. Fotografía de Charles Fournier © Fototeca del IPCE, MECD. Signatura MOR-002_P

Charles Fournier se adentró en la Sinagoga de Santa María la Blanca:
Sinagoga de Santa María la Blanca hacia 1906. Fotografía de Charles Fournier © Fototeca del IPCE, MECD. Signatura MOR-011_P

Es muy bella esta vista desde el extremo del Paseo del Transito, casi en Roca Tarpeya:
Vista del Puente de San Martín desde Roca Tarpeya hacia 1906. Fotografía de Charles Fournier © Fototeca del IPCE, MECD. Signatura MOR-010_P

Aquí vemos el patio del Alcázar:
Patio del Alcázar hacia 1906. Fotografía de Charles Fournier © Fototeca del IPCE, MECD. Signatura MOR-008_P

Para finalizar, esta joya: la vista de la calle Ancha en 1906. A la derecha se ve la tienda de productos químicos (tal vez un guiño de Fournier a su profesión) regentada por Mariano Miedes. Algo más abajo vemos la tienda de Felicidad Peñalver, sombrerería de mujeres y niños, que ocupó un tiempo el local en esquina con la plaza de Solarejo que durante décadas fue más tarde el estudio de fotografía Rodríguez:
Calle Comercio o Ancha hacia 1906. Fotografía de Charles Fournier © Fototeca del IPCE, MECD. Signatura MOR-009_P

Como curiosidad, comentaros que esa señora, doña Felicidad Peñalver, llegó a ser centenaria, lo que motivó que los periódicos de 1968 se hicieran eco de ello:
Felicidad Peñalver cumple 100 años. ABC del 19 de marzo de 1968.

Agradeciendo al IPCE su inmensa labor divulgadora y preservadora del legado fotográfico español, espero que estas 14 imágenes os hayan permitido disfrutar de un viaje en el tiempo al Toledo de hace 111 años.

sábado, 16 de enero de 2016

Un viaje al Toledo de comienzos del siglo XX

En los tiempos actuales, quien más quien menos ha tenido oportunidad de viajar a otra ciudad por motivos turísticos. Dejar plasmado ese viaje como recuerdo imborrable en forma de fotografías es y será uno de los mayores placeres del hecho de conocer lugares nuevos. Hoy en día, con las cámaras digitales, todos podemos realizar cuantas fotografías nos venga en gana -o hasta que se agote la batería o la capacidad de la memoria del dispositivo- pero hasta no hace tanto, todos recordamos que, con las cámaras de carrete de película, había que economizar y disparar con prudencia...aunque la duda sobre si al revelar las imágenes éstas serían aceptables en ocasiones nos hacía tomar alguna foto de más.
Pero, ¿cómo afrontaban los primeros turistas este reto de dejar constancia fotográfica de su visita? No olvidemos que en aquellos primeros casos, las cámaras eras muy diferentes de las que hoy conocemos y el número de fotografías que se podían tomar mientras se disfrutaba de una visita era bastante limitado.
Para resolver esta duda del modo más visual posible, hoy os traigo dos reportajes realizados por turistas franceses en Toledo nada menos que en 1906 y en 1909 que recientemente he recopilado.
Comenzaremos por el grupo de fotografías tomadas en 1906 por una familia adinerada francesa en nuestra ciudad. Como a nosotros nos ocurre en la actualidad, el fotógrafo hizo un esfuerzo por capturar una mezcla de belleza -monumentos, paisajes...- con curiosidades que le llamaran la atención. Una de estas curiosidades quedó plasmada en esta soberbia fotografía de unas vacas en la preciosa calle de Santa Fe, tomada desde las inmediaciones del Arco de la Sangre, con la inconfundible vista del Convento de Santa Fe al fondo, donde hoy se sitúa el bar El Trébol:
Calle de Santa Fe en 1906. Anónimo francés.

Curioso debía también resultar ver el estado de abandono de algunos monumentos. Sin ir más lejos, este era el deplorable estado del patio del Hospital de Santa Cruz en 1906:
Hospital de Santa Cruz en 1906. Anónimo francés.

En nuestros días, una de nuestras prioridades es dejar constancia de nuestra presencia en alguna de las fotografías para que quien las vea lo pueda comprobar. En 1906 ya lo tenía claro este fotógrafo que inmortalizó al grupo de personas que le acompañaba en las inmediaciones del Puente de Alcántara en estas dos deliciosas e impagables fotografías:
Puente de Alcántara en 1906. Anónimo francés.
Comienzo del Paseo de la Rosa y Puente de Alcántara en 1906. Anónimo francés.

Cuando viajamos, evidentemente, no podemos evitar fotografiar los paisajes y monumentos que más llaman nuestra atención. Y está claro que Toledo enamoró al fotógrafo viajero que en 1906 no pudo dejar de retratar la vista desde el Valle, el por entonces limpio y caudaloso Tajo y los puentes que lo cruzan:
Vista general de Toledo en 1906. Anónimo francés.
Río Tajo en Toledo en 1906. Anónimo francés.
Puente de San Martín en 1906. Anónimo francés.
Río Tajo y Puente de San Martín desde Roca Tarpeya en 1906. Anónimo francés.
Puente de Alcántara en 1906. Anónimo francés.

En el corazón de Castilla, como es Toledo, el fotógrafo no dejó pasar la oportunidad de retratar uno de esos símbolos que dan el nombre a nuestra tierra: los castillos. En este caso, el legendario Castillo de San Servando:
Castillo de San Servando y Puente de Alcántara en 1906. Anónimo francés.

Para un francés, cuyo país fue la cuna del arte gótico, debía ser impresionante ver joyas arquitectónicas de este estilo tan lejos de su tierra. El claustro de San Juan de los Reyes era un buen ejemplo para mostrar en casa a su regreso...
Claustro de San Juan de los Reyes en 1906. Anónimo francés.

Pasemos ahora al viaje que también unos franceses realizaron a Toledo en 1909. De nuevo, las vistas generales de la ciudad asombraron al portador de la cámara:
Toledo hacia 1909
Toledo hacia 1909
Toledo hacia 1909
Catedral de Toledo hacia 1909

El Puente de San Martín, que encandila siempre a quien por primera vez lo admira...
Puente de San Martín en Toledo hacia 1909
Puente y Puerta de San Martín en Toledo hacia 1909

El Puente de Alcántara, que por entonces veía crecer alguna higuera entre sus sillares (siempre me ha sorprendido esta capacidad de las higueras para germinar y prosperar entre los sillares de los monumentos toledanos en los puntos más inverosímiles...):
Puente de Alcántara en Toledo hacia 1909

Tres años después del anterior reportaje, el estado del Hospital de Santa Cruz no era en absoluto mejor:
Hospital de Santa Cruz en Toledo hacia 1909
Hospital de Santa Cruz en Toledo hacia 1909
Hospital de Santa Cruz en Toledo hacia 1909

La Plaza del Ayuntamiento, la Catedral...¡cómo no iban a llamar la atención de los primeros turistas!
Plaza del Ayuntamiento y Catedral deToledo hacia 1909
Puerta de los Leones de la Catedral de Toledo hacia 1909

Por supuesto, el río Tajo siempre era motivo de admiración de cuantos venían:
Molinos de Santa Ana en Toledo hacia 1909
Turbinas de Vargas y Molinos de San Servando en Toledo hacia 1909

Los patios y claustros de los principales monumentos, eran parada obligada:
Patio del Alcázar de Toledo hacia 1909
Patio del Alcázar de Toledo hacia 1909
Claustro de San Juan de los Reyes en Toledo hacia 1909

Un hecho muy curioso es que este turista fotografiase en sentido inverso al habitual el aspecto de la calle de Santo Tomé. El 99,9% de las estampas de esta calle muestran la torre de la iglesia, pero sin embargo él nos dejó esta joya que permite ver los restos del colegio de San Bernardino y la confitería de Santo Tomé:
Calle de Santo Tomé en Toledo hacia 1909

¿Quién no ha tomado una foto desenfocada, descentrada o con un objeto delante? En 1909 ya les pasaba...
Puente de San Martín enToledo hacia 1909

Esta es una de las más bellas fotografías del Arco de la Sangre que jamás he visto. A la izquierda, como una aparición, la imponente y sobria presencia del muro de la desaparecida y renombrada Posada de la Sangre:
Arco de la Sangre en Toledo hacia 1909

La Puerta del Sol, con su impecable estilo mudéjar:
Puerta del Sol en Toledo hacia 1909

Para finalizar, esta curiosa foto. ¿Quién se aventura a adivinar dónde está tomada? Muchas gracias por vuestra colaboración de antemano:
Toledo hacia 1909

Esperando que os haya gustado esta curiosa entrada os animo a tomar y conservar fotografías de todos vuestros viajes...¡con el tiempo pueden ser joyas muy valoradas!
© TOLEDO OLVIDADO
Maira Gall