1967
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sábado, 11 de noviembre de 2023

Robert Vavra: un fotógrafo de culto que retrató Toledo en 1967

El libro titulado Iberia: Travels and Reflections, escrito por James A. Michener y publicado en 1968, fue un auténtico best seller. Se vendieron millones de ejemplares de esta obra, que es clave en la literatura de viajes de mediados del siglo XX por retratar de manera extraordinaria la realidad de aquella España que se encontraba en pleno proceso de cambio entre su pasado, marcado aún por las penurias de la posguerra, con una sociedad muy anticuada y predominantemente rural, y el incipiente desarrollismo que propiciaba la apertura del régimen tanto en lo económico como en lo social, más patente en las grandes ciudades y en las zonas costeras más turísticas.
Dentro de esta obra magistral, escrita por un gran conocedor de España —Michener recorrió el país durante casi 40 años desde 1932 hasta finales de los años 60— encontramos un capítulo específico dedicado a la ciudad de Toledo. En este blog, dedicado a la fotografía, me centraré sobre todo en las imágenes contenidas en libro pero no quiero dejar de mencionar algunas impresiones que Michener escribió sobre el tipo de turismo que encontró en la ciudad hace ya más de medio siglo. Es sensacional el pasaje que narra su lamentable experiencia con un camarero en un restaurante (antes de la existencia de TripAdvisor y similares, todos recordaréis que las malas experiencias en restaurantes de ciudades turísticas estaban a la orden del día, y encontrar un establecimiento que se adaptase a tus gustos y bolsillo era poco menos que una lotería):
Me puse a buscar un restaurante donde cenar. Tuve la mala suerte de caer en uno cuya especialidad era engañar a los extranjeros, la mayoría de los cuales solo pasaban un día en la ciudad y al siguiente desaparecían, de modo que podían ser estafados impunemente. No tardaría en ser yo una víctima de esto.
El Gobierno español, dándose cuenta de que las grandes ventajas económicas que reporta el turismo podrían evaporarse con tanta rapidez como aparecieron, ha tomado medidas sensatas para proteger al turista. La cadena de paradores es prueba de ello.
Los restaurantes tienen que ofrecer, además de sus menús a la carta, un menú turístico especial del que se puede obtener una buena comida y una botella de vino a precio fijo. A base de este menú se puede comer bien en España por la mitad de precio que en Italia o Francia.
Pero yo me senté a una de las mesas y dije:
—Voy a tomar sopa de pescado, tortilla a la española y flan.
—¿Y qué vino?
—El que den con la comida.
—No damos nada con la comida.
—Pero aquí pone que…
—Tiene que encargarlo aparte; es extra.
—Pero el menú dice…
—Está usted mirando el menú turístico.
—Sí, eso es lo que quiero.
—No, qué va; no dijo usted nada de menú turístico.
—Lo digo ahora.
—No, ahora ya no vale, tiene que decirlo cuando se sienta.
—Pero si ni siquiera ha pasado el pedido a la cocina…
—Es verdad, pero lo he apuntado; lo que importa es lo que apunto.
—¿Quiere usted decirme que si llego a decir «menú turístico» al sentarme, la comida me hubiera costado solo un dólar con sesenta centavos?
—¡Claro!
—¿Y que, como he tardado tres minutos en hacerlo, la misma comida me va a costar dos dólares con sesenta?
—Más otros sesenta centavos de vino.
Le expliqué lo ridículo de la situación, pero el camarero seguía impasible. Llegó el dueño, miró lo que había apuntado su empleado y se encogió de hombros.
—Si lo que usted quería es el menú turístico, haberlo dicho —gruñó—.
—Lo digo ahora.
—Es demasiado tarde.
Me levanté y me fui del restaurante, mientras el camarero me gritaba y el dueño decía que le debía dinero por haberle manchado la servilleta. Es cierto que la había desdoblado.

Otras anécdotas son también de enorme interés y prefiero invitaros a leer el libro en vez de desgranarlas aquí porque realmente vais a disfrutar mucho. Solo entresacaré una frase que habla del declive de la artesanía de calidad que, ya en 1967, Michener detectaba en Toledo:
Saliendo de Zocodover me vi, dondequiera que fuese, sitiado virtualmente por tiendecitas en las que se vendían toneladas de basura para turistas: ceniceros damasquinados, navajas con incrustaciones, plegaderas que trataban de hacerse pasar por antiguas dagas moras, cerámica llena de florituras, adornada con tristes caballeros alanceando molinos, y banderolas de iridiscentes y chillones colores. Estas tiendas ramplonas no se veían a docenas, sino a cientos, y era deprimente pensar que la artesanía toledana, antes tan prestigiosa, hubiese degenerado de tal manera, después de haber abastecido al mundo medieval de mercancías tan magníficas.
Si el texto del libro es de gran interés y calidad, la parte fotográfica del mismo no se queda en absoluto atrás. Ello es debido al excepcional trabajo del fotógrafo estadounidense Robert Vavra, amigo personal de James A. Michener, con el que recorrió España en infinidad de ocasiones.
Robert Vavra (izquierda) junto a James A. Michener en los años 60 Robert Vavra nació el 9 de marzo de 1935 en Glendale (California) y es un escritor y fotógrafo afincado en la localidad californiana de El Cajón, aunque también reside durante las temporadas de verano en España.
Su relación con nuestro país da comienzo en 1958 cuando, atraído por los toros y especialmente gracias a las corridas que ya había conocido en México, se traslada a España con un billete de ida a Madrid en un antiguo barco italiano, el Valcania. Sin formación alguna ni en fotografía ni en zoología o veterinaria, pasó seis años estudiando no solo los toros sino también el mundo del caballo español. De esta etapa, Vavra ha afirmado que "no pude encontrar el tipo de fotografías que quería para el estudio que estaba desarrollando, así que me convertí en fotógrafo por necesidad. Nunca me ha interesado la cámara... Realmente no me considero un fotógrafo. Soy artista y narrador”.
Se sumergió de tal modo en la tradición taurina y la vida del toro bravo que su pasión culminó con la publicación de un libro titulado Toros de Iberia en 1972. Llegó a convertirse en amigo personal del legendario matador de toros Juan Belmonte, y cabalgaba con él a caballo en sus fincas cuidando y supervisando sus reses bravas. Del mismo modo, gracias a que compartían nacionalidad, también trabó gran amistad con el torero estadounidense John Fulton, compartiendo con él sueños, miedos, aventuras y vivencias.
Más adelante, en 1988, Vavra se mudó a Ololasurai (Kenia) dando comienzo a una estancia de seis años con el pueblo tribal masai, lo que llevó a la publicación del libro Una tienda de campaña con vistas en 1991. Vavra pagó de su bolsillo la educación de varios niños masai y, ya de regreso al continente americano, financió la construcción de una escuela en México, donde, desde su construcción, más de 5.000 niños y niñas han aprendido a leer y escribir.
Pero vayamos ya a la parte toledana de su obra: las fotografías que obtuvo en 1967 por encargo de su amigo James A. Michener para el libro Iberia del que os hablé al comienzo. Han transcurrido más de 55 años desde entonces y la ciudad ha cambiado en bastantes aspectos, por lo que poder diseccionar sus fotografías resulta muy interesante. En mi opinión, la mejor imagen de todas es esta en la que Vavra inmortalizó a un heterogéneo grupo de toledanos en la parada del Katanga en los soportales de Zocodover:
Esperando al katanga o autobús urbano en Zocodover hacia 1967. Fotografía de Robert Vavra publicada en el libro "Iberia" de James A. Michener en 1968. Se trata de una imagen tan rica en matices que está compuesta, como si se tratara de un cuadro de Velázquez, por varias microescenas que parecen narrar a la vez diferentes historias. Uno no puede dejar de imaginar las distintas peripecias vitales de cada uno de los retratados, en aquel Toledo que, poco a poco, iba viendo cómo la ciudad se ensanchaba más allá de las murallas generando nuevas barriadas que necesitaban ser interconectadas con ese corazón que Zocodover siempre será para Toledo. Comenzando de izquierda a derecha, tenemos estas mujeres que parecen atentas a algo que sucede fuera de la escena:
Detalle de una fotografía tomada por Robert Vavra en Zocodover en la parada del katanga hacia 1967 Junto a ellas, este elocuente contraste entre una mujer de avanzada edad que mira en dirección opuesta a donde dirigen sus ojos las toledanas más jóvenes de la fotografía. Es como una metáfora visual del Toledo que miraba al pasado, aún de luto y con pocas esperanzas, en contraste con la ciudad rejuvenecida que deseaba afrontar el futuro con la ilusión de un tiempo nuevo:
Detalle de una fotografía tomada por Robert Vavra en Zocodover en la parada del katanga hacia 1967 A continuación, una mujer que parece muy ilusionada con poder degustar esa misma tarde el brillante melón que porta en sus brazos, nos recuerda que a menudo la felicidad se esconde en los sencillos detalles de lo cotidiano:
Detalle de una fotografía tomada por Robert Vavra en Zocodover en la parada del katanga hacia 1967 Junto a ella, una madre vigila con la mirada a su pequeño, el cual porta un simpático sombrerillo. ¡Qué expresivo es el gesto de ella, que denota una felicidad orgullosa pero a la vez atenta a una posible inminente travesura del chaval!
Detalle de una fotografía tomada por Robert Vavra en Zocodover en la parada del katanga hacia 1967 Para finalizar, un hombre y una mujer que comparten rostro preocupado, absortos en sus pensamientos y aprovechando el rato de espera del katanga para dejarse llevar por esa mente, la humana, que cuando menos lo esperamos nos atrapa y esclaviza alejándonos del instante presente.
Detalle de una fotografía tomada por Robert Vavra en Zocodover en la parada del katanga hacia 1967 Robert Vavra tomó otra sensacional fotografía: una niña que parece vestida de primera comunión inmortalizada a la puerta de la iglesia. ¿Volverá la magia de internet a deleitarnos con la identificación de esta jovencísima protagonista? ¿No sería precioso poner nombre y apellidos a una sonrisa tan sincera y auténtica?
Una niña de comunión en Toledo en 1967. Fotografía de Robert Vavra © Univerity of Northern Colorado Una niña de comunión en Toledo en 1967. Detalle de una fotografía de Robert Vavra © Univerity of Northern Colorado No menos sincera, no menos auténtica y —por supuesto— no menos bella es esta fotografía de un tendero con su mandil que se adivina verdinegro, tal como el que usaban los pescaderos. Sin embargo, la imagen en esta ocasión no transmite alegría, sino la pesada carga del paso de los años a través de la mirada de su protagonista.
Un tendero con un mandil en Toledo en 1967. Fotografía de Robert Vavra © Univerity of Northern Colorado En el interior de una iglesia o de una tienda de antigüedades, Vavra inmortalizó el patetismo de esta desvencijada imagen procedente de algún viejo retablo toledano, en el que es visible la carcoma, que convive con la sorprendente supervivencia de parte de su ropaje de tela, cuya textura fue magistralmente captada por el fotógrafo haciendo un excelente uso de la luz:
Una imagen deteriorada en una iglesia de Toledo en 1967. Fotografía de Robert Vavra © Univerity of Northern Colorado El primer plano de los daños que la metralla causó en 1936 al monumento al Comandante Villamartín, obra de Mariano Benlliure situada junto al Alcázar, es otra de las fantásticas fotografías toledanas de Robert Vavra en 1967:
Parte de la escultura al Comandante de Villamartín, de Mariano Benlliure, perforada por la metralla en 1936. Imagen tomada hacia 1967. Fotografía de Robert Vavra publicada en el libro "Iberia" de James A. Michener en 1968. En esta imagen de una bella aldaba o llamador, Robert Vavra demostró de nuevo un gran talento fotográfico a la hora de captar las texturas gracias a la luminosidad:
Gran aldaba o llamador artístico de hierro forjado en una puerta de Toledo en 1967. Fotografía de Robert Vavra © Univerity of Northern Colorado También es de gran belleza el efecto de la luz atravesando la filigrana de una de las ventanas de la Sinagoga del Tránsito:
Rayo de sol cruzando la celosía decorada de una de las ventanas de la Sinagoga del Tránsito hacia 1967. Fotografía de Robert Vavra publicada en el libro "Iberia" de James A. Michener en 1968. Para terminar, esta fotografía de un escaparate de una tienda de damasquinos:
Objetos de damasquinado en una tienda de Toledo hacia 1967. Fotografía de Robert Vavra publicada en el libro "Iberia" de James A. Michener en 1968. Creo que coincidiréis conmigo, tras haber visto estas fabulosas fotografías, en que Robert Vavra es justamente considerado un autor de culto en la historia de la fotografía de la segunda mitad del siglo XX. Personalmente, no me cabe duda de que si el libro Iberia llegó a vender millones de ejemplares no fue debido solo a la calidad de los textos de Michener, sino que también tuvieron mucho que ver las impresionantes fotografías con que Robert Vavra complementó y enriqueció la obra.
No quiero terminar esta entrada sin agradecer a la Universidad de Colorado del Norte la cesión de algunas de las fotografías incluidas en ella, así como su labor de conservación de los fondos de Vavra.
Robert Vavra en junio de 2007

lunes, 30 de diciembre de 2019

Marc Flament: puro talento fotográfico y una vida de película (Toledo hacia 1967)

Las biografías de los grandes fotógrafos que han retratado Toledo a lo largo de la historia esconden a veces auténticas peripecias vitales dignas de la mejor película. Este es el caso del maravilloso fotógrafo francés Marc Flament, nacido el 7 de octubre de 1929 en Burdeos en el seno de una familia de panaderos.
Desde muy joven mostró inquietudes artísticas, ingresando pronto como estudiante de pintura y de Bellas Artes. Cuando contaba con 18 años, después de la traumática muerte de sus padres, se alistó durante 3 años en el Sexto Batallón Colonial de Comandos de Paracaídas del ejército francés para servir en Indochina. Nombrado oficialmente paracaidista el 7 de octubre de 1948, aterrizó en la localidad Tourane en el protectorado de Annam (hoy Vietnam) en junio de 1949. Ascendió a cabo el 1 de enero de 1951, y se unió a la undécima compañía del Sexto Batallón de Paracaidistas Coloniales, regresando a Francia en el verano de 1951.
En abril de 1952, todavía se sentía tremendamente atraído por Asia y la acción bélica, de modo que se unió a la primera semibrigada colonial de comandos paracaidistas. Allí fue nombrado caporal-chef el 1 de agosto de 1952, siendo asignado a la base aerotransportada sur de Saigón. Separado del grupo de comandos mixtos aerotransportados, se distinguió el 30 de diciembre de 1952 durante una brillante operación en el frente y también poco después, el 23 de abril 1953, durante la operación anfibia "RIFF". Aunque cayó muy gravemente herido en el muslo, logró sus objetivos bajo el intenso fuego de armas automáticas enemigas. Debido a ello, por su coraje y su espíritu de decisión en combate, Marc Flament recibió la Croix de Guerre, destacado distintivo del ejército francés en operaciones extranjeras.
Marc Flament
Ascendió a sargento el 1 de agosto de 1953, llevando a cabo numerosas incursiones con la denominada "flota pirata" de los comandos mixtos aerotransportados en la zona de Annam. Fue un líder muy apreciado por sus compañeros por su energía y su buen humor en las situaciones más delicadas. Ascendió nuevamente a brigada en septiembre de 1953 y también en marzo de 1954, tras haber entrenado exitosamente a sus hombres para asaltar una aldea en poder de los enemigos Viet-Minh. Tras ello, es asignado a tareas menos peligrosas, concretamente al servicio de información de prensa.
Marc Flament era un apasionado por el dibujo: en sus años más duros en el frente, aprovechó los momentos de descanso para hacer una serie de viñetas humorísticas sobre la vida de las fuerzas armadas francesas en Indochina, publicándolos en 1952 en la revista militar "Caravelle" (publicación que, por cierto, dirigía un joven subteniente de la Legión llamado Jean Marie Le Pen).
Dibujo de Marc Flament en la revista Caravelle. ECPAD – collection Mauchamp.
Terminada la guerra con derrota francesa, Flament regresó a Burdeos en febrero de 1956.
Sin embargo, Flament añoraba la acción y decidió acortar su descanso para enrolarse en la guerra de Argelia que por entonces también libraban los franceses. Flament pensaba que le habían asignado un puesto como dibujante para la publicación Le Bled de la décima división de paracaidistas. Con esta idea en la cabeza, aterrizó en Argel el 24 de julio de 1956. Allí, sin embargo, le fueron encomendadas tareas fotográficas, pese a sus escasos conocimientos, al servicio del general de brigada Jacques Massu. Fue allí y entonces donde descubrió esta nueva pasión que le marcaría profundamente: la fotografía. Hizo su primer reportaje durante la campaña de Suez en 1956. A su regreso, fue asignado en 1957 al Tercer Regimiento de Paracaidistas Coloniales junto del Coronel Marcel Bigeard, conocido como "Bruno". El sargento Flament se convierte en el fotógrafo favorito de "Bruno" y de los paracaidistas: participa en todas las operaciones y en todos los combates, salta dos veces en el Sahara, caminando penosamente con las secciones de la vanguardia y los comandos de caza, demostrando su magnífico ímpetu y su coraje, que le valió la Cruz del Valor Militar, especialmente por las las operaciones en las montañas del Atlas Blidean.
Armado con su cámara y desafiando el peligro, atravesó toda Argelia y se distinguió como reportero por su agudo sentido a la hora de cumplir con la misión encomendada y su comportamiento ejemplar en el combate. Flament obtuvo durísimas imágenes de gran crudeza en varias de las batallas en las que participó. Destacan las que tomó en la operación en el río Mazafran el 19 de septiembre de 1957 y, especialmente, en la batalla de Timimoun el 27 de noviembre.
Marc Flament con su cámara el 21 de noviembre de 1957 en la batalla de Timimoun. Fotógrafo anónimo. ECPAD – Collection Flament. Référence : FLAM 57-24 R24
En esta última, logró la icónica secuencia de la agonía del sargento Sentenac, que dieron la vuelta al mundo. Al más puro estilo de Robert Capa, acercándose lo máximo posible a la batalla -siendo parte de ella, en este caso- Flament consiguió inmortalizar la bravura y heroicidad de los paracaidistas franceses, que era el principal motivo de su presencia con una cámara en ese momento, en una época en la que ya se era plenamente consciente de la importancia de este material para la propaganda y la moral de las tropas, y de la población de los países para los que combatían.
Secuencia de la agonía del sargento Sentenac en la batalla de Timimoun el 21 de noviembre de 1957. Fotografía de Marc Flament. ECPAD – Collection Flament.
El sargento Sentenac yace muerto en la batalla de Timimoun el 21 de noviembre de 1957. Fotografía de Marc Flament.  ECPAD – Collection Flament. Référence : FLAM 57-24 R39
Nombrado sargento jefe el 19 de abril de 1958, recibió la Medalla Militar en diciembre de ese mismo año. En marzo de 1959, fue asignado al Estado Mayor en el distrito argelino de Saïda.
Flament obtuvo una colección de fotos de guerra de 35.000 negativos. Publicó con ellas no menos de 33 libros, incluidos varios con textos del coronel Bigeard.
En 1986 Flament recordó el duro momento de la secuencia de Sentenac en el documental Les Yeux brûlés, dirigido por Laurent Roth: "empecé a disparar una secuencia de negativos de su agonía, en película de 6x6, (...) se trata de una secuencia completa, ni siquiera paré de disparar".
En 1961 Flament dejó el servicio al ejército en activo. Es en ese intervalo cuando surge su relación con Toledo. En 1966 le es encomendada por la editorial Everest la realización de un reportaje junto a su mujer Alice para la edición de un libro sobre la ciudad y otro sobre la provincia.
Marc y Alice Flament miran un mapa de la provincia de Toledo durante su trabajo fotografiando la provincia por encargo de la Diputación Provincial hacia 1967
Las fotografías debieron ser tomadas entre 1966 y 1967 y el resultado fue sencillamente espectacular. Tanto, que yo diría que hasta la fecha no se ha editado un libro así de bello sobre Toledo, tanto por la calidad de las imágenes como por la cuidada edición y los textos que acompañan las fotografías. Marc y Alice Flament supieron captar a la perfección la esencia de Toledo, su atmósfera, su vida cotidiana, sus rincones...lograron imágenes que hablan por sí solas.
Pondré solo una selección de las más bellas para que podáis comprender lo que os digo.
Plaza de Ayuntamiento de Toledo hacia 1967 por Marc Flament
Portada de la calle Trinidad en Toledo hacia 1967 por Marc Flament
Instituto del Cardenal Lorenzana en Toledo hacia 1967 por Marc Flament
Plaza de San Vicente en Toledo hacia 1967 por Marc Flament
Calle de los Tintes en Toledo hacia 1967 por Marc Flament
Reflejo de la catedral en un coche en Toledo hacia 1967 por Marc Flament
Plaza Mayor de Toledo hacia 1967 por Marc Flament
Iglesia de San Sebastián en Toledo hacia 1967 por Marc Flament
Palacio conocido como el de Pedro I el Cruel en Toledo hacia 1967 por Marc Flament
Toledo hacia 1967 por Marc Flament.
Reja del Corral de Don Diego, obra de Julio Pascual, en Toledo hacia 1967 por Marc Flament.
Iglesia de Santa Leocadia en Toledo hacia 1967 por Marc Flament.
Dos ancianos en el Palacio de Fuensalida de Toledo hacia 1967 por Marc Flament.
Un anciana cerca de la Puerta del Cambrón de Toledo hacia 1967 por Marc Flament.
Árbol de Navidad en Zocodover en Toledo hacia 1967 por Marc Flament.
Plaza de Zocodover en Toledo hacia 1967 por Marc Flament.
Un carro pasa bajo la Puerta del Cambrón de Toledo hacia 1967 por Marc Flament.
Un hombre fumando bajo la Puerta de Valmardón de Toledo hacia 1967 por Marc Flament.
Calle Real de Toledo hacia 1967 por Marc Flament.
Plaza Mayor de Toledo hacia 1967 por Marc Flament.
Calle Nuncio Viejo de Toledo hacia 1967 por Marc Flament.
Paseo de la Vega en Toledo hacia 1967 por Marc Flament.
Mercado del martes en el Paseo del Miradero de Toledo hacia 1967 por Marc Flament.
Mercado del Martes en el Miradero de Toledo hacia 1967 por Marc Flament.
Puente de Alcántara en Toledo hacia 1967 por Marc Flament.
Veleta del Salón Rico de los Trastámara y torre de la Catedral de Toledo hacia 1967 por Marc Flament.
Sinagoga del Tránsito de Toledo hacia 1967 por Marc Flament.
Puente de Alcántara de Toledo hacia 1967 por Marc Flament.
Puente de Alcántara de Toledo hacia 1967 por Marc Flament.
Torre de la Catedral de Toledo hacia 1967 por Marc Flament.
Toledo visto desde el oeste hacia 1967 por Marc Flament.
Puente de San Martín de Toledo hacia 1967 por Marc Flament.
Puente de San Martín de Toledo hacia 1967 por Marc Flament.
Toledo visto desde el Salto del Caballo hacia 1967 por Marc Flament.
El Tajo en Toledo hacia 1967 por Marc Flament.
Un espadero en Toledo hacia 1967 por Marc Flament.
Mercadillo del Martes en el Miradero en Toledo hacia 1967 por Marc Flament
Una bargueña en el mercadillo del Martes en el Miradero en Toledo hacia 1967 por Marc Flament
Vista de la Catedral desde la Bajada de San Justo en Toledo hacia 1967 por Marc Flament
Palacio de Galiana de Toledo hacia 1967 por Marc Flament.
Puerta Vieja de Bisagra en Toledo hacia 1967 por Marc Flament.
Santiago del Arrabal en Toledo hacia 1967 por Marc Flament.
El Tajo en Toledo hacia 1967 por Marc Flament.
Mezquita del Cristo de la Luz en Toledo hacia 1967 por Marc Flament.
Palacio de Fuensalida en Toledo hacia 1967 por Marc Flament
Torre de Santo Tomé en Toledo hacia 1967 por Marc Flament
Santo Domingo el Real en Toledo hacia 1967 por Marc Flament
San Juan de los Reyes en Toledo hacia 1967 por Marc Flament
Castillo de San Servando en Toledo hacia 1967 por Marc Flament
Almendro en flor en Toledo hacia 1967 por Marc Flament
Estación de Ferrocarril en Toledo hacia 1967 por Marc Flament
Palacio de Munárriz en Toledo hacia 1967 por Marc Flament
Calle de la Campana en Toledo hacia 1967 por Marc Flament
Cúpula de la capilla mozárabe de la Catedral de Toledo hacia 1967 por Marc Flament
Una paloma en vuelo en la plaza del ayuntamiento de Toledo hacia 1967 por Marc Flament
Puerta del Sol en Toledo hacia 1967 por Marc Flament
Mezquita del Cristo de la Luz en Toledo hacia 1967 por Marc Flament
Mezquita del Cristo de la Luz en Toledo hacia 1967 por Marc Flament
Calle ancha en Toledo hacia 1967 por Marc Flament
Alcázar de Toledo hacia 1967 por Marc Flament
Vista desde el parque de la Vega en Toledo hacia 1967 por Marc Flament
Alcantarilla bajo el Cristo de la Luz en Toledo hacia 1967 por Marc Flament
Puerta de Valmardón en Toledo hacia 1967 por Marc Flament
Puerta del Sol en Toledo hacia 1967 por Marc Flament
Puerta de Bisagra en Toledo hacia 1967 por Marc Flament
Puerta Vieja de Bisagra en Toledo hacia 1967 por Marc Flament
Parque de la Vega y Hospital Tavera en Toledo hacia 1967 por Marc Flament
El Tajo en Toledo hacia 1967 por Marc Flament.
Baño de la Cava en Toledo hacia 1967 por Marc Flament.
Guardias Civiles en la plaza del Ayuntamiento de Toledo hacia 1967 por Marc Flament.
Cuesta de Agustín Moreto hacia 1967 por Marc Flament.
Escuela de Artes y Antigüedades Linares en la Calle Reyes Católicos hacia 1967 por Marc Flament.

Marc y Alice se convirtieron en unos auténticos enamorados de Toledo. A esos dos preciosos libros le siguió otro dedicado al Toledo Romántico con grabados soberbios y también una guía turística. Fueron libros muy aclamados por la crítica, incluidos en la lista de regalos institucionales que hacía la ciudad y el propio ministerio de Turismo. Tras aquella pausa de 10 años alejado del ejército, Flament fue contratado en 1971 como director de una compañía conjunta independiente en cine, que se convirtió en el Établissement de communication et de production audiovisuelle de la Défense "ECPA" dependiente del Ministerio de Defensa, donde produce casi 50 películas.
Al finalizar su trabajo el 9 de abril de 1974, Marc Flament se retiró en su calidad de sargento mayor, pero continuó trabajando regularmente con la ECPA como civil. En 1982 volvió a pintar, e incluso abrió una galería en París. En 1988 compró y restauró una maravillosa fortaleza medieval: el Castillo de Culan, que es hoy una joya y cuyos jardines fueron trazados por su amada Alice.
Marc Flament murió el 17 de noviembre de 1991 y fue enterrado en los jardines de su castillo.
Creo que era de justicia rendirle este sencillo y humilde homenaje en Toledo, la ciudad que tanto amó, en el año del 90 aniversario de su nacimiento.
Marc, Alice: Toledo no os olvida.
© TOLEDO OLVIDADO
Maira Gall