Mario Carrieri nació en Milán en 1932. Hijo del poeta y crítico de arte Raffaele Carrieri, creció en un entorno poblado por figuras intelectuales como Eugenio Montale, Giorgio De Chirico y Lucio Fontana y estuvo cerca de los pintores como Modigliani, Picasso, Marini, Campigli o Vittorio Bodini, algunos de los cuales fueron exponentes de movimientos como el denominado Realismo existencial o la Scuola metafísica. Todos ellos tenían una intensa relación con su padre y marcaron sobremanera la infancia del pequeño Mario. Es preciso recordar que los citados movimientos tuvieron una gran influencia en el Milán de aquella época, de modo que la ciudad se convirtió en una referencia de arte y cultura a nivel mundial. La vocación temprana de Mario Carrieri por la fotografía se vio claramente influida por toda la pasión y el drama de la condición humana, muy presente en la poesía y las artes visuales en los años cincuenta de Milán.

Muy consciente de la gran distancia que separaba su propia visión y concepción del arte de la penuria cultural e ideológica dominante que le rodeaba, Carrieri decidió continuar su investigación artística en total soledad.
Así, a principios de los años 50, después de abandonar su carrera académica debido a su manifiesta incompatibilidad con el conservadurismo del personal docente, el joven Mario Carrieri fue contratado por la famosa editorial Mondadori para catalogar el archivo fotográfico de la revista semanal de noticias Epoca, que acababa de ser lanzada al mercado por la editorial milanesa. Carrieri pasó los años centrales de la década haciendo una serie de vídeos comerciales, algunos transmitidos en Carosello (el espacio publicitario de la televisión pública italiana). Gracias a este trabajo obtuvo un importante reconocimiento: el Gran Premio en el Festival de Publicidad de Cine de la Feria de Milán en 1956.
En 1957 renuncia a todos sus otros trabajos para centrarse en exclusiva en la producción de un amplio registro fotográfico de Milán. Así, entre enero y agosto del año siguiente usó una cámara de pequeño formato para tomar 3.500 fotos de la ciudad. De ellas, Carrieri seleccionó 134 en 1959 para formar la secuencia, dividida en diez "escenas", de su libro Milano, Italia, publicado con solo veintisiete años y recibido por los críticos con considerable indiferencia. La única voz que se levantó con firmeza en su defensa fue la de otro fotógrafo: Ugo Mulas. Su apoyo fue el comienzo de una estrecha amistad entre ellos.

Ese libro es hoy, para muchos, el trabajo más importante de fotografía italiana que se produjo en aquellos años, pese a la incomprensión de la crítica de la época.
El reconocimiento llegó cuando el Museo de Arte Moderno de Nueva York (MoMA) y otros museos europeos adquirieron para sus colecciones muchas de las fotos que habían aparecido en el volumen.
A partir de 1962, Carrieri pasó dos años recolectando material para Cinque Dolori, un cortometraje inspirado libremente en la poesía de Eugenio Montale. Al mismo tiempo, impulsado por Roberto Sanesi, planeó un documental, nunca realizado, sobre la vida y obra de Dylan Thomas, para ser filmado en Gales, el lugar de nacimiento del poeta.
A principios de la década de 1970, Carrieri se hizo cargo del estudio de Ugo Mulas en Via Spallanzani, al haber caído este gravemente enfermo. Carrieri comenzó entonces una estrecha colaboración que ha durado hasta el presente con diseñadores y arquitectos líderes en Italia y en el extranjero como Aldo Rossi, Renzo Piano, Jean Nouvel y Norman Foster y para organismos y corporaciones como Unifor, Knoll y Tecno.

Asimismo, la editorial Amilcare Pizzi, que trabajaba principalmente para editoriales internacionales de arte, encargó a Carrieri que viajara por todo el mundo tomando fotos para una serie financiada por la UNESCO sobre el legado artístico de la humanidad, con especial énfasis en la escultura antigua, desde los etruscos hasta los griegos, romanos y antiguos egipcios, por lo cual recibió un encargo adicional de la Fundación Menil en Houston.
Entre 1975 y 1977 produjo una larga serie de imágenes de escultura africana en color y en blanco y negro, que se exhibieron a principios de 1981 en el Padiglione d'Arte Contemporanea de Milán y se publicaron en el catálogo del espectáculo Mazzotta así como en una edición especial italiana de Memorias de África de Karen Blixen.
En 1978 comenzó a trabajar en el tema de la naturaleza muerta, completando una rica colección de fotografías.
A finales de los 90, Carrieri se dedicó a la interpretación fotográfica de la escultura de Auguste Rodin, con gran éxito de la crítica.
Como podéis comprobar, se trata de un auténtico mito de la fotografía italiana que, como tantos otros, también sintió la llamada de Toledo. Debió ser aproximadamente hacia 1970 o 1971 cuando Carrieri visitó Toledo, tal vez en alguno de sus viajes enmarcados en sus grandes proyectos. En nuestra ciudad tomó fotografías de gran belleza, muchas de ellas destinadas a ilustrar una guía editada por Albin Michel con textos de Fernando Chueca Goitia.
Os pondré una selección de las mejores fotos de Mario Carrieri en Toledo, que cincuenta años después de ser tomadas, han envejecido excelentemente como podréis comprobar.
Comenzaremos con una excelsa vista de la torre de la Iglesia de San Justo:

Las torres mudéjares llamaron mucho la atención de Carrieri. En estas imágenes veréis, por ejemplo, que la torre de Santo Tomé presentaba una esquina superior totalmente destrozada (creo que por un rayo). También aparecen bellas las torres de San Miguel y de San Román:




El Monasterio de San Juan de los Reyes fue captado por Carrieri con gran maestría:




El Hospital Tavera:



Detalles de nuestras murallas:


La Puerta de Valmardón:

Aquí vemos el Hospital de Santa Cruz:



El Puente de Alcántara:


Zocodover no podía faltar en el reportaje de Carrieri:

La Sinagoga de Santa María la Blanca:


La Puerta de Bisagra:

La Iglesia de San Bartolomé:

La fachada de la Iglesia de San Ildefonso, para los toledanos conocida como San Juan de los Jesuitas:

Las vistas de la Catedral son preciosas:



Aquí vemos el Alcázar:

El Palacio de Fuensalida:

El Taller del Moro:


El Museo del Greco:


Algunos detalles de nuestras calles, casas y plazas:






La Puerta Vieja de Bisagra:

La Mezquita del Cristo de la Luz:


La Puerta del Cambrón:

La Puerta de Alcántara:

Como habéis comprobado, se trata de un amplio repaso al Toledo de hace medio siglo, de la mano de uno de los más grandes talentos fotográficos que ha dado Italia. Italia y España, unidos estos días más que nunca por el durísimo sufrimiento que está causando el coronavirus en miles y miles de familias que están perdiendo seres queridos o que ven peligrar su futuro económico. Espero que, al menos, estas imágenes os hayan hecho recordar por unos momentos la enorme belleza que nos espera al salir del confinamiento: nuestra Toledo, con sus calles, rincones, misterios y leyendas nos aguarda para volver a disfrutarla, con más cariño si cabe, cuando esta pesadilla haya pasado. Mucho ánimo a todos.
Para saber más:
- Fotografías de Mario Carrieri en el MoMA
- Fotos de Mario Carrieri en la Hay Hill Gallery
