semana santa
Mostrando entradas con la etiqueta semana santa. Mostrar todas las entradas

viernes, 27 de febrero de 2026

La desconocida faceta fotográfica de los hermanos Álvarez Quintero en la Semana Santa de Toledo en 1897

El descubrimiento de la faceta fotográfica de dos de los más célebres dramaturgos españoles, los hermanos Joaquín y Serafín Álvarez Quintero, ha sido una de las mayores alegrías que me da dado mi labor de investigación fotográfica en estos años. Aunque ya lo desvelé en las páginas del libro Toledo Olvidado 6, hoy os ofreceré todos los detalles del proceso que seguí hasta cerciorarme de que esta genial pareja también hizo sus pinitos en la fotografía y su escenario fue precisamente nuestra querida ciudad de Toledo.
Todo comienza en 2009, cuando hallé un reportaje publicado en la revista Nuevo Mundo el 29 de abril de 1897 que llamó mi atención básicamente por incluir las primeras fotografías de las que tenía constancia de la Semana Santa de Toledo, llamándome especialmente la atención una de ellas que mostraba el precioso Cristo del Descendimiento:
Paso del Descendimiento en la Semana Santa de Toledo de 1897 Como puede verse en la descripción del archivo, la incorporé a mi álbum de Flickr el 29 de julio de 2009, en el segundo año de andadura de este blog. En su descripción hacía referencia a un texto que me encanta de Gustavo Adolfo Bécquer dedicado en 1869 a este paso tan emblemático toledano, que me parecía como si estuviera escrito para describir precisamente lo que mostraba la citada foto tomada esta joya de la imaginería:
"(...) las imágenes de las andas se dibujan confusas y asemejan gentes vivas que miran y ven con sus ojos de vidrio, causando la impresión de algo que, semejante a la visión del sueño, flota entre el mundo real y el imaginario; el Cristo del Descendimiento, se balancea suspendido en el aire; las ropas de los que lo bajan se agitan al soplo del viento; la ilusión es completa".
Así pasaron los años, hasta que —un buen día de marzo de 2024— rastreando en casas de subastas, me topé con un grupo de fotografías en las que el vendedor se limitaba a poner unas miniaturas de los originales citando solamente que habían sido tomadas en Toledo. Al ver una de ellas, se activaron todas mis neuronas de la memoria fotográfica para recordarme que esa foto ya la había visto antes. En efecto, se trataba de aquella foto del Cristo del Descendimiento de la que os hablaba, pero en esta ocasión no era el recorte de aquel viejo periódico sino un positivo original de la época (1897). Se vendía el lote de fotografías por un precio más que razonable, por lo que me decidí al instante a comprarlo. Mientras llegaba el paquete, aquellos días decidí repasar los detalles de la publicación en la que había visto esas fotos en la revista Nuevo Mundo. Releyendo el texto —al que no había prestado mucha atención en 2009— ví que estaba firmado por un pseudónimo que se hacía llamar El Diablo Cojuelo.
Artículo publicado por los hermanos Álvarez Quintero bajo el pseudónimo de "El Diablo Cojuelo" en la Revista Nuevo Mundo, 29 de abril de 1897. Biblioteca Nacional de España. Artículo publicado por los hermanos Álvarez Quintero bajo el pseudónimo de "El Diablo Cojuelo" en la Revista Nuevo Mundo, 29 de abril de 1897. Biblioteca Nacional de España. (página segunda) Indagando acerca de la posible identidad de este —o estos—, pude comprobar que varias referencias citaban a los famosos autores Joaquín y Serafín Álvarez Quintero como las personas que estaban detrás de dicho pseudónimo.
El Diablo Cojuelo desvela su identidad, 21 marzo 1912. Hermanos Álvarez Quintero. De este modo, cuando recibí las fotos en casa, mi ilusión era máxima. Y las expectativas se vieron sobrepasadas: el número de fotografías del lote era superior al de las que se publicaron en aquel artículo de Nuevo Mundo. Sumadas a las publicadas, en el grupo de fotos había varias más que, además, encajaban a la perfección en las descripciones de los parajes y calles citadas en el texto, lo cual probaba que todos los lugares que mencionaron fueron recorridos y visitados realmente en su periplo.
En cuanto a la autoría de las imágenes, no me cabe duda de que son los hermanos también quienes las tomaron. Pese a que leyendo el texto, en algún pasaje podría parecer que vinieron acompañados por dos o tres amigos más, lo cierto es que todo hace indicar que estaban únicamente los dos hermanos. Esa apariencia de "grupo" no era más que un recurso estilístico muy utilizado por los dramaturgos, que en sus textos de viajes o estampas costumbristas creaban la sensación de que el relator forma parte de un pequeño grupo (cuatro o cinco personas), como efecto narrativo que era parte de su tono desenfadado y teatral: construían una pequeña escena o historia y el uso alternativo de la primera persona con el del plural ayudaba a dar dinamismo y juego humorístico. Ese desdoblamiento del narrador y el uso flexible del singular y el plural lo utilizaban para dar vivacidad, ironía o incluso un leve tono paródico. En el texto que nos ocupa, firmado por citado séudónimo de El Diablo Cojuelo, el viaje es esencialmente narrado en primera persona, si bien en el momento clave de la llegada a Toledo aparece el uso de este recurso literario:
“a mi compañero Polilla túrbasele el sentido; el bueno del fotógrafo que nos acompaña (…) y Ciutti pierde la cabeza…”
Así construyen deliberadamente la ilusión de una pequeña comitiva integrada por personajes imaginarios (Polilla, el fotógrafo, Ciutti y el propio narrador), si bien únicamente ellos estaban tras la realidad del texto y del viaje.
Sumado a ello, las fotografías muestran escenas en las que se deduce que iban solos, pues hay lugares fotografiados con cierta estrechez así como una imagen tomada entre las rocas de los cerros del Valle en la que vemos a una persona que probablemente es uno de los hermanos (concretamente Joaquín, a la vista de la comparativa con retratos suyos con esa edad, con el mismo bigote y perfil y vestimenta perfectamente compatible) y la sombra en el suelo de solo una persona más (el fotógrafo) que se correspondería con Serafín. El personaje retratado, además, parece llevar en la mano un portaplacas fotográficas o bien algún tipo de libreta.
Semana Santa de Toledo en 1897 el 15 y 16 de abril de ese año. Fotos de "El Diablo Cojuelo" publicadas en Nuevo Mundo el 29 de abril. Colección personal de Eduardo Sánchez Butragueño. Semana Santa de Toledo en 1897 el 15 y 16 de abril de ese año. Fotos de "El Diablo Cojuelo" publicadas en Nuevo Mundo el 29 de abril. Colección personal de Eduardo Sánchez Butragueño. Los Hermanos Serafín (i) y Joaquín (d) Álvarez Quintero en su juventud Comencemos el repaso al resto de estas impagables fotografías. La primera que os ofrezco, no publicada en el artículo, se corresponde con su llegada a la estación de ferrocarril, que en 1897 era aún la primigenia de 1858, muy distinta de la preciosa neomudéjar que disfrutamos desde 1919. La estampa captada por los hermanos sevillanos encaja a la perfección con lo expresado en el texto: una multitud que bajaba del botijo (así mencionan a este tren los dramaturgos) y que se topaba en el andén con muchos toledanos que se ofrecían para diferentes servicios. La imagen está fechada y la caligrafía es perfectamente compatible con algunos de los textos originales conocidos de los hermanos, especialmente la de Serafín.
Estación de ferrocarril en la Semana Santa de Toledo en 1897 el 15 y 16 de abril de ese año. Foto de los hermanos Álvarez Quintero publicada bajo el pseudónimo de  "El Diablo Cojuelo" en Nuevo Mundo el 29 de abril. Colección personal de Eduardo Sánchez B. En el ascenso desde la estación hasta el centro histórico, los Serafín y Joaquín se detuvieron para fotografiar el puente de Alcántara y el castillo de San Servando. Se puede apreciar una larga hilera de gente en la acera del paseo de la Rosa así como en el propio puente, realizando el mismo recorrido que los andaluces. Se aprecia bien también el chamizo por entonces existente en lo que luego sería el restaurante La Cubana:
Puente de Alcántara y Castillo de San Servando. Semana Santa de Toledo en 1897 el 15 y 16 de abril de ese año. Fotos de "El Diablo Cojuelo" publicadas en Nuevo Mundo el 29 de abril. Colección personal de Eduardo Sánchez Butragueño. Primer edificio de lo que fue el restaurante la Cubana. Foto tomada en 1897 por los hermanos Álvarez Quintero. Cuando visitaron Toledo en aquel lejano mes de abril de 1897, los hermanos contaban solo con 24 y 26 años, estando en un momento dulce de su vida y de su carrera. Habían trasladado su residencia a Madrid desde Sevilla, y ya contaban con varias obras comedias publicadas y representadas en la capital. Aquel mismo año de 1897 se produciría su primer gran éxito en Madrid con la obra El ojito derecho.
En el texto son frecuentes las menciones a la belleza de las mujeres toledanas que los hermanos Álvarez Quintero encontraron en la ciudad. Una de las imágenes insertadas en el artículo tiene como pie de foto esta frase: "Un mirador digno de ser muy bien mirado". La escasa resolución de las reproducciones gráficas de aquella época debió hacer que los lectores no entendiesen el porqué de esa descripción.
"Un mirador digno de ser muy bien mirado". Artículo de El Diablo Cojuelo en la Revista Nuevo Mundo, 29 de abril de 1897. Colección personal de Eduardo Sánchez Butragueño. El caso es que casi 130 años después podemos comprenderla gracias que esa foto es otra de las incluidas en el lote que adquirí: en dicho mirador se asoman dos jóvenes toledanas que saludaban a los andaluces.
Semana Santa de Toledo en 1897 el 15 y 16 de abril de ese año. Foto de los hermanos Álvarez Quintero publicada bajo el pseudónimo de  "El Diablo Cojuelo" en Nuevo Mundo el 29 de abril. Colección personal de Eduardo Sánchez Butragueño. Dos mujeres jovenes asomadas a un mirador. Semana Santa de Toledo en 1897 el 15 y 16 de abril de ese año. Foto de los hermanos Álvarez Quintero publicada bajo el pseudónimo de  "El Diablo Cojuelo" en Nuevo Mundo el 29 de abril. Colección personal de ESB. Las imágenes más valiosas del conjunto se corresponden con las tomadas en las procesiones de aquella Semana Santa de 1897. Comenzaremos por las del Jueves Santo en las que aparecen dos famosos y trístemente desaparecidos pasos que se conservaban en la iglesia de la Magdalena: la Elevación de la Cruz y la Calle de la Amargura, ambos datados en el siglo XVIII que eran de grandes dimensiones y poseían una gran expresividad. Pertenecían a la cofradía de la Vera Cruz y desaparecieron para siempre en 1936 con la destrucción de la iglesia de la Magdalena durante la guerra civil. En estas preciosas fotos —las más antiguas que se conservan de la Semana Santa toledana— los vemos a los pies de la catedral:
Paso de la Elevación de la Cruz. Semana Santa de Toledo en 1897 el 15 y 16 de abril de ese año. Foto de los hermanos Álvarez Quintero publicada bajo el pseudónimo de  "El Diablo Cojuelo" en Nuevo Mundo el 29 de abril. Colección personal de Eduardo S. B. Paso de la Calle de la Amargura. Semana Santa de Toledo en 1897 el 15 y 16 de abril de ese año. Foto de los hermanos Álvarez Quintero publicada bajo el pseudónimo de  "El Diablo Cojuelo" en Nuevo Mundo el 29 de abril. Colección de Eduardo Schez Butragueño Pasamos ahora al día siguiente, Viernes Santo, en el que los sevillanos nos regalaron estas excelentes imágenes tomadas probablemente en la calle de la Plata. Una de ellas se trata de la que yo tenía grabada en la memoria y que me permitió identificarla en la casa de subastas asociada al citado artículo de Nuevo Mundo: la del Cristo del Descendimiento:
Semana Santa de Toledo en 1897 el 15 y 16 de abril de ese año. Fotos de Serafín y Joaquín Álvarez Quintero publicadas bajo el pseudónimo de "El Diablo Cojuelo" en Nuevo Mundo el 29 de abril. Colección personal de Eduardo Sánchez Butragueño. En la otra foto tomada en la misma calle apreciamos los capuchones con sus tambores mientras un niño intenta que no se apague la vela que porta. En el suelo, se proyecta la sombra de un cristo de un paso precedente en el cortejo.
Semana Santa de Toledo en 1897 el 15 y 16 de abril de ese año. Fotos de "El Diablo Cojuelo" publicadas en Nuevo Mundo el 29 de abril. Colección personal de Eduardo Sánchez Butragueño. En el entorno de la catedral, los geniales hermanos fotografiaron ciertos detalles como la Puerta de los Leones:
Puerta de los Leones. Semana Santa de Toledo en 1897 el 15 y 16 de abril de ese año. Fotos de Serafín y Joaquín Álvarez Quintero publicadas bajo el pseudónimo de "El Diablo Cojuelo" en Nuevo Mundo el 29 de abril. Colección personal de Eduardo Sánchez B. En su recorrido por la ciudad, ya vimos que ascendieron a los cerros del Valle. En ese punto tomaron esta excelente perspectiva general de la ciudad.
Semana Santa de Toledo en 1897 el 15 y 16 de abril de ese año. Fotos de "El Diablo Cojuelo" publicadas en Nuevo Mundo el 29 de abril. Colección personal de Eduardo Sánchez Butragueño. En un pasaje del texto mencionan las torres mudéjares de Toledo. Ello se corresponde bien con el hecho de haber fotografiado la iglesia de San Miguel con su esbelto campanario:
Semana Santa de Toledo en 1897 el 15 y 16 de abril de ese año. Fotos de "El Diablo Cojuelo" publicadas en Nuevo Mundo el 29 de abril. Colección personal de Eduardo Sánchez Butragueño. Los jóvenes escritores descendieron también hasta la mismísima orilla del Tajo, donde obtuvieron esta fotografía de unos bueyes bebiendo las entonces limpias aguas del Tajo junto al puente de San Martín:
Semana Santa de Toledo en 1897 el 15 y 16 de abril de ese año. Fotos de "El Diablo Cojuelo" publicadas en Nuevo Mundo el 29 de abril. Colección personal de Eduardo Sánchez Butragueño. Para finalizar, os dejo con la transcripción literal completa (sin cambiar errores o usos ortográficos de entonces) del artículo publicado en Nuevo Mundo que fue ilustrado con estas fotos y varios dibujos también de su autoría. Da buena fe del humor y gracia de los hermanos y supone un retrato fresco y alegre de la Semana Santa toledana de 1897:
RECUERDOS DE TOLEDO
APUNTES DE VIAJE
¡Adiós, Madrid, que me voy a Toledo en el botijo!...
Silba el tren, como si protestara contra la carga de gente que lleva, y se arranca de mal humor y refunfuñando por el llano adelante... Dentro de tres ó cuatro horas es posible que esté en la ciudad de Garcilaso. —¿Tres ó cuatro horas he dicho? ¡Ay! ¡Me da el corazón que si llego voy á llegar hecho un higo de Fraga!
**
Mis compañeros de viaje son en extremo comunicativos y alegres. Algunos huelen, y no precisamente á ámbar. Como si obedeciesen á orden secreta, noto que todos principian á engullir al mismo tiempo. Veo tortillas que parecen babuchas morunas. Surgen botas de vino como por encanto. Una mamá me suplica que le cuente cuentos á su niño mientras ella almuerza. Un caballero se da á partir salchichón sobre uno de mis hombros, no sin decirme sonriente: —Ustez disimule la confianza.
El de enfrente me ha tomado por una boquilla de espuma de mar, y me echa á la cara todo el humo de su habano (es un decir). Cuando ninguno lo espera, un señor que va en un rincón, sin meterse con nadie, se mete con todos á la vez rompiendo á cantar por todo lo alto, con pretensiones inclusive. El coche se estremece de júbilo, y cruje y se grietea por el techo...
Acaban de introducirme por un ojo el puño de un bastón de esos de naipes. Soy feliz.
**
¡Contra todas las probabilidades, he llegado! ¡Y qué llegada, santo Dios! Al bajar del sleeping (es otro decir) un enjambre de Rinconetes en agraz y Cortadillos en canuto, cae sobre los desencuadernados viajeros, como la tempestad sobre las mieses, brindándose a servir lo mismo para un barrido que para un fregado.
De pronto ¡ay! diviso en el andén dos archicelestiales toledanitas que fijo esperan á alguien que por desgracia no soy yo... Aparición tan agradable me hace dar por bueno hasta el timbre de voz del tenor de marras. De pura admiración se me cae de las manos la cartera en que tomo estas notas; á mi compañero Polilla túrbasele el sentido; el bueno del fotógrafo que nos acompaña está á punto de estropear las placas que trae, y Ciutti pierde la cabeza y el álbum de dibujo. ¡Influencia de los hechiceros ojos toledanos en las almas sensibles!...
**
¡Adentro! Que aquí vale tanto como decir: ¡arriba!
Un cadete, dos cadetes, tres cadetes... Delante cadetes, detrás cadetes, á diestra y siniestra cadetes... Instintivamente miro hacia el cielo á ver si cae algún cadete… Penetro en el intrincado laberinto de calles tortuosas y estrechas que forman esta sugestiva y artística ciudad, y acompañado del cicerone más joven, más lindo y más simpático que darse puede, Pepito Infantes, voy y vengo, bajo y subo, sin tregua ni reposo... Aquí me paro ante una torrecilla mudéjar, de esas que, como nota dominante y característica, tanto abundan en Toledo; allí me detengo á admirar una portada gótica; ya paso por una calle solitaria y llena de misterioso encanto, como aquellas en que vivió la poética monja de las Tres Fechas; ya atisbo por una ventana un patio que me habla de los de mi tierra andaluza. Ora me encanto en la contemplación de San Juan de los Reyes, maravilla de maravillas; ora me extasío en la preciada y rica Catedral, dechado y ejemplo de todas las artes; ya me estremezco ante la sombría imagen del Cristo de la Vega; ya se me alegra y se me ensancha el alma trepando por las rocas bravías hacia el santuario de la Virgen del Valle, aunque no precisamente con el fin de tirar de la cuerda de la campana para conseguir casarme en este año...
Y doy la vuelta á la ciudad por la orilla del Tajo, que sosegado y tranquilo la abraza, alborotándose sólo en las presas de los molinos, como hombre de genio apacible que desea probar que también tiene sus arranques de cólera. Y unas veces pisando menuda arena, otras lastimándome los pies en las desiguales y duras piedras de afueras y calles, corro desalado por doquier queriendo ver todo lo visible, y sintiendo en el alma, á fuer de enamorado del arte, que se me queden por admirar muchas más cosas de las que admiro...
Pero ¡qué diablo! el viajar en botijo ¡alguna contra había de tener!...
**
Los naturales del país me aseguraban que las procesiones del jueves no me gustarán tanto como las del viernes; pero yo confieso con sinceridad que lo mismo me han gustado unas que otras, y que me parece injusta á todas luces la preferencia que sienten por las últimas. Hoy viernes he podido verlo. La única ventaja, si vale llamarla así, de las unas sobre las otras, son los nazarenos y los armados. Por lo demás, el mismo mérito artístico ven mis profanos ojos en las imágenes de ambas; el mismo gusto y riqueza en sus ropajes y el mismo orden y la misma seriedad en su carrera.
La animación es grande de uno y otro día. Las calles por donde pasan las procesiones se llenan de gente, ansiosa de que aparezcan las renombradas imágenes ante sus ojos. A lo mejor, la anchura de un paso o la estrechez de una calle ó quizá ambas cosas á la vez, obligan á los curiosos á incrustarse materialmente en las paredes ó á entrar en los portales, volviendo luego á ocupar sus primitivos puestos y posturas hasta que llega otro paso y se repite la misma curiosa escena, por no decir el mismo paso, cuando acabo de decir que el paso es otro.
A balcones y ventanas se asoma el señorío de la capital. Las muchachas vestidas de negro, con negra mantilla á la cabeza y rosas y claveles graciosamente prendidos. La que más y la que menos tiene un cadete al margen, que estudia estrategia en los traviesos ojos de su toledana.
Las animadas conversaciones se suspenden mientras pasa la procesión, cuya presencia impone silencio y compostura, y vuelven á reanudarse á poco, bien así como en las escuelas, aunque sea extravagante el símil, la entrada del maestro pone coto á los gritos y travesuras de la chiquillería, que apenas se ve sola otra vez torna á las andadas.
**
Observo que las dos toledanitas del andén fueron como lindo botón de muestra de las que en esta tierra se crían. Mucho arte antiguo hay que admirar en la ciudad del Tajo, ciertamente; pero aunque en arte moderno no hubiera más tesoro que el que constituyen las hijas del país, allá se irían tesoro con tesoro. Si la que nace hermosa fuera infeliz, como dijo el poeta, Toledo sería un mar de lágrimas.
**
No quiero regresar á Madrid sin visitar la campana gorda de la torre de la Catedral. Subo por una escalerilla de caracol tan estrecha y oscura, que no puedo penetrar por ella sino á tientas y de canto. En el primer descansillo, digámoslo así, dóime de manos á boca con este letrero:
«De orden de las autoridades civil y eclesiástica se prohibe terminantemente que las personas que visiten esta torre no toquen las campanas.»
¡Ah! ¿Se me prohibe que no las toque? —me digo— Bueno, ¡pues las tocaré! ¿qué trabajo me cuesta?
Pero veo que sigue:
«A quien se permita tocarlas se le impondrá una multa de cinco pesetas.»
¿Con que se me prohibe no tocarlas y si las toco me echan un multazo? ¡Pues me voy á Madrid sin ver ese prodigio, aunque ya le he dado los diez céntimos á la campanera!
El Diablo COJUELO
Caricatura de un capuchón o nazareno en un texto firmado por "El Diablo Cojuelo". Revista Nuevo Mundo, 29 de abril de 1897 Un armado de semana santa en Toledo, caricatura en un texto firmado por "El Diablo Cojuelo". Revista Nuevo Mundo, 29 de abril de 1897 Después de aquel viaje a Toledo siendo veinteañeros, los hermanos Álvarez Quintero hicieron disfrutar sobremanera al público español con varias décadas de enorme capacidad creativa, componiendo multitud de obras que alcanzaron gran fama, como El patio (1900), Las de Caín (1908), El genio alegre (1906), Malvaloca (1912), Puebla de las mujeres (1912), Amores y amoríos (1908) o La reina mora (1903). Tras una exitosa carrera y un reconocimiento unánime, el final de la vida de los hermanos fue bastante triste. Ambos fueron apresados al comienzo de la Guerra Civil, siendo recluidos por los soldados del bando republicano en la cárcel de El Escorial. Su cautiverio duró varios meses, desde julio de 1936 hasta finales de ese mismo año, cuando lograron recuperar la libertad gracias a diversas gestiones e intercesiones. Serafín falleció aún durante la guerra en Madrid, de muerte natural, el 12 de abril de 1938, mientras que Joaquín falleció el 14 de junio de 1944, también en la capital de España. En 1940, tras la muerte de su querido hermano, tuvo ocasión de regresar a Toledo y posar en el lugar que 43 años antes fotografiaron juntos como hoy hemos podido comprobar.
Joaquín Álvarez Quintero en 1940 en la Ermita del Valle. Fototeca del diario ABC.

viernes, 15 de abril de 2022

Los curiosos detalles que ayudan a datar una imagen del Viernes Santo toledano

En la página 113 del último libro de la saga (Toledo Olvidado 5) que publiqué el pasado mes de diciembre de 2021, incluyo una preciosa foto del Cristo del Descendimiento tomada por un fotógrafo del estudio de Abelardo Linares y conservada en la fototeca del Diario ABC (a quienes agradezco su generosa cesión) que, además de ser muy bella, presenta muchas curiosidades. La datación de la misma no estaba aún fijada, pero examinando los detalles que encierra, pude llegar a determinar el día exacto en que fue obtenida. Hoy, Viernes Santo de 2022, creo que es un buen momento para explicar el proceso.
La imagen en cuestión es esta:
Cristo del Descendimiento en la plaza de los Postes en una procesión de viernes santo de Semana Santa. Fototeca del diario ABC Como os decía, en las fotos hay detalles que ayudan a datar la fecha en que fueron tomadas de modo muy certero. En esta imagen del Cristo del Descendimiento en la Plaza de Amador de los Ríos, popularmente de Los Postes, hay varias pistas que me ayudaron a identificar sin duda el día en que se realizó. En primer lugar, las típicas gorras de los guardias de asalto ya permiten fijar la fecha dentro de la II República.
Guardias de asalto de la II República con su típica gorra Yendo más allá, el cartel de la calle, nombrada como Nicolás Salmerón en 1931, confirma ese extremo. Este cambio de denominación se incluyó en una profunda reforma del nomenclátor toledano en esos años. En concreto, los cambios en el callejero toledano en la II República en 1931 (anulados luego en la sesión del 20 de octubre de 1936, con la ciudad ya bajo dominio del bando franquista) fueron: Emilio Castelar por Barrio Rey; Capitanes Galán y García Hernández por Carlos V; Pablo Iglesias por Real del Arrabal; Juan Jaurés por avenida María Cristina; Joaquín Costa por Alfonso XII; Vicente Blasco Ibáñez por paseo de Recaredo; Jaime Vera por Alfonso X el Sabio; Estanislao Figueras por Real; Comuneros de Castilla por Reyes Católicos; plaza de la República por plaza del Ayuntamiento; Carlos Marx por Arco de Palacio; Pi y Margall por Comercio; Giner de los Ríos por Calle Nueva; plaza de Nicolás Salmerón por plaza de los Postes, ya citada; Francisco Palacios Sevillano por Colegio de Infantes (plaza y bajada); Amador de los Ríos por San Ginés; Enrique Solás por Mona; Paseo Pérez Galdós por Virgen de Gracia; plaza de Gómez de Nicolás por San Nicolás; Poeta José Zorrilla por Cristo de la Vega; avenida de Manuel Azaña por Camino de Bisagra a la Fábrica; José Nakens por Sillería; Isabel Nakens por Santa Isabel y Adolfo de Sandoval por Codo.
Placa de la Plaza de Nicolás Salmerón, nombre que se le asignó en época de la II República a la actual plaza de Amador de los Ríos Pero afinando aún más, tenemos en la zona derecha de la fotografía el cartel de Las Cuatro Hermanitas, película protagonizada por Katharine Hepburn y estrenada en noviembre en 1933 en Estados Unidos. Sumado a ello, se ve junto al citado cartel un bando del alcalde Justo García García, que gobernó en su segundo mandato entre octubre de 1934 y febrero de 1936.
Cartel de Las Cuatro Hermanitas y bando del alcalde Justo García García Todo ello permite fijar la fecha de la fotografía inequívocamente en el 19 de abril de 1935, Viernes Santo de aquel año, pues ese paso del Cristo del Descendimiento sale en procesión únicamente ese día del año.
Esperando que os haya resultado interesante, o al menos curioso, el proceso seguido para la datación de la imagen, me despido por hoy deseándoos una feliz Semana Santa.

domingo, 29 de marzo de 2015

La Semana Santa en Toledo

Si hay un lugar en el que, a la devoción propia de estas fechas y la belleza de los pasos e imágenes que desfilan, cabe añadir un escenario irrepetible y en buena medida casi intacto a lo largo de los siglos en muchos de sus rincones, ese lugar es Toledo.
Nuestra Semana Santa tiene el carácter propio de las semanas santas castellanas, más dadas al silencio y al recogimiento que las del sur español. Sin duda, lo angosto de muchos de los lugares por los que desfilan las procesiones en Toledo favorece ese recogimiento, que por momentos llega a ser sobrecogedor.
Este contraste entre las semanas santas castellanas y andaluzas -y más en concreto entre la de Sevilla y la de Toledo- ya llamó la atención nada menos que de Gustavo Adolfo Bécquer en 1869. El genial poeta sin duda conocía bien ambas ciudades y en un precioso artículo publicado el 28 de marzo de aquel año en El Museo Universal resumió muy bien estos contrastes (Texto completo aquí).
El artículo venía además ilustrado con dibujos de su hermano Valeriano:
Dibujo sobre la semana Santa de Toledo por Valeriano Bécquer. El Museo Universal, 28 de marzo de 1869.

Uno de los pasajes del texto de Bécquer sirve perfectamente para comentar la fotografía más antigua que he localizado de la Semana Santa toledana. Hay que destacar que apenas existen imágenes del siglo XIX de nuestras grandes procesiones (Semana Santa y Corpus Christi). Esta foto es la más antigua que he localizado de nuestra Semana Santa, fue publicada en 1897 y muestra el Cristo del Descendimiento, y bajo ella pongo el texto de Bécquer:
Semana Santa de Toledo en 1897 el 15 y 16 de abril de ese año. Fotos de Serafín y Joaquín Álvarez Quintero publicadas bajo el pseudónimo de "El Diablo Cojuelo" en Nuevo Mundo el 29 de abril. Colección personal de Eduardo Sánchez Butragueño.
"(...) las imágenes de las andas se dibujan confusas y asemejan gentes vivas que miran y ven con sus ojos de vidrio, causando la impresión de algo que, semejante a la visión del sueño, flota entre el mundo real y el imaginario; el Cristo del Descendimiento, se balancea suspendido en el aire; las ropas de los que lo bajan se agitan al soplo del viento; la ilusión es completa".

Las fotografías de comienzos de siglo XX que retratan la Semana Santa de Toledo no son demasiado abundantes. Dos de las mejores son estas tomadas en Zocodover y conservadas en la Fototeca del Instituto del Patrimonio Cultural de España. Se observa a la procesión del jueves santo entrando en la plaza desde Barrio Rey, procedente de la Iglesia de la Magdalena, de donde partían muchos de los pasos que entonces desfilaban y que por desgracia desaparecieron durante la guerra civil en 1936 al quedar destruida esta iglesia:
Procesión de jueves Santo a comienzos del siglo XX © MECD, Fototeca del IPCE, signatura VN-10439_P
Procesión de Semana Santa en Zocodover a comienzos del siglo XX © MECD, Fototeca del IPCE, signatura VN-10438_P

Entre las imágenes que fueron destruidas en La Magdalena en 1936 destacaban el famoso Cristo de las Aguas y los pasos de la Oración en el Huerto, la Calle de la Amargura y la Elevación de la Cruz (estas últimas obra de Manuel de Corbias en 1666, procedentes del convento del Carmen Calzado según investigó Juan Nicolau), que podemos ver en estas fotografías de comienzos del siglo XX desfilando:
Pasos de Semana Santa de la Iglesia de la Magdalena, destruidos en la Guerra Civil (al fondo de la imagen el famoso Cristo de las Aguas)
Cristo de las aguas en 1928. Foto Rodriguez
Cristo de las Aguas en 1924
Cristo de las Aguas  © Fondo Rodríguez. Archivo Histórico Provincial. JCCM. Signatura 01B-333
Cristo de las Aguas  © Fondo Rodríguez. Archivo Histórico Provincial. JCCM. Signatura CMC-313
1924. La Oración en el huerto. Paso destruido en 1936. Foto Fraile
1912. La Oración en el huerto. Paso destruido en 1936. Foto Rodriguez

Este era el aspecto del Cristo de las Aguas en su emplazamiento habitual en en interior del templo:
306 - Imagen del Cristo de las Aguas en la iglesia de la Magdalena

Estos eran miembros de su cofradía:
1924. Cofradia del Cristo de las Aguas. Foto Rodriguez

Esta es una bonita imagen de 1902 de la procesión del viernes santo saliendo de esta iglesia tomada por el gran Antonio Cánovas del Castillo, conocido como Dalton Kaulak:
Iglesia de la Magdalena. Foto Cánovas 1902

También de comienzos del siglo XX son estas preciosas tomas de Pedro Román Martínez junto a la Catedral en las que sorprende ver a los chiquillos encaramados en la verja del templo primado:
Procesión de Semana Santa a principios del siglo XX. Fotografía de D. Pedro Román Martínez. Diputación de Toledo, Centro de Estudios Juan de Mariana
Paso de "La Elevación de la Cruz" a comienzos del siglo XX. Foto de Pedro Román Martínez, Diputación de Toledo.
Existe en la Fototeca del Patrimonio Histórico una serie de 5 fotografías estereoscópicas firmadas por unas iniciales H.B. tomadas en la Plaza de San Vicente hacia 1915 que presentan un gran interés (para ver las dos partes de cada foto completas hacer click en la imagen):
Procesión de Semana Santa en Toledo hacia 1915. Fotografía de H.B. © Fototeca de Instituto del Patrimonio Cultural de España (IPCE), signatura HB-0040_P
Procesión de Semana Santa en Toledo hacia 1915. Fotografía de H.B. © Fototeca de Instituto del Patrimonio Cultural de España (IPCE), signatura HB-0044_P
Procesión de Semana Santa en Toledo hacia 1915. Fotografía de H.B. © Fototeca de Instituto del Patrimonio Cultural de España (IPCE), signatura HB-0043_P
Procesión de Semana Santa en Toledo hacia 1915. Fotografía de H.B. © Fototeca de Instituto del Patrimonio Cultural de España (IPCE), signatura HB-0041_P
Procesión de Semana Santa en Toledo hacia 1915. Fotografía de H.B. © Fototeca de Instituto del Patrimonio Cultural de España (IPCE), signatura HB-0042_P

Aquí tenemos a los armados de la procesión del Santo Entierro en 1927:
Armados para la procesión del Santo Entierro en 1927. Revista Nuevo Mundo

Una de las joyas de la Semana Santa toledana es el conocido como monumento grande, excepcional obra de Ignacio Haan estrenada en 1807, de dimensiones tan colosales que su colocación llevaba un mes completo. Realizado en madera imitando jaspes, cuenta con una altura de casi 30 metros. En el siglo XX fue ya únicamente instalado en cuatro ocasiones, siendo la última en 1955. En la actualidad pueden admirarse algunas de sus piezas en el nuevo Museo de Tapices del Colegio de Infantes:
Monumento de semana Santa en Toledo obra de Ignacio Haan. Fotografía Rodríguez. Archivo Histótico Provincial, JCCM  34_sc_04_14
Monumento grande de la catedral de Toledo, obra de Ignacio Haan, instalado por última vez en 1955
Monumento de semana Santa en Toledo obra de Ignacio Haan. Fotografía Rodríguez. Archivo Histótico Provincial, JCCM  22_cmb2_076
Monumento de semana Santa en Toledo obra de Ignacio Haan. Fotografía Rodríguez. Archivo Histótico Provincial, JCCM signatura 35_somp_010

Una de las últimas veces que fue colocado sucedió en 1928, y tal como recoge la prensa de la época "el acontecimiento fue tal, que el Rey de España [Alfonso XIII], a media tarde y en riguroso incógnito, acompañado del Duque de Miranda, se dirigió directamente desde Madrid a la Catedral toledana a visitar el Monumento donde se encontraban velando al Santísimo los Caballeros del Santo Sepulcro. Ante tal renovado esplendor, el Rey lo elogió fervientemente y a las puertas de la Catedral fue recibido por el Cardenal Doctor Segura".
Reportaje sobre el Monumento de la Catedral de Toledo obra de Ignacio Haan publicado en abril de 1928 en la Revista Toledo. Página 1
Reportaje sobre el Monumento de la Catedral de Toledo obra de Ignacio Haan publicado en abril de 1928 en la Revista Toledo. Página 2
Reportaje sobre el Monumento de la Catedral de Toledo obra de Ignacio Haan publicado en abril de 1928 en la Revista Toledo. Página 3
Reportaje sobre el Monumento de la Catedral de Toledo obra de Ignacio Haan publicado en abril de 1928 en la Revista Toledo. Página 4
Reportaje sobre el Monumento de la Catedral de Toledo obra de Ignacio Haan publicado en abril de 1928 en la Revista Toledo. Página 5

Tras la guerra civil, el número de fotografías de nuestra Semana Santa fue haciéndose paulatinamente más numeroso, por lo que incluir fotografías de este periodo alargaría en demasía esta entrada. Sin embargo sí incluiré una tomada en 1952 por el célebre fotógrafo Robert Frank. La incluyo por varias razones: la primera por su extraordinaria belleza; la segunda porque ha supuesto todo un descubrimiento conocer que este fotógrafo de culto visitó Toledo (esta imagen estaba erróneamente identificada como tomada en el barrio del Cabanyal valenciano, cuando en realidad fue obtenida en nuestra calle de Santo Tomé); y en tercer lugar porque retrata una tradición apenas fotografiada en Toledo, como es la quema del Judas que se realizaba el Domingo de Resurrección. Este día el vecindario se esmeraba en poner muñecos de trapo que eran colgados para ser luego quemados en medio de una gran algarabía de los chiquillos. Una fotografía sencillamente magistral:
Quema del Judas en la Calle Santo Tomé en 1952. Fotografía de Robert Frank

Para finalizar, lanzo una duda al aire. Históricamente se ha identificado la siguiente fotografía del gran José María Álvarez de Toledo, Conde de la Ventosa, como tomada en Toledo. Desde luego es una calleja que podría ser de la ciudad, pero sin embargo yo me inclino a pensar que no es nuestra ciudad sino otra (que podría ser por ejemplo Cuenca). ¿Vosotros qué opináis?
Un capuchón en Toledo (?) a comienzos del siglo XX. Fotografía de José María Álvarez de Toledo, Conde la Ventosa (1881-1950)
© TOLEDO OLVIDADO
Maira Gall