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viernes, 11 de octubre de 2019

El Instituto o Palacio Universitario del Cardenal Lorenzana

Toledo es una de las pocas ciudades de Europa en las que es posible encontrar muestras arquitectónicas de prácticamente todas las sucesivas civilizaciones y estilos artísticos que han dominado cada etapa de la historia. Incluso en los años en que Toledo tuvo menor protagonismo, especialmente en los siglos posteriores a la pérdida de la Corte en beneficio de Madrid, la historia quiso no dejar de lado a nuestra ciudad, edificándose aquí excelentes muestras de la arquitectura de estos siglos. Una de las más representativas muestras de ello es el Instituto Universitario, soberbio edificio proyectado durante el reinado de Carlos III, en consonancia con el espíritu ilustrado de la época. Para su construcción fue necesario adquirir y derribar una serie de casas y locales del Santo Oficio que se encontraban junto a la iglesia de San Vicente.
De este modo, una vez se dispuso de estos terrenos, se colocó la primera piedra en la histórica fecha del 6 de junio de 1796, iniciándose así la construcción del edificio bajo las trazas del genial arquitecto alicantino Ignacio Haan, probablemente uno de los mejores exponentes de la arquitectura neoclásica en España. Las obras duraron menos de tres años, siendo inaugurado solemnemente el 22 de abril de 1799.
Su principal impulsor fue el Cardenal Lorenzana, hasta tal punto de dar el nombre al edificio, conocido y nombrado muy a menudo como Palacio Lorenzana o Instituto Lorenzana.
Así pues, desde 1799 estas dependencias acogieron a la Real Universidad de Toledo, cuyo origen se remonta a 1485 con la creación del Colegio de Santa Catalina, transformado en 1520 en la mencionada Real Universidad por bula del papa León X. Esta universidad tuvo varias sedes, desde el primitivo Colegio de Santa Catalina que se situaba en las inmediaciones de la zona baja actual seminario (aparecieron unos restos al construir un aparcamiento allí hace unos años), pasando posteriormente a la Casa Profesa de los Jesuitas y, más adelante, al Convento de San Pedro Mártir.
El edificio está considerado hoy en día como una auténtica joya de la arquitectura neoclásica, y existen excelentes investigaciones y publicaciones sobre el mismo (recomiendo vívamente leer "Ignacio Haan, Arquitecto de la Luz", del académico Adolfo de Mingo). A modo de resumen, mencionar que destaca su cantería, perfectamente dispuesta y perfilada, ejecutada con piedra de gran calidad procedente mayoritariamente de los Montes de Toledo. Se trata de una arquitectura elegante y limpia, como se aprecia por ejemplo en el trazado de los dinteles que corren sobre las columnas, o en el acertado sistema de bóvedas que cierra los diferentes espacios del edificio.
Exteriormente presenta tanto granito como ladrillo visto. La soberbia fachada fue resuelta empleando una solución maravillosa: cuatro columnas (se denomina construcción "tetrástila") en disposición in antis, es decir, que la fachada principal está formada por columnas delimitadas a ambos lados por la prolongación de los muros laterales. Esas primeras columnas, de orden jónico, anticipan la secuencia columnaria del interior. A ambos lados, ocupando sendos nichos, existen dos esculturas alegóricas de las ciencias, labradas por el famoso escultor Mariano Salvatierra en piedra de Colmenar. Arriba, sobre el eje central del pórtico, preside la fachada el escudo del cardenal Lorenzana, que está sostenido por dos ángeles. Este escudo fue realizado por Antonio Finacer.
Planos de la Universidad del Cardenal Lorenzana, obra de Ignacio Haan. Archivo Diocesano de Toledo.
Ya en el interior, encontramos un elegante atrio porticado con varias pantallas de columnas, que da paso al impresionante patio neoclásico, realmente monumental. Es de orden jónico en su totalidad, con entablamento adovelado de granito. Presenta una planta única y principal, más las subterráneas.
La Universidad funcionó en este edificio hasta el curso 1844/45, en que fue suprimida, transformándose en el Instituto Provincial de Segunda Enseñanza heredando tanto el Palacio como los bienes, entre los que destacaba la biblioteca, y el claustro de profesores de la antigua universidad.
Esta es la razón por la que el edificio es popularmente conocido como "el Instituto" en la franja de población que lo conoció con ese uso, hasta que se mudó al actual Instituto de El Greco en las afueras de la ciudad. La Universidad volvió a Toledo afortunadamente en el curso 1969-70 cuando se creó el Colegio Universitario de Toledo, por entonces adscrito a la Universidad Complutense y hoy integrado dentro de la Universidad de Castilla-La Mancha. En este año de 2019 se cumple, por tanto, medio siglo del regreso de la Universidad a Toledo.
Vayamos con el repaso a la historia fotográfica del edificio, que pese a tratarse de un edificio céntrico y destacado, no presenta imágenes demasiado numerosas:
Palacio Universitario de Lorenzana (posteriormente Instituto) a finales del siglo XIX
Palacio Universitario de Lorenzana (posteriormente Instituto) a finales del siglo XIX
Fachada del Instituto Universitario Lorenzana en junio de 1905. Fotógrafo anónimo. Colección Luis Alba. Ayuntamiento de Toledo
Profesores del Instituto de Toledo. Foto Compañy. Colección personal de Luis Alba.
El patio del antiguo Instituto de Toledo (hoy sede de la UCLM), inaugurado en abril de 1799 y obra del genial Ignacio Haan, aparece aquí con un ilustre habitante: Don Ventura Reyes Prósper, uno de los mejores científicos españoles del s. XX. Foto c. 1910.
Instituto Universitario Lorenzana y Plaza de San Vicente, Toledo (España)
Instituto o Palacio Universitario del Cardenal Lorenzana en los años 20. Foto Aldus.
Patio del Instituto o Palacio Universitario del Cardenal Lorenzana en los años 20. Foto Aldus.
Instituto Lorenzana . Fondo Rodríguez, Archivo Histórico Provincial, Junta de Comunidades de C-LM, signatura [CT-74]
Instituto de Toledo hacia 1928. Fotografía de Narciso Clavería publicada en febrero de ese año en la Revista Toledo
Claustro de profesores del Instituto de Toledo reciben la visita de Charles Hoover, vicealcalde de Toledo de Ohio, en la primavera de 1934 durante el hermanamiento de ambas ciudades. Donación de Fernando Aranda. Homenaje a D. Juan Suero Díaz el 11 de diciembre de 1946. Colección de Carmen Vaquero.

Hay excelentes fotografías de su interior, en los tiempos en que acogía el Instituto, con escenas de sus clases y algunas dependencias:
El Profesor D. Emiliano Castaños impartiendo su clase de Ciencias Naturales en el Instituto. Fondo Rodríguez, Archivo Histórico Provincial, Junta de Comunidades de C-LM, signatura [PA-CAJA 3-33]
Una clase del Instituto de Toledo a comienzos del siglo XX. Foto Rodríguez. Paraninfo del Instituto del Cardenal Lorenzana. Fondo Rodríguez, Archivo Histórico Provincial, Junta de Comunidades de C-LM, signatura [ALBUM-4-1761]
Clase de Ciencias Naturales del Instituto Universitario de Toledo del Cardenal Lorenzana. Fondo Rodríguez, Archivo Histórico Provincial, Junta de Comunidades de C-LM, signatura [ALBUM-3-776]
Clase de Ciencias Naturales del Instituto Lorenzana. Fondo Rodríguez, Archivo Histórico Provincial, Junta de Comunidades de C-LM, signatura [ALBUM-1-57]
Una clase del instituto. Colección Luis Alba
Alumnos del instituto de Toledo, años 20, colección de Luis Alba
Mi abuelo Eduardo Butragueño Bueno fue uno de sus alumnos. Allí inició en los años 20 del pasado siglo algunos de sus primeros experimentos fotográficos, con imágenes tanto del interior como de amigos suyos retratados en la fachada y el patio. Son joyas familiares que conservo con enorme cariño:
Eduardo Butragueño Bueno retratado como alumno del Instituto en el curso 1919-1920
Fotografía de Eduardo Butragueño Bueno, jóvenes en una clase del instituto, años 20
Fotografía de Eduardo Butragueño Bueno, joven en el Instituto, años 20
Fotografía de Eduardo Butragueño Bueno, joven en el Instituto Lorenzana
Fotografía de Eduardo Butragueño Bueno, joven en el Instituto
Fotografía de Eduardo Butragueño Bueno, joven en el Instituto Lorenzana

También mi madre fue alumna del instituto y conserva buenas fotografías, algunas de ellas tomadas por ella misma con la cámara Boy que mi abuelo Eduardo le regaló:
Emiliano Castaños con sus alumnos en el patio del instituto en 1958. Colección de Mary Carmen Butragueño Cerviño
Alumnas del instituto en febrero de 1955. Fotografía de Mary Carmen Butragueño Cerviño
Alumnas del instituto en febrero de 1955. Fotografía de Mary Carmen Butragueño Cerviño
Alumnas del instituto en febrero de 1955. Fotografía de Mary Carmen Butragueño Cerviño
Alumnas del Instituto en la cocina preparando chocolate con churros en la fiesta de Santo Tomás de Aquino de 1958. Colección de Mary Carmen Butragueño Cerviño
Alumnas del Instituto con unos tunos. Colección de Mary Carmen Butragueño Cerviño
Fiesta de Santo Tomás de Aquino de 1959 durante el chocolate y churros que se servía a profesores y alumnos de 6º curso y preu en el Paraninfo. Colección de Mary Carmen Butragueño Cerviño
Tunos en la celebración de la fiesta de Santo Tomás de Aquino del Instituto de Toledo en  1957. Colección de Mary Carmen Butragueño Cerviño
Tunos en la celebración de la fiesta de Santo Tomás de Aquino del Instituto de Toledo en  1957. Colección de Mary Carmen Butragueño Cerviño

Entre 1908 y 1981 acogió también el observatorio meteorológico de la ciudad. Fue una iniciativa promovida por el genial Ventura Reyes Prósper, director de la institución entre 1907 y 1922. Mi amigo Fernando Aranda nos cede estas imágenes del archivo familiar:
Instituto de Toledo, sede del Observatorio Meteorológico de Lorenzana en 1966. . Colección de Fernando Aranda.
Observatorio Meteorológico de Lorenzana en 1966. Terraza con garita e instrumentos exteriores. Colección de Fernando Aranda.

Sirva esta entrada de homenaje a todos los profesores y alumnos universitarios de la historia de Toledo, que han hecho de la ciudad un lugar mejor a lo largo de los siglos. Y permitidme una petición personal, ya que se acerca el aniversario del nacimiento de Alfonso X: poder rendir tributo a su célebre Escuela de Traductores con la creación de esta facultad (Traducción e Interpretación) en Toledo, que tan bien homenajearía al rey sabio, y que en ningún lugar de Europa como en Toledo tendría tanto sentido.
Instituto Lorenzana a mediados del siglo XX. Fondo Rodríguez, Archivo Histórico Provincial, Junta de Comunidades de C-LM, signatura [CT-177]
Instituto del Cardenal Lorenzana en Toledo hacia 1967 por Marc Flament

jueves, 3 de marzo de 2011

El Hospital del Nuncio

Francisco Ortiz (ca. 1430-1508), arcediano de Briviesca, canónigo de Toledo, primer bibliotecario de la Catedral y Nuncio Apostólico del Papa Sixto IV fue una persona de fuerte personalidad y vida azarosa. De familia conversa, nacido en Toledo, participó desde joven en varias revueltas en la ciudad. Huérfano de madre, escapó de casa de su padre en busca de aventuras hasta que resultó herido por un toro en las fiestas de Ocaña y su padre le obligó a regresar. Algo después una lanza atravesó su garganta en una reyerta en Toledo y estuvo a punto de morir. Estudió las artes liberales y como preceptor del niño Vasco Ramírez de Ribera viajó a Roma, ciudad en la que vivió varias veces y donde gozó del favor de personas muy influyentes. En 1574 Sixto IV le nombra Nuncio Apostólico. Se enfrentó a los Reyes Católicos e incluso llegó a estar encarcelado, siendo su casa saqueada y perdiendo todos sus cargos para quedar como simple canónigo.
La víspera de la festividad de Nuestra Señora de la Visitación, Francisco Ortiz estaba en Alcocer, perseguido por los Reyes Católicos mientras intentaba tomar posesión del Obispado de Cuenca en nombre de Francisco Riario -sobrino del Papa- por orden del pontífice y en contra del deseo de los monarcas españoles, que tomaron esta imposición de un obispo extranjero como un agravio y mandaron salir de Roma a todos los naturales de Castilla y Aragón. Allí estaba Francisco Ortiz, atribulado por las persecuciones reales, aquella noche en la que tuvo una crisis de conciencia. Según él mismo cuenta, hasta ese día "todos mis pensamientos eran acrecentar mi estado y honra mundana". En la curia de Roma Ortiz había acumulado grandes ganancias, y arrepentido, en Alcocer decidió que debía hacer algo por los más pobres, que son "los que carecen de seso, aunque adultos, y los niños expósitos que las madres desamparan". Así fue como ideó el Hospital de Nuestra Señora de la Visitación o de Los Inocentes. Marchó a visitar al Papa, que el 23 de marzo de 1483 le otorgó la bula para construir el Hospital, que se abrió ese mismo año acogiendo a 33 locos en memoria de "los treynta y tres años que ntro. Redentor peregrinó en este mísero mundo por nos llevar a su gloria" y 13 niños expósitos "en memoria y reuerencia de su gloriosa compañia con los doze bienaventurados apóstoles".
De este modo nació el que el pueblo comenzó a llamar Hospital del Nuncio, en honor a la figura de Ortiz.
Se ubicó inicialmente en unas casas que eran propiedad de este piadoso mecenas en el adarve de Atocha con salida a la Calle Azacanes, aunque muy pronto -en 1505- fue trasladado a un conjunto de casas medievales junto a la Plaza de los Postes -Amador de los Ríos en su nomenclatura oficial- y se convirtió en una referencia de la beneficencia de toda España, siendo incluso mencionado en un pasaje del Quijote de Avellaneda, donde se dice que Don Álvaro Tarfe traería al hidalgo a Toledo "con orden de que le curen con cuidado en la Casa del Nuncio, hospital consignado para los que enferman del juicio cual él".
Portada del Quijote de Avellaneda, 1614
En este mítico Quijote apócrifo, se relata así la llegada a este manicomio de Toledo del caballero de la triste figura proveniente de La Mancha:

(...)Entraron por la puerta del Cambrón, como digo, y don Quijote iba por las calles mirando a todas partes cuándo y por dónde le saldrían a recebir el rey, infanta y grandes de la corte. Don Álvaro fingió a la entrada del lugar que se quería quedar a aguardar a Sancho, por poderse entrar libremente y sin el acompañamiento de muchachos que don Quijote llevaba, en la posada do había de aposentarse, como en efeto lo hizo, enviando dos o tres criados suyos en compañía del paje del Archipámpano y de don Quijote, con los cuales, y con una multitud increíble de niños que le seguían viéndole armado, llegó el triste, sin pensar, a las puertas de la Casa del Nuncio, y quedándose en ellas para su guarda los criados de don Álvaro, se entró solo con él y un mozo de mulas que le tuvo a Rocinante. El paje del Archipámpano, en apeándose, dijo a don Quijote:
-Vuesa merced, señor caballero, se esté aquí mientras subo arriba a dar cuenta a la señora infanta de su secreta y deseada venida.
Y subiéndose una escalera arriba, se quedó solo en medio del patio don Quijote; y, mirando a una parte y a otra, vio cuatro o seis aposentos con rejas de hierro, y dentro dellos muchos hombres, de los cuales unos tenían cadenas, otros grillos y otros esposas, y dellos cantaban unos, lloraban otros, reían muchos y predicaban no pocos, y estaba, en fin, allí cada loco con su tema.(...)


Debía tener buena fama el Hospital, pues el final de este libro habla de su aparente sanación, que le hizo pensar al propio Sancho -instalado en la Corte de Toledo- que Don Quijote estaba en condiciones de regresar a La Mancha:

(...) Pero barruntos hay y tradiciones de viejísimos manchegos de que sanó y salió de dicha Casa de Nuncio; y, pasando por la corte, vio a Sancho, el cual como estaba en prosperidad, le dio algunos dineros para que se volviese a su tierra, viéndole ya al parecer asentado (...) Pero, como tarde la locura se cura, dicen que, en saliendo de la corte, volvió a su tema, y que, comprando otro mejor caballo, se fue la vuelta de Castilla la Vieja, en la cual le sucedieron estupendas y jamás oídas aventuras, llevando por escudero a una moza de soldada que halló junto a Torre de Lodones, vestida de hombre (...)

Sin embargo, el Hospital del Nuncio estaba en un lugar poco adecuado para cumplir su función, ubicado "en medio de la ciudad, hundido, sin ventilación (...) no puede tener la limpieza que se requiere", según se afirma en la Descripción Sucinta de Toledo en 1767-68.

De este modo llegamos a la otra figura clave de la historia de esta institución benéfica: el Cardenal Francisco de Lorenzana y Butrón. El Cardenal Ilustrado fue quien decidió trasladar el Hospital del Nuncio a su actual ubicación en la calle Real. Tras ser sustituido el anciano arquitecto López Durango -a quien le fue inicialmente encomendado el proyecto- apareció la enorme figura del arquitecto Ignacio Haan, a quien se debe la magnificencia de este edificio. El 12 de junio de 1789 se colocó la primera piedra y en 1793 fue finalizado, siendo trasladados los enfermos en 1794. Se trata de una de las mejores obras de arquitectura hospitalaria de la Europa del XVIII.
Retrato del Cardenal Lorenzana. Catedral de Toledo, Sala Capitular. Obra de Zacarías González Velázquez.

En su bella portada figura una inscripción en latín que reza:

MENTIS. INTEGRAE SANITATI. PROCURANDAE./ AEDES. CONSILIO. SAPIENTI. CONSTITUTAE./ ANN. DOM. MDLLXCIII

La traducción viene a decir:

CASA EDIFICADA CON SABIO CONSEJO PARA PROCURAR LA
SANIDAD COMPLETA DEL ENTENDIMIENTO. AÑO DE 1793.


La obra fue costeada por el Cardenal por un importe de nueve millones de reales. Fue necesario comprar varias casas que se situaban en la zona siendo Durango el encargado de hallar el espacio necesario, y cuando lo encontró le fue comunicado a Lorenzana: "se habia dado aviso a Su Excelencia que el mejor que se ha hallado es el que va del Callejón del Justo a las Casas que llaman de Niño a la colacciòn de Santa Leocadia, en cuio distrito hai varias Casas, que para mayor ensanche se necesitan comprar para introducirlas en dicha Obra, y siendo una de ellas del Convento de Santo Domingo el Real”.
En total fueron once las casas y solares adquiridos, siendo el importe pagado a sus propietarios de 159.857 reales y doce maravedíes. Diez de estas casas se compraron para edificar allí el nuevo edificio y una para ensanchar la calle a la que mira la fachada principal.
Fachada del Hospital del Nuncio. Grabado publicado en 1840 en el Semanario Pintoresco Español
Es un edificio soberbio, con planta de cruz inscrita en un rectángulo situándose la capilla en el encuentro de ambos ejes. El pórtico de entrada es toscano, sobre el que se se sitúa un segundo piso jónico. Corona la portada un ático escalonado con dos putti que sostienen el escudo de Lorenzana. En el interior destaca la imponente escalera y los cuatro patios que se generan al inscribir la cruz en un rectángulo.
Tuvo desde un principio un funcionamiento ejemplar, destacando el trato dispensado a los enfermos así como la limpieza y la higiene.
En 1849 se suprime el Patronato Capitular y pasa a depender de de la Junta Provincial de Beneficencia, y en 1868 se hace cargo la Diputación Provincial hasta el año 1973 cuando se instala allí el Hospital Psiquiátrico.
En 1985 fue restaurado por la Junta de Comunidades y actualmente acoge la sede de la Consejería de Economía y Hacienda.
Su historia fotográfica comienza en la segunda mitad del siglo XIX cuando fue inmortalizado por Casiano Alguacil:
Hospital del Nuncio hacia 1880. Fotografía de Casiano Alguacil

Este era su aspecto en 1909:
Hospital del Nuncio en 1909. Revista Por esos mundos

A comienzos de siglo la Casa Rodríguez realizó un precioso y extenso reportaje, con fotografías que han pasado a la historia y donde pueden verse las atenciones de las religiosas a los enfermos y las extremadamente limpias instalaciones:
Hospital del Nuncio de Toledo a comienzos del siglo XX. Fotografía Rodríguez
Hospital del Nuncio de Toledo a comienzos del siglo XX. Fotografía Rodríguez
Hospital del Nuncio de Toledo a comienzos del siglo XX. Fotografía Rodríguez

Algunas de estas imágenes de Rodríguez incluso formaron parte de una serie de postales:
Hospital del Nuncio de Toledo a comienzos del siglo XX. Fotografía Rodríguez
Hospital del Nuncio de Toledo a comienzos del siglo XX. Fotografía Rodríguez
Hospital del Nuncio de Toledo a comienzos del siglo XX. Fotografía Rodríguez
Hospital del Nuncio de Toledo a comienzos del siglo XX. Fotografía Rodríguez
Hospital del Nuncio de Toledo a comienzos del siglo XX. Fotografía Rodríguez
Hospital del Nuncio de Toledo a comienzos del siglo XX. Fotografía Rodríguez
Hospital del Nuncio de Toledo a comienzos del siglo XX. Fotografía Rodríguez
Hospital del Nuncio de Toledo a comienzos del siglo XX. Fotografía Rodríguez
Hospital del Nuncio de Toledo a comienzos del siglo XX. Fotografía Rodríguez
Hospital del Nuncio de Toledo a comienzos del siglo XX. Fotografía Rodríguez
Hospital del Nuncio de Toledo a comienzos del siglo XX. Fotografía Rodríguez
Hospital del Nuncio de Toledo a comienzos del siglo XX. Fotografía Rodríguez
Hospital del Nuncio de Toledo a comienzos del siglo XX. Fotografía Rodríguez
Hospital del Nuncio de Toledo a comienzos del siglo XX. Fotografía Rodríguez
Hospital del Nuncio de Toledo a comienzos del siglo XX. Fotografía Rodríguez
Hospital del Nuncio de Toledo a comienzos del siglo XX. Fotografía Rodríguez
Hospital del Nuncio de Toledo a comienzos del siglo XX. Fotografía Rodríguez
Hospital del Nuncio
Hospital del Nuncio
Hospital del Nuncio

En 1914 fueron publicadas cuatro curiosas fotografías en el periódico La Campana Gorda. Es especialmente llamativa la descripción de dos de los enfermos:
Descripción de dos enfermos del Hospital del Nuncio en Toledo.  'La Campana Gorda' - Año XXII Número 1217 (15/01/1914)
Baños en el Hospital del Nuncio en 1914.  'La Campana Gorda' - Año XXII Número 1217 (15/01/1914)
Patio del Hospital del Nuncio en 1914.  'La Campana Gorda' - Año XXII Número 1217 (15/01/1914)
Fernado Sánchez, director del Hospital del Nuncio en 1914.  'La Campana Gorda' - Año XXII Número 1217 (15/01/1914)

En 1955 Gregorio Marañón acudió al Hospital del Nuncio en busca de los modelos que encajaran en el prototipo de místicos, ascetas y santos que tal vez hubiera podido tener El Greco:
Greogorio Marañón dirige la sesión de fotos con dementes en el Hospital del Nuncio en 1955. Fotografía Rodríguez
Greogorio Marañón dirige la sesión de fotos con dementes en el Hospital del Nuncio en 1955. Fotografía Rodríguez
Greogorio Marañón dirige la sesión de fotos con dementes en el Hospital del Nuncio en 1955. Fotografía Rodríguez
Demente del Hospital del Nuncio (Toledo) caracterizado como un personaje de El Greco en 1955. Fotografía Rodríguez
Demente del Hospital del Nuncio (Toledo) caracterizado como un personaje de El Greco en 1955. Fotografía Rodríguez
Demente del Hospital del Nuncio (Toledo) caracterizado como un personaje de El Greco en 1955. Fotografía Rodríguez
Demente del Hospital del Nuncio (Toledo) caracterizado como un personaje de El Greco en 1955. Fotografía Rodríguez
Demente del Hospital del Nuncio (Toledo) caracterizado como un personaje de El Greco en 1955. Fotografía Rodríguez
Demente del Hospital del Nuncio (Toledo) caracterizado como un personaje de El Greco en 1955. Fotografía Rodríguez

En junio de 1976 José María Moreno acudió al Nuncio con su padre Luis Moreno Nieto para documentar la lamentable situación en la que se encontraban los enfermos, muy lejos del estado que muestran las imágenes antiguas. Eran los años en que el palacio acogía el Hospital Psiquiátrico, encontrándose muy masificado y desatendido:
Palacio del Nuncio el día el 7 de Junio de 1976. Fotografía de José María Moreno
Palacio del Nuncio el día el 7 de Junio de 1976. Fotografía de José María Moreno
Palacio del Nuncio el día el 7 de Junio de 1976. Fotografía de José María Moreno
Palacio del Nuncio el día el 7 de Junio de 1976. Fotografía de José María Moreno
Palacio del Nuncio el día el 7 de Junio de 1976. Fotografía de José María Moreno
Palacio del Nuncio el día el 7 de Junio de 1976. Fotografía de José María Moreno
Palacio del Nuncio el día el 7 de Junio de 1976. Fotografía de José María Moreno
Palacio del Nuncio el día el 7 de Junio de 1976. Fotografía de José María Moreno
Palacio del Nuncio el día el 7 de Junio de 1976. Fotografía de José María Moreno
Palacio del Nuncio el día el 7 de Junio de 1976. Fotografía de José María Moreno
Palacio del Nuncio el día el 7 de Junio de 1976. Fotografía de José María Moreno
Palacio del Nuncio el día el 7 de Junio de 1976. Fotografía de José María Moreno
Palacio del Nuncio el día el 7 de Junio de 1976. Fotografía de José María Moreno
Palacio del Nuncio el día el 7 de Junio de 1976. Fotografía de José María Moreno
Palacio del Nuncio el día el 7 de Junio de 1976. Fotografía de José María Moreno
Palacio del Nuncio el día el 7 de Junio de 1976. Fotografía de José María Moreno
Palacio del Nuncio el día el 7 de Junio de 1976. Fotografía de José María Moreno

En 1985 los Reyes inauguraron la restauración del edificio:
Inauguración de la restauración del Hospital del Nuncio en 1985
Inauguración de la restauración del Hospital del Nuncio en 1985
Escalera principal del Palacio del Nuncio. Fotografía de José María Moreno
Escudo del Cardenal Lorenzana sujetado por dos putti en el Palacio del Nuncio de Toledo. Fotografía de José María Moreno
Palacio del Nuncio. Fotografía de José María Moreno

Se trata en definitiva de una institución que ha dejado huella en Toledo hasta nuestros días. Desde la piadosa iniciativa del Nuncio Francisco Ortiz en 1483 se le conoció como Hospital del Nuncio en honor a él, y así nos ha llegado el nombre de la Calle de Nuncio Viejo en su primitivo emplazamiento para diferenciarlo del Nuncio Nuevo que levantó Lorenzana y que fue el orgullo de los toledanos durante una época hasta el punto de que se hizo famosa una popular coplilla que decía así:

Tres cosas tiene Toledo que no las tiene Madrid:
La Catedral, Nuncio Nuevo y el Puente de San Martín


Para saber más:
- Autobiografía de Francisco Ortiz y Constituciones del Hospital del Nuncio de Toledo, por Frncisco de B. San Román (1931)
- Estudio y documentación del proceso constructivo del Hospital de Dementes del Nuncio Nuevo de Toledo (1788-1794) por Carlos Sánchez Martín

El Hospital del Nuncio Nuevo en Google Maps:

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