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viernes, 13 de junio de 2025

El mítico Lamberto Vitali fotografía Toledo en 1958

Son muchos los que en Italia consideran a Lamberto Vitali como una pieza clave en el panorama cultural del país en el siglo XX y una de las figuras más destacadas en el estudio de la historia de la fotografía italiana. No en vano, Vitali fue un polifacético y activo coleccionista, historiador del arte, apasionado por el grabado y fotógrafo.
Nació en Milán el 22 de noviembre de 1896, siendo el único varón de los cuatro hijos del matromonio formado por Gustavo —empresario en el sector del cuero, café y productos coloniales— y Vittoria Soria, ambos judíos procedentes de Livorno que se trasladaron a Milán en la década de 1890.
Cultivó la pasión por los grabados desde muy joven, cuando comenzó a frecuentar la librería de antigüedades Cesati de Milán. Se graduó en 1912 en el Instituto Técnico Carlo Cattaneo. Fue reclutado durante la Primera Guerra Mundial, en la que sirvió en artillería y permaneció como oficial hasta 1919. Durante esta etapa militar realizó sus primeras fotografías, comenzando una afición que lo acompañaría ya toda la vida. Al regresar, se dedicó a la empresa comercial familiar, dándole un nuevo impulso. Su curiosidad intelectual, rasgo distintivo de su personalidad, lo llevó a estudiar Historia del Arte de forma autodidacta, motivado por Paolo D’Ancona, con quien mantuvo siempre una estrecha relación. Mientras se integraba en el ambiente cultural milanés, Vitali no descuidó los antiguos lazos con la familia del pintor Amedeo Modigliani en Livorno. En esos años realizó su primera adquisición artística, una pintura de Vittorio Matteo Corcos, dando inicio a una colección heterogénea en épocas y tipos, que abarcaba desde materiales arqueológicos, esculturas y mosaicos medievales, a pinturas del Renacimiento italiano y obras de los Macchiaioli, hasta llegar a piezas maestras de Giorgio Morandi y Modigliani.
Lamberto Vitali en su juventud Desde los años 20 hasta 1938 colaboró con revistas de arte y periódicos (entre ellos L’Italia letteraria, Emporium, L’Ambrosiano, Poligono), consolidándose como crítico activo y como estudioso de la historia de la fotografía. Interesado desde temprano en el enriquecimiento de las colecciones públicas, en 1924 escribió su primer artículo, titulado I musei di Milano, para la revista literaria Il Caffè, y en 1925 publicó Amici dei musei en Le arti plastiche. Entre 1927 y 1929 participó en Grafica Moderna, una editorial fundada con Giovanni Scheiwiller (que luego dirigió él solo bajo el nombre de Grafica Nova), con el objetivo de difundir los grabados de artistas de aquella época como Giorgio De Chirico, Carlo Carrà, Felice Casorati, Mario Sironi y Ardengo Soffici. En ese contexto nació su gran amistad con Giorgio Morandi, a quien conoció en la XVI Bienal de Venecia en 1928, donde compró su primer cuadro del artista: Fiori (1918).
Ese mismo año se casó con America Campagnani, con quien tuvo tres hijos. Desde entonces hasta 1937, escribió una serie de artículos para la prestigiosa revista Domus. Interesado en la tendencia novecentista, combinó su labor como articulista con la organización de exposiciones como la “Segunda muestra del Novecento italiano” en la Permanente de Milán (1929) y “Grabado italiano moderno” en Ámsterdam (1931). Sus amplios conocimientos sobre el grabado contemporáneo, un campo aún poco explorado, se recogieron en su libro L’incisione italiana moderna (Milán, 1934). En esa época, eran numerosas y frecuentes las visitas de amistades en casa de Vitali con artistas relevantes del momento como Carrà, Casorati, De Pisis, Guttuso, Mafai o Treccani, así como críticos como Giuseppe Marchiori y coleccionistas como Emilio y Maria Jesi.
En los años treinta conoció al bibliógrafo y publicista Marino Parenti, con quien compartió una duradera amistad basada en la pasión por el coleccionismo fotográfico, a la que Vitali se había dedicado desde finales de los años veinte. Con una serie de escritos en Emporium —revista que dirigió entre 1935 y 1938—, inició el discurso crítico sobre la historia de la fotografía en Italia. Sus aportes pioneros, como el ensayo Ritorno all’antica fotografia (1936), ofrecieron un original análisis estético e histórico-documental del medio fotográfico en el contexto de la cultura visual del siglo XIX. En esos mismos años nació su amistad con el periodista Silvio Negro, experto en fotografía histórica romana. En 1937 publicó la primera monografía italiana sobre el escultor Marino Marini.
La entrada en vigor de las leyes raciales de Mussolini en 1938 marcó profundamente su vida: por su condición de judío se vio obligado a abandonar toda actividad pública y comercial. Puso la empresa familiar a nombre de su esposa, que no era de origen judío, y también a nombre de ella pudo adquirir L’Enfant gras (1915) de Modigliani. En los años previos a la Segunda Guerra Mundial, su colección se enriqueció con una emblemática obra metafísica de Morandi: Naturaleza muerta (1920). Durante la guerra se trasladó con su familia a Pescia, donde protegió su colección y biblioteca, pero tras el 8 de septiembre de 1943 tuvo que huir y buscar refugió en Suiza con la ayuda de Fernanda Wittgens y los hermanos Ferdinando y Gianni Mattioli. Allí enseñó pintura francesa en la Universidad Libre de Mürren y entabló amistades con Giorgio Strehler, Dante Isella, Paolo Grassi, Luigi Caccia Dominioni, entre otros.
Ruinas de Milán en 1943 tras un bombardeo. Foto de Lamberto Vitali De regreso en Italia en julio de 1945, Vitali retomó su actividad empresarial y participó activamente en la vida cultural de la Milán de la posguerra. Su amistad con Morandi se profundizó, y a partir de 1947, estrechó lazos con funcionarios de los principales museos milaneses, como Costantino Baroni y Gian Alberto Dell’Acqua. Tras publicar un segundo libro sobre Marini, organizó la sección de grabado para la muestra “Tesoros de arte de Lombardía” (Zúrich, 1948) y colaboró en la exposición “Arte italiano contemporáneo” (Bruselas, 1949). A principios de los años cincuenta conoció a Franco Russoli, director de la Pinacoteca de Brera entre 1957 y 1977, con quien compartió una intensa relación intelectual y la visión museológica de la “gran Brera”. En 1952 comenzó a colaborar con la editorial Einaudi, donde forjó amistad con Giulio Einaudi, Giulio Bollati y especialmente con Roberto Cerati. En 1953 publicó Cartas de los Macchiaioli, una valiosa obra, convertida en referencia sobre el siglo XIX italiano. Al año siguiente salió la traducción de su Diario de Eugène Delacroix en tres volúmenes, que revitalizó el estudio del pintor francés. A propuesta suya, Einaudi publicó varios libros de edición limitada sobre la obra gráfica de artistas del siglo XX: Morandi (1957), Modigliani (1959) y Alberto Giacometti (1963). También cultivó relaciones con artistas contemporáneos como Achille Funi, Giacomo Manzù y Bruno Cassinari. En 1957 comisarió la sección Fotografía italiana antigua en la XI Trienal de Milán, considerada la primera exposición sobre fotografía del siglo XIX en Italia. Logró, de este modo, el reconocimiento al protagonismo de la fotografía en la modernidad nacional. Con su ensayo Fotografía italiana del siglo XIX contribuyó decisivamente a la gran obra Historia de la fotografía (1959) de Peter Pollack, donde analizó la autoría de los denominados "irregulares", fotógrafos no profesionales que exploraron nuevas formas expresivas en oposición al pictorialismo. En La fotografía y los pintores (Florencia, 1960), abordó un tema inédito para la crítica de su época, centrado en las obras fotográficas de Telemaco Signorini, Federico Faruffini y más adelante Francesco Paolo Michetti.
Lamberto Vitali conversa con Giorgio Morandi en .  Raccolte Grafiche e Fotografiche del Castello Sforzesco. Civico Archivio Fotografico, fondo Lamberto Vitali Fotografo, LVF LC 03 Durante los años 50 y 60, sus intereses se orientaron hacia el desarrollo internacional de la fotografía y, en sintonía con la straight photography de Alfred Stieglitz, se enfocó en la fotografía documental, alentado por su contacto con Edward Steichen. Para la XII Trienal de Milán (1960), ideó exposiciones sobre figuras clave de la fotografía contemporánea como Mario De Biasi, Ugo Mulas, Anselm Adams, Brassaï, Robert Doisneau y Lee Friedlander, con varios de los cuales trabó amistad. Fue un infatigable animador cultural, promoviendo en Milán exposiciones de Henri Cartier-Bresson (1956), Werner Bischof (1958) y Robert Capa (1961). Sus contactos internacionales incluyeron a Alfred H. Barr y Beaumont Newhall.
En 1964 participó en el proyecto de restauración de la Pinacoteca Ambrosiana de Milán, encargándose de la disposición de La Escuela de Atenas de Rafael. En 1966, dos años después de la muerte de Morandi, que le afectó profundamente, organizó la primera retrospectiva del pintor en el Archiginnasio de Bolonia. Sus icónicos retratos fotográficos de Morandi, junto con otros realizados por él, se expusieron en 1964 en la librería San Babila de Milán. Fruto de intereses cultivados desde los años treinta, y tras años de investigación, publicó en 1968 Un fotógrafo fin de siècle: El conde Primoli, el primer estudio clave sobre Giuseppe Primoli. En esa década se formó en gran parte su colección fotográfica, una de las más destacadas de Italia, que abarcaba los principales géneros y protagonistas de la fotografía de los siglos XIX y XX: Nadar, los hermanos Alinari, Hippolyte Deroche, Francesco Heyland, Luigi y Giuseppe Primoli, Luigi Sacchi, Ludovico Tuminello, entre otros.
Lamberto Vitali Entre 1968 y 1975 fue presidente de la Asociación Amigos de Brera. Su profundo conocimiento del mercado del arte y de los coleccionistas fue decisivo para la adquisición de varias obras maestras, entre ellas Cristo en trono adorado por ángeles (1360–65) de Giovanni da Milano en 1970. De 1972 a 1975 fue presidente de la Asociación Amigos del Poldi Pezzoli, de la que fue consejero desde 1958. En 1973 regresó a la fotografía de los orígenes con el libro Nadar (Turín), en el que comparó fotografías e impresiones de la época. En 1975 organizó una importante retrospectiva sobre Morandi en la Galería de Arte Moderno de Bolonia, y en 1977 publicó el catálogo general de los cuadros del artista, ampliado en 1983. Ese año también adquirió un dibujo de una cabeza viril atribuido a Leonardo da Vinci, posteriormente donado a Brera. La compra en Londres de álbumes de Eugène Sevaistre fue clave para la publicación de El Resurgimiento en la fotografía (1979), último título de la trilogía de Einaudi sobre imagen fotográfica. Su innovadora metodología, que le permitió reconstruir la vida de autores anónimos y crear una terminología específica para el medio fotográfico, lo consagró como el “primer historiador moderno de la fotografía en Italia”, (Costantini, en Lamberto Vitali e la fotografia, 2004, p. 39).
Portada del libro "Il Risorgimento nella Fotografia" de Lamberto Vitali editado por Einaudi en 1979 Tras la muerte de su esposa America en 1979, Vitali atravesó una crisis existencial reflejada en su poemario Oggi la luce (1980). Su siguiente volumen poético, Come sabbie, apareció en 1983. Al año siguiente se retiró de la actividad pública.
Murió en Milán el 2 de diciembre de 1992, a los noventa y seis años de edad.
Donó su colección de arte a la Pinacoteca de Brera, que le rindió homenaje en 2001 con una exposición. En 1998 esta institución también adquirió parte de su biblioteca. En 1995, sus colecciones fotográficas (1848–1943) y de grabados fueron donadas a la Civica Raccolta delle Stampe A. Bertarelli de Milán, que luego pasaron al Archivo Fotográfico Cívico, donde también se conservan sus fotografías. En 2002 el Castillo Sforzesco de Milán le dedicó la muestra Obiettivo sull’800. En 2008, la Biblioteca Marucelliana de Florencia expuso el Fondo fotográfico Vitali, adquirido en 2003. En 2019, la exposición El retorno del ’900 a Brera permitió contemplar las obras maestras del arte moderno donadas por Vitali y los Jesi al Palazzo Citterio.
Una figura de su importancia no podía dejar dejar de tener su vinculación con Toledo, confirmando por enésima vez el magnetismo que la vieja ciudad castellana ha ejercido y ejercerá siempre sobre las personalidades más sensibles e inquietas que habitan este mundo. De este modo, corría el mes de mayo de 1958 cuando Toledo recibió la visita de Lamberto Vitali, que contaba por entonces con 61 años y se hallaba en una de las fases intelectuales más activas de su extensa carrera. En nuestra ciudad obtuvo interesantes fotografías entre las que yo destacaría las obtenidas en Zocodover durante la celebración de un mercadillo del Martes. Desde un discreto lugar oculto entre los puestos, Vitali logró capturar momentos de conversación de los vendedores y aspectos de las mercancías.
Toledo en mayo de 1958. Fotografía de Lamberto Vitali © Civico Archivio Fotografico, Milano Toledo en mayo de 1958. Fotografía de Lamberto Vitali © Civico Archivio Fotografico, Milano El italiano se acercó también al Hospital Tavera, donde obtuvo estas soberbias instantáneas de las alumnas del colegio allí establecido:
Toledo en mayo de 1958. Fotografía de Lamberto Vitali © Civico Archivio Fotografico, Milano Hospital Tavera en Toledo en mayo de 1958. Fotografía de Lamberto Vitali © Civico Archivio Fotografico, Milano La Puerta del Sol llamó la atención de Vitali:
Puerta del Sol en Toledo en mayo de 1958. Fotografía de Lamberto Vitali © Civico Archivio Fotografico, Milano Justo al lado, Vitali dirigió su cámara a la Antequeruela y Santiago del Arrabal:
Barrio de la Antequeruela y Puerta de Bisagra en Toledo en mayo de 1958. Fotografía de Lamberto Vitali © Civico Archivio Fotografico, Milano Santiago del Arrabal y puerta de Bisagra en Toledo en mayo de 1958. Fotografía de Lamberto Vitali © Civico Archivio Fotografico, Milano Cerca de allí, Vitali capturó la visión de la vega del Tajo desde la "bola del Miradero":
Vega del Tajo y zona de Safont desde las inmediaciones de la bola del Miradero en  Toledo en mayo de 1958. Fotografía de Lamberto Vitali © Civico Archivio Fotografico, Milano El puente de San Martín y el baño de la Cava aparecen así de bellos:
Puente de San Martín y San Juan de los Reyes en Toledo en mayo de 1958. Fotografía de Lamberto Vitali © Civico Archivio Fotografico, Milano Puente de San Martín en Toledo en mayo de 1958. Fotografía de Lamberto Vitali © Civico Archivio Fotografico, Milano Baño de la Cava en Toledo en mayo de 1958. Fotografía de Lamberto Vitali © Civico Archivio Fotografico, Milano Desde el puente de San Martín, el italiano inmortalizó los restos de los molinos de Santa Ana, siendo reseñable y curioso destacar que el azud (tan célebre en nuestros días por su rotura) por aquel entonces no existía tras haber quedado destruido por una crecida en los años anteriores. No fue reparado hasta 1962.
Restos de los molinos de Santa Ana en Toledo en mayo de 1958. Fotografía de Lamberto Vitali © Civico Archivio Fotografico, Milano Como judío que era, Lamberto Vitali no podía dejar de adentrarse en el interior de las dos sinagogas más célebres de Toledo, la del Tránsito y la de Santa María la Blanca. A buen seguro, su sufrimiento por las persecuciones y privaciones sufridas durante la etapa de la dictadura de Mussolini debidas a su religión, aflorarían en el recuerdo de Vitali durante la visita a estos soberbios edificios:
Sinagoga del Tránsito en Toledo en mayo de 1958. Fotografía de Lamberto Vitali © Civico Archivio Fotografico, Milano Sinagoga del Tránsito en Toledo en mayo de 1958. Fotografía de Lamberto Vitali © Civico Archivio Fotografico, Milano Sinagoga de Santa María la Blanca en Toledo en mayo de 1958. Fotografía de Lamberto Vitali © Civico Archivio Fotografico, Milano Sinagoga de Santa María la Blanca en Toledo en mayo de 1958. Fotografía de Lamberto Vitali © Civico Archivio Fotografico, Milano Como experto en arte que era, Vitali sintió la poderosa llamada de la obra del Greco, visitando la iglesia de Santo Tomé para admirar el Entierro del Señor de Orgaz.
Entierro del Señor de Orgaz del Greco en la iglesia de Santo Tomé de Toledo en mayo de 1958. Fotografía de Lamberto Vitali © Civico Archivio Fotografico, Milano Entierro del Señor de Orgaz del Greco en la iglesia de Santo Tomé en Toledo en mayo de 1958. Fotografía de Lamberto Vitali © Civico Archivio Fotografico, Milano Lamberto Vitali tuvo acceso —o se coló— a un estudio fotográfico en el que un niño vestido de comunión (hay que recalcar que transcurría el mes de mayo) era retratado para fijar ese momento para siempre y entregarlo a sus seres queridos en el típico recordatorio:
Niño vestido de almirante para su comunión en Toledo en mayo de 1958. Fotografía de Lamberto Vitali © Civico Archivio Fotografico, Milano Y hasta aquí llega el repaso a las fotografías obtenidas por Lamberto Vitali en Toledo en 1958, que creo que —coincidiréis conmigo— vuelven a recordarnos la dimensión universal de Toledo como polo de atracción para los más grandes fotógrafos y estudiosos de la historia, para orgullo de quienes amamos este arte en nuestra ciudad. Espero que os haya gustado.
Portada del libro "Lamberto Vitali e la fotografia. Collezionismo, studi e ricerche".

sábado, 12 de abril de 2025

Toledo en agosto de 1954 fotografiado por André Serres

El polifacético médico francés André Serres nació en Montauban el 16 de septiembre de 1922, en el seno de una familia protestante del barrio de Treil, en la orilla izquierda del río Tarn. Profundamente religiosos, eran descendientes de los célebres hermanos Serres, que fueron tres destacados líderes hugonotes perseguidos y ajusticiados por el rey Luis XIV a finales del XVII y comienzos del XVII.
André Serres estudió en el Liceo Ingres y, tras obtener el bachillerato, comenzó estudios de Filosofía.
André Serres en su juventud en el ingreso en el Liceo Ingres de Montauban Se matriculó en la Universidad de Toulouse, donde preparaba el PCB (Certificado de Física, Química y Biología), que le permitiría cumplir su sueño de acceder a los estudios de Medicina. Sin embargo, su trayectoria universitaria se vio bruscamente interrumpida por la II Guerra Mundial y, en 1943, fue forzado a subir a un tren de transporte de ganado para ser deportado a la Alemania nazi, donde fue obligado a trabajar como tornero de metales en una fábrica en Dortmund.
Documento de identidad de André Serres en 1943 durante su etapa como deportado a la Alemania nazi Logró escapar y regresar a Francia en junio de 1944, viviendo en la clandestinidad hasta la liberación del país en diciembre de ese año. Con la llegada de la paz, retomó sus estudios de Medicina. Se convirtió en médico externista y luego pasó como interno a hospitales psiquiátricos. Finalmente, pudo defender su tesis sobre endocrinología suprarrenal en 1958, obteniendo así su doctorado.
André Serres Fue en esa etapa de los años 50 cuando André Serres comenzó el desarrollo de otra de sus pasiones: la fotografía. Dotado de un talento innato para obtener imágenes sensacionales, viajó por diferentes países atraído por su interés por la historia y el arte, llegando a ilustrar con sus fotografías notables libros, como el Diccionario de las Iglesias de Francia. Asistió a los cursos de la Escuela Nacional de Fotografía y destacó como uno de los talentos más prometedores de su generación, logrando que su reportaje fotográfico sobre una feria en Quercy fuera publicado en la revista de fotografía más prestigiosa de Francia. Participó con éxito en el IX Salón Nacional de la Fotografía de Francia celebrado en 1957, gracias a sus fotos obtenidas en abril de 1954 en un viaje a Venecia, basadas en un poema de Théophile Gautier.
André Serres es mencionado como fotógrafo destacado en el IX Salón Nacional de la Fotografía de Francia de 1957 Fue en esa década cuando André Serres viajó a Toledo, concretamente en agosto de 1954, dejándonos una impresionante serie de fotografías con un precioso poso humanista que recientemente he incorporado a mi colección personal y que hoy deseo compartir con todos vosotros para disfrutar juntos de su belleza.
Comenzaré por ofreceros la que para mí es la más bonita de todas: una deliciosa estampa de unos niños toledanos refrescándose y bebiendo en una fuente. ¿No sería maravilloso identificar a estos chavales, que hoy tendrán unos 80 años? Personalmente, me fascina el modo en que Serres capturó la sonrisa de los niños y el brillo de los cantos rodados del empedrado.
En cuanto a la ubicación de la fuente, aunque me decanto por el barrio de la judería, no estoy plenamente seguro, por lo que agradeceré sinceramente vuestras aportaciones.
Unos niños en una fuente en Toledo en los años 50. Fotografía de André Serres.  Colección personal de Eduardo Sánchez Butragueño. Creo que realmente merece la pena detenerse a contemplar los detalles de la imagen: las cangrejeras de plástico en las manos del niño, sus pies en los que se adivinan las marcas del sol con la forma de las zapatillas, su expresión de alivio al sentir el frescor del agua, la sonrisa de su amigo, el reconfortante trago de agua del tercero de ellos... estamos ante una escena realmente bella de la vida cotidiana del Toledo de los años 50.
Unos niños en una fuente en Toledo en los años 50. Fotografía de André Serres (detalle). Colección personal de Eduardo Sánchez Butragueño. Unos niños en una fuente en Toledo en los años 50. Fotografía de André Serres (detalle). Colección personal de Eduardo Sánchez Butragueño. A continuación os mostraré la fotografía que me ha permitido datar las imágenes en el mes de agosto de 1954. Se trata de una imagen llena de nostalgia que evocará mil recuerdos a quienes vivieron esos años. Nos muestra la barbería de "Chule" en la calle de Santo Tomé nº 1, en la que un cartel colgado en su entrada informaba de la próxima celebración de una serie de curiosos espectáculos en la plaza de toros el jueves 19 de agosto de 1954. La programación, a cargo de la empresa Exclusivas Jumillano, incluía Galas de Arte con los títulos El Cochero Torero, Don Ricardo, Poli Torero y Manolín. El anuncio se completaba con Cineastas Musicales, Sansón y Dalila y la actuación estelar de los Yan-Kinss. A todo ello se sumaba la actuación del novillero Joaquín Mompó "Camisero".
Una barbería en Toledo en agosto de 1954. Fotografía de André Serres. Colección personal de Eduardo Sánchez Butragueño. Cartel en una Una barbería en Toledo en agosto de 1954. Fotografía de André Serres. Colección personal de Eduardo Sánchez Butragueño. Una barbería en Toledo en agosto de 1954. Fotografía de André Serres. Colección personal de Eduardo Sánchez Butragueño. Serres paseó por multitud de calles de la ciudad, deteniéndose en detalles que hoy nos sorprenden y generan nostalgia, setenta años después de ser tomadas las imágenes. En la plaza del Conde, a los pies del palacio de Fuensalida, el francés inmortalizó a un hombre, probablemente un funcionario por su gorra, con una larga mecha para encender cigarrillos.
Un hombre con un mechero en la plaza del Conde junto al Palacio de Fuensalida en Toledo en los años 50. Fotografía de André Serres. Colección personal de Eduardo Sánchez Butragueño. Un hombre con un mechero en la plaza del Conde junto al Palacio de Fuensalida en Toledo en los años 50. Fotografía de André Serres (detalle). Colección personal de Eduardo Sánchez Butragueño. En la calle de la Plata, André Serres también obtuvo imágenes gloriosas, con algunos preciosos detalles de la portada y puerta de la casa del número 3 de esta céntrica vía:
Portada de la calle de la Plata nº 3 con un cura en Toledo en los años 50. Fotografía de André Serres. Colección personal de Eduardo Sánchez Butragueño. Portada de la calle de la Plata nº 3 en Toledo en los años 50. Fotografía de André Serres. Colección personal de Eduardo Sánchez Butragueño. Portada de la calle de la Plata nº 3 en Toledo en los años 50. Fotografía de André Serres. Colección personal de Eduardo Sánchez Butragueño. Portada de la calle de la Plata nº 3 en Toledo en los años 50. Fotografía de André Serres.  Colección personal de Eduardo Sánchez Butragueño. Es absolutamente magistral esta toma del final de la calle del Ángel, junto a lo que hoy es la plaza del Sofer. Aparece una mujer con su hija, cargando un botijo, junto a la preciosa casa que desapareció pocos años después:
Calle del Ángel junto a la plaza del Sofer en Toledo en los años 50. Fotografía de André Serres. Colección personal de Eduardo Sánchez Butragueño. De nuevo, me pregunto: ¿no sería maravilloso poder identificar a las protagonistas de la escena?
Mujer con su hija en la calle del Ángel junto a la plaza del Sofer en Toledo en los años 50. Fotografía de André Serres (detalle). Colección personal de Eduardo Sánchez Butragueño. Las imágenes nos transportan a un tiempo en el que las horas transcurrían a un ritmo mucho menor que el actual, dejándonos escenas de una vida muy distinta a la del presente. Sirva como ejemplo esta soberbia toma en la que vemos varias personas en la barbería situada en la bajada hacia la puerta del Cambrón, en la esquina con el callejón de San Martín. Se vislumbra a la izquierda el estanco que allí se encontraba.
Una barbería y un estanco en muy cerca de la puerta del Cambrón, junto al callejón de San Martín, en Toledo en los años 50. Fotografía de André Serres. Colección personal de Eduardo Sánchez Butragueño. Una barbería muy cerca de la puerta del Cambrón, junto al callejón de San Martín, en Toledo en los años 50. Fotografía de André Serres (detalle). Colección personal de Eduardo Sánchez Butragueño. Esta es una estupenda vista nocturna de la entrada lateral del Ayuntamiento:
Portada de la puerta de acceso al Ayuntamiento de Toledo en los años 50. Fotografía nocturna de André Serres. Colección personal de Eduardo Sánchez Butragueño. Aquí tenemos un burro junto a la tienda de Antigüedades Linares. Probablemente a Serres le llamó la atención lo que asomaba entre sus patas...:
Un burro en la tienda de antigüedades Linares en la plaza del Sofer en Toledo en los años 50. Fotografía de André Serres. Colección personal de Eduardo Sánchez Butragueño. Un burro en la tienda de antigüedades Linares en la plaza del Sofer en Toledo en los años 50. Fotografía de André Serres. Colección personal de Eduardo Sánchez Butragueño. El descenso desde Bisagra hasta la zona de la torre de la Almofala, una de las vías actualmente con mayor tráfico, se encontraba por entonces aún terrizo, ni siquiera presentaba empedrado. Se aprecia a la perfección la muralla en el tramo denominado de las Torres de la Reina, que limitaban el arrabal de San Isidoro hoy conocido como barrio de la Antequeruela:
Dos personas descienden junto a las Torres de la Reina en Toledo en los años 50. Fotografía de André Serres. Colección personal de Eduardo Sánchez Butragueño. Torres de la Reina en Toledo en los años 50. Fotografía de André Serres. Colección personal de Eduardo Sánchez Butragueño. Dos personas frente a las Torres de la Reina en Toledo en los años 50. Fotografía de André Serres. Colección personal de Eduardo Sánchez Butragueño. Unas vistas del palacio de los duques de Maqueda:
Palacio de los duques de Maqueda en Toledo en los años 50. Fotografía de André Serres. Colección personal de Eduardo Sánchez Butragueño Palacio de los duques de Maqueda en Toledo en los años 50. Fotografía de André Serres. Colección personal de Eduardo Sánchez Butragueño Palacio de los duques de Maqueda en Toledo en los años 50. Fotografía de André Serres. Colección personal de Eduardo Sánchez Butragueño Aquí otro detalle de una puerta:
Una portada con aldaba y clavos (estoperoles) en Toledo en los años 50. Fotografía de André Serres.  Colección personal de Eduardo Sánchez Butragueño. El puente de San Martín fue uno de los lugares más retratados por André Serres en aquel día de verano de 1954:
Una mujer en el Puente de San Martín en Toledo en los años 50. Fotografía de André Serres.  Colección personal de Eduardo Sánchez Butragueño. Arrieros en el puente de San Martín en Toledo en los años 50. Fotografía de André Serres.  Colección personal de Eduardo Sánchez Butragueño. Vacas en el puente de San Martín en Toledo en los años 50. Fotografía de André Serres.  Colección personal de Eduardo Sánchez Butragueño. Puente de San Martín  en Toledo en los años 50. Fotografía de André Serres.  Colección personal de Eduardo Sánchez Butragueño Puente de San Martín en Toledo en los años 50. Fotografía de André Serres.  Colección personal de Eduardo Sánchez Butragueño. Puente de San Martín  en Toledo en los años 50. Fotografía de André Serres.  Colección personal de Eduardo Sánchez Butragueño Puente de San Martín en Toledo en los años 50. Fotografía de André Serres.  Colección personal de Eduardo Sánchez Butragueño. Pescadores bajo el puente de San Martín en agosto de 1954 Pescadores bajo el puente de San Martín en agosto de 1954. Escudo en el Puente de San Martín  en Toledo en los años 50. Fotografía de André Serres.  Colección personal de Eduardo Sánchez Butragueño Un arriero en burro en el Puente de San Martín  en Toledo en los años 50. Fotografía de André Serres.  Colección personal de Eduardo Sánchez Butragueño Puente de San Martín, río Tajo y San Juan de los Reyes  en Toledo en los años 50. Fotografía de André Serres.  Colección personal de Eduardo Sánchez Butragueño En el Puente de Alcántara también obtuvo excelentes imágenes nuestro protagonista de hoy:
Torreón del Puente de Alcántara  en Toledo en los años 50. Fotografía de André Serres.  Colección personal de Eduardo Sánchez Butragueño Torreón del Puente de Alcántara  en Toledo en los años 50. Fotografía de André Serres.  Colección personal de Eduardo Sánchez Butragueño Arriero junto al Puente de Alcántara  en Toledo en los años 50. Fotografía de André Serres.  Colección personal de Eduardo Sánchez Butragueño Puente de Alcántara   en Toledo en los años 50. Fotografía de André Serres.  Colección personal de Eduardo Sánchez Butragueño Puente de Alcántara  en Toledo en los años 50. Fotografía de André Serres.  Colección personal de Eduardo Sánchez Butragueño Puente de Alcántara en Toledo en los años 50. Fotografía de André Serres.  Colección personal de Eduardo Sánchez Butragueño Puente de Alcántara y Castillo de San Servando en Toledo en los años 50. Fotografía de André Serres.  Colección personal de Eduardo Sánchez Butragueño. Torreón del Puente de Alcántara en Toledo en los años 50. Fotografía de André Serres.  Colección personal de Eduardo Sánchez Butragueño. Puente de Alcántara  en Toledo en los años 50. Fotografía de André Serres.  Colección personal de Eduardo Sánchez Butragueño Puente de Alcántara y Academia de Infantería  en Toledo en los años 50. Fotografía de André Serres.  Colección personal de Eduardo Sánchez Butragueño Turbinas de Vargas desde el Puente de Alcántara en Toledo en los años 50. Fotografía de André Serres. La Catedral:
Catedral de Toledo en 1954. Fotografía de André Serres. Una vista general de la ciudad desde el Valle:
Toledo en agosto de 1954, vista general. Fotografía de André Serres. Como veis, se trata de un impresionante retrato del Toledo de 1954 cuyas imágenes llegan al alma, pues poseen una fuerza y una belleza muy especiales. Espero que os hayan gustado tanto como a mí y sirvan como homenaje a este extraordinario fotógrafo que nos dejó en 2014, y que también fue miembro de la Sociedad Francesa de Arqueología y vicepresidente de la Sociedad de Filosofía de Toulouse, además de escribir un excelente libro sobre el arte románico de la franja cantábrica española.
André Serres hacia 2005.
© TOLEDO OLVIDADO
Maira Gall