sábado, 26 de marzo de 2022

El primo de Alfonso XIII que asesinó a su mujer y fotografió Toledo desde un avión en 1925

José María de Borbón y de la Torre vino al mundo en Madrid en 1883, como hijo del matrimonio entre su padre Francisco de Borbón y Castellví -conocido como el general Borbón- y su madre María Luisa de la Torre, que era hija de un cubano muy acaudalado. Por vía paterna era nieto del infante Enrique de Borbón, uno de los protagonistas del famoso Duelo de Carabanchel de 1870, y primo segundo del rey Alfonso XIII.
Siguiendo la vocación militar de su padre, José María entró en el ejército formándose en la Academia de Infantería de Toledo, y con solo 17 años logró el tercer premio como aspirante a teniente. Posteriormente tomó parte en diversas acciones en el norte de África, logrando la Cruz del Mérito Militar y también la de San Hermenegildo, aún más prestigiosa. Poco a poco, se fue especializando en tiro de precisión, siendo destinado al Regimiento de Cazadores Figueras 6. Después de los años complicados y duros de la Guerra de África, José María encontró un destino en la por entonces recién creada Aeronáutica Militar, llegando a ser segundo responsable de la base aérea de Getafe.
Contrajo matrimonio en 1909 con María Luisa Rich Carbajo, con la que tuvo siete hijos: José Luis, Fernando (fallecido con solo 7 meses), María Luisa, Carlos Luis, Alberto, Beatriz y Álvaro.
José María Borbón de la Torre Lo que parecía una vida plácida y jalonada de éxitos personales y profesionales se esfumó para siempre a las tres y media de la tarde del 5 de febrero de 1926. Aquel día, nuestro protagonista de hoy, José María de Borbón y de la Torre, que por entonces contaba con 43 años, almorzaba a solas en su casa de la madrileña calle de Andrés Mellado con su esposa, María Luisa Rich, de 36 años de edad. Solo sus dos hijos menores (Beatriz, de 6 años, y Álvaro de 4), estaban en el domicilio, pero se encontraban en ese momento con el personal de servicio. Se desató una discusión entre ambos y José María disparó en el rostro a su esposa con su pistola reglamentaria, modelo Browing del calibre 7,65.
Aunque las versiones de la prensa de entonces contienen relatos un tanto diferentes (según unas fue algo bastante premeditado y según otras el asesino fue presa de una enajenación tras la que comenzó a gritar ¡Qué he hecho!, ¡Qué he hecho!) lo cierto es que la desdichada mujer falleció como consecuencia de los dos disparos recibidos en la cabeza.
Crónica del asesinato de la esposa del teniente coronel Borbón a manos de éste. La Libertad, 6 de febrero de 1926 Noticia del asesinato de María Luisa Rich Carbajo a manos de su marido José María Borbón de la Torre. El Liberal, febrero de 1926 Sea como fuere (algo premeditado o una enajenación mental transitoria), lo cierto es que, como narró hace unos años Juan Luis Galiacho en El Español, el asesino nunca fue condenado por el crimen:
"Inicialmente el juzgado de guardia se inhibió por teléfono del caso al conocer el parentesco del agresor. El caso pasó seguidamente al juzgado de jurisdicción de guerra. Fue el juez militar, un comandante de caballería apellidado Serna, quien tomó en primer lugar las riendas del caso y decidió llevar a prisión al teniente coronel Borbón. También determinó tomar declaración en el despacho oficial de prisiones militares a toda la servidumbre. Algunos de los testigos, porteros y criadas, contaron que el asesinato de la esposa fue debido a los celos. Pero fuesen los celos o una enajenación mental transitoria, su primo el rey Alfonso XIII hizo todo lo posible por ayudarle en aquel trance. Primero se cambió de juez y se nombró uno nuevo, “especial”, el teniente coronel Julio Riudavets. Éste determinó que el paso del teniente coronel Borbón por una prisión militar fuera efímero. De hecho, su caso no fue visto nunca ante un Tribunal Militar. La causa fue sobreseída por enajenación emocional. Se le apartó a Marruecos, para alejarlo de la península, donde acabó residiendo y cursando finalmente baja forzosa en el Ejército en 1929 “por enfermedad”.
La relación de este oscuro suceso con Toledo reside en que, solo unos meses antes del asesinato, en el año 1925, José María Borbón y de la Torre logró una sensacional fotografía aérea de la vieja ciudad castellana que recientemente he descubierto. Fue publicada con su firma en una revista y lo cierto es que nos muestra una bellísma perspectiva de Toledo desde la zona oeste.
Vista aérea de Toledo publicada en 1925. Fotografía del Teniente Coronel Borbón de la base militar de Getafe. Colección personal de Eduardo Sánchez Butragueño. Os invito a ampliarla sin prisa y deleitaros en sus detalles, pues se trata de una joya. Hay que recordar que las primeras fotos aéreas de una ciudad de España tuvieron como protagonista también a Toledo solo diez años antes (en 1915, obra del capitán Vallespín Zayas) por lo que esta vista de 1925 es bastante antigua hablando de tomas aéreas. Fijaos en los rodaderos llenos de escombros, especialmente en la zona de Roca Tarpeya -por entonces, un derrumbadero llamado Paseo de los Precipicios-, el aspecto del Paseo del Tránsito (ya densamente arbolado) y del Paseo de San Cristóbal (sin arbolar). El denso caserío, plagado de torres, cúpulas y sinuosidades generadas por la trama urbana, aparece ante nosotros en aquel soleado día lleno de luminosidad.
Roca Tarpeya y Paseo del Tránsito. Detalle de una fotografía aérea de José María Borbón y de la Torre en 1925. Colección personal de Eduardo Sánchez Butragueño. Paseo de San Cristóbal y alrededores. Detalle de una fotografía aérea de José María Borbón y de la Torre en 1925. Colección personal de Eduardo Sánchez Butragueño. Alcázar, Catedral e Iglesia de los Jesuitas en medio del caserío toledano. Detalle de una fotografía aérea de José María Borbón y de la Torre en 1925. Colección personal de Eduardo Sánchez Butragueño. Pocos años más tarde del macabro suceso, cuando llegó la II República, José María Borbón fue recluido durante dos años en el convento de Santa Úrsula de Valencia, según algunos como castigo a sus ideas monárquicas, y según otros debido a la impunidad con la que había sido tratado en el asunto del asesinato de su mujer como consecuencia del trato de favor del rey Alfonso XIII. Tras la contienda prosigiuó con su vida alejado de cualquier foco tanto mediático como de actividad social y familiar, falleciendo en el año 1962 sin apenas dejar rastro documental.
Firma de la foto aérea del teniente coronel Borbón

domingo, 13 de marzo de 2022

Un ejemplo de las posibilidades económicas de un Tajo limpio: el restaurante Tabordo en los años 60

La actual situación de absoluta degradación del Tajo a su paso por Toledo está siendo denunciada y puesta en evidencia por diferentes colectivos cada vez, afortunadamente, con más fuerza y argumentos. A las históricas demandas de carácter ambiental, paisajístico y cultural, se deben unir también las económicas, pues el ingente lucro cesante que produce en la ciudad la contaminación y la merma de caudal por el Trasvase Tajo-Segura debe ser tenido cada vez más en cuenta.
Las posibilidades de negocios que podrían florecer alrededor del río son muy numerosas, desde las destinadas a la ciudadanía local hasta aquellas con un enfoque más turístico.
Una de las que puede aunar ambos públicos es la oferta gastronómica ligada al río, con la reivindicación de los alimentos estrechamente relacionados con el Tajo desde hace siglos, a través no solo de los más evidentes como es la pesca (las añoradas anguilas, por ejemplo, eran famosas en nuestro recetario), sino también empleando los productos cultivados en las huertas de sus vegas o haciendo uso de las especies naturales que crecen en sus riberas. Este aprovechamiento, que además tiene en los actuales tiempos una corriente absolutamente a favor por el peso que la gastronomía de calidad ha logrado conseguir en España, ya tuvo precedentes en Toledo a lo largo del siglo XX.
No me refiero hoy a los gangos o casetas más o menos improvisadas y de carácter humilde que se colocaban en zonas como las playas de Safont y la Incurnia, sino a estructuras más robustas en forma de restaurantes con terraza en la orilla del Padre Tajo. El más representativo, por seguir aún en activo de forma absolutamente meritoria, es el restaurante Tabordo que desde los años 60 lleva dando alegrías culinarias a sus clientes.
Situado cerca del denominado Río Chico, aguas abajo de la ciudad histórica en la margen derecha del Tajo, en aquellos primeros años el mayor atractivo del restaurante era su cercanía a un río limpio y vivo, en el que sus crecidas periódicas generaban praderas de color verde intenso en sus orillas. De esta época datan estas maravillosas fotografías que hoy os traigo, donadas por Ángel Mora a quien agradezco infinitamente su colaboración. Se trata de imágenes que deben llevarnos a reivindicar el regreso de un río con caudal suficiente y aguas sin contaminar, para poder reeditar estampas tan entrañables como estas:
Restaurante Tabordo a la orilla del río Tajo en Toledo en los años 60. Cortesía de Ángel Mora. Restaurante Tabordo a la orilla del río Tajo en Toledo en los años 60. Cortesía de Ángel Mora. Restaurante Tabordo a la orilla del río Tajo en Toledo en los años 60. Cortesía de Ángel Mora. Aquí se aprecia perfectamente el privilegiado emplazamiento del restaurante y su terraza por aquellos años:
Río Tajo y Tabordo en los años 70, foto de Julio Sánchez. Se ve Río Chico. Pocos años después de estas imágenes se construyó el puente que comunica la ciudad con el Hospital Nacional de Parapléjicos, edificado en 1974. Esta infraestructura dejó un tanto aislado al restaurante, que ya sufría además las consecuencias de la progresiva degradación del río: en 1972 se prohibió el baño debido a la contaminación y en 1979 llegó la puntilla con el Trasvase Tajo-Segura que cercena su caudal impidiendo la dinámica natural del río con sus crecidas y estiajes, que generaban esas maravillosas orillas con pradera.
A pesar de ello, casa Tabordo siguió en activo contra viento y marea, pese al abandono del entorno en que se encuentra, sin apenas mantenimiento ni mínimo adecentamiento. Si ha llegado hasta nuestros días es por la tenacidad de sus dueños y su altísimo nivel gastronómico en un entorno que antes era maravilloso pero que hoy es casi hostil, con un río en estado de máxima degradación que en las últimas décadas aporta malos olores, estampas llenas de espumas y caudales ínfimos.
Es muy triste constatar cómo este espacio de la ciudad se ha degradado tanto en el último medio siglo, haciendo que la subsistencia del restaurante sea aún más meritoria y obligando a una profunda reflexión acerca de cómo a los toledanos se nos usurpó lo mejor de nuestro patrimonio natural, fuente de riqueza y de disfrute.
Reliquias como Tabordo deben ser reivindicadas y protegidas como testimonios de lo que el Tajo fue y de lo que el Tajo debe volver a ser: un motor esencial en la vida de la ciudad, también en lo económico.
Cerillas con publicidad del quiosco Tabordo en los años 60 o 70 Cerillas con publicidad del quiosco Tabordo en los años 60 o 70 Esperando que estas fotos os hayan gustado, solo me queda agradecer a Ángel Mora su generosidad al ceder las fotos y a David Blázquez por su digitalización. Es estupendo comprobar cómo una iniciativa familiar surgida en 1959 —cuando Máximo Martín López solicitó licencia para instalar un gango en la zona de el Egido (Río Chico)— y consolidada en 1966 por Venancio Martín Vega al edificar una vivienda con bar en el mismo lugar, sigue hoy a pleno rendimiento.

sábado, 19 de febrero de 2022

Toledo a comienzos del siglo XX fotografiado por Baldomer Gili

El destacado pintor, dibujante y fotógrafo Baldomer —o Baldomero, según las fuentes escritas en castellano— Gili i Roig nació en Lérida el 19 de octubre de 1873 y falleció en Barcelona el 31 de diciembre de 1926.
Su padre era profesor y editor, lo que influyó en varios miembros de la familia, como por ejemplo en su hermano, Gustavo Gili (1868-1945), que terminó convirtiéndose en el fundador de la afamada Editorial Gustavo Gili, una influyente empresa editorial a nivel nacional.
En 1882, la familia se trasladó a tierras guipuzcoanas, concretamente a Irún, donde Baldomer, con nueve años de edad, comenzó sus primeras lecciones de arte con José Salís Camino, un pintor de marinas que era seguidor del pintor francés Camille Corot.
En 1888 Baldomer regresó junto con su familia a Cataluña instalándose en Barcelona, donde prosiguió sus estudios en la Escuela de la Lonja con el maestro valenciano Luis Franco. Bajo su influjo, el joven Gili aprendió a utilizar la luminosidad característica de los pintores sorollistas. Dos años después, Baldomer decidió marcharse a Madrid. En la capital de España se matriculó en la Escuela Especial de Pintura, Escultura y Grabado, asistiendo a las clases que impartía Alejo Vera, antiguo discípulo del destacado pintor Federico Madrazo.
En 1897, cuando contaba con veinticuatro años, viajó a Alemania para proseguir sus estudios en la Academia Oficial de Bellas Artes de Munich. Sin embargo, el estallido de Guerra de Cuba y la consiguiente crisis de 1898, le obligaron a regresar a España, concretamente a Barcelona. En la ciudad condal expuso en la Sala Parés y tras ello protagonizó otra muestra en Lérida en 1900. Gracias a ello y con la mediación de Jaime Morera, consiguió una beca de la Diputación de Lérida para una estancia en Italia durante tres años.
Baldomer Gili i Roig. Autorretrato c. 1900 Fue así como llegó a Roma, una ciudad inmersa por entonces en los círculos europeos de la modernidad, lo que marcó profundamente el carácter y el estilo artístico de Baldomer Gili, más influido por el realismo cotidiano y el historicismo -elementos propios del entorno romano- que por la bohemia marginal propia de París, muy habitual en los pintores de su tiempo.
En Italia se instaló en la pequeña localidad de Frascati, cercana a Roma, viviendo en un primer momento en un convento de capuchinos y, posteriormente, en la villa Strolhfern. Para comenzar a demostrar a la Diputación de Lérida sus avances gracias a la beca concedida pintó el cuadro Sol de invierno en 1900, a la que siguieron otras obras que presentó en el Salón Nacional de París 1903.
Influido por las corrientes dominantes en la pintura romana de entonces, abrazó progresivamente el simbolismo, aproximándose más al Art Nouveau que en aquellos momentos comenzaba a dominar artísticamente Europa. En 1901 participó en la Exposición Nacional de Bellas Artes de Madrid, en la que obtuvo la tercera medalla con la obra Rincón de jardín.
En 1903 la Diputación de Lérida decidió prorrogar un año más su beca en Italia, permitiendo a Gili Roig conocer no sólo las ciudades más importantes de Italia sino también viajar por Francia y conocer París, Marsella, Lyon o Bayona. Ese mismo año participó también en la Exposición Internacional de Atenas, en la que logró la segunda medalla con la obra Paisaje crepuscular.
En 1904 ganó en Barcelona el primer premio en el Concurso de Paneles Decorativos Juan Llusà Puig con el boceto de la obra titulada Abismo.
Tras su estancia de cuatro años en Italia, el pintor regresó definitivamente a Barcelona, donde empezó un nuevo periodo en su carrera artística como dibujante, cartelista e ilustrador para publicaciones como Pèl & Ploma, L'Esquella de la Torratxa, Blanco y Negro o El Mundo Ilustrado, firmando algunos de los dibujos publicados en estas revistas bajo el pseudónimo de «L'Alegret».
En la capital catalana ganó la tercera medalla en la Exposición Internacional de Arte de 1907 con su obra Leda. También expuso en la Sala Parés obras pintadas en Roma y participó en la exposición «Autorretratos de artistas españoles» en el Palacio de Bellas Artes de Barcelona, con la obra El espejo de mi estudio.
En 1908 consiguió la segunda medalla en la Exposición Nacional de Madrid por la obra Soberbia, mientras que en el 1912 participó también en Madrid con seis obras. Ese mismo año formó parte en la organización de la «Exposición de Artistas Leridanos» que se celebró en La Paeria de Lérida, aportando a la muestra trece pinturas. También participó con su amigo Jaume Morera en la creación del futuro Museo de Arte de Lérida que posteriormente recibió el nombre de Museo de Arte Jaime Morera, Museu d´Art Jaume Morera en catalán.
Baldomer Gili en su estudio de Barcelona en 1911. Museu d´art Jaume Morera En 1915 contrajo matrimonio con Dolors Moros Almena, con quien tuvo cuatro hijos. Los siguientes años estuvieron marcados por un intenso trabajo y por la participación en exposiciones nacionales e internacionales, consiguiendo fama y premios, entre los que destaca la primera medalla en la Exposición Universal de Panamá de 1916 o con su obra La Ricitos en la Exposición Española de París de 1920.
En julio de 1925 viajó a Argentina donde expuso su obra en diversas ciudades como Buenos Aires, Rosario, Ciudad de Mendoza y Ciudad de Santa Fe. También se desplazó Uruguay, donde expuso en Montevideo y, tras ello, regresó a Barcelona en el mes de diciembre, donde lamentablemente falleció en 1926 a la temprana edad de 53 años como consecuencia de una neumonía.
Su faceta como fotógrafo comienza en el año 1900, fecha a partir de la cual Gili Roig siempre iba acompañado con una cámara fotográfica que le permitiera capturar escenas y vistas que después plasmaba en sus cuadros. Como consecuencia de ello, su archivo fotográfico contiene más de un millar de placas de vidrio, con imágenes tomadas en muchos lugares del mundo y retratando asimismo a multitud de personas que pasaron por su vida. Por fortuna, sus descendientes donaron al Museo de Arte Jaime Morera el año 2009 buena parte de estas fotografías, entre las que se encuentran las obtenidas en Toledo a comienzos del siglo XX.
Se trata de una pequeña serie de fotografías de una visita a la vieja ciudad castellana en compañía de varios amigos o colegas. Debieron ser tomadas en los primeros años del siglo y muestran detalles bastante curiosos. En mi opinión, la más valiosa y rara de todas es esta que muestra el interior de la Iglesia de San Vicente, cuando aún estaba en uso como templo, antes de acoger el museo de arte religioso que allí se instaló durante décadas. No se conocían, al menos que yo sepa, fotografías del interior del edificio en su etapa como iglesia, por lo que esta imagen —que no ha sido sencillo identificar— posee un gran valor. En la actualidad acoge el Círculo de Arte de Toledo. No sería raro que el motivo de la visita de Gili a esta iglesia fuera admirar la Inmaculada Oballe, obra del Greco que por entonces aún se encontraba en este edificio para el que fue ejecutada por el genio cretense:
Iglesia de San Vicente. Fotografía de Baldomer Gili Roig © Museu d'Art Jaume Morera. Llegat Dolors Moros, 2010 Esta imagen muestra una bonita vista de la Puerta del Sol en la que aparecen dos de sus acompañantes: Puerta del Sol. Fotografía de Baldomer Gili Roig © Museu d'Art Jaume Morera. Llegat Dolors Moros, 2010 Desde los jardines del Cristo de la Luz, Baldomero Gili obtuvo esta vista preciosa. Se aprecia, tras la puerta de Valmardón, el denominado muro azor o antigua muralla que algunos historiadores consideran una de las partes más antiguas del recinto fortificado de Toledo:
Vista desde los jardines del Cristo de la Luz. Fotografía de Baldomer Gili Roig © Museu d'Art Jaume Morera. Llegat Dolors Moros, 2010 En esta imagen vemos el interior de San Juan de los Reyes:
Interior de San Juan de los Reyes. Fotografía de Baldomer Gili Roig © Museu d'Art Jaume Morera. Llegat Dolors Moros, 2010 El Puente de Alcántara aparece aquí en esta placa que se ha conservado más deficientemente que el resto:
Puente de Alcántara. Fotografía de Baldomer Gili Roig © Museu d'Art Jaume Morera. Llegat Dolors Moros, 2010 Esta es una vista del patio de la Casa de la Moneda en la calle Núñez de Arce:
Patio de la casa de la Moneda. Fotografía de Baldomer Gili Roig © Museu d'Art Jaume Morera. Llegat Dolors Moros, 2010 Para finalizar, una de las imágenes más bellas de la serie: el callejón de la Soledad.
Callejón de la Soledad. Fotografía de Baldomer Gili Roig © Museu d'Art Jaume Morera. Llegat Dolors Moros, 2010 Con el deseo de que estas fotografías os hayan gustado y despertado vuestro interés por conocer la vida y obra de este destacado pintor español, solo me queda agradecer al Museu d´Art Jaume Morera la labor conservadora y divulgadora del legado de Gili que vienen realizando desde hace años.

sábado, 29 de enero de 2022

Toledo hacia 1900 fotografiado por Jane Dieulafoy

Aunque hace ya unos años destiné una parte de una entrada del blog a la figura de la interesantísima arqueóloga y fotógrafa francesa Jane Dieulafoy, hoy le dedico una entrada específica que tiene más que merecida. Ello se debe al reciente hallazgo de fotos muy desconocidas suyas que he tenido la suerte de realizar en investigaciones llevadas a cabo en varios archivos franceses como el Institut National d’Histoire de l’Art (INHA) y la Bibliothèque Nationale de France.
Por lo tanto, lo primero que haré es recordar la biografía de esta mujer verdaderamente adelantada a su tiempo. Jane Dieulafoy, de soltera Jane Henriette Magre, nació en 1851 en Toulouse y falleció en Pompertuzat en 1916. Esposa de Marcel Dieulafoy de quien tomó su apellido, fue una arqueóloga, fotógrafa, escritora y periodista.
Se trata de una auténtica mujer pionera, adelantada a su tiempo, capaz de hacerse pasar por un hombre a lo largo del mundo para poder viajar y conocer a fondo culturas tan machistas como las de entonces en países tan exóticos como Persia (actual Irán).
Jane Dieulafoy hacia 1895 fotografiada por Eugéne L. Pirou Nacida en una familia de ricos comerciantes, Jane se forma en el Convento de la Asunción de Auteuil, donde recibió una educación clásica mostrando un gran talento para el dibujo y la pintura. En 1869 dejó el convento y comenzó su relación con Marcel Dieulafoy, Ingeniero de Caminos, quien también era un apasionado del arte y la arqueología. Se casaron el 11 de mayo 1870. Durante la Guerra Franco-Prusiana, Marcel fue nombrado capitán de ingenieros del ejército y Jane se niega a separarse de él participando en todas las operaciones disfrazada de soldado.
Marcel Dieulafoy Entre 1881 y 1882 hicieron realidad uno de sus viejos sueños: ir a Persia, a petición del Departamento de Instrucción Pública y Bellas Artes, en la búsqueda de los orígenes de la arquitectura occidental. Marcel y Jane se embarcaron en Marsella rumbo a Estambul, y luego cruzaron el Mar Negro en una nave rusa hasta Poti. A continuación, montaron a caballo todo el camino, viajando desde Tiflis durante catorce meses por los caminos de Persia. Jane fotografió todos los monumentos, mezquitas y puentes que llamaron su atención. Se integraron en la sociedad y cultura persa para conocerla a fondo, describieron los los caravasares y las ciudades por las que pasaron en caravanas, a veces corriendo grave peligro. Escribió sobre la historia del país y la gran miseria de la sociedad y la crueldad de sus líderes, así como sobre el refinamiento de las costumbres y su deliciosa gastronomía. Combinó en sus libros una equilibrada mezcla de descripción, anécdotas y recuerdos históricos siempre con ingenio y precisión. Criticó con decepción el estado en que se encontraba la legendaria ciudad de Isfahán cuyas joyas estaban medio destruidas y abandonadas. También escribió en detalle sobre su larga estancia entre los armenios de Julfa y la persecución que sufrían. En esta estancia en países musulmanes Jane Dieulafoy hubo de retomar su costumbre de vestirse como un hombre para no poner en riesgo su vida cortándose el pelo para seguir a su marido en sus viajes. Este hábito le valió gran fama.
Sus vivencias en este gran viaje fueron publicadas entre 1883 y 1886 en Le Tour du Monde con un gran éxito.
En 1883 la pareja deja Persia para investigar la ciudad de Susa, antigua ciudad de los imperios Elamita, Persa y Parto. Descubren el Friso de los Leones, la barandilla del Palacio de Artajerjes y finalmente, el Friso de los Arqueros informando de ello a Francia para ser exhibidos en el Louvre. Así, el 20 octubre de 1886, se inauguraron las dos "salas de Dieulafoy" recibiendo por ello Jane Dieulafoy la distinción de la Legión de Honor.
En 1888 publicó su diario sobre sus excavaciones en Susa. En 1890 publicó su primera novela y compuso una ópera basada en el libro estrenada en el Teatro Arena de Béziers en 1902.
Tras publicar varias novelas y cuentos con menor éxito decidió volver exclusivamente a la literatura de viajes y estudios históricos.
Como arqueólogos, a pesar de su éxito y su fama, el matrimonio no logró obtener nuevas misiones en países lejanos por lo que entre 1888 y 1914 exploran culturas más cercanas. De este modo viajaron a España en muchas ocasiones dedicando el resto del tiempo a una vida plácida y mundana en París, donde ella solicitó y recibió el permiso para ejercer su travestismo y ser capaz de vestirse como un hombre de modo habitual.
Jane Dieulafoy fotografiada por Paul Marsan "Dornac" Al llegar la I Guerra Mundial abogó públicamente por la integración de las mujeres en las fuerzas armadas. En 1914 Marcel es movilizado como Coronel de Ingenieros y enviado a Rabat. Jane lo sigue y allí dirige el trabajo de limpieza de la mezquita de Hassan, y tenía previsto ir a explorar la ciudad romana de Volubilis cuando por el grave deterioro de su salud debido a la disentería se vio obligada a regresar a Francia. Murió el 25 de mayo de 1916 en la finca familiar de Langlade.
Las fotografías que he podido localizar recientemente nos hablan de una excelente fotógrafa (es creencia generalizada entre los investigadores que la gran mayoría de las fotografías que la pareja tomó fueron realizadas por Jane por lo que estamos ante las fotografías con firma femenina más antiguas jamás tomadas en Toledo), que si bien mostraba un evidente interés por asuntos arqueológicos y patrimoniales, no desdeñaba las fotografías de tinte más humanista en las que personas corrientes protagonizaban las escenas. Sirva como ejemplo esta maravillosa fotografía de la Plaza de San Justo, con las mujeres y niños que rodeaban junto con sus cántaros la fuente allí situada. Al fondo aparece la Catedral en una estampa realmente bella:
Fuente en la Plaza de san Justo hacia 1900. Del álbum d'Espagne, du Portugal et du Roussillon, par Marcel et Jane Dieulafoy. Bibliothèque Nationale de France De marcado aire costumbrista son estas dos escenas tomadas frente al Palacio de los Toledo, junto al pasadizo de Balaguer:
Palacio de los Toledo frente al pasadizo de Balaguer. Álbum de Jane y Marcel Dieulafoy con fotos de Toledo hacia 1900. Institut National d’Histoire de l’Art (INHA) Palacio de los Toledo frente al pasadizo de Balaguer. Álbum de Jane y Marcel Dieulafoy con fotos de Toledo hacia 1900. Institut National d’Histoire de l’Art (INHA) El bullicio de la calle Ancha no pasó desapercibido para Jane y Marcel Dieulafoy:
Calle Ancha o Calle Comercio. Álbum de Jane y Marcel Dieulafoy con fotos de Toledo hacia 1900. Institut National d’Histoire de l’Art (INHA) La belleza de la calle de Santo Tomé, siempre atractiva, también cautivó a la francesa:
Calle de Santo Tomé. Álbum de Jane y Marcel Dieulafoy con fotos de Toledo hacia 1900. Institut National d’Histoire de l’Art (INHA) Esta es una excelente vista del Ayuntamiento:
Ayuntamiento hacia 1900. Del álbum d'Espagne, du Portugal et du Roussillon, par Marcel et Jane Dieulafoy. Bibliothèque Nationale de France El Hospital de Santa Cruz, parada obligada de cuantos se interesaban por los edificios de nuestra ciudad:
Hospital de Santa Cruz. Álbum de Jane y Marcel Dieulafoy con fotos de Toledo hacia 1900. Institut National d’Histoire de l’Art (INHA) Portada del Hospital de Santa Cruz hacia 1900. Del álbum d'Espagne, du Portugal et du Roussillon, par Marcel et Jane Dieulafoy. Bibliothèque Nationale de France Patio del Hospital de Santa Cruz. Álbum de Jane y Marcel Dieulafoy con fotos de Toledo hacia 1900. Institut National d’Histoire de l’Art (INHA) Detalle de la decoración de la portada del Hospital de Santa Cruz. Álbum de Jane y Marcel Dieulafoy con fotos de Toledo hacia 1900. Institut National d’Histoire de l’Art (INHA) Dos bellísimas escenas tomadas en las inmediaciones del Baño de la Cava:
Baño de la Cava. Álbum de Jane y Marcel Dieulafoy con fotos de Toledo hacia 1900. Institut National d’Histoire de l’Art (INHA) Baño de la Cava hacia 1900. Del álbum d'Espagne, du Portugal et du Roussillon, par Marcel et Jane Dieulafoy. Bibliothèque Nationale de France Una vista muy buena del Puente de Alcántara, en la que se aprecia perfectamente una higuera creciendo entre los sillares del puente. Es algo que periódicamente sigue sucediendo en nuestros días y que nunca dejará de maravillarme... ¿cómo es posible que estas higueras prosperen sin suelo, sustentándose únicamente con la humedad del interior del puente y nutriéndose de las sustancias contenidas en las rocas y morteros del monumento?
Puente de Alcántara con una higuera en los sillares hacia 1900. Del álbum d'Espagne, du Portugal et du Roussillon, par Marcel et Jane Dieulafoy. Bibliothèque Nationale de France El imponente patio del Hospital Tavera:
Patio del Hospital Tavera. Álbum de Jane y Marcel Dieulafoy con fotos de Toledo hacia 1900. Institut National d’Histoire de l’Art (INHA) Algunos detalles de la Catedral:
Puerta del Mollete o del Niño Perdido de la Catedral de Toledo. Álbum de Jane y Marcel Dieulafoy con fotos de Toledo hacia 1900. Institut National d’Histoire de l’Art (INHA) La Puerta de Bisagra. Se aprecia perfectamente que en su parte derecha el monumento se asentaba sobre terreno inestable y echadizo, con un importante desnivel hacia la bajada. Es algo que probablemente influyó en el hundimiento acaecido en 1946 y que en la actualidad no se aprecia debido al relleno y nivelado que se realizó para abrir al tráfico rodado la calle que la bordea:
Puerta de Bisagra. Álbum de Jane y Marcel Dieulafoy con fotos de Toledo hacia 1900. Institut National d’Histoire de l’Art (INHA) La Puerta del Sol no podía faltar. El edificio más fotografiado de Toledo en el siglo XIX suma con esta imagen un nuevo nombre en la lista de ilustres fotógrafos que se vieron atrapados por su magnetismo y belleza. ¡Qué pena que en nuestros días lleve ya casi 2 años rodeada de vallas de obra y tuberías tiradas junto al muro que linda con el Cristo de la Luz!:
Puerta del Sol. Álbum de Jane y Marcel Dieulafoy con fotos de Toledo hacia 1900. Institut National d’Histoire de l’Art (INHA) La capilla del Corpus Christi de la Iglesia de San Justo:
Interior de la Iglesia de San Justo hacia 1900. Del álbum d'Espagne, du Portugal et du Roussillon, par Marcel et Jane Dieulafoy. Bibliothèque Nationale de France Algunos artesonados de la ciudad:
Artesonado. Del álbum d'Espagne, du Portugal et du Roussillon, par Marcel et Jane Dieulafoy. Bibliothèque Nationale de France Artesonado de la casa de Mesa?. Del álbum d'Espagne, du Portugal et du Roussillon, par Marcel et Jane Dieulafoy. Bibliothèque Nationale de France Artesonado de la casa de Mesa?. Del álbum d'Espagne, du Portugal et du Roussillon, par Marcel et Jane Dieulafoy. Bibliothèque Nationale de France Para finalizar, recuerdo algunas fotos más que ya publiqué en su día, incluidas en el libro De Tolède a Grenade escrito por Madame Jane Dieulafoy para la colección Le Tour du Monde. y publicado en 1905, que en el capítulo dedicado a Toledo, hace una pormenorizada descripción de la ciudad y en él se incluyen preciosas fotografías, muchas de ellas probablemente tomadas por ella.
Mi preferida es esta vista de la subida al Castillo de San Servando, justo al lado del actual restaurante "La Cubana", que por entonces no era más que un chamizo.
Subida al Castillo de San Servando junto al actual Restaurante la Cubana junto al Puente de Alcántara. Publicada en De Tolède a Grenade por Jane Dieulafoy  para Le Tour du Monde en 1905
Aquí tenemos una preciosa fotografía de un mendigo, si bien se trata de un error pues no es Toledo sino otra ciudad castellana, Ávila, en concreto la Iglesia de San Vicente:
Un mendigo en Toledo. Publicada en De Tolède a Grenade por Jane Dieulafoy  para Le Tour du Monde en 1905

Esta es una vista del Palacio de Inés de Ayala en la Plaza de Santa Isabel:
Palacio de Inés de Ayala en la Plaza de Santa Isabel. Publicada en De Tolède a Grenade por Jane Dieulafoy  para Le Tour du Monde en 1905

Hasta aquí este repaso al Toledo de alrededor de 1900 de la mano de una mujer realmente especial, dotada de un valor y una sensibilidad que hizo historia. Espero que estas fotos recién descubiertas os hayan gustado tanto como a mí.
© TOLEDO OLVIDADO
Maira Gall