lunes, 10 de abril de 2023

La olmeda que marcaba el límite de crecida del Tajo junto a la Puerta del Vado y la Isla de Antolínez

La gran particularidad topográfica de Toledo se debe a la inverosímil incursión que el río Tajo hace en el roquedo de la denominada Meseta Cristalina de Toledo. Cuando el río desciende plácidamente desde Aranjuez hacia Toledo por un amplio valle sedimentario un tanto asimétrico en forma de artesa, nada hace pensar que, al llegar a la ciudad, vaya a adentrarse entre esas rocas metamórficas e ígneas propias de la citada Meseta Cristalina para formar el famoso Torno del Tajo, que genera ese gran peñón rodeado en sus tres cuartas partes por el río, sobre el que se asienta desde hace milenios la ciudad. El valle del Tajo en el Torno de Toledo se transforma, de repente, en una estrecha garganta, formando una especie de cañón o breve desfiladero en el que la velocidad del agua aumenta tras el embalsamiento que, necesariamente, sufre el río justo antes de adentraste en este angosto paso.
Ese embalsamiento, que tiene lugar justo antes del Puente de Alcántara, ha sido históricamente otra de las peculiaridades topográficas que hicieron de Toledo un lugar estratégico en la península. Esa característica, menos conocida que su carácter inexpugnable, era el hecho de albergar el único punto en el que el río Tajo podía ser vadeado a pie durante buena parte del año. En efecto, como consecuencia de esa incursión en el roquedo del valle en Toledo, el Tajo sufría un gran ensanchamiento justo antes de la ciudad, pues el paso hacia el roquedo hace de embudo. Por tanto, la importancia de Toledo era doble: por un lado era una ciudad fácilmente defendible al estar en lo alto de una inmensa roca rodeada por un río y, por otro, se situaba en el único punto en el que el Tajo —que divide en dos la península, ejerciendo de frontera entre el norte y el sur— podía ser cruzado sin necesidad de puentes. De ahí la estratégica presencia de la Puerta del Vado o Bib al-Mahadat, por la que se controlaba el acceso a la ciudad en este punto.
En ese ensanchamiento previo al puente de Alcántara, la corriente del río descendía mucho de velocidad y se subdividía en dos brazos, quedando entre ellos una importante porción de tierra muy fértil denominada Isla de Antolínez. El brazo de la margen izquierda era algo más caudaloso y regaba la Huerta del Rey, mientras que el derecho, de dimensiones un poco menores, quedaba muy cerca de la citada Puerta del Vado y la muralla de la Antequeruela. Ambos brazos volvían a unirse poco antes del puente de Alcántara.
Isla de Antolínes en la Panorámica de Toledo realizada por el maestro de obras José Arroyo Palomeque hacia 1720. Archivo Municipal de Toledo. Plano de Toledo y de sus Cercanias (año 1820) por François Jouanne. Se aprecia muy bien la Isla de Antolínez. (c) Biblioteca Nacional Detalle de el Plano de Toledo y de sus Cercanias (año 1820) por François Jouanne. Se aprecia muy bien la Isla de Antolínez. (c) Biblioteca Nacional La extensión de esta isla, si bien variaba en función de la pluviometría y de la época del año, era bastante considerable. Para hacernos una idea fiel de ello, nada mejor que esta comparativa georeferenciada que realizó en 2014 el genial geógrafo Manuel López Castro, a partir del plano que representó nada menos que el Greco entre 1608 y 1614, y que publicó el no menos grande Rafael del Cerro Malagón en este estupendo artículo en ABC:
Foto área actual del Tajo y, sobrepuestos, en color rojo, los dos brazos del río y la gran isla de Antolinez según la Vista y plano de Toledo (el Greco, 1608-1614). Imágenes georreferenciadas en 2014 por el cartógrafo Manuel López Castro. Aquella isla fue desecada a comienzos del siglo XIX y desde entonces el río posee un único brazo. El terreno que ocupaba la isla fue usado en las décadas posteriores como huerta y la ciudad fue, poco a poco, olvidando el carácter peculiar y estratégico de este paraje. Sin embargo, la fotografía histórica llegó a tiempo de inmortalizar las huellas que esta conformación topográfica había dejado en el territorio, con implicaciones para la flora y la fauna. De este modo, pese a la desecación de la isla, durante décadas fueron aún patentes los bordes del río en su configuración primitiva. En especial me refiero a la preciosa línea que marcaba el límite del brazo derecho del río, el que rozaba la muralla de la Antequeruela y la Puerta del Vado. Esa antigua ribera estaba poblada por una majestuosa, frondosa y espectacular alineación de olmos autóctonos (Ulmus minor) que generaba un paseo sombreado que por fortuna llegó a ser fotografiado por diferentes autores:
Olmeda que marcaba el antiguo límite del Tajo. Fotografía de Arnold Genthe en 1904. The Library of Congress of the U.S.A. Vista de los arrabales a comienzos del siglo XX. Fotografía de J. Lacoste © MECD, Fototeca del IPCE, signatura VN-13179_P Camino arbolado que marcaba el antiguo margen del río antes de desecar la Isla de Antolinez. Fotografía autocroma de Auguste Léon en 1914 (detalle) Olmeda al borde del Tajo en los años 20. Marcaba el antiguo borde del Tajo. Niños en una olmeda en las inmediaciones de Toledo hacia 1910. Fotografía de Pedro Román Martínez (c) JCCM, AHP, Fondo Rodríguez. Signatura R-145-2-10 Niños en una olmeda con Toledo al fondo hacia 1910. Fotografía de Pedro Román Martínez (c) JCCM, AHP, Fondo Rodríguez. Signatura R-129-2-05 Niños en una olmeda en las inmediaciones de Toledo hacia 1910. Fotografía de Pedro Román Martínez (c) JCCM, AHP, Fondo Rodríguez. Signatura R-141-3-05 Niños en el interior de la olmeda situada junto al Tajo en lo que fuera el entorno de la Isla de Antolínez. Foto de Pedro Román Martínez. AHP fondo Rodríguez JCCM signatura R-150-1-05 Vista de la zona ocupada en siglos pasados por la Isla de Antolínez, con la olmeda en su borde aún visible. Detalle de una foto aérea en los años 50. Mediados de 1955, rodaje de "Una Aventura de Gil Blas". Combate de espadachines entre Georges Marchal y Jacques Castelot. Al fondo: el Tajo, la playa de Safont, y los cerros arcillosos toledanos (el famoso "alcaén"). En la segunda mitad del siglo XX se unieron dos circunstancias que acabaron con esta olmeda tan especial. Por un lado, la epidemia de grafiosis que se cebó con esta especie, tan emblemática de toda Castilla, mermando sus poblaciones de forma dramática. Y, por otro, el desarrollismo entendido de una forma bastante poco respetuosa con nuestro patrimonio geológico y vegetal, que desfiguró por completo la zona. Esta imagen de 1967 por John Fyfe es una de las últimas en las que podemos apreciar, pese a ser invierno y no tener hojas, la alineación de olmos:
Rio Tajo y Playa de Safont de Toledo en 1967. Fotografía de John Fyfe Camino en la zona de Safont en 1967. Foto de John Fyfe (detalle) No mucho después, con un Tajo ya putrefacto por la contaminación y expoliado por el nefasto Trasvase Tajo-Segura como triste testigo, la zona quedó totalmente desfigurada de manera secuencial con la ejecución de viales y la construcción de edificios de gusto tan dudoso como la estación de autobuses, construida exactamente sobre esta alineación de olmos:
Construcción de la Estación de Autobuses de Toledo, años 80. Colección de Tomás García del Cerro Construcción de nuevo víal en la Huerta del Granadal en los años 70. Fotografía de Ricardo Sánchez Candelas Vista del Granadal en 1981-1982. Se observa la pista de atletismo en construcción, así como las obras del Hotel Mayoral y las primeras explanaciones para la estación de autobuses y el puente de Azarquiel. Fotografía de Tomás García del Cerro Vista del Granadal hacia 1985. Se observan las obras del Hotel Mayoral y de la estación de autobuses. No había rotonda, sino cruce, para acceder al puente de Azarquiel. Fotografía de Tomás García del Cerro Pero no todo está perdido y la naturaleza vuelve a darnos una lección de resiliencia y tenacidad. Contra viento y marea, superando obras, enfermedades y motosierras, aún hay un par de olmos, rebrotes de esta antigua olmeda, que se resisten a morir y que son aún visibles en una esquina residual de este vial. Deberían ser catalogados y protegidos de manera oficial por el municipio, como testigos vivos de una configuración natural en la que el Tajo determinaba la topografía, la geoestrategia, la flora y fauna, el paisaje y la intrahistoria de una ciudad milenaria que solo podrá ser respetada y valorada si es conocida. Y para ser conocida, la única vía es la educación y la divulgación. Esta es mi pequeña contribución para la causa:
Olmos autóctonos que resisten en la actual avenida de Castilla-La Mancha. Foto de mayo de 2022.

sábado, 25 de marzo de 2023

Las postales de Pedro Esperón: probablemente la serie más peculiar y desconocida de cuantas mostraron Toledo

Creo que, a estas alturas, sois ya todos perfectamente conscientes de que la ciudad de Toledo ha sido históricamente una de las más fotografiadas de toda España. Debido a su belleza, la comercialización de tarjetas y postales en sus diferentes formatos (vistas estereoscópicas, postales en blanco y negro o coloreadas, imágenes para "linterna mágica"...) fue un lucrativo negocio desde mediados del siglo XIX.
Hasta la fecha, he ofrecido en estos 15 años de andadura del blog diversas entradas dedicadas a estas series, especialmente a las editadas por las marcas y fotógrafos de mayor renombre y calidad.
Hoy, sin embargo, os ofreceré las imágenes de una de las colecciones de postales toledanas más desconocidas y peculiares: la correspondiente a Pedro Esperón.
Lo cierto es que es bastante poco lo que conocemos sobre este autor y editor de postales, pues su rastro documental es escaso y confuso. Como apunta Juan Antonio Fernández Rivero, tal vez Pedro Esperón pudiese ser uno de los descendientes de Alfredo Esperón, un fotógrafo de origen francés que trabajó en España como inquieto y emprendedor retratista, primero en Valencia, más tarde en Madrid desde 1868 a 1894, y finalmente, hasta 1900, entre Bogotá y Caracas. Es solo una hipótesis, pero dado que se trata de un apellido poco habitual, es bastante plausible.
Sea como fuere, son pocas las certezas que tenemos con respecto a nuestro protagonista de hoy. Por la datación de las fotografías, sabemos que su actividad más intensa se desarrolló en los años 20 y 30, aunque también existen rastros de su actividad tras la guerra civil, con algunas postales a color editadas bajo su nombre hasta 1965 aproximadamente.
Tenemos constancia de su actividad en un céntrico local madrileño con salida a las calles de Silva y Jacometrezo, según figura en este folleto publicitario:
Publicidad de la casa de Estampas, postales y álbums de Pedro Esperón Cuando digo que se trata de la serie de postales de Toledo más peculiar lo hago por varias razones. La primera de ellas es su poco esmerada edición en lo relativo a las tipografías de las descripciones de las imágenes, que consistían en una rotulación hecha a mano, probablemente realizada por él mismo de su puño y letra, muy alejada de lo común en las cuidadas colecciones de las demás casas de la época en las que tanto las tipografías como las numeraciones de las series eran algo a lo que se daba gran importancia. Precisamente por ello, la ausencia de numeración en muchas de sus postales o la de un catálogo comercial supone la segunda gran peculiaridad de esta colección, resultando imposible conocer con exactitud de cuántas postales estaba compuesta la serie, lo que dejará siempre abierta la duda de si existen postales suyas por descubrir.
Probablemente debido a este aspecto descuidado e improvisado de su colección de postales, la figura de Pedro Esperón apenas haya sido estudiada y abordada en los trabajos sobre fotografía histórica, por lo que con esta entrada deseo abrir el camino que permita descubrir más datos de este personaje que editó postales de numerosos lugares de España.
Las imágenes que publicó sobre Toledo se centraban en monumentos representativos de nuestro patrimonio, así como en rincones pintorescos de la ciudad. Probablemente, la más valiosa de las imágenes toledanas de Pedro Esperón es esta vista de la portada del convento de Santo Domingo el Real que tiene como gran particularidad el poder apreciar nítidamente las esculturas de las hornacinas, que desaparecieron por desgracia durante la guerra civil en 1936:
Pórtico del Convento de Santo Domingo el Real (Toledo) antes de la Guerra Civil con imágenes aún en las hornacinas antes de desparecer de la fachada en 1936. Postal de Pedro Esperón. Es interesante la serie de imágenes correspondiente a la plaza de Santa Isabel:
Fuente en la plaza de Santa Isabel de Toledo junto al convento del mismo nombre  hacia 1930. Postal de Pedro Esperón. Colección de las hermanas Gómez-Menor. Catedral de Toledo vista desde la Plaza de Santa Isabel a inicios del siglo XX. Foto Esperón Estas son varias fotografías de la Catedral:
Puerta del Mollete o del Niño Perdido de la Catedral a comienzos del siglo XX. Postal y fotografía de Pedro Esperón. Capilla Mozárabe de la Catedral a comienzos del siglo XX. Postal y fotografía de Pedro Esperón. Trascoro de la Catedral de Toledo hacia 1930. Postal de Pedro Esperón. Colección de las hermanas Gómez-Menor. Puerta del Reloj de la Catedral de Toledo hacia 1930. Postal de Pedro Esperón. Colección de las hermanas Gómez-Menor. Detalle exterior de la Puerta de los Leones de la Catedral de Toledo hacia 1930. Postal de Pedro Esperón. Colección de las hermanas Gómez-Menor. Transparente de la Catedral. Postal de Pedro Esperón Puerta de la Presentación del claustro de la catedral de Toledo hacia 1930. Postal de Pedro Esperón. Colección de las hermanas Gómez-Menor. Órgano del Emperador de la Catedral de Toledo hacia 1930. Postal de Pedro Esperón. Colección de las hermanas Gómez-Menor. Interior de la Catedral de Toledo hacia 1930. Postal de Pedro Esperón. Colección de las hermanas Gómez-Menor. Altar mayor de la Catedral de Toledo hacia 1930. Postal de Pedro Esperón. Colección de las hermanas Gómez-Menor. Catedral de Toledo durante la procesión del Corpus en los años 50. Postal de Pedro Esperón Postal de P. Esperón, 1963. Procesión del Corpus La Posada de la Hermandad aparece en esta bella toma:
Posada de la Hermandad a comienzos del siglo XX. Postal y fotografía de Pedro Esperón. La Posada de la Sangre:
Posada de la Sangre en Toledo hacia 1930. Postal de Pedro Esperón. Colección de las hermanas Gómez-Menor. Posada de la Sangre a comienzos del siglo XX. Postal y fotografía de Pedro Esperón. El Hospital Tavera, con su portentoso patio:
Patio del Hospital Tavera. Postal de Pedro Esperón El patio y la escalera del Alcázar:
Patio del Alcázar. Postal de Pedro Esperón Escalera imperial del Alcázar a comienzos del siglo XX. Postal y fotografía de Pedro Esperón. Dos bonitas vistas de la Plaza de Zocodover, una de ellas tomada desde los soportales:
Plaza de Zocodover de Toledo hacia 1930. Postal de Pedro Esperón. Colección de las hermanas Gómez-Menor. Plaza de Zocodover. Postal de Pedro Esperón La Puerta del Sol:
Puerta del Sol. Postal de Pedro Esperón La Mezquita del Cristo de la Luz no podía faltar en la serie de postales de Pedro Esperón:
Mezquita del Cristo de la Luz en Toledo hacia 1930. Postal de Pedro Esperón. Colección de las hermanas Gómez-Menor. Mezquita del Cristo de la Luz en Toledo hacia 1930. Postal de Pedro Esperón. Colección de las hermanas Gómez-Menor. Las Sinagogas, tanto la del Tránsito como la de Santa María la Blanca:
Interior de la Sinagoga del Tránsito. Postal de Pedro Esperón Sinagoga de Santa María la Blanca en Toledo hacia 1930. Postal de Pedro Esperón. Colección de las hermanas Gómez-Menor. Sinagoga de Santa María la Blanca. Postal de Pedro Esperón Una preciosa vista de la cuesta de los Pascuales:
Cuesta de los Pascuales en Toledo hacia 1930. Postal de Pedro Esperón. Colección de las hermanas Gómez-Menor. El Hospital de Santa Cruz:
Fachada y portada del Hospital de Santa Cruz de Toledo hacia 1930. Postal de Pedro Esperón. Colección de las hermanas Gómez-Menor. Escalera del Hospital de Santa Cruz en Toledo hacia 1930. Postal de Pedro Esperón. Colección de las hermanas Gómez-Menor. Hospital de Santa Cruz, Patio. Postal de Pedro Esperón. Patio del Hospital de Santa Cruz en Toledo hacia 1930. Postal de Pedro Esperón. Colección de las hermanas Gómez-Menor. El Puente de Alcántara aparece en varias tomas:
Puente de Alcántara y Castillo de San Servando hacia 1929. Postal de Pedro Esperón. Alcázar y Puente de Alcántara en los años 20 o 30 del siglo XX. Fotografía de Pedro Esperón (postal). Colección personal de Eduardo Sánchez Butragueño, Puente de Alcántara a mediados del siglo XX. Postal de Pedro Esperón El edificio del Ayuntamiento:
Plaza del Ayuntamiento de Toledo ajardinada hacia 1930. Postal de Pedro Esperón. Colección de las hermanas Gómez-Menor. El Museo del Greco:
Museo del Greco en Toledo hacia 1930. Postal de Pedro Esperón. Colección de las hermanas Gómez-Menor. Jardines de la casa del Greco, su museo. Postal de Pedro Esperón. Archivo Municipal de Toledo. Una original vista del barrio del Arrabal visto desde la cuesta de la Granja:
Arrabal y Puerta de Bisagra vistos desde la subida de la Granja. Postal de Pedro Esperón Mirad qué bella toma del Convento de la Concepción Francisca:
Convento de la Concepción Francisca en Toledo hacia 1930. Postal de Pedro Esperón. Colección de las hermanas Gómez-Menor. El Puente de San Martín:
Puente de San Martín, postal de Pedro Esperón Cerca de allí, el baño de la Cava y el Cristo de la Vega al fondo:
Baño de la Cava a principios del siglo XX. Fotografía de Pedro Esperón El Monasterio de San Juan de los Reyes:
San Juan de los Reyes visto desde el Puente de san Martín. Postal de Pedro Esperón Claustro de San Juan de los Reyes. Postal de Pedro Esperón San Juan de los Reyes. Postal de Pedro Esperón Claustro del monasterio de San Juan de los Reyes en Toledo hacia 1930. Postal de Pedro Esperón. Colección de las hermanas Gómez-Menor. La puerta de Bisagra:
Puerta de Bisagra en los años 60. Postal de Pedro Esperón. Se ve un Seat 800. Vista nocturna de la Puerta de Bisagra a color a mediados del siglo XX. Postal de Pedro Esperón. La iglesia de San Ildefonso (vulgo San Juan de los Jesuitas):
Iglesia de San Ildefonso (vulgo San Juan) en Toledo hacia 1930. Postal de Pedro Esperón. Colección de las hermanas Gómez-Menor. La Puerta del Cambrón:
Puerta del Cambrón en Toledo hacia 1930. Postal de Pedro Esperón. Colección de las hermanas Gómez-Menor. Varias preciosas vistas panorámicas:
Barrio de las Covachuelas con el Hospital Tavera en Toledo hacia 1930. Postal de Pedro Esperón. Colección de las hermanas Gómez-Menor. Vista general de Toledo hacia 1930. Postal de Pedro Esperón. Colección de las hermanas Gómez-Menor. Como curiosidad final, decir que Pedro Esperón editó también una original serie de postales bordadas dedicada a varias ciudades españolas, entre las que no podía faltar Toledo:
Postal bordada de Toledo, de la colección de Pedro Esperón. Archivo Municipal de Toledo. Con el deseo de que os haya resultado interesante este acercamiento a uno de los editores más peculiares de postales en la historia de la fotografía española, me despido de vosotros hasta la próxima entrada.
© TOLEDO OLVIDADO
Maira Gall