sábado, 25 de enero de 2014

Santo Tomé en 1955 (o una joya recién descubierta)

Mi segundo libro de Toledo Olvidado comienza con una cita de Séneca que dice: "Jamás se descubriría nada si todos nos considerásemos satisfechos con las cosas descubiertas".
Es una cita que me encanta porque resume muy bien mi concepción de la tarea investigadora: nunca un estudio es el definitivo, nunca un libro es perfecto, nunca se termina de conocer una temática... y en lo que respecta a la fotografía histórica de Toledo, jamás se terminará de descubrir todas sus joyas.
La misma noche que el libro fue enviado a imprenta, el genial fotógrafo francés Jean Paul Margnac (1936) subió a su cuenta de Flickr una perla realmente impresionante tomada en la calle de Santo Tomé en 1955 cuando él solo contaba con 19 años. Jean Paul, que sigue en activo recorriendo el mundo con su cámara, está digitalizando su archivo y en él destacan las imágenes tomadas con la mítica película Kodachrome, que fue la primera película a color utilizada por el gran público y que desbancó a la primitiva técnica del autocromo. Los colores que esta película captaba son muy característicos y permitía tomar imágenes de gran belleza.
Aquella noche me alegré más que nunca de haber escogido esa cita de Séneca: mi segundo libro, aún sin imprimir, ya estaba incompleto por más que me había esforzado en hacer una obra lo más definitiva posible. Eso es lo más bello de esta apasionante afición: nunca terminas. Aunque pueda parecer desasosegante emprender tareas que nunca finalizan en realidad es una lección de vida: lo mejor de un viaje no es el destino, es el camino.
La foto de la que os hablo es sencillamente magistral, de una belleza casi indescriptible. Corría el verano de 1955 y la calle de Santo Tomé -tan especial y querida para mí y para mi familia- era una de las arterias con más vida de Toledo. Un vendedor de melones y sandías sestea en su puesto a la sombra de los frondosos arces negundos. Su romana utilizada para pesar la mercancía permanece inmóvil junto a un humilde puesto de helados en el que su dueña se seca el sudor de la frente con la mano. Un muchacho la mira. A su lado, tras la fuente, dos hombres conversan de espaldas al fotógrafo. Al fondo, tres personas completan la escena paseando frente a los comercios allí existentes por entonces: "La Pilarica" y Damasquinados Mari Paz. El color amarillo de los melones contrasta con el verde de los arces, mientras el brillo de los adoquines es el reflejo de una preciosa luz. Una estampa que parece un poster, un cuadro, casi irreal. Perfecta.
Calle de Santo Tomé en 1955. Fotografía de Jean Paul Margnac © Jean Paul Margnac

Solo un genio es capaz de tomar esa imagen con 19 años. Jean Paul lo es, y así lo ha demostrado toda su vida. Volvió a Toledo tres años después, y volvió a dormir en su tienda de campaña a la orilla del Tajo como ya hiciera en 1955. Nos dejó para el recuerdo la evolución del mismo lugar durante aquellos tres años, destacando el lento avance de la reconstrucción del Alcázar:
Vista de Toledo desde la playa de Safont en 1955. Fotografía de Jean Paul Margnac © Jean Paul Margnac
Toledo visto desde la Playa de Safont en abril de 1958. Fotografía de Jean Paul Margnac

Con mi infinito agradecimiento a Jean Paul Margnac por su generosidad al compartir estas fotografías, espero que estas joyas os hayan hecho disfrutar tanto como a mí.

sábado, 11 de enero de 2014

William Randolph Hearst: el Ciudadano Kane en Toledo en 1934

William Randolph Hearst fue durante décadas una de las personas más poderosas e influyentes del mundo. Afianzó su inmenso poder en la creación de un nuevo tipo de prensa sensacionalista o amarilla, caracterizada por titulares incendiarios, a menudo carentes de rigor, con el único objetivo de maximizar las ventas. Hearst llegó a tener en su imperio mediático hasta 28 periódicos de tirada nacional en Estados Unidos.
William Randolph Hearst en 1906 ©  The Library of Congress of The United States of America
Así por ejemplo fue clave en el desencadenamiento de la Guerra de Cuba en la que España perdió aquella isla en 1898, al acusar en sus periódicos sin prueba alguna a España del estallido de las bombas que hundieron el famoso acorazado Maine:
Portada del San Francisco Examiner acusando a España del hundimiento del Maine Portada del New York Journal acusando a España del hundimiento del Maine el 1898-02-17 Forjó un entramado empresarial y político sin precedentes y su figura alcanzó tal magnitud que inspiró a Orson Welles el personaje de Ciudadano Kane. Welles mantuvo hasta el final en secreto que se había inspirado en Hearst al concebir el personaje, consciente de que si el magnate conocía este extremo haría todo lo posible por evitar que la película saliera a la luz. Aún así, al enterarse, W.R. Hearst intentó evitar que la película fuera proyectada, pero ya era demasiado tarde, si bien sí consiguió que la taquilla del film fuese menor de la esperada. Hoy es considerada por muchos la mejor película de la historia:
Ciudadano Kane
William Randolph Hearst el 8 de octubre de 1910 ©  The Library of Congress of the United States

Pero William Randolph Hearst tuvo otra faceta menos conocida y probablemente más nociva para España que la mismísima perdida de Cuba: fue un excéntrico y compulsivo acaparador de obras de arte. De este modo durante años se dedicó a recopilar las piezas de nuestro patrimonio más valiosas que podía, para lo cual contó con la inestimable colaboración de Arthur Byne, su contacto en España, experto en sobornar, negociar, localizar tesoros y organizar los expolios a lo largo de toda nuestra geografía.
En una España decadente y empobrecida, con una muy escasa consideración por el patrimonio y buenas dosis de corrupción, Byne -por encargo de Hearst- fue capaz de superar trabas administrativas y legales bajo muy diferentes regímenes, desde la dictadura de Primo de Rivera hasta la II República. Para obtener su objetivo Byne no dudaba en sobornar a funcionarios, clérigos, políticos, nobles, anticuarios, marchantes y particulares para conseguir sacar de España miles de piezas de incalculable valor histórico que hoy se hallan dispersas por medio mundo en colecciones privadas y en museos extranjeros, o directamente desaparecidas. Byne era un gran conocedor del arte español, buen dibujante y fotógrafo, extremadamente profesional, meticuloso y sigiloso, bien relacionado y con una capacidad fuera de lo común para convencer a Hearst para pagar verdaderas fortunas por piezas que él había obtenido a precio de saldo.
Aunque pueda parecer increíble Byne fue capaz de exportar a tierras americanas edificios enteros como el Monasterio de Óvila o el claustro del Monasterio de Sacramenia así como buena parte de impresionantes monumentos como el Convento de San Francisco de Cuéllar (Segovia), el Castillo de Benavente (Zamora), la reja de la Catedral de Valladolid, la sillería del coro y un arco de jaspe de la catedral de la Seo de Urgel (Lérida), diversa ornamentación del Monasterio de Santa María de Moreruela (Zamora) y más de 80 artesonados hispano-musulmanes, varios de ellos de Toledo. Curiosamente, Arthur Byne era también famoso por ser muy ruidoso en las múltiples reuniones de amigos que celebraba en su casa de la calle Gravina en Madrid. Quiso el destino que su atormentado vecino fuese Juan Ramón Jiménez, quien solía aporrear la pared para pedirles silencio. En una de estas noches, al escritor le llamó la atención entre tanto escándalo una voz femenina. Se propuso averiguar quién era la dueña de esa voz y resultó ser Zenobia Camprubí, que finalmente acabaría siendo su esposa.
Esta casualidad debió ser una de las pocas cosas positivas que dejara la presencia de Byne en España. Impostor y dado al soborno -se hacía pasar por arquitecto sin serlo- consiguió poderosas amistades e incluso fue condecorado durante el gobierno de Primo de Rivera.
Arthur Byne Byne murió en un accidente de coche en Ciudad Real, en julio de 1935. Su obituario en ABC demuestra a las claras la reputación que increíblemente había logrado ganarse:
Necrológica de Arthur Byne. ABC, julio de 1935 Necrológica de Arthur Byne. ABC, julio de 1935 Los restos de Byne descansan en el cementerio inglés de Carabanchel.

Con todas estas adquisiciones Hearst construyó y decoró sus increíblemente suntuosas propiedades, especialmente en California, como el Castillo de San Simeón o Hearst Castle, convertido hoy en un museo excelentemente gestionado. Ha sido gracias a los gestores de este museo -en especial agradezco la amabilidad de Vickie Garagliano- como he conseguido obtener esta valiosa fotografía en la que podemos ver al mismísimo William Randolph Hearst en Toledo junto al propio Arthur Byne y otros acompañantes en 1934, probablemente en una de sus expediciones expoliadoras (la reproducción de esta fotografía está prohibida sin el permiso expreso y por escrito del Hearst Castle). Podemos ver en ella a la derecha a Hearst y en el centro con sombrero a Byne, un año antes de su fallecimiento en el citado accidente de automóvil:
William Raldolph Hearst junto con Arthur Byne en Toledo en 1934 © Hearst Castle/CA State Parks

Hoy en día el inmenso patrimonio acaparado por Hearst se encuentra bastante disperso entre los edificios que le pertenecieron y los principales museos de Estados Unidos. Un reciente e imprescindible libro de José Miguel Merino de Cáceres y María José Martínez Ruiz -La Destrucción del Patrimonio Artístico Español. W.R. Hearst: el Gran Acaparador, Ediciones Cátedra, 2012- arroja valiosos datos sobre las piezas expoliadas por Hearst. He hecho a partir de él una lista preliminar de elementos sustraídos de Toledo y que Hearst adquirió.
El grupo más numeroso de elementos es el de artesonados y techos mudéjares, destacando de entre todos el perteneciente al Convento de Madre de Dios. En la ficha rellenada por el propio Arthur Byne decía de él que era "el techo más importante en España". Aseveraba Byne a Hearst en una carta de 7 de julio de 1931 que "sacar del viejo convento esta enorme masa de madera, en los difíciles momentos actuales, requirió un sinfín de habilidad y paciencia, ya que fue preciso enmascarar cada carga de camión. El techo en su totalidad está ahora en Madrid, guardado en mi almacén, por lo cual no hay peligro de una intervención gubernamental". La compra la formalizó Hearst a Byne el 4 de octubre de 1931 por 22.000 dólares y el cargamento salió hacia San Francisco el 28 de enero de 1932. Es posible que fuese empleado en la denominada "New Wing" del castillo de San Simeón. Se trata de un techo del siglo XV compuesto por 20 vigas mayores y 19 vanos, organizando cuarteles en forma de escudos. Todo él está decorado y soportado por triples ménsulas tratadas en oro. Se encontraba en el refectorio del citado convento. Lo cierto es que los artesonados de este convento eran famosos y ya habían sido fotografiados en el siglo XIX (ojo, este no es el techo expoliado por Byne):
Artesonado mudéjar del Convento de Madre de Dios hacia 1880. Fotografía de Casiano Alguacil © Archivo Municipal del Ayuntamiento de Toledo, signatura CA-0439-VI

Otro techo adquirido por Hearst fue este: "Mudéjar, toledano, del siglo XVI, de vigas, ménsulas de madera, talladas en pino llevado desde Cuenca por el río ". Comprado a Byne en 1923. Formaba parte de una casa en la que también, en la misma habitación se expoliaron dos excelentes puertas mudéjares y dos postigos.
Grandes vigas talladas procedentes de un patio toledano.   Del libro Decorated Wooden Ceilings in Spain de Arthur Byne y Mildred Stapley El 12 de noviembre de 1923 tras la demolición salió hacia Santander y de allí a Nueva York. Hearst pagó 13.966 pesetas, de las que 450 eran de la demolición y 1.261 la comisión de Byne. En la nota conservada se menciona que procede de la Calle de Sevillanos de Toledo (tal vez se trate de la calle Cervantes, donde situaban el Mesón del Sevillano). Eran 6 vigas de 17 x 25 metros. En la actualidad cubre el dormitorio número 4 del Cloister y su vestíbulo, en la conocida como "Della Robbia Room" del Hearst Castle en San Simeón:
Della Robbia Room en el Hearst Castle con techo mudéjar expoliado en Toledo en 1923

Un tercero fue así descrito: "El techo es uno de los documentos arquitectónicos más históricos que nunca ha abandonado España. El edificio del cual procede es el Palacio de Pedro el Cruel en Toledo". Era una pareja de techos moriscos pintados, dibujo en estrella y pieza central octogonal. Fueron comprados a Raimundo Ruiz, uno de ellos, al menos, lo fue a través de P.W. French & Co. por la cantidad de 12.000 dólares el 20 de octubre de 1922.
Se mencionan bastantes techos toledanos más, como por ejemplo los del citado como Palacio de los Mendoza.
Pero no solo techos acaparó Hearst del legado toledano, sino que también adquirió valiosos tapices flamencos que habían ya salido en el siglo XIX de la Catedral de Toledo. Son los famosos cuatro tapices de la iconografía de los vicios y las virtudes, datados entre 1510 y 1515 en Bruselas: La tentación del hombre por los vicios y la defensa de las virtudes, El combate de vicios y virtudes o el Triunfo de Cristo, La Creación y Caída del Hombre y La Resurrección de Cristo. Procedían de la colección Weinberg de Fráncfort, de donde pasaron a la colección de Duveen que fue quien en 1921 los vendió a Hearst por 400.000 dólares. Hoy pueden admirarse en The Fine Arts Museum de San Francisco. Hearst los tuvo en su impresionante y lujoso apartamento de Clarendon House en Nueva York, situado en el 137 de Riverside Drive a orillas del Hudson, diseñado por Charles Birge y a donde se había mudado en 1908:
Tapices de la Catedral de Toledo en la galería de la Clarendon House, Riverside Drive, de Nueva York © The Library of Congress of The United States of America
En definitiva, estamos ante el principal coleccionista de arte español del siglo XX, que utilizó su inmenso poder y riqueza para acaparar miles de piezas de valor incalculable. Además de su codicia y ambición, jugó a su favor la necesaria colaboración de multitud de personas en España que, lejos de preocuparse por la protección y defensa de este legado, participaron en su proceso expoliador como intermediarios en busca de beneficio económico.
Hoy, si bien es aun muy elevado el riesgo que corre nuestro patrimonio y muy largo el camino por recorrer para la concienciación social de su valor, pienso sinceramente que un proceso como el desarrollado por Hearst aquellas décadas sería prácticamente imposible. Es nuestra obligación impedir que se repita y en la medida de lo posible investigar qué fue del paradero de aquellos bienes para dar a conocer su estado actual.

viernes, 20 de diciembre de 2013

Una presencia inesperada 130 años después

La generosidad de los 700 mecenas que habéis hecho posible la edición del libro Toledo Olvidado 2 ha vuelto a darme la posibilidad de obtener en altísima resolución cientos de preciosas e increíbles imágenes que han sido incluidas en el mismo. La contemplación pausada de ellas me ha deparado muchas horas de enorme disfrute, pues la definición de muchas de estas joyas es absolutamente impresionante, especialmente cuando se trata de escaneos de las placas de cristal originales.
Es el caso del fondo de la casa Léon&Lévy conservado por la agencia parisina Roger Viollet, cuya autoría ya adelanto en el libro que hay indicios de que pudiera atribuirse a Casiano Alguacil y no a fotógrafos franceses de la casa citada.
Lo que hoy voy a contaros ya lo adelanté el pasado viernes en la presentación del libro y estaba previsto mostrarlo en aquel acto, pero un extraño suceso informático impidió poder verlo aquella noche.
Todo comenzó este verano, cuando adquirí varias fotografías en alta resolución del citado archivo para incluirlas en el segundo volumen del libro de Toledo Olvidado. Hacía tiempo que estaba deseando poder ver esas fotos en alta resolución pues son escaneos de las placas originales tomadas hacia 1885 y su definición y nitidez es sencillamente asombrosa. Decidí pasar un buen rato mirando detenidamente una de las imágenes, tal vez la mejor de esa serie: la vista frontal de la fachada de la Iglesia de San Ildefonso (vulgo Los Jesuitas) obtenida desde la torre de la catedral. Una toma realmente magistral.
Iglesia de San Ildefonso vista desde la Catedral de Toledo hacia 1885. © Léon et Lévy / Cordon Press - Roger-Viollet

Pasé largos minutos observando cada detalle: un gato que pasea por un tejado, una ventana con macetas, ropa tendida, una puerta desvencijada, el intrincado caserío con sus tejas árabes, los detalles de las esculturas de la fachada de la iglesia, la torre mudéjar de San Pedro Mártir... estuve disfrutando como un niño muchos minutos hasta que, de pronto, un escalofrío me recorrió la espalda. No era posible lo que estaba viendo.
- Estás loco, Edu, me dije, mientras mi mente se esforzaba en no creer lo que los ojos le mostraban. En la parte inferior, en unas ventanas que se corresponden con el hoy desaparecido Convento de Jesús y María, una figura se asomaba a una ventana. Era necesario ampliar mucho la imagen para poder verlo.
Detalle de una foto de la casa Léon&Lévy hacia 1885 (c) Cordon Press

Un poco más cerca, la presencia aparecía más clara. Parecía evidente que una figura humana con hábitos de monja estaba presente en esa ventana:
Detalle de una foto de la casa Léon&Lévy hacia 1885 (c) Cordon Press

Decidí ampliar incluso más la fotografía, casi deseando que lo que creía haber visto se esfumara... pero lejos de hacerlo, cada vez era más patente:
Detalle de una foto de la casa Léon&Lévy hacia 1885 (c) Cordon Press

Era verano, sí, pero el sudor que recorría mi espalda no se debía en absoluto al calor:
Detalle de una foto de la casa Léon&Lévy hacia 1885 (c) Cordon Press

¿Eran imaginaciones mías? ¿No era evidente que esa imagen parece mostrar claramente un cadáver momificado de una monja mirando por la ventana? El hallazgo se lo enseñé sólo a un círculo muy reducido de personas.
Pasaron los meses y el libro había de maquetarse... ¿qué debía hacer entonces con esta foto?
Opté por ponerla sin ampliar, bellísima, pero sin el zoom suficiente como para apreciar esto sin ayuda de una lupa. Es la foto 47 del libro, página 56. Pero decidí hacer un guiño al hallazgo dejando entrever en el texto descriptivo que la foto esconde una inquietante sorpresa... pero no se desvela cual. Días antes de la presentación, Toté, uno de los editores, me dijo que esto podíamos enseñarlo en el acto. Preparó un sensacional powerpoint pero... por causas que nunca sabremos, el archivo quedó inutilizable al hacer unos pequeños cambios.
En estos días sois muchos los que me habéis preguntado por este detalle y, por eso, hoy lo publico con el deseo de que ahora sí podáis verlo. Pero hacedlo con cuidado... tal vez, ¿quién sabe?, alguien os mira desde la ventana de enfrente. Puede, incluso, que lleve 130 años haciéndolo.

domingo, 1 de diciembre de 2013

El Palacio de Munárriz

La que fuera casa original de Rodrigo Niño Lasso, señor de Añover y miembro de la Orden de Santiago, situada junto a la Iglesia de San Lorenzo es conocida desde el siglo XVIII como casa o palacio de Munárriz, en honor a D. Andrés de Munárriz, capiscol y obrero mayor de la Catedral Primada bajo cuyo mandato se fundió la célebre campana gorda.
El edificio original fue encargado por Rodrigo Niño hacia 1536. Enrique Egas trazó el patio y se contrató como escultor a Pedro de Egas y como canteros a los granadinos Juan de Aysera, Pedro Muñoz y Francisco de Medina. Sin embargo los incumplimientos del contrato llevaron a que fuese Alonso de Covarrubias quien se hiciera cargo en 1539 de las obras así como de la ejecución de los capiteles y columnas de mármol del patio.
El portentoso edificio tuvo diversos dueños e inquilinos desde entonces, destacando la presencia en él de José Francisco Aizquibel -o Aizkibel- Epelde, escritor y lexicógrafo vasco (Azcoitia, 1798- Toledo, 1865) que vivió en el Palacio de Munárriz durante años.
Palacio de Munárriz en 1857. Fotografía de Charles Clifford (detalle)

Existió hasta hace pocos años en este edificio una placa bilingüe escrita en castellano y en vascuence recordando este hecho, colocada el 25 de mayo de 1996 por la Real Sociedad Bascongada de Amigos de País, pero fue retirada por razones que desconozco.
José Francisco Aizkibel Epelde, Escritor y lexicógrafo (Azcoitia, 1798- Toledo, 1865) y que vivió en el Palacio de Munárriz durante años

La fotografía más antigua del Palacio de Munárriz es esta vista estereoscópica tomada por Pedroso y Leal hacia 1863:
Patio del Palacio de Munárriz, hoy en París, hacia 1863. Fotografía estereoscópica de Pedroso y Leal. Colección de Luis Alba.
Patio del Palacio de Munárriz, hoy en París, hacia 1863. Fotografía estereoscópica de Pedroso y Leal. Colección de Luis Alba.

Poco después del fallecimiento de Aizquibel Epelde da comienzo el progresivo deterioro y abandono del edificio, que desde entonces y hasta mediados del siglo XX sufrió un lamentable expolio que prácticamente acabó con él. De este modo fue tristemente desmantelado, siendo desmontado el patio de Covarrubias cuyas cuarenta columnas terminaron en París, fueron desmontados los artesonados para ser vendidos a subasteros y constructores y fueron retiradas las soberbias ocho rejas de Domingo de Céspedes que lo adornaban.
Noticia de la demolición del Palacio de Munárriz en el diario La España. 9 de noviembre de 1866.

Aunque es solo una hipótesis, es sospechoso que en la imagen más antigua, obtenida por Fernando González Pedroso se aprecie a personas en el patio en lo que podría ser el inicio del desmantelamiento, y además este fotógrafo tuviera como principal actividad la de subastero ofreciendo entre sus servicios incluso el de carros para el transporte de materiales.
Anuncio de Fernando González Pedroso ofreciendo sus servicios como subastero

En 1872 se podía apreciar desde el Valle la destrucción del interior del palacio. Se distingue la portada pero todo el interior se ve ya vacío:
Palacio de Munárriz demolido interiormente. Detalle de una foto de Laurent en 1872 A comienzos de siglo fue fotografiada en varias ocasiones la preciosa portada renacentista típicamente toledana de frontispicio de vuelta redonda:
Palacio de Munárriz hacia 1900. Fotografía de Rodríguez
Palacio de Munárriz a comienzos del siglo XX. Fotografía de Pedro Román Martínez. Centro de Estudios Juan de Mariana. Diputación de Toledo
Portada del Palacio de Munárriz (hoy en el Cigarral del Ángel) hacia 1915
Palacio de Munárriz. Del libro Petits Édifices, publicado en Paris en 1928 por los editores Vincent, Fréal et Cie.

Un detalle decorativo:
Detalles decorativos del Palacio de Munárriz. Foto de finales del XIX o comienzos del XX.
También fueron fotografiadas otras partes del exterior de la casa contigua, denominada "Casa del Jardín" y que fue propiedad de la misma familia:
Palacio de los Niño (linaje Añover y Arcos) en el callejón de San Lorenzo de Toledo a principios del siglo XX. Foto Rodríguez
Casa de la familia Arcos en la Calle San Lorenzo © Fondo Rodríguez. Archivo Histórico Provincial. JCCM. Signatura Album4-1267
Casa de la familia Arcos en la Calle San Lorenzo © Fondo Rodríguez. Archivo Histórico Provincial. JCCM. Signatura Album4-1494
Ventura Reyes Prósper en una casa de la Calle de San Lorenzo. © Fondo Rodríguez. Archivo Histórico Provincial. JCCM. Signatura CGD2-007-1

Me queda la duda (admito opiniones) de si esta vista está tomada desde el interior del ruinoso palacio. Si no lo es, desde luego está realmente cerca:
Catedral vista desde cerca de San Lorenzo a comienzos del siglo XX

A mediados del siglo XX el estado de ruina del edificio hizo que la portada hubiera de ser apuntalada, lo cual facilitó que se concediera permiso para su venta y traslado a la entrada del Cigarral del Santo Ángel Custodio, donde puede ser hoy admirada:
Portada del Palacio de Munárriz apuntalada antes de ser trasladada al Cigarral del Ángel a mediados del siglo XX
Portada del Palacio de Munárriz recién trasladada al Cigarral del Ángel a mediados del siglo XX

En la década de los 50 el afamado arquitecto Fernando Chueca Goitia se encarga de la rehabilitación y reconstrucción del edificio para usarlo como vivienda personal. En 1959 fueron tomadas las siguientes fotografías de las obras en las que destaca la ausencia de la portada, ya trasladada al Cigarral del Ángel:
Palacio de Munárriz durante su restauración el 6 marzo de 1959. Foto Rodríguez
Palacio de Munárriz durante su restauración el 6 marzo de 1959. Foto Rodríguez

La restauración no escatimó en materiales y si bien el edificio primitivo prácticamente desapareció, hoy puede decirse que el actual es uno de los edificios más bellos de esta zona de la ciudad, con una portada en piedra similar a la original y terminaciones de excelente calidad -son formidables las rejas- tanto en el exterior como en el interior del palacio. Se trata de una más de las diferentes actuaciones de recuperación de espacios históricos degradados que este arquitecto emprendió, entre las que destacan la Torre del Hierro, el Palacio de Galiana o el Colegio Sadel.
Palacio de Munárriz en Toledo hacia 1967 por Marc Flament
Buñuel en en el Palacio de Munárriz en Toledo (Foto Carlos Saura)
Vista de la Catedral desde el jardín del Palacio de Munárriz en 1966 © Paco Gómez/Fundació Foto Colectania

Palacio de Munárriz restaurado en los años 60 Palacio de Munárriz restaurado en los años 60 Palacio de Munárriz restaurado en los años 60 Palacio de Munárriz restaurado en los años 60 Palacio de Munárriz restaurado en los años 60 Palacio de Munárriz restaurado en los años 60 Palacio de Munárriz restaurado en los años 60 Palacio de Munárriz restaurado en los años 60 Palacio de Munárriz en la actualidad Palacio de Munárriz en la actualidad. Interior. Palacio de Munárriz en la actualidad Palacio de Munárriz en la actualidad Palacio de Munárriz en la actualidad Palacio de Munárriz en la actualidad Aquí vemos al arquitecto en el palacio:
Fernando Chueca Goitia en su palacio de Munárriz hacia 1990. Fotografía de Renate Takkenberg-Krohn Fernando Chueca Goitia en el Palacio de Munárriz hacia 1990. Colección de Eduardo Sánchez Butragueño. El Palacio de Munárriz en Google Maps:

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