sábado, 4 de junio de 2011

El Palacio de Buenavista

En la zona noroeste de la ciudad, muy cerca de la ribera del Tajo y junto a la carretera que se dirige a Ávila, se sitúa este histórico Palacio, también citado en numerosas ocasiones como Cigarral de Buenavista. Actualmente reconvertido en el lujoso Hotel Hilton Buenavista, el edificio primitivo se concibió en el siglo XVI. Su historia comienza con la cesión en 1599 de la finca donde se asienta -procedente del Cardenal Quiroga- por parte del Rey Felipe III al Cardenal Bernardo de Sandoval y Rojas, quien impulsó la construcción de una preciosa casa renacentista rodeada de impresionantes jardines. Aunque algunas fuentes mencionan que el edificio comenzó a edificarse en 1610 bajo las trazas de Juan Bautista Monegro, son más los autores que aseguran que el edificio fue diseñado nada más y nada menos que por El Greco. Así lo aseguró por primera vez en 1905 todo un especialista en el pintor cretense como Manuel Bartolomé de Cossío, que escribió en "La Lectura. Revista de Ciencias y Artes" lo siguiente:

"Si la verdad y la justicia nos obligan á arrebatar al Greco las obras que el público le adjudica, apresurémonos á restituirle, siquiera sea débil compensación de semejantes negaciones, otro edificio toledano, que nadie, hasta ahora, le ha atribuido. Se trata de los pocos restos, que todavía quedan, del antiguo palacio en el famoso Cigarral de Buenavista. Por del Greco los tengo: pues Baltasar Elisio de Medinilla, describiendo el palacio, dice en conceptuoso verso, y como alusión, sin duda, al origen natal del arquitecto, para que lo entendiese el que pudiera, que fue «Formado á traza y invención cretea». El palacio del Cigarral de Buenavista fue construido á la orilla derecha del Tajo y al final de la vega (hoy está al borde mismo de la carretera de Toledo á Avila), por el cardenal D. Bernardo de Sandoval y Rojas, á principios del siglo XVII. Muy rehecho y profanamente desfigurado más tarde, todavía quedan en él, sobre todo en su interior, vestigios de lo que debió ser la construcción del Greco. Del humanismo á lo Fray Luis de León y un tanto epicúreo, que en el palacio debió reinar, habla con elocuencia la leyenda que en el escudo del fastuoso prelado campea sobre la puerta: Iste terrarum mihi praeter omnes angulus ridet. Convertido el Cigarral, mientras vivió el Arzobispo, en una especie de florentino jardín mediceo, donde se reunían, por las tardes, los más ilustres ingenios toledanos y sus huéspedes de la corte, verosímil es que el Greco oyera leer á Medinilla, á Lope y á Góngora sus culteranas poesías, á la tupida sombra de los olmos, entonces jóvenes, hoy carcomidos y añosos, que todavía cobijan la fuente de clásicas formas, en la entrada principal del palacio."

En efecto, las crónicas hablan de este palacio como el lugar de reunión de personalidades de la talla de Tirso de Molina -que cita varias veces el palacio en su "Cigarrales de Toledo"-, Sebastián de Covarrubias, el padre Rivadeneyra, Miguel de Cervantes, Baltasar Gracián y los mencionados Lope de Vega, Góngora, Medinilla, El Greco y el propio Cardenal Sandoval y Rojas.
Se dice que en el vasto territorio que rodeaba el palacio podían verse ciervos e incluso gacelas que se habrían introducido en los dominios de la finca.
El mero hecho de imaginar una reunión al atardeder donde estuviesen en animada conversación Cervantes, El Greco y alguno de los citados pone la piel de gallina.
Pero con el tiempo, tras la muerte del Cardenal y en una España cada vez más decadente, el palacio vio como sus adehesados dominios fueron convirtiéndose en campos de cultivo especialmente en el siglo XVIII, como podemos leer en el Catastro de la Ensenada. En dicho catastro se especifica que el cigarral -que el Cardenal Sandoval había dejado en dotación para su capilla funeraria de Nuestra Señora del Sagrario- se convierte simplemente en un jardín sin especificar su extensión, conservándose únicamente el palacio, que es mencionado como casa de recreo así como una segunda vivienda. Ambas edificaciones son alquiladas a dos particulares diferentes: el palacio con sus casi 2000 m2 de planta y dos pisos, por la cantidad de 470 reales de vellón y la vivienda de unos 800 m2, con dos plantas por 320. En 1801 la zona del cigarral que lindaba con el río y denominada "Huerta de abajo" aparece arrendada por el Marqués de Villanueva de Duero por 400 reales al año, mientras que el olivar aparece arrendado a Andrés Salinas.
Palacio de Buenavista por Casiano Alguacil hacia 1880. Álbum fotográfico de la ciudad de Toledo realizado por la Comandancia de Ingenieros de Toledo-1-904 [MUE-42257]. En 1923, el edificio y las tierras de labor que le rodeaban fueron aquiridas por el Conde de Romanones, una de las personas más poderosas e influyentes del país. Fue una época de renovados bríos para el palacio, que fue restaurado bajo la dirección del arquitecto Conde de Yebes. En esta época fueron frecuentes las estancias en el palacio del rey Alfonso XIII y otras muchas personalidades.

Algo antes, en 1915, la fotógrafa norteamericana Anna M. Christian (Minneapolis, 1876) fotografió diversas estancias del Palacio de Buenavista así como a su entonces propietario D. Bonifacio Avellanal, que falleció en agosto de ese mismo año:
Palacio de Buenavista en 1915. Foto de Anna M. Christian. The Hispanic Society of America
El Conde de Romanones en el Palacio de Buenavista en 1915. Foto de Anna M. Christian. The Hispanic Society of America
Bueyes en el Palacio de Buenavista en 1915. Foto de Anna M. Christian. The Hispanic Society of America
Noria del Palacio de Buenavista en 1915. Foto de Anna M. Christian. The Hispanic Society of America
Palacio de Buenavista en 1915. Foto de Anna M. Christian. The Hispanic Society of America
Cocina Palacio de Buenavista en 1915. Foto de Anna M. Christian. The Hispanic Society of America
Bodega del Palacio de Buenavista en 1915. Foto de Anna M. Christian. The Hispanic Society of America
Antiguo molino del Palacio de Buenavista en 1915. Foto de Anna M. Christian. The Hispanic Society of America
Granero del Palacio de Buenavista en 1915. Foto de Anna M. Christian. The Hispanic Society of America


Aquí tenemos al conde de Romanones supervisando las tareas agrícolas en las inmediaciones del palacio:
El Conde de Romanones supervisando las tareas agrícolas en su finca del Cigarral de Buenavista en Toledo

Romanones posando en el palacio:
El Conde de Romanones en su Cigarral del Palacio de Buenavista. Colección de Gregorio Marañón. Toledo, 1925 (CA.). Don Álvaro Figueroa, Conde de Romanones, en el Cigarral de Buenavista, su residencia de Toledo. Foto de Rodríguez. Aquí le vemos supervisando las obras de la presa -situada frente al palacio- a la que se accedía por la denominada Barca de Romanones:
El Conde de Romanones en la Presa de Buenavista a comienzos del siglo XX. Fotografía de Santiago Relanzón Almazán. Ayuntamiento de Toledo
El Conde de Romanones en la Presa de Buenavista a comienzos del siglo XX. Fotografía de Santiago Relanzón Almazán. Ayuntamiento de Toledo

Estas son otras fotografías del Palacio de Buenavista tomadas a comienzos del siglo XX:
Cigarral de Buenavista a comienzos del siglo XX. Fotografía de J. Lacoste © MECD, Fototeca del IPCE, signatura VN-16749_P
Cigarral de Buenavista a comienzos del siglo XX © MECD, Fototeca del IPCE, signatura VN-11378_P
Carretera de Ávila desde el Cigarral de Buenavista a comienzos del siglo XX. Fotografía de J. Lacoste © MECD, Fototeca del IPCE, signatura VN-16752_P
Palacio de Buenavista a comienzos del siglo XX.
Ganado en Buenavista hacia 1900
Palacio de Buenavista a comienzos del siglo XX. Foto Rodríguez
Gran olmo autóctono del Cigarral de Buenavista fotografiado hacia 1924 Jardín del Palacio de Buenavista a comienzos del siglo XX. Foto Rodríguez
Palacio de Buenavista visto desde la orilla izquierda del Tajo. Foto Villasante
Molinos de Buenavista a comienzos del siglo XX. Al fondo, el Palacio de Buenavista. Fotografía Rodriguez
El Conde de Romanones junto al rey Alfonso XIII en el Palacio de Buenavista
Jardines del Palacio de Buenavista a comienzos del siglo XX
Palacio de Buenavista, fondo Rodríguez, AHP, JCCM signatura CGD2-110 Palacio de Buenavista, fondo Rodríguez, AHP, JCCM signatura CMD2-119 Palacio de Buenavista, fondo Rodríguez, AHP, JCCM signatura 01A-103 Palacio de Buenavista, fondo Rodríguez, AHP, JCCM signatura Album1-053 Palacio de Buenavista, fondo Rodríguez, AHP, JCCM signatura 01A-145 Palacio de Buenavista, fondo Rodríguez, AHP, JCCM signatura 01A-329 Fuente en el Palacio de Buenavista a comienzos del siglo XX Visita del Mariscal Petain a Toledo el 5 de febrero de 1926 en el Cigarral de Buenavista. Está la reina Victoria Eugenia, Romanones y Benlliure.  Fondo Rodríguez, AHP, JCCM, signatura CA-271
En 1939 se alojó en el palacio nada menos que el Conde Ciano en la visita oficial que realizó a la ciudad:
Cigarral de Buenavista durante la visita del Conde Ciano a Toledo en julio de 1939. Biblioteca Nacional de España Cigarral de Buenavista engalanado para la visita del Conde Ciano a Toledo en julio de 1939. Biblioteca Nacional de España Hasta los años 60 y 70 fue habitual la presencia en el palacio de los herederos del Conde de Romanones, José Finat -Marqués de Corvera- y Rafael Finat -Vizconde de Rías-, si bien poco a poco el edificio fue cayendo en un progresivo deterioro. En primer lugar, sus alrededores fueron poco a poco siendo urbanizados, creándose el hoy populoso barrio de Buenavista. En estas imágenes de los años 70 podemos ver -aunque cueste reconocer el lugar dada la enorme transformación- las primeras tareas de urbanización de la Ronda de Buenavista:
Construcción de la Ronda de Buenavista en los años 70. Fotografía de Ricardo Sánchez Candelas
Construcción de la Ronda de Buenavista en los años 70. Fotografía de Ricardo Sánchez Candelas

En cuanto al edificio del Palacio, fue poco a poco quedando aislado y abandonado. En 1998, acudió a él mi padre -Ricardo Sánchez Candelas- atraido por la cita de 1916 de Ventura Reyes Prósper en el artículo "Los viejos árboles de la vetusta Toledo" en el que se mencionaban las maravillas botánicas del palacio, citando cuatro olmos y numerosas moreras, datándolas en el siglo XVI. Sin duda una lista más reducida que la ofrecida por Elisio de Medinilla durante el esplendor del palacio, que citaba también encinas, enebros, cipreses, tejos, almendros, robles, palmeras y abetos. También el hispanista Maurice Barrés con anterioridad a Reyes Prósper había mencionado otras especies del cigarral como castaños, limoneros, naranjos y pinos.
Lo que encontró mi padre en 1998 fue un herbazal descuidado, pero en el que aún podían verse los cuatro olmos mencionados por Reyes Prósper -dos vivos y dos muertos-, así como otros sensacionales ejemplares de especies no mencionadas por los anteriores autores: tres formidables almeces, un espectacular ailanto, una enorme catalpa y una excepcional rareza botánica como es el Tetraclinis articulata o Ciprés de Caratagena. No había ya rastro del resto de especies enumeradas por Medinilla o Barrés.
Por desgracia, las obras del año 2006 se llevaron por delante todos los ejemplares que mi padre citó en 1998:
Jardín del Palacio de Buenavista en 1998. Fotografía de Bienvenido Vargas para el libro De Árboles en Toledo de Ricardo Sánchez Candelas
Almez del Palacio de Buenavista de Toledo poco antes de ser talado en las obras del Hotel Hilton. Fotografía de Enrique García Gómez en 2005 publicada en su libro Plantas singulares de la ciudad de Toledo

En cuanto al edificio, muy deteriorado, poco pudo salvarse salvo alguna fachada y paramento, así como ciertos elementos decorativos:
Construcción del Hotel Hilton en el Palacio de Buenavista en 2006. Foto Ayuntamiento de Toledo, plan de Ordenación Municipal
Construcción del Hotel Hilton en el Palacio de Buenavista en 2006. Foto Ayuntamiento de Toledo, plan de Ordenación Municipal

Por fortuna, y pese a la destrucción de los restos del jardín renacentista, el ajardinamiento que se ha hecho para adornar al Hotel Hilton es bastante acertado y su cuidado hasta la fecha es digno de mención. Esperemos que el tiempo haga que este nuevo jardín pueda igualar o al menos no desmerecer el recuerdo del ya legendario jardín al estilo italiano mandado plantar por el Cardenal Sandoval y Rojas.

El Palacio de Buenavista en Google Maps:

sábado, 21 de mayo de 2011

El Palacio de Galiana

El edificio que conocemos hoy en día como Palacio de Galiana se corresponde casi con total seguridad con la almunia del rey de la Taifa de Toledo al-Ma´mun (1043-1075), cuyos verdaderos palacios regios se asentaban en la zona donde hoy se sitúa el Convento de Santa Fe. Tras la conquista cristiana pasó a denominarse almunia real o Huerta del Rey -nombre que aún conserva-. El primitivo edificio islámico sufrió grandes y sucesivos destrozos por causas diversas, entre las que destacan -debido a su situación el la vega extramuros de la ciudad fortificada- las incursiones de ejércitos almohades y almorávides en los siglos XI y XII, o también de tropas cristianas que allí acamparon en 1212 para hacer frente a los almohades. Pero, según parece, el edificio original no fue completamente destruido de modo que el palacio mudéjar que ha llegado hasta nuestros días utiliza en gran medida la estructura de la edificación islámica, de tal forma que la obra mudéjar fechada en el siglo XIII -a la que siguió probablemente otra posterior en el XIV- consistió básicamente en la reparación de los lienzos más deteriorados y, sobre todo, en labores decorativas entre las que destacan yeserías, zócalos y arquillos de ventanas. Todo ello se deduce de la observación detallada de la planta del edificio, típicamente islámica, compuesta por salas de recepción conectadas con una espaciosa alberca y todo ello rodeado de jardines. Las fuentes documentales islámicas citan a Ibn Wafid y a Ibn Bassal como diseñadores de los jardines, y nos hablan del célebre "salón de la noria" o maylis al-na´ura, cuyo repetitivo sonido se asemejaría al de una camella que ha perdido a su cría. Esta gran noria se reflejaba en el agua de la alberca, la cual se conserva en nuestros días y que estuvo en uso hasta 1603 según Salazar de Mendoza que cita textualmente "unas casas viejas que tienen un estanque de agua por patio, a quien el vulgo ignorante llama los Palacios de Galiana". La propiedad del Palacio de Galiana pasó en 1385 al Convento de Jerónimos de la Sisla por donación del rey Juan I. Los monjes venden el edificio en 1394 a Beatriz de Silva -esposa de Alvar Pérez de Guzmán-, fecha en la que debió hacerse la segunda reforma mudéjar pues se conservan escudos de los Silva y de los Guzmán en la yeserías.
Pero lo que convierte a este lugar en un emplazamiento legendario y de bellísimas evocaciones es la leyenda que narra los amores de Carlomagno con Galiana, la hija del rey musulmán Galafre. La leyenda tiene su origen en el cantar de gesta francés denominado Mainet o Mainete. En él se narra, al contar la llegada de Mainet con sus franceses a Toledo -Mainet es el nombre que toma el joven Carlos para vivir de incógnito en Toledo, donde va desterrado- que el rey moro los hospedó “en su alcázar menor, que llaman agora los palacios de Galiana, que él había hecho muy ricos a maravilla, en que se toviese viciosa aquella su hija; e este alcázar o el otro mayor eran de manera hechos que la infanta iba encubiertamente de uno al otro cuando quería”. Se refería pues a los verdaderos palacios regios, hoy Convento de Santa Fe. La leyenda tuvo un arraigo extraordinario en Toledo, y como el gran Ramón Menéndez Pidal explicara en 1932 al analizarla en detalle, ello no es extraño dado el importante contingente de franceses llegado a Toledo con Alfonso VI en la Reconquista pues llegaron a ser el tercer grupo de población más numeroso en Toledo -“Castellanos, Mozárabes atque Francos" según rezan los fueros de la ciudad- ocupando un barrio entero denominado Arrabal de los Francos entre Zocodover y la Catedral, siendo muy probable que ese cantar de gesta fuese escrito en Toledo, como Pidal trató de demostrar.
Según Menéndez Pidal, el nombre de Galiana no corresponde a ninguna mujer en concreto sino que hace referencia a la Vía Galliana, es decir, el antiguo camino romano que unía Toledo con las Galias -Francia- arrancando en los mencionados palacios regios para salir de la ciudad por la Puerta de Perpiñán y el Puente de Alcántara, y que pasaba por Guadalajara y Zaragoza hasta cruzar los Pirineos en el Summo Portu (Somport) de Canfranc. De hecho, ya en el siglo XII los palacios regios de lo que hoy es Santa Fe eran conocidos por este nombre como prueba un documento de 1210 del rey Alfonso VIII que en el que se lee que “dize que es aquel que dizen aver sido Palacios de Galiana, dentro de los muros de Toledo”. Otros muchos documentos de los siglos XIII y posteriores vuelven a mencionar los palacios con esta denominación.
Pero es en el siglo XVI cuando, tal vez por las modificaciones en estos palacios convertidos en conventos y por el arraigo de la leyenda carolingia de Mainet, se menciona por vez primera a la almunia real o Huerta del Rey, también junto a la senda Galiana, como Palacios de Galiana. Así, Luis del Mármol, en 1573 escribe que Galafre, al celebrar las bodas de Galiana y Carlos, “porque los christianos no entrassen en Toledo, mandó hazer en la propia Güerta unos palacios que oy día llaman los palacios de Galiana". El recuerdo de los ingenios árabes presentes en esa almunia, donde algunos autores ubicaban las clepsidras de Azarquiel y las albercas que se llenaban o vaciaban en ciclos perfectos de 29 días según los meses lunares, o la cúpula o qubba por la que se deslizaba el agua creando maravillosos reflejos hicieron acrecentar su fama legendaria.
Durante los siglos XVI y XVII esa leyenda seguía muy presente en la vida cotidiana castellana hasta el punto de ser mencionada por Cervantes en la segunda parte del Quijote en su capítulo LV:

"¡Válame Dios todopoderoso! -decía entre sí-. Esta que para mí es desventura, mejor fuera para aventura de mi amo don Quijote. Él sí que tuviera estas profundidades y mazmorras por jardines floridos y por palacios de Galiana, y esperara salir de esta escuridad y estrecheza a algún florido prado"

Para terminar de demostrar que el Mainet fue escrito en Toledo, Menéndez Pidal hizo un soberbio descubrimiento toponímico. En el poema épico medieval se dice que el combate de Mainet con Bramante, en el que el francés se apodera de la legendaria espada Durendart, ocurre en Val Salmorial, junto a Toledo. Pidal indagó fuentes diversas y halló que en el siglo XVI Pedro de Alcocer al hablar de esta leyenda decía que “Carlos hizo armas con Bramante en el lugar que agora llaman Balsalmorial, dos leguas y media desta cibdad”, y que Pedro Salazar de Mendoza en el XVII contaba que “Lo del moro Bradamante y las armas que hizo en el Valsalmorial, entre Olías y Cavañas, ni lo digo ni lo creo.”. Pues bien, Pidal recorrió los alrededores de Toledo en 1932 y halló varios lugares de terrenos salados llamados salmoriales, de entre los que destacó como posible ubicación del pasaje del Mainet uno llamado Dehesa de Navarreta. Esa dehesa está situada en un hondo, en el término de Magán, y en la que hay salmoriales, a dos leguas y media de Toledo, conforme la distancia señalada por Pedro de Alcocer. Sin duda, una preciosa labor de investigación sobre el terreno ocho siglos después de haberse descrito en un cantar de gesta.
También en el Palacio de Galiana se localiza otra leyenda, la de la Mano Horadada, que cuenta cómo estando Alfonso VI alojado como huésped de Al-Ma´mun en esta almunia, escuchó una conversación del rey árabe con sus ministros sobre cuál era el flanco más débil de la ciudad. Alfonso se hizo el dormido y Al-Ma´mun quiso asegurarse de ello, por lo que en voz baja para no despertarle pero suficientemente alta para que lo oyera si se hacía el dormido pidió que le trajeran plomo fundido. Le acercaron el metal hirviendo y logró no inmutarse hasta que le derramaron el plomo, momento en el que gritó de dolor por el agujero que ello le provocó en la mano que tenía extendida. Al-Ma´mun quedó tranquilo pensando que no les había escuchado, pero según la leyenda, poco después Alfonso entró a la ciudad por ese flanco.
Sea como fuere, este edificio llegó a la era fotográfica en un estado lamentable, completamente arruinado y, desde luego, nada evocador de fantasías legendarias. La emperatriz Eugenia de Montijo, conocedora de la leyenda, quiso restaurar el edificio al ver en sí misma a una heredera del destino de Galiana, aunque la muerte le vino antes de poder emprender la obra.
Las primeras fotografías del palacio datan de comienzos del siglo XX. Sin duda fue todo un genio como Don Pedro Román Martínez quien tomó las mejores fotografías del Palacio de Galiana en ese penoso estado:
Palacio de Galiana a principios del siglo XX. Fotografía de Pedro Román Martínez. Diputación de Toledo
Palacio de Galiana a principios del siglo XX. Fotografía de Pedro Román Martínez. Diputación de Toledo
Palacio de Galiana a principios del siglo XX. Fotografía de Pedro Román Martínez. Diputación de Toledo
Palacio de Galiana a principios del siglo XX. Fotografía de Pedro Román Martínez. Diputación de Toledo
José Joaquín Román Martínez junto al Palacio de Galiana a principios del siglo XX. Fotografía de Pedro Román Martínez. Diputación de Toledo

Estas son otras fotografías del edificio a comienzos del siglo XX:
Palacio de Galiana a comienzos del siglo XX. Foto Rodríguez
Palacio de Galiana a comienzos del siglo XX. Foto Rodríguez
Palacio de Galiana a comienzos del siglo XX. Foto ABC
Palacio de Galiana a comienzos del siglo XX. Foto Grafos
Palacio de Galiana a comienzos del siglo XX. Colección Luis Alba. Ayuntamiento de Toledo
Palacio de Galiana a comienzos del siglo XX. Foto ABC
Palacio de Galiana a principios del siglo XX.
Palacio de Galiana a comienzos del siglo XX. Fotografía de Rodríguez publicada en La Voz en agosto de 1932
Palacio de Galiana hacia 1910. © Fondo Rodríguez. Archivo Histórico Provincial. JCCM. Signatura 01A-405
En los años 30 el arquitecto Fernando García Mercadal obtuvo estas fotos del palacio:
Palacio de Galiana hacia 1933. Fotografía de Fernando García Mercadal © Fundación Arquitectura COAM Palacio de Galiana hacia 1933. Fotografía de Fernando García Mercadal © Fundación Arquitectura COAM La situación del Palacio en la Vega del río ha supuesto que, hasta la construcción de las grandes presas, las inundaciones fuesen más o menos frecuentes. En esta imagen de febrero de 1947 podemos ver las ruinas del Palacio de Galiana, al fondo, como un islote en medio de un mar:
Estación de Ferrocarril y Palacio de Galiana anegados por una crecida del Tajo en febrero de 1947

Pero por fortuna en los años 60 los propietarios del Palacio, Alejandro Fernández de Araoz y Carmen Marañón deciden restaurar el edificio, encomendando la dirección de los trabajos al prestigioso arquitecto Fernando Chueca Goitia. En palabras del propio Chueca, en dicha restauración "nada se ha inventado, y sin embargo, eran tantos los problemas, tantas las incógnitas... Hemos querido, ante todo, restituir". Estas son fotos de las excavaciones previas:
Palacio de Galiana  © Fondo Rodríguez. Archivo Histórico Provincial. JCCM. Signatura CAJARCHP-063-04 Excavaciones en el Palacio de Galiana  © Fondo Rodríguez. Archivo Histórico Provincial. JCCM. Signatura CAJARCHP-063-05 La revista Blanco y Negro del diario ABC dedicó un reportaje a esta restauración cuando estuvo concluida en 1965:
Palacio de Galiana en 1965 tras ser restaurado bajo la dirección de Fernando Chueca Goitia. Foto ABC
Palacio de Galiana en 1965 tras ser restaurado bajo la dirección de Fernando Chueca Goitia. Foto ABC

Estas son otras fotos del Palacio de Galiana en los años 60:
Vista aérea del Palacio de Galiana  hacia 1963. Publicada por la Diputación Principal en la Revista Provincia (nº 44) Palacio de Galiana en 1966 © Paco Gómez/Fundació Foto Colectania Palacio de Galiana de Toledo hacia 1967 por Marc Flament. Se trata en definitiva de una auténtica joya para Toledo, tanto por el valor del edificio como por la carga de historia y leyenda que lleva aparejada, en un entorno precioso y con unos jardines actualmente muy cuidados. Esperemos que los desarrollos que se puedan originar en el futuro alrededor de este edificio respeten su historia, su paisaje y su leyenda.

El Palacio de Galiana en Google Maps:

Ver Toledo Olvidado en un mapa más grande

Para saber más:
- "Galiene la belle" y los Palacios de Galiana en Toledo. Artículo de Ramón Menéndez Pidal en 1932
- El último Palacio de Galiana, de Julio Contreras Mesa
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