sábado, 31 de marzo de 2012

El Martes

Para cualquier castellanohablante el martes no es más que un día de la semana, salvo si se trata de un toledano. En Toledo, El Martes es poco menos que una institución. Es un microuniverso con la excusa de un mercado, es un acontecimiento social, es una costumbre, es un maravilloso anacronismo que reta semanalmente a las grandes superficies, es la razón por la que el tráfico de la ciudad sigue ralentizándose cada siete días, es... simplemente El Martes.
Su origen se remonta nada menos que al año 1465, en concreto al día 21 de abril, cuando el Rey Enrique IV firma el Privilegio concedido para que se celebre en Toledo un mercado semanal, libre, franco y exento de impuestos, todos los martes. Este privilegio fue confirmado por los Reyes Católicos en la villa de Olmedo (Valladolid), diez años después, el 3 de marzo de 1475. El Archivo Municipal conserva los documentos que lo prueban:
Privilegio concedido por Enrique IV a la ciudad de Toledo para que se celebre en ella un mercado semanal, libre, franco y exento de impuestos, todos los martes. Confirmado por los Reyes Católicos en la villa de Olmedo. Archivo Municipal
Privilegio concedido por Enrique IV a la ciudad de Toledo para que se celebre en ella un mercado semanal, libre, franco y exento de impuestos, todos los martes. Confirmado por los Reyes Católicos en la villa de Olmedo. Archivo Municipal
Privilegio concedido por Enrique IV a la ciudad de Toledo para que se celebre en ella un mercado semanal, libre, franco y exento de impuestos, todos los martes. Confirmado por los Reyes Católicos en la villa de Olmedo. Archivo Municipal
Privilegio concedido por Enrique IV a la ciudad de Toledo para que se celebre en ella un mercado semanal, libre, franco y exento de impuestos, todos los martes. Confirmado por los Reyes Católicos en la villa de Olmedo. Archivo Municipal
Privilegio concedido por Enrique IV a la ciudad de Toledo para que se celebre en ella un mercado semanal, libre, franco y exento de impuestos, todos los martes. Confirmado por los Reyes Católicos en la villa de Olmedo. Archivo Municipal
Privilegio concedido por Enrique IV a la ciudad de Toledo para que se celebre en ella un mercado semanal, libre, franco y exento de impuestos, todos los martes. Confirmado por los Reyes Católicos en la villa de Olmedo. Archivo Municipal

Su emplazamiento original fue la Plaza de Zocodover y allí se celebró hasta aproximadamente 1950. Un siglo antes, en 1851 -justo antes de que la fotografía llegara a la ciudad- en los diarios y revistas de tirada nacional ya se tenía al Martes de Toledo como una peculiaridad local como demuestra este artículo publicado en el Semanario Pintoresco:
Relato sobre El Martes publicado el 4 de mayo de 1851 en el Semanario Pintoresco
Grabado de los arcos que había en Zocodover hasta 1865 y que ilustraba el Relato sobre El Martes publicado el 4 de mayo de 1851 en el Semanario Pintoresco

Sus primeras fotografías, sin embargo, no llegaron hasta comienzos del siglo XX destacando la maravillosa serie realizada por el genial Pedro Román Martínez que nos acerca a la realidad del Martes de entonces:
Mercado del Martes en Zocodover en 1904. Fotografía de Augusto T. Arcimis © Fototeca del IPCE, MECD. Signatura ARC-0738_P
Mercado del Martes en Zocodover a principios del siglo XX. Fotografía de D. Pedro Román Martínez. Diputación de Toledo, Centro de Estudios Juan de Mariana
Mercado del Martes en Zocodover a principios del siglo XX. Fotografía de D. Pedro Román Martínez. Diputación de Toledo, Centro de Estudios Juan de Mariana
Mercado del Martes en Zocodover a principios del siglo XX. Fotografía de D. Pedro Román Martínez. Diputación de Toledo, Centro de Estudios Juan de Mariana
Mercado del Martes en Zocodover a principios del siglo XX. Fotografía de D. Pedro Román Martínez. Diputación de Toledo, Centro de Estudios Juan de Mariana
Mercado del Martes en Zocodover a principios del siglo XX. Fotografía de D. Pedro Román Martínez. Diputación de Toledo, Centro de Estudios Juan de Mariana
Mercado del Martes en Zocodover a principios del siglo XX. Fotografía de D. Pedro Román Martínez. Diputación de Toledo, Centro de Estudios Juan de Mariana
Mercado del Martes en Zocodover a principios del siglo XX. Fotografía de D. Pedro Román Martínez. Diputación de Toledo, Centro de Estudios Juan de Mariana
Mercado del Martes en Zocodover a principios del siglo XX. Fotografía de D. Pedro Román Martínez. Diputación de Toledo, Centro de Estudios Juan de Mariana
Zocodover un día de mercado del Martes a principios del siglo XX. Foto de Pedro Román

Estas son otras estampas del Martes cuando se celebraba en Zocodover. Algunas de ellas son ya posteriores a la Guerra Civil (el Martes volvió a Zocodover en los años 40 una vez fue restaurada la plaza):
Zocodover un día de mercado del Martes a principios del siglo XX. Foto Rodríguez
Mercadillo del Martes en Zocodover. Fotografía publicada en octubre de 1927 en la Revista Toledo
Mercadillo del martes en Zocodover hacia 1925. Publicada en agosto de 1925 en la Revista Toledo
Zocodover en día de mercadillo del "martes"
Urinarios de Zocodover en un mercadillo del Martes

En 1961, con motivo de las obras de reforma de Zocodover, el Martes se trasladó a la Plaza Mayor:
Mercado del ¿Martes? en la Plaza Mayor hacia 1950. Foto Rodríguez
Mercado del ¿Martes? en la Plaza Mayor hacia 1950. Foto Rodríguez
Mercado del martes en Toledo a mediados del siglo XX
Mercado del ¿Martes? en la Plaza Mayor hacia 1950. Foto Rodríguez
Mercado del ¿Martes? en la Plaza Mayor hacia 1950. Foto Rodríguez

Sin embargo, en la Plaza Mayor había problemas de espacio pues allí se apiñaban los puestos del Martes con los vendedores que diariamente vendían sus productos alrededor del Mercado. Ello motivó que, por un breve periodo de tiempo, se trasladase el Martes a los jardines bajos del Alcázar, donde hoy se sitúa la piscina cubierta (de esta etapa no se conocen testimonios fotográficos, por ahora). Al finalizar las obras de Zocodover el Martes volvió allí, aunque muy pronto se trasladó al Paseo del Miradero, donde se celebró hasta que en la década de los 70 se reformó el paseo para construir las galerías comerciales subterráneas. De la etapa del Martes en el Miradero es John Fyfe quien consiguió las mejores imágenes, que dan muestra de una cierta evolución en las mercancías que se vendían:
John Fyfe. El "martes" en el Miradero en 1967.
Mercadillo de El Martes en el Paseo del Miradero en 1967. Fotografía de John Fyfe
Mercadillo de El Martes en el Paseo del Miradero en 1967. Fotografía de John Fyfe
Mercadillo de El Martes en el Paseo del Miradero en 1967. Fotografía de John Fyfe
Paseo del Miradero. Años 60. Foto John FyfeMercadillo del Martes en el Paseo del Miradero en Toledo hacia 1967. Fotografía de John Fyfe

El siguiente emplazamiento fue el que recordamos los nacidos en las décadas de los 70 y los 80: el Paseo del Carmen. Aún hoy este lugar es por muchos denominado como El Martes. Aunque parezca mentira, apenas he podido rescatar fotografías de esta etapa del mercado toledano por antonomasia (se agradecerán aportaciones):
Mercado del Martes en el Paseo del Carmen hacia 1995. Foto Diputación de Toledo

Y finalmente, hacia el año 1999, con motivo de las obras de reforma de la subida a Zocodover desde la Cuesta de las Armas, que duraron varios meses y que obligaron a cerrar al tráfico toda la zona centro, el Martes se mudó -inicialmente de forma provisional, y más tarde de modo definitivo- a su actual emplazamiento en el Paseo de Merchán o la Vega. Allí sigue la tradición iniciada en 1465 y que supone una de las peculiaridades locales más características de Toledo. Como curiosidad final os dejo unas ordenanzas municipales del siglo XIX que trataban de ordenar la colocación de los puestos del mercado:
Su texto es de difícil lectura, por lo que os lo adelanto:
Plan que de orden del Juzgado de esta Imperial Ciudad de Toledo ha de // observarse en todos los dias de mercado, pena al que lo quebrante de lo que // haya lugar y, a fin de que no se alegue ingnorancia, se notificará por // el Escribano a todas las personas que bienen a bender. // Los carros de naranjas para sólo este día se pondrán arrimados a los // portales de los Boteros en línea. // Todo el vidriado negro de Villaseca y Alcorcón, en la subida del Arco hasta // la puerta de la Aduana. // Todo el vidriado y demás clase blanco, desde la puerta de la Aduana // arriba .// Todos los que vendan vidrio, cristal, etcétera, se pondrán desde la subida // del Arco hasta frente la Aduana, dejando buena calle para el // paso a la Aduana y Posada // Todo lo que sea fruta, se pondrán desde la puerta del Juzgado // en dos calles hasta el Arco de la Sangre de Cristo. // Las mesas de tocino fresco, añejo y carne de todas clases se // pondrán en dos calles o formando línea desde que concluia la // línea de pan de taona hasta el Arco de la Aduana, dejando // atrás el Peso Real. // Los Cesteros se pondrán en una línea desde la puerta de // Chavarría hasta la columna del primer portal, dejando calle // para no incomodar ni a la entra[da] de la casa ni al portal. // Todos los gallineros, hueberas y gente con caza, se pondrán// desde el Arco de la Sangre de Cristo hasta la calle que ba // a Santa Fe, en una o dos líneas, formando calle para que // se pueda andar libremente. // Todos los que venden cevada, algarroba o alguna otra // semilla se pondrán en línea desde la Casa que fue Jabonería // hasta bajo los balcones de don Manuel Solana // Todos los tenderos o buoneros, se pondrán en línea desde la // puerta del Juzgado dentro del portal hasta el arco, y los Lenceros // el sitio que ocupan. // Todos los que bendan pescado seco o mojado, abadejo, arroz, // azúcar, lentejas o otra semilla, se pondrán en línea delante // de los que benden pan de taona, formando calle. // Todos los que bendan castañas por maior, patatas, ajos, cebollas // se pondrán en línea delante de las hueberas y ganilleneros. // (fol. 1 vuelto) Todos los que bendan peludos, esteras, lías, escobas o cosa // semejante en la Cuesta del Alcázar, desde la puerta de la Posada, // frente la Aduana arriba, en línea. // Todos los que bendan paja, en la plazuela del [h]ospital de // los niños. // Todos los que traigan carbón de benta se pondrán en la // calle del Carmen, Miradero, plazuela de San Vicente, plazuela // de San Juan Bautista o plazuela de Ayuntamiento, y estos para // siempre, pena de cuatro ducados de multa al inovediente. // Toda Caballería del que benga a bender en la calle del // Carmen, en la plazuela de las Monjas de Concepcion, bajo // la pena de dos ducados de multa al que contrabenga. // Todo el ganado de Cerda que benga de benta se pondrá // en la calle del Carmen vajo la pena de dos ducados de // multa, arrimados a las quadras de la fonda. // Toda Caballería que benga de benta, en donde se // acostumbra, puerta de la fonda, dejando paso. // Todo el que benda salvado, formando línea con los que // bendan cebada. // Y de este modo quedara en la parte posible libre // la plaza que es el punto que el Juzgado quiere, a fin // de que no se incomode a qualesquiera que baya a pasearse // y recrearse, etcétera. //
Plan de instalación de los puestos del mercado semanal según orden del Juzgado Municipal de Toledo en el siglo XIX. Archivo Municipal de Toledo
Plan de instalación de los puestos del mercado semanal según orden del Juzgado Municipal de Toledo en el siglo XIX. Archivo Municipal de Toledo

miércoles, 21 de marzo de 2012

La prueba de que el grafito de Gustavo Adolfo Bécquer en San Clemente es auténtico

En fechas recientes y por vías diferentes, de la mano de los siempre inquietos Manuel Palencia y Luis Rodríguez Bausá (o viceversa, tanto monta), ha recobrado vida el desde hace tiempo conocido grafito que Gustavo Adolfo Bécquer firmase en la soberbia portada del Convento de San Clemente hacia 1857.
Este hecho, del que se han oído versiones algo diferentes, desde la que dice que fue Valeriano —el hermano de Bécquer— quien aupó sobre sus hombros al genio sevillano para que alcanzara a escribir sobre la portada renacentista, hasta la que cuenta que utilizaron una escalera de las que usaban los serenos para encender los candiles de la ciudad, ha deambulado siempre entre la rumorología toledana sin ser nunca comprobado fehacientemente (a excepción del análisis grafológico realizado por Valle García que asevera que es auténtico). El grafito ha sido recientemente fotografiado por el genial David Utrilla para el proyecto Toledo Secreto en el que está inmerso junto a Juan Luis Alonso:
David Utrilla Hernández

Como véis, el grafito es legible, el análisis de Valle García es riguroso y el libro de Jesús Cobo Alejandra (y otros temas becquerianos) ha desvelado muchos de los misterios que rodeaban el hecho. Sin embargo faltaba la prueba, la evidencia definitiva de que nadie hubiera inventado la leyenda escribiendo el nombre a comienzos del siglo XX cuando se redescubre la figura de Bécquer. Y esa prueba sólo podía llegar de la mano de la fotografía histórica. Ese era mi reto, mi pequeño grano de arena que completara estas entusiastas y brillantes investigaciones.
Comencé a repasar las primeras fotografías de esta portada en el siglo XIX, y pronto hallé la más antigua, sin duda valiosísima. El Museo Victoria and Albert de Londres conserva una toma de Charles Clifford datada nada menos que en 1853, tan solo un año posterior a las fotografías más antiguas conocidas de la ciudad. Esta imagen fue revelada por el galés al revés (yo os la ofrezco ya invertida) y ha sido recientemente digitalizada por el museo inglés (recomiendo pinchar para admirar los detalles). Su datación, anterior a 1857 que es la fecha en la que los últimos estudios ya citados datan el grafito, podría aportar luz pues debería no aparecer en la imagen. Sin embargo, por milímetros, Clifford dejó fuera de la toma la zona donde se sitúa la firma del poeta:
Portada del Convento de San Clemente en 1853 fotografiada por Charles Clifford. Victoria and Albert Museum, London

Había que seguir indagando entre las fotografías de los pioneros que retrataron la ciudad. La búsqueda en imágenes estereoscópicas resultó infructuosa. También fracasó la búsqueda de alguna fotografía de la portada tomada por Jean Laurent. Había que abordar el archivo del gran fotógrafo toledano del XIX: Casiano Alguacil. Este fotógrafo hizo al menos tres fotografías de la portada. El archivo municipal de Toledo me facilitó una copia en alta resolución de la que ofrecía mayores posibilidades de éxito dada su perspectiva. Sin embargo, de nuevo la mala suerte impedía salir de dudas: la zona del grafito estaba desenfocada.
Portada del Convento de San Clemente hacia 1880. Fotografía de Casiano Alguacil. Ayuntamiento de Toledo

Las posibilidades se agotaban. Hasta que una noche, entre sueños, me vino a la cabeza una fotografía inexplorada. La colección de la casa Léon & Lévy tomada en Toledo hacia 1885 incluía una vista de esta portada con la particularidad añadida de estar hecha a media altura. Con esas siglas —Léon & Lévy— fueron conocidos en París los fotógrafos Moisé Léon y Jules Georges Lévy, establecidos en la década de 1860 en la capital de Francia. A partir de 1873 fueron los hijos de Lévy —Lucien, Jules y Ernest— quienes se hicieron cargo de la empresa, que pasó a llamarse Lévy & Cie, aunque mantuvieron la marca comercial L. L. Por la datación de las imágenes de Toledo, debió ser alguno de los hijos de Lévy —probablemente Lucien— quien tomase la instantánea. Había que conseguir a toda costa una copia en alta resolución de la placa. El fondo es propiedad en la actualidad de la casa Roger Viollet, con quien me puse en contacto. Finalmente, 35,40 € después, pude con enorme alegría comprobar que, efectivamente, la leyenda era cierta: ya hacia 1885 podía verse el grafito de Bécquer escrito en la portada:
Portada del Convento de San Clemente hacia 1875-80. © Léon et Lévy / Roger-Viollet
Portada del Convento de San Clemente hacia 1875-80. © Léon et Lévy / Roger-Viollet (detalle)
Grafito de Gustavo Adolfo Bécquer fotografiado hacia 1875-80. © Léon et Lévy / Roger-Viollet (detalle)
Grafito de Gustavo Adolfo Bécquer en la Portada del Convento de San Clemente en 2012. Fotografía de David Utrilla para Toledo Secreto
Dado que el sevillano murió en 1870 sin ser demasiado valorado por la sociedad del momento («Si es posible, publicad mis versos. Tengo el presentimiento de que muerto seré más y mejor conocido que vivo»), y puesto que el hecho del grafito no fue conocido hasta que su amigo José Casado del Alisal lo narrase en julio de 1886 en el Balneario de Uberuaga de Ubilla muy poco antes de morir, es impensable que nadie hubiese podido falsificar el grafito antes de la fecha de la imagen.
José Casado del Alisal. Fotografía de E. Juliá. Archivo de Rafael Montesinos.

La figura de Bécquer fue en gran medida redescubierta a comienzos del siglo XX. En esa época fue cuando saltó a la luz pública la existencia del grafito de Toledo. Sucedió el 25 de febrero de 1915 en las páginas de El Eco Toledano de la mano de Juan Moraleda y Esteban, presente en aquel balneario de Uberuaga 29 años antes. Moraleda no quiso citar el lugar exacto por preservar el grafito:
Noticia del grafito de Bécquer en Toledo por Juan Moraleda publicada en el Eco Toledano el 25 de febrero de 1915 2
Juan Moraleda y Esteban

Sin embargo, al día siguiente, un anónimo en el Diario Toledano desvelaba el secreto para indignación y disgusto de Moraleda:
Noticia del grafito de Bécquer en Toledo publicada en el Diario Toledano el 26 de febrero de 1915

Desde entonces, el grafito fue conocido por las minorías culturales de Toledo (nunca hasta ahora por el gran público), siempre envuelto en ese halo de misterio de las cosas no del todo confirmadas. Hoy 21 de marzo de 2012, en el día internacional de la poesía, creo que es una buena ocasión para decir bien alto que, en Toledo, las leyendas a veces son totalmente reales.

Se trata sin duda de un lugar lleno de encanto que nunca ha pasado desapercibido a los intelectuales, quien sabe si atraídos por esta historia. Buñuel hizo que Catherine Deneuve paseara delante de esta portada en su Tristana:
Calle de San Clemente, Toledo, en 1969 (Captura de "Tristana" de Buñuel)
Calle de San Clemente, Toledo, en 1969 (Captura de "Tristana" de Buñuel)


Esperando haber contribuido a reivindicar la fotografía histórica como una utilísima herramienta para desentrañar el pasado, os dejo con el vídeo donde Manuel Palencia explica la historia del grafito:

sábado, 10 de marzo de 2012

Toledo en un día del Corpus en los años 20 fotografiado por José Villar Martelo

La búsqueda de antiguas fotografías de Toledo sigue deparando sorpresas maravillosas. La última de ellas nos viene desde La Coruña. Allí, un bisnieto enamorado de la obra de su insigne bisabuelo está recuperando y divulgando su excelente legado. Una ardua tarea de digitalización y catalogación que está siendo volcada a su espléndida web Taxiphote. Enterado de la existencia de esta estupenda página, me puse en contacto con Juan Villar Ferrer, el admirable bisnieto de D. José Villar Martelo, por si en su colección hubiera fotografías tomadas en Toledo. Y así fue como hemos conseguido localizar 27 preciosas fotografías estereoscópicas tomadas en un día del Corpus entre 1914 y 1920. Antes de ver las fotografías es preciso conocer la biografía de José Villar Martelo, toda una institución en La Coruña, de la mano de su propio bisnieto que redactó esta biografía suya a la que no me atrevo a tocar ni una coma:

"José Villar Martelo (La Coruña, 1873-1951) se licenció en Farmacia por la Universidad de Santiago de Compostela con la calificación de Sobresaliente, pocos meses después del fallecimiento de su padre. Inmediatamente se hace cargo del negocio familiar, la Farmacia Villar, fundada el año 1827 y situada en el número 82 de la Calle Real coruñesa, que siempre ha pasado de padres a hijos desde su fundación.
A finales del año 1900 realiza un viaje a la Exposición Universal de París, donde se exponen los últimos avances de la fotografía. Allí conoce a Jules Richard, un inventor francés que había perfeccionado la técnica de la estereoscopía (fotografía en 3D), con su cámara Verascope y el visor en madera Taxiphote.
De vuelta de su primer viaje a París, con todo el material adquirido y con facilidades para la obtención de los productos químicos mediante el negocio de la farmacia, su afición por la fotografía se convierte en su gran pasión. Adapta una buhardilla en laboratorio fotográfico, donde pasa largas horas revelando las fotografías mediante la luz de un candil, dado que en los primeros años del siglo XX aún no había llegado la electricidad.
Poco tiempo después crea Fotografía Villar (hoy desaparecida), la primera tienda de la ciudad y una de las primeras de España, de venta y revelado de material fotográfico.
Siempre con su cámara Verascope a cuestas se convierte en un cronista excepcional de su tiempo. Cada vez que tenía que trasladarse a una aldea gallega a llevar medicamentos, algunas veces en Ferrocarril y otros a lomos de un caballo o una mula, tomaba imágenes de la Galicia rural de aquel entonces. Cada vez que se desplazaba por España (Madrid, Toledo, Burgos, Barcelona, Valencia…) o en cada uno de sus incontables viajes al extranjero a Suiza, París, Nueva York… en tiempos en que viajar era una odisea, sacaba fotografías de aquellos lugares y sus gentes.
Además de su faceta de fotógrafo y boticario era un hombre despierto y al que en muchas ocasiones se le pedía consejo. Según historias familiares fue la primera persona en instalar un váter en la ciudad, que aún se conserva y que se hizo traer desde Bilbao, con la inscripción de “El Invencible”, y también fue el primero en instalar un circuito de agua corriente en el inmueble de la Farmacia a partir de un pozo del patio.
Los últimos años de su vida, todas las mañanas cogía el tranvía para ir a ver a sus nietos, por los que tenía una gran devoción, y en la parada regalaba gominolas de menta (un artículo de lujo en esos tiempos) a los niños que esperaban junto a él.
El 17 de enero de 1951 fallecieron con unos minutos de diferencia tanto él como su mujer, Matilde Cabo, lo que causó gran consternación en toda la ciudad.
Sólo se recuerdan tres ocasiones en que toda la ciudad se echó a la calle en señal de duelo: la del poeta Curros Enríquez en 1908, la del alcalde Alfonso Molina en 1957, y la del boticario, viajero e incansable fotógrafo José Villar Martelo, al que coloquialmente se conocía como Don Pepe, en 1951.
Su colección de más de dos mil fotografías estereoscópicas permaneció dormida en dos baúles del desván, y el visor estereoscópico se guardó en un armario zapatero, considerado un trasto viejo e inservible… durante cuarenta años. Uno de sus bisnietos ha rescatado del olvido sus fotografías, y mediante un arduo proceso de limpieza, digitalización y catalogación hoy podemos disfrutar del legado de un boticario coruñés pionero de la fotografía.
Seguro que en algún lugar, tras unas gafas de montura circular y con una cuidada barba blanca, hay alguien que sonríe y se siente orgulloso… y quién sabe, incluso es posible que aún tenga en el bolsillo algunas gominolas de sabor a menta."

Año 1925, retrato de José Villar Martelo

Y ahora, disfrutemos juntos de estas fotografías. Comenzaré por unas que me hacen especial ilusión pues están tomadas en el mismo lugar en el que llevo toda mi vida viendo la procesión del Corpus con mi familia: la Calle Alfonso X junto a la Delegación de Hacienda:
Procesion del Corpus a su paso por la calle Alfonso X junto a la Delegación de Hacienda en los años 20. Fotografía de José Villar Martelo
Procesion del Corpus a su paso por la calle Alfonso X junto a la Delegación de Hacienda en los años 20. Fotografía de José Villar Martelo
Procesion del Corpus a su paso por la calle Alfonso X junto a la Delegación de Hacienda en los años 20. Fotografía de José Villar Martelo
Procesion del Corpus a su paso por la calle Alfonso X junto a la Delegación de Hacienda en los años 20. Fotografía de José Villar Martelo

Son preciosas las fotografías en las que podemos ver el ambiente típico del día del Corpus. Casi se puede oler el tomillo en esta vista de la engalanada calle de Martín Gamero:
Calle de Martín Gamero engalanada para la procesión del Corpus en los años 20. Fotografía de José Villar Martelo

Aquí vemos la Calle Sillería con Zocodover al fondo:
Zocodover visto desde la calle Sillería en un día del Corpus en los años 20. Fotografía de José Villar Martelo

Tal vez la más curiosa de todas las fotografías sea esta en la que podemos ver los primitivos urinarios de Zocodover en los que resulta llamativo ver publicidad de academias de estudios. Esta foto además ayuda a datar la colección antes de 1926 en que se construyeron los urinarios subterráneos de los que ya os hablé en otra entrada:
Urinario con publicidad en Plaza de Zocodover en un día de Corpus en los años 20. Fotografía de José Villar Martelo

Otra preciosa instantánea es esta en la que podemos ver la Cuesta de Carlos V desde Zocodover:
Alcázar y Cuesta de Carlos V vista desde Zocodover en los años 20. Fotografía de José Villar Martelo

La Puerta del Reloj fue inmortalizada por el coruñés en dos tomas, una de ellas desde lo alto de la calle de la Chapinería o de la Feria:
Puerta del Reloj vista desde la Calle de la Feria o Chapinería en los años 20. Fotografía de José Villar Martelo
Catedral (Puerta del Reloj) en los años 20. Fotografía de José Villar Martelo

Esta es una vista de la Torre de la Catedral:
Torre de la Catedral de Toledo en los años 20. Fotografía de José Villar Martelo

Villar Martelo y sus acompañantes visitaron algunos de los monumentos más destacados de Toledo. En estas fotos podemos ver el Monasterio de San Juan de los Reyes:
Monasterio de San Juan de los Reyes en los años 20. Fotografía de José Villar Martelo
Claustro de San Juan de los Reyes en los años 20. Fotografía de José Villar Martelo
Monasterio de San Juan de los Reyes en los años 20. Fotografía de José Villar Martelo
Claustro del Monasterio de San Juan de los Reyes en los años 20. Fotografía de José Villar Martelo
Acceso claustro del Monasterio de San Juan de los Reyes en los años 20. Fotografía de José Villar Martelo
Monasterio de San Juan de los Reyes en los años 20. Fotografía de José Villar Martelo

Me encanta esta fotografía de la calle Reyes Católicos junto a Santa María la Blanca:
San Juan de los Reyes visto desde las inmediaciones de la Sinagoga de Santa María la Blanca (calle Reyes Católicos) en los años 20. Fotografía de José Villar Martelo

La Sinagoga fue fotografiada en su interior por Villar:
Sinagoga de Santa María la Blanca en los años 20. Fotografía de José Villar Martelo

También visitaron el Alcázar:
Patio del Alcázar de Toledo en los años 20. Fotografía de José Villar Martelo
Alcázar, fachada este, en los años 20. Fotografía de José Villar Martelo
Alcázar, fachada este, en los años 20. Fotografía de José Villar Martelo

Aquí tenemos la Puerta del Sol:
Puerta del Sol en los años 20. Fotografía de José Villar Martelo

Esta es una vista de la Puerta de Bisagra:
Puerta de Bisagra en los años 20. Fotografía de José Villar Martelo

Villar fotografió la preciosa vista que hay desde el Paseo de Recaredo de la Basílica del Cristo de la Vega:
Vista de la Basílica de Santa Leocadia y del cristo de la Vega en los años 20. Fotografía de José Villar Martelo

Cerca de allí, pero mirando en dirección opuesta, fotografiaron la Puerta del Cambrón:
Puerta del Cambrón en los años 20. Fotografía de José Villar Martelo

También visitaron la Iglesia de Santo Tomé para admirar El Entierro del Señor de Orgaz del Greco:
Entierro del Señor de Orgaz en los años 20. Fotografía de José Villar Martelo


Agradeciendo de nuevo a Juan Villar la cesión de estas fotografías, aprovecho para comentaros que en su web vende unos excelentes packs con las fotografías estereoscópicas de su bisabuelo tomadas por todo el mundo acompañadas de unas gafas para su visión tridimensional.
© TOLEDO OLVIDADO
Maira Gall