sábado, 24 de marzo de 2018

La fabricación artesanal del mazapán en Toledo en el fondo fotográfico de Cristóbal Portillo

Hoy tengo el placer de ofreceros unas imágenes muy interesantes tomadas por el estudio de uno de los mejores fotorreporteros de la historia de España. Me refiero a Cristóbal Portillo Robles, nacido en Cehegín (Murcía) en 1897 y fallecido en Madrid en 1957.
El joven Cristóbal estudió en Granada, descubriendo desde bien temprana edad su pasión y vocación profesional por la fotografía. De este modo, en 1915, cuando contaba con tan sólo 18 años, emigró a París para estudiar a fondo la profesión de fotógrafo.Su estancia en la capital francesa no estuvo exenta de ciertas experiencias traumáticas, como fueron los bombardeos sobre la ciudad que se sucedieron durante la Primera Guerra Mundial, y de los que Portillo tuvo que ser testigo con su corta edad.
Finalizada su formación fotográfica en Francia tras dos años de aprendizaje, regresa a España convertido en un gran retratista, labor que tuvo la oportunidad de desarrollar y perfeccionar con motivo de su servicio militar en la localidad norteafricana de Larache. Allí ejerce como retratista de los mandos y oficiales del ejército español.
El Estado convocó en 1920 unas oposiciones para la plaza de fotógrafo de la aviación, obteniendo Cristóbal la misma y siendo destinado por ello a la Escuela de Pilotos de Getafe.
En esta intensa etapa profesional viajó a Francia, Inglaterra, Alemania e Italia, donde obtuvo un gran número de fotografías de multitud de lugares.
El fotógrafo Cristóbal Portillo. Archivo Regional de la Comunidad de Madrid, fondo fotográfico.
En 1931, ya en Madrid, abrió su propio estudio fotográfico en la galería de un último piso en la la calle Concepción Jerónima nº 3, mudándose poco después a la Plaza del Ángel nº 16/17. Consigue gracias a su profesionalidad que este estudio sea uno de los más reconocidos y florecientes de Madrid. No en vano, en él llegaron a trabajar hasta 18 personas.
La obra fotográfica de Cristóbal Portillo tiene dos grandes facetas. Por un lado,la más comercial y necesaria para su sustento diario, es la de fotógrafo independiente, en la que atendía los encargos de empresas y particulares. En paralelo desarrolló también su labor como redactor gráfico en prestigiosos periódicos y revistas de época como Hoja del Lunes, ABC, Mundo Hispánico, Luna y Sol.
En el terreno estríctamente personal, Cristóbal Portillo contrajo matrimonio con Purificación Espadas Padial. De esta relación nacieron sus cinco hijas.
Tras una vida dedicada a la fotografía, Cristóbal Portillo nos dejó el 9 de febrero de 1957, tras una enfermedad que no consiguió separarle de su actividad profesional más que en sus últimos momentos.
A su muerte, sus familiares toman las riendas del estudio fotográfico.Así, su hermano Lorenzo Portillo (1895-1964), sigue fotografiando firmando sus trabajos con el pseudónimo “Reflejos” y las propias hijas de Cristóbal continúan al frente de la labor profesional del prestigioso Estudio hasta 1997.
Su obra está en nuestros días siendo divulgada principalmente por el Archivo Regional de la Comunidad de Madrid, desde que en 2002 adquirió la friolera de 941.299 imágenes fotográficas en diferentes soportes y formatos que constituyen su obra. Esta ingente cantidad de material se encuentra custodiada y descrita en un total de 65.676 registros a los que hay que añadir un fondo documental compuesto por 104 carpetillas.
El contenido abarca desde eventos y actos políticos, culturales o institucionales, hasta una gran cantidad de material aeronáutico, pasando por amplios reportajes sobre urbanismo, especialmente centrado en la ciudad de Madrid.
Entre el material de Portillo se encuentra un precioso reportaje realizado en Toledo probablemente para ilustrar una publicación relacionada con la fabricación artesanal del mazapán de Toledo. De este modo, un miembro del estudio de Portillo viajó a Toledo visitando varios obradores. Las imágenes, tomadas en los años 60 (por ello el autor es algún miembro del estudio de Cristóbal Portillo tras la muerte de éste), dan fe de la elaboración del dulce toledano por antonomasia cuando se producía aún de forma totalmente artesanal usando hornos de leña o carbón Así, fotografió la fábrica de Mazapán de José Barroso, situada en uno de los inmuebles más bellos de la ciudad: la Casa de la Moneda de la calle Núñez de Arce.
Aquí vemos el acceso al inmueble. Se observa al inicio del patio la portentosa reja de forja obra de Julio Pascual:
Casa de la Moneda en los años 50 cuando acogía la fábrica de Mazapán de José Barroso. Fotografía de Cristóbal Portillo © Archivo Regional de la Comunidad de Madrid, fondo fotográfico
Casa de la Moneda en los años 50 cuando acogía la fábrica de Mazapán de José Barroso. Fotografía de Cristóbal Portillo © Archivo Regional de la Comunidad de Madrid, fondo fotográfico

Ya en otro obrador, en este caso en el del histórico de "Santo Tomé" (gracias a Juan Ignacio de Mesa por la identificación del lugar y de las personas) fueron tomadas excelentes fotografías de las labores habituales en el proceso de fabricación del mazapán. En esta foto aparece el señor Polo (que también era el encargado de la barca que pasaba el Tajo el día Del Valle) con la almendra preparada para ser molida:
Fabricación artesanal de mazapán en Toledo en los años 50 en la fábrica de José Barroso. Fotografía de Cristóbal Portillo © Archivo Regional de la Comunidad de Madrid, fondo fotográfico

Aquí aparecen muchas mujeres empleadas del obrador de Santo Tomé cortando la masa de las figuritas:
Fabricación artesanal de mazapán en Toledo en los años 50 en la fábrica de José Barroso. Fotografía de Cristóbal Portillo © Archivo Regional de la Comunidad de Madrid, fondo fotográfico

Esta es la fase en la que se usa una brocha (con el Sr. Leoncio en primer término) para untar una capa de huevo que confiere el típico aspecto dorado al mazapán tras la cocción:
Fabricación artesanal de mazapán en Toledo en los años 50 en la fábrica de José Barroso. Fotografía de Cristóbal Portillo © Archivo Regional de la Comunidad de Madrid, fondo fotográfico

Aquí observamos cómo la masa es introducida en el horno. El maestro hornero que figura en el centro de la imagen era Andrés Mejía García Patos, aunque todo el mundo le conocía por el nombre de Luis:
Fabricación artesanal de mazapán en Toledo en los años 50 en la fábrica de José Barroso. Fotografía de Cristóbal Portillo © Archivo Regional de la Comunidad de Madrid, fondo fotográfico

Aquí vemos a la señorita Pity terminando de decorar una de las típicas anguilas de mazapán. Al parecer el escamado de las mismas fue una innovación decorativa creada por el obrador de Santo Tomé:
Decorando una anguila. Fabricación artesanal de mazapán en Toledo en los años 50 en la fábrica de José Barroso. Fotografía de Cristóbal Portillo © Archivo Regional de la Comunidad de Madrid, fondo fotográfico

Vemos en esta estampa varias torres con cajas para colocar en su interior las anguilas:
Pila de cajas con anguilas de mazapán. Fabricación artesanal de mazapán en Toledo en los años 50 en la fábrica de José Barroso. Fotografía de Cristóbal Portillo © Archivo Regional de la Comunidad de Madrid, fondo fotográfico

Además de este reportaje, el fondo toledano de Portillo tiene dos fotos más. Una de ellas es esta vista de Toledo con el Cigarral del Carmen en primer término. Este cigarral acoge hoy la mejor biblioteca privada de libros antiguos de España, dentro de la colección recopilada por su dueño D. Javier Krahe. Por el estado de terminación de la restauración del Alcázar, cuyas obras finalizaron hacia 1965, pienso que es una imagen tomada hacia 1963, por lo que lo más probable es que se obtuviera tras la muerte de Cristóbal por algún miembro de su estudio:
Cigarral del Carmen en los años 60. Fotografía de Cristóbal Portillo © Archivo Regional de la Comunidad de Madrid, fondo fotográfico

Para finalizar, esta vista del callejón más estrecho de Toledo, el Callejón de la Soledad:
Callejón de la Soledad hacia 1960. Fotografía del estudio de Cristóbal Portillo © Archivo Regional de la Comunidad de Madrid, fondo fotográfico

Esperando que os haya gustado esta curiosa serie de fotos de la fabricación de una de nuestras señas de identidad gastronómicas, os dejo con una vista actual de la casa contigua a la preciosa Casa de la Moneda, que ahora acoge el Consejo Consultivo. Aún es legible en ese inmueble anejo un cartel de otra fábrica de Mazapán, de Ángel Barroso, probablemente familiar de José:

viernes, 9 de marzo de 2018

Cuatro rarísimas fotos tomadas en Toledo a finales del siglo XIX

En la historia de la fotografía ha habido una larguísima sucesión de hitos tecnológicos, a veces ligados a avances en las técnicas de los propios fundamentos físico-químicos que obran el milagro fotográfico, y en otras ocasiones ligados a avances más palpables como son las cámaras fotográficas y todos sus complementos y accesorios.
En esta apasionante historia se intercalan algunos casos muy curiosos, que hoy son muy importantes pues ayudan sobremanera a la datación de ciertas joyas fotográficas.
Uno de ellos es la aparición de la cámara Frena nº1, aparecida en Inglaterra entre 1893 y 1894.
Camara Frena Nº1
Las fotografías obtenidas con esta cámara son muy características pues presentan todas unos bordes aserrados, debidos a la forma que tenían los negativos específicamente fabricados para estas cámaras, que fueron de las primeras en poder cambiar de negativo con cierta rapidez gracias a un ingenioso mecanismo interno.
Caja de negativos de las cámaras Frena. R & J Beck Ltd, London. Colección de Early Photography

Recientemente, los geniales gestores de "Photos of the past" identificaron 4 fotografías tomadas en Toledo por un viajero británico anónimo a finales del siglo XIX que hoy tengo el placer de ofreceros. En las cuatro se observa el mencionado borde aserrado. Comenzaremos por ver una maravillosa vista de la calle Ancha con la catedral al fondo. La esquina que aparece a la izquierda es además otro lugar importante en la historia de la fotografía española, pues acogió durante décadas la sede de Fotografía Rodríguez:
Calle ancha en Toledo hacia 1895. Fotografía probablemente tomada con una cámara modelo Frena nº1.

La segunda es un vista muy bella de la Puerta del Cambrón. Aparecen en ella algunas mujeres que bien podrían ser recoveras bargueñas, y como siempre que me paro a reflexionar sobre alguna imagen antigua, pienso que esas personas -a buen seguro tan humildes y anónimas- es como si revivieran por unos instantes cuando miramos estas fotografías más de un siglo después:
Puerta del Cambrón en Toledo hacia 1895. Fotografía probablemente tomada con una cámara modelo Frena nº1.

La tercera imagen es una vista del Torno del Tajo desde el Puente de Alcántara. Es una gozada ver con qué fuerza rompía el agua en el azud de los molinos de San Servando, sin que ello supusiera que, una vez superados los primeros metros de agitación, se generasen las asquerosas espumas que hoy tenemos la desgracia de ver. Aunque más asqueroso aún es tener que escuchar que tenemos que asumir como normal que el batido o agitación del agua genere semejante "fiesta de la espuma" a diario (Dejen de tomarnos por tontos, señores de la Confederación Hidrográfica de Tajo):
Torno del río Tajo en Toledo hacia 1895. Fotografía probablemente tomada con una cámara modelo Frena nº1.

La última imagen es una vista de la Catedral desde la Plaza del Ayuntamiento. Aparecen varios personajes, alguno de ellos sacerdote, bien abrigados con capas castellanas, lo que nos da idea de que las fotografías debieron tomarse en los meses de otoño-invierno:
Catedral de Toledo hacia 1895. Fotografía probablemente tomada con una cámara modelo Frena nº1.

Esperando que este breve repaso a una pequeña parte de la historia de la fotografía a partir de cuatro rarísimas fotografías os haya gustado, me despido agradeciendo a "Photos of the past" este hallazgo que hoy comparto con todos vosotros.

viernes, 23 de febrero de 2018

Toledo en mayo de 1926 fotografiado por Edward Oscar Ulrich

Considerado uno de los mejores paleontólogos de invertebrados de la historia, el norteamericano Edward Oscar Ulrich nació en Covington (Kentucky) el 1 de febrero de 1857 y falleció en Washington el 22 de febrero de 1944. Formado en el Wallace College y en el Ohio Medical College, abandonó la práctica de la medicina para pasar a ser conservador de la Cincinnati Society of Natural History en 1877. Posteriormente se convierte en el paleontólogo de los estudios geológicos de Illinois, Minnesota y Ohio. Fue también redactor asociado durante diez años de la prestigiosa publicación American Geologist.
Edward Oscar Ulrich (1857-1944)
Ulrich fue un investigador y escritor muy prolífico, publicando numerosos estudios y artículos sobre paleontología americana, tratando particularmente sobre los géneros fósiles Bryozoa, Gastropoda, Ostracoda y Pelecypoda. En 1930 recibió la medalla "Mary Clark Thompson" de la Academia Nacional de Ciencias norteamericana. Asimismo fue condecorado con la medalla "Penrose" en 1932.
En 1926, describió junto a R.S. Bassler el género de conodontes Ancyrodella, una de sus mayores aportaciones a la ciencia. Fue precisamente en mayo de aquel año 1926 cuando E.O. Ulrich visitó Toledo tomando varias fotografías de la ciudad, actualmente conservadas en el Instituto Smithsoniano de Washington que hoy tengo el placer de ofreceros.
Se trata de tres imágenes privadas, tomadas como un turista más el 25 de mayo de ese año, pero que poseen un alto valor por haber sido tomadas por un científico de su talla hace ya casi 92 años.
Comenzaremos por ver la más curiosa de todas, y que además trata un asunto "de moda" hoy en la ciudad, como es la Plaza de Zocodover en obras. La visita de Ulrich coincidió con el final de los trabajos de la reforma de la plaza que tuvieron como principal novedad la instalación de los urinarios subterráneos en el centro de la misma, adornados con una barandilla de forja obra de Julio Pascual y azulejos de cerámica de Sebastián Aguado. La imagen presenta ciertas curiosidades, como por ejemplo unos puestos para sombrear la plaza. Ello me hizo pensar que fue tomada un martes de mercado. Decidí, por curiosidad, comprobar si el 25 de mayo de 1926 había caído en martes: en efecto, así había sido, lo que corrobora tanto la datación del archivo como mi sospecha de que esos puestos sombreados eran de los puestos del mercadillo. La foto fue tomada desde el Alcázar o desde los edificios de la Cuesta de Carlos V.
Toledo el 25 de mayo de 1926.Fotografía de Edward Oscar Ulrich © The Smithsonian Institution
Toledo el 25 de mayo de 1926.Fotografía de Edward Oscar Ulrich © The Smithsonian Institution

Ampliando la imagen aparecen otros detalles. Por ejemplo podemos ver cómo algunos curiosos se asomaban a las vallas de madera de la obra de los urinarios para otear el estado de la obra antes de su inauguración. Debían estar dando los últimos retoques pues para el Corpus de ese año, en el mes de junio, ya estaban en uso:
Toledo el 25 de mayo de 1926.Fotografía de Edward Oscar Ulrich © The Smithsonian Institution

Es muy visible el cartel del estudio del fotógrafo Pedro Lucas Fraile en Zocodover. Al fondo se vislumbra el camino del cementerio con cipreses al tresbolillo en sus márgenes:
Toledo el 25 de mayo de 1926.Fotografía de Edward Oscar Ulrich © The Smithsonian Institution

El edificio del Hotel Castilla, justo en la época más activa literariamente de su copropietario el escritor Félix Urabayen, aparece con las esculturas que adornaban su azotea, suprimidas en reformas posteriores:
Toledo el 25 de mayo de 1926.Fotografía de Edward Oscar Ulrich © The Smithsonian Institution. Signatura SIA2010-3368

Otra de las fotografías de Edward Oscar Ulrich fue tomada en las inmediaciones de la muralla del denominado Hostal del Cardenal, por entonces con un paseo en una cota muy superior a la actual, que aparece florido y lleno de maleza en una estampa muy habitual en las primaveras toledanas cuando son medianamente lluviosas. Uno casi puede oler el polen de las florecillas que aparecen en la foto si deja volar su imaginación:
Toledo el 25 de mayo de 1926.Fotografía de Edward Oscar Ulrich © The Smithsonian Institution

En la zona izquierda de la imagen vemos la alineación de olmos autóctonos, en Toledo conocidos como negrillos, que jalonaban todo el Paseo de Recaredo. Esta especie es hoy casi una reliquia como consecuencia de la devastadora epidemia de grafiosis que asola Europa desde hace décadas:
Toledo el 25 de mayo de 1926.Fotografía de Edward Oscar Ulrich © The Smithsonian Institution

En la pradera vemos troncos de muchos arbolillos, probablemente acacias, plantados en aquellos años, con la Puerta de Bisagra y Santiago del Arrabal al fondo:
Toledo el 25 de mayo de 1926.Fotografía de Edward Oscar Ulrich © The Smithsonian Institution. Signatura SIA2010-3366

La tercera fotografía fue tomada muy cerca de la anterior y nos muestra a una mujer, probablemente familia o amiga de Ulrich, junto a la muralla y con el edificio del actual Hostal del Cardenal al fondo.
SIA2010-3367Toledo el 25 de mayo de 1926.Fotografía de Edward Oscar Ulrich © The Smithsonian Institution. Signatura

Me despediré con una curiosidad final relacionada con las obras de Zocodover. En la reforma de 1961 se suprimieron los famosos urinarios, y desde entonces circula la leyenda urbana de que bajo el subsuelo siguen intactos. Esta foto que os traigo parece probar que la leyenda es cierta, pues el hueco no fue rellenado sino que fue simplemente cubierto con vigas. Lo que no está tan claro es que la azulejería de Aguado siga allí (se conocen fragmentos fuera de ese emplazamiento). De lo que nadie tiene conocimiento, al menos que yo sepa, es del destino de la preciosa barandilla de forja ni los faroles que el genial Julio Pascual elaboró para esta efímera obra que solo estuvo en uso 35 años:
Obras en Zocodover en 1961. Vigas para tapar el hueco del los antiguos urinarios públicos. Colección Luis Alba.




sábado, 27 de enero de 2018

La vista de Tavera desde la playa de Safont a todo color en 1914

Una de mis últimas adquisiciones fotográficas me tiene enamorado. Y es que poder contemplar con colores reales cuál era el aspecto de una zona emblemática de Toledo nada más y nada menos que en 1914 es algo realmente emocionante.
Ello es posible a un autocromo (sí, ya sabéis, esa técnica que por primera vez logró conseguir imágenes a color en la historia desde que fue patentada en 1903 por los hermanos Lumière y comercializada por ellos mismos en 1907) que acabo de comprar en su placa de cristal original y que muestra una vista del Hospital Tavera desde la Playa de Safont, con el río Tajo y la Huerta del Granadal en primer término.
Esta joya fotográfica es obra del muy desconocido Manuel Amuriza López, destacado miembro de la Real Sociedad Fotográfica de Madrid en sus inicios. Su nombre aparece en este curioso artículo firmado por "Mascarilla" el 13 de abril de 1912 en las páginas de La Época que precisamente habla de los avances de la fotografía en color y de cómo los miembros de esta sociedad madrileña estaban ensayando con ella:
Artículo firmado por "Mascarilla" el 13 de abril de 1912 en La Época que habla de los avances de la fotografía en color y de cómo los miembros de la Real Sociedad Fotográfica de MAdrid estaban ensayando con ella
Artículo firmado por "Mascarilla" el 13 de abril de 1912 en La Época que habla de los avances de la fotografía en color y de cómo los miembros de la Real Sociedad Fotográfica de MAdrid estaban ensayando con ella

La fotografía de Manuel Amuriza López que he adquirido fue obtenida el día 3 de mayo de 1914, es decir, algo más de dos años después del citado artículo. Se trata de uno de los autocromos más antiguos de Toledo, posterior a los de Jules Gervais-Courtellemont tomados hacia 1910 pero un mes anterior a la formidable serie de Auguste Léon de junio de 1914. Se trata de una placa estereoscópica autocroma de cristal bien conservada que muestra una preciosa vista primaveral desde la playa de Safont, con la Huerta del Granadal y el Hospital Tavera al fondo:
Río Tajo y Hospital Tavera desde la playa de Safont en mayo de 1914. Autocromo de Manuel Amuriza López.
Río Tajo y Hospital Tavera desde la playa de Safont en mayo de 1914. Autocromo de Manuel Amuriza López.

Uno podría pasarse horas contemplándola. A mi modo de ver, los detalles más curiosos son los siguientes: por un lado, al tratarse de la primera fotografía a color conocida del Hospital Tavera, parece confirmarse que en 1914 aún conservaba buena parte de las tejas negras vidriadas originales que en 1600 fueron fabricadas en un taller de Chinchón con el objetivo de que el templo tuviera una cubierta negra, en señal de luto pues este impresionante edificio fue concebido como un gigantesco túmulo funerario del Cardenal Tavera:
Hospital Tavera desde la playa de Safont en mayo de 1914. Autocromo de Manuel Amuriza López (detalle)

Hay que recordar que en estos días está finalizando la restauración del edificio, dirigida por el arquitecto José Ramón de la Cal y el arqueólogo Jorge Morín, quienes magistralmente han identificado este hecho y se han esforzado en recuperar el aspecto original del templo sustituyendo las tejas árabes que en sucesivas reformas habían ocupado el lugar de las negras vidriadas originales desfigurando ese carácter funerario. La clave para confirmar que las tejas originales eran negras y vidriadas fue el hallazgo en el libro de obras que conserva la Casa Ducal de Medinaceli, del año 1601, en cuya página 8 se puede leer:
«A treynta y un dias de el mes de Agosto de 1601 años dio pago Diego de la sierra Pagador a Juan Cabello Ximenez vecino de la villa de chinchon quarenta y un mil y quatrocientos y ochenta mrs que ovo de haber a quenta de la teja de vedrio negro que esta obligado a traer al hospital para cubrir su capilla Mayor y firmolo de su nombre».

Otra de las curiosidades destacadas de la fotografía es poder ver por vez primera a color real la olmeda de Ulmus minor, es decir, el olmo ibérico autóctono, que aún hoy crece en la orilla derecha del Tajo justo antes del puente de Alcántara. Esta olmeda debería contar con la debida protección ambiental en nuestros días pues es una de las pocas que ha resistido a la devastadora enfermedad de la grafiosis que ha acabado con la mayoría de los olmos autóctonos de España en las últimas décadas:
Olmeda de Ulmus minor (olmo ibérico autóctono) vista desde la playa de Safont en mayo de 1914. Autocromo de Manuel Amuriza López.

Por último, quiero destacar la presencia rojiza del típico alcaén, la arcilla que predomina en la zona norte de la ciudad, antesala de la comarca de La Sagra, que aparece aquí muy claramente en un talud del barrio de las Covachuelas, formando parte de la orilla primitiva del Tajo cuando en este punto se ensanchaba sobremanera hasta fluir en dos brazos diferenciados dejando en el centro la famosa Isla de Antolínez. Era el punto en el que, debido a la anchura del río, su profundidad era muy escasa buena parte del año, lo que permitía vadearlo, dando lugar a la presencia de la Puerta del Vado, hoy inexplicablemente enterrada a la espera de que alguien se decida de una vez a exhumar un monumento del siglo XI oculto bajo siete metros de sedimentos y escombros. Esa isla de Antolínez fue secada a comienzos del siglo XIX para dejar un único brazo de agua en el río.
Alcaén en las inmediaciones de las Covachuelas visto desde la playa de Safont en mayo de 1914. Autocromo de Manuel Amuriza López.

Esperando que esta foto de Manuel Amuriza os haya gustado tanto como a mi, me despido con la foto también a color que solo un mes después tomó casi en el mismo lugar el gran Auguste Léon por encargo de Albert Kahn:
Playa de Safont con el Hospital Tavera al fondo entre el 15 y el 17 de junio de 1914. Autocromo de Auguste Léon. © Musée Albert-Kahn - Département des Hauts-de-Seine

domingo, 14 de enero de 2018

Una sensacional herramienta para comparar el ayer y el hoy de Toledo gracias a David Blázquez

Conocer a David Blázquez ha sido una de las mejores cosas que me han sucedido desde que comencé con el proyecto Toledo Olvidado. El destino quiso que por motivos profesionales nuestras vidas se cruzaran más o menos cuando comencé a desarrollar el blog. Pasaron unos años hasta que, en 2012, decidí dar el salto al papel para publicar el primer libro. Fue entonces cuando no dudé un solo instante en elegir a David como editor: en aquellos años ya me había demostrado su profesionalidad, su talento y su fiabilidad, basada en formar un tándem casi perfecto con el no menos genial Toté Moreno. Para más inri, la tercera pata de su equipo, mi admirado Jero Romero, me dio sus sabios consejos como pionero del micromecenazgo, que me ayudaron mucho a planificar bien la campaña en Verkami.
El resultado ya lo pudisteis ver: ellos dieron forma, con su excepcional edición, al libro que siempre soñé hacer. Un libro con mis textos y las fotografías que yo seleccioné, pero que hubiese sido infinitamente peor sin su maquetación, sin su escrupulosidad al dar a las fotos el mejor balance cromático, sin su cariño al elegir tipografías, sin su generosidad al no escatimar en el mejor papel, la mejor tinta y la mejor encuadernación (gracias también al impresor Paco del Valle), sin sus consejos y sin su saber hacer. Ese primer libro, y los tres que le han sucedido, todos ellos editados por DB, llevan su sello como editores por fortuna para mí. Porque hasta el mejor de los libros, sin un buen editor, queda en un libro mediocre.
Pero David Blázquez no solo lidera magistralmente su editorial, sino que es probablemente el mejor fotógrafo de arte de España en nuestros días y uno de los más destacados también en paisajes y etnografía.
La pasada primavera, al sopesar qué recompensas entregar a los mecenas que financiasen el libro conmemorativo "Toledo Olvidado-10 Años", decidí lanzarme con algo que tenía en la cabeza hace tiempo: utilizar la ya antigua tecnología de impresión lenticular para intentar algo que nadie había hecho (al menos que yo sepa) para mostrar en un mismo documento impreso el antes y el después de un mismo lugar. Para ello era necesario de nuevo contar con un fotógrafo que fuese capaz de localizar el lugar exacto en el que las viejas fotografías fueron tomadas y, por si eso fuera poco, lograr los mismos encuadres, enfoques, angulares y ópticas de modo que el efecto lenticular mostrase al espectador el antes y el después con la mayor fidelidad posible. Creedme que lograr eso, con algunas de las fotografías con más de 150 años de antigüedad obtenidas con cámaras y aparejos fotográficos muy diferentes de los hoy utilizados, era un reto verdaderamente complicado. Evidentemente, a estas alturas, ya sabéis a quién encomendé esta labor.
David Blázquez y yo acordamos qué 24 lugares y perspectivas de Toledo eran las elegidas para deleitar a los mecenas que se decidiesen por obtener esta recompensa y, la verdad, es que el resultado es absolutamente espectacular, mejor incluso que el que imaginé. David hizo un trabajo titánico para cuadrar las 24 comparativas y la impresión lenticular logró algo casi mágico, una verdadera máquina del tiempo toledana, como se aprecia en este ejemplo:


No contento con ello, David indagó hasta dar con la herramienta informática que permite visualizar estas comparativas en la pantalla del ordenador, pudiendo incluso hacer zoom solidariamente en ambas partes, la antigua y la moderna, de modo que se amplía la misma parte de la perspectiva en el ayer y en el hoy. Y logró una maravilla tal, que hoy os la traigo en esta entrada especial en el que el protagonista es él y su enorme trabajo. Os dejo con el enlace a la sección que ha creado en su web para poder ver en vuestras pantallas las 24 comparativas que los mecenas del libro tienen en formato impreso lenticular (aprovecho para comentaros que David tiene disponible una muy reducida cantidad de estas postales que fueron imprimidas en la misma serie). ¡Gracias por todo David, es un placer trabajar a vuestro lado!
PINCHAD AQUÍ: COMPARATIVAS DEL AYER Y EL HOY DE TOLEDO EN LA WEB DE DAVID BLÁZQUEZ

viernes, 29 de diciembre de 2017

El extraño caso de la casa del anticuario Justo García Callejo

En anteriores entradas del blog ya intenté mostrar de la manera más clara posible con fotografías el grado de destrucción que sufrió en 1936 todo el entorno del Alcázar como consecuencia de los intensos bombardeos y voladuras con minas subterráneas que se sucedieron durante el asedio al baularte en los primeros meses de la Guerra Civil.
En concreto, quedó tremendamente desfigurado el trazado urbano de buena parte del antiguo Arrabal de los Francos, barrio fundado tras la reconquista de Toledo en 1085 por los francos (es decir, miembros del pueblo germánico que se estableció en tierras hoy situadas en Francia, Alemania, Bélgica y Holanda) que acompañaron y ayudaron al rey Alfonso VI, y que se establecieron en este barrio cercano al Alcázar para estar cerca del poder real. Podría decirse que el centro de este barrio era la Iglesia de la Magdalena, advocación claramente ligada a este pueblo, y más concretamente a su rama merovingia.
Cerca de esta Iglesia se situaban las calles Horno de los Bizcochos, Horno de la Magdalena y el callejón del Vino de Esquivias, nombres -no me lo negaréis- todos ellos de lo más curioso.
Calles del entorno del Alcázar (antiguo Arrabal de los Francos) en el plano de Reinoso de 1882
El espacio que distaba entre las casas más cercanas de la esquina de la cuesta del Alcázar con la propia fortaleza era muy inferior al actual, como puede comprobarse en esta fotografía:
Vista aérea del Alcázar en 1922 por Luis Ramón Marín
Vista aérea del Alcázar en 1922 por Luis Ramón Marín (detalle)

Aquí se ve esa zona en una foto hecha desde la fachada sur del propio Alcázar en 1920:
Vista del Arrabal de los Francos desde el Alcázar en 1920. Centro de estudios de C-LM.

Como decía antes, la guerra acabó con la inmensa mayoría de estas casas y propició una reordenación urbana posterior en la que se ensanchó mucho el tramo final de la Cuesta del Alcázar, acabando para siempre con la trama medieval de las casas y calles de la zona:
Alcázar destruido en 1936. Vista aérea de la zona con los cráteres de las minas y las casas destruidas.
Entorno del Alcázar hacia 1954 (foto aérea). Detalle de la imagen de la colección de Luis Alba.


Hubo sin embargo una casa que, en medio de un mar de destrucción, resistió en pie de manera casi milagrosa. Me refiero a la casa del anticuario Justo García Callejo.
Casa del Anticuario Justo García Callejo. Foto de Otto Wunderlich en 1944. Fototeca del IPCE.

Gracias a las investigaciones de Rafael del Cerro, sabemos que D. Justo García Callejo había nacido en 1875, y que tras la guerra civil, este notable anticuario la rehabilitó. Era famoso su patio repleto de piezas de cerámica, piedras, tallas o maderas, que en más de una ocasión visitaban personajes conocidos como por ejemplo la esposa de Franco, Carmen Polo, gran aficionada a adquirir valiosas piezas en anticuarios de toda España. Otras personalidades entraban en la casa en el transcurso de las visitas oficiales que se hacían a las ruinas del Alcázar.
Vista de la Catedral desde el Alcázar hacia 1950. Se ve la casa del anticuario Justo García Callejo. Fotografía de E. Boudot-Lamotte.

El patio estaba lleno de macetas con plantas y flores entre las piezas que vendía, y contaba con una galería en la planta superior. La entrada al patio es la que se observa en esta imagen detrás del vendedor de cerámica. La puerta de la izquierda, más pequeña, era la entrada a la parte de la casa donde el anticuario vivía:
Tipo toledano: vendedor de cerámica en burro ante la casa del anticuario Justo García Callejo en la C/ Horno de los Bizcochos a mediados del siglo XX.

Esta es otra imagen de la casa:
Casa del Anticuario Justo García Callejo. Libro de Víctor Crastre. Foto de Robert Julia
Turistas en Toledo el 8 de agosto de 1952 junto al Alcázar. Al fondo, la casa del anticuario Justo García Callejo.

Gracias a la generosidad de Iván Ibáñez, puedo ofreceros imágenes del interior del patio en los años 50. En ellas aparece su abuela Carmen Palacios Ávila, mientras que la señora de más edad es su tía lejana María Cañamero. María era la "sirvienta" o "criada" de Justo García, mientras que la joven Carmen iba por temporadas a ayudar en las tareas del establecimiento.
Casa del Anticuario Justo García Callejo. Aparece Carmen Palacios Ávila, la señora mayor es su tía lejana María Cañamero. María era la "sirvienta" o "criada" de Justo García. Carmen iba por temporadas a ayudar en las tareas. Casa del anticuario Justo García Callejo. Aparece Carmen Palacios Ávila, la señora mayor es su tía lejana María Cañamero. María era la "sirvienta" o "criada" de Justo García. Carmen iba por temporadas a ayudar en las tareas. Casa del Anticuario Justo García Callejo. Aparece Carmen Palacios Ávila, que iba por temporadas a ayudar en las tareas del establecimiento. Sin embargo, en un extraño e inexplicable giro de la historia, esta casa que parecía que había superado el trance más difícil de su vida como fue la guerra civil, vio como la piqueta acababa con ella en la década de 1960 en el proceso de edificación que se sucedió en esta zona (se construyeron los edificios de los sindicatos y también el Hotel Alfonso VI, además de otras viviendas).

En la actualidad, si no estoy equivocado, en el lugar en el que se levantaba la casa del anticuario Justo García Callejo se encuentra el edificio del Hotel Toledo Imperial:
Ubicación actual de la antigua casa del Anticuario Justo García Callejo.


Esta es una curiosa imagen de la zona, en pleno proceso de reconstrucción del torreón suroeste del Alcázar hacia 1960, tomada donde hoy se levanta el hotel Alfonso VI:
Reconstrucción del Alcázar © Fondo Rodríguez. Archivo Histórico Provincial. JCCM. Signatura Album4-1768

Actualización (2 de febrero de 2018): Añado las notas interesantísimas que me pasa Rafael del Cerro y que complementan excepcionalmente la entrada:

"Veo muy esclarecedor comparando el plano de Reinoso con la foto anterior a 1936 para ver el cambio de las antiguas calles de esta zona.
Verás que te señalo el tejado de la Editorial Católica donde se imprimió mucho tiempo El Castellano, hasta 1936. El acceso era por la C/ Juan Labrador. Aquí estuvieron los talleres de Editorial Católica Toledana hasta su cierre.
La comisión que se creó desde el Ayuntamiento, en el verano de 1936, para salvar el patrimonio artístico, en una breve alusión de los trabajos realizados, se menciona que por la tarde del 15 de septiembre acudieron a un parapeto cercano al Alcázar a retirar algunas piezas de valor. Se referían a la vivienda del anticuario Justo García Callejo que falleció en 1957.
La plaza de Capuchinos (cuya disposición original aparece en el plano de Reinoso de 1882) se modificaría por los efectos de la guerra, vividos en del verano de 1936.
En ese momento se perdió el primer tramo del callejón de Vino de Esquivias, que unía el final de la cuesta del Alcázar con la calle Horno de los Bizcochos. Este tramo pasaría por delante de la actual fachada del Hotel Alfonso VI.
El segundo y estrecho tramo de dicho callejón (que nunca tuvo salida) se fundiría desde 1936 con los solares de ambas aceras cuyas casas habían sido destruidas por los efectos de la aviación y la artillería. A finales de los años 60, cuando comenzó a reconstruirse su entorno, el referido tramo final del antiguo callejón de Vino de Esquivias renació en la trama urbana, aunque cerrado al tránsito público. Desde entonces es un punto muy fotografiado por la vista que ofrece de la torre de la Catedral."

Entorno del Alcázar antes de 1936, sobre una foto de Luis Ramón MArín. Explicación de Rafael del Cerro
Entorno del Alcázar después de 1936, hacia 1950. Explicación de Rafael del Cerro.

Espero que os haya gustado esta curiosa y extraña historia de una casa que pudo pasar a la posteridad como la única superviviente de toda una manzana, pero que terminó sus días cuando todo parecía más fácil para ella.
Aprovecho para desearos a todos un 2018 lleno de alegrías e ilusiones.
© TOLEDO OLVIDADO
Maira Gall