miércoles, 27 de marzo de 2013

El Hospital de Santiago

"Osciló breves instantes, como protestando [la torre] contra su caída, y al fin se derrumbó con gran estruendo y polvareda deshecha en escombros."
Derrumbe de la torre de la iglesia del Hospital de Santiago en la voladura del edificio en 1884. Detalle de una xilografía de Masí.

Así narraba en 1923 D. Manuel Castaños y Montijano en la revista Toledo la voladura con dinamita del célebre Hospital de Santiago con la finalidad de edificar en su solar el futuro picadero y otras dependencias militares. El edificio derribado, de grandes dimensiones, poseía una gran historia: establecido por la Orden de Santiago en el año 1175 -en concreto por el Maestre D. Pedro Fernández de Fuente Almejar sobre su propia casa y un solar cedido por el rey Alfonso VIII-, le fue concedido por orden real la mitad de lo recaudado en el portazgo de la Puerta de Bisagra, además de ingresos procedentes de la orden santiaguista. Más tarde, el rey Fernando III confirmó estos ingresos y a su vez donó al hospital en 1219 la famosa dehesa de Yegros, cerca de Mora, con sus 6.500 fanegas de tierra de labor y otras posesiones que conservó hasta la desamortización de 1855. El hospital se destinó desde un principio a la curación de caballeros y sirvientes heridos en la lucha contra las tropas islámicas. Además de estos fines hospitalarios de carácter militar, tenía también la misión de redimir y canjear cautivos -musulmanes apresados que eran intercambiados por cristianos en poder del enemigo- así como albergar a los caballeros de la Orden que llegaban a Toledo. En 1492, con la toma de Granada, desaparecieron las necesidades estrictamente militares por lo que se le destinó desde 1500 a la curación de enfermedades venéreas como la sífilis o mal gálico. Un siglo después encargó el rey Felipe III al Comendador de la Orden D. Gómez Velázquez y a los freires Alonso De Cerceda y Juan Blanco, la formación de unas constituciones o reglamentos para el régimen del Hospital, las cuales fueron aprobadas el 30 de marzo de 1604 y rigieron hasta 1835. En ellas se estipulaba que hubiera 120 camas por temporada para enfermos venéreos y que se diese hospedaje por un día completo a todos los Caballeros Santiaguistas que vinieran a Toledo, con el número de empleados necesario para el cumplimiento de sus funciones y bajo el alto patronato del Consejo de las Órdenes Militares. Más tarde fue asilo de pobres con la advocación de San Sebastián, trasladándose los enfermos del mal gálico a la cercana Casa de Caridad.
En 1847 el hospital fue cedido al Colegio General Militar hasta que en 1884, después de muchos años de casi total ruina, fue demolido en la citada voladura controlada.
A lo largo de su larga vida el hospital poseyó numerosos bienes además de Dehesa de Yegros, como por ejemplo tierras en Bargas, Maqueda, Nambroca y en el término municipal de Toledo. (Fuente: El Hospital de la Misericordia de Toledo en el siglo XIX por Soledad Gómez Rodríguez)
La voladura fue dibujada en una excelsa xilografía por José Masí del Castillo -artista nacido en 1840 y que fue alumno de la Escuela Superior dependiente de la Academia de San Fernando- y publicada aquel año de 1884 en La Ilustración Nacional. En ella se aprecian los detalles de la colocación de los barrenos y del momento narrado por Castaños del derrumbe de la torre principal:
Xilografía de la voladura del Hospital de Santiago en 1884 por José Masí del Castillo publicada en La Ilustración Nacional

El edificio, situado justo encima del talud que asciende por la Puerta de Doce Cantos fue fotografiado en bastantes imágenes desde 1852.
Hospital de Santiago y Restos del Artificio de Juanelo (Toledo), antes de 1868
Esta es una de las que nos permite ver mejor su fachada principal presidida por una imagen de Santiago Matamoros -trasladada tras el derribo a la Calle Armas donde permanece hoy día-, tomada por Jean Laurent hacia 1870:
Hospital de Santiago hacia 1870. Foto Jean Laurent (detalle)
En esta vista en detalle de una fotografía de Jean Laurent podemos ver bien su parte trasera con la torre de su iglesia:
Parte trasera del Hospital de Santiago hacia 1870. Detalle de una fotografía de Jean Laurent

Pocos años antes de su derribo ya aparecía bastante deteriorado y con elementos sustraídos de sus muros como podemos ver en estas imágenes:
santi
Parte delantera del Hospital de Santiago hacia 1870. Detalle de una fotografía de Jean Laurent
Turbinas de Vargas, Hospital de Santiago y Alcázar de Toledo hacia 1884. Fotografía de Jean Laurent Hospital de Santiago antes de su demolición total. Fotografía tomada hacia 1882

El edificio había sufrido muchas reformas y al parecer no albergaba obras de gran interés artístico -al menos para la opinión de aquella época- salvo ciertos elementos que fueron trasladados en el derribo, como por ejemplo la famosa escultura yacente de María de Orozco La Malograda:
Revista Siglo Futuro. Sepulcro de "la Malograda" en 1935
Este es el interesantísimo artículo completo publicado por Manuel Castaños Montijano en 1923:
Artículo sobre el Hospital de Santiago por Manuel Castaños Montijano publicado en 1923 en la Revista Toledo
Artículo sobre el Hospital de Santiago por Manuel Castaños Montijano publicado en 1923 en la Revista Toledo
hospital de santiago3

En 1887 fueron finalizadas las obras del fabuloso picadero militar que se construyó en parte del solar dejado por el hospital:
Construcción del picadero militar en los terrenos donde se levantara el Hospital de Santiago. Imagen tomada hacia 1880
Picadero militar sobre la Puerta de Doce Cantos hacia 1895
Picadero Militar en Toledo. Abril de 1889. Fotografía de James Jackson (detalle)
Antiguo picadero militar fotografiado en el siglo XIX por Casiano Alguacil desde Doce Cantos. Ayuntamiento de Toledo. Archivo Municipal
Noticia sobre el picadero militar en la ilustración española y americana
Dibujo del picadero militar de Toledo por Nemesio Lagarde Picadero del Alcázar con caballos. Fondo Rodríguez, AHPTO, JCCM signatura CA-246 Picadero Militar de la academia de infantería junto al Alcázar de Toledo a comienzos del siglo XX Alcázar, edificio de Capuchinos y picadero en 1915. Detalle de una vista aérea del Ejército de España

El picadero fue destruido durante el asedio republicano de 1936, sirviendo como improvisado cementerio a los sitiados:
Miliciano en el picadero del Alcázar durante la guerra civil en 1936. Foto de Manzano. Picadero militar del Alcázar en 1936 durante la guerra civil. Foto de Manzano. Picadero del Alcázar convertido en cementerio Tumba del soldado Julián Gómez Gómez en el picadero del Alcázar, fallecido el 20 de septiembre de 1936 durante el asedio en la Guerra Civil. Berliner Verlag/Archive Cementerio improvisado por los sitiados para enterrar sus bajas en el picadero del Alcázar
picadero del Alcázar durante la guerra civil. Biblioteca Nacional de España Picadero militar destruido en 1936. © Fondo Rodríguez. Archivo Histórico Provincial. JCCM. Signatura CA-374 Portada del Hospital de Santiago que fue reaprovechada en edificios militares en 1887 pero destruida en la guerra en 1936. © Fondo Rodríguez. Archivo Histórico Provincial. JCCM. Signatura CMD2-167 Guerra Civil en Toledo. Dependencias militares de Capuchinos y picadero Foto de un miembro de la Legión Cóndor. Edificios militares junto al Alcázar y picadero destruidos Coro de niños franceses en 1939 junto a la gran cruz colocada al lado del antiguo picadero del Alcázar Estado del antiguo Picadero en abril de 1943. 'Álbum de obras del Alcázar' Archivo Municipal de Toledo
Para finalizar, recordar que con este derribo del Hospital de Santiago en 1884 finalizaba un lamentable proceso de destrucción de patrimonio de antiquísima historia en el flanco este de la ciudad. Este penoso efecto dominó comenzó en 1864 con la demolición de la primitiva Puerta de Alcántara, prosiguió en 1868 con la nefasta voladura del Artificio de Juanelo, continuó en 1871 con el derribo de la Puerta de San Ildefonso y estuvo acompañado en todos aquellos años con el paulatino desmantelamiento y destrucción del célebre Convento del Carmen Calzado. Fueron sin duda 20 años muy desgraciados para el patrimonio de Toledo en este lado de la ciudad.

sábado, 16 de marzo de 2013

Toledo en 1854 fotografiado por Alphonse De Launay: nuevos descubrimientos

Hace unos meses tuve el inmenso placer de poder ofreceros la primera fotografía panorámica que se conoce tomada desde el Valle. Era obra de Alphonse De Launay en 1854, un autor hasta hace muy pocos años desconocido y que desde que sus descendientes se decidieran a dar a conocer su legado se ha convertido en uno de los más cotizados en los mercados de subastas y coleccionismo por la antigüedad, belleza y rareza de sus fotografías. Aquella primera fotografía pude ofrecérosla gracias a la generosidad del coleccionista parisino Serge Kakou:
Vista de Toledo desde la Ermita del Valle en 1854 por Alphonse De Launay. Cortesía de Serge Kakou

Poco después me llevé una de las mayores alegrías desde que creé este blog: se puso en contacto conmigo el coleccionista toledano Jaime Moraleda para ofrecerme poder publicar una copia de una imagen que él había adquirido de Alphonse De Launay. De este modo, la hasta ahora más antigua fotografía conocida del Artificio de Juanelo y el Castillo de San Servando pudo ser publicada en el libro de Toledo Olvidado, concretamente en la página 25. Se trata de una de las fotografías que me consta está siendo más valorada y admirada del libro pues es de gran belleza y rareza. Es una fotografía que posee una fuerza visual muy grande, especialmente cuando es contemplada en papel. Hoy os la muestro en el blog como acto público de agradecimiento a Jaime Moraleda por su generosidad totalmente desinteresada que nos permite a todos admirar esta maravilla 159 años después de ser tomada. Quisiera destacar el bajísimo nivel de las aguas del Tajo en aquel año de 1854, que dejaba a la vista casi por completo el azud situado junto al Artificio. Aunque ya en otras ocasiones lo he comentado, el nivel del río en Toledo antes de la construcción de los grandes embalses tenía esta enorme variabilidad, desde grandes crecidas a episodios de severas sequías en las que el río casi desaparecía. Es destacable también la absoluta ausencia de vegetación:
Artificio de Juanelo y Castillo de San Servando en 1854. Fotografía de Alphonse De Launay © Colección de Jaime Moraleda

Pero hay más buenas noticias relacionadas con las fotografías de este pionero tomadas en Toledo. En las últimas semanas han sido sacadas a subasta -a precios astronómicos- otras dos imágenes suyas. Una de ellas es esta vista del Puente de Alcántara y el Alcázar, muy similar a la que tomase el irlandés Edward King Tenison dos años antes. En esta vista de De Launay, al contrario que en la de Tenison, puede atisbarse a la izquierda el Artificio de Juanelo. Se ven también con claridad los restos del Convento del Carmen Calzado y la Plaza de Armas de Puente de Alcántara, con la Puerta de San Ildefonso y la primitiva puerta de Alcántara aún en pie. Una auténtica gozada de fotografía:
Puente de Alcántara y Alcázar en 1854. Fotografía de Alphonse De Launay

La otra imagen que ha aparecido es esta vista frontal de la fachada del Hospital de Santa Cruz en los años en los que casi acababa de estrenar su uso como escuela militar, germen de la actual Academia de Infantería. Bellísima toma también esta:
Hospital de Santa Cruz en 1854. Fotografía de Alphonse De Launay

Estamos por tanto ante el asombroso descubrimiento con cuentagotas del trabajo de este genio con un retardo de más de siglo y medio. Una espera que sin lugar a dudas ha merecido la pena a la vista de las fotografías. Y lo mejor de todo, una paulatina revelación de su obra que a buen seguro aún nos deparará sorpresas de las que espero informaros en el futuro.
Con el deseo de que estas maravillas os gusten tanto como a mí, reitero de nuevo mi agradecimiento a Jaime Moraleda por su generosidad.

sábado, 2 de marzo de 2013

La Ermita de Santa Ana

Pocos edificios han dejado tan poca huella en la memoria de la ciudad -tanto oral como escrita- como la Ermita de Santa Ana, también citada como Venta de Santa Ana. Era un antiquísimo edificio que se situaba en los terrenos que actualmente ocupa la Academia de Infantería en la zona de La Sisla, junto a la calzada romana o Vía Flaminia.
El origen de la edificación debió ser bastante antiguo, datando como tarde de la época de dominación musulmana a tenor de los restos que pudieron ser fotografiados hacia 1900, entre los que destaca un arco de herradura típicamente islámico y un capitel de esta misma época. Tras la Reconquista castellana, se sabe que la ermita fue edificada -o más probablemente, reformada- por un deán de la Catedral Primada llamado D. Diego Fernández Machuca, quien encomendó su dirección al Cabildo catedralicio, según consta en la escritura de fundación.
En 1612 Francisco de Pisa citó esta ermita señalando que se encontraba “no muy reparada” lo cual seguramente se debería a que su culto era solo ocasional dado lo despoblado del paraje, donde solo había una venta. En esta venta se resguardaban los arrieros y carreteros mientras esperaban a que abrieran las puertas de la ciudad en el Puente de Alcántara. En esta época este camino era el que comunicaba Toledo con el sur, siendo citado como Camino Real de Sevilla o como Camino Viejo de Toledo a La Mancha (en aquella época todo el mundo tenía claro que Toledo no era ciudad manchega, en contraste con la incultura hoy reinante en muchos medios de desinformación, equivocados a buen seguro por el confuso término de nuevo cuño que es Castilla-La Mancha). El edificio seguía siendo ermita en 1625. El propio Pisa ya la cita como abandonada en la segunda parte de su "Descripción de Toledo". Más adelante el Cabildo catedralicio entregó la posesión de la ermita a la Compañía de Jesús, el 1 de junio de 1708, ya transformada en una simple casa de campo con la denominación de "Cigarral de Santa Ana, en el camino de Sevilla". Se incluyó en la entrega el olivar contiguo. El edificio cristiano debía tener una estructura gótica a juzgar por los escasos restos que llegaron al siglo XX. Cuando los jesuitas fueron expulsados en 1767 se puso en venta la ermita y el olivar, siendo ambos adquiridos por D. Luis Quero.
Se sabe que en 1857 estaba ya totalmente desmantelado su interior, conservando sin embargo los muros exteriores y la venta unida a la ermita. También la venta desapareció cuando la nueva carretera fue trazada por la cuesta de Las Nieves. En 1946 visitó el paraje el profesor Guillermo Téllez, el cual destacó que la puerta de la ermita, emplazada en codo tras un saliente protector, era “una de las puertas árabes mejores, con restos de un gran tejaroz”. Quedaban por entonces también restos de un ventanal gótico, con una celosía de piedra, y un escudo real de Castilla inserto en la fachada, datable en el siglo XIV.
Hacia 1900 fue fotografiado el edificio, pudiendo observarse estos detalles: el arco de herradura con restos de tejaroz, el ventanal gótico, el escudo y el capitel islámico. Fueron publicadas al menos en dos libros, uno escrito por Albert Frederick Calvert, titulado "Toledo, an historical and descriptive account of the "City of generations;"", y que fue el causante de mi adicción a la fotografía histórica, pues existía en mi casa un ejemplar comprado por mi abuelo en Londres en 1956. Las fotos también fueron publicadas en la segunda edición de "Monumentos Arquitectónicos de España" de Amador de los Ríos. A día de hoy se desconoce el autor de estas dos joyas fotográficas:
Muro oeste de la Ermita o Venta de Santa Ana en Toledo hacia 1900
Capitel islámico de la Venta de Santa Ana en Toledo hacia 1900

A mediados del siglo XX se encontraba en ruinas y fueron realizados estos croquis de su emplazamiento y estado general:
Croquis de la Ermita o Venta de Santa Ana a mediados del siglo XX
Croquis de la Ermita o Venta de Santa Ana a mediados del siglo XX

Poco después debió demolerse en su totalidad pues desde entonces se pierde su rastro. A día de hoy se desconoce -o al menos yo desconozco- el paradero de sus restos más notables: arco de herradura, capitel y escudo.
Curiosamente en Google Maps figura en su emplazamiento el nombre de Ermita de Santa Ana, si bien en la imagen aérea parece hoy dia solo existir una edificación moderna:

Ver Toledo Olvidado en un mapa más grande

Espero que esta entrada sirva al menos para sacar del olvido a esta legendaria Ermita de Santa Ana, casi por completo desconocida hoy en día para todos los toledanos. Ojala algún día pueda averiguarse qué destino tuvieron sus restos.

viernes, 15 de febrero de 2013

Una historia maravillosa (tributo a Carl Julius Rothberger y Bertha Gutmann)

La entrada de hoy va a ser realmente especial. Tal vez la que más emoción me haya producido publicar en los cinco años de andadura de este blog. Como veréis, no es ni más ni menos que la constatación de que este mundo, pese a todo, sigue estando poblado por personas maravillosas. Personas ejemplares, con una historia detrás de enorme sufrimiento al que supieron sobreponerse superando dificultades que son casi inconcebibles. Son personas lamentablemente desconocidas para la mayoría, pero que en realidad son las que mueven el mundo y las que hacen que vivir merezca indudablemente la pena.
Todo comenzó en el mes de mayo del año pasado, cuando me topé por casualidad con un libro publicado en Berlín en 1907, titulado Die Kunst in der Photographie (El Arte en la Fotografía, en alemán). Se trata de la undécima edición de una especie de anuario fotográfico que el prestigioso editor Franz Goerke publicaba con el fin de reivindicar la fotografía como una más de las artes pictóricas, a la altura de la pintura o el grabado. En este libro (que en este enlace podéis ver al completo) aparecía una rara foto tomada en Toledo mediante la técnica del fotograbado o autotipo, firmada por un para mí desconocido Dr. J. Rothberger y titulada Motiv aus Toledo.
La toma, preciosa, mostraba la Puerta de Valmardón pudiéndose ver aún a la derecha el muro de la casa del santero que todavía ocultaba la fachada de la Mezquita del Cristo de la Luz (cuya inscripción cúfica había sido descubierta en 1899). La fotografía debió ser tomada hacia 1906.
Puerta de Valmardón en 1907. Motiv aus Toledo. Dr. Carl Julius Rothberger

Intrigado por el autor de la fotografía, indagué sobre su identidad y poco a poco comencé a descubrir una la biografía de una persona fascinante...con un final dramático.
El Doctor Carl Julius Rothberger nació en Viena en octubre de 1871 en el seno de una familia judía. Fue el único hermano que no se dedicó a los negocios de la familia sino que entregó su vida a la medicina, obteniendo el título de doctor general en 1897. Desarrolló la mayor parte de su carrera en el Institut für Pathophysiologie und Allergieforschung (Instituto de Patologías General y Experimental). Destacó sobremanera en la rama de la cardiología, realizando hallazgos que fueron esenciales para el perfeccionamiento del electrocardiograma. Sin embargo, pese a la importancia de sus descubrimientos científicos, el hecho de ser judío y su casi absoluta sordera le hizo tener grandes dificultades a la hora de ser un médico con el debido reconocimiento académico.
Carl Julius Rothberger. Universidad de Viena
Se casó con Leopoldine Wohlfarth en noviembre de 1923, matrimonio del cual nació una única hija -Bertha- en 1928. Leopoldine era de raza aria, por lo que este matrimonio mixto consiguió mantener inicialmente a Rothberger libre de una mayor persecución por parte de los nazis. A partir de la anexión de Austria a la Alemania nazi en 1938, su situación fue haciéndose más difícil, siendo arrestado el 23 de marzo de 1938. Fue pronto liberado gracias a la intermediación del decano Eduard Pernkopf. Como parte judía del matrimonio mixto, tanto él como su hija -y también su mujer-, sufrieron muchas discriminaciones: sus bienes fueron incautados, tuvieron que añadir el nombre de Sara o Israel a sus nombres de pila como estigma que les identificase y se vieron obligados a pagar una tasa de expiación por el hecho de ser judíos. Se le negó a su hija el derecho a acudir a la escuela. Mantuvieron a duras penas su apartamento en el centro de la ciudad en Augustinerstrasse, en el célebre edificio Philipphof.
El 12 de marzo de 1945, su hija Bertha había acudido a clases clandestinas con unas monjas que les encubrían -los niños entraban cada día por puertas distintas en horarios diferentes-. Sus padres, el Doctor Rothberger y Leopoldine, permanecieron en casa. Aquel día tuvo lugar el más intenso bombardeo aliado sobre la ciudad. El centro de Viena quedó arrasado y el matrimonio Rothberger falleció como consecuencia del bombardeo junto a más de 300 personas. Al salir de clase, Bertha -con tan solo 17 años- comprendió que se había quedado completamente sola en la vida.
Pudo huir de Austria gracias a un familiar y finalmente llegó a Estados Unidos. Allí comenzó una nueva vida, conoció a su marido y formó una familia.
Lleva años luchando por dignificar y restituir la figura de su padre y por la devolución por parte del Estado Austriaco de las pertenencias incautadas a su familia. En los últimos años, el admirable empeño de Bertha ha conseguido que se celebren varios actos públicos de restitución de estos bienes con presencia de autoridades austriacas.
Al conocer esta historia intenté contactar con ella para informarle del hallazgo de la foto que su padre hizo en Toledo hacia 1906. Por intermediación del Center for Jewish History pude escribirla. Le expliqué cómo había dado con ella y le hablé del especial significado que Toledo tiene para la comunidad judía en todo el mundo.
Para mi infinita sorpresa y alegría, Bertha no solo me respondió sino que decidió venir a Toledo a conocerme y a visitar la ciudad que su padre había fotografiado 106 años antes. Finalmente, en noviembre de 2012 llegó acompañada de su hija Anne y pude tener el honor de pasar unas horas con ellas comiendo y recorriendo la ciudad.
Con Bertha Gutmann en Toledo en Noviembre de 2012
Es difícil de explicar con palabras lo que sentí al conocer a una persona con semejante historia detrás. Hablar con ella, verla contemplando la ciudad desde el Valle, mirarla a los ojos, tocarla, fue para mí una experiencia inolvidable. Bertha Gutmann es la encarnación de la ilusión por vivir y por luchar, es el ejemplo vivo de que siempre merece la pena mirar al futuro con esperanza.
Y todo gracias a una foto olvidada que un día por casualidad se presentó ante mis ojos. Sin duda Carl Julius Rothberger, allá donde esté, se alegrará de ver cómo aquella imagen que tomó en 1906 ha sido el motor que ha llevado a su propia hija al mismo lugar, y en el que su nieta Anne ha reproducido la estampa:
Puerta de Valmardón en Noviembre de 2012. Fotografía de Anne Gutmann
Sirva pues esta entrada como tributo a Carl Julius Rothberger y su hija. Su coraje, sus ganas de vivir y su actitud ante la vida son un ejemplo que debe hacer replantearnos nuestra reacción ante cualquier problema o situación difícil que la vida nos pueda deparar. Gracias por todo Bertha, nunca te olvidaré.
Portada del libro Die Kunst in der Photographie (1907)

viernes, 1 de febrero de 2013

La Cuesta de la Portería de la Trinidad

La fotografía histórica tiene muchas aplicaciones maravillosas, pero tal vez la más bella es la reconstrucción visual del aspecto en el pasado de lugares que hoy conocemos con una imagen muy diferente. Y si de paso ello nos ayuda a comprender mejor pasajes de fascinantes novelas escritas en Toledo, entonces la fotografía parece cobrar la vida de la mano de la literatura.
Este es el caso de una calle de Toledo, muy céntrica, pero absolutamente desfigurada hoy en día con respecto al aspecto que presentaba en los siglos pasados. Se trata de la durante siglos denominada Cuesta de la Portería de la Trinidad, callejuela entonces estrecha y misteriosa convertida hoy en amplio espacio urbano con las denominaciones de Plaza y Calle del Salvador.
Se llamaba Cuesta de la Portería de la Trinidad porque en ella se situaba la portería del convento de Trinitarios Calzados, que dejó de serlo hacia 1836 para albergar entre otras cosas un cuartel. Para hacernos una idea del ambiente que generaba su estrechura nada mejor que leer este extracto de la genial novela de Benito Pérez Galdós titulada Ángel Guerra, escrita hacia 1890.

Retirábase por Santo Tomé y el Salvador, cuando al atravesar la cuesta de la Portería oyó una voz que clamaba como quien pide socorro. El sitio era solitario, fosco, siniestro, apropiado a los tapadijos galantes y a los acechos de la traición; la calleja se replegaba en la más intensa obscuridad, y sólo al medio de ella, traspasado el segundo recodo, distinguíase a lo lejos la lucecilla de un farol colgado como a cinco varas del suelo delante de un Cristo que llaman de la Buena Muerte, con melena y enagüillas, en mohoso nicho cubierto de alambrera. Avanzó en seguimiento de la triste voz, hasta llegar a un espacio irregular formado por las tapias de Santa Úrsula y los paredones de la casa de los Toledos, plazoleta que merece el nombre de ratonera, porque la salida de ella es difícil para quien no sepa encontrar los pasadizos o callejones, que más bien son grietas, por los cuales tiene que escurrirse el transeúnte.

Esta calle, que partía de la confluencia de la Calle Santo Tomé con Trinidad -a la altura de la Iglesia del Salvador- hasta llegar al conocido como Palacio de los Toledo, justo enfrente del Pasadizo de Balaguer, era por tanto muy diferente a la actual.
Cuesta de la portería de la Trinidad en el Plano de Reinoso de 1882
Para hacernos una idea de sus dimensiones y comprender así mejor qué quería decir Galdós, nada mejor que una fotografía. En ella podemos ver no solo las pequeñas dimensiones de la parte más alta de la calle sino la preciosa portada del convento trinitario que daba nombre a la calle. Esta portada no es otra que la que hoy podemos ver en la Alhóndiga en la calle Gerardo Lobo. Al derribar el edificio en 1960 se generó el amplio espacio que hoy conocemos como Plaza del Salvador. La portada fue desmontada y trasladada años antes al mencionado lugar -en 1943, a tenor de lo escrito en una placa colocada hoy en la Alhóndiga-. La foto, tomada desde el ábside del Convento de Santa Úrsula, data aproximadamente de 1915 y es del estudio de Abelardo Linares (gracias a Renate Takkenberg-Krohn por la cesión de esta maravilla):
Portada del antiguo convento de Trinitarios Calzados en la Cuesta de la Portería de la Trinidad hacia 1915. Fotografía del estudio de Abelardo Linares

Estas son otras fotos antiguas de esta portada renacentista de frontispicio de vuelta redonda en su emplazamiento original:
Portada de las casas del desaparecido convento de San Marcos en la antigua Cuesta de la Portería o Portería de la Trinidad (hoy calle del Salvador) (hoy está en la Alhóndiga en C/ Gerardo Lobo). Fotografía de Austin Whittlesey a comienzos del siglo XX. ©
Portada de frontispicio de vuelta redonda en su primitivo emplazamiento en la antigua Cuesta de la Portería o Portería de la Trinidad, en las casas que dieron origen al desaparecido convento de San Marcos. Foto Rodríguez a comienzos del siglo XX

Formando un ángulo recto con esta portada se situaba otra portada también trinitaria, que se encontraba a la espalda del denominado Palacio de Caracena. Dicha portada fue también trasladada en 1943 a la Alhóndiga. Fue fotografiada varias veces en su emplazamiento original, destacando las tomas de Casiano Alguacil, Pedro Román Martínez y Otto Wunderlich hacia 1880, 1910 y 1925 respectivamente.
Portada del Convento de Trinitarios en la Cuesta de la Portería de la Trinidad junto a San Marcos. A la derecha el ábside de Santa Úrsula. Foto de Casiano Alguacil. Colección Luis Alba Palacio de Caracena a comienzos del siglo XX (antigua Cuesta de la Portería o Portería de la Trinidad). Fotografía de Pedro Román Martínez. Centro de Estudios Juan de Mariana. Diputación de Toledo
Palacio de Caracena (antigua Cuesta de la Portería o Portería de la Trinidad) en los años 20. Fotografía de Otto Wünderlich. © Fototeca del Patrimonio Histórico

Como decía, según diversa documentación en 1943 se trasladaron las portadas y en 1960 el edificio fue demolido:
Calle del Salvador (antigua Portería de la Trinidad o Cuesta de la Portería) hacia 1970. Colección Luis Alba. Ayuntamiento de Toledo

De este modo se generó un amplio espacio de modo casi involuntario, que en los primeros años fue un espacio terrizo, abandonado, donde incluso se construyeron infraviviendas de gente muy humilde. En 1962 lo retrató Harry Weber desde el ángulo opuesto a donde se situaba la portería:
Convento de Santa Úrsula y solar de la Plaza del Salvador septiembre de 1962. Fotografía de Harry Weber. Österreichische Nationalbibliothek

En 1969 se rodaron en el solar algunas escenas de Tristana de Luis Buñuel, para la adaptación de la novela homónima de Galdós:
Plaza de El Salvador, Toledo, en 1969 (Captura de "Tristana" de Buñuel)
Plaza de El Salvador, Toledo, en 1969 (Captura de "Tristana" de Buñuel)

Como se ve, ya no estaba la portada situada junto al Palacio de Caracena:
Calle de El Salvador (Antigua Portería de la Trinidad o Cuesta de la Portería), Toledo, en 1969 (Captura de "Tristana" de Buñuel)

Buñuel grabó también partes de la película en el inicio de la calle en su zona más baja. Es curiosa la comparativa entre su aspecto en época de Galdós -por Alguacil- y el fotograma de la película:
Inicio de la Cuesta de la Portería de la Trinidad junto al ábside de Santa Úrsula hacia 1880. Foto de Casiano Alguacil, Archivo Municipal, Ayuntamiento de Toledo
Calle de El Salvador (antigua Cuesta de la Portería o Portería de la Trinidad), Toledo, en 1969 (Captura de "Tristana" de Buñuel)

En los años de auge automovilístico la plaza se usaba como aparcamiento indiscriminado. Mi padre puso empeño en ganar ese espacio para el peatón, y fotografió la plaza cuando se prohibió aparcar allí:
Plaza del Salvador en los años 70. Fotografía de Ricardo Sánchez Candelas

Posteriormente volvió a permitirse el aparcamiento, hasta que se construyó el edificio del Archivo Municipal -que ocupó parte del solar- y por fin quedó el espacio restante arbolado y de uso exclusivo para el peatón.
Iglesia de San Marcos en los años 90

Como veis, las posibilidades que brinda la fotografía histórica para un mejor conocimiento de Toledo son casi inagotables. Estos días este pequeño proyecto personal en forma de blog cumple cinco años del mejor modo posible: celebrando que ha alcanzado un millón de visitas desde su creación (lo podéis ver en el contador situado al inicio de la página). Muchas gracias a todos por haber contribuido a lograr esta preciosa cifra.
Palacio de los Toledo y ábside de Santa Úrsula a comienzos del siglo XX

La Cuesta de la Portería de la Trinidad en la actualidad en Google Maps:

Ver Toledo Olvidado en un mapa más grande
© TOLEDO OLVIDADO
Maira Gall