viernes, 19 de septiembre de 2025

Toledo en 1960 fotografiado por Arsen Yakoubian Kurkjian

Arsen Lionel Yakoubian Kurkjian nació el 19 de agosto de 1914 en Harput, una localidad perteneciente a Turquía con una gran influencia de la cultura armenia. Era hijo de Armenag y Yeranig Yakoubian y, debido a la persecución sistemática del pueblo armenio llevada a cabo por el gobierno turco del Comité de Unión y Progreso en el Imperio otomano —un genocidio que afectó a dos millones de personas— entre 1915 y 1923, se vieron forzados a huir de su hogar. Se instalaron en Estados Unidos, donde el joven Arsen Lionel creció, concretamente en el estado de Nueva Jersey. Sirvió como soldado del ejército americano entre mayo de 1942 y diciembre de 1946 durante la II Guerra Mundial. Aunque no conocemos demasiados datos más de su vida, a través de sus fotografías podemos deducir que se trató de una persona muy inquieta y viajera, pues sus imágenes están geográficamente muy dispersas: hay registros con lugar de origen o toma en Alemania (Wiesbaden, 1949), Estados Unidos (New Hampshire, Alaska, años 1957–1961), México (diversas localidades) y varios países de América Latina como Perú (Cuzco, 1963), Venezuela (La Guaira, 1957–1963) y Colombia (Medellín, 1963). Una particularidad reseñable de su colección es que fue íntegramente obtenida a todo color, algo no muy habitual en las décadas en que estuvo más activo, desde los años 40 hasta los 60.
Arsen Lionel Yakoubian Kurkjian en 1948. Fototeca Nacional INAH Todo ello sugiere que Yakoubian fue una persona que viajó extensamente, lo cual es corroborado asimismo por su presencia en nuestro país en 1960, estancia en la que lógicamente se detuvo en Toledo donde logró varias decenas de bellas fotografías conservadas por la mediateca del Instituto Nacional de Antropología e Historia de México (INAH) que hoy tengo el placer de mostraros.
Comenzaré por una preciosa toma de la plaza de las Cuatro Calles, llena de colorido y vida:
Plaza de las Cuatro Calles. Fotografía de Yakoubian Kurkjian en el otoño de 1960. Mediateca del INAH (Gobierno de México) Es muy significativa esta vista de la plaza situada tras la puerta de Alfonso VI o Vieja de Bisagra. Es el punto en el que en la actualidad se encuentra la escultura "Lugar de encuentros V" de Eduardo Chillida. Como veis, en 1960 ese espacio era aún terrizo.
Puerta de Alfonso VI o vieja de Bisagra. Fotografía de Yakoubian Kurkjian en el otoño de 1960. Mediateca del INAH (Gobierno de México) Esta vista de la esquina entre la calle Santa Isabel y Pozo Amargo, con la tienda de comestibles Dueñas, es realmente bella:
Calle Santa Isabel esquina con Pozo Amargo. Fotografía de Yakoubian Kurkjian en el otoño de 1960. Mediateca del INAH (Gobierno de México) Aquí vemos una buena perspectiva de la calle Nuncio Viejo:
Calle Nuncio Viejo. Fotografía de Yakoubian Kurkjian en el otoño de 1960. Mediateca del INAH (Gobierno de México) Una estupenda vista de la torre de la Catedral obtenida desde el Alcázar:
Catedral vista desde el Alcázar. Fotografía de Yakoubian Kurkjian en el otoño de 1960. Mediateca del INAH (Gobierno de México) Son curiosos los vehículos propios del año 1960 junto a la Sinagoga del Tránsito:
Sinagoga del Tránsito. Fotografía de Yakoubian Kurkjian en el otoño de 1960. Mediateca del INAH (Gobierno de México) Dos panorámicas del barrio de la Antequeruela, con Bisagra y el Arrabal:
Arrabal y zona de Bisagra con la Antequeruela. Fotografía de Yakoubian Kurkjian en el otoño de 1960. Mediateca del INAH (Gobierno de México) Barrio de la Antequeruela. Fotografía de Yakoubian Kurkjian en el otoño de 1960. Mediateca del INAH (Gobierno de México) Un ciclista se afanaba en ascender la cuesta junto a la Puerta del Sol:
Un ciclista junto a la Puerta del Sol. Fotografía de Yakoubian Kurkjian en el otoño de 1960. Mediateca del INAH (Gobierno de México) Esta es una excelente panorámica tomada desde el punto donde hoy se levanta el estadio Salto del Caballo. Aún quedaban trece años para su construcción:
Vista de Toledo y el Tajo desde el Salto del Caballo. Fotografía de Yakoubian Kurkjian en el otoño de 1960. Mediateca del INAH (Gobierno de México) La serie de fotos de la Catedral y la Plaza del Ayuntamiento es estensa y de gran belleza:
Catedral de Toledo con la plaza en obras. Fotografía de Yakoubian Kurkjian en el otoño de 1960. Mediateca del INAH (Gobierno de México) Catedral y Plaza del Ayuntamiento. Fotografía de Yakoubian Kurkjian en el otoño de 1960. Mediateca del INAH (Gobierno de México) Catedral de Toledo sin verja en su fachada. Fotografía de Yakoubian Kurkjian en el otoño de 1960. Mediateca del INAH (Gobierno de México) Catedral de Toledo. Fotografía de Yakoubian Kurkjian en el otoño de 1960. Mediateca del INAH (Gobierno de México) Catedral de Toledo. Fotografía de Yakoubian Kurkjian en el otoño de 1960. Mediateca del INAH (Gobierno de México) Catedral de Toledo. Fotografía de Yakoubian Kurkjian en el otoño de 1960. Mediateca del INAH (Gobierno de México) Puerta de los Leones de la catedral. Fotografía de Yakoubian Kurkjian en el otoño de 1960. Mediateca del INAH (Gobierno de México) Arco de palacio y detalle de la Catedral. Fotografía de Yakoubian Kurkjian en el otoño de 1960. Mediateca del INAH (Gobierno de México) Puerta de los Leones de la Catedral. Fotografía de Yakoubian Kurkjian en el otoño de 1960. Mediateca del INAH (Gobierno de México) Catedral de Toledo. Fotografía de Yakoubian Kurkjian en el otoño de 1960. Mediateca del INAH (Gobierno de México) Detalle de la Catedral. Fotografía de Yakoubian Kurkjian en el otoño de 1960. Mediateca del INAH (Gobierno de México) La parte interior de la Puerta de Bisagra:
Puerta de Bisagra. Fotografía de Yakoubian Kurkjian en el otoño de 1960. Mediateca del INAH (Gobierno de México) El Museo del Greco y sus jardines fueron visitados por el fotógrafo de origen armenio:
Museo del Greco, jardín. Fotografía de Yakoubian Kurkjian en el otoño de 1960. Mediateca del INAH (Gobierno de México) Museo del Greco, jardín. Fotografía de Yakoubian Kurkjian en el otoño de 1960. Mediateca del INAH (Gobierno de México) Museo del Greco, patio. Fotografía de Yakoubian Kurkjian en el otoño de 1960. Mediateca del INAH (Gobierno de México) Este era el aspecto del Pasadizo de Balaguer:
Pasadizo de Balaguer. Fotografía de Yakoubian Kurkjian en el otoño de 1960. Mediateca del INAH (Gobierno de México) El Monasterio de San Juan de los Reyes está bien representado en el reportaje de Yakoubian:
Claustro de San Juan de los Reyes. Fotografía de Yakoubian Kurkjian en el otoño de 1960. Mediateca del INAH (Gobierno de México) Claustro de San Juan de los Reyes. Fotografía de Yakoubian Kurkjian en el otoño de 1960. Mediateca del INAH (Gobierno de México) Claustro de San Juan de los Reyes. Fotografía de Yakoubian Kurkjian en el otoño de 1960. Mediateca del INAH (Gobierno de México) Interior de San Juan de los Reyes. Fotografía de Yakoubian Kurkjian en el otoño de 1960. Mediateca del INAH (Gobierno de México) Arsen Lionel Yakoubian Kurkjian falleció el 1 julio de 2007 dejándonos un extensísimo legado fotográfico que fue donado al citado Instituto Nacional de Antropología e Historia de México (INAH), al que agradezco la labor de digitalización, catalogación y difusión de las miles de fotografías que componen esta valiosa colección.
Arsen Lionel Yakoubian Kurkjian en 1949. Fototeca Nacional INAH

sábado, 16 de agosto de 2025

Melones y sandías en las plazas de Toledo: fotografías que aún endulzan la memoria

Hubo un tiempo, no tan lejano, en el que el verano en diferentes puntos del casco histórico de Toledo tenía un sabor inconfundible: el de los melones y sandías que se vendían en puestos ambulantes, instalados en plazas y plazuelas. Aquellos tenderetes, efímeros y humildes pero llenos de vida, formaban parte del paisaje urbano cada temporada estival, convirtiendo por unos meses aquellos espacios empedrados en un punto de reunión vecinal.
En ellos, los meloneros y meloneras, con oficio heredado y palabra cercana, disponían la fruta cuidadosamente sobre el suelo, ordenada casi como un bodegón: los colores verdes jaspeados de las rugosas cortezas de los melones se alternaban con verdes oscuros y rojos intensos de las sandías cuando eran cortadas. El sol radiante al impactar sobre los montones de fruta generaba brillos que anunciaban frescura en los días más calurosos.
Los vendedores a menudo pasaban incluso la noche junto a su mercancía, para evitar montar y desmontar diariamente toda su parafernalia y evitar también robos nocturnos. Junto a ellos se situaba la balanza romana que pesaba la fruta según se venía haciendo desde hacía siglos y siglos, y cuya calibración en ocasiones despertaba suspicacias y algunas discusiones.
En el momento de la venta destacaba, por supuesto, el ritual de "la cala y la cata": el cuchillo entraba con destreza en el melón o la sandía, mostrando la pulpa en su punto justo, y un trozo generoso pasaba a las manos del cliente, que probaba antes de decidir. Era un gesto de honestidad y de orgullo por la mercancía, un pacto tácito entre quien vendía y quien compraba.
Hoy, aquellos puestos ya no ocupan nuestras plazas como antes, pero la memoria de miles de toledanos conserva nítida la imagen: la fruta sobre la piedra antigua, las voces que pregonaban dulzura y frescor, el aroma que se escapaba de una rodaja recién cortada. Un recuerdo sencillo, pero lleno de autenticidad, que nos habla de un Toledo vivido, compartido y saboreado.
Las fotografías más antiguas de los puestos de melones en las calles y plazas de Toledo datan del siglo XIX. En ellas ya se puede apreciar que, para facilitar el apilamiento de la fruta, se clavaban entre los guijarros del suelo unas estacas metálicas que servían para sujetar los tablones de madera de baja altura que ejercían como límite de un pequeño recinto en el que los melones y sandías se amontonaban cuidadosamente para no ser golpeados o dañados:
Melonera en Toledo en el siglo XIX, hacia 1880. Fotografía de Casiano Alguacil En cuanto a los lugares de venta, comenzaré por el que me parece más entrañable y pintoresco: la plazuela de Santo Tomé. Fue allí donde fue tomada una de las imágenes más bellas jamás obtenidas en Toledo. Su autor, un jovencísimo Jean Paul Margnac, logró una instantánea que no tiene desperdicio, tanto por sus colores como por las diferentes microescenas que encierra la estampa, desde el vendedor que descansa tumbado hasta el pequeño puesto de helados situado al lado con sus pequeños clientes.
Puesto de melones y  sandías en la calle de Santo Tomé en 1955. Fotografía de Jean Paul Margnac © Jean Paul Margnac Estas son más fotos de la misma plaza con sus puestos de melones:
Melones colocados en un puesto en la Plaza de Santo Tomé al atardecer en los años 50. Anónimo francés. Colección personal de Eduardo Sánchez Butragueño. Plaza de Santo Tomé con un puesto de melones. Fotografía tomada hacia 1950 por un anónimo viajero francés. Colección personal de Eduardo Sánchez Butragueño. Puesto de venta ambulante de melones y sandías en la plaza de Santo Tomé a mediados del siglo XX Muy cerca de allí, en la puerta de la iglesia del Salvador, se situaba otro de los puntos en los que históricamente eran instalados estos puestos. Allí se tomaron varias fotografías, con la curiosidad añadida de poder apreciar los grandes cambios urbanísticos que ha sufrido esta zona, en la que las casas situadas al fondo fueron suprimidas años después generándose la amplia plaza que hoy podemos disfrutar junto a la iglesia de san Marcos:
Puesto de Melones junto a la Iglesia del Salvador.  Colección de Luis Alba. Melonera con su puesto de melones en la plaza del Salvador hacia 1925. Foto para linterna mágica. Puesto de melones en la plaza del Salvador en los años 20. Fotografía del estudio de Abelardo Linares Puesto de melones en la plaza del Salvador en los años 20. Fotografía del estudio de Abelardo Linares (detalle) Sin embargo, el lugar del que más fotografías antiguas de puestos de melones y sandías se conservan es la Plaza Mayor. Su histórico emplazamiento junto al corral de comedias que hoy ocupa el Teatro de Rojas, mencionado también como "Mesón de la fruta" al ser el lugar se ejecutaban en su patio las contratas de estos alimentos cuando no había representación teatral, hace que estas fotos supongan una continuidad visual del lugar con respecto a su uso como espacio de venta de fruta:
Puesto de melones en la plaza Mayor con el Teatro de Rojas al fondo. Años 40. Colección personal de Eduardo Sánchez Butragueño. Vendedores de melones y otros productos en la Plaza Mayor de Toledo en los años 40. Anónimo belga. Colección personal de Eduardo Sánchez Butragueño. Meloneros en la plaza Mayor. Colección de Luis Alba. Meloneros en la Plaza mayor, años 50. Colección Luis Alba Puesto de Melones en la Plaza Mayor, años 50. Colección Luis Alba Puesto de Melones en la plaza mayor en 1953. Colección Luis Alba Puesto de melones en la Plaza Mayor.  Colección de Luis Alba. Plaza Mayor y Teatro de Rojas en 1947, puestos de melones También se conservan fotos de puestos de melones en el Paseo de Merchán o de la Vega, especialmente durante la feria de agosto:
Feria de Toledo en el Paseo de Merchán a principios del siglo XX. Fotografía de D. Pedro Román Martínez. Diputación de Toledo, Centro de Estudios Juan de Mariana Puestos de sandías y melones en la Feria de Toledo en el Paseo de Merchán a principios del siglo XX. Fotografía de D. Pedro Román Martínez. Diputación de Toledo, Centro de Estudios Juan de Mariana Esperando que esta entrada os haya resultado interesante y refrescante, os dejo con una última foto que no tengo al cien por cien segura su ubicación, por lo que agradeceré vuestra opinión.
Un puesto de melones y sandías en Toledo

martes, 22 de julio de 2025

El Cigarral de las Pontezuelas identificado en algunas de las mejores fotografías de Pedro Román Martínez

En bastantes ocasiones he comentado que, en mi opinión, el fotógrafo que mejor capturó el alma y la esencia del Toledo de comienzos del siglo XX fue Pedro Román Martínez. Su sensibilidad a la hora de encontrar la belleza en las escenas cotidianas de la parte más desfavorecida de la población toledana de aquellos años es realmente maravillosa, a caballo entre el pictorialismo y la fotografía humanista.
Humildes habitantes de una ciudad sumida por entonces en la decadencia que posaban con naturalidad, sin perder un ápice de dignidad pese a lucir sus pies descalzos, sus ropas ajadas y su piel abrasada por el sol y el frío. Fueron fotografías en las que quedaron inmortalizados azacanes, lavanderas, pescadores y —sobre todo y especialmente— niños, muchos niños. Los más pequeños fueron sus modelos predilectos y protagonizan una buena parte de su impagable retrato de nuestra ciudad en aquel periodo de la historia. Entre sus extenso archivo había un grupo de imágenes realmente bellas tomadas en un cigarral toledano hacia 1910 cuya ubicación exacta, hasta la fecha, permanecía sin identificar.
Quiso el destino que, en mis frecuentes intercambios de correos electrónicos con el genial investigador José Luis del Castillo, este me remitiera —como complemento a una conversación sobre nuestras respectivas sagas familiares— unas fotografías que cuidadosamente conserva, acompañadas de una prolija cantidad de datos recordados y recabados por José Luis. Al recibirlas, enseguida llamó mi atención una de ellas... ¡esa foto ya la había visto! Unos niños y su perro aparecen en una vista tomada al exterior de una construcción encalada, dos de ellos sentados y una, la más mayor, de pie con sus pies descalzos a la vista. A continuación os pongo la copia conservada por José Luis y, tras ella, la copia que yo conocía que se custodia en el Archivo Histórico Provincial de Toledo.
Cigarral de las Pontezuelas hacia 1910. Se trata de los hijos de la cigarralera madre, llamada Juana, según está escrito en el reverso de la foto. Donación de José Luis del Castillo Jiménez. Niños en el cigarral de las Pontezuelas hacia 1910. Fotografía de Pedro Román Martínez (c) JCCM, AHP, Fondo Rodríguez. Signatura R-150-4-06 Se trataba, sin duda, de una copia de una de las fotografías que yo tanto admiraba de Pedro Román Martínez tomadas hacia 1910, pero poseía un valor especial porque concretaba tanto el lugar como la identidad de los retratados. Ese lugar era ni más ni menos que el precioso Cigarral de las Pontezuelas y los niños no eran otros que los hijos de Juana, la cigarralera por aquel entonces, pues así figuraba escrito al dorso.
Además, estamos hablando del que probablemente es el entorno cigarralero más auténtico, y el que fue objeto de una descripción detallada por parte de uno de los más grandes escritores españoles: Benito Pérez Galdós. El canario retrató magistralmente estos parajes en su inmortal obra Ángel Guerra en 1891, donde diseccionaba con su mágica prosa la escarpada orografía de esta zona, los cultivos allí presentes y las vistas de la ciudad que se contemplan desde el lugar, sin olvidarse de la ruda y humilde vida de los cigarraleros encargados de cuidar estas fincas.
La localización inequívoca del lugar donde fue tomada la fotografía que me pasó José Luis era, por tanto, muy importante, no solo por las resonancias literarias del lugar, sino porque me abrió la puerta a la identificación de muchas más imágenes del mismo autor en las que aparecían los mismos niños en diferentes partes de la finca. Para ello, le fui pasando todas las imágenes a José Luis, el cual confirmó —una a una— que se trataba del mismo cigarral de las Pontezuelas.
Niña en el cigarral de las Pontezuelas hacia 1910. Fotografía de Pedro Román Martínez (c) JCCM, AHP, Fondo Rodríguez. Signatura R-150-3-15 Familia en el cigarral de las Pontezuelas hacia 1910. Fotografía de Pedro Román Martínez (c) JCCM, AHP, Fondo Rodríguez. Signatura R-137-3-04 Niños en el cigarral de las Pontezuelas hacia 1910. Fotografía de Pedro Román Martínez (c) JCCM, AHP, Fondo Rodríguez. Signatura R-137-3-06 Niños en el cigarral de las Pontezuelas, por Pedro Román. AHP JCCM Signatura R-150-3-16 Niños en el cigarral de las Pontezuelas hacia 1910. Fotografía de Pedro Román Martínez (c) JCCM, AHP, Fondo Rodríguez. Signatura R-150-3-01 Niña en el cigarral de las Pontezuelas hacia 1910. Fotografía de Pedro Román Martínez (c) JCCM, AHP, Fondo Rodríguez. Signatura R-144-1-01-pequena Niña alimenta gallinas en el cigarral de Pontezuelas a comienzos del siglo XX. Fotografía de Pedro Román Martínez. Centro de Estudios Juan de Mariana. Diputación de Toledo Niñas en el Cigarral de las Pontezuelas de Toledo a comienzos del siglo XX. Fotografía de Pedro Román Martínez. Centro de Estudios Juan de Mariana. Diputación de Toledo Niños en el cigarral de las Pontezuelas de Toledo a comienzos del siglo XX. Fotografía de Pedro Román Martínez. Centro de Estudios Juan de Mariana. Diputación de Toledo Pedro Román tenía relación de amistad con los propietarios del cigarral —así nos lo confirma José Luis como nieto de los mismos— por lo que debió acudir al lugar y sus inmediaciones en numerosas ocasiones. En estos años he logrado identificar estas otras fotos de Román tomadas justo al lado, en el pequeño puente sobre el arroyo de Pozuela o de la Cabeza. Se trata de un paraje precioso que actualmente, pese a estar algo modificado, conserva buena parte de su encanto.
Puente sobre el arroyo de las Pontezuelas hacia 1910. Fotografía de Pedro Román Martínez (c) JCCM, AHP, Fondo Rodríguez. Signatura R-149-1-05 Puente sobre el arroyo de Pozuela o de la Cabeza junto al cigarral de las Pontezuelas Niño junto al puente sobre el arroyo de las pontezuelas hacia 1910. Fotografía de Pedro Román Martínez (c) JCCM, AHP, Fondo Rodríguez. Signatura R-149-1-04 Zona del cigarral de las Pontezuelas junto a Pozuela. Fotografía de Pedro Román Martínez. Doiputación de Toledo, Centro de Estudios Juan de Mariana. Zona del cigarral de las Pontezuelas junto a Pozuela. Fotografía de Pedro Román Martínez. Doiputación de Toledo, Centro de Estudios Juan de Mariana. Ciudad_Cigarral Pontezuelas_Exterior con personas - Román Niños en el Cigarral de las Pontezuelas hacia 1910. Fotografía de Pedro Román Martínez (c) JCCM, AHP, Fondo Rodríguez. Signatura R-149-4-12 Un cigarral hacia 1910. Fotografía de Pedro Román Martínez (c) JCCM, AHP, Fondo Rodríguez. Signatura R-148-1-03 La familia de José Luis del Castillo conserva dos fotografías más del cigarral tomadas a comienzos del siglo XX, y en ellas se puede ver a sus abuelos junto con su chófer.
Cigarral de las Pontezuelas hacia 1910. Aparecen sus abuelos Julio, el farmacéutico, y Carmen llegando en coche al cigarral. Donación de José Luis del Castillo Jiménez. Cigarral de las Pontezuelas hacia 1910. Aparecen sus abuelos Julio, el farmacéutico, y Carmen almorzando en una explanada aledaña a la casa del cigarral. Donación de José Luis del Castillo Jiménez. El cigarral de las Pontezuelas y su entorno ya había sido fotografiado por diferentes autores desde el siglo XIX. Comparando muchas fotografías, hace unos años llegué a la conclusión de que el genial pintor y fotógrafo Matías Moreno había sido uno de los primeros en inmortalizar este paraje hacia 1890:
Probablemente zona de las Pontezuelas. Fotografía de Matías Moreno a finales del XIX. Colección de Rosalina Aguado. Fotografía de Matías Moreno a finales del XIX. Colección de Rosalina Aguado. Un cigarral, tal vez en la zona de las Pontezuelas. Fotografía de Matías Moreno a finales del XIX. Colección de Rosalina Aguado. En cuanto a la historia del cigarral de las Pontezuelas y sus aledaños, de manera resumida es la siguiente:
En el Catastro de la Ensenada de 1755 aparece citado como Cigarral de la Pontezuela o de Valdecomba (¿tal vez el mismo topónimo que en otros casos aparece como Valdecolomba?), siendo propiedad de la Cofradía del Santísimo Sacramento de la parroquia de Santa Eulalia, contando con 5 fanegas de extensión y 380 árboles de albaricoque y almendros, 30 olivas y 4 álamos negros. Poseía una cerca hecha de piedra y tierra y una casa con dos plantas de 19x20 varas para el guarda.
El 20 de noviembre de 1885, Gregorio Jimeno Quijada, agente de negocios y concejal, nacido en Toledo el 12 de marzo de 1850 y casado con Bernarda Meneses Arellano, sobrina del propietario Lino Pérez Bargueño y de Vicenta Arellano Maestre y hermanastra del pintor Pablo Manzano Arellano, compra el cigarral de Pontezuelas propiedad de Ramona de Roa Onrubia por herencia de su padre y anterior propietario, Pedro de Roa Pinto, y de su marido Braulio García Sánchez.
El 1 de julio de 1886, Gregorio Jimeno, teniente alcalde liberal, vende el cigarral de las Pontezuelas al coronel Antonio Lozano Ascarza, antiguo profesor, subdirector y jefe de estudios de la Academia de Infantería en su primera época y dueño de un colegio de preparación al ingreso en academias militares abierto en la calle de la Trinidad y desde 1883, en la de Santa Úrsula.
El 4 de mayo de 1889, Gregorio Jimeno vuelve a comprar el cigarral de las Pontezuelas, llamado de don Jesús o Villalobos, a Aurora y Carolina Lozano Romero, herederas del coronel Antonio Lozano Ascarza, y construye el pozo del mismo.
Gregorio Jimeno Quijada. Retrato en 1908. Cortesía de José Luis del Castillo. En 1906, Gregorio Jimeno adquiere en su totalidad un igualmente denominado "cigarral Pontezuelas", también titulado "de don Jesús" o "de Villalobos", por venta de sus anteriores propietarios, Amalia y Mariano Moreno Rubio, fallecido en 1903. Debía tratarse de la finca colindante, la misma que adquirió después la familia de Santiago Camarasa haciendo de ella un lugar de gran actividad social (este "segundo cigarral" de la zona de las Pontezuelas merece una entrada propia del blog no solo por las fotos que se conservan de él sino por su intensa historia de cambios de dueños y denominaciones, tales como "cigarral de Camarasa" cuando perteneció a esa familia, "cigarral de Ángel Guerra" cuando pasó a ser de Salvador de Madariaga en 1931, o "cigarral del Sagrario" cuando pasó a pertenecer a Mariano Moreno Toledo tras comprárselo al presidente de Iberia Jesús Rubio Paz).
El 19 de diciembre de 1909, Gregorio Jimeno fallece en Toledo a los 59 años de edad. El cigarral de su propiedad pasa en herencia a su única hija, Carmen Jimeno Meneses, nacida en Toledo el 8 de mayo de 1882 y casada con Julio Jiménez Jiménez, nacido en Orihuela del Tremedal (Teruel) el 19 de diciembre de 1877, dueño de la farmacia de la calle Cardenal Lorenzana. Ambos eran los abuelos de José Luis del Castillo Jiménez. Es en esta época cuando se toman las fotografías de Pedro Román que hoy protagonizan esta entrada del blog.
Gregorio Jimeno con con su hija Carmen hacia 1885. Cortesía de José Luis del Castillo. Ya en 1936, la guerra civil va a tener repercusiones importantes en el cigarral de las Pontezuelas: mientras la farmacia Jiménez queda, por extrañas y afortunadas circunstancias, bajo protección gubernamental entre julio y septiembre de 1936 una vez que los guardias de asalto colocan en la puerta un sello con el letrero “casa registrada por UHP”, lo que deja la familia a resguardo de los acontecimientos, la casa del cigarral es ocupada por los cigarraleros y los combatientes republicanos. La situación es aprovechada para protegerse de la explosión de la mina colocada bajo el alcázar el 18 de septiembre, cuando la familia fue evacuada al cigarral, debiendo acomodarse en el salón de la casa ocupada. La entrada de las tropas franquistas en la ciudad sitúa el cigarral casi en la línea del frente, establecida hasta el final de la guerra apenas más lejos, entre el cigarral de Azuela y la ermita del Valle. Los cigarraleros desaparecen y Julio Jiménez prohíbe a sus hijos el acceso al cigarral, que permanece como zona de nadie.
Miembros italianos del Corpo Truppe Volontarie en el Valle junto al Cigarral de Amira en  Toledo en la batalla por la cabeza de puente en la guerra civil española. La pieza es un mortero de 260/9 Mod. 1916. La situación previa se restablece con el final de la guerra, lo que permite contratar a una nueva familia de cigarraleros, si bien la estabilización de los acontecimientos poco podrá ser aprovechada, pues Julio Jiménez fallece apenas un año después.
Ya a mediados del siglo XX, en los años 60, el cigarral se subdivide en tres, denominados Pontezuelas, Pozo de las Pontezuelas y Santoyo.
Zona del cigarral de las Pontezuelas hacia 1965. Foto aérea. Con mi mayor agradecimiento a José Luis del Castillo y su familia por toda la información facilitada, solo me queda desear que os hayan gustado estas fotografías, por fin certeramente ubicadas en el mapa toledano —tanto topográfico como sociológico— de comienzos de siglo XX, que constituyen un valioso retrato de nuestra ciudad por aquel entonces.
Año 1951 o 1952. José Luis del Castillo con 2 años de edad junto a su padre y su hermana mayor en el cigarral de las Pontezuelas junto a unas gallinas.
© TOLEDO OLVIDADO
Maira Gall