sábado, 6 de mayo de 2023

La fábrica de harinas San José, el mejor ejemplo de arquitectura industrial del centro histórico de Toledo

La arquitectura industrial de finales del siglo XIX dejó en Toledo algunos hermosos ejemplos que han pervivido hasta nuestros días. Hoy os hablaré de uno de ellos, que incluso logró el 28 de noviembre de 1996 ser declarado Bien de Interés Cultural con la categoría de monumento (aquí la declaración).
Corría el año de 1889 cuando fue levantado en plena judería este edificio, destinado a albergar inicialmente una fábrica de cuchillería promovida por los hermanos Mariano y Nicolás Garrido, según narra magistralmente el gran Rafael del Cerro Malagón en «Arquitectura industrial en el Toledo del siglo XIX» (enlace aquí). El arquitecto de la obra fue el toledano Luis Moraleda, quien redacta y firma la memoria de la fábrica el 16 de abril de 1889. La construcción exigió la demolición de algunas casas de la manzana. La trazas de la obra planteaban un amplio espacio diáfano cerrado bajo una estructura muy sencilla, con un corral triangular para depósito de materiales. El arquitecto diseñó un lugar adecuado para colocar el motor de vapor que movía la maquinaria, así como un sótano donde se almacenaba el carbón que le servía de combustible. La descarga del carbón a dicho sótano se hacía a través de las ventanas que daban a la entonces nombrada como plaza del Cascabel. Planteaba un acceso o puerta principal, abierta a la plaza de Barrio Nuevo, y otra secundaria en el lateral izquierdo, donde se situaba el corral triangular, que daba a la entonces denominada plaza del Juego de Pelota. El espacio interior, que buscaba la mayor amplitud posible en una única nave, fue proyectado con veintiocho columnas de hierro fundido.
Alzado de la fachada de la Fábrica de Cuchillería de los Hermanos Garrido, luego fábrica de harinas, en 1889. Publicado por Rafael del Cerro Malagón en «Arquitectura industrial en el Toledo del siglo XIX». Original del Archivo Municipal Sección de la Fábrica de Cuchillería de los Hermanos Garrido, luego fábrica de harinas, en 1889. Publicado por Rafael del Cerro Malagón en «Arquitectura industrial en el Toledo del siglo XIX». Original del Archivo Municipal. Plano de la planta de la Fábrica de Cuchillería de los Hermanos Garrido, luego fábrica de harinas, en 1889. Publicado por Rafael del Cerro Malagón en «Arquitectura industrial en el Toledo del siglo XIX». Original del Archivo Municipal Publicidad de la fábrica de armas blancas Garrido en 1892 (Nueva Guía de Juan de Mariana) El inmueble fue finalmente edificado en planta rectangular con dos alturas y un hastial. El aspecto general del edificio se integra muy bien tanto cromática como volumétricamente en el centro histórico gracias al uso del típico ladrillo de dos tonos (en el proyecto se indica expresamente: ladrillo á dos colores, blanco cortado al agua y encarnado, de las fábricas de Valladolid) y a la inteligente disposición de sus elementos. La portada principal está formada por un arco rebajado con cornisa triangular, y está decorada con mensulillas. A ambos lados se abren dos ventanas con un arco de medio punto y decoración en el extradós, como resaltes de las dovelas. Las cuatro ventanas presentan, además, rejería de forja de gran calidad, lo que incrementa el valor del edificio.
La planta principal estaba inicialmente recorrida por cinco huecos de iguales dimensiones, construidos por arcos de medio punto con decoración de ladrillo. El hastial, por su parte, contiene tres ventanas de arco de medio punto con extradós, también decorado, y parapeto en la ventana central. En las plantas baja y principal, los entrepaños están bellamente decorados con rombos ejecutados con maestría utilizando el ladrillo.
La totalidad de la fachada aparece enmarcada por dos pilastras con capitel realizado también en ladrillo, elemento que también aparece en las líneas de impostas.
Por su parte, la fachada lateral, de dos alturas, posee ocho ventanas de medio punto por planta, cuyos arcos están resaltados con ladrillos de distinta coloración en el extradós.
La cubierta del edificio es de dos aguas con teja plana, mientras que el cuerpo adosado a la parte trasera presenta tres vertientes y teja árabe. La cubierta está sujeta por una armadura metálica que data del año en que se levantó el inmueble en 1889.
Estamos, por tanto, ante un edificio que supuso un cambio importante en el urbanismo de la judería. Para hacernos una idea, veamos el aspecto inicial de esa zona utilizando esta foto (con una ampliación) tomada por Gustave de Beaucorps en el temprano año de 1858.
Puente de San Martín de Toledo en 1858. Fotografía de Gustave de Beaucorps. Bibliotheque Nationale de France (alta resolución) Aspecto de la zona donde hoy se levanta la fábrica de harinas en 1858. Detalle de una foto de Gustave de Beaucorps. Es de gran ayuda también para comprender el espacio echar un vistazo al plano de Reinoso en 1882, en el que vemos esa manzana con casas que fueron derribadas para poder construir esta fábrica:
Zona donde se ubica la fábrica de harinas san José antes de su construcción. Detalle del plano de Reinoso. En fechas recientes he adquirido una rara fotografía del francés R. Salleron tomada en noviembre de 1889 que viene a confirmar la fecha de construcción del edificio. Al ampliarla, vemos claramente cómo aparece ya en pie uno de los grandes muros (concretamente la fachada trasera, con su forma triangular), pero aún sin ejecutar el tejado. Se trata de una joya documental que, a fecha de hoy, constituye el único documento gráfico del proceso constructivo del edificio:
Vista del Puente de San Martín el jueves 7 de noviembre de 1889 por el francés R. Salleron. Colección personal de Eduardo Sánchez Butragueño Fábrica de Harinas San José en construcción el 7 de noviembre de  1889. Detalle de una foto de R. Salleron. Colección personal de Eduardo Sánchez Butragueño En estas fotos, tomadas hacia 1890 por Hauser y Menet, se ve incluso con más claridad el proceso constructivo:
Puente de San Martín, publicada en 1894 por Hauser y Menet Edificio de la Fábrica de Harinas San José en Construcción, detalle de una foto publicada en 1894 por Hauser y Menet Fábrica de harinas San José en obras hacia 1890. Detalle de una foto de Hauser y Menet. En septiembre de 1899, el también francés Petit inmortalizó el edificio desde la otra orilla del río al tomar esta soberbia fotografía desde el cerro de la ermita de la Cabeza:
Vista desde la ermita de la Virgen de la Cabeza entre el 24 y el 26 de septiembre de 1899. Fotografía de Petit. Société Française d'Archéologie et Ministère de la Culture (France), Médiathèque de l'architecture et du patrimoine (archives photographiques) Sin embargo, el uso del edificio como fábrica de cuchillería con sus secciones de forja, desbaste, pulido y grabado, fue muy efímero: en 1905 cesó su actividad. Pronto se destinó el inmueble a otros fines bien distintos, acogiendo la nueva fábrica de harinas "San José" de la empresa Castro y Compañía. Con los años, sus nuevos dueños realizaron varias ampliaciones en el flanco izquierdo a partir del pequeño patio existente y en la parte posterior para usarlo como cochera. Este era el aspecto del edificio en 1918:
Aspecto exterior de la Fábrica de Harinas San José en 1918 Interior de la Fábrica de harinas San José en 1918. También en 1918, su maquinaria llamó la atención del entonces estudiante Hermenter Serra, logrando esta preciosa fotografía:
Maquinaria de la fábrica de harinas San José en 1918. Fotografía de Hermenter Serra de Budallés (1894-1997). Arxiu Nacional de Catalunya, signatura ANC1-22-N-962 A continuación, unas bonitas fotos aéreas del edificio en los años 20:
Roca Tarpeya, Fábrica de harinas, mazapán y dulces "San José"  y Paseo del Tránsito. Detalle de una fotografía aérea de José María Borbón y de la Torre en 1925. Colección personal de Eduardo Sánchez Butragueño. Vista aérea de Roca Tarpeya y la fábrica de harinas San José hacia 1925. A la derecha, el paseo de los Precipicios. Archivo Municipal de Toledo. Este es un reportaje sobre la fábrica publicado en El Financiero en 1922:
Fábrica de Harinas San José en el Reportaje sobre Toledo en la revista El Financiero en noviembre de 1922 En 1924 se publicaron estas fotos en El Castellano Gráfico:
Fábrica de harinas, mazapán y dulces "San José" de Castro y Compañía. El Castellano Gráfico, 14 de agosto de 1924 Fábrica de Harinas San José en 1924 Interior de la Fábrica de harinas, mazapán y dulces "San José" de Castro y Compañía. El Castellano Gráfico, 14 de agosto de 1924. En esta preciosa imagen vemos a un carro de bueyes descargando sacos de grano para ser molido en la fábrica:
Carro de bueyes en la fábrica de harinas San José, actual hotel San Juan de los Reyes. Aquí tenemos un aspecto del esquinazo del edificio en 1945:
Plaza de Barrionuevo desde la fábrica de Harinas San José. Foto incluida en el Plan General de Ordenación de Toledo publicado en 1945 en la Revista Nacional de Arquitectura. Colección personal de Eduardo Sánchez Butragueño. Mirad qué bonito aspecto del edificio a mediados del siglo XX visto desde la otra orilla del río:
En primer término el Tallerón de Victorio Macho en construcción en Roca Tarpeya. Tras él aparece el edificio de la fábrica de harinas San José. Foto Tomada hacia 1961 por Rodríguez. La empresa destacó por el cuidado de bastantes detalles, que iban desde publicidad en la prensa local al esmero en sus productos pues, de hecho, su actividad no solo no se ceñía a la industria harinera, sino que también contaba con fábrica de dulces y mazapán, fabricando preciosos estuches metálicos:
Anuncio de la Fábrica de harinas, mazapán y dulces "San José" de Castro y Compañía. La Nación, 31 de julio de 1926 Caja metálica de la Fábrica de harinas, mazapán y dulces "San José" de Castro y Compañía. Archivo Municipal de Toledo. Caja metálica de la Fábrica de harinas, mazapán y dulces "San José" de Castro y Compañía. Caja metálica de la Fábrica de harinas, mazapán y dulces "San José" de Castro y Compañía. Caja metálica de la Fábrica de harinas, mazapán y dulces "San José" de Castro y Compañía. Caja metálica de la Fábrica de harinas, mazapán y dulces "San José" de Castro y Compañía. Caja metálica de la Fábrica de harinas, mazapán y dulces "San José" de Castro y Compañía. Caja metálica de la Fábrica de harinas, mazapán y dulces "San José" de Castro y Compañía. Caja metálica de la Fábrica de harinas, mazapán y dulces "San José" de Castro y Compañía. Esta actividad industrial como fábrica de harinas se mantuvo hasta entrado el siglo XXI. Muy poco después, comenzaron las obras para convertir el inmueble en un bonito hotel, que fue inaugurado en mayo de 2003 y que conservó en buena medida elementos originales interesantes de su histórico uso.
Aspecto del edificio en la actualidad en Google Maps:

lunes, 10 de abril de 2023

La olmeda que marcaba el límite de crecida del Tajo junto a la Puerta del Vado y la Isla de Antolínez

La gran particularidad topográfica de Toledo se debe a la inverosímil incursión que el río Tajo hace en el roquedo de la denominada Meseta Cristalina de Toledo. Cuando el río desciende plácidamente desde Aranjuez hacia Toledo por un amplio valle sedimentario un tanto asimétrico en forma de artesa, nada hace pensar que, al llegar a la ciudad, vaya a adentrarse entre esas rocas metamórficas e ígneas propias de la citada Meseta Cristalina para formar el famoso Torno del Tajo, que genera ese gran peñón rodeado en sus tres cuartas partes por el río, sobre el que se asienta desde hace milenios la ciudad. El valle del Tajo en el Torno de Toledo se transforma, de repente, en una estrecha garganta, formando una especie de cañón o breve desfiladero en el que la velocidad del agua aumenta tras el embalsamiento que, necesariamente, sufre el río justo antes de adentraste en este angosto paso.
Ese embalsamiento, que tiene lugar justo antes del Puente de Alcántara, ha sido históricamente otra de las peculiaridades topográficas que hicieron de Toledo un lugar estratégico en la península. Esa característica, menos conocida que su carácter inexpugnable, era el hecho de albergar el único punto en el que el río Tajo podía ser vadeado a pie durante buena parte del año. En efecto, como consecuencia de esa incursión en el roquedo del valle en Toledo, el Tajo sufría un gran ensanchamiento justo antes de la ciudad, pues el paso hacia el roquedo hace de embudo. Por tanto, la importancia de Toledo era doble: por un lado era una ciudad fácilmente defendible al estar en lo alto de una inmensa roca rodeada por un río y, por otro, se situaba en el único punto en el que el Tajo —que divide en dos la península, ejerciendo de frontera entre el norte y el sur— podía ser cruzado sin necesidad de puentes. De ahí la estratégica presencia de la Puerta del Vado o Bib al-Mahadat, por la que se controlaba el acceso a la ciudad en este punto.
En ese ensanchamiento previo al puente de Alcántara, la corriente del río descendía mucho de velocidad y se subdividía en dos brazos, quedando entre ellos una importante porción de tierra muy fértil denominada Isla de Antolínez. El brazo de la margen izquierda era algo más caudaloso y regaba la Huerta del Rey, mientras que el derecho, de dimensiones un poco menores, quedaba muy cerca de la citada Puerta del Vado y la muralla de la Antequeruela. Ambos brazos volvían a unirse poco antes del puente de Alcántara.
Isla de Antolínes en la Panorámica de Toledo realizada por el maestro de obras José Arroyo Palomeque hacia 1720. Archivo Municipal de Toledo. Plano de Toledo y de sus Cercanias (año 1820) por François Jouanne. Se aprecia muy bien la Isla de Antolínez. (c) Biblioteca Nacional Detalle de el Plano de Toledo y de sus Cercanias (año 1820) por François Jouanne. Se aprecia muy bien la Isla de Antolínez. (c) Biblioteca Nacional La extensión de esta isla, si bien variaba en función de la pluviometría y de la época del año, era bastante considerable. Para hacernos una idea fiel de ello, nada mejor que esta comparativa georeferenciada que realizó en 2014 el genial geógrafo Manuel López Castro, a partir del plano que representó nada menos que el Greco entre 1608 y 1614, y que publicó el no menos grande Rafael del Cerro Malagón en este estupendo artículo en ABC:
Foto área actual del Tajo y, sobrepuestos, en color rojo, los dos brazos del río y la gran isla de Antolinez según la Vista y plano de Toledo (el Greco, 1608-1614). Imágenes georreferenciadas en 2014 por el cartógrafo Manuel López Castro. Aquella isla fue desecada a comienzos del siglo XIX y desde entonces el río posee un único brazo. El terreno que ocupaba la isla fue usado en las décadas posteriores como huerta y la ciudad fue, poco a poco, olvidando el carácter peculiar y estratégico de este paraje. Sin embargo, la fotografía histórica llegó a tiempo de inmortalizar las huellas que esta conformación topográfica había dejado en el territorio, con implicaciones para la flora y la fauna. De este modo, pese a la desecación de la isla, durante décadas fueron aún patentes los bordes del río en su configuración primitiva. En especial me refiero a la preciosa línea que marcaba el límite del brazo derecho del río, el que rozaba la muralla de la Antequeruela y la Puerta del Vado. Esa antigua ribera estaba poblada por una majestuosa, frondosa y espectacular alineación de olmos autóctonos (Ulmus minor) que generaba un paseo sombreado que por fortuna llegó a ser fotografiado por diferentes autores:
Olmeda que marcaba el antiguo límite del Tajo. Fotografía de Arnold Genthe en 1904. The Library of Congress of the U.S.A. Vista de los arrabales a comienzos del siglo XX. Fotografía de J. Lacoste © MECD, Fototeca del IPCE, signatura VN-13179_P Camino arbolado que marcaba el antiguo margen del río antes de desecar la Isla de Antolinez. Fotografía autocroma de Auguste Léon en 1914 (detalle) Olmeda al borde del Tajo en los años 20. Marcaba el antiguo borde del Tajo. Niños en una olmeda en las inmediaciones de Toledo hacia 1910. Fotografía de Pedro Román Martínez (c) JCCM, AHP, Fondo Rodríguez. Signatura R-145-2-10 Niños en una olmeda con Toledo al fondo hacia 1910. Fotografía de Pedro Román Martínez (c) JCCM, AHP, Fondo Rodríguez. Signatura R-129-2-05 Niños en una olmeda en las inmediaciones de Toledo hacia 1910. Fotografía de Pedro Román Martínez (c) JCCM, AHP, Fondo Rodríguez. Signatura R-141-3-05 Niños en el interior de la olmeda situada junto al Tajo en lo que fuera el entorno de la Isla de Antolínez. Foto de Pedro Román Martínez. AHP fondo Rodríguez JCCM signatura R-150-1-05 Vista de la zona ocupada en siglos pasados por la Isla de Antolínez, con la olmeda en su borde aún visible. Detalle de una foto aérea en los años 50. Mediados de 1955, rodaje de "Una Aventura de Gil Blas". Combate de espadachines entre Georges Marchal y Jacques Castelot. Al fondo: el Tajo, la playa de Safont, y los cerros arcillosos toledanos (el famoso "alcaén"). En la segunda mitad del siglo XX se unieron dos circunstancias que acabaron con esta olmeda tan especial. Por un lado, la epidemia de grafiosis que se cebó con esta especie, tan emblemática de toda Castilla, mermando sus poblaciones de forma dramática. Y, por otro, el desarrollismo entendido de una forma bastante poco respetuosa con nuestro patrimonio geológico y vegetal, que desfiguró por completo la zona. Esta imagen de 1967 por John Fyfe es una de las últimas en las que podemos apreciar, pese a ser invierno y no tener hojas, la alineación de olmos:
Rio Tajo y Playa de Safont de Toledo en 1967. Fotografía de John Fyfe Camino en la zona de Safont en 1967. Foto de John Fyfe (detalle) No mucho después, con un Tajo ya putrefacto por la contaminación y expoliado por el nefasto Trasvase Tajo-Segura como triste testigo, la zona quedó totalmente desfigurada de manera secuencial con la ejecución de viales y la construcción de edificios de gusto tan dudoso como la estación de autobuses, construida exactamente sobre esta alineación de olmos:
Construcción de la Estación de Autobuses de Toledo, años 80. Colección de Tomás García del Cerro Construcción de nuevo víal en la Huerta del Granadal en los años 70. Fotografía de Ricardo Sánchez Candelas Vista del Granadal en 1981-1982. Se observa la pista de atletismo en construcción, así como las obras del Hotel Mayoral y las primeras explanaciones para la estación de autobuses y el puente de Azarquiel. Fotografía de Tomás García del Cerro Vista del Granadal hacia 1985. Se observan las obras del Hotel Mayoral y de la estación de autobuses. No había rotonda, sino cruce, para acceder al puente de Azarquiel. Fotografía de Tomás García del Cerro Pero no todo está perdido y la naturaleza vuelve a darnos una lección de resiliencia y tenacidad. Contra viento y marea, superando obras, enfermedades y motosierras, aún hay un par de olmos, rebrotes de esta antigua olmeda, que se resisten a morir y que son aún visibles en una esquina residual de este vial. Deberían ser catalogados y protegidos de manera oficial por el municipio, como testigos vivos de una configuración natural en la que el Tajo determinaba la topografía, la geoestrategia, la flora y fauna, el paisaje y la intrahistoria de una ciudad milenaria que solo podrá ser respetada y valorada si es conocida. Y para ser conocida, la única vía es la educación y la divulgación. Esta es mi pequeña contribución para la causa:
Olmos autóctonos que resisten en la actual avenida de Castilla-La Mancha. Foto de mayo de 2022.
© TOLEDO OLVIDADO
Maira Gall