viernes, 21 de agosto de 2015

El Circo Romano de Toledo

Solo en una ciudad con una abrumadora cantidad de patrimonio como es Toledo cabe concebir que unos restos de la importancia del circo romano pasen década tras década acumulando olvido y abandono. No me cabe duda de que en cualquier otra ciudad de Europa -y no digamos de Estados Unidos- estos restos serían considerados como uno de los emblemas de la ciudad y uno de sus principales reclamos turísticos. En Toledo, por suerte para algunas cosas y por desgracia para otras, la cantidad de patrimonio mejor conservado y más espectacular es tan grande que la Toletum romana suele ser la gran olvidada, aunque algo se ha avanzado en los últimos años, especialmente gracias a la labor del Consorcio recuperando infraestructuras hidráulicas como las Cuevas de Hércules y los sótanos de Hacienda, las termas de Amador de los Ríos o partes de la calzada bajo el Cristo de la Luz.
Son muchos los estudios y estupendos artículos publicados sobre el circo romano y disponibles tanto en la red como en las bibliotecas, y su análisis excedería los habituales límites de este blog dedicado a la fotografía histórica, por lo que resumiré muy brevemente su historia para centrar la entrada en la contemplación de fotografías antiguas del mismo.
El circo romano de Toledo fue construido en el siglo I, gobernando el emperador Octavio Augusto o el emperador Tiberio en un plan diseñado para dotar a las principales urbes del imperio de edificios públicos, como termas, teatros, anfiteatros, o foros. Se pretendía así potenciar la romanización de los territorios conquistados.
Situado en la zona norte de la ciudad, y pese a estar aún poco investigado -se estima que al menos la mitad de la infraestructura permanece sin excavar- el circo romano de Toledo presenta evidentes similitudes con otros circos de la península como el de Mérida. Se estima que su aforo rondaba los 15.000 o 30.000 espectadores, dependiendo de los criterios que se escojan para calcular el número de espectadores por metro cuadrado. Sus impresionantes dimensiones eran de de 422 metros de largo por unos 112 metros de ancho.
Circo romano de Toledo. Recreación hecha por Toletum Visigodo
Considerando estos datos sobre su tamaño y su aforo y comparándolo con los de otras ciudades hispano-romanas de la Península, se deduce claramente que Toletum debió ser en época romana una ciudad muy importante en la administración política y jurídica de la península.
El teatro se situaba muy cerca del circo, probablemente donde actualmente se encuentran las pistas deportivas del colegio de las Carmelitas.
Expuestos al expolio desde la caída del mundo romano, sus restos fueron utilizados durante siglos para ser reaprovechados en multitud de edificios -incluso se usaron sus estructuras en época árabe como mausoleos de enterramiento o como zonas de mercado-, quedando al llegar el siglo XIX únicamente en pie aquellas partes de su estructura más difícilmente destruíbles como son los sólidos morteros interiores de su arcos y cimientos de opus caementicium. Pese a todo el tiempo transcurrido, los restos aún visibles del circo cuando son trazados los planos decimonónicos, hacían posible delimitar su trazado con bastante claridad.
Las primeras fotografías tomadas datan aproximadamente de 1900, como esta de Lacoste:
Restos del Circo Romano de Toledo en el siglo XIX. Foto Laurent

En 1905 Amador de los Ríos lo incluyó en su "Monumentos Arquitectónicos de España":
Plano del circo romano de Toledo y de los restos bajo el Colegio de Carmelitas en 1905 , publicados por Amador de los Ríos en su "Monumentos arquitectónicos de España"

El Archivo Municipal conserva estas imágenes:
Circo romano de Toledo en 1910. Archivo Municipal de Toledo
Circo romano de Toledo en 1910. Archivo Municipal de Toledo

Era habitual fotografiar el gran arco que se conserva junto a la Venta de Aires -hoy en un estado de abandono lamentable- dado lo concurrido de este restaurante:
Periodistas encaramados al arco del circo romano de Toledo durante el homenaje a Constantino Garcés en el 25 aniversario de "La campana gorda" en febrero de 1916. Foto Villalva para Mundo Gráfico
Grupo de amigos con bicicletas y guitarras junto a las ruinas del circo romano  en Toledo. Foto Rodríguez
Circo romano de Toledo en 1930. Foto Loty
Circo romano de Toledo. Fotografía de Loty en los años 20. © Diputación de Toledo
Restos del Circo Romano de Toledo a mediados del siglo XX. Foto Arribas

Las primeras excavaciones tuvieron lugar en el siglo XIX, pero fueron muy poco ambiciosas, y tuvieron lugar en 1889 por la Sociedad Arqueológica de Toledo. Más tarde, en 1906 el profesor del instituto provincial Luis de Hoyos excavó algo el circo a la vez que creaba a su alrededor el popular Campo Escolar (una de las primeras iniciativas cívicas de creación de un lugar didáctico ligado a la plantación de árboles).
Fiesta del árbol en el campo escolar junto al circo romano de Toledo a comienzos del siglo XX en 1906 © Fondo Rodríguez de la JCCM, Archivo Histórico Provincial de Toledo. Signatura PA-CAJA3-29

Las excavaciones más profundas y sistemáticas tuvieron lugar en 1927 y 1929, dirigidas por la Comisión de Monumentos Histórico-Artísticos de la Provincia de Toledo con Emiliano Castaños y Francisco de Borja San Román, respectivamente al frente de ellas y que incluyeron un levantamiento topográfico por Rey Pastor.
De estos trabajos datan la mayoría de las fotografías conservadas, realizadas por el genial Pedro Román Martínez y que a continuación os pongo:
Excavaciones en el circo romano de Toledo a comienzos del siglo XX. Fotografía de Pedro Román Martínez © Fondo Rodríguez de la JCCM, Archivo Histórico Provincial de Toledo. Signatura R-129-2-07
Excavaciones en el circo romano de Toledo a comienzos del siglo XX. Fotografía de Pedro Román Martínez © Fondo Rodríguez de la JCCM, Archivo Histórico Provincial de Toledo. Signatura R-129-2-06
Excavaciones en el circo romano de Toledo a comienzos del siglo XX. Fotografía de Pedro Román Martínez © Fondo Rodríguez de la JCCM, Archivo Histórico Provincial de Toledo. Signatura R-143-1-06
Excavaciones en el circo romano de Toledo a comienzos del siglo XX. Fotografía de Pedro Román Martínez © Fondo Rodríguez de la JCCM, Archivo Histórico Provincial de Toledo. Signatura R-142-1-02
Excavaciones en el circo romano de Toledo a comienzos del siglo XX. Fotografía de Pedro Román Martínez © Fondo Rodríguez de la JCCM, Archivo Histórico Provincial de Toledo. Signatura R-129-2-12
Excavaciones en el circo romano de Toledo a comienzos del siglo XX. Fotografía de Pedro Román Martínez © Fondo Rodríguez de la JCCM, Archivo Histórico Provincial de Toledo. Signatura R-129-2-13
Excavaciones en el circo romano de Toledo a comienzos del siglo XX. Fotografía de Pedro Román Martínez © Fondo Rodríguez de la JCCM, Archivo Histórico Provincial de Toledo. Signatura R-129-2-15
Excavaciones en el circo romano de Toledo a comienzos del siglo XX. Fotografía de Pedro Román Martínez © Fondo Rodríguez de la JCCM, Archivo Histórico Provincial de Toledo. Signatura R-129-2-19
Excavaciones en el circo romano de Toledo a comienzos del siglo XX. Fotografía de Pedro Román Martínez © Fondo Rodríguez de la JCCM, Archivo Histórico Provincial de Toledo. Signatura R-129-2-18-fragmento
Excavaciones en el circo romano de Toledo a comienzos del siglo XX. Fotografía de Pedro Román Martínez © Fondo Rodríguez de la JCCM, Archivo Histórico Provincial de Toledo. Signatura R-129-2-11
Excavaciones en el circo romano de Toledo a comienzos del siglo XX. Fotografía de Pedro Román Martínez © Fondo Rodríguez de la JCCM, Archivo Histórico Provincial de Toledo. Signatura R-143-1-09
Excavaciones en el circo romano de Toledo a comienzos del siglo XX. Fotografía de Pedro Román Martínez © Fondo Rodríguez de la JCCM, Archivo Histórico Provincial de Toledo. Signatura R-129-2-10
Excavaciones en el circo romano de Toledo a comienzos del siglo XX. Fotografía de Pedro Román Martínez © Fondo Rodríguez de la JCCM, Archivo Histórico Provincial de Toledo. Signatura R-129-2-09
Excavaciones en el circo romano de Toledo a comienzos del siglo XX. Fotografía de Pedro Román Martínez © Fondo Rodríguez de la JCCM, Archivo Histórico Provincial de Toledo. Signatura R-129-2-10
Rebaño de ovejas junto a las ruinas del Circo Romano a principios del siglo XX. Fotografía de D. Pedro Román Martínez. Diputación de Toledo, Centro de Estudios Juan de Mariana
Antonia Román en el Circo Romano. Fotografía de Pedro Román © Fondo Rodríguez. archivo Histórico Provincial. JCCM. Signatura R-127-1-06
Circo Romano de Toledo a principios del siglo XX. Fotografía de D. Pedro Román Martínez. Diputación de Toledo, Centro de Estudios Juan de Mariana
Excavaciones en el circo romano de Toledo a comienzos del siglo XX. Fotografía de Pedro Román Martínez © Fondo Rodríguez de la JCCM, Archivo Histórico Provincial de Toledo. Signatura Album1-013
Excavaciones en el circo romano de Toledo a comienzos del siglo XX. Fotografía de Pedro Román Martínez © Fondo Rodríguez de la JCCM, Archivo Histórico Provincial de Toledo. Signatura Album1-317
Excavaciones en el circo romano de Toledo a comienzos del siglo XX. Fotografía de Pedro Román Martínez © Fondo Rodríguez de la JCCM, Archivo Histórico Provincial de Toledo. Signatura Album4-1741

Pasaron los años y la ciudad no mostró demasiado interés por el circo. Las siguientes intervenciones fueron realizadas por Marcelo Vigil en 1963 y 1964 o Ricardo Izquierdo en 1972. El parque del Campo Escolar fue al menos un lugar de esparcimiento habitual, hasta que en la década de los 80 sufrió una grave degradación al servir de lugar donde los drogadictos consumían o se pinchaban, lo cual obligó a los vecinos a tomar medidas. En 1982 se organizaron y ejecutaron una limpieza voluntaria:
Limpieza en el circo romano de Toledo en 1982
Limpieza en el circo romano de Toledo en 1982
Limpieza en el circo romano de Toledo en 1982
Limpieza en el circo romano de Toledo en 1982
Limpieza en el circo romano de Toledo en 1982

En los últimos años algo se ha avanzado: se liberó de coches el aparcamiento que ocupaba buena parte del circo frente a la Venta de Aires y se recuperaron bastantes restos. Sin embargo aún queda mucho por hacer para recuperar esta joya arqueológica.
Esperemos que en el futuro nuestros hijos puedan disfrutar de estos restos de 2.000 años de antigüedad con un plan integral que permita su contemplación e interpretación como se merecen.

sábado, 4 de julio de 2015

Toledo hacia 1900 fotografiado por Salvador Azpiazu Imbert

Salvador Ramón Azpiazu Imbert nació en Vitoria el 9 de agosto 1867 y falleció en Madrid el 5 de enero 1927. Fue un notable dibujante, ilustrador e ingeniero. De familia con inquietudes culturales, era nieto del escultor Carlos Imbert.
Trasladó su residencia siendo muy joven a Barcelona y posteriormente se asentó en Madrid. Más tarde marchó a París donde colaboró como dibujante gráfico en 1894 y 1895 en la célebre revista L´Univers Illustré con dibujos de la actualidad española.
Al mismo tiempo, Azpiazu Imbert enviaba ilustraciones sobre sucesos y escenas de París que publicaban revistas españolas como por ejemplo La Ilustración Artística y La Esquella de la Torratxa.
Salvador Azpiazu Imbert compaginó su labor de dibujante con la de ingeniero agrónomo, siendo en 1901 oficial quinto del servicio agronómico estatal y posteriormente ayudante mayor. Entre otros interesantes trabajos, fue el encargado de erradicar la filoxera en varios campos de viñedos de Tarragona.
Salvador Azpiazu Imbert, retratado por Serafín Álvarez Quintero. jpg

En su vida personal fue un viajero incansable, recorriendo toda España y buena parte de Europa, como Francia e Italia. Su sensibilidad le llevaba a familiarizarse con los diferentes paisajes y costumbres de las regiones que visitaba, plasmando sobre el lugar acertadas visiones del natural. Siempre llevaba consigo cuadernos de dibujo donde dibujaba con el lápiz y a veces con la acuarela las estampas que más llamaban su atención.
Dibujo de Salvador Azpiazu en 1905

Predominaban en sus trabajos las representaciones arquitectónicas, como iglesias, conventos, castillos, rincones de grandes urbes y de pequeñas aldeas. Según explica Santiago Arcediano en el artículo de la Fundación Euskomendia a él dedicado, "su maestría y su virtuosismo como dibujante, su fina sensibilidad observadora, no se agotaban únicamente en las recreaciones de monumentos, sino que sabía además profundizar en la idiosincrasia de los moradores que habitaban estos escenarios. Así, las gentes de diferente extracción social, desde los personajes de la alta sociedad hasta los lugareños más humildes y anónimos, enriquecían su amplio repertorio visual."

Uno de sus últimos trabajos fue el ambicioso proyecto de ilustrar con 121 de sus mejores dibujos el libro La bendita tierra de sus amigos los escritores hermanos Álvarez Quintero. La obra finalmente tuvo un carácter de homenaje póstumo, pues fue publicada en Barcelona muy poco después de la muerte de Azpiazu.

Salvador Azpiazu visitó Toledo hacia 1900 y tomó una decena de interesantes fotografías -que tal vez usó para luego hacer dibujos- conservadas hoy en el Archivo Municipal de Vitoria-Gasteiz, institución a quien hay que agradecer su difusión. Se trata de valiosas imágenes por su antigüedad, no exentas de calidad artística.
Las más destacables son las que muestran el paso de la procesión del Corpus por la Plaza de San Vicente. Se trata probablemente de las fotografías más antiguas conocidas de nuestra fiesta mayor -anteriores en unos años a las de Santiago Relanzón y las de Pedro Román-. Sorprende ver no solo los atuendos de época del público, sino también el aspecto de la Iglesia de San Vicente, con una vivienda adosada a ella y con una curiosa cruz tumularia en el piso superior:
Toledo hacia 1900 fotografiado por Salvador Ramón Azpiazu Imbert ©Archivo Municipal del Ayuntamiento de Vitoria-Gasteiz
Toledo hacia 1900 fotografiado por Salvador Ramón Azpiazu Imbert ©Archivo Municipal del Ayuntamiento de Vitoria-Gasteiz
Toledo hacia 1900 fotografiado por Salvador Ramón Azpiazu Imbert ©Archivo Municipal del Ayuntamiento de Vitoria-Gasteiz

Azpiazu tomó algunas bellas vistas de la torre de la Catedral, desde la Calle Ancha o desde Santa Isabel, por ejemplo:
Toledo hacia 1900 fotografiado por Salvador Ramón Azpiazu Imbert ©Archivo Municipal del Ayuntamiento de Vitoria-Gasteiz
Toledo hacia 1900 fotografiado por Salvador Ramón Azpiazu Imbert ©Archivo Municipal del Ayuntamiento de Vitoria-Gasteiz
Toledo hacia 1900 fotografiado por Salvador Ramón Azpiazu Imbert ©Archivo Municipal del Ayuntamiento de Vitoria-Gasteiz

Es bellísima esta vista desde la calle del Ave María:
Toledo hacia 1900 fotografiado por Salvador Ramón Azpiazu Imbert ©Archivo Municipal del Ayuntamiento de Vitoria-Gasteiz

Aquí vemos el callejón de Santa Isabel:
Toledo hacia 1900 fotografiado por Salvador Ramón Azpiazu Imbert ©Archivo Municipal del Ayuntamiento de Vitoria-Gasteiz

Y por último aquí tenemos una vista de la Posada de la Hermandad:
Toledo hacia 1900 fotografiado por Salvador Ramón Azpiazu Imbert ©Archivo Municipal del Ayuntamiento de Vitoria-Gasteiz

Agradeciendo a Manuel Gómez haberme puesto sobre la pista de estas fotos y al Ayuntamiento de Vitoria-Gasteiz por su labor recuperadora y divulgadora de este legado, me despido esperando que esta serie de fotos os haya gustado tanto como a mi.

sábado, 20 de junio de 2015

Toledo en abril de 1950 fotografiado por Leo Wehrli

Leo Wehrli fue un excepcional geólogo y geógrafo suizo nacido en 1870. Tras terminar sus estudios, entre 1893 y 1896 trabajó como asistente en la Escuela Politécnica Federal de Zurich. Es entonces -en 1896- cuando le encomiendan un trabajo que le marcaría de por vida: viaja a Argentina contratado por el gobierno argentino para delimitar en el terreno tanto las cuencas hidrográficas como las fronteras de este país con su vecino Chile, en pleno proceso de definición que a lo largo de la historia posteriormente provocó graves fricciones entre ambos países. Además de este trabajo como geógrafo, como geólogo realizó varios e importantes viajes a la región cordillerana de Neuquén y Mendoza junto a Carl Burckhardt en 1898. Producto de dichos viajes fueron varios afamados trabajos descriptivos la estratigrafía, tectónica y paleontología del Mesozoico andino, así como sobre los invertebrados del Paleoceno y la fauna del Jurásico Inferior de estas zonas. Estos trabajos constituyeron los primeros estudios sobre invertebrados fósiles efectuados en el Museo de La Plata y contribuyeron especialmente al conocimiento de la fauna fósil y la estratigrafía del Jurásico y Cretácico de Argentina.
Las andanzas de Wehrli para poder llegar por primera vez a Argentina para cumplir su misión comenzaron en México, donde tomó un autobús a San Rafael en Argentina. A partir de aquí viajó a caballo en una expedición de montaña de habla española para lograr el paso por los Andes, cordillera que cruzó ocho veces.
Al finalizar sus trabajos en 1899 regresó a Suiza, pero se dice que cuarenta años después cuando volvió a Argentina en 1938 aún era recordado por sus servicios al país.
Wehrli era una persona muy popular no solo en su país sino también en el extranjero por su gran capacidad docente y comunicativa, ya que sabía acompañar sus conferencias sobre sus viajes a todos los continentes con ilustraciones y fotografías tomadas por él mismo, que a menudo coloreaba su esposa.
Nada menos que con 80 años viajó a España donde visitó Toledo en abril de 1950, tomando una curiosa serie de fotografías de elevado valor y que se conservan en la Biblioteca Pública de Zurich (sujetas al correspondiente copyright © ETH-Bibliothek Zurich). Se trata de fotografías que hablan de un consumado fotógrafo por la calidad de las tomas, aunque hay que lamentar que el coloreado efectuado probablemente por su mujer distorsione un poco su calidad gráfica y realismo.
La más bella de todas a mi juicio es esta en la que un curioso grupo de personas que cargan con unas sillas sube por la calle junto a la Puerta del Sol:
Puerta del Sol fotografiada por Leo Wehrli el 4 de abril de 1950 (fotografía coloreada) © ETH-Bibliothek Zurich

Son espectaculares las vistas de las ruinas del Alcázar, aún sin reconstruir tras la guerra de 1936. Sorprende mucho ver el aspecto de la Cuesta de Carlos V:
Alcázar de Toledo y Cuesta de Carlos V  fotografiados por Leo Wehrli el 4 de abril de 1950 (fotografía coloreada) © ETH-Bibliothek Zurich
Alcázar de Toledo en ruinas fotografiado por Leo Wehrli el 4 de abril de 1950 (fotografía coloreada) © ETH-Bibliothek Zurich

Es sensacional también esta vista de la Plaza de la Magdalena con el Casino al fondo. Se observa a la derecha cómo una de las pocas partes de la iglesia que se salvó (el muro norte) acababa de ser liberada de las viviendas adosadas a ella:
Casino en la plaza de la Magdalena  fotografiado por Leo Wehrli el 4 de abril de 1950 (fotografía coloreada) © ETH-Bibliothek Zurich

Esta es una bonita toma de la Calle de Santo Tomé:
Calle de Santo Tomé fotografiada por Leo Wehrli el 4 de abril de 1950 (fotografía coloreada) © ETH-Bibliothek Zurich

Es preciosa esta vista de la Plaza de las Cuatro Calles en su confluencia con Hombre de Palo:
Plaza de las Cuatro Calles fotografiada por Leo Wehrli el 4 de abril de 1950 (fotografía coloreada) © ETH-Bibliothek Zurich

Entre las vistas panorámicas, destacan estas tres: en la primera vemos la zona de Tavera con el enorme edificio de la Escuela Normal de Magisterio de la Vega aún en pie:
Hospital Tavera y Escuela Normal de Magisterio de la Vega fotografiados por Leo Wehrli el 4 de abril de 1950 (fotografía coloreada) © ETH-Bibliothek Zurich

La segunda nos ofrece esta vista de la ciudad desde el norte (zona del Salto del Caballo), pudiendo observarse el edificio de la cárcel provincial:
Vista de Toledo desde la Zona del Salto del Caballo por Leo Wehrli el 4 de abril de 1950 (fotografía coloreada) © ETH-Bibliothek Zurich

La tercera es esta preciosa vista de la Huerta del Granadal y la playa de Safont:
Huerta del Granadal y Playa de Safont en el Tajo fotografiados por Leo Wehrli el 4 de abril de 1950 (fotografía coloreada) © ETH-Bibliothek Zurich

Aquí vemos el Museo del Greco:
Museo del Greco fotografiado por Leo Wehrli el 4 de abril de 1950 (fotografía coloreada) © ETH-Bibliothek Zurich

Aquí vemos la Plaza de Ayuntamiento:
Catedral y Plaza del Ayuntamiento fotografiadas por Leo Wehrli el 4 de abril de 1950 (fotografía coloreada) © ETH-Bibliothek Zurich

Mirad qué bella vista de la calle del Arco de Palacio:
Arco de Palacio fotografiado por Leo Wehrli el 4 de abril de 1950 (fotografía coloreada) © ETH-Bibliothek Zurich

Por último, una genial y original vista de la torre de la Catedral desde la calle Trinidad junto a la Iglesia de San Marcos:
Calle Trinidad junto a San Marcos fotografiada por Leo Wehrli el 4 de abril de 1950 (fotografía coloreada) © ETH-Bibliothek Zurich

Leo Wehrli falleció cuatro años después de este viaje a Toledo, a la edad de 84 años en 1954. Se trata de un buen ejemplo para demostrar que la edad no debe ser un impedimento para viajar, ilusionarse, seguir aprendiendo y desarrollar la creatividad -en este caso fotográfica- que cada persona lleva dentro. Es emocionante ver en cada pie de fotografía la ya temblorosa letra de Wehrli describiendo y catalogando cada una de las imágenes con la ilusión y meticulosidad del primer día.

sábado, 6 de junio de 2015

Toledo en los años 50 y 60 fotografiado por el mítico Paco Gómez

En España a menudo somos muy críticos con el panorama cultural actual -con mayor o menor razón-, especialmente en aquellas disciplinas menos ligadas a eventos masivos o a proyectos destinados a un público en apariencia no demasiado numeroso. Y pienso sinceramente que es muy bueno ser críticos, pues de la crítica surge el progreso y los avances más notables de cualquier sociedad. Sin embargo, también es cierto que cuando la crítica se establece como costumbre, se corre el riesgo de ser muy injusto con las personas, instituciones y colectivos que luchan cada día por mejorar nuestro entorno. Su trabajo, constante y a menudo no reconocido, corre el riesgo de ser engullido por esa ola de la crítica irracional, transformada en rancio pesimismo. Y por ahí no debemos pasar: es importante que alcancemos el equilibrio entre la sana y necesaria crítica y el reconocimiento de las iniciativas más notables de la realidad cultural española. Este es el caso de una de las instituciones que más está haciendo por conservar y divulgar nuestro legado fotográfico de la segunda mitad del siglo XX: la Fundació Foto Colectania.
Colectania es una entidad privada sin ánimo de lucro nacida en Barcelona en 2002 cuya finalidad es difundir la fotografía y el coleccionismo a través de exposiciones, actividades como coloquios, seminarios, viajes, así como y la edición de catálogos. Foto Colectania -que se financia en gran parte gracias a la ayuda de los patrocinadores, amigos y socios de la fundación y colaboraciones externas- cuenta con una colección de fotografía que reúne más de 2.000 obras de autores españoles y portugueses desde 1950 hasta la actualidad y dispone de una biblioteca de consulta libre.
Uno de sus mayores tesoros es una cámara de conservación donde se guarda el fondo fotográfico, que aparte de conservar el depósito de una parte de la colección de Juan Redón, tiene como auténtica joya de la corona el archivo del mítico Paco Gómez, donado por su familia en 2001.

Hoy tengo el inmenso honor y placer de ofreceros las preciosas fotografías tomadas en nuestra ciudad por Paco Gómez en los años 50 y 60, por gentileza de la Fundació Foto Colectania, a quien agradezco enormemente su generosidad y trabajo por la recuperación de nuestra memoria gráfica.
Paco Gómez nació en 1918 en Pamplona, ciudad a la que su madre se había desplazado para darle a luz. Padre y madre, él vasco y ella navarra, se habían instalado años antes en Madrid para poner en marcha la tienda de sastrería que la familia Gómez había trasladado de su primigenia ubicación en San Sebastián. Sin embargo, a pesar de vivir toda la vida en Madrid, Paco siempre se sintió pamplonica.
Durante la guerra civil, antes de haber cumplido los 18 años, fue reclutado y movilizado a luchar en el frente de Teruel, de donde sale ileso. Esta experiencia, sin duda traumática, nunca la habló con sus amigos, ni siquiera con sus hijas. Su profesión, hasta el momento de su muerte, fue la gerencia de la tienda familiar. La vena artística le vino por parte de su tío, Pedro Gómez, un pintor amateur de paisajes con un gusto especial por el color. Su interés por la fotografía se inicia en 1943, cuando se enamora de la que después sería su mujer, María Luisa, y compra la primera cámara que le servirá para hacerle los retratos. La afición por la fotografía le anima a estudiar los procesos de revelado. En 1952 se construye una ampliadora con una caja de galletas a la que acopla un objetivo y una potente bombilla de farola, e instala un laboratorio en el lavabo de su vivienda.
Paco Gómez En 1956 se hace socio de la Real Sociedad Fotográfica de Madrid. Se presenta al concurso Gevalux, en el que le seleccionan una fotografía para su exposición. Fue allí cuando conoce a Gabriel Cualladó, otro amateur de la Real, con el que compartirá la inquietud por un nuevo lenguaje y los conocimientos técnicos, en un proceso autodidacta a través de los libros y las revistas importados del extranjero por Cualladó. La obra de Cualladó se complementa con la suya, formando un dueto constante en las exposiciones. La primera fue en diciembre de 1957 en la Sala Abril, junto con José Aguilar y Rafael Romero. Seguidamente expusieron en la prestigiosa Sala Darro de Madrid, en la Sala Teka de Bilbao (1960), en el Foto-Club de Valencia (1960) y en la Sala Aixelà de Barcelona (1960). También en el año 1957 entra a formar parte del grupo Afal, junto a los más inquietos de la Real: Masats, Ontañón, Cualladó, Cantero y Rubio Camín que más tarde dan nombre a su grupo como La Palangana. Participa en todas las actividades expositivas de Afal: Charleroi (1958), Bienal de Pescara (1958), Biblioteca Española en París (1959) y es destacado en las publicaciones del anuario de 1958 y en dos porfolios de la revista.
Gómez sobresale con un estilo personal que le hace merecedor de premios como el del IX Salón del Mar de Almería (1958) o el Trofeo Luis Navarro de Fotografía Moderna de la Agrupación Fotográfica de Cataluña (1959). En 1962 recibe una invitación del Comisariado de Turismo Francés para formar parte del proyecto 11 fotógrafos españoles en París (Basté, Cantero, Colom, Cualladó, Cubaró, Forcano, Gómez, Masats, Maspons, Miserachs y Ontañón), cuyos trabajos se expondrían ese mismo año en la Sala Aixelà de Barcelona y, posteriormente, en la Sala Biosca de Madrid. En 1964 forma parte del consejo de redacción de la revista Cuadernos de Fotografía y colabora en la organización de las exposiciones del Aula Fotográfica del Instituto de Cultura Hispánica.
Paco Gómez, que siempre se consideró un fotógrafo amateur, fue el fotógrafo oficial de la revista Arquitectura del Colegio de Arquitectos de Madrid (CAAM) durante un periodo de 15 años (1959 - 1974).
En vida realizó tres exposiciones individuales: en Els Quatre Gats de Barcelona, en el marco de la Primavera Fotogràfica de Catalunya (1984), en la Galería Forvm de Tarragona (1987) y en la sede de la Fundación “la Caixa” de Barcelona (1995), una exposición que itineró por todo el territorio español. También ha sido incluido en numerosas exposiciones colectivas, entre las que cabe destacar Fotógrafos de la Escuela de Madrid, obra 1950-1975 en el Museo Español de Arte Contemporáneo (MEAC), Madrid, en 1988 y Afal. El grupo fotográfico 1956/1963, en el Centro Andaluz de Arte Contemporáneo (CAAC), Sevilla, en 2006.
Su obra se encuentra en importantes colecciones públicas y privadas, entre las que destacan las del Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía (MNCARS), Madrid; el Instituto Valenciano de Arte Moderno (IVAM), Valencia; la Fundación Telefónica, Madrid; el Centro Andaluz de Arte Contemporáneo (CAAC), Sevilla; el Fondo Fotográfico de la Universidad de Navarra; la Fundació Forvm, Tarragona; la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, Madrid; o el Ayuntamiento de Alcobendas.
Paco Gómez falleció en Madrid el 23 de abril de 1998. En noviembre de 2001, sus herederos acordaron con la Fundación Foto Colectania la donación de su archivo fotográfico, con el compromiso de custodiarlo en las mejores condiciones. Desde entonces, los negativos y copias de este autor están incluidos en los fondos de la colección de la Fundación, que también gestiona sus derechos. Foto Colectania ha organizado varias exposiciones colectivas en las que se han incluido obras de Paco Gómez, entre ellas: Vidas Privadas (2005), Extrañas Parejas (2006) y Recorridos, 6 fotógrafos de la Colección Foto Colectania (2007). En 2009 se organizaron dos exposiciones monográficas del autor: La emoción construida en el marco del Festival Fotoencuentros, Murcia, y Paco Gómez. Veranos en San Sebastián en las Salas Kutxa Boulevard. En 2010, la Obra Social de Sa Nostra produjo la exposición Paco Gómez. Viaje a Ibiza, que itineró por las Islas Baleares.

Las fotografías de Paco Gómez tomadas en Toledo (todas ellas sujetas al correspondiente copyright © Paco Gómez/Fundació Foto Colectania) son -como no podía ser de otro modo- absolutamente sensacionales. Comenzando por orden cronológico, veremos en primer lugar las tomadas en 1956, entre las que destaca esta vista de una mujer cargando con cántaros en una calle, probablemente la del Plegadero:
Una calle de Toledo, tal vez la del Plegadero, en 1956 © Paco Gómez/Fundació Foto Colectania

Es también muy buena esta toma en la que la figura de un hombre se esconde tras una esquina, con el Alcázar al fondo en pleno proceso de reconstrucción tras la devastación sufrida en el Asedio de la Guerra Civil:
Una calle de Toledo con el Alcázar al fondo en 1956 © Paco Gómez/Fundació Foto Colectania

Son muy bellas también en la serie de 1956 estas fotografías tomadas en un patio de la ciudad:
Un patio de Toledo en 1956 © Paco Gómez/Fundació Foto Colectania
Un patio de Toledo en 1956© Paco Gómez/Fundació Foto Colectania

Aquí vemos un bonito detalle:
Una casa de Toledo en 1956 © Paco Gómez/Fundació Foto Colectania

En 1966 Paco Gómez volvió a fotografiar Toledo, dejándonos imágenes dignas de un genio. Me parece absolutamente sensacional esta estampa de unos niños en la entrañable Plaza de la Bellota:
Niños en la Plaza de la Bellota en 1966 © Paco Gómez/Fundació Foto Colectania

Aquí tenemos a una niña en la puerta del Colegio de Infantes, cuando aún el edificio albergaba a dicha institución educativa:
Niña en el Colegio de Infantes en 1966 © Paco Gómez/Fundació Foto Colectania

Las fotografías de 1966 debieron tomarse el Domingo de Ramos de aquel año, a tenor de lo que podemos observar en las imágenes. Aquí tenemos una fotografía deliciosa en la que unos niños portan ramos de olivo en la confluencia de la Bajada del Barco con la Calle Cardenal Cisneros, bajo la imagen de la Virgen del Tiro incrustada en la Catedral:
Niños en la esquina de la Bajada del Barco con Cardenal Cisneros bajo la Virgen del Tiro en el Domingo de Ramos de 1966 © Paco Gómez/Fundació Foto Colectania

Aquí vemos a los niños con sus ramos junto a la Catedral:
Niños en la Catedral en el Domingo de Ramos de 1966 © Paco Gómez/Fundació Foto Colectania

Paco Gómez debió entablar contacto con el arquitecto Fernando Chueca Goitia, pues en dos fotografías aparecen retratadas dos de sus obras de restauración-recreación más notables, el Palacio de Munárriz (vivienda de Chueca) y el Palacio de Galiana, por este orden:
Vista de la Catedral desde el jardín del Palacio de Munárriz en 1966 © Paco Gómez/Fundació Foto Colectania
Palacio de Galiana en 1966 © Paco Gómez/Fundació Foto Colectania

Y finalmente en 1967, Gómez volvió a la ciudad para tomar imágenes en la catedral. En primer lugar os ofrezco esta impresionante vista de los tejados de la ciudad desde los pináculos del templo primado:
Vista de Toledo desde los Tejados de la Catedral en 1967 © Paco Gómez/Fundació Foto Colectania

Y para finalizar, esta curiosa fotografía de un organista tocando el Órgano del Emperador de la Catedral de Toledo, incluida en un reportaje con motivo de su restauración publicado en la revista Arquitectura del COAM número 103 de 1967:
Órgano de la Catedral de Toledo en 1967 © Paco Gómez/Fundació Foto Colectania
Copyright de todas las imágenes © Paco Gómez/Fundació Foto Colectania

Sin lugar a dudas, estamos ante una serie de fotografías que pasarán a la historia de la ciudad. Reflejan una memoria aún viva pero ya ciertamente lejana, y su belleza es tan evocadora que estoy seguro que a muchos de vosotros os habrá despertado la vena más nostálgica de vuestro toledanismo.
No quisiera terminar sin terminar una vez más agradeciendo a Colectania no solo la cesión de estas fotografías sino su constante labor de preservación y divulgación de nuestra memoria fotográfica.

[Actualización: 22 de abril de 2020]: Se conserva otra excepcional foto toledana de Paco Gómez en el Museo Reina Sofía. Se trata de este precioso retrato de un patio en 1966:
Patio de Toledo en 1966. Fotografía de Paco Gómez. Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía, signatura AS10792
© TOLEDO OLVIDADO
Maira Gall