sábado, 6 de octubre de 2012

Toledo en los años 20 fotografiado por Loty

Justin Marie Charles Alberty Jeanneret, conocido como Loty (Besançon, 1885-?) fue un excepcional fotógrafo y editor francés afincado en España. Su extensa obra fue redescubierta en los años 90 en la casa que habitó en Madrid tras estar olvidada desde que en 1936 abandonara el país debido al estallido de la Guerra Civil.
Charles Alberty  (Foto propiedad de Yolanda Paramio)
El descubrimiento de su legado fue importante para la historia de la fotografía de España. La colección de Loty consta de más de 12.000 imágenes, con fotografías tomadas no solo en España sino también en Portugal, Argentina, Italia, Brasil y el Norte de África.
Instalado en Burdeos junto a su mujer Jeanne Forrat como comerciante y fabricante de papeles fotográficos, decide mudarse a España en 1923, país que había conocido en 1918 -y donde se había celebrado su boda-. Se divorcia de Jeanne en 1925, la cual permanece en Burdeos con su hijo.
En Madrid emprende negocios relacionados con la fotografía y registra varias empresas y marcas como "Charles Alberty y Compañía. Sociedad Limitada", "El Papel Fotográfico Industrial" o "Fotogen". Su actividad era muy diversa y completa, ofertando reproducción y copiado con papel al ferro-prusiato y heliochrom, telas al amoniaco, papeles y telas de calcar, papeles de dibujo, aparatos para la fotocopia, reproducción de planos y dibujos, ampliaciones y reducciones fotográficas y copias realizadas con el método Photostat que obtenía positivos por contacto, sin que existiera negativo. Emprende también la creación de un banco de imágenes que denominó "Archivo Fotográfico Universal S.A. (Afusa)" para dar servicio a las agencias de prensa, publicaciones y empresas de turismo que comenzaban a funcionar en España y también en el extranjero.
Se casa con Concepción López, la cual colaborará intensa y activamente en el negocio y que además le dará la mitad del nombre pues es entonces cuando se funda la casa Loty, compuesto por "Lo" (de López) y "ty" (de Alberty), firma con la que se comercializará desde entonces todo su trabajo.
La colección de postales turísticas y religiosas de Loty comenzó a crecer con la aportación de fotógrafos contratados a tal efecto, destacando la inmensa labor del portugués Antonio Passaporte, excepcional fotógrafo que desde 1926 se convierte en socio de Charles Alberty.
Antonio Passaporte viaja a Argentina en el vapor "Bremen" en misión comercial para la Casa Loty (Foto propiedad Rodolfo Passaporte)
El propio Passaporte escribió en su manuscrito titulado ‘Memorias de la Guerra Civil Española’ lo siguiente:
“El seudónimo dio origen a que en muchas ocasiones pensasen que este era mi nombre, ya que yo era el autor de todas las fotografías. Era conocido como el ‘señor Loty’, aunque en las credenciales siempre figuró el apellido Passaporte”.
Al llegar la Guerra Civil Charles Alberty y su mujer marcharon a Francia perdiéndose la pista de ellos para siempre. Antonio Passaporte quedó por un tiempo al mando de la casa Loty pero finalmente terminó enrolándose en las Brigadas Internacionales donde tomó excelentes fotografías en el frente de la Sierra de Guadarrama.
Al finalizar la contienda, Passaporte vende la colección de postales de la casa Loty a la firma Arribas y regresa a Portugal donde pasa el resto de su vida regentando un negocio de postales. Murió en 1983 con 82 años de edad.
La parte toledana del hallazgo fotográfico fue adquirida por la Diputación de Toledo en 1994, que la digitalizó y que se encarga de su conservación.
Es imposible saber si el autor de las fotografías fue Charles Alberty, Antonio Passaporte o algún otro fotógrafo contratado, o todo a la vez (no parecen tomadas todas las fotos en una única visita) pero las más antiguas pueden datarse como anteriores a 1927 pues en algunas imágenes aparece aún la antigua Casa del Deán (Audiencia Provincial), demolida ese año para edificar la nueva sede.
La colección digitalizada por la Diputación es bastante extensa y paso a ofreceros un resumen de las más bellas:

La Puerta Vieja de Bisagra:
Fotografía de Loty en los años 20. © Diputación de Toledo
Fotografía de Loty en los años 20. © Diputación de Toledo
Fotografía de Loty en los años 20. © Diputación de Toledo
Fotografía de Loty en los años 20. © Diputación de Toledo
Fotografía de Loty en los años 20. © Diputación de Toledo

La Puerta de Bisagra:
Fotografía de Loty en los años 20. © Diputación de Toledo
Fotografía de Loty en los años 20. © Diputación de Toledo
Fotografía de Loty en los años 20. © Diputación de Toledo
Fotografía de Loty en los años 20. © Diputación de Toledo

La Puerta del Sol:
Fotografía de Loty en los años 20. © Diputación de Toledo
Fotografía de Loty en los años 20. © Diputación de Toledo

La desaparecida Puerta de San Martín:
Fotografía de Loty en los años 20. © Diputación de Toledo

El Puente de San Martín:
Fotografía de Loty en los años 20. © Diputación de Toledo
Fotografía de Loty en los años 20. © Diputación de Toledo
Fotografía de Loty en los años 20. © Diputación de Toledo
Fotografía de Loty en los años 20. © Diputación de Toledo
Fotografía de Loty en los años 20. © Diputación de Toledo
Fotografía de Loty en los años 20. © Diputación de Toledo
Fotografía de Loty en los años 20. © Diputación de Toledo
Fotografía de Loty en los años 20. © Diputación de Toledo
Fotografía de Loty en los años 20. © Diputación de Toledo
Fotografía de Loty en los años 20. © Diputación de Toledo
Fotografía de Loty en los años 20. © Diputación de Toledo
Fotografía de Loty en los años 20. © Diputación de Toledo

El Puente de Alcántara:
Fotografía de Loty en los años 20. © Diputación de Toledo
Fotografía de Loty en los años 20. © Diputación de Toledo
Fotografía de Loty en los años 20. © Diputación de Toledo
Fotografía de Loty en los años 20. © Diputación de Toledo
Fotografía de Loty en los años 20. © Diputación de Toledo
Fotografía de Loty en los años 20. © Diputación de Toledo
Fotografía de Loty en los años 20. © Diputación de Toledo

Santo Tomé:
Fotografía de Loty en los años 20. © Diputación de Toledo

Calle Taller del Moro:
Fotografía de Loty en los años 20. © Diputación de Toledo

El Ayuntamiento:
Fotografía de Loty en los años 20. © Diputación de Toledo

El Arco de la Sangre:
Fotografía de Loty en los años 20. © Diputación de Toledo

Zocodover:
Fotografía de Loty en los años 20. © Diputación de Toledo
Fotografía de Loty en los años 20. © Diputación de Toledo
Fotografía de Loty en los años 20. © Diputación de Toledo

El Paseo de Merchán o La Vega:
Fotografía de Loty en los años 20. © Diputación de Toledo
Fotografía de Loty en los años 20. © Diputación de Toledo
Fotografía de Loty en los años 20. © Diputación de Toledo
Fotografía de Loty en los años 20. © Diputación de Toledo

La Plaza de San Vicente:
Plaza de San Vicente, Toledo (España). Foto Loty
Fotografía de Loty en los años 20. © Diputación de Toledo

La Puerta de Valmardón y la Mezquita del Cristo de la Luz:
Fotografía de Loty en los años 20. © Diputación de Toledo
Fotografía de Loty en los años 20. © Diputación de Toledo
Fotografía de Loty en los años 20. © Diputación de Toledo
Fotografía de Loty en los años 20. © Diputación de Toledo
Fotografía de Loty en los años 20. © Diputación de Toledo
Fotografía de Loty en los años 20. © Diputación de Toledo

Aquí tenemos la Catedral:
Fotografía de Loty en los años 20. © Diputación de Toledo
Fotografía de Loty en los años 20. © Diputación de Toledo
Fotografía de Loty en los años 20. © Diputación de Toledo
Fotografía de Loty en los años 20. © Diputación de Toledo
Fotografía de Loty en los años 20. © Diputación de Toledo
Fotografía de Loty en los años 20. © Diputación de Toledo
Fotografía de Loty en los años 20. © Diputación de Toledo
Fotografía de Loty en los años 20. © Diputación de Toledo
Fotografía de Loty en los años 20. © Diputación de Toledo

El Tajo:
Fotografía de Loty en los años 20. © Diputación de Toledo
Fotografía de Loty en los años 20. © Diputación de Toledo
Fotografía de Loty en los años 20. © Diputación de Toledo
Fotografía de Loty en los años 20. © Diputación de Toledo
Fotografía de Loty en los años 20. © Diputación de Toledo
Fotografía de Loty en los años 20. © Diputación de Toledo
Fotografía de Loty en los años 20. © Diputación de Toledo
Fotografía de Loty en los años 20. © Diputación de Toledo

Vistas Panorámicas:
Fotografía de Loty en los años 20. © Diputación de Toledo
Fotografía de Loty en los años 20. © Diputación de Toledo
Fotografía de Loty en los años 20. © Diputación de Toledo
Fotografía de Loty en los años 20. © Diputación de Toledo
Fotografía de Loty en los años 20. © Diputación de Toledo
Fotografía de Loty en los años 20. © Diputación de Toledo
Fotografía de Loty en los años 20. © Diputación de Toledo
Fotografía de Loty en los años 20. © Diputación de Toledo
Fotografía de Loty en los años 20. © Diputación de Toledo
Fotografía de Loty en los años 20. © Diputación de Toledo

El Cristo de La Vega:
Fotografía de Loty en los años 20. © Diputación de Toledo
Fotografía de Loty en los años 20. © Diputación de Toledo
Fotografía de Loty en los años 20. © Diputación de Toledo
Fotografía de Loty en los años 20. © Diputación de Toledo
Fotografía de Loty en los años 20. © Diputación de Toledo

La Ermita de la Estrella:
Fotografía de Loty en los años 20. © Diputación de Toledo

La Diputación:
Fotografía de Loty en los años 20. © Diputación de Toledo

El Hospital del Nuncio:
Fotografía de Loty en los años 20. © Diputación de Toledo

El Circo Romano:
Fotografía de Loty en los años 20. © Diputación de Toledo
Fotografía de Loty en los años 20. © Diputación de Toledo
Fotografía de Loty en los años 20. © Diputación de Toledo

La Iglesia de El Salvador:
Fotografía de Loty en los años 20. © Diputación de Toledo

La Iglesia de San Justo:
Fotografía de Loty en los años 20. © Diputación de Toledo

Santiago del Arrabal:
Fotografía de Loty en los años 20. © Diputación de Toledo

Los edificios militares de la zona superior a Doce Cantos:
Fotografía de Loty en los años 20. © Diputación de Toledo

El Hospital Tavera:
Fotografía de Loty en los años 20. © Diputación de Toledo
Fotografía de Loty en los años 20. © Diputación de Toledo

Santo Domingo el Real:
Fotografía de Loty en los años 20. © Diputación de Toledo
Fotografía de Loty en los años 20. © Diputación de Toledo
Fotografía de Loty en los años 20. © Diputación de Toledo
Fotografía de Loty en los años 20. © Diputación de Toledo

San Juan de los Reyes:
Fotografía de Loty en los años 20. © Diputación de Toledo
Fotografía de Loty en los años 20. © Diputación de Toledo
Fotografía de Loty en los años 20. © Diputación de Toledo
Fotografía de Loty en los años 20. © Diputación de Toledo
Fotografía de Loty en los años 20. © Diputación de Toledo

El Castillo de San Servando:
Fotografía de Loty en los años 20. © Diputación de Toledo
Fotografía de Loty en los años 20. © Diputación de Toledo
Fotografía de Loty en los años 20. © Diputación de Toledo
Fotografía de Loty en los años 20. © Diputación de Toledo
Fotografía de Loty en los años 20. © Diputación de Toledo
Fotografía de Loty en los años 20. © Diputación de Toledo

El Museo del Greco:
Fotografía de Loty en los años 20. © Diputación de Toledo
Fotografía de Loty en los años 20. © Diputación de Toledo
Fotografía de Loty en los años 20. © Diputación de Toledo
Fotografía de Loty en los años 20. © Diputación de Toledo

El Alcázar:
Fotografía de Loty en los años 20. © Diputación de Toledo
Fotografía de Loty en los años 20. © Diputación de Toledo
Fotografía de Loty en los años 20. © Diputación de Toledo
Fotografía de Loty en los años 20. © Diputación de Toledo
Fotografía de Loty en los años 20. © Diputación de Toledo
Fotografía de Loty en los años 20. © Diputación de Toledo

El Baño de la Cava:
Fotografía de Loty en los años 20. © Diputación de Toledo
Fotografía de Loty en los años 20. © Diputación de Toledo
Fotografía de Loty en los años 20. © Diputación de Toledo

El Puente de Polvorines:
Fotografía de Loty en los años 20. © Diputación de Toledo

Otras temáticas:
Fotografía de Loty en los años 20. © Diputación de Toledo

Sin duda una preciosa colección ligada a una curiosa y compleja historia profesional, empresarial y personal. La Diputación de Toledo conserva un verdadero tesoro en su Archivo.

Para saber más:
- Sesenta años en el olvido, por Isabel Barrionuevo Almuzara

martes, 18 de septiembre de 2012

La historia de la mina del Alcázar contada desde los dos bandos tras 76 años

Hoy se cumplen 76 años del estallido de la enorme carga explosiva contenida en la mina excavada por el gobierno de la II República para acabar con el encierro que casi 1.800 personas del bando sublevado mantenían desde hacía ya dos meses en el Alcázar de Toledo.
Con tal motivo Toledo Olvidado publica hoy una entrada especial en la que todo el mérito debe recaer en uno de los mayores expertos que jamás he conocido sobre el Asedio: Víctor Girona Hernández. Es a él a quien debemos agradecer la generosidad de compartir tres documentos en buena medida inéditos de inmenso valor: una fotografía y dos diarios.
Comencemos por la fotografía. Se trata de una imagen tomada por un periodista de guerra alemán que acompañaba el avance del ejército nacional en dirección a Toledo procedente de Extremadura. Un familiar suyo visitó Toledo en 1997 y fue entonces cuando Víctor Girona y él se conocieron. Este familiar del fotógrafo donó a Víctor la fotografía, que desde entonces la conserva como oro en paño. Se trata de una de las fotografías tomadas justo después del asedio -finales de septiembre o comienzos de octubre de 1936- en las que se ve con más claridad desde el patio del baluarte la inmensa dentellada ocasionada por la mina que los republicanos hicieron estallar la mañana del 18 de septiembre de 1936, y que hizo saltar por los aires todo el torreón suroeste y buena parte de la fachada oeste. Es por tanto la perspectiva que contemplaban los sitiados desde el patio entre ese día 18 y el 27 en que fueron finalmente liberados por las tropas del general José Enrique Varela.
Efectos de la mina del 18 de septiembre sobre el flanco suroeste del Alcázar. Fotografía de un periodista alemán hacia el 1 de octubre de 1936. Cortesía de Víctor Girona
Pero, siendo enormemente valiosa esta imagen, tal vez sean los documentos escritos lo más extraordinario que Víctor nos regala. Se trata ni más ni menos que de dos diarios inéditos de dos mandos -uno de cada bando- que narran el día a día de la construcción de la mina. Reflejan de modo sobrecogedor el tremendo miedo y desasosiego, rayano en la locura, de los sitiados así como la esperanza de los sitiadores por acabar con un encierro que comenzaba a acabar con su paciencia.
Tras varios días de trabajos de excavación realizados por mineros asturianos venidos ex profeso a Toledo, la voladura se realizó ante un enorme despliegue de medios y autoridades encabezado por el presidente de la República Francisco Largo Caballero que contempló la explosión desde los cerros cercanos a la ciudad.
No me extiendo más. A continuación os dejo con los textos de ambos diarios y la presentación que de ellos hace Víctor Girona. El resto, es historia.


Detrás de toda fotografía, hay una historia. Y la de ésta, inédita hasta hoy en que decido hacerla pública gracias a la invitación que me brinda Toledo Olvidado, muestra el resultado de uno de los momentos más trascendentales de la Guerra Civil Española en Toledo: el efecto causado por la mina que voló el torreón SO y parte de la fachada Oeste del Alcázar el 18 de septiembre de 1936. Nos enseña a la perfección la “dentellada” que causó y como volatilizó parte del sur y el oeste de la fortaleza. Es la imagen de la desolación tras la batalla y, además, contiene la pequeña gran historia de dos hombres que, sin conocerse y en bandos enfrentados, defendieron libremente sus ideas y tuvieron, sin saberlo, un nexo común aquellos tristes días de odio; se trata de Don Luís Barber Grondona, Teniente de Ingenieros, Oficial que se encargó dentro del Alcázar, desde el momento en que tuvieron conocimiento de ello, de seguir los trabajos de minado que efectuaban los sitiadores y de Don Antonio Fernández Granados, Guardia de Asalto, perteneciente a la fuerza que sitiaba el Alcázar, 1ª Compañía de Asalto. Ambos dejaron escritas sus memorias de aquellos hechos y en los dos casos son prácticamente inéditas; dándose la circunstancia, por ejemplo, de que el Diario del Guardia de Asalto fue publicado en 1958 en el semanario provincial “Toledo”.

El Teniente Barber, único Oficial del Arma de Ingenieros entre los sitiados, en sus memorias nos cuenta con detalle su llegada a Madrid con un mensaje desde el norte de África y como allí conoce del asesinato de su tío, Don José Calvo Sotelo (la esposa de éste y su madre eran hermanas), su posterior llegada a Toledo e incorporación a las fuerzas que se muestran conformes con seguir la tesis de la sublevación contra el Gobierno del Frente Popular; a lo largo de su relato, va desgranando los diferentes aspectos y vicisitudes que compusieron la vida de los sitiados durante aquellos 70 días del verano de 1936 y es testigo directo de la Conversación del Coronel Moscardó con el Jefe de las Milicias de Toledo el 22 de julio de 1936, en la que se le conmina a rendir el Alcázar a cambio de la vida de su hijo, Luis Moscardó Guzmán. Pero tal vez lo más interesante, es poder constatar como este Oficial siguió y se enfrentó a los trabajos de minado, el poder conocer de su propia mano lo que pasaron dentro de la fortaleza las 1.800 personas entre hombres, mujeres, ancianos y niños que allí se refugiaron, sus dudas, sus terribles preocupaciones y la casi locura que les invadió los últimos días de asedio hasta que hizo explosión la mina al amanecer de aquel 18 de septiembre.
La otra visión, desde el punto de vista de los sitiadores, se encuentra recogida en las entradas del Diario del Guardia de Asalto Don Antonio Fernández Granados, que se encontró el Ingeniero Agrónomo, Don Fernando Espejo Prieto, abandonado encima de la mesa de su despacho en la Delegación de Hacienda de Toledo tras liberarse la ciudad, el 28-29 de septiembre, junto con una bomba de mano y una gorra de uniforme. El Diario arranca el 20 de agosto y termina el 26 de septiembre y está escrito en un cuadernillo de 15 x 10 cm, cuadriculado, y con el sello de una papelería de Madrid, Paseo de las Delicias, 36.
Cronología de la destrucción del Alcázar de Toledo durante el Asedio de 1936. Fuente: wikicommons

Del Diario del Teniente Barber:

“El día 16 de agosto me avisaron que se oían ruidos en la imprenta; acudo, se oía perfectamente claro el trabajo de un pico a una distancia no muy grande. Los ruidos parecen indicar sea una mina. Poco antes por radio en un discurso habían dicho “que en el Alcázar resistían cien locos con sus familias que no caían por la magnanimidad del Gobierno, que no había querido emplear contra ellos los recursos que le ofrecían los mineros asturianos”. Por todo esto es muy probable que estén tratando de volarnos y el problema es gravísimo.
- ¿Una contramina….?- me dicen.
Imposible, no hay elementos para atacar la roca en que está cimentado el edificio a la velocidad que estas cosas requieren, sólo disponemos de unos cuantos picos corrientes y entre los defensores solo el Cabo de la Guardia Civil D. Cayetano Rodríguez Caridad sabe algo de esto porque hace 20 años trabajó en unas minas de Peñarroya y para estas labores se necesita algo de práctica, aparte de que la cantidad de explosivo que tenemos es muy pequeña, aun contando los proyectiles sin explosionar.
- ¿Otra solución….?
- Tratar de localizar la boca y destruirla en una salida.
Se acepta esta solución y empezamos la observación para localizarla. Por la dirección del ruido parece que viene por el ángulo SO del torreón de esta misma situación…”.
Plano que realizó el Coronel Moscardó durante el Asedio y que fue publicado en los años 50 en el libro que sobre su biografía escribió el que fuera su ayudante, el Comandante Benito Gómez Oliveros

“Se busca a los que conocen las casas cercanas y se localiza un sótano, aproximadamente en la dirección en que se oye el ruido, la casa es la que hace esquina a la Plaza de Capuchinos y al callejón que va al Horno de los Bizcochos… El asunto parece resuelto y se ordena la destrucción de la casa. Vela Hidalgo se ofrece con sus chicos para ocuparla y quemarla, pero antes se intenta desde las ventanas con bombas incendiarias y con gasolina. El día 19 el teniente Lacourt las tira maravillosamente y se le confía esta misión, tira primero una Laffite dentro del patio seguida de una incendiaria y se oyen gritos, han hecho blanco, luego hemos sabido que se hicieron algunas bajas entre los mineros que dormían tranquilamente al fresco. Pasamos un rato de dudas porque la casa no ardía, pero al fin se logró. Los ruidos desaparecieron y nos quedamos con la relativa tranquilidad de haber hecho fracasar sus propósitos.”

“Pero poco duró la tranquilidad, cuando aún no se había apagado el incendio me llaman una noche porque se oía un motor, temen que sea un compresor, le oigo y quiero creer que es una bomba para apagar incendios, sostengo este punto de vista y me vuelvo a mi cama. No he querido dejar traslucir mis dudas, pero hacia poco había estado trabajando con un compresor en Ceuta y el ruido que había escuchado, a pesar de no tener las intermitencias clásicas del regulador automático, podía serlo. Tras él, la carga, el martillo, la roca, el Alcázar, la dinamita, los luceros… El mundo se me cae encima, estoy solo”…. “Me serené… ahora me pedían inteligencia, no podía dudar, era Ingeniero, mi padre y mi abuelo lo eran, ellos desde sus puestos civiles habían triunfado siempre, yo con su sangre, no podía achicarme. Conocía poco esta materia, mi corta vida militar, ocho años, había transcurrido en Transmisiones dos años y en Automovilismo de Marruecos el resto, cosas totalmente alejadas de la guerra de minas…”

“Salí al patio, caras preocupadas me abordan.
- Están haciendo una mina- me dice alguien
- ¿Quién os ha dicho eso?
- Por los sótanos eso se dice…
- Son tonterías, anoche se oyó un motor y como no tenéis en que ocuparos ya se ha inventado esa fantasía…
Mineros asturianos cavando las minas bajo el Alcázar de Toledo
En uno de los archivos que había al lado de la imprenta la cosa se pone más fea.
- Hemos oído unas explosiones sordas- me dicen (Dios mío, barrenos- pienso)
- Serán los golpes de los proyectiles que no hacen explosión-contesto.
- Es un ruido distinto.
- Porque antes no se fijaban en esta cosas…
- Le aseguro que es cierto.
- No lo dudo, pero tienen los nervios excitados y no interpretan bien los ruidos.
- Yo he oído una cosa como un chirrido con intermitencia- me dice otra (la barrena del compresor)
- Serán ratones…
- No lo creo.
- Ya saben que hay muchos y antes no se fijaban en estas cosas. De todas formas estén tranquilos, que se tomarán todas las medidas necesarias para evitar lo que sea y duerman con la seguridad de que hagan lo que hagan no nos cogerán desprevenidos”.
“Busco a Don Adolfo Aragonés, Ayudante de Obras de la Comandancia de Ingenieros a quien conozco de toda la vida, que se conoce el edificio palmo a palmo por los estudios históricos que de él ha hecho y que ha tenido el buen recuerdo de recoger los planos del edificio que conservaba en la oficina:
- Haga el favor de mirar la situación de las alcantarillas que vengan por la parte Oeste y Sur del edificio… ¿esto está cimentado en roca?
- Sí, este montículo parece que es de roca granítica muy dura.
Subo a ver al Coronel:
- Aún no puedo asegurar nada, pero me parece que sí.
Le digo lo que he hecho y le pido me agreguen al Cabo minero quitándole todo servicio, da la orden.
- En ti confío – me dice al salir.
- Haré todo lo que pueda, mi Coronel”.

“El Cabo minero me da cuenta de sus observaciones, ha oído barrenos y el trabajo de un martillo perforador.
Compresor neumático que accionaba las perforadoras de las dos minas cavadas para volar el Alcázar por los republicanos. Situado en la Plaza Mayor
Ya no hay dudas, es una mina.
- Pero ¿a qué distancia cree usted que estarán?- le pregunto
- Muy lejos, porque la barrena casi no se siente.
- Entonces en roca se tardará mucho…
- Desde luego.
- ¿Cuántos barrenos hacen falta para cada avance?
- Es variable, normalmente se da uno en el centro y dos inclinados y luego algunos tacos para corregir los salientes que quedan.
- ¿Qué profundidad suelen tener?
- Unos 80 cm como máximo, pero eso es muy variable.
- Es decir, ¿qué cada serie de barrenos supone como máximo un avance de 80 cm?
- Aproximadamente, sí señor.
- Pues a vigilar con todo cuidado el número de barrenos, procurando aquilatar en su intensidad”.

“Voy a la imprenta donde duermen algunos chicos, les encargo que me vigilen los barrenos y que apunten a las horas a que los oyen. Subo al piso principal, a la nave del frente Oeste, allí hay una Compañía de la Guardia Civil mandada por el Capitán Esteban Vals, le encargo me tome el horario a que trabaja el compresor.”

“Trato de ocultar el resultado de mis observaciones, pero es inútil, mil novecientos pares de orejas escuchan ruidos y no se les puede convencer, han oído los escapes de aire del compresor y no se puede sostener la idea de la bomba… Por la noche, cuando todo está en silencio, oigo el ruido de la barrena en su lento y seguro avance…”.
“Por voces aisladas, por pequeños reflejos de linternas, por ruidos de piedras, etc… localizamos las bocas de las minas, una en la casa donde estaba la Editorial Católica y otra en una casa cercana a la misma calle. Luego se pudo comprobar que no hubo error. Para situar los compresores hicimos una especie de triangulación de ruidos, tomando como base la longitud de la nave superior del edificio. Se situaron los dos y tampoco hubo error. Fueron noches terribles, en las que entremezclados con estos ruidos oíamos tiros lejanos que queríamos atribuir a reyertas, pero que nos repercutían en el corazón, nuestras familias estaban allí, y cantos de mujerzuelas y voces de borrachos ¡cuántas horas amargas! Y el agotamiento aumentaba en una proporción desconsoladora, porque las horas que se quitaban al sueño no se podían resarcir durante el día…”.

“Estas salidas eran muy desagradables, la noche impone y los ruidos se multiplicaban, casi siempre nos quedábamos unos momentos en la puerta acostumbrándonos al miedo, decíamos, y luego nos íbamos al sitio convenido…yo me tiraba al suelo y paso a paso recorría la zona por donde suponía venían las galerías, hasta que me parecía oírlas en la vertical… esto era lento y como la costumbre hace olvidar el peligro, terminábamos los tres con las orejas pegadas al suelo discutiendo y sin preocuparnos de la vigilancia…terminábamos hablando en voz alta y discutiendo…Uno de los días iba de rodillas buscando el sitio de más ruido, poniendo el oído en el suelo cada medio metro cuando toqué una cosa suave, preocupado no me fijo, agaché la cabeza y puse el oído en una cosa blanda y suave, doy un salto, me fijo ¡y era un gato muerto!... Otro día oímos de pronto una voz de ¡alto! y acto seguido un tiro, como rayos nos tiramos al suelo, hemos oído silbar la bala muy cerca, nos han tirado desde una ventana, empezamos a dar voces para que nos conozcan y nos tiran más, armando una escandalera que debieron oír desde Zocodover, nos metimos corriendo y resultó había sido un centinela que relevaron estando fuera nosotros y se habían olvidado de avisar…Para afinar más en las observaciones se me ocurrió emplear un fonendoscopio del botiquín, dio buen resultado, pero como estaban tan cerca se les oía perfectamente a oído, prescindí de él…”.

“Solo veía posible salir a por las bocas de la mina…se intentó dos veces, una Vela con sus chicos y otra el Comandante Araujo con sus fuerzas, pero no se consiguió nada…Tenían barricadas las calles en varios sitios y había que tomarlas por las malas o por sorpresa. Lo primero no se podía hacer, porque suponía un número elevado de bajas y había que economizar vidas en previsión de lo que aquello podía durar. Vela intentó el segundo procedimiento pero se dieron cuenta… El segundo intento se hizo con más elementos, pero pasó igual, se llegó a una de las casas pero no se pudo entrar, se tiraron unas bombas de mano dentro y dijeron que se habían hecho bajas. Había que pasar por una ventana y bajar por una escalera de mano, se dieron cuenta y empezaron a batir este paso obligado; gracias a la serenidad del Guardia Civil Castillo y del de Asalto, Molero, se pudo hacer la retirada, sosteniendo ellos a pecho descubierto el fuego de las ventanas y acallándolo con sus pistolas ametralladoras… Esta salida produjo un pánico cerval en la población, tomándose precauciones en sitios alejados a más de un kilómetro, corriendo los milicianos azorados por las calles gritando: ¡Qué salen los del Alcázar!, haciendo cerrar puertas y ventanas…”.

“Agotado el recurso de destruir las galerías, no quedaba más solución que volar y lo único que se podía hacer era aminorar los efectos de la voladura, por lo tanto en ese sentido orienté mis esfuerzos”.

“Había que suponer que nos pondrían una carga de toneladas… no me podía limitar al embudo clásico porque en este caso lo peligroso eran las proyecciones y los hundimientos del edificio; el embudo tendría un radio de acción limitado, pero había que buscar el alcance de los escombros y la zona posible de hundimiento para separar a la gente de ella, teniendo en cuenta que el espacio de que se disponía era muy limitado y había que aquilatar mucho… Había que desdoblarlo en dos: uno, efectos de la voladura, para marcar las zonas peligrosas; otro, el día y, a ser posible, hora de la voladura; para lo primero contaba con los libros y las revistas (de las propias Bibliotecas del Alcázar que había recopilado esos días, nota de Víctor Girona Hernández), para lo segundo con una observación cuidadosa y la interpretación de los datos recogidos no desperdiciando ni el más pequeño”.

“El 9 de septiembre, día que vino a parlamentar el Comandante Rojo, me llamó el Coronel para que informara ante la Junta de Jefes, procuré hacerlo con el mayor detalle explicando la situación actual de las galerías, el punto probable de la llegada, dando un plazo probable de ocho días para la terminación de la más adelantada… que creo poder marcar, con la ayuda de Dios, las zonas peligrosas, que caerá el torreón y parte de la fachada Oeste pero que el resto del edificio creo que no sufrirá…”.

“Los datos con los que yo contaba poder señalar el día de la voladura eran: cesación de los trabajos del compresor y martillo, ruidos de arrastre de las cajas de dinamita y ruidos del atraque…alejamiento de todos los que nos tiraban por este frente, que estaban muy cerca y alguna indiscreción de ellos a las que nos tenían acostumbrados; en cuanto a la hora, la más probable era al amanecer que es cuando la gente está más atontada y posiblemente sería precedida de un fuerte cañoneo para meter a la gente en los sótanos y cogernos mejor…”.

“El día 16 de septiembre, cuando ya las cosas estaban a punto y cada parada del compresor nos hacía pasar un mal rato…Aquella noche cesó el ruido del martillo y me avisaron, como había ordenado, cada vez que pasaban dos horas sin trabajar, nos pusimos a escuchar con toda atención… poco a poco las voces se fueron haciendo más lejanas… Inmediatamente le di cuenta al Coronel (Moscardó) de que creía cargada la mina del torreón… Como nos habíamos pasado la noche en todas estas observaciones, al amanecer se dieron las órdenes para evacuar la zona amenazada, aunque durante el día no se esperaba la voladura”.

“El día 17 al mediodía quedó todo en esta forma (se refiere a las zonas que se desalojaron totalmente dentro de los sótanos del Alcázar), la gente con la orden de estar tumbada y los niños pequeños lo más protegidos posible con colchones, di una vuelta por todos los sitios comprobando si se había dicho tal como dije, hecho esto me fui a la capilla a ver a la Virgen: He hecho todo lo que sé, he procurado no dejarme un cabo sin atar, nuestra vida está ya en tus manos…”.

“Llegar a este día me había costado momentos de locura, los nervios me fallaban y algunas veces dudaba de mí, creía que podíamos volar en cualquier momento sin haber tomado las medidas necesarias, en más de mil ocasiones habría dado la voz de alarma pero una voz en mi interior me decía: espera, y esperaba, creí volverme loco en algunos momentos y pedía a Dios que me conservase la razón, el Cabo minero que por su misión salía poco de los sótanos, al final dio muestras de haber perdido la cabeza, tenía una crisis de pesimismo atroz, vivía esclavo de los ruidos y a todas horas del día y de la noche se le veía como un fantasma, con su candil de grasa de caballo, recorriendo los sótanos en busca del ruido… El ¿cree usted que volaremos?... ¿está seguro de poder avisar a tiempo?... ¿cree usted que nos salvaremos?, y tener que contestar a estas preguntas incontestables… El Coronel, que sabía mi situación moral, sacando fuerzas de no sé donde porque sus preocupaciones eran mucho mayores, tenía siempre una frase cariñosa para animarme… Algún día que las dudas me ponían loco y ponía cara de preocupación en mis visitas al sótano, Vela (Capitán de Caballería, que leyó el Bando de Declaración de Guerra en Toledo) al darse cuenta me llevaba a un rincón:
- ¡Has pasado por los sótanos con cara de entierro y ya está todo el mundo preocupado!
- Es que no puedo más, las cosas están muy poco claras y esto acaba mal… Es que pierdo la cabeza…
- Pues no tienes derecho a perderla, ya estás cambiando de cara y bajando al sótano.
- No puedo….
- Pues es preciso que puedas y ahora mismo nos vamos los dos al sótano.
Me daba unas palmadas diciéndome alguna tontería y nos íbamos al sótano a decir más tonterías…”.

“Las reacciones de las mujeres ante esa situación terrible fueron admirables, era una pesadilla espantosa la que vivieron, sintiendo bajo sus pies el avance lento y seguro de las galerías, esperando saltar en cualquier momento y sin embargo no hubo una duda ni una vacilación, se podía morir de una forma espantosa triturados por los escombros y en ningún momento oí de su boca más que palabras de esperanza en Dios. Conocían la muerte terrible del que queda con vida aprisionado por los escombros y no dudaron. El Gobierno de Madrid os ofreció la vida y vosotras, dignas sucesoras de vuestras abuelas, que supieron llenar páginas gloriosa en la Historia, la rechazasteis…”.
Una de las pocas fotografías tomadas durante el Asedio dentro del Alcázar. Un guardia civil herido recibe cuidados de su esposa. Del libro "La guerra de España. Una gesta heroica de carácter universal. El Alcázar de Toledo"

“La noche del 17 quedó todo el mundo en su puesto y en el almacén nº 1 de la primera planta de sótanos me instalé… teníamos unas cuantas caretas por si la explosión metía gases en los sótanos, aunque si nos metían óxido de carbono de nada servían, pero para esta contingencia no teníamos solución… La vigilancia en el frente Oeste se hacía por un pelotón fuera del radio de acción, que destacaba un hombre que a la carrera recorría todos los puestos antiguos, disparando tiros para dar la sensación de que seguían ocupados, este servicio se hacía cada cuarto de hora con lo que las probabilidades de que le cogiera eran pequeñas… Cuando empezaba a quedarme dormido me avisaron que por el parapeto habían dicho que volaríamos a las once, esto confirmó mi idea de que sería al amanecer, no eran capaces de atacarnos de noche y querían tenernos agotados al amanecer, después de siete horas de ansiedad…”.

“A las seis, cuando empezaba a clarear, oímos los primeros cañonazos y esto confirmó mis augurios, creciendo con intensidad, sobre todo en el frente Norte, estábamos ya preparados esperando la voladura con la emoción que es de suponer cuando a las seis y media oímos una detonación sorda, nos tambaleamos todos y salimos corriendo del cuarto, la galería estaba llena de polvo pero no había gases… al ver que no ocurría nada avanzamos con cuidado y vi rota la clase inmediata a la Puerta de Carros, intenté entrar en la imprenta y no pude, por una rendija vi todo lleno de escombros. A todo esto se había armado un griterío enorme en los sótanos, corrí al almacén nº 7 ¡nuestra Virgen estaba en el suelo intacta! El tabique había cedido pero no habían entrado casi escombros…Corrí a la segunda planta de sótanos, al llegar al final de la escalera me saltaba el corazón, entro y me reciben con un griterío que no deja entender nada, me abrazan, me besan, pregunto y cien voces entrecortadas por sollozos me responden sin que pueda saber lo que me dicen, solo veo que todo es alegría y me tranquilizo un poco, en volandas llego a la cuerda y ¡los escombros están a menos de un metro!... Voy al almacén nº 4, está intacto y me enseñan a un nuevo ser que acaba de venir al mundo en ese momento ¡a pocos metros de los escombros! consigo enterarme que solo hay una mujer y una chica heridas leves por el derrumbamiento de un tabique… Corro al despacho del Coronel, me abraza y creo que los dos bailamos llorando ¡hemos vencido a la mina!
Van llegando detalles y uno me llena de pena, el Teniente Cuesta, íntimo amigo que estaba con su familia aquí ha desaparecido en la voladura con algún Guardia…Me choca no ver al Cabo minero, pregunto y nadie sabe nada, por fin los centinelas de la galería me dicen le han visto pasar con dirección a la imprenta momentos antes de producirse la voladura, su exceso de celo le hizo oír el último ruido. Su obsesión le hizo estar en su puesto hasta el último momento a pesar de la mi prohibición y cayó en él, la mina le atrajo de tal forma que se le llevó…”.

“El ataque ha sido durísimo, se veía que estaban decididos a entrar pero… les ha ocurrido lo de siempre y las banderas que clavaron en nuestras ruinas están en nuestro poder. Se debieron llevar una desagradable sorpresa porque supondrían que estábamos todos enterrados y llegaron con toda tranquilidad, esperando entrar como Pedro por su casa y se han encontrado con que todo estaba como siempre, lleno de fusiles y ametralladoras, se les han hecho muchas bajas que nos rodean y como son incapaces de retirarlas, ya tenemos un aumento de perfume…”.
Asaltantes republicanos muertos entre las ruinas del Alcázar. Foto Erich Andres. Ministerio de Cultura. Centro Documental de la Memoria Histórica

“Hemos tenido 14 muertos y 50 heridos, de ellos 3 muertos y 4 heridos de las minas. Para mí ha sido uno de los días de más emociones del asedio, terminar el fantasma de la mina y ver morir a varios de mis mejores amigos. ¿Pensar en que podían entrar? en ningún momento”.


Del Diario del Guardia de Asalto Fernández Granados:

Día 20 de agosto.- “Al mes justo de la sublevación, salimos toda mi compañía para Toledo. Salimos contentos, pues sólo deseamos enfrentarnos con el enemigo. Por los pueblos del trayecto a nuestro paso somos constantemente vitoreados. Nosotros, con el puño en alto, contestamos alegres. Al fin, bajo un sol de horno, llegamos a Toledo. La ciudad, como poco después de tomada, ofrece su aspecto normal. El comercio, abierto, ofrece una gran actividad. Las mujeres toledanas se dedican a sus acostumbradas tareas y, de trecho en trecho, encontramos un grupo de milicias que nos saluda a la par que viejos, niños, mujeres…todos demuestran su alegría al ver la columna que llega. Poco a poco vamos alojándonos en el edificio viejo de la Delegación de Hacienda. Estos edificios antiquísimos son poco saludables. Por pasillos interminables llegamos a nuestro alojamiento, que consta de dos piezas regulares cuajadas de archivos repletos de papelotes que huelen a antiguo. En ellas tenemos que dormir, comer y charlar el pelotón, que consta de 23 hombres. Cuando dormimos, nos despertamos al oír alguna ametralladora funcionar.”
Día 21 de agosto.- “A las 9 de la mañana tomamos el servicio y relevamos un pelotón. Éste se encuentra en un edificio o palacio antiquísimo destinado a museo que, por encontrarse en obras, da un aspecto aún más desastroso, con cúpulas apuntaladas, grandes naves desguarnecidas, suelos removidos y paredones derruidos por la acción de nuestra artillería, al quedarse cortas las granadas.
Milicianos en el Convento de Santa Fe. Fotografía de Vincent Doherty. Arxiu comarcal de L´alt Penedés
El Alcázar en toda su fachada principal, la que hostiliza más nuestros parapetos, se encuentra a escasa distancia y es el frente más cercano. Aquí tenemos una potente radio controlada de tal forma que un altavoz, colocado estratégicamente, lo oyen constantemente los facciosos sitiados. Las noticias del Ministerio de la Guerra son oídas sin cesar. La artillería cada cinco minutos manda un obús que explota tan cerca que tiembla el suelo y lo que nos rodea. Por la tarde ha ocurrido un suceso de los muchos que ocurren en los frentes: la Fábrica de Armas se encuentra muy separada de Toledo y a la derecha del Alcázar y, cuando los obreros salían de su trabajo, seis o siete obuses fueron a estallar en las puertas y dentro de los talleres, sembrando la natural alarma y víctimas. Una vez rehechos de la sorpresa, los obreros y milicias se lanzaron en busca de nuestras baterías llegando a apresar en su poder a un alférez de complemento que era el que mandaba, fusilándole en el acto.”
Día 2 de septiembre.- “Los mineros siguen arrojando dinamita y botellas de líquido inflamables dentro del Gobierno Militar. Los facciosos rápidamente lo apagan con mantas y otros medios. Lo mismo ocurre cuando se les arroja gasolina. La Artillería tiene casi desecha la fachada norte y se espera de un momento a otro se derrumbe uno de los torreones donde los facciosos disparan más con fuego de ametralladora. La noche sin novedad.”
Día 5 de septiembre.- “Hoy comienza la mañana con intenso bombardeo de las dos baterías emplazadas a 4 kilómetros de Toledo. Poco a poco, la fachada norte va desapareciendo. Los facciosos parece que no contestan tanto a las descargas nuestras. Es cuestión de 2 o 3 días la rendición o entrar a por ellos.”
Bombardeos republicanos a Toledo
Día 13 de septiembre.- “A las 9 de la mañana mi pelotón entra de servicio en la casa de las minas. Tenemos que hacer 6 días de servicios seguidos por conocer ya el terreno. Es el sitio más próximo a la Academia. A las 9 de la noche, el Embajador de Chile ha intentado pasar al Alcázar a parlamentar. Los sitiados le han contestado “que fueran a parlamentar con el Gobierno constituido en Burgos”. Durante este espacio de tiempo no se ha disparado un tiro. En mi parapeto acababan de instalar (por la tarde,) un reflector que alumbra toda la calle llena de escombros y paralela a la fachada Oeste de la Academia. Suponiendo que los sitiados aprovecharían la oscuridad para cruzar la calle en dirección a una de las minas, encendí de improviso la luz, y, (al) instante, se vio un bulto en una portada y (justo después), de dos ventanas medio derruidas, el fuego ametrallador de dos máquinas dirigidas a la bocamina. La ametralladora nuestra del piso bajo rompió el fuego. Nosotros, en el balcón de arriba, apuntábamos a los huecos de donde hostilizaban, seguramente con la intención de cargarse el reflector. No lo consiguieron. Un minero lanzó tres cartuchos tan bien tirados que ya no se volvió a oír ningún disparo de parte de ellos. A las 10 llega el relevo”.
Día 18 de septiembre.- “Esta madrugada hemos estado en vela haciendo preparativos. La población civil ha evacuado la ciudad para evitar los peligros de la explosión. A las 6,30 ha de ser la explosión de las dos minas y, media hora antes, las fuerzas de los parapetos y la de retaguardia nos hemos retirado para distintos sitios de las afueras de Toledo. Mi compañía (se ha) alejado hasta la puerta (del) Cambrón, a unos mil metros del Alcázar. El campo a dos o tres kilómetros se haya (sic) cuajado de personas que han abandonado sus casas. Al fin son las 6,15 de la mañana.
Largo Caballero supervisa la voladura del Alcázar de Toledo en el verano de 1936
Al instante una gran explosión atruena el espacio. Al momento empieza a verse las calles cubiertas de tierra, piedras, tejas… como si hubiese sido un terremoto. Esperamos encontrar el Alcázar completamente destruido, pero nos asombra al oír los disparos de los sitiados (que), seguramente advertidos por el silencio de nuestros fusiles, se resguardaron en los sótanos y lugares más apartados. Sólo queda un torreón en pie. El efecto de la dinamita no ha sido lo que nosotros esperábamos. De la fachada oeste sólo ha quedado un trozo de paredón aislado de todo lo demás. El torreón Suroeste ha quedado completamente destruido. Montones de escombros y hierros retorcidos llenan las calles (adyacentes). Las casas inmediatas han quedado en ruinas. Por los cuatro costados se ha comenzado una gran ofensiva. Las ametralladoras funcionan por todos los lados. El Alcázar contesta con un fuego desesperado. Una Compañía de Asalto y un Batallón de Milicia logran pasar al patio central. Por los escombros se libra una gran batalla. Se logra plantar banderas en lo más alto. Los facciosos lanzan bombas de mano y fuego ametrallador. El fuego dura toda la mañana. Por los escombros han quedado muchos nuestros. No se sabe quién mandó la retirada, pues se logró un magnífico sitio. El cerco ha sido estrecho y duro, pero es imposible tomar la cumbre a pecho descubierto. Por la tarde se han reconstruido los parapetos, mucho más avanzados que antes. Se sostiene el fuego sin cesar”.
Día 26 de septiembre.- “Al amanecer se empieza a percibir, en la lejanía, el fuego de la artillería. Esperamos que hoy sea un día decisivo para uno u otro bando. A las 9 suena la sirena, tres trimotores aparecen negros como sus conciencias, vuelan bajos, los cañones antiaéreos funcionan. De pronto, sin saber por dónde, se lanzan desde la altura cinco cazas que acosan al enemigo. Un trimotor ha sido tocado, deja una estela de humo y desciende rápidamente. Al momento, los tripulantes se lanzan al espacio en tres paracaídas. Los otros dos huyen, perseguidos por nuestros cazas. En una loma se destroza otro. El último no se sabe cómo habrá escapado. En las fuerzas y la población civil reina el entusiasmo. Los que estamos libres corremos a las afueras a ver los parachutistas y arder los aviones. En la Puerta (de) Bisagra nos enteramos de la gran victoria que se ha logrado con la columna enemiga. Se ha destrozado el grueso. Moros y legionarios han caído prisioneros. Se les ha cogido 3 cañones del 7 ½ con armones llenos de municiones, camiones, caretas de gases y otros pertrechos, y los que tienen que llegar, pues ha sido una derrota completa. El optimismo reina por todos los sitios”.

Diario del Guardia de Asalto republicano que controlaba el Asedio al Alcázar. 20 de agosto de 1936
Diario del Guardia de Asalto republicano que controlaba el Asedio al Alcázar. 12 y 13 de septiembre de 1936
Diario del Guardia de Asalto republicano que controlaba el Asedio al Alcázar. 26 de septiembre de 1936

Enlaces interesantes para saber más:
- Video del momento de la enorme explosión. Minuto 2:47.

viernes, 31 de agosto de 2012

La mejor colección de panorámicas de Toledo por José Regueira en 1921

Las fotografías que hoy tengo el inmenso placer y honor de mostraros forman parte de ese selecto grupo de imágenes de Toledo que se pueden considerar como especiales tanto por su excepcional calidad como por su original formato.
Tomadas probablemente en 1921, son obra del genial José Regueira.
José Regueira García Mirayo Izquierdo nació en Madrid, en la calle Don Martín nº 10, cuarto izquierdo, a las seis y media de la mañana del lunes 11 de octubre de 1880. Hijo del pintor José Regueira Mirayo y de Ángela García Izquierdo, vio truncada su inminente salida hacia París para estudiar Bellas Artes por la brusca enfermedad de su padre, que falleció poco después lo que le obligó a hacerse cargo del taller de pintura y revoco que regentaba su progenitor.
Se casó con la alavesa María Rodríguez Hernani en 1910, con la que tuvo seis hijos. En 1911 funda con un socio la empresa “José Regueira y Compañía”, dedicada a la pintura y revoco de casas y a todas las operaciones relacionadas con este oficio. Participa en la ejecución de multitud de edificios de gran belleza en Madrid bajo las órdenes de los mejores arquitectos del momento, como por ejemplo Pedro Muguruza, de quien era buen amigo. Destaca entre sus obras el trabajo realizado en el edificio de La Unión y el Fénix Español., así como la participación en edificios como el Palacio de la Prensa, el Teatro Real, el Hospital Obrero, el Colegio de Nuestra Señora del Pilar, el Monasterio del Paular o el Monasterio de Piedra. Utiliza la fotografía como un elemento de apoyo en su trabajo, conservándose un buen registro fotográfico de su trabajo.
Multiretrato de José Regueira
En los felices años 20 su posición desahogada y su espíritu inquieto le permiten viajar, siendo miembro de la Sociedad Española de Excursiones con la que viaja por todo el país dando rienda suelta al artista que llevaba dentro de la mano de la fotografía.
La faceta más singular de su obra fotográfica comienza cuando adquiere la mítica cámara Kodak Panoram 4, con la que empieza a investigar en la fotografía panorámica consiguiendo asombrosos resultados.
Cámara Kodak Panoram cerrada
Gran amante de los paisajes, pueblos y ciudades, observa la vida cotidiana de la España de principios del siglo XX. Retrata acontecimientos sociales –como la boda real de Alfonso XIII y el atentado que sufrió, del que conserva cuatro fotografías inéditas–, las tardes del Retiro, partidos de fútbol, desfiles y paradas militares, exposiciones, obras públicas, monumentos, interiores...Todo ello quedó reflejado en las más de siete mil fotografías que contiene su obra, actualmente depositada en la Filmoteca de Castilla y León, de las cuales tres mil son de temática taurina pues era un gran aficionado y entendido del arte de Cúchares. En formato panorámico su legado consta de 220 fotografías, de las que 17 corresponden a Toledo.
Su último gran reportaje data del año 1935, en el que viaja por Andalucía. De camino recaló en Toledo, en lo que fue su segunda y fugaz visita a la ciudad. En este caso el reportaje fue realizado con placas estereoscópicas.
Al estallar la Guerra Civil permanece en Madrid, recluido en casa y prácticamente no sale de su vivienda. Su hijo Ángel es detenido por las milicias republicanas y fusilado en Paracuellos del Jarama. Regueira apenas se sobrepone de esta dramática pérdida, abandonando su actividad fotográfica, que ya no recupera al finalizar la contienda.
Murió en Madrid, el 2 de octubre de 1953.
Retrato de José Regueira con su cámara Kodak Panoram 4 junto a una glicinia
Pasemos ya a ver las panorámicas tomadas por Regueira en Toledo en 1921, sencillamente espectaculares. Agradezco infinitamente a la familia Regueira y a José Manuel Estebaranz la cesión gratuita de estas joyas. Gracias a ellos podemos gozar con la contemplación de estas maravillosas vistas del Toledo de hace más de 90 años.
Comenzaré por la más original y la que puede verse mejor en el blog dada su orientación vertical. Se trata de esta soberbia vista de la Catedral desde el Ayuntamiento. Aún no he decidido qué fotografías se incluirán como láminas-obsequio a los mecenas del libro de Toledo Olvidado que aportaron 80 euros o más, pero creo que esta fotografía debidamente recortada bien podría ser una de ellas por su originalidad y valor artístico en 1921. A ello se añade su carácter de obra inédita nunca antes vista en Toledo. Espero vuestra opinión:
Panorámica vertical de la Catedral de Toledo desde el Ayuntamiento en 1921. Fotografía de José Regueira. Filmoteca de Castilla y León.RESEP-195

Las mejores panorámicas de la ciudad las obtuvo Regueira desde el Castillo de San Servando y sus inmediaciones. Algunas de ellas con la particularidad de estar tomadas desde las almenas del propio castillo, que por entonces se encontraba en estado de grave abandono. Disfrutad de ellas pinchando en cada una y obteniendo su tamaño máximo porque de otro modo no podréis valorar la belleza de cada imagen y sus increíbles detalles:
Panorámica de Toledo en 1921 desde el cerro del Castillo de San Servando. Fotografía de José Regueira. Filmoteca de Castilla y León. RESEP-189
Panorámica de Toledo en 1921 desde el Castillo de San Servando. Fotografía de José Regueira. Filmoteca de Castilla y León. RESEP-188
Panorámica de Toledo en 1921 desde el cerro del Castillo de San Servando. Fotografía de José Regueira. Filmoteca de Castilla y León. RESEP-187
Panorámica de Toledo en 1921 desde el cerro del Castillo de San Servando. Fotografía de José Regueira. Filmoteca de Castilla y León. RESEP-186
Panorámica de la Estación de Ferrocarril y la Huerta del Rey en 1921 desde el cerro del Castillo de San Servando. Fotografía de José Regueira. Filmoteca de Castilla y León. RESEP-185
Panorámica de Toledo en 1921 desde el cerro del Castillo de San Servando. Fotografía de José Regueira. Filmoteca de Castilla y León. RESEP-149
Panorámica de Toledo en 1921 desde el cerro del Castillo de San Servando. Fotografía de José Regueira. Filmoteca de Castilla y León. RESEP-148
Panorámica de Toledo en 1921 desde las inmediaciones del Castillo de San Servando. Fotografía de José Regueira. Filmoteca de Castilla y León. RESEP-146
Panorámica de Toledo en 1921 desde el cerro del Castillo de San Servando. Fotografía de José Regueira. Filmoteca de Castilla y León. RESEP-145
Panorámica de Toledo en 1921 desde el cerro del Castillo de San Servando. Fotografía de José Regueira. Filmoteca de Castilla y León. RESEP-215

Esta no se encuentra demasiado bien conservada:
Panorámica de Toledo en 1921 desde el cerro del Castillo de San Servando. Fotografía de José Regueira. Filmoteca de Castilla y León. RESEP-147

Otra excelente panorámica, aunque algo deteriorada, es esta tomada desde el interior de la ciudad donde se ve el caserío, los tejados y las torres, destacando la Iglesia de San Ildefonso:
Panorámica de Toledo en 1921. Fotografía de José Regueira. Filmoteca de Castilla y León. RESEP-213

Es una pena que esta vista de las Covachuelas y la Antequeruela se encuentre algo dañada:
Panorámica de las Covachuelas y la Antequeruela en 1921. Fotografía de José Regueira. Filmoteca de Castilla y León.RESEP-191

Regueira cruzó la ciudad hasta el Puente de San Martín, donde tomó más panorámicas, pero por desgracia no se han conservado bien estas tomas. Aún así os las pongo dado su enorme valor documental:
Panorámica del Puente de San Martín en 1921. Fotografía de José Regueira. Filmoteca de Castilla y León.RESEP-190
Panorámica del Puente de San Martín en 1921. Fotografía de José Regueira. Filmoteca de Castilla y León.RESEP-192

Para finalizar os dejo con esta toma cuya ubicación no está clara. No es seguro que sea Toledo, pero podría tratarse del Tajo en la zona cercana a la carretera de la Puebla de Montalbán:
RESEP-193

Esperando que hayáis disfrutado con estas impresionantes vistas tanto como yo, tan sólo agradecer de nuevo a José Manuel Estebaranz y a la familia Regueira su generosidad a la hora de ayudar a difundir este precioso legado.

viernes, 3 de agosto de 2012

La Panorámica desde el Valle más antigua tomada por Alphonse De Launay en 1854

Sería difícil describir con palabras la emoción que sentí hace unos días al abrir un correo que contenía una fotografía que llevaba años persiguiendo infructuosamente. En ocasiones la única pista o indicio sobre algún autor muy antiguo y poco conocido es una simple referencia en algún libro especializado o en alguna lista de una casa de subastas. A veces son solo rumores sobre el supuesto paso por Toledo de huidizos y esquivos autores que, aunque parezca mentira, están en nuestros días siendo redescubiertos.
Este era el caso de Alphonse De Launay (o Delaunay en algunas otras citas), un fotógrafo muy poco conocido y estudiado del que se decía que había visitado España en dos ocasiones, una en 1851 y otra en 1854, y en cuyo periplo aparecía en algunas citas la ciudad de Toledo.
Cuando tuve noticias de su existencia en 2009 comencé un rastreo periódico sobre cualquier pista que me pudiera llevar a alguna fotografía suya tomada en Toledo. Las escasas citas sobre subastas de imágenes suyas mencionaban precios de salida que rondaban los 6.000 euros por cada foto, lo cual automáticamente me descartaba como potencial comprador de alguna de sus fotografías y me "condenaba" a tener que localizar a alguno de los compradores y que éstos accedieran a cederme un escaneo.
Así fue cómo en uno de esos correos que periódicamente envío a ciertos contactos con pocas esperanzas de obtener éxito sonó la flauta: mi contacto acababa de estar en Paris con un coleccionista francés que le había mostrado una fotografía de Alphonse de Launay tomada en Toledo. Me dio su correo y le escribí rogándole un escaneo de la fotografía, explicándole el valor que tendría para todos los que amamos Toledo. Dos meses después, un correo de su asistente personal me alegró el día, la semana y prácticamente el año.
Allí estaba: una fotografía del legendario Alphonse De Launay, extraño personaje, discípulo del maestro entre los maestros Gustave Le Gray y del cual se saben tan sólo retazos de su vida. Nació en 1827 en Manche (Normandía, Francia) y junto con el amplio conjunto de discípulos de Gustave Le Gray, experimentó las nuevas soluciones técnicas sobre papel. Habiendo rechazado el puesto de Inspector de la Compagnie de la Vieille-Montagne, nunca dio un sesgo profesional a su actividad como fotógrafo, -aunque estuvo vinculado a las instituciones de la época, como la Societé Française de Photographie, a la que perteneció desde 1858 a 1866- sino que desarrolló su modo de vida como propietario y abogado. Fue un hombre de espíritu cultivado con aficiones como la literatura y el teatro publicando diversas obras de éxito así como un asiduo viajero.
En sus viajes se cita uno a España en 1851, por lo que existía la posibilidad de que la fotografía que me remitían desde París fuese la más antigua tomada en Toledo, aunque parece que de su viaje de 1851 sólo se conservan fotografías de Sevilla. Lo más probable es que la fotografía que os ofrezco, tomada desde la Ermita del Valle, fuese realizada en su segunda visita tres años después, en 1854. Deleitaos con ella tanto como yo lo he hecho y, a la espera de poder conseguirla a mayor resolución, admiremos los detalles que nos permite ver, como por ejemplo el de contemplar la torre mudéjar de Santa Justa y Rufina aún en pie:
Vista de Toledo desde la Ermita del Valle en 1854 por Alphonse de Launay. Cortesía de Serge Kakou

De Launay incluyó esta segunda visita en un viaje que le llevó a Argel y Orán. Se casó con Marie-Constance Chastellain, fue un devoto católico y tuvo un hijo en 1860 llamado Louis Auguste Alphonse De Launay que también fue un brillante escritor e historiador además de geólogo. Alphonse De Launay murió en 1906.

Para finalizar, tan solo agradecer infinitamente a Serge Kakou la cesión de esta joya. Os dejo con la fotografía más célebre que tomase De Launay: este retrato excepcional de su maestro Gustave Le Gray, con una expresividad al alcance de muy pocos en 1854.
Gustave Le Gray fotografiado en 1854 por Alphonse De Launay . Metropolitan Museum of New Yory

Para saber más:
- Biografía de Alphonse De Launay, por Alex Novak
© TOLEDO OLVIDADO
Maira Gall