sábado, 22 de marzo de 2025

Los albaricoques de Toledo o de "hueso dulce"

A lo largo de los siglos, en su proceso de domesticación o selección de aquellas especies tanto animales como vegetales que le resultaban de mayor utilidad, la humanidad ha ido favoreciendo de manera intencionada la consolidación y fijación de ciertas características genéticas que han dado lugar a variedades y subespecies capaces de satisfacer sus requerimientos y necesidades, adaptadas a las condiciones ambientales del lugar en el que vivían esas comunidades humanas.
En el caso de los vegetales, cuando nuestra especie pasó de ser meramente recolectora y nómada a desarrollar la agricultura sedentaria en núcleos de población fijos, y mediante un proceso que llevó miles de años, iniciado a partir de las especies en su estado silvestre, el ser humano logró conseguir variedades bastante diferentes a las iniciales. Frutos más dulces y más grandes, variedades más resistentes a sequías, plagas o enfermedades... en definitiva, un legado precioso conseguido gracias a partes iguales a la inteligencia, el azar y la perseverancia.
Cuando la evolución alcanzó enormes avances y el ser humano logró no solo poblar buena parte del planeta sino también establecer las primeras rutas de intercambio de productos entre las diferentes civilizaciones, esos procesos de obtención de variedades vegetales seleccionadas se vieron enriquecidos al experimentar con el cultivo de estas variedades en ámbitos geográficos muy diferentes, a menudo a miles de kilómetros del lugar de origen de aquellas primeras especies silvestres.
Llegaron entonces las ingeniosísimas estrategias y técnicas agronómicas que iban más allá de la selección, como fueron los cruzamientos o los injertos que consiguieron identificar y fijar para cada lugar concreto, con su clima y su suelo específico, aquellas variedades y técnicas asociadas más adaptadas a las condiciones locales.
En el caso de Toledo, como histórico cruce de civilizaciones y culturas inmersas en ese proceso, que he resumido de forma esquemática, fueron llegando en diversas oleadas especies y técnicas que lograron establecer cultivos tan adaptados a nuestras condiciones que se convirtieron en parte esencial de la dieta y la cultura de los habitantes de la ciudad. Aunque son muchas las especies o variedades vegetales que se asocian a Toledo, hoy os quiero hablar del albaricoque. Para ser más exactos, del albaricoque de hueso dulce, también denominado en la ciudad como "albérchigo", que logró una fama en Toledo que trascendió nuestras fronteras convirtiéndose en emblema y símbolo de la ciudad.
Tarjeta tipo postal de la serie "Tipos Cómicos" con menciones a los albaricoques con un ripio ligado también al mazapán El albaricoque es el fruto del albaricoquero, un arbolillo de la familia de las rosáceas cuyo nombre científico es Prunus armeniaca. Para determinar el origen silvestre de esta especie, dedicó buena parte de su labor investigadora el botánico ruso Nikolái Vavílov, quien localizó el germen del albaricoquero en tres núcleos diferentes de Asia: un centro chino, otro centro de Asia central y un tercer centro en el cercano oriente.
La introducción del albaricoquero en Europa parece que tuvo lugar en dos épocas. En primer lugar, los romanos lo descubrieron a través de sus guerras con los persas en el siglo I antes de Cristo. Concretamente, el nombre armeniaca de su denominación científica proviene de la creencia de que fue en Armenia, como parte del imperio persa, donde los romanos tuvieron contacto con este fruto y, a raíz de ahí, los comerciantes armenios lo introdujeron en Roma. Más tarde, en el siglo VIII, el albaricoquero fue introducido en la Península Ibérica por los árabes al comienzo de su dominio tras la invasión del año 711, generalizando su cultivo y perfeccionando las técnicas asociadas a él, como los injertos, como grandes avanzados en agronomía que eran.
Tras la reconquista, su cultivo no solo no decayó, sino que fue adquiriendo importancia especialmente entre los siglos XVI y XVIII.
Una mujer lava o amasa en un patio toledano junto a un albaricoquero. Foto de Casiano Alguacil hacia 1880 convertida en postal Albaricoques en flor en los cigarrales a comienzos del siglo XX. Foto de Pedro Román Martínez hacia 1910. Archivo Histórico Provincial. Al poseer Toledo lugares aptos para su desarrollo, tanto en los célebres cigarrales como en la fértil vega del río Tajo, los frutales fueron muy cultivados en estos siglos en nuestra ciudad. Entre ellos, por supuesto, se encontraba en una posición destacada el albaricoquero. Fue así cómo en Toledo alcanzó gran fama una variedad de este arbolillo diferente de las demás: el albaricoque de "hueso dulce". Es decir, el de aquella variedad cuya semilla, al partir la dura almendra o "hueso" que la protege, ofrece un interior carnoso dulce, a diferencia del resto de albaricoqueros, cuya semilla es amarga.
Ripio sobre los albaricoques de hueso dulce de Toledo publicado en  El Castellano. 27/6/1921, n.º 3.600. Fue tal la popularidad del "albaricoque de hueso dulce de Toledo" que son multitud las publicaciones que hablan de él y de cómo debía ser cultivado. En el Siglo de Oro fue citado por afamados autores como Luis de Góngora, que escribió en 1620 un poema burlesco titulado Mis albaricoques sean de Toledo. En el siglo XIX el número de albaricoqueros inventariados en los cigarrales se situaba en los 29.000 árboles, según el estudio de Pilar Morollón y Alfonso Vázquez publicado en 2005. El albaricoque o albérchigo toledano de hueso dulce fue citado y elogiado en ese siglo por autores tan destacados como Benito Pérez Galdós, Martín Gamero o Sixto Ramón Parro. Incluso, en la ciudad se publicó una serie dedicada a personajes ilustres toledanos titulada "Albaricoques de Toledo" escrita por el gran Rómulo Muro en 1893.
Mención a los albaricoques de Toledo en "Los cigarrales de Toledo : recreación literaria sobre su historia, riqueza y población" / por Antonio Martin Gamero (1857) Portada de "Albaricoques de Toledo. Colección de Semblanzas Instantáneas" por Rómulo Muro, 1893 La asociación entre Toledo y nuestros albaricoques era total, denominándose a Toledo como "la tierra del hueso dulce" y comparándose en numerosas citas bibliográficas la belleza de las mujeres toledanas con estos frutos, célebres también por sus características motitas o "pintas" oscuras en la piel y lo sonrosado y aterciopelado de su aspecto, que era asemejado a las mejillas pecosas y de buen color de las mozas de la ciudad.
El Morrongo, 14 de junio de 1902. Los Albaricoques de Toledo y sus juergas asociadas "Los del hueso dulce". Rima dedicada a los albaricoques de hueso dulce de Toledo, obra de Rómulo Muro. Publicada en la revista Toledo el 1 de junio de 1925. En julio de 1922 el periodista Tomás Gómez de Nicolás García-Brazales publicó en El Imparcial un artículo titulado "La crisis del albaricoque", preocupado por la situación de este árbol en Toledo. En julio de 1923, el periodista Andrés González Blanco escribió en la revista Nuevo Mundo un interesante artículo con fotos de Pedro Román Martínez en el que ensalzaba nuestros albaricoques de hueso dulce pero en el que también alertaba ya de su peligro de desaparición:
Artículo sobre los albaricoques de Toledo de hueso dulce por Andrés González Blanco en julio de 1923. Revista Nuevo Mundo nº 1538 Artículo sobre los albaricoques de Toledo de hueso dulce por Andrés González Blanco en julio de 1923. Revista Nuevo Mundo nº 1538. Foto de Pedro Román. Artículo sobre los albaricoques de Toledo de hueso dulce por Andrés González Blanco en julio de 1923. Revista Nuevo Mundo nº 1538. Foto de Pedro Román. Rama de albaricoquero cargado de fruto, h. 1923. Foto de Pedro Román Martínez. Positivo sobre papel de revelado químico, 114 x 85 mm. Colección LAR-673 Artículo sobre los albaricoques de Toledo de hueso dulce por Andrés González Blanco en julio de 1923. Revista Nuevo Mundo nº 1538. Foto de Pedro Román. Otro de los grandes reivindicadores del albaricoque como símbolo de Toledo a comienzos del siglo XX fue el gran Santiago Camarasa, defensor del tipismo castelllano y divulgador de muchas de las tradiciones y señas de identidad de Toledo en aquella época. A él le debemos varios interesantísimos artículos, siendo el primero de ellos publicado el 13 de agosto de 1927 en la revista Alrededor del Mundo en el que, además, esboza algunas leyendas y tradiciones que explicarían su origen con sus dos principales características: el dulzor de su pipa y las motitas o pecas de su piel... ¡las leyendas toledanas, siempre presentes incluso en la botánica!
Artículo sobre los albaricoques de Toledo de hueso dulce por Santiago Camarasa. Revista Alrededor del Mundo 13 de agosto de 1927 Artículo sobre los albaricoques de Toledo de hueso dulce por Santiago Camarasa. Revista Alrededor del Mundo 13 de agosto de 1927 Artículo sobre los albaricoques de Toledo de hueso dulce por Santiago Camarasa. Revista Alrededor del Mundo 13 de agosto de 1927 Muy poco después, el 2 de septiembre de 1927, en la revista Nuevo Mundo fue publicado otro artículo por el propio Camarasa, ilustrado con fotografías tomadas por él mismo.
Artículo sobre los albaricoques de Toledo de hueso dulce por Santiago Camarasa en la revista Nuevo Mundo el 2 de septiembre de 1927 Artículo sobre los albaricoques de Toledo de hueso dulce por Santiago Camarasa en la revista Nuevo Mundo el 2 de septiembre de 1927. Se trata del conocido como parador del Macho, bajo el Castillo de San Servando. Pocos años después, el 28 de julio de 1929 se publicó en ABC otro artículo firmado por don Santiago con el sabroso titular de "Los exquisitos y solicitados albaricoques del hueso dulce", ilustrado con fotografías de Pablo Rodríguez. Poco después, el mismo artículo se publicó el 1 de septiembre de ese año en la revista Toledo, que dirigía el propio Camarasa, y también en Viajes por España al mes siguiente.
Reportaje sobre los Albaricoques de Hueso Dulce por Santiago Camarasa publicado el 1 de septiembre de 1929 en la Revista Toledo. Reportaje sobre los Albaricoques de Hueso Dulce por Santiago Camarasa publicado el 1 de septiembre de 1929 en la Revista Toledo. Reportaje sobre los Albaricoques de Hueso Dulce por Santiago Camarasa publicado el 1 de septiembre de 1929 en la Revista Toledo. Reportaje sobre los Albaricoques de Hueso Dulce por Santiago Camarasa publicado el 1 de septiembre de 1929 en la Revista Toledo. Una cogendera de albaricoques de Toledo de hueso dulce hacia 1929. Artículo de Santiago Camarasa publicado en la Revista Toledo.  Foto de Pablo Rodríguez. Dos cogenderas de albaricoques de Toledo de hueso dulce hacia 1929.  Artículo de Santiago Camarasa publicado en la Revista Toledo. Foto de Pablo Rodríguez. Recolectores de albaricoques toledanos de hueso dulce en 1929. Foto de Pablo Rodríguez publicada en la Revista Toledo en un artículo de Santiago Camarasa. Recolectores de albaricoques toledanos de hueso dulce en 1929. Foto de Pablo Rodríguez publicada en la Revista Toledo en un artículo de Santiago Camarasa. Recolectores de albaricoques toledanos de hueso dulce en 1929. Foto de Pablo Rodríguez publicada en la Revista Toledo en un artículo de Santiago Camarasa. Mujeres cogenderas de albaricoques de Toledo de hueso dulce. Revista Viajes por España, octubre de 1929 Como prueba del empeño de Camarasa en reivindicar este tema, el mismo artículo se publicó tres años después, en 1932, en diarios tan dispares como El Noticiero Gaditano, Heraldo de Castellón o El Diario de Murcia. En estos artículos de Camarasa se ofrecen datos muy relevantes también desde el punto de vista agronómico, como por ejemplo el curioso dato de que la forma tradicional de su cultivo requería de un doble injerto: el patrón (árbol enraizado al suelo) era un almendro amargo (por su resistencia y adaptación a nuestro clima y suelo), sobre él se injertaba un ciruelo (en ocasiones podía ser una pavía o melocotonero) y, finalmente, sobre éste se injertaban los albaricoques de hueso dulce. Es importante recordar que el injerto es una técnica apasionante, que no conlleva mezcla genética de las especies utilizadas sino simplemente una unión física de los diferentes esquejes empleados. Por ello, en los albaricoques de Toledo cultivados del modo tradicional se mezclaban siglos de sabiduría y experimentación: por un lado la identificación, selección y fijación genética de la variedad que ofrece el hueso dulce, y por otro la unión física de esta variedad mediante el injerto con almendros amargos y ciruelos o melocotoneros para conseguir una adaptación óptima a nuestras condiciones climáticas y de sustratos. Una auténtica maravilla, vamos.
Hay otra destacada reivindicación del albaricoque de hueso dulce como símbolo de Toledo: en 1929 el académico, naturalista y etnógrafo Ismael del Pan propuso que este árbol fuera el representante toledano en el nuevo "Jardín de España" que iba a plantarse en Marbella con las especies más destacadas de cada provincia:
Alabanza del albaricoque de Toledo por Ismael del Pan en "Informe acerca del árbol simbólico de Toledo y su provincia, con destino al Jardín de España en Marbella" publicado en 1929 por la RABACHT Si ya a comienzos del siglo XX los citados escritos de Gómez de Nicolás, González Blanco y Camarasa se lamentaban de la paulatina desaparición de los albaricoques de Toledo de hueso dulce debido a su escasa productividad, en beneficio de otros cultivos y variedades de cosechas más generosas, lo cierto es que en nuestros días podemos hablar prácticamente de peligro de extinción de esta variedad. Ya tras la guerra civil se advertía de este riesgo por autores como Gregorio Marañón que lamentaba en 1941 en "Elogio y Nostalgia de Toledo" que el cultivo de albaricoque en los cigarrales estaba "en trance de franca decadencia". Conscientes de ello, se llegó a repartir desde el ayuntamiento plantones de albaricoque entre los cigarraleros:
Intento municipal de recuperación del albaricoque de hueso dulce tras la guerra civil. El Alcázar. 21/1/1942, n.º 1.734. En esta imagen de 1951 vemos un gran toldo con la palabra "Albaricoques" en la tienda de la confitería Telesforo en Zocodover, pues esta fruta en su forma confitada era uno de sus grandes reclamos:
Toldo anunciando Albaricoques en la tienda de Telesforo en Zocodover en 1951. Col. Luis Alba Actualmente es casi imposible encontrar en las fruterías albaricoques de hueso dulce, y apenas quedan particulares que cuenten con algún ejemplar en sus pequeñas parcelas de Toledo o de localidades como La Puebla de Montalbán. La técnica del doble injerto ha desaparecido en la práctica y es necesario que reivindiquemos y protejamos este legado, que también es cultura, y de la buena.
Con ese objetivo, desde la Real Fundación de Toledo y dentro del proyecto de Vivero Histórico de Toledo, hemos incluido al albaricoque de hueso dulce dentro del listado de especies a reproducir y proteger. No sin esfuerzo, hemos logrado ya identificar y conseguir algunos ejemplares, siendo los próximos objetivos su clonación y reproducción, así como la fijación del saber tradicional del los injertos asociados a su cultivo en Toledo.
Albaricoque de hueso dulce injertado sobre un almendro amargo en un cigarral de Toledo Albaricoque de hueso dulce del Vivero Histórico de Toledo en el jardín de Roca Tarpeya de la Real Fundación de Toledo En los próximos años esperamos poder incrementar el número de ejemplares de albaricoque de hueso dulce en Toledo, realizar labores de divulgación y difusión de este legado cultural y ambiental y reivindicar la preservación de las variedades y especies adaptadas durante siglos a nuestro clima ante la cada vez más perjudicial homogeneización y unificación genética de las plantas empleadas en los viveros comerciales, que pone en riesgo no solo la diversidad y riqueza lograda en ese larguísimo proceso de selección, sino la viabilidad de las plantaciones ante plagas, enfermedades y fenómenos meteorológicos adversos.
Si tenéis albaricoques de hueso dulce o conocéis a personas que los tienen, os pido por favor que incidáis en su cuidado y protección, pues son los últimos restos de uno de nuestros símbolos vegetales y debemos evitar su extinción antes de que sea demasiado tarde.
Semillas de albaricoquero dulce de Toledo de un cigarral toledano injertado sobre almendro amargo Cuadro de Ricardo Arredondo titulado "Recogida de Albaricoques". Lo presentó a la Exposición Nacional de 1901. Cartel de las fiestas del Corpus de Toledo de 1917, obra de Mariano Moragón. Aparece un cesto de albaricoques. Archivo Municipal de Toledo. (detalle) Sirva esta entrada de homenaje al periodista Luis Rodríguez Porres que, a finales del siglo XX fundó los premios "Hueso Dulce y Hueso Amargo" en el seno de la Tertulia Zocodover, en los que destacaba o castigaba a las mejores y peores iniciativas toledanas del momento, entregando una figura en forma albaricoque como tributo a este fruto tan nuestro.
Luis Rodríguez Porres (1928-2012). Puente Nuevo de Alcántara. Febrero de 1946. Colección personal de Eduardo Sánchez Butragueño.

sábado, 22 de febrero de 2025

Toledo hacia 1910 fotografiado por Bartomeu Reus Bordoy

La afición por la fotografia histórica de carácter local tiene muchas facetas que nos reportan grandes alegrías a los que nos dedicamos a ello. A través de esta pasión, no solo conocemos mejor nuestras propias ciudades, sino que también conectamos con personas que comparten con nosotros las mismas inquietudes, lo que resulta tremendamente enriquecedor.
En un reciente viaje a Palma de Mallorca me adentré en una preciosa libería en la que llamó mi atención un libro publicado gracias al empuje de un equipo de personas que conforma el proyecto Fotos Antiguas de Mallorca (FAM), dedicados, al igual que yo, a la divulgación desinteresada del pasado fotográfico de la capital balear y su isla. Al volver a Toledo, contacté con ellos con la intuición de que, tal vez, entre sus fondos, pudiera haber alguna foto de Toledo. Y así fue: para gran alegría mía, me respondieron al día siguiente informándome de la existencia de las fotografías que hoy os traigo.
Se trata de una serie de bellas imágenes, excelentemente conservadas y escaneadas a partir de los cristales originales, que nos muestran Toledo hacia 1910. Fueron tomadas por Bartomeu —o Bartolomé— Reus Bordoy, un interesante personaje del que tenemos una breve información biográfica que os ofrezco literalmente gracias a nuestros amigos de FAM:
BARTOMEU REUS BORDOY (1886 - 1970)
Hay personas que desarrollan su trabajo con tal perfección que destacan entre los de su gremio. Bartolomé Reus Bordoy fue una de esas personas. Nació en Palma, en la calle de San Bartolomé. Su profesión era la de ebanista, en la que logró una perfección inusitada. También amplió su ámbito laboral con la apertura de una tienda de comestibles en la calle de Pere LLobera, no 39. Todo esto era lo que le daba de comer, pero el hombre tenía, además, una gran afición a la fotografía. Y si como ebanista fue capaz de rozar la perfección con muebles muy imaginativos, su ejecutoria como fotógrafo fue bastante más allá de lo que se espera de un aficionado normal. Y en aquellos primeros años del siglo XX era mucho más difícil que ahora. Si un día quería fotografiar el pueblo de Pollensa, salía de su casa cargado con aquella cámara estereoscópica tan pesada, subía a «sa camiona» y cuando llegaba al lugar desde el que pretendía sacar la foto, colocaba la cámara y esperaba hasta que los rayos solares incidieran sobre el edificio con el ángulo y la intensidad previstos. Solo entonces apretaba el disparador. Fotografió paisajes, fiestas, edificios, costumbres o folklore. Su obra es tan extensa como desconocida y su legado fotográfico es admirable y de gran valor. Agradecemos a su nieto, Guillem Bibiloni Reus, la cesión de parte de su fondo fotográfico.

Bartomeu Reus Bordoy Bartomeu Reus Bordoy viajó a Toledo hacia 1910. En nuestra ciudad obtuvo una quincena de estupendas fotografías que paso a mostraros. Comenzaré por la más bella de todas: una preciosa vista de las conocidas como Torres de la Reina, la porción de muralla del antiguo arrabal de San Isidoro, hoy conocido como barrio de la Antequeruela:
Murallas del arrabal de San Isidoro, conocidas como Torres de la Reina, en Toledo a comienzos del siglo XX. Fotografía de Bartomeu Reus Bordoy. Cedida por Fotos Antiguas de Mallorca Muy cerca de ahí, Reus retrató la Puerta de Bisagra. Aún se encontraba allí alguna de las esculturas de antiguos reyes procedentes del Palacio Real de Madrid, y junto a ella vemos un rudimentario quiosco:
Puerta de Bisagra en Toledo a comienzos del siglo XX. Fotografía de Bartomeu Reus Bordoy. Cedida por Fotos Antiguas de Mallorca Al ampliar la imagen, vemos la publicidad colocada en la puerta:
Publicidad de Sebastián Díaz-Marta en la Puerta de Bisagra en Toledo a comienzos del siglo XX. Fotografía de Bartomeu Reus Bordoy. Cedida por Fotos Antiguas de Mallorca Otra estupenda foto es esta, tomada desde el puente de Alcántara, en la que vemos cómo un caudaloso Tajo alimentaba la maquinaria de los molinos de San Servando, a la la izquierda de la imagen, y de las Turbinas de Vargas, a la derecha:
Molinos de San Servando (izquierda) y Turbinas de Vargas (derecha) en el río Tajo en Toledo a comienzos del siglo XX. Fotografía de Bartomeu Reus Bordoy. Cedida por Fotos Antiguas de Mallorca Ampliando la imagen aparecen curiosos detalles, como por ejemplo estas tres barcas de madera en la orilla. Eran las típicas de Toledo, con forma de hexágono alargado:
Barcas junto a los Molinos de San Servando en el río Tajo en Toledo a comienzos del siglo XX. Fotografía de Bartomeu Reus Bordoy. Cedida por Fotos Antiguas de Mallorca Otra estupenda fotografía es esta vista del puente de san Martín. Al igual que en la pasada entrega del blog con fotos de Camille Enlart hacia 1895, también son aquí visibles en la ladera del barrio de San Martín-Solanilla los huecos provocados por la extracción de piedras a modo de cantera:
Toledo a comienzos del siglo XX. Fotografía de Bartomeu Reus Bordoy. Cedida por Fotos Antiguas de Mallorca Al ampliar se aprecia con claridad:
Aprovechamientos como cantera de la ladera del barrio de San Martín-Solanilla en Toledo a comienzos del siglo XX. Fotografía de Bartomeu Reus Bordoy. Cedida por Fotos Antiguas de Mallorca El Castillo de San Servando aparece precioso en dos fotos de Bartomeu Reus:
Castillo de San Servando en Toledo a comienzos del siglo XX. Fotografía de Bartomeu Reus Bordoy. Cedida por Fotos Antiguas de Mallorca Castillo de San Servando en Toledo a comienzos del siglo XX. Fotografía de Bartomeu Reus Bordoy. Cedida por Fotos Antiguas de Mallorca Al ampliar, se aprecia perfectamente el humilde chamizo que por entonces era el futuro restaurante La Cubana:
Chamizo del futuro restaurante la Cubana en Toledo a comienzos del siglo XX. Fotografía de Bartomeu Reus Bordoy. Cedida por Fotos Antiguas de Mallorca Estas son dos estampas del Puente de Alcántara:
Puente de Alcántara en Toledo a comienzos del siglo XX. Fotografía de Bartomeu Reus Bordoy. Cedida por Fotos Antiguas de Mallorca Puente de Alcántara en Toledo a comienzos del siglo XX. Fotografía de Bartomeu Reus Bordoy. Cedida por Fotos Antiguas de Mallorca Al ampliarlas, aparecen curiosidades, como los odres apilados junto a lo que era el fielato (una especie de aduana local) junto al torreón del puente, así como un grupo de sacerdotes:
Odres y carros junto al fielato en el Puente de Alcántara en Toledo a comienzos del siglo XX. Fotografía de Bartomeu Reus Bordoy. Cedida por Fotos Antiguas de Mallorca Curas junto al Puente de Alcántara en Toledo a comienzos del siglo XX. Fotografía de Bartomeu Reus Bordoy. Cedida por Fotos Antiguas de Mallorca Es absolutamente maravillosa esta vista del barrio de la Antequeruela tomada desde las inmediaciones de la puerta del Sol:
Vista del barrio de la Antequeruela en Toledo a comienzos del siglo XX. Fotografía de Bartomeu Reus Bordoy. Cedida por Fotos Antiguas de Mallorca Su ampliación nos permite ver con claridad asombrosa la parte trasera de la torre de la Almofala y el entorno de la puerta del Vado, con los sotos del río Tajo al fondo:
Torre de la Almofala y entorno de la puerta del Vado en el barrio de la Antequeruela en Toledo a comienzos del siglo XX. Fotografía de Bartomeu Reus Bordoy. Cedida por Fotos Antiguas de Mallorca El Puente de San Martín también fue fotografiado por Bartomeu Reus:
Puente y Puerta de San Martín en Toledo a comienzos del siglo XX. Fotografía de Bartomeu Reus Bordoy. Cedida por Fotos Antiguas de Mallorca Al ampliar la imagen, vemos a la perfección la desaparecida puerta de San Martín, que servía como fielato o "puerta de arbitrios".
Puerta de San Martín en Toledo a comienzos del siglo XX. Fotografía de Bartomeu Reus Bordoy. Cedida por Fotos Antiguas de Mallorca El monasterio de San Juan de los Reyes se incluyó también en el periplo de Reus por la vieja ciudad castellana:
Claustro de San Juan de los Reyes en Toledo a comienzos del siglo XX. Fotografía de Bartomeu Reus Bordoy. Cedida por Fotos Antiguas de Mallorca Claustro de San Juan de los Reyes en Toledo a comienzos del siglo XX. Fotografía de Bartomeu Reus Bordoy. Cedida por Fotos Antiguas de Mallorca Para finalizar, una estupenda vista de la Puerta del Sol, que nunca falla en los reportajes de aquellos primeros fotógrafos que inmortalizaban nuestra ciudad:
Puerta del Sol en Toledo a comienzos del siglo XX. Fotografía de Bartomeu Reus Bordoy. Cedida por Fotos Antiguas de Mallorca Como veis, se trata de una estupenda selección de imágenes, perfectamente conservadas y muy bellas todas ellas. Nos hablan de la destreza fotrográfica de aquel joven veinteañero llamado Bartolomé Reus que visitó nuestra ciudad hacia 1910 y que ahora, gracias a la generosidad de Lorenzo Miró y de su proyecto Fotos Antiguas de Mallorca, podemos ver en alta resolución más de un siglo después. Vaya aquí mi profundo agradecimiento por la cesión de estas joyas.

sábado, 8 de febrero de 2025

Toledo hacia 1895 fotografiado por Camille Enlart

El eminente arqueólogo e historiador del arte francés Camille Enlart nació en la localidad de Boulogne-sur-Mer el 22 de noviembre de 1862 y falleció en París 14 de febrero de 1927. Es unánimemente reconocido por sus destacados estudios sobre la Edad Media y en su biografía destaca también su gran pasión por la fotografía.
Enlart inició su formación artística en la École des Beaux-Arts de París, donde aprendió pintura. Posteriormente, entre 1885 y 1889, estudió Derecho en la École Nationale des Chartes. Tras un viaje de dos años por Italia, en 1893 fue nombrado bibliotecario asistente en la École des Beaux-Arts parisina. Entre 1894 y 1899, trabajó como adjunto de Robert de Lasteyrie en la École Nationale des Chartes. Además, impartió clases de arqueología medieval en la École Spéciale d'Architecture y en la École du Louvre. En 1903, asumió el cargo de director del Musée National des Monuments Français, posición que mantuvo hasta su fallecimiento en París en 1927.
Retrato de Camille Enlart por Jean Naert. "Camille Enlart, 1862-1927", Paris, 1929. Archives départementales du Pas-de-Calais, BHB 2217. Enlart realizó numerosas publicaciónes académicas, entre las que destacan Monuments religieux de l'architecture romane dans les diocèses d'Amiens, d'Arras et de Thérouanne (1889), Origines de l'architecture gothique en Italie (1894), L'art gothique et la renaissance en Chypre (1899), Manuel d'archéologie française, depuis les temps reculés jusqu'à la Renaissance (1902-1916), La Renaissance en France, l'Architecture et la Décoration (1913-1921) y Les Monuments des Croisés dans le Royaume de Jérusalem (1925-1929).
En 1910, Camille Enlart fue nombrado Caballero de la Legión de Honor francesa en reconocimiento a sus aportes al estudio del arte y la arqueología medieval.
Además de sus escritos, Enlart fue un apasionado de la fotografía, utilizando este medio para documentar monumentos y sitios históricos, contribuyendo así a la preservación visual del patrimonio cultural.
Apasionado viajero, Enlart recorrió muchos paises llevado por su pasión por la arqueología medieval. Por ello, como es natural, recaló en Toledo hacia 1895 para conocer la vieja ciudad castellana e inmortalizar sus principales monumentos con su cámara fotográfica. Fruto de esa estancia, son una docena de fotografías de elevado valor documental que hoy tengo el placer de ofreceros.
Comenzaré por enseñaros esta preciosa vista del Puente de San Martín visto desde la zona de Roca Tarpeya, en la que se aprecian diferentes curiosidades. Especialmente es reseñable destacar cómo se aprecia el uso de la ladera del barrio de Solanilla como cantera para la extracción de piedras justo bajo el cerro dominado por el cigarral de Montealegre.
Puente de San Martín en Toledo hacia 1900. Fotografía de Camille Enlart © Ministère de la Culture (France), Médiathèque du patrimoine et de la photographie, diffusion GrandPalaisRmn Photo Evidencias del uso como cantera de la ladera del barrio de Solanilla-San Martín junto al cerro del cigarral de Montealegre hacia 1895. Detalle de una fotografía de Camille Enlart Una fotografía sensacional de Enlart es esta en la que vemos la calle más bella de Toledo: Santo Tomé, con su torre presidiendo la escena:
Calle de Iglesia de Santo Tomé en Toledo hacia 1895. Fotografía de Camille Enlart © Ministère de la Culture (France), Médiathèque du patrimoine et de la photographie, diffusion GrandPalaisRmn Photo Otra estampa digna de ser destacada es esta obtenida en la calle Sixto Ramón Parro. Se aprecia a la izquierda el edificio existente antes de la construcción en ese solar del mercado municipal, cuyas obras no comenzaron hasta 1896. En el local del edificio puede leerse el letrero de "Sucursal de la ¿Panadería? La Concepción".
Calle Sixto Ramón Parro en Toledo, junto a la catedral, hacia 1895. Fotografía de Camille Enlart © Ministère de la Culture (France), Médiathèque du patrimoine et de la photographie, diffusion GrandPalaisRmn Photo La Catedral fue el edificio más fotografiado por Camille Enlart en su visita a Toledo, obteniendo bellas imágenes tanto de su interior como de su exterior:
Plaza del Ayuntamiento y Catedral de Toledo hacia 1895. Fotografía de Camille Enlart © Ministère de la Culture (France), Médiathèque du patrimoine et de la photographie, diffusion GrandPalaisRmn Photo Interior de la Catedral de Toledo hacia 1895. Fotografía de Camille Enlart © Ministère de la Culture (France), Médiathèque du patrimoine et de la photographie, diffusion GrandPalaisRmn Photo Interior de la Catedral de Toledo hacia 1895. Fotografía de Camille Enlart © Ministère de la Culture (France), Médiathèque du patrimoine et de la photographie, diffusion GrandPalaisRmn Photo Interior de la Catedral de Toledo hacia 1895. Fotografía de Camille Enlart © Ministère de la Culture (France), Médiathèque du patrimoine et de la photographie, diffusion GrandPalaisRmn Photo Interior de la Catedral de Toledo hacia 1895. Fotografía de Camille Enlart © Ministère de la Culture (France), Médiathèque du patrimoine et de la photographie, diffusion GrandPalaisRmn Photo Puerta de los Leones de la Catedral de Toledo hacia 1895. Fotografía de Camille Enlart © Ministère de la Culture (France), Médiathèque du patrimoine et de la photographie, diffusion GrandPalaisRmn Photo Puerta del Reloj de la Catedral de Toledo hacia 1895. Fotografía de Camille Enlart © Ministère de la Culture (France), Médiathèque du patrimoine et de la photographie, diffusion GrandPalaisRmn Photo Finalmente, Enlart también retrató la preciosa portada gótica del palacio de los Toledo en la calle de la Ciudad:
Palacio de los Toledo hacia 1900. Fotografía de Camille Enlart © Ministère de la Culture (France), Médiathèque du patrimoine et de la photographie, diffusion GrandPalaisRmn Photo Como habréis podido comprobar, estamos ante la prueba del talento fotográfico de una persona volcada en su pasión por divulgar y conocer en profundidad lo medieval. No en vano, la vida y obra de Camille Enlart reflejan una dedicación profunda al estudio y conservación del arte de este periodo histórico, que dejó un legado realmente valioso en el campo de la historia del arte y la arqueología.

sábado, 18 de enero de 2025

Toledo en 1914 fotografiado por la gran Céline Laguarde

En las pasadas semanas ha sido posible contemplar en París, concretamente en el Museo de Orsay, una interesantísima exposición sobre una fotógrafa sensacional, la mejor exponente femenina de la corriente del pictorialismo, como fue la francesa Céline Laguarde. Se trata de una figura que, pese a la enorme calidad de su obra y su relevancia en la época, había pasado a la historia con un peso mucho menor de lo que merecía, por lo que esta exposición ha saldado felizmente una deuda que los amantes de la fotografía teníamos con ella.
Cartel de la exposición de Céline Laguarde en el Museo de Orsay Su nombre completo era Gracieuse Céline Laguarde de Camoux y nació el 2 de noviembre de 1873 en Biarritz, en el seno de una familia acomodada. Su madre provenía de una familia de talladores de piedra, mientras que su padre, hijo de posaderos, había dejado su próspero negocio en Bayona. Sin embargo, su padre falleció cuando Céline tenía apenas 3 años, dejando a su madre viuda.
Hacia 1895, la viuda y su hija se trasladaron a París para unirse a la familia Irigoin-Guichandut, parientes de su padrino fallecido. Dos años después, ambas familias se establecieron en la “Villa des Pins” en Aix-en-Provence, un entorno que marcó profundamente la vida de Céline.
En 1898, Céline comenzó a destacar tanto por su talento musical, siendo una pianista muy valorada en los círculos intelectuales y artísticos de la Provenza, como por su pasión por la fotografía. En 1901 participó por primera vez en el prestigioso Salón del Photo-Club de París y fue nombrada miembro correspondiente de esta asociación, lo que impulsó su carrera a nivel nacional e internacional, tanto en Europa como en los Estados Unidos.
En 1902, bajo la tutela de Robert Demachy, adoptó el proceso pigmentario de la goma bicromatada, un avance técnico que definió su estilo. Entre 1904 y 1906, se unió al Photo-Club de Marsella y fue nombrada miembro honorario de la Sociedad Fotográfica de Marsella. Posteriormente, experimentó con nuevas técnicas, como el proceso de tintas grasas (aceite directo) en 1906, consolidándose como una pionera en el pictorialismo fotográfico. En 1907, recibió las Palmas Académicas como reconocimiento a su contribución al arte como pintora y fotógrafa.
Autorretrato de Céline Laguarde hacia 1905. Colección particular. A partir de 1910, Céline entabló una estrecha relación creativa con el compositor Darius Milhaud y el poeta Léo Latil, con quienes compartía admiración por el poeta Francis Jammes. En 1911, protagonizó su primera exposición monográfica en el casino municipal de Niza.
En 1913, Céline contrajo matrimonio con el suizo Édouard Bugnion, profesor honorario de la Universidad de Lausana y destacado entomólogo. Durante la Primera Guerra Mundial, el entorno pictorialista francés colapsó, lo que llevó a Céline a diversificar su obra. En 1915 comenzó a practicar la microfotografía científica en colaboración con su marido y se convirtió en pionera en Francia del “batik de arte”, una técnica de teñido de tejidos.
Entre 1915 y 1930, continuó exponiendo ocasionalmente en ciudades como Niza, Aix-en-Provence y Los Ángeles. Su carrera artística culminó en la década de 1930 con sus últimas obras pictorialistas y microfotografías científicas.
En 1939, Céline sufrió la pérdida de su esposo. Durante la Segunda Guerra Mundial, vivió un exilio forzado en Suiza, dedicándose plenamente a su pasión por la música. En 1948, vendió sus bienes inmuebles en Aix-en-Provence y se instaló definitivamente en Lausana, donde arrendó una propiedad de la abadía de Saint-Maurice d'Agaune.
En 1950, dejó un legado perdurable al financiar la construcción de un gran órgano para la basílica de Saint-Maurice, un proyecto que reflejaba su amor por la música y su generosidad.
Céline Laguarde falleció el 21 de mayo de 1961 en Lausana, dejando tras de sí un impresionante legado como artista, fotógrafa y mecenas cultural.
La reconstrucción del fondo personal de Céline Laguarde en las colecciones del museo de Orsay se desarrolló en varias etapas. Así, entre 1978 y 2005, la figura de Laguarde resurgió ocasionalmente gracias a la influencia y relevancia de su obra en la historia de la fotografía y a la reproducción de sus obras creadas entre 1901 y 1914. Algunos años después, durante la preparación de la exposición titulada «¿Quién teme a las mujeres fotógrafas? 1839-1919» en el museo de la Orangerie, se redescubrió entre 2013 y 2015 una primera parte de las obras originales de Laguarde, conservadas por la artista hasta su muerte. Cuatro de esas piezas fueron expuestas. En 2017 se adquirió por el gobierno francés casi la totalidad de este primer conjunto de obras, siendo la primera vez que fotografías originales de Laguarde pasaron a formar parte de las colecciones nacionales. Ya en 2022 se redescubrió una segunda parte de su fondo artístico y en 2024 se adquirió la totalidad de este segundo conjunto, completando el corpus legado por la fotógrafa. Este fue enriquecido con obras donadas por Laguarde a sus allegados en vida, incluidas cuatro de la colección de Darius Milhaud y una pieza excepcional hallada en el mercado del arte.
Actualmente, el museo de Orsay conserva más de 200 piezas únicas de Laguarde, de las cuales una amplia selección se ha exhibido por primera vez en la exposición dedicada a ella que acaba de finalizar.
Como no podía ser de otra forma, Céline Laguarde —al igual que tantos otros mitos de la fotografía— también visitó y retrató Toledo, en su caso influida por dos grandes toledanistas como eran sus amigos Maurice Barrés e Ignacio Zuloaga. Su estancia en la vieja ciudad castellana tuvo lugar en 1914 y, durante la misma, Laguarde obtuvo un puñado de sensacionales fotografías.
Sus imágenes son de una belleza asombrosa, sirva de ejemplo la primera de ellas: una anciana en el Valle con una vista general de Toledo al fondo:
Le Tage a Tolède (1914). Vista de Toledo desde en Valle con una anciana. Fotografía de Céline Laguarde, autora pictorialista © Musée D´Orsay En esta otra tenemos una soberbia toma con un burro en una cuesta empedrada, con la torre de San Lorenzo y el seminario al fondo.
Coin de rue a Tolède. Burro en una calle empedrada con la iglesia de san Lorenzo y el seminario al fondo en 1914. Foto de Céline Laguarde. Colección particular. En los contornos del Arroyo de la Degollada, Céline Laguarde obtuvo esta fotografía:
L´Alcazar de Tolède. Vista de Toledo desde la Degollada en 1914. Fotografía de Céline Laguarde, autora pictorialista © Musée D´Orsay El río Tajo, por entonces sin atisbo de contaminación ni la amenaza del Trasvase, aparece bajo el puente de Alcántara en esta excelente toma de Laguarde:
Pont d´Alcántara. Puente de Alcántara en Toledo en 1914. Fotografía de Céline Laguarde, autora pictorialista © Musée D´Orsay signatura RF MO PHO 2017 4 135 Como veis, se trata de cuatro magníficas estampas de una autora clave en la historia de la fotografía pictorialista, felizmente recuperada gracias a esta exposición y al empeño en reivindicar su figura por parte de estudiosos como Thomas Galifot, quien ha diseccionado su vida y obra en un trabajo digno de todo nuestro reconocimiento y agradecimiento.
© TOLEDO OLVIDADO
Maira Gall