lunes, 20 de abril de 2020

Toledo hacia 1970 fotografiado por Mario Carrieri

Son solo unos pocos elegidos los fotógrafos que pueden presumir de contar con obras suyas dentro de la exposición del Museum of Modern Art (el mítico MoMA) de Nueva York. Uno de ellos es el célebre Mario Carrieri, del que os hablaré en esta entrada, en un intento por haceros más amenos estos días de confinamiento y que servirá como nueva muestra del tremendo magnetismo que Toledo siempre ha ejercido hacia los genios internacionales de la fotografía.
Mario Carrieri nació en Milán en 1932. Hijo del poeta y crítico de arte Raffaele Carrieri, creció en un entorno poblado por figuras intelectuales como Eugenio Montale, Giorgio De Chirico y Lucio Fontana y estuvo cerca de los pintores como Modigliani, Picasso, Marini, Campigli o Vittorio Bodini, algunos de los cuales fueron exponentes de movimientos como el denominado Realismo existencial o la Scuola metafísica. Todos ellos tenían una intensa relación con su padre y marcaron sobremanera la infancia del pequeño Mario. Es preciso recordar que los citados movimientos tuvieron una gran influencia en el Milán de aquella época, de modo que la ciudad se convirtió en una referencia de arte y cultura a nivel mundial. La vocación temprana de Mario Carrieri por la fotografía se vio claramente influida por toda la pasión y el drama de la condición humana, muy presente en la poesía y las artes visuales en los años cincuenta de Milán.
Mario Carrieri (centro) con su padre Raffaele y su hijo, también Raffaele Carrieri. Álbum familiar.
Muy consciente de la gran distancia que separaba su propia visión y concepción del arte de la penuria cultural e ideológica dominante que le rodeaba, Carrieri decidió continuar su investigación artística en total soledad.
Así, a principios de los años 50, después de abandonar su carrera académica debido a su manifiesta incompatibilidad con el conservadurismo del personal docente, el joven Mario Carrieri fue contratado por la famosa editorial Mondadori para catalogar el archivo fotográfico de la revista semanal de noticias Epoca, que acababa de ser lanzada al mercado por la editorial milanesa. Carrieri pasó los años centrales de la década haciendo una serie de vídeos comerciales, algunos transmitidos en Carosello (el espacio publicitario de la televisión pública italiana). Gracias a este trabajo obtuvo un importante reconocimiento: el Gran Premio en el Festival de Publicidad de Cine de la Feria de Milán en 1956.
En 1957 renuncia a todos sus otros trabajos para centrarse en exclusiva en la producción de un amplio registro fotográfico de Milán. Así, entre enero y agosto del año siguiente usó una cámara de pequeño formato para tomar 3.500 fotos de la ciudad. De ellas, Carrieri seleccionó 134 en 1959 para formar la secuencia, dividida en diez "escenas", de su libro Milano, Italia, publicado con solo veintisiete años y recibido por los críticos con considerable indiferencia. La única voz que se levantó con firmeza en su defensa fue la de otro fotógrafo: Ugo Mulas. Su apoyo fue el comienzo de una estrecha amistad entre ellos.
Portada del libro Milano, Italia de Mario Carrieri (1959)
Ese libro es hoy, para muchos, el trabajo más importante de fotografía italiana que se produjo en aquellos años, pese a la incomprensión de la crítica de la época.
El reconocimiento llegó cuando el Museo de Arte Moderno de Nueva York (MoMA) y otros museos europeos adquirieron para sus colecciones muchas de las fotos que habían aparecido en el volumen.
A partir de 1962, Carrieri pasó dos años recolectando material para Cinque Dolori, un cortometraje inspirado libremente en la poesía de Eugenio Montale. Al mismo tiempo, impulsado por Roberto Sanesi, planeó un documental, nunca realizado, sobre la vida y obra de Dylan Thomas, para ser filmado en Gales, el lugar de nacimiento del poeta.
A principios de la década de 1970, Carrieri se hizo cargo del estudio de Ugo Mulas en Via Spallanzani, al haber caído este gravemente enfermo. Carrieri comenzó entonces una estrecha colaboración que ha durado hasta el presente con diseñadores y arquitectos líderes en Italia y en el extranjero como Aldo Rossi, Renzo Piano, Jean Nouvel y Norman Foster y para organismos y corporaciones como Unifor, Knoll y Tecno.
Mario Carrieri hacia 1959
Asimismo, la editorial Amilcare Pizzi, que trabajaba principalmente para editoriales internacionales de arte, encargó a Carrieri que viajara por todo el mundo tomando fotos para una serie financiada por la UNESCO sobre el legado artístico de la humanidad, con especial énfasis en la escultura antigua, desde los etruscos hasta los griegos, romanos y antiguos egipcios, por lo cual recibió un encargo adicional de la Fundación Menil en Houston.
Entre 1975 y 1977 produjo una larga serie de imágenes de escultura africana en color y en blanco y negro, que se exhibieron a principios de 1981 en el Padiglione d'Arte Contemporanea de Milán y se publicaron en el catálogo del espectáculo Mazzotta así como en una edición especial italiana de Memorias de África de Karen Blixen.
En 1978 comenzó a trabajar en el tema de la naturaleza muerta, completando una rica colección de fotografías.
A finales de los 90, Carrieri se dedicó a la interpretación fotográfica de la escultura de Auguste Rodin, con gran éxito de la crítica.
Como podéis comprobar, se trata de un auténtico mito de la fotografía italiana que, como tantos otros, también sintió la llamada de Toledo. Debió ser aproximadamente hacia 1970 o 1971 cuando Carrieri visitó Toledo, tal vez en alguno de sus viajes enmarcados en sus grandes proyectos. En nuestra ciudad tomó fotografías de gran belleza, muchas de ellas destinadas a ilustrar una guía editada por Albin Michel con textos de Fernando Chueca Goitia.
Os pondré una selección de las mejores fotos de Mario Carrieri en Toledo, que cincuenta años después de ser tomadas, han envejecido excelentemente como podréis comprobar.
Comenzaremos con una excelsa vista de la torre de la Iglesia de San Justo:
Iglesia de San Justo en Toledo hacia 1970 fotografiado por Mario Carrieri

Las torres mudéjares llamaron mucho la atención de Carrieri. En estas imágenes veréis, por ejemplo, que la torre de Santo Tomé presentaba una esquina superior totalmente destrozada (creo que por un rayo). También aparecen bellas las torres de San Miguel y de San Román:
Torre de Santo Tomé en Toledo hacia 1970 fotografiado por Mario Carrieri. Una de sus esquinas presentaba un grave deterioro
Torre de San Miguel en Toledo hacia 1970 fotografiado por Mario Carrieri
Torre de San Román en Toledo hacia 1970. Fotografía de Mario Carrieri.
San Pedro Mártir y torre de san Román, junto a los antiguos depósitos de agua, en Toledo hacia 1970 fotografiado por Mario Carrieri

El Monasterio de San Juan de los Reyes fue captado por Carrieri con gran maestría:
Palacio de los Duques de Maqueda y San Juan de los Reyes en Toledo hacia 1970 fotografiados por Mario Carrieri
San Juan de los Reyes en Toledo hacia 1970 fotografiado por Mario Carrieri
San Juan de los Reyes en Toledo hacia 1970 fotografiado por Mario Carrieri
San Juan de los Reyes en Toledo hacia 1970 fotografiado desde la calle pintor Matías Moreno por Mario Carrieri

El Hospital Tavera:
Hospital Tavera en Toledo hacia 1970 fotografiado por Mario Carrieri
Hospital Tavera en Toledo hacia 1970 fotografiado por Mario Carrieri
Sepulcro del Cardenal Tavera en Toledo hacia 1970. Fotografía de Mario Carrieri.

Detalles de nuestras murallas:
Murallas de Toledo hacia 1970 fotografiadas por Mario Carrieri
Torres de la Reina en Toledo hacia 1970 fotografiado por Mario Carrieri

La Puerta de Valmardón:
Puerta de Valmardón en Toledo hacia 1970 fotografiado por Mario Carrieri

Aquí vemos el Hospital de Santa Cruz:
Hospital de Santa Cruz en Toledo hacia 1970 fotografiado por Mario Carrieri
Hospital de Santa Cruz en Toledo hacia 1970 fotografiado por Mario Carrieri
Hospital de Santa Cruz de Toledo hacia 1970. Fotografía de Mario Carrieri.

El Puente de Alcántara:
Puente de Alcántara en Toledo hacia 1970 fotografiado por Mario Carrieri
Torreón del Puente de Alcántara en Toledo hacia 1970 fotografiado por Mario Carrieri

Zocodover no podía faltar en el reportaje de Carrieri:
Plaza de Zocodover en Toledo hacia 1970 fotografiado por Mario Carrieri

La Sinagoga de Santa María la Blanca:
Sinagoga de Santa María la Blanca en Toledo hacia 1970 fotografiado por Mario Carrieri
Sinagoga de Santa María la Blanca en Toledo hacia 1970 fotografiado por Mario Carrieri

La Puerta de Bisagra:
Puerta de Bisagra de Toledo hacia 1970. Fotografía de Mario Carrieri.

La Iglesia de San Bartolomé:
Ábside de la Iglesia de San Bartolomé en Toledo hacia 1970 fotografiado por Mario Carrieri

La fachada de la Iglesia de San Ildefonso, para los toledanos conocida como San Juan de los Jesuitas:
Iglesia de san Ildefonso o los Jesuitas en Toledo hacia 1970 fotografiado por Mario Carrieri

Las vistas de la Catedral son preciosas:
Catedral de Toledo desde San Lorenzo hacia 1970 fotografiada por Mario Carrieri
Catedral de Toledo hacia 1970 fotografiada por Mario Carrieri
Interior de la Catedral de  Toledo hacia 1970 fotografiado por Mario Carrieri

Aquí vemos el Alcázar:
Alcázar de Toledo hacia 1970 fotografiado por Mario Carrieri

El Palacio de Fuensalida:
Estatua de Isabel de Portugal en el Palacio de Fuensalida de Toledo hacia 1970 fotografiado por Mario Carrieri

El Taller del Moro:
Exterior del Taller del Moro en Toledo hacia 1970 fotografiado por Mario Carrieri
Taller del Moro en Toledo hacia 1970 fotografiado por Mario Carrieri

El Museo del Greco:
Museo del Greco en Toledo hacia 1970 fotografiado por Mario Carrieri
Museo del Greco en Toledo hacia 1970 fotografiado por Mario Carrieri

Algunos detalles de nuestras calles, casas y plazas:
Iglesia del Salvador (primer término) y de San Marcos (intermedio) con la torre de la Catedral de Toledo (al fondo) hacia 1970 fotografiados desde la calle Taller del Moro  por Mario Carrieri
Callejón de Santa Úrsula en Toledo hacia 1970 fotografiado por Mario Carrieri
Plaza y monasterio de Santo Domingo el Real en Toledo hacia 1970 fotografiados por Mario Carrieri
Portada en la calle de la Plata de Toledo hacia 1970 fotografiado por Mario Carrieri
Cobertizo de la zona conventual de Toledo hacia 1970 fotografiado por Mario Carrieri
Arco Islámico de la calle de la Soledad en Toledo hacia 1970 fotografiado por Mario Carrieri

La Puerta Vieja de Bisagra:
Puerta vieja de Bisagra en Toledo hacia 1970 fotografiado por Mario Carrieri

La Mezquita del Cristo de la Luz:
Mezquita del Cristo de la Luz en Toledo hacia 1970 fotografiado por Mario Carrieri
Mezquita del Cristo de la Luz en Toledo hacia 1970 fotografiado por Mario Carrieri

La Puerta del Cambrón:
Puerta del Cambrón en Toledo hacia 1970 fotografiado por Mario Carrieri

La Puerta de Alcántara:
Puerta de Alcántara en Toledo hacia 1970 fotografiado por Mario Carrieri

Como habéis comprobado, se trata de un amplio repaso al Toledo de hace medio siglo, de la mano de uno de los más grandes talentos fotográficos que ha dado Italia. Italia y España, unidos estos días más que nunca por el durísimo sufrimiento que está causando el coronavirus en miles y miles de familias que están perdiendo seres queridos o que ven peligrar su futuro económico. Espero que, al menos, estas imágenes os hayan hecho recordar por unos momentos la enorme belleza que nos espera al salir del confinamiento: nuestra Toledo, con sus calles, rincones, misterios y leyendas nos aguarda para volver a disfrutarla, con más cariño si cabe, cuando esta pesadilla haya pasado. Mucho ánimo a todos.

Para saber más:
- Fotografías de Mario Carrieri en el MoMA
- Fotos de Mario Carrieri en la Hay Hill Gallery
Firma de Mario Carrieri

2 comentarios

Juan Carlos Villacampa dijo...

Ese seiscientos aparcado en la bajada de San Justo, posiblemente sea el primer coche de mi padre. Un seiscientos amarillo... de viajes iniciáticos.

Ricardo Sánchez Candelas dijo...

Este extraordinario reportaje del italiano Mario Carrieri nos sirve para detenernos en una comparación muy interesante, a la vez que muy útil, entre elementos más o menos invariables del paisaje urbano, y el papel –éste sí cambiante– de la vegetación, sobre todo arbórea, que a lo largo del tiempo y con mayor o menor acierto, se ha ido situando en calles, plazas y/o junto a edificios históricos o monumentales de la ciudad de Toledo.
Por supuesto, es un ejercicio que le podríamos practicar en muchas otras entradas del blog. Pienso, por ejemplo, en el arbolado, hoy inexistente, en la acera de la Cuesta de las Armas avistando ya la Puerta del Sol. O en los cipreses de la Plaza de La virgen de la Estrella, que ocultan en parte la fachada de la iglesia de Santiago del Arrabal y su torre exenta.
Nos sirve de paso, pues, esta entrada para plantearnos el cómo y dónde se debe actuar en nuestra ciudad frente al hipotético dilema “vegetación vs. arquitectura” o “ornamentación vegetal vs. historia”. En otro sentido, pero tiene bastante relación con la controversia, ya de larga data y de muy difícil solución, entre el mantenimiento de la belleza de la monumentalidad más genuina de la ciudad y la presencia invasiva de vehículos aparcados en lugares de valor estético o histórico muy significativo. Pensemos en la Plaza de Santo Domingo el Real.
En esta entrega del fotógrafo italiano, de aquellas fechas a hoy ha transcurrido ya medio siglo. Esos escuchimizados cipreses que vemos frente a San Juan de los Reyes y junto al Palacio de los Duques de Maqueda, y que entonces para nada estorbaban a la vista de las fachadas del Monasterio ni del propio edificio ducal, son hoy unos formidables ejemplares de vigorosa presencia y vegetación. Ellos han crecido. La piedras y los ladrillos, no. Hasta se habrán deteriorado en algo. El paso del tiempo funciona así. Sobre lo vivo y sobre lo inerte.
¿Prevalece su hermosura actual, su valor vegetativo y botánico, su capacidad de acogida y sombra para el transeúnte, sobre la inconveniencia de que su ostentosa frondosidad limite o impida en parte la vista de estos históricos monumentos? O, por el contrario, ¿Incorpora su sola presencia un plus de belleza añadida a la propia hermosura de las arquitecturas de su entorno?
Estas preguntas y otras por el estilo podrían repetirse en muchos otros enclaves de nuestra ciudad. Incluidos algunos de este reportaje de Carrieri, como el claustro del Hospital de Santa Cruz, en el que los cipreses de entonces han sido sustituidos por olivos, o el ábside de la Iglesia de San Bartolomé. ¿Desmerece la hermosura de la arquitectura mudéjar de este ábside la presencia actual de dos magníficas palmeras que en el reportaje del fotógrafo italiano todavía no aparecen? En el propio acceso por su formidable fachada plateresca del Hospital de Santa Cruz nos encontramos con dos ejemplares de Acacia melanoxylon, (acacia de madera negra). Son los únicos de los que yo tengo conocimiento en Toledo. La rareza de su presencia, aparte de su buen estado vegetativo, ¿nos permitirían prescindir de ellos por el hecho de “competir” por su proximidad inmediata con la hermosura de la fachada renacentista del histórico Hospital, hoy Museo de Santa Cruz?
En resumen: esta entrada del blog, unida a muchas otras en las que esta aparente “lucha” o “competición” entre árboles y arquitecturas toledanas, puestas de manifiesto en tantas ilustrativas fotografías de nuestra ciudad, sería muy sugerente para abordar un estudio –quizá alguna tesis doctoral– que afrontara con criterios multidisciplinares, (historia, fotografía, arquitectura, paisaje, botánica, etc.), un asunto de tan fundamental importancia para la riqueza patrimonial de Toledo.

© TOLEDO OLVIDADO
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