sábado, 21 de noviembre de 2009

La Torre del Hierro

Un claro ejemplo de la degradación patrimonial que las desamortizaciones y el abandono supusieron en Toledo -y en el resto de España- puede ser la historia de la denominada Torre del Hierro. Datada en el siglo XII, formaba parte del recinto defensivo que flanqueaba Toledo por el sur junto al río Tajo. Se situaba junto a la puerta que llevaba el mismo nombre -del Hierro- y que ejercía como primera aduana para los trajinantes, comerciantes y mercaderes que accedían a la ciudad en este punto tras cruzar el Tajo en barca. Existían también allí unos molinos de harina impulsados por la fuerza del agua que del mismo modo tenían la misma denominación y por ello en la puerta se cree que existía una báscula de pesaje de este bien de primerísima necesidad. Para algunos autores esta era la famosa puerta de Adabaquín, derivada del término árabe al-Dabbāgīn que significa "de los curtidores" o "de las tenerías".
El caso es que la Torre del Hierro estaba ocupada por infraviviendas y apriscos de ganado allá por 1857 cuando fue fotografiada por vez primera por el galés Charles Clifford. Se puede ver que su cubierta estaba compuesta por un tejado a dos aguas que y contaba con una especie de balcón en el flanco que miraba al río. Aunque la fotografía no es de gran calidad por situarse justo en el extremo de la vista general de Clifford, se trata de una imagen de gran interés por ser la primera de la Torre del Hierro:
Torre del Hierro de Toledo en 1857. Foto Charles Clifford (detalle)

Algunos años más tarde, en la década de 1860, fue fotografiada en una imagen estereoscópica de la que os hago una ampliación:
Torre del Hierro de Toledo hacia 1860. Detalle de una fotografía estereoscópica

Esta imagen de autor anónimo data de alrededor de 1870:
Torre del Hierro de Toledo hacia 1870

En 1872 fue Jean Laurent quien capturó la Torre del Hierro en su célebre "Vista desde la Virgen del Val":
Torre del Hierro de Toledo en 1872. Foto Jean Laurent (detalle). Archivo Ruiz Vernacci

Once años después, en 1883, la Torre del Hierro fue fotografiada por el australiano Alfred Dismorr:
Torre del Hierro de Toledo en 1883. Fotografía de Alfred Dismorr (detalle)

Cuatro años más tarde fue Casiano Alguacil el que la inmortalizó (1887):
Torre del Hierro hacia 1887. Fotografía de Casiano Alguacil (detalle)

Antes de que acabara el siglo XIX también fue fotografiada por Louis Levy:
Torre del Hierro de Toledo en el siglo XIX. Foto Louis Levy

Esta es una imagen de 1895:
Torre del Hierro de Toledo en 1895

Estas fotografías están tomadas todas alrededor de 1900:
Torre del Hierro a inicios del siglo XX
Torre del Hierro (Toledo) hacia 1900
Torre del Hierro de Toledo hacia 1900. Foto Roisin
Torre del Hierro de Toledo hacia 1900. Foto Purger (coloreada)

Esta maravillosa fotografía, que da idea de la miseria que reinaba en ese barrio por aquel entonces, fue tomada por Don Pedro Román Martínez hacia 1910:
Torre del Hierro de Toledo hacia 1910. Fotografía de D. Pedro Román Martínez

Pero la historia de la Torre del Hierro comienza sus días más tristes precisamente hacia 1915 cuando es abandonada y empieza a desmoronarse rápidamente. En ocho años su estado era ya ruinoso como infructuosamente denunciara D. Javier Soravilla en 1923 en la revista Toledo:

"Y ya que ante los hechos consumados no cabe otro remedio que el de ampararse con el consuelo de la resignación, resígnese nuestro romanticismo, el cual con el objeto de que aquello que fue, quede memoria, presentamos a nuestros lectores dos aspectos de la puerta o torre de Adabaquín, tal como se conservaba hace ocho años y como se halla en la actualidad."

Reproduzco a continuación las tres páginas del artículo:
Artículo de Javier Soravilla sobre la Torre del Hierro en 1923. Revista Toledo. Página 1
Artículo de Javier Soravilla sobre la Torre del Hierro en 1923. Revista Toledo. Página 2
Artículo de Javier Soravilla sobre la Torre del Hierro en 1923. Revista Toledo. Página 3

Las palabras de Soravilla no tuvieron efecto alguno y la Torre del Hierro sufrió una degradación paulatina a lo largo del siglo XX hasta quedar casi irreconocible. Espero que esta desdichada evolución pueda apreciarse bien en esta secuencia de fotografías:
Torre del Hierro de Toledo en ruinas a inicios del siglo XX
Torre del Hierro de Toledo en ruinas a inicios del siglo XX
Torre del Hierro de Toledo en ruinas a inicios del siglo XX
Torre del Hierro de Toledo en ruinas a mediados del siglo XX. Foto Manipel
Torre del Hierro de Toledo en ruinas a mediados del siglo XX
Torre del Hierro de Toledo en ruinas a mediados del siglo XX
Torre del Hierro de Toledo en ruinas a inicios del siglo XX
Torre del Hierro de Toledo en ruinas a mediados del siglo XX
Torre del Hierro de Toledo en ruinas a mediados del siglo XX
Torre del Hierro de Toledo en ruinas a mediados del siglo XX. Foto Heliotipia Artística Española
Torre del Hierro de Toledo en ruinas a mediados del siglo XX, en 1952. Foto Garrabella
Torre del Hierro de Toledo en ruinas a mediados del siglo XX
Torre del Hierro de Toledo en ruinas a mediados del siglo XX
Torre del Hierro de Toledo en ruinas a mediados del siglo XX
Torre del Hierro de Toledo en ruinas a mediados del siglo XX
Torre del Hierro de Toledo en ruinas a mediados del siglo XX
Torre del Hierro de Toledo en ruinas a mediados del siglo XX
Torre del Hierro de Toledo en ruinas a mediados del siglo XX

Sin embargo, afortunadamente llegó en los años 70 el empeño del prestigioso arquitecto Fernando Chueca Goitia, que consiguió rescatar de la ruina a la Torre del Hierro y todo el entorno de la Casa del Diamantista. En palabras del propio Chueca Goitia, así fue la restauración de la Torre del Hierro:

"De la mal conocida fortificación toledana, quedan junto al embarcadero restos muy desmedrados de un grandioso torreón de piedra de sillería granítica. Se le llama vulgarmente Torre del Hierro y al estar sobre el río parece que se trata de una torre albarrana, acaso con paso inferior diáfano, luego cerrado.
Reconstruir esta torre que servía de guarida a gentes menesterosas equivalía a realizar una labor tanto arqueológica como social, pues hubo que buscar en otro lugar viviendas más dignas a la miserable gente que se guarecía en esta torre y sus contornos. Al lado de la misma torre existían una serie de ínfimas chabolas que
desaparecieron para dar vista al torreón y mejorar sus inmediaciones. Se elevó algunos metros su fábrica para que su masa fuera más visible, pues existen documentos de época todavía no lejana (fotografías) donde la torre aparece con mayor elevación y más aguerrido continente."


Torre del Hierro justo antes de ser restaurada Foto Porres.
Torre del Hierro de Toledo restaurada en 1976

Este es el aspecto actual de la Torre del Hierro:
Torre del Hierro de Toledo en 2005

Me gustaría que esta entrada sirviera para que no vuelva a suceder nada similar con monumentos toledanos al borde de la ruina: que no sea necesario que hayan de surgir restauraciones tan tardías como la emprendida por Chueca Goitia, al que también me gustaría que este post sirviera de póstumo reconocimiento.

La Torre del Hierro en Google Street View:

Ver mapa más grande

Para saber más:
- La Posible Puerta de Adabaquín, por José Aguado Villalba (1988)

10 comentarios

Alatriste dijo...

También llama la atención el nivel de las aguas entonces y ahora.

Eduardo Sánchez Butragueño dijo...

No te dejes engañar por las apariencias: el nivel entonces era muy variable, y a menudo era muy inferior al que vemos hoy. Era un río no regulado, con grandes picos de caudal por lo alto y por lo bajo. Aparentemente la Torre del Hierro antes tocaba a menudo el agua, pero eso era antes de la construcción del embarcadero, también obra de Chueca Goitia, que ganó muchos metros al río con aporte de materiales a modo de los paseos marítimos que ganan terreno al mar. Si te fijas en la foto de Dismorr así parece ser, pero tenemos la referencia de otra foto suya del mismo día o casi tomada en el Puente de Alcántara donde se ve un nivel bajísimo y más comparable con la situación actual ya que el ojo del puente no ha sufrido grandes obras.
Pincha aquí para ver la foto
Otro cantar sería hablar de la calidad del agua...ya que el 80% del agua que hoy vemos en el Tajo proviene del Jarama y es residual aunque "salva" el nivel, cosa que no sucede en Aranjuez donde el nivel es muy inferior pero con agua más limpia pues está aguas arriba de la desembocadura del Jarama.
¡Un abrazo Alatriste!

Kunzuilh dijo...

Como siempre una entrada estupenda Eduardo.
Mil gracias por compartirla.
Me ha llamado la atención la identificación de este torreón con la Puerta de Abdabaquin, pues tenía entendido que dicha puerta se debió de encontrar cerca de la iglesia de San Sebastián...
Realmente no sé si hay algo seguro al respecto...

Saludos!

Eduardo Sánchez Butragueño dijo...

¡Gracias Kunzuilh!
Con respecto a la ubicación exacta de la Puerta de Adabaquín a la que se adosaba o asociaba esta torre (sin precisar cuánto de cerca) seguramente encuentres información de interés en el artículo que pongo al final de la entrada de José Aguado sobre los trabajos de Juan Manuel Rojas.
No sé en qué quedó al final aquel descubrimiento y si se confirmó que se trataba de la puerta. Tampoco te sabría decir el lugar exacto...tal vez unas estructuras abovedadas sin demasiada protección que afloran en el rodadero entre San Sebastián y la Torre del Hierro.
Si alguien sabe más, le ruego nos ilustre...

Ricardo Sánchez Candelas dijo...

Incorporo a esta entrega algunas dudas que se me han suscitado, derivadas tanto del texto como del magnífico reportaje fotográfico que le acompaña. La primera de ellas es el propio nombre - Torre del Hierro - del casi derruido edificio. La relativa proximidad al mismo, en el propio cauce del río, de los molinos, también llamados del Hierro, puede hacer pensar que la torre compartiera con ellos la misma denominación, quedando sólo por dilucidar cuál fuera la causa de ese nombre de los molinos. Aventuro que, de ser esa la hipótesis válida, acaso fuera parte del material de construcción de estas aceñas el origen de su nombre que, con tal motivo, también se le asignó a la Torre. En todo caso, de los autores que he consultado en ninguno he encontrado explicación a esta denominación. Ni de la Torre ni de los molinos. Sin embargo, justamente lo contrario es lo que se afirma en un opúsculo publicado por el IPIET, "Toledo visto por el litógrafo Alfred Guesdon", (Dip.Prov., 1991, J. Porres, R. del Cerro, J. L. Isabel), donde se dice, (pag. 53, epígrafe 30): "Pertenecían aquellos a la Catedral ya en 1234, debiendo su nombre a la cercana Puerta del Hierro, ya desaparecida, y de la que resta solamente una torre albarrana que la defendía". Con ello, la pregunta que se plantea -aunque no pase de ser una pura curiosidad intrascendente - es si los molinos dieron nombre a la Torre, o fué ella quien dió nombre a los molinos, cuestión que quedaría sin sentido si se admite, simplemente, que la Torre era una estructura defensiva complementaria de la Puerta del Hierro, (bab al-Hadid). Desde luego, ya anoto que ignoro si esta denominación árabe significa o tiene algo que ver con el férreo metal, cosa que lo explicaría casi todo. Sorprende, en todo caso, que don Javier Soravilla, en su sentido artículo, casi elegíaco, de la Revista Toledo con el que nos ilustra Eduardo en su blog, denomine a la Torre como "de Adabaquín", toda vez que la tal Puerta de Adabaquín, como una estructura fundamental de la zona sur del recinto amurallado, se situaba, al pie de la Iglesia de S. Sebastián, y en un emplazamiento algo más elevado, casi en la cabecera del talud. Así figura incluso, aunque con alguna duda, en la propia litografía de Guesdon. A su altura aparecen los molinos de Adabaquín, y aguas arriba, los Molinos del Hierro. Todo, pues, hace pensar que estas aceñas recibieron los nombres de los elementos arquitectónicos que en cada momento les resultaban más próximos. De hecho, los que se denominaban de Adabaquín en la litografía citada aparecen con el nombre de S. Sebastián en el plano de Reinoso, de 1882, por ser elemento de referencia la citada iglesia de S. Sebastián de las Carreras, y no serlo ya, por haber desaparecido, la puerta de Adabaquín, que tanto servía para dar acceso a Toledo por el barrio de Curtidores como a los molinos ribereños. En cualquier caso, apasionante mundo éste de los molinos del Tajo, de los oficios que los utilizaron, (curtidores, aceñeros, bataneros, espaderos) y de la vida de la ciudad que, en este enclave que la cerraba el río al mediodía, durante un tiempo todavía memorable, la hizo hervir de dinámica actividad en estos sus barrios más industriosos y menestrales. Salvo una muy documentada descripción del Conde de Cedillo en su discurso de ingreso en la Real Academia de Bellas Artes y Ciencias Históricas de Toledo,("Toledo en el siglo XVI después del vencimiento de las Comunidades"), no conozco ningún trabajo monográfico o estudio específico dedicado a la investigación de los molinos del Tajo y a ese maravilloso cosmos de su febril actividad, bastantes años antes de que la ciudad decidiera suicidarse y "vivir" de espaldas a su río.
En otro inmediato comentario traeré al recuerdo cómo se entrometió este escenario en mis andanzas literarias.

Ricardo Sánchez Candelas dijo...

Lamentaba en mi comentario anterior no conocer ninguna investigación o estudio sobre los molinos del Tajo.Quizá por eso no pude resistir la tentación de darles literario protagonismo en mis dos novelas históricas, preludio en dos iniciales entregas de lo que, Dios y salud mediantes, habrá de ser la tercera, y que vengo denominando "el tríptico del Tajo". En la primera de ellas, ("Las grullas del otoño..."), pretendí atribuir al "poderoso" gremio de los azacanes parte de la responsabilidad, urdida en una conspiración, del fracaso del Artificio de Juanelo. En la segunda, ("Sólo navegaron sus sueños"), más incardinada en este escenario de los arenales de La Alcurnia, (los azacanes, por su acceso menos abrupto a la ciudad, preferían las riberas de la Huerta del Rey), fueron los molineros, en mi ficción literaria, los que también en no pequeña medida, en otra sórdida conjura,ayudados por la ambiciosa Casa de Contratación de las Indias de Sevilla, frustraron el proyecto de navegabilidad del Tajo ideado por Juan Bautista Antonelli, ya en el reinado de Felipe II, y Toledo, por su parte, en la antesala de su agónica decadencia. En las páginas de esa novela, estos Molinos, junto a la Torre del Hierro, que ahora "resucitan" en este "Toledo olvidado", plasmé yo también entonces ese marco escénico de insidias, envidias y malevolencias que, en tantas ocasiones, han arruinado en Toledo no solo torres y murallas, sino también proyectos de prosperidad y esperanza de mejores tiempos.

Alatriste dijo...

Gracias por la aclaración muy interesante.

Carlos dijo...

Don Ricardo:
Somos muchos los toledanos que ya llevamos años esperando con avidez un nuevo libro suyo. De momento, estas perlas con que de vez en cuando nos deleita a modo de comentario nos sirven para difrutar y, a la vez, para desear aún más la llegada de la nueva publicación.
Leer este blog es de por sí ameno, pero con comentarios como el suyo se convierte en puro placer. Hay más cultura en este blog que en un día entero de televisión.
Saludos.

Ricardo Sánchez Candelas dijo...

Una vez más, amigo Carlos, mi cordial gratitud por vuestras palabras. Si llega ese día - que espero llegará - de sacar a la luz alguna nueva excursión literaria, bien podréis decir que ha sido merced a vuestro aliento. De momento, Eduardo y su "Toledo olvidado" sigue siendo nuestro extraordinario lugar de encuentro. De verdad, muy sinceras gracias.

Ricardo Sánchez Candelas dijo...

En relación con un anterior comentario hago una corrección y reparo un olvido. Se refiere la primera al discurso del Conde de Cedillo con el título "Toledo en el siglo XVI después del vencimiento de las Comunidades". Decía yo allí que era el de ingreso del ilustre prócer en la Real Academia de Bellas Artes y Ciencias Históricas de Toledo.Mi búsqueda más reciente me corrige en parte y me señala que fué el pronunciado en su recepción en la Real Academia de la Historia, y no dispongo ahora mismo de datos en la mano sobre si en otro momento fué también pronunciado en la Académica Institución toledana. Por otra parte, el olvido quiere hacer referencia a mi lamento de no haber encontrado nada, o casi nada, sobre los molinos del Tajo en el entorno de la ciudad. Y es el propio don Pedro Liñan de Riaza quien nos recuerda que, en efecto, hay muy poco conocido al respecto, aunque existe una publicación de la profesora Lourdes Campos Romero en la que, aunque de forma muy sucinta, aborda tan olvidado asunto en un contexto general de recuperación de las riberas del Tajo. Yo también había olvidado esta mención, y en esta apostilla lo rectifico.

© TOLEDO OLVIDADO
Maira Gall