domingo, 13 de diciembre de 2009

La Casa del Diamantista

José Navarro nació en San Sebastián el día 24 de enero de 1808. Fue sin duda uno de los mejores orfebres de España en el siglo XIX. Tanto fue así que a la edad de 42 años ya se encontraba felizmente retirado del oficio pues debía haber ganado suficiente dinero como para vivir de las rentas. Pero poco después de retirarse en 1850 un emisario real le propuso fabricar la corona de la Reina Isabel II, algo que nadie había hecho en España desde cuatro siglos atrás. Según palabras del propio Navarro "a pesar de mi resolución de no volver a ocuparme del trabajo no supe resistir a los deseos de S. M. y desocupando un invernadero que tenía en medio del jardín, improvisé en él un obrador donde me puse a construir la corona".
La corona fue realizada y del agrado de la reina que posó con ella para Charles Clifford:
Isabel II portando su corona, obra del diamantista José Navarro. Fotografía de Charles Clifford
Corona de Isabel II obra del diamantista José Navarro

Sin embargo, el Estado tardó más de cinco años y medio en pagar a Navarro lo que provocó gran indignación en el diamantista.
Tal vez por ello, cuando en 1858 se presentó en su casa el militar francés afincado en Toledo Adolfo Hérouart con los restos descompuestos de las coronas y joyas visigodas del Tesoro de Guarrazar, Navarro no dudó en recomponerlas y ofrecérselas al Estado Francés. Ese tesoro había sido encontrado en Guadamur por los labriegos Francisco Morales y Domingo de la Cruz en dos fincas contiguas tras una tormenta de agosto que dejó al descubierto las joyas. Los campesinos habían ido vendiendo a plateros toledanos las joyas por trozos y cuando Hérouart, muy aficionado a las antigüedades, contactó con el labriego Morales ya habáin sido vendidas y fundidas bastantes piezas del tesoro.
Como os decía, el diamantista Navarro recompuso las coronas y joyas visigodas (y recuperó algunas piezas antes de que fuesen fundidas por algún platero) y viajó a París donde ofreció el tesoro al gobierno francés depositando las ocho coronas y cinco cruces en el recién creado Museo de Cluny. Acusado de antipatriota, Navarro fue el centro de una enorme polémica entre ambos países. Ello no impidió a Navarro, personaje muy enigmático, vender un año más tarde al gobierno español un brazo de una gran cruz de oro y pedrería y algunas joyas más sueltas que aún poseía del tesoro y que no había vendido a los franceses.
No se sabe con certeza el año en que Navarro se mudó a vivir a la casa junto al río Tajo que aún se conoce como Casa del Diamantista, por lo que es imposible saber si fue en esta casa donde elaboró la corona de Isabel II y que inspiró la leyenda que cuenta que fue ayudado a crearla por unos diminutos duendes que trabajaban mientras él dormía agotado por la responsabilidad de crear una corona a la altura de una reina. El caso es que en 1857, cuando la casa fue fotografiada por vez primera por Eugène Sevaistre, la casa sufrió una reforma. En la primera imagen la casa aparece sin terraza mientras que en la segunda, tomada por Charles Clifford (casualmente el fotógrafo de la casa real que fotografió a la reina con la corona) y fechada también en ese mismo año, ya aparece la terraza. Por ello es casi seguro que esa reforma la realizó José Navarro al adquirir la vivienda.
Casa del Diamantista en 1857. Fotografía estereoscópica de Eugène Sevaistre. Colección Luis Alba. Ayuntamiento de Toledo
Casa del diamantista en 1857. Fotografía de Charles Clifford (detalle)
Casa del diamantista en 1857. Fotografía de Charles Clifford (detalle)

Era una casa maravillosa, con aspecto de pequeña fortificación almenada y embarcadero propio con unas escalerillas que descendían hasta el mismo nivel del agua. Contaba con un coqueto jardín y una cuidada terraza circular con magníficas vistas al río, al Cerro del Bú y a la ermita del Valle. Las fotografías tomadas hacia 1860 por varios autores entre los que destaca Francis Frith muestran la vivienda en la época en que estaba habitada por el diamantista José Navarro. Haciendo diferentes ampliaciones de las imágenes uno casi puede imaginarse la figura de Navarro asomado a alguna ventana o tomando el aire en la terraza.
Casa del Diamantista de Toledo hacia 1860. Fotografía de Francis Frith
Casa del diamantista hacia 1860. Fotografía de Francis Frith (detalle)
Casa del diamantista hacia 1860. Fotografía de Francis Frith (detalle)
Casa del diamantista hacia 1860. Detalle de una fotografía estereoscópica
Casa del Diamnatista hacia 1860. Fotografía de Francis Frith (detalle)
Casa del Diamantista y riberas del Tajo hacia 1870. Fotografía de Jean Laurent
Casa del diamantista hacia 1860. Detalle de una fotografía estereoscópica
Casa del diamantista hacia 1870

Navarro murió en 1862 y con su muerte comenzó la leyenda.
Esquela del diamantista José Navarro. Diario La discusión. 11 febrero de 1863, nº2190, pag 4.

No es de extrañar que la inventiva popular crease esas preciosas historias pues la suntuosa casa en una de las zonas más pobres de la ciudad, así como la profesión, fama y misteriosa personalidad de Navarro daban para imaginar multitud de situaciones fantásticas entre las gentes de Toledo. A su muerte la casa pasó a otras manos y ya en las imágenes de 1872 se ven modificaciones en la vivienda como la supresión de las almenas y algunos cambios en la terraza:
Casa del Diamantista en 1872. Fotografía de Jean Laurent

En 1883 aparece fotografiada por Alfred Dismorr:
Casa del Diamantista en 1883. Fotografía de Alfred Dismorr

Esta imagen es de 1886:
Casa del diamantista en 1886

Las fotografías de Casiano Alguacil hacia 1887 presentan con claridad el aspecto del edificio por aquel entonces:
Casa del Diamantista a finales del siglo XIX. Fotografía de Casiano Alguacil
Casa del Diamantista a finales del siglo XIX. Fotografía de Casiano Alguacil.
Casa del diamantista hacia 1887. Foto Casiano Alguacil
Casa del diamantista hacia 1887. Foto de Casiano Alguacil

A principios del siglo XX fue fotografiada con profusión pues la leyenda de la casa se iba haciendo mayor:
Casa del diamantista a principios del siglo XX. Foto Rodríguez
Casa del Diamantista a principios del siglo XX
Vamos de Romería. La barca sale de la Casa del Diamantista
Casa del Diamantista a principios del siglo XX
Casa del Diamantista a comienzos del siglo XX. Fotografía de Pedro Román Martínez
Casa del Diamantista y Torre del Hierro a comienzos del siglo XX. Fotografía de Pedro Román Martínez. Centro de Estudios Juan de Mariana. Diputación de Toledo
Casa del Diamantista a principios del siglo XX. Fotografía de D. Pedro Román Martínez. Diputación de Toledo, Centro de Estudios Juan de Mariana
Casa del Diamantista a inicios del siglo XX. Foto de Kurt Hielscher. The Hispanic Society of America
Casa del Diamantista a inicios del siglo XX. Foto de Abelardo Linares. The Hispanic Society of America
Casa del Diamantista a comienzos del siglo XX. Revista La Esfera
Casa del Diamantista a principios del siglo XX
Romería del Valle, Toledo (España). Principios del Siglo XX
Barca de pasaje en la Casa del Diamantista
Casa del diamantista en 1914 fotografiada para La Esfera
Casa del diamantista a principios del siglo XX. Foto Garcés
Casa del diamantista a principios del siglo XX. Foto Arribas
Iglesia de San Lucas sobre la Casa del Diamantista (Toledo) a principios del siglo XX.
Casa del diamantista a principios del siglo XX. Foto Arribas
Casa del diamantista hacia 1935. Foto H.A.E.
Casa del diamantista a principios del siglo XX. Foto Grafos
Casa del diamantista a principios del siglo XX. Foto Grafos
Casa del diamantista a principios del siglo XX. Foto Purger
Casa del diamantista a principios del siglo XX
Casa del diamantista a principios del siglo XX
Casa del diamantista a principios del siglo XX. Foto Lacoste
Casa del diamantista a principios del siglo XX. Foto Wunderlich
Casa del diamantista a principios del siglo XX. Foto Purger
Casa del diamantista a principios del siglo XX
Artículo sobre la Casa del diamantista a principios del siglo XX
Casa del diamantista  a inicios del siglo XX
Casa del diamantista en 1915. Foto J. Reus
Casa del Diamantista (Toledo) a principios del siglo XX
Casa del diamantista a principios del siglo XX. Foto Loty
Casa del diamantista hacia 1900. Foto Roisin
Casa del diamantista a principios del siglo XX

Tras la guerra civil, la casa sufrió un paulatino deterioro a partir de una gran riada. Como consecuencia de ella, la Confederación Hidrográfica del Tajo decidió expropiar a su propietario Antonio Aguilar Gómez la vivienda, en la cual vivía con su familia. Fue entonces cuando comenzó el grave deterioro del edificio.
Casa del diamantista tras la guerra civil
Casa del diamantista a mediados del siglo XX. Foto Arribas
Casa del diamantista a mediados del siglo XX
Casa del Diamantista en los años 40
Casa del diamantista en los años 40
Casa del diamantista en los años 70. Foto Manipel

El estado de la casa hacia 1965 era de casi total ruina:
Casa del Diamantista derruida en los años 60
Casa del Diamantista derruida mediado el siglo XX
Casa del diamantista derruida mediado el siglo XX
Casa del diamantista hacia 1970

Pero por fortuna llegó Fernando Chueca Goitia y al igual que hiciera con la contigua Torre del Hierro, acometió la restauración de la casa del diamantista:
Casa del diamantista en 1976 tras ser restaurada

Estas son las palabras de Chueca Goitia en relación a su intervención en el entorno de la Casa del Diamantista:

"Este embarcadero pudo gozar de épocas mejores y de más lucida concurrencia, cuando las alamedas que a un lado y otro del río sombreaban sus orillas, acogían gentes que buscaban unas veces un paseo tranquilo y otras un lugar de esparcimiento, merienda y romería. Aunque el automóvil ha acercado ambas orillas del Tajo, esto no impide que vuelva a ser deleitoso el paseo a pie o el cruce del río en barca. Lo que hace falta es volver a dar amenidad a estas orillas y hacer que el público se aficione de nuevo a ellas. Entonces un embarcadero apropiado, sencillo y cómodo, podrá dar nuevo auge a este pasaje tradicional.
El embarcadero queda además situado en un lugar interesante, entre la Torre del Hierro por un lado y la Casa del Diamantista por otro. En torno al embarcadero se puede formar un conjunto atractivo y pintoresco con pequeñas y graciosas alamedas y con restos de remota antigüedad o edificios a los que no falta el misterio y la leyenda tan extendidos en Toledo.
Hace algunos años se hicieron obras para mejorar el embarcadero. Se hizo una escalinata doble toda de piedra para bajar a una plataforma con gradas donde podían atracar las embarcaciones y se puso una columna conmemorativa. Me ocupé de todo con el mayor interés, y no sé si me acompañó el acierto."


Hacia 1991, la casa acogió la sede de la Escuela Taller de Restauración y desde entonces se encuentra en muy buen estado:
Casa del Diamantista de Toledo nevada el día 14 de diciembre de 2009
Casa del Diamantista de Toledo. Fotografía de Tomás Cerdido
La casa del diamantista y el barco de pasaje

Agradeciendo la ayuda en la aportación de datos para la entrada a Pedro Antonio Alonso Revenga y Luis Balmaseda Muncharaz, sólo me queda invitaros a acercaros a este precioso lugar a ser posible en una silenciosa noche de niebla. Sea porque realmente ese lugar tiene un halo mágico o simplemente porque se encuentra en un paraje idílico, os prometo que su visita no os dejará insatisfechos. Especialmente sabiendo que además la leyenda tiene una base real: allí en efecto vivió quien hiciera la corona de Isabel II y quien recompusiera el maravilloso y tristemente dispersado Tesoro de Guarrazar. Ahora que se habla de hacer un gran museo sobre la cultura visigoda en Vega Baja...¡qué magnífica oportunidad para luchar por su reunificación y vuelta a sus orígenes en la sede regia de la monarquía visigoda!

La Casa del Diamantista en Google Maps:

Ver Toledo Olvidado en un mapa más grande

10 comentarios

Juan Luis Alonso dijo...

Bueno, creo que me toca aportar un enlace sobre la leyenda, como no podía ser menos:

La Casa del Diamantista

Muy buenas las fotos, felicidades de nuevo.

Juan Luis.

Eduardo Sánchez Butragueño dijo...

Muchas gracias por el enlace, Juan Luis.
Un abrazo.

Ricardo Sánchez Candelas dijo...

Una vez más, ahora con la Casa del Diamantista como escenario, “Toledo olvidado” nos invita a movernos en ese terreno fronterizo entre la historia y la leyenda, tan propio de la identidad de nuestra ciudad. La historia, la más reciente al menos, es la que Eduardo nos describe perfectamente en esta entrada al glosar la curiosa personalidad del donostiarra orfebre José Navarro, su último ocupante particular. Ya el propio carácter del artista, bastante atrabiliario al parecer, alimentaba entre sus coetáneos y vecinos toda clase de cábalas sobre su presencia y actividad, incluida la misteriosa ayuda de unos duendecillos que le ayudarían, según estas elucubraciones populares, en la ejecución del regio encargo de coronar a la reina con una de sus más preciadas joyas. Nos asegura Eduardo que nada puede afirmarse de manera concluyente sobre la fecha en que este gemólogo se afincó en Toledo ni tan siquiera si fue en este mágico lugar de las orillas del Tajo donde ejecutó el monárquico encargo. Más sólido parece ser, en cambio, todo lo sabido y relatado sobre su participación y tarea en la recomposición del Tesoro de Guarrazar, una de las más azarosas historias, con protagonismo especial del toledano pueblo de Guadamur, de un hallazgo arqueologico. Tal vez, el propio paisaje misterioso y algo sobrecogedor, de extraña belleza, del entorno de la mansión ribereña que Navarro ocupó en este singular y bellísimo rincón del Tajo, junto al embarcadero y al arenal de La Alcurnia, añadieran lo que faltara de enigmático y legendario a la figura del orfebre que, con su presencia, ya dejó identificado este hermoso edificio de las orillas del río como Casa del Diamantista.
Pero si regresamos a ese indisoluble matrimonio toledano entre historia y leyenda con fecha anterior, y hasta muy anterior, a la llegada de José Navarro a la Casa del Diamantista, quiero hacer mención ahora a la leve ironía con la que en “De árboles en Toledo”, (pág. 191), aludía al sexo del ocupante del inmueble en algún momento de su existencia. Decía yo allí que “el tal Diamantista era, en realidad, según algunos indagadores curiosos, una Diamantista, y quizá por los machistas tiempos que siempre han corrido en este retrógrado país se decretó por el poder político dominante que la mencionada casa ribereña, en detrimento del derecho de la fémina, fuese de titularidad masculina, aunque en su desprecio por el uso del lenguaje no sexista nadie se atreviera a denominarla como Casa del Diamantisto. Que todo podría haber sido”. Supongo que la inocua broma literaria sería tomada por la peña feminista con el necesario sentido del humor. Por mi parte, lo único que en realidad pretendía era abrir una puerta más – no la única, desde luego – a este sugestivo mundo de las varias leyendas que acompañan a esta preciosa joya, felizmente restaurada, de las orillas del maltratado Tajo.

Anónimo dijo...

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JaimeRos dijo...

el 1 de febrero nos llevan allí de excursión en el insti, tras leer esto, me gustaría verlo antes

EL MON DE L'ART dijo...

Hola, Eduardo:

No entiendo que tiene que ver la ciclosporina (de hecho, los cuatro últimos mensajes) con el tema de la "Casa del Diamantista".

Bueno, el caso es que a mediados de Mayo de este año (2014) he estado en Toledo, para ver la exposición sobre el Greco y toda esta maravillosa ciudad que tanto admiro.

Lamentablemente, la "Casa del Diamantista" estaba cerrada y sin ninguna indicación sobre su apertura al público. Es una lástima, porqué podría ser un atractivo más de Toledo.

Un abrazo desde las cercanías de Barcelona:

Joan Maseras

Eduardo Sánchez Butragueño dijo...

Querido Joan: eran mensajes de spam que ya he borrado. Estoy de acuerdo contigo en que esta casa debería ser visitable como un monumento más. Su historia y leyenda lo merecen.
Abrazos.

Anónimo dijo...

Estoy totalmente de acuerdo en que la casa del Diamantista se abra al público,la persona que la restauró seguro que pensó en esa posibilidad ya que hace referencia al embarcadero y al lugar para deleite de las gentes.Gracias

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