Por suerte, la fotografía histórica está ahí para recordar esos momentos y demostrar, una vez más, el permanente protagonismo de Toledo en el panorama cultural a lo largo de todos lo momentos de la historia, también la reciente.
Hoy hoy hablaré, a través de varias fotos que acabo de incorporar a mi colección personal, del rodaje en 1993 de la película Alegre ma non troppo (estrenada en 1994). Fue una exitosa cinta dirigida por Fernando Colomo, director de gran prestigio en aquellos años. Se trata de una comedia romántica que, bajo una apariencia ligera y desenfadada, aborda con bastante agudeza el desconcierto emocional y la búsqueda de identidad de la juventud.
La película sigue a Pablo, interpretado por Pere Ponce, un joven trompista que atraviesa una crisis personal marcada por la inseguridad, las expectativas familiares y una vida sentimental fallida. Su aspiración de ingresar en la Joven Orquesta Nacional de España se ve frustrada cuando descubre que uno de los evaluadores es su propio padre, encarnado por Óscar Ladoire, con quien mantiene una relación distante y compleja, en parte condicionada por la incomprensión hacia su orientación sexual.
Este punto de partida sitúa al personaje en una encrucijada vital: no logra afirmarse como músico, no encuentra estabilidad afectiva y tampoco consigue desprenderse de la influencia de su madre, interpretada por Rosa María Sardà, cuya presencia resulta tan dominante como asfixiante. En ese contexto de fragilidad irrumpe Vicente, al que da vida Jordi Mollà, otro músico con el que Pablo entabla una relación ambigua en la que se mezclan la atracción, la admiración y una cierta rivalidad. Sin embargo, el verdadero giro de la historia llega con la aparición de Salomé, personaje interpretado por Penélope Cruz, una joven trompista que entra de forma casi surrealista en la vida del protagonista y desencadena una serie de enredos sentimentales cada vez más complejos.
A partir de ese momento, la película se convierte en una especie de comedia de equívocos donde las relaciones se entrecruzan de manera imprevisible, dando lugar a triángulos amorosos y situaciones cercanas al vodevil. Colomo juega con la confusión entre deseo, amistad y amor, y plantea un retrato en el que las etiquetas —especialmente las relacionadas con la orientación sexual— se muestran inestables, abiertas y, en ocasiones, contradictorias. Lejos de ofrecer respuestas cerradas, el filme se mueve en el terreno de la ambigüedad, sugiriendo que la identidad es más un proceso en construcción que una realidad fija.El tono, fiel al estilo del director, combina humor cotidiano con un punto de absurdo, apoyándose en personajes excéntricos y situaciones inesperadas que, sin embargo, remiten a conflictos muy reconocibles. Bajo esa superficie ligera, Alegre ma non troppo propone una reflexión sobre la dificultad de encontrarse a uno mismo en un momento de tránsito vital, cuando las certezas escasean y todo parece provisional. En última instancia, la película funciona como el retrato de una generación atrapada entre lo que desea ser y lo que siente que debe ser, en un equilibrio siempre inestable que da sentido a ese “no demasiado” que ya anticipa su propio título.
La toledana Avenida de la Reconquista fue el escenario del rodaje de escenas de la cinta, en las que Ladoire y Ponce mantienen una pelea, por lo que aparecen maquillados con sangre en sus ropas. Junto a ellos posó una jovencísima Penélope Cruz que, con películas como esta comenzó a labrarse una fulgurante carrera que la llevó al estrellato no solo nacional sino internacional.
Aquí os dejo estas curiosas imágenes, que son también historia de Toledo, con el deseo de que os gusten y de que sirvan de reclamo a los actuales directores de cine para seguir haciendo de Toledo un lugar en el que el cine mantenga un papel protagonista: