sábado, 6 de abril de 2019

Blanc y Demilly, los cuñados perfectos que elevaron la fotografía a arte

En la historia de la fotografía hay algunos casos de parejas artísticas que han pasado a la posteridad de modo conjunto, ya sea porque trabajaron codo con codo, porque estuvieron unidos muy estrechamente en lo sentimental o porque tuvieron negocios conjuntos. Entre estos casos de famosos duetos fotográficos podríamos destacar a Oskar Hauser y Adolf Menet (los célebres Hauser y Menet), Hans Namuth y Georg Reisner (fotógrafos en la guerra civil española) o los archiconocidos Robert Capa y Gerda Taro. En la mayoría de estos casos, cada fotografía era tomada por un miembro de la pareja y posteriormente pasaba a formar parte de una especie de archivo común por diversas razones casi siempre ligadas a cuestiones logísticas, operativas o empresariales. Por ello, los estudiosos más avezados de la fotografía suelen ser capaces de diferenciar los estilos propios y las autorías individuales de las imágenes tomadas por los miembros de las citadas parejas.
Sin embargo, hoy me centraré en la pareja de fotógrafos cuya obra común es más reconocida por poseer unas características artísticas en las que ambos aportaban su talento a una obra entendida como un todo, generando un estilo o marca realmente en común. Me estoy refiriendo a los franceses "Blanc & Demilly", dos nombres que han llegado a nosotros de modo inseparable como piezas clave de la historia de la fotografía. Théodore Blanc (nacido en Lyon en 1891 y fallecido en 1985) y Antoine Demilly (nacido en Mâcon en 1892 y fallecido en 1964), conocidos como Blanc & Demilly, fueron dos de los más reconocidos fotógrafos franceses del siglo XX, habiendo llegado a protagonizar exposiciones en el Museum of Modern Art (MoMA) de Nueva York.
A la izquierda, Théo Blanc. c. 1945–50. (fotógrafo anónimo) © Droits réservés. A la derecha: Antoine Demilly. c. 1940–50. (fotógrafo anónimo) © Julie Picault- Demilly
Théo Blanc fue un humilde empleado en una empresa de serigrafía antes de incorporarse al estudio de fotografía de Édouard Bron donde se casó con su hija Marcelle en 1918. Por su parte, Antoine Demilly, conocido como Tony, ingresó como aprendiz también en el estudio Bron en 1910 y se casó asimismo con Adrienne, la hija mayor del jefe, en 1920. Blanc y Demilly, convertidos por tanto en cuñados, se hacen cargo en 1924 del estudio de su suegro Édouard Bron ubicado en número 31 de la rue Grenette en Lyon. Denominado ya Studio Blanc & Demilly, el negocio se convirtió en un lugar de moda donde los burgueses de Lyon se apresuraban a ser retratados, llegando a contar con hasta treinta empleados. Nació así un tándem perfecto, con una maravillosa complementariedad entre ambos, en la que Blanc dominaba la técnica y Demilly hacía gala de un gran sentido artístico, lo que otorgaba a sus retratos un estilo propio y una modernidad realmente incomparables. Ambos eran curiosos, cultivados y amables, centrados en atender los gustos de los clientes con un dinamismo excepcional. Siempre estaban al tanto de las últimas noticias y avances fotográficos, y fruto de ello reemplazan las pesadas placas de 13×18 por las nuevas cámaras Leica o Rolleiflex y las películas de 35 mm prácticamente desde su lanzamiento al mercado.
Logotipo del Studio Blanc & Demilly
En 1935 abrieron una tienda en el número 10 de la rue du Président-Carnot de Lyon para exhibir y vender impresiones. Esta tienda volvió a convertirse en un verdadero lugar de encuentro para los entusiastas de la fotografía, a quienes Blanc y Demilly dedican su tiempo ofreciéndoles sus críticas y consejos. Ambos publican asimismo un boletín fotográfico mensual entre 1938 y 1939, organizan viajes fotográficos temáticos y promueven concursos hasta que echaron el cierre del negocio en 1951. Fueron amigos de muy numerosos y notables artistas y personalidades del momento, retratando a muchos de ellos como Auguste Lumière, Édouard Herriot, Maurice Utrillo o Pablo Picasso.
Visitaron España en cuatro ocasiones entre 1931 y 1934. Parece que fue en 1934 cuando visitaron Toledo, obteniendo varias fotografías que hoy son objeto de colección a elevadísimos precios y que hoy tengo el placer de ofreceros. Comenzaremos por ver una maravillosa vista del patio de la Posada de la Sangre, con un contraluz excepcional en el que destaca el brillo de las piedras del suelo junto a la silueta de un arriero apoyado en una de las columnas:
Patio de la Posada de la Sangre en 1934. Fotografía de Antoine Demilly y Théo Blanc

Por desgracia y como ya sabréis, esta foto tiene el valor añadido de retratar este edificio muy poco antes de su destrucción en el verano de 1936 como consecuencia de los bombardeos al Alcázar durante el asedio en la guerra civil.
La Posada de la Sangre había rivalizado durante aquellos años con otro patio de la misma calle por ser el verdadero Mesón del Sevillano en el que Cervantes escribió La Ilustre Fregona. En aquel año de 1934 los más cultos sabían ya que dicho mesón verdadero era el situado al final de la calle, en la acera izquierda según se baja. Hasta allí se desplazaron también los célebres cuñados Blanc y Demilly para tomar otra sensacional fotografía:
Patio del Verdadero Mesón del Sevillano en la cuesta del Carmen en 1934. Fotografía de Antoine Demilly y Théo Blanc

Otra gran fotografía de los galos es este contraluz en el que vemos unos arrieros en el Puente de San Martín, en un alarde más de talento fotográfico:
Puente de San Martín. en 1934. Fotografía de Antoine Demilly y Théo Blanc

Una cuarta fotografía identificada como tomada en Toledo es esta titulada "Criaturas de silencio" en el que vemos a dos mujeres junto a lo que parece ser una jaula de un pájaro, en un patio que no he conseguido identificar, por lo que agradezco las pistas que podáis darme para confirmar o no que se trata de Toledo. En cualquier caso, volvemos a estar ante una fotografía maravillosa. [Edición 8/04/2019: gracias a las aportaciones de Alicia Arellano por Facebook, Francisco Javier Martín Fernández por Twitter y Fernando Riaño por Flickr hemos podido identificar el lugar, que no es otro que el Claustro Alto de la Catedral. Mil gracias a los tres]:
Criaturas de silencio. Toledo en 1934. Fotografía de Antoine Demilly y Théo Blanc

Para finalizar, una vista algo más clásica pero no menos bella de Toledo desde el cerro de San Servando, con el Puente de Alcántara en primer plano y al fondo el Alcázar solo dos años antes de su destrucción en los bombardeos de 1936:
Puente de Alcántara en 1934. Fotografía de Antoine Demilly

Actualización (7/05/2019): algo me decía que esta otra foto de Blanc & Demilly en 1934 tenía un aire toledano, aunque ellos no lo dejaran escrito. Uno ya va teniendo el ojo entrenado. Se trata de la fuente que había en la Plaza de Santo Tomé.
Fuente en la Plaza de Santo Tomé hacia 1934. Fotografía de Blanc & Demilly

Y esta otra también, al 99% tomada en la fuente de la Plaza de San Nicolás.
Mujeres y niñas en la fuente de la Plaza de San Nicolás hacia 1934.  Fotografía de Blanc & Demilly

Como habréis podido comprobar, estamos de nuevo ante una prueba más del magnetismo de la ciudad de Toledo, capaz de atraer a cuantos fotógrafos célebres hubo desde el comienzo de este maravilloso arte, del que Blanc y Demilly llegaron a ser auténticos maestros para deleite de los que amamos la belleza.
Firma de Blanc & Demilly

3 comentarios

Anónimo dijo...

Estupendas fotos; gracias una vez más.
Hay algo que me llama la atención, y es que si bien las fotos son de una calidad artística notable, en cambio la calidad técnica no parece al mismo nivel, al menos en las primeras. En 1934 había ya medios técnicos sobrados para obtener mucho mayor precisión y definición en la imagen, aun en condiciones difíciles.
¿Hemos de suponer que esa falta de definición fuera un efecto buscado por el artista?

Eduardo Sánchez Butragueño dijo...

Muchas gracias por su comentario. En efecto, esa característica de "poca nitidez" se trata de algo buscado premeditadamente, muy habitual en la corriente pictorialista en la que Blanc y Demilly podrían encajar, aunque dicha corriente naciera muchos años antes.
Un abrazo.

coaching empresarial en mexico dijo...

Tenemos mucha suerte de que aun existe una forma de ver lo que fue destruido en el paso del tiempo.
Excelentes fotografías.

© TOLEDO OLVIDADO
Maira Gall