viernes, 23 de febrero de 2018

Toledo en mayo de 1926 fotografiado por Edward Oscar Ulrich

Considerado uno de los mejores paleontólogos de invertebrados de la historia, el norteamericano Edward Oscar Ulrich nació en Covington (Kentucky) el 1 de febrero de 1857 y falleció en Washington el 22 de febrero de 1944. Formado en el Wallace College y en el Ohio Medical College, abandonó la práctica de la medicina para pasar a ser conservador de la Cincinnati Society of Natural History en 1877. Posteriormente se convierte en el paleontólogo de los estudios geológicos de Illinois, Minnesota y Ohio. Fue también redactor asociado durante diez años de la prestigiosa publicación American Geologist.
Edward Oscar Ulrich (1857-1944)
Ulrich fue un investigador y escritor muy prolífico, publicando numerosos estudios y artículos sobre paleontología americana, tratando particularmente sobre los géneros fósiles Bryozoa, Gastropoda, Ostracoda y Pelecypoda. En 1930 recibió la medalla "Mary Clark Thompson" de la Academia Nacional de Ciencias norteamericana. Asimismo fue condecorado con la medalla "Penrose" en 1932.
En 1926, describió junto a R.S. Bassler el género de conodontes Ancyrodella, una de sus mayores aportaciones a la ciencia. Fue precisamente en mayo de aquel año 1926 cuando E.O. Ulrich visitó Toledo tomando varias fotografías de la ciudad, actualmente conservadas en el Instituto Smithsoniano de Washington que hoy tengo el placer de ofreceros.
Se trata de tres imágenes privadas, tomadas como un turista más el 25 de mayo de ese año, pero que poseen un alto valor por haber sido tomadas por un científico de su talla hace ya casi 92 años.
Comenzaremos por ver la más curiosa de todas, y que además trata un asunto "de moda" hoy en la ciudad, como es la Plaza de Zocodover en obras. La visita de Ulrich coincidió con el final de los trabajos de la reforma de la plaza que tuvieron como principal novedad la instalación de los urinarios subterráneos en el centro de la misma, adornados con una barandilla de forja obra de Julio Pascual y azulejos de cerámica de Sebastián Aguado. La imagen presenta ciertas curiosidades, como por ejemplo unos puestos para sombrear la plaza. Ello me hizo pensar que fue tomada un martes de mercado. Decidí, por curiosidad, comprobar si el 25 de mayo de 1926 había caído en martes: en efecto, así había sido, lo que corrobora tanto la datación del archivo como mi sospecha de que esos puestos sombreados eran de los puestos del mercadillo. La foto fue tomada desde el Alcázar o desde los edificios de la Cuesta de Carlos V.
Toledo el 25 de mayo de 1926.Fotografía de Edward Oscar Ulrich © The Smithsonian Institution
Toledo el 25 de mayo de 1926.Fotografía de Edward Oscar Ulrich © The Smithsonian Institution

Ampliando la imagen aparecen otros detalles. Por ejemplo podemos ver cómo algunos curiosos se asomaban a las vallas de madera de la obra de los urinarios para otear el estado de la obra antes de su inauguración. Debían estar dando los últimos retoques pues para el Corpus de ese año, en el mes de junio, ya estaban en uso:
Toledo el 25 de mayo de 1926.Fotografía de Edward Oscar Ulrich © The Smithsonian Institution

Es muy visible el cartel del estudio del fotógrafo Pedro Lucas Fraile en Zocodover. Al fondo se vislumbra el camino del cementerio con cipreses al tresbolillo en sus márgenes:
Toledo el 25 de mayo de 1926.Fotografía de Edward Oscar Ulrich © The Smithsonian Institution

El edificio del Hotel Castilla, justo en la época más activa literariamente de su copropietario el escritor Félix Urabayen, aparece con las esculturas que adornaban su azotea, suprimidas en reformas posteriores:
Toledo el 25 de mayo de 1926.Fotografía de Edward Oscar Ulrich © The Smithsonian Institution. Signatura SIA2010-3368

Otra de las fotografías de Edward Oscar Ulrich fue tomada en las inmediaciones de la muralla del denominado Hostal del Cardenal, por entonces con un paseo en una cota muy superior a la actual, que aparece florido y lleno de maleza en una estampa muy habitual en las primaveras toledanas cuando son medianamente lluviosas. Uno casi puede oler el polen de las florecillas que aparecen en la foto si deja volar su imaginación:
Toledo el 25 de mayo de 1926.Fotografía de Edward Oscar Ulrich © The Smithsonian Institution

En la zona izquierda de la imagen vemos la alineación de olmos autóctonos, en Toledo conocidos como negrillos, que jalonaban todo el Paseo de Recaredo. Esta especie es hoy casi una reliquia como consecuencia de la devastadora epidemia de grafiosis que asola Europa desde hace décadas:
Toledo el 25 de mayo de 1926.Fotografía de Edward Oscar Ulrich © The Smithsonian Institution

En la pradera vemos troncos de muchos arbolillos, probablemente acacias, plantados en aquellos años, con la Puerta de Bisagra y Santiago del Arrabal al fondo:
Toledo el 25 de mayo de 1926.Fotografía de Edward Oscar Ulrich © The Smithsonian Institution. Signatura SIA2010-3366

La tercera fotografía fue tomada muy cerca de la anterior y nos muestra a una mujer, probablemente familia o amiga de Ulrich, junto a la muralla y con el edificio del actual Hostal del Cardenal al fondo.
SIA2010-3367Toledo el 25 de mayo de 1926.Fotografía de Edward Oscar Ulrich © The Smithsonian Institution. Signatura

Me despediré con una curiosidad final relacionada con las obras de Zocodover. En la reforma de 1961 se suprimieron los famosos urinarios, y desde entonces circula la leyenda urbana de que bajo el subsuelo siguen intactos. Esta foto que os traigo parece probar que la leyenda es cierta, pues el hueco no fue rellenado sino que fue simplemente cubierto con vigas. Lo que no está tan claro es que la azulejería de Aguado siga allí (se conocen fragmentos fuera de ese emplazamiento). De lo que nadie tiene conocimiento, al menos que yo sepa, es del destino de la preciosa barandilla de forja ni los faroles que el genial Julio Pascual elaboró para esta efímera obra que solo estuvo en uso 35 años:
Obras en Zocodover en 1961. Vigas para tapar el hueco del los antiguos urinarios públicos. Colección Luis Alba.




sábado, 27 de enero de 2018

La vista de Tavera desde la playa de Safont a todo color en 1914

Una de mis últimas adquisiciones fotográficas me tiene enamorado. Y es que poder contemplar con colores reales cuál era el aspecto de una zona emblemática de Toledo nada más y nada menos que en 1914 es algo realmente emocionante.
Ello es posible a un autocromo (sí, ya sabéis, esa técnica que por primera vez logró conseguir imágenes a color en la historia desde que fue patentada en 1903 por los hermanos Lumière y comercializada por ellos mismos en 1907) que acabo de comprar en su placa de cristal original y que muestra una vista del Hospital Tavera desde la Playa de Safont, con el río Tajo y la Huerta del Granadal en primer término.
Esta joya fotográfica es obra del muy desconocido Manuel Amuriza López, destacado miembro de la Real Sociedad Fotográfica de Madrid en sus inicios. Su nombre aparece en este curioso artículo firmado por "Mascarilla" el 13 de abril de 1912 en las páginas de La Época que precisamente habla de los avances de la fotografía en color y de cómo los miembros de esta sociedad madrileña estaban ensayando con ella:
Artículo firmado por "Mascarilla" el 13 de abril de 1912 en La Época que habla de los avances de la fotografía en color y de cómo los miembros de la Real Sociedad Fotográfica de MAdrid estaban ensayando con ella
Artículo firmado por "Mascarilla" el 13 de abril de 1912 en La Época que habla de los avances de la fotografía en color y de cómo los miembros de la Real Sociedad Fotográfica de MAdrid estaban ensayando con ella

La fotografía de Manuel Amuriza López que he adquirido fue obtenida el día 3 de mayo de 1914, es decir, algo más de dos años después del citado artículo. Se trata de uno de los autocromos más antiguos de Toledo, posterior a los de Jules Gervais-Courtellemont tomados hacia 1910 pero un mes anterior a la formidable serie de Auguste Léon de junio de 1914. Se trata de una placa estereoscópica autocroma de cristal bien conservada que muestra una preciosa vista primaveral desde la playa de Safont, con la Huerta del Granadal y el Hospital Tavera al fondo:
Río Tajo y Hospital Tavera desde la playa de Safont en mayo de 1914. Autocromo de Manuel Amuriza López.
Río Tajo y Hospital Tavera desde la playa de Safont en mayo de 1914. Autocromo de Manuel Amuriza López.

Uno podría pasarse horas contemplándola. A mi modo de ver, los detalles más curiosos son los siguientes: por un lado, al tratarse de la primera fotografía a color conocida del Hospital Tavera, parece confirmarse que en 1914 aún conservaba buena parte de las tejas negras vidriadas originales que en 1600 fueron fabricadas en un taller de Chinchón con el objetivo de que el templo tuviera una cubierta negra, en señal de luto pues este impresionante edificio fue concebido como un gigantesco túmulo funerario del Cardenal Tavera:
Hospital Tavera desde la playa de Safont en mayo de 1914. Autocromo de Manuel Amuriza López (detalle)

Hay que recordar que en estos días está finalizando la restauración del edificio, dirigida por el arquitecto José Ramón de la Cal y el arqueólogo Jorge Morín, quienes magistralmente han identificado este hecho y se han esforzado en recuperar el aspecto original del templo sustituyendo las tejas árabes que en sucesivas reformas habían ocupado el lugar de las negras vidriadas originales desfigurando ese carácter funerario. La clave para confirmar que las tejas originales eran negras y vidriadas fue el hallazgo en el libro de obras que conserva la Casa Ducal de Medinaceli, del año 1601, en cuya página 8 se puede leer:
«A treynta y un dias de el mes de Agosto de 1601 años dio pago Diego de la sierra Pagador a Juan Cabello Ximenez vecino de la villa de chinchon quarenta y un mil y quatrocientos y ochenta mrs que ovo de haber a quenta de la teja de vedrio negro que esta obligado a traer al hospital para cubrir su capilla Mayor y firmolo de su nombre».

Otra de las curiosidades destacadas de la fotografía es poder ver por vez primera a color real la olmeda de Ulmus minor, es decir, el olmo ibérico autóctono, que aún hoy crece en la orilla derecha del Tajo justo antes del puente de Alcántara. Esta olmeda debería contar con la debida protección ambiental en nuestros días pues es una de las pocas que ha resistido a la devastadora enfermedad de la grafiosis que ha acabado con la mayoría de los olmos autóctonos de España en las últimas décadas:
Olmeda de Ulmus minor (olmo ibérico autóctono) vista desde la playa de Safont en mayo de 1914. Autocromo de Manuel Amuriza López.

Por último, quiero destacar la presencia rojiza del típico alcaén, la arcilla que predomina en la zona norte de la ciudad, antesala de la comarca de La Sagra, que aparece aquí muy claramente en un talud del barrio de las Covachuelas, formando parte de la orilla primitiva del Tajo cuando en este punto se ensanchaba sobremanera hasta fluir en dos brazos diferenciados dejando en el centro la famosa Isla de Antolínez. Era el punto en el que, debido a la anchura del río, su profundidad era muy escasa buena parte del año, lo que permitía vadearlo, dando lugar a la presencia de la Puerta del Vado, hoy inexplicablemente enterrada a la espera de que alguien se decida de una vez a exhumar un monumento del siglo XI oculto bajo siete metros de sedimentos y escombros. Esa isla de Antolínez fue secada a comienzos del siglo XIX para dejar un único brazo de agua en el río.
Alcaén en las inmediaciones de las Covachuelas visto desde la playa de Safont en mayo de 1914. Autocromo de Manuel Amuriza López.

Esperando que esta foto de Manuel Amuriza os haya gustado tanto como a mi, me despido con la foto también a color que solo un mes después tomó casi en el mismo lugar el gran Auguste Léon por encargo de Albert Kahn:
Playa de Safont con el Hospital Tavera al fondo entre el 15 y el 17 de junio de 1914. Autocromo de Auguste Léon. © Musée Albert-Kahn - Département des Hauts-de-Seine

domingo, 14 de enero de 2018

Una sensacional herramienta para comparar el ayer y el hoy de Toledo gracias a David Blázquez

Conocer a David Blázquez ha sido una de las mejores cosas que me han sucedido desde que comencé con el proyecto Toledo Olvidado. El destino quiso que por motivos profesionales nuestras vidas se cruzaran más o menos cuando comencé a desarrollar el blog. Pasaron unos años hasta que, en 2012, decidí dar el salto al papel para publicar el primer libro. Fue entonces cuando no dudé un solo instante en elegir a David como editor: en aquellos años ya me había demostrado su profesionalidad, su talento y su fiabilidad, basada en formar un tándem casi perfecto con el no menos genial Toté Moreno. Para más inri, la tercera pata de su equipo, mi admirado Jero Romero, me dio sus sabios consejos como pionero del micromecenazgo, que me ayudaron mucho a planificar bien la campaña en Verkami.
El resultado ya lo pudisteis ver: ellos dieron forma, con su excepcional edición, al libro que siempre soñé hacer. Un libro con mis textos y las fotografías que yo seleccioné, pero que hubiese sido infinitamente peor sin su maquetación, sin su escrupulosidad al dar a las fotos el mejor balance cromático, sin su cariño al elegir tipografías, sin su generosidad al no escatimar en el mejor papel, la mejor tinta y la mejor encuadernación (gracias también al impresor Paco del Valle), sin sus consejos y sin su saber hacer. Ese primer libro, y los tres que le han sucedido, todos ellos editados por DB, llevan su sello como editores por fortuna para mí. Porque hasta el mejor de los libros, sin un buen editor, queda en un libro mediocre.
Pero David Blázquez no solo lidera magistralmente su editorial, sino que es probablemente el mejor fotógrafo de arte de España en nuestros días y uno de los más destacados también en paisajes y etnografía.
La pasada primavera, al sopesar qué recompensas entregar a los mecenas que financiasen el libro conmemorativo "Toledo Olvidado-10 Años", decidí lanzarme con algo que tenía en la cabeza hace tiempo: utilizar la ya antigua tecnología de impresión lenticular para intentar algo que nadie había hecho (al menos que yo sepa) para mostrar en un mismo documento impreso el antes y el después de un mismo lugar. Para ello era necesario de nuevo contar con un fotógrafo que fuese capaz de localizar el lugar exacto en el que las viejas fotografías fueron tomadas y, por si eso fuera poco, lograr los mismos encuadres, enfoques, angulares y ópticas de modo que el efecto lenticular mostrase al espectador el antes y el después con la mayor fidelidad posible. Creedme que lograr eso, con algunas de las fotografías con más de 150 años de antigüedad obtenidas con cámaras y aparejos fotográficos muy diferentes de los hoy utilizados, era un reto verdaderamente complicado. Evidentemente, a estas alturas, ya sabéis a quién encomendé esta labor.
David Blázquez y yo acordamos qué 24 lugares y perspectivas de Toledo eran las elegidas para deleitar a los mecenas que se decidiesen por obtener esta recompensa y, la verdad, es que el resultado es absolutamente espectacular, mejor incluso que el que imaginé. David hizo un trabajo titánico para cuadrar las 24 comparativas y la impresión lenticular logró algo casi mágico, una verdadera máquina del tiempo toledana, como se aprecia en este ejemplo:


No contento con ello, David indagó hasta dar con la herramienta informática que permite visualizar estas comparativas en la pantalla del ordenador, pudiendo incluso hacer zoom solidariamente en ambas partes, la antigua y la moderna, de modo que se amplía la misma parte de la perspectiva en el ayer y en el hoy. Y logró una maravilla tal, que hoy os la traigo en esta entrada especial en el que el protagonista es él y su enorme trabajo. Os dejo con el enlace a la sección que ha creado en su web para poder ver en vuestras pantallas las 24 comparativas que los mecenas del libro tienen en formato impreso lenticular (aprovecho para comentaros que David tiene disponible una muy reducida cantidad de estas postales que fueron imprimidas en la misma serie). ¡Gracias por todo David, es un placer trabajar a vuestro lado!
PINCHAD AQUÍ: COMPARATIVAS DEL AYER Y EL HOY DE TOLEDO EN LA WEB DE DAVID BLÁZQUEZ
© TOLEDO OLVIDADO
Maira Gall