viernes, 24 de octubre de 2014

Toledo a mediados del siglo XX fotografiado por Roberto Kallmeyer

Hoy es para mí un día muy feliz, no solo porque mi hijo mayor cumple cinco años, sino porque tengo el placer de ofreceros una serie de imágenes sensacionales de un modo especial y diferente al habitual. Hoy Segovia y Toledo, dos ciudades hermanas y con enormes analogías -ambas castellanas, ambas históricas, ambas monumentales- van a disfrutar de manera sincronizada de las fotografías tomadas a mediados del siglo XX por un fotógrafo excepcional y con una historia vital interesantísima: Roberto Kallmeyer. Gracias al trabajo de investigación, al tesón y a la generosidad del fotohistoriador y amigo Aku Estebaranz, responsable del blog Arqueología de Imágenes -un proyecto que siento también casi como hermano por su similitud con el mío- hoy ven la luz simultáneamente decenas de imágenes tomadas en nuestra ciudad y en Segovia por este fotógrafo.
Roberto Kallmeyer nació en Madrid el 6 de diciembre de 1915 y fue un fotógrafo y técnico de artes gráficas español tan sorprendente como desconocido.
Roberto Kallmeyer hacia 1935

Su padre, el alemán Otto Kallmeyer, dirigía la empresa familiar, Gráficas Kallmeyer, desde su llegada a Madrid en 1914. Roberto recibió una educación encaminada hacia su futuro en la gestión de la empresa familiar. De este modo fue enviado a completar sus estudios a Alemania, matriculándose en la prestigiosa Escuela Técnica Superior de Artes Gráficas y de la Reproducción Artística en Leipzig entre 1933 y 1935 y también en la mítica Escuela Superior de Fotografía Reimann Schule en Berlín entre 1935 y 1936. Su formación, unida a su perfecto manejo de tres idiomas, -castellano, alemán y francés-, hicieron de Roberto un extraordinario técnico.
En su obra fotográfica se aprecian dos líneas: una aplicada a las artes gráficas, con trabajos de gran repercusión, y otra personal donde refleja sus aficiones y registra sus experiencias vitales. Como ejemplo de su extensa y variada obra destacan sus espléndidas reproducciones de la obra gráfica de Goya así como las espectaculares imágenes obtenidas en su paso por la Legión Cóndor durante la guerra civil española (1936-1939). Se puede decir que la fotografía acompañó a Roberto Kallmeyer a lo largo de toda su vida.
Sus fotografías son un híbrido entre sus dos mundos. Ya en la década de los años 50, Roberto es un incansable viajero y es el máximo responsable artístico de la empresa. Recibe el encargo de la empresa Viuda de J. Martín, propietaria de los caramelos Embajadora, de hacer algo innovador para potenciar su venta. Kallmeyer les ofrece la realización de una colección de cromos con vistas fotográficas de España que se incluirían en los paquetes de caramelos. La colección con los primeros cien cromos fue comercializada hacia el año 1957, según la publicidad del diario ABC, y es la primera de estas características realizada en España.
Para este trabajo Roberto utilizó material de su archivo en la confección de la colección y la completó con viajes específicos a lugares que según su criterio debían incluirse. En estos últimos, al tener ya un propósito determinado, trabajaba sólo con los lugares seleccionados. Kallmeyer se ocupó de todas las etapas del trabajo: la toma de las fotografías, su selección, así como el diseño y todas las fases de impresión. Fueron fotografías de elevada calidad técnica: son negativos bien expuestos, revelados y conservados. En su mayoría fueron realizados con película de 35 mm. y cámara Contax. Destaca también el manejo de la luz, eligiendo y resolviendo situaciones de luz complicadas, con el sol casi de frente.
Sus fotografías tomadas en Toledo corresponden a varias visitas, todas ellas realizadas en torno a 1950.
El grupo de imágenes más numeroso es el correspondiente a la procesión del Corpus del año 1951. La datación la pude efectuar gracias a un curioso detalle que aparece en esta fotografía de la procesión en la Plaza Mayor: el cartel de la corrida de toros de ese año. Al ampliarla se puede leer que los toreros eran Antonio Velázquez, Manolo González, Rafael Rodríguez y Rafael Ortega, que se corresponden con el cartel de 1951:
Corpus Christi de 1951 en Toledo. Fotografía de Roberto Kallmeyer © Filmoteca de Castilla y León. Fondo Arqueología de Imágenes

Kallmeyer retrató de manera formidable el paso de la custodia por las calles más bellas del recorrido: Martín Gamero, Tornerías, Alfileritos, Comercio, Plaza de San Vicente, Los Jesuítas...
Corpus Christi de 1951 en Toledo. Fotografía de Roberto Kallmeyer © Filmoteca de Castilla y León. Fondo Arqueología de Imágenes
Corpus Christi de 1951 en Toledo. Fotografía de Roberto Kallmeyer © Filmoteca de Castilla y León. Fondo Arqueología de Imágenes
Corpus Christi de 1951 en Toledo. Fotografía de Roberto Kallmeyer © Filmoteca de Castilla y León. Fondo Arqueología de Imágenes
Corpus Christi de 1951 en Toledo. Fotografía de Roberto Kallmeyer © Filmoteca de Castilla y León. Fondo Arqueología de Imágenes
Corpus Christi de 1951 en Toledo. Fotografía de Roberto Kallmeyer © Filmoteca de Castilla y León. Fondo Arqueología de Imágenes
Corpus Christi de 1951 en Toledo. Fotografía de Roberto Kallmeyer © Filmoteca de Castilla y León. Fondo Arqueología de Imágenes
Corpus Christi de 1951 en Toledo. Fotografía de Roberto Kallmeyer © Filmoteca de Castilla y León. Fondo Arqueología de Imágenes
Corpus Christi de 1951 en Toledo. Fotografía de Roberto Kallmeyer © Filmoteca de Castilla y León. Fondo Arqueología de Imágenes
Corpus Christi de 1951 en Toledo. Fotografía de Roberto Kallmeyer © Filmoteca de Castilla y León. Fondo Arqueología de Imágenes
Corpus Christi de 1951 en Toledo. Fotografía de Roberto Kallmeyer © Filmoteca de Castilla y León. Fondo Arqueología de Imágenes
Corpus Christi de 1951 en Toledo. Fotografía de Roberto Kallmeyer © Filmoteca de Castilla y León. Fondo Arqueología de Imágenes
Corpus Christi de 1951 en Toledo. Fotografía de Roberto Kallmeyer © Filmoteca de Castilla y León. Fondo Arqueología de Imágenes

Aquí inmortalizó a un grupo de personas en un balcón. Estoy seguro de que alguno de vosotros identificará rostros conocidos en esta imagen:
Grupo de personas en un balcón en el Corpus Christi de 1951 en Toledo. Fotografía de Roberto Kallmeyer © Filmoteca de Castilla y León. Fondo Arqueología de Imágenes

Son preciosas las fotografías de la Plaza de Zocodover, con la curiosidad de poder ver aún la sede de Seguros Soliss en el edificio que luego adquirió la Caja de Toledo y actualmente ocupa Banco CCM-Liberbank:
Corpus Christi de 1951 en Toledo. Fotografía de Roberto Kallmeyer © Filmoteca de Castilla y León. Fondo Arqueología de Imágenes
Corpus Christi de 1951 en Toledo. Fotografía de Roberto Kallmeyer © Filmoteca de Castilla y León. Fondo Arqueología de Imágenes

Se pueden ver personas conocidas como por ejemplo a la izquierda de estas fotografías, con bigote y de reducida estatura, el genial rejero Julio Pascual:
Corpus Christi de 1951 en Toledo. Fotografía de Roberto Kallmeyer © Filmoteca de Castilla y León. Fondo Arqueología de Imágenes
Corpus Christi de 1951 en Toledo. Fotografía de Roberto Kallmeyer © Filmoteca de Castilla y León. Fondo Arqueología de Imágenes

Más fotos de Zocodover:
Corpus Christi de 1951 en Toledo. Fotografía de Roberto Kallmeyer © Filmoteca de Castilla y León. Fondo Arqueología de Imágenes
Corpus Christi de 1951 en Toledo. Fotografía de Roberto Kallmeyer © Filmoteca de Castilla y León. Fondo Arqueología de Imágenes
Corpus Christi de 1951 en Toledo. Fotografía de Roberto Kallmeyer © Filmoteca de Castilla y León. Fondo Arqueología de Imágenes
Corpus Christi de 1951 en Toledo. Fotografía de Roberto Kallmeyer © Filmoteca de Castilla y León. Fondo Arqueología de Imágenes
Corpus Christi de 1951 en Toledo. Fotografía de Roberto Kallmeyer © Filmoteca de Castilla y León. Fondo Arqueología de Imágenes
Corpus Christi de 1951 en Toledo. Fotografía de Roberto Kallmeyer © Filmoteca de Castilla y León. Fondo Arqueología de Imágenes
Corpus Christi de 1951 en Toledo. Fotografía de Roberto Kallmeyer © Filmoteca de Castilla y León. Fondo Arqueología de Imágenes

Kallmeyer retrató de cerca al cardenal Enrique Plá y Deniel:
El Cardenal Pla y Deniel en el Corpus Christi de 1951 en Toledo. Fotografía de Roberto Kallmeyer © Filmoteca de Castilla y León. Fondo Arqueología de Imágenes
El Cardenal Pla y Deniel en el Corpus Christi de 1951 en Toledo. Fotografía de Roberto Kallmeyer © Filmoteca de Castilla y León. Fondo Arqueología de Imágenes
El Cardenal Pla y Deniel en el Corpus Christi de 1951 en Toledo. Fotografía de Roberto Kallmeyer © Filmoteca de Castilla y León. Fondo Arqueología de Imágenes
El Cardenal Pla y Deniel en el Corpus Christi de 1951 en Toledo. Fotografía de Roberto Kallmeyer © Filmoteca de Castilla y León. Fondo Arqueología de Imágenes

Son sensacionales las fotografías de la procesión en el entorno de la Catedral:
Corpus Christi de 1951 en Toledo. Fotografía de Roberto Kallmeyer © Filmoteca de Castilla y León. Fondo Arqueología de Imágenes
Corpus Christi de 1951 en Toledo. Fotografía de Roberto Kallmeyer © Filmoteca de Castilla y León. Fondo Arqueología de Imágenes
Corpus Christi de 1951 en Toledo. Fotografía de Roberto Kallmeyer © Filmoteca de Castilla y León. Fondo Arqueología de Imágenes
Corpus Christi de 1951 en Toledo. Fotografía de Roberto Kallmeyer © Filmoteca de Castilla y León. Fondo Arqueología de Imágenes
Corpus Christi de 1951 en Toledo. Fotografía de Roberto Kallmeyer © Filmoteca de Castilla y León. Fondo Arqueología de Imágenes
Corpus Christi de 1951 en Toledo. Fotografía de Roberto Kallmeyer © Filmoteca de Castilla y León. Fondo Arqueología de Imágenes
Corpus Christi de 1951 en Toledo. Fotografía de Roberto Kallmeyer © Filmoteca de Castilla y León. Fondo Arqueología de Imágenes
Corpus Christi de 1951 en Toledo. Fotografía de Roberto Kallmeyer © Filmoteca de Castilla y León. Fondo Arqueología de Imágenes

Aquí vemos los niños ataviados para la procesión en uno de los patios del templo primado:
Niños en un patio de la Catedral durante el Corpus Christi de 1951 en Toledo. Fotografía de Roberto Kallmeyer © Filmoteca de Castilla y León. Fondo Arqueología de Imágenes

Al margen del reportaje del Corpus de 1951 las fotografías de Kallmeyer en Toledo ofrecen otras estupendas vistas. Una prueba de que estuvo varias veces son estas fotos del Castillo de San Servando antes y después de su restauración:
Castillo de San Servando en Toledo a mediados del siglo XX. Fotografía de Roberto Kallmeyer © Filmoteca de Castilla y León. Fondo Arqueología de Imágenes
Castillo de San Servando en Toledo a mediados del siglo XX. Fotografía de Roberto Kallmeyer © Filmoteca de Castilla y León. Fondo Arqueología de Imágenes

Son fenomenales las tomas del Puente de Alcántara:
Puente de Alcántara en Toledo a mediados del siglo XX. Fotografía de Roberto Kallmeyer © Filmoteca de Castilla y León. Fondo Arqueología de Imágenes
Puente de Alcántara y Castillo de San Servando en Toledo a mediados del siglo XX. Fotografía de Roberto Kallmeyer © Filmoteca de Castilla y León. Fondo Arqueología de Imágenes

Mirad que maravillosas tomas del Tajo en la Playa de Safont:
El Tajo y la Playa de Safont en Toledo a mediados del siglo XX. Fotografía de Roberto Kallmeyer © Filmoteca de Castilla y León. Fondo Arqueología de Imágenes
Huerta y Playa de Safont junto al Tajo en Toledo a mediados del siglo XX. Fotografía de Roberto Kallmeyer © Filmoteca de Castilla y León. Fondo Arqueología de Imágenes

Aquí vemos la Huerta del Granadal con Tavera al fondo, pudiendo apreciarse aún el edificio de la Escuela Normal de la Vega:
Huerta del Granadal y Hospital Tavera en Toledo a mediados del siglo XX. Fotografía de Roberto Kallmeyer © Filmoteca de Castilla y León. Fondo Arqueología de Imágenes

Las callejas típicas también tienen su hueco en la obra de Kallmeyer. Aquí las travesías de Santa Úrsula y Santa Isabel:
Callejón de Santa Úrsula en Toledo a mediados del siglo XX. Fotografía de Roberto Kallmeyer © Filmoteca de Castilla y León. Fondo Arqueología de Imágenes
Travesía de Santa Isabel en Toledo a mediados del siglo XX. Fotografía de Roberto Kallmeyer © Filmoteca de Castilla y León. Fondo Arqueología de Imágenes

Es fenomenal la serie de detalles de la Catedral, destacando las fotografías de la fachada principal:
Fachada de la Catedral en Toledo a mediados del siglo XX. Fotografía de Roberto Kallmeyer © Filmoteca de Castilla y León. Fondo Arqueología de Imágenes
Vista de la fachada de la Catedral en Toledo a mediados del siglo XX. Fotografía de Roberto Kallmeyer © Filmoteca de Castilla y León. Fondo Arqueología de Imágenes
Fachada de la Catedral en Toledo a mediados del siglo XX. Fotografía de Roberto Kallmeyer © Filmoteca de Castilla y León. Fondo Arqueología de Imágenes
Fachada de la Catedral en Toledo a mediados del siglo XX. Fotografía de Roberto Kallmeyer © Filmoteca de Castilla y León. Fondo Arqueología de Imágenes
Fachada de la Catedral en Toledo a mediados del siglo XX. Fotografía de Roberto Kallmeyer © Filmoteca de Castilla y León. Fondo Arqueología de Imágenes
Fachada de la Catedral en Toledo a mediados del siglo XX. Fotografía de Roberto Kallmeyer © Filmoteca de Castilla y León. Fondo Arqueología de Imágenes
Fachada de la Catedral en Toledo a mediados del siglo XX. Fotografía de Roberto Kallmeyer © Filmoteca de Castilla y León. Fondo Arqueología de Imágenes
Cúpula de la capilla mozárabe de la Catedral en Toledo a mediados del siglo XX. Fotografía de Roberto Kallmeyer © Filmoteca de Castilla y León. Fondo Arqueología de Imágenes
Fachada de la Catedral en Toledo a mediados del siglo XX. Fotografía de Roberto Kallmeyer © Filmoteca de Castilla y León. Fondo Arqueología de Imágenes
Fachada de la Catedral en Toledo a mediados del siglo XX. Fotografía de Roberto Kallmeyer © Filmoteca de Castilla y León. Fondo Arqueología de Imágenes
Detalles de la fachada de la Catedral en Toledo a mediados del siglo XX. Fotografía de Roberto Kallmeyer © Filmoteca de Castilla y León. Fondo Arqueología de Imágenes

Aquí vemos buenas tomas de la torre:
Torre de la Catedral en Toledo a mediados del siglo XX. Fotografía de Roberto Kallmeyer © Filmoteca de Castilla y León. Fondo Arqueología de Imágenes
Torre de la Catedral en Toledo a mediados del siglo XX. Fotografía de Roberto Kallmeyer © Filmoteca de Castilla y León. Fondo Arqueología de Imágenes
Torre de la Catedral en Toledo a mediados del siglo XX. Fotografía de Roberto Kallmeyer © Filmoteca de Castilla y León. Fondo Arqueología de Imágenes

La Puerta de los Leones:
Puerta de los Leones de la Catedral en Toledo a mediados del siglo XX. Fotografía de Roberto Kallmeyer © Filmoteca de Castilla y León. Fondo Arqueología de Imágenes
Puerta de los Leones de la Catedral en Toledo a mediados del siglo XX. Fotografía de Roberto Kallmeyer © Filmoteca de Castilla y León. Fondo Arqueología de Imágenes
Puerta de los Leones de la Catedral en Toledo a mediados del siglo XX. Fotografía de Roberto Kallmeyer © Filmoteca de Castilla y León. Fondo Arqueología de Imágenes
Puerta de los Leones de la Catedral en Toledo a mediados del siglo XX. Fotografía de Roberto Kallmeyer © Filmoteca de Castilla y León. Fondo Arqueología de Imágenes
Puerta de los Leones de la Catedral en Toledo a mediados del siglo XX. Fotografía de Roberto Kallmeyer © Filmoteca de Castilla y León. Fondo Arqueología de Imágenes

Una preciosa vista desde la Puerta Llana:
Zona superior de la Puerta Llana de la Catedral en Toledo a mediados del siglo XX. Fotografía de Roberto Kallmeyer © Filmoteca de Castilla y León. Fondo Arqueología de Imágenes

Esta es la Puerta del Reloj:
Puerta del Reloj de la Catedral en Toledo a mediados del siglo XX. Fotografía de Roberto Kallmeyer © Filmoteca de Castilla y León. Fondo Arqueología de Imágenes

Genial es esta fotografía de la Plaza del Ayuntamiento. A la izquierda el edificio de la Audiencia -antigua casa del Deán- con su aspecto anterior a la reforma que hoy contemplamos. La plaza aún tenía arbolado y una fuente en el centro:
Plaza del Ayuntamiento en Toledo a mediados del siglo XX. Fotografía de Roberto Kallmeyer © Filmoteca de Castilla y León. Fondo Arqueología de Imágenes

Aquí tenemos el acceso al ayuntamiento. Curiosamente en los próximos meses se van a realizar obras para mejorar la accesibilidad que eliminen los escalones que existen. Como vemos en la imagen, a mediados del siglo XX la calle era totalmente accesible y no presentaba escalones:
Plaza del Ayuntamiento hacia el Pasadizo de Balaguer en Toledo a mediados del siglo XX. Fotografía de Roberto Kallmeyer © Filmoteca de Castilla y León. Fondo Arqueología de Imágenes

El Hospital de Santa Cruz:
Hospital de Santa Cruz en Toledo a mediados del siglo XX. Fotografía de Roberto Kallmeyer © Filmoteca de Castilla y León. Fondo Arqueología de Imágenes
Escalera del Hospital de Santa Cruz en Toledo a mediados del siglo XX. Fotografía de Roberto Kallmeyer © Filmoteca de Castilla y León. Fondo Arqueología de Imágenes

Aquí vemos un grupo de personas en una fuente, probablemente en el Valle:
Grupo de personas en una fuente en Toledo a mediados del siglo XX. Fotografía de Roberto Kallmeyer © Filmoteca de Castilla y León. Fondo Arqueología de Imágenes

Una vista general de la ciudad:
Vista general deToledo a mediados del siglo XX. Fotografía de Roberto Kallmeyer © Filmoteca de Castilla y León. Fondo Arqueología de Imágenes

La Ermita del Valle:
Ermita del Valle y Torno del Tajo en Toledo a mediados del siglo XX. Fotografía de Roberto Kallmeyer © Filmoteca de Castilla y León. Fondo Arqueología de Imágenes

Cerca de Toledo, Kallmeyer fotografió el Castillo de Guadamur:
Castillo de Guadamur en Toledo a mediados del siglo XX. Fotografía de Roberto Kallmeyer © Filmoteca de Castilla y León. Fondo Arqueología de Imágenes
Castillo de Guadamur en Toledo a mediados del siglo XX. Fotografía de Roberto Kallmeyer © Filmoteca de Castilla y León. Fondo Arqueología de Imágenes
Castillo de Guadamur en Toledo a mediados del siglo XX. Fotografía de Roberto Kallmeyer © Filmoteca de Castilla y León. Fondo Arqueología de Imágenes
Castillo de Guadamur en Toledo a mediados del siglo XX. Fotografía de Roberto Kallmeyer © Filmoteca de Castilla y León. Fondo Arqueología de Imágenes

Tras una larga vida marcada por la fotografía, Roberto Kallmeyer murió en Madrid el 14 de abril de 2004 a los 89 años de edad. A buen seguro poco a poco se irá dando a conocer el inmenso legado fotográfico que dejó, obtenido en los más diversos escenarios durante décadas y de una calidad y valor documental deslumbrantes.
Esperando que este pequeño hermanamiento fotográfico con Segovia os haya gustado solo me resta agradecer de nuevo a Aku Estebaranz su estupendo trabajo en la recuperación y divulgación de la obra de Kallmeyer.

9 comentarios

Maravillas España dijo...

PRECIOSO ALBUM.ENHORABUENA.

Anónimo dijo...

Nos encontramos ante otra impresionante entrega de Toledo Olvidado. La mayoría de mis comentarios los voy a referir, e identificar en mi recuerdo, a las personas –clérigos y políticos, sobre todo, en la procesión del Corpus– que a mi corta edad de 11 años ya quedaron durante mucho tiempo, como personajes notables de la ciudad, incorporados a mi vivencia de la misma.
En la primera fotografía, ya la Custodia en la Plaza Mayor, a la altura del Teatro Rojas, preceden al Sacramento don Acacio Marqueño, tío de mis buenos amigos los hermanos Hueso Marqueño, y cuyo recuerdo, para mi biografía personal, tiene el valor de haber sido el cura párroco de San Justo que ofició mi bautismo. Muy poco detrás identifico a don Juan Francisco Rivera Recio, canónigo de gran erudición y prestigio, que durante muchos años ocupó, entre otros cargos tanto eclesiásticos como civiles, el puesto de Archivero-Bibliotecario de la Catedral. Y ya casi al pie de la Custodia, don Manuel de la Fuente, sacerdote de humildísima condición, del que se aseguraba, por ser tan escrupuloso en su interpretación de los ritos litúrgicos, que repetía varias veces la fórmula de la consagración, al dudar de que sólo una, fuese suficiente para la transustanciación del pan y del vino. Y debía ser cosa cierta por la larga duración de las misas que celebraba, casi siempre la de 11 en la catedralicia Capilla de Santiago, con notable desasosiego de los fieles acosados, a pesar de ser domingo, por alguna urgencia.
De la siguiente fotografía, en la que de nuevo vemos a don Manuel, nos aparece la figura del canónigo don Luis Casañas Guasch, Maestro de Ceremonias de la Catedral, y que durante bastantes años fue clérigo de gran influencia en el Cabildo. La procesión entra en ese momento en la calle de Martín Gamero, esquina con la de Tornerías, hoy impropiamente llamada por algunos, de Las Pescaderías. He oído semejante exhibición de desconocimiento de la historia de las calles de Toledo, no hace muchos años, incluso a un candidato a la alcaldía de la ciudad. Bien que lamentaría tal “despiste” el siempre recordado amigo don Julio Porres. En la fotografía se ve perfectamente la puerta entreabierta de la carnicería de “la señá Pascuala”, uno de los establecimientos más veteranos entonces de la calle y en el que se vendía toda la caza de los alrededores cigarraleros. Tuvo la pobre la desgracia de que uno de sus hijos muriera en el Tajo, al tirarse de cabeza a las aguas, en un paraje próximo al Cerro del Bú, y chocar trágicamente con una piedra del cauce del río.
En la siguiente foto, al enfilar ya la procesión su llegada a Las Cuatro Calles –en realidad cinco, si contamos Cordonerías–, es curioso observar, fotografiados de espaldas, a los clérigos que “procesionan”, (¡qué horror de palabra, además no aceptada todavía por la Real Academia!), y comprobar en sus testas que la canónica tonsura, (círculo rasurado en la coronilla, dice el Diccionario), de algunos contrasta con otras en las que la simple y pura calvicie ya ha realizado esta tarea previa en el acceso a las Órdenes Sagradas. A la derecha de la escena quedaba, con permiso de una colgadura de mantón de Manila, el Bar Alcázar, que apenas podía anunciar en su cartel sus “vinos, licores y cocina manchega”.
Pero antes, en la foto siguiente, habremos podido distinguir, casi señalado por el machete del cadete que forma la guardia de la Custodia, el rótulo de la Pescadería del señor Donato –Donato Rodríguez–, establecimiento también muy popular del comercio de la zona. Con la guasa propia del toledanismo más chungón se decía que Donato servía la mejor merluza de Toledo, porque era la que se administraba a alguien cuando se ponía enfermo, a lo que el guasón de turno, pensando en las carencias económicas de la época, respondía con sorna que “una de dos, o estaba muy malo el enfermito o estaba muy mala la merluza”.
En un siguiente comentario, continuaré con estas identificaciones de personas y sitios del recorrido procesional del Corpus toledanque tan magistralmente nos legó el gran Roberto Kallmeyer.

Ricardo Sánchez Candelas dijo...

Para continuar, corrijo mi error del involuntario anonimato del comentario anterior.
Siguiendo esta secuencia fotográfica del Corpus toledano, la procesión con la Custodia entran ya en la Calle Ancha, y Kallmeyer nos deja el recuerdo del bazar de Díaz-Marta. Creo recordar haber hecho ya algún comentario nostálgico sobre este otro templo de nuestros sueños infantiles de esos juguetes que, embelesados, mirábamos en el escaparate, ahora cerrado, y que los Reyes Magos nunca nos trajeron, quizá porque sospecharan que de mayores íbamos a ser republicanos. Los mismos clérigos ya mencionados, otros más jóvenes con el báculo arzobispal y demás adminículos sagrados, parecía que difícilmente podrían abrirse paso entre las bayonetas que, encastradas en los fusiles Mauser de los soldados, en posición de “rindan armas”, cubrían la carrera.
Pero minutos antes, la Custodia, con su mismo cortejo clerical, tenía que haber llegado a ese punto crucial de encuentro entre Las Cuatro Calles y la de Martín Gamero, lugar del que don Gregorio Marañón nos afirma ser el preferido por Benito Pérez Galdós, al que tanto acompañó de anfitrión y cicerone, para la contemplación de la procesión. La foto de Kallmeyer nos quiere dejar también otro recuerdo de ese reducido escenario: allí aparece, a la derecha de la imagen, la tienda de electricidad y radio del señor Blanco, donde compraríamos nuestros primeros “vinilos” del legendario Paul Anka y la versión romanticona del “Come prima” de Los Cinco Latinos. Si el genial fotógrafo hubiese retrocedido en su enfoque de esta instantánea un par de metros más, y sobre la misma acera del comercio de Blanco, nos habríamos encontrado con otro lugar de memoria irrenunciable. Era el estanco del señor Gómez. Le recuerdo, con su aspecto bonachón y siempre sonriente, embutido en un blusón gris, como la más exacta expresión de la bondad personificada. De sus hijos, todos gente estupenda, era compañero mío en los Maristas y gran amigo, Paco Gómez Cañamero, uno de los ejemplares humanos más inteligentes y con mejor y más sarcástico sentido del humor que yo he conocido en mi vida.
La escena, con la Custodia como motivo central, se cierra al fondo, en el chaflán que forman las calles de Hombre de Palo y de la Feria o Chapinería –esencia pura del Alcaná más cervantino–, con el comercio de coloniales del señor Reguilón, otro “histórico” de la época.

H. Barrero dijo...

Muchas gracias a Ricardo Sánchez Candelas por los comentarios. Creo que somos de la misma y edad y recordamos a algunos de las personas que aparecen en las fotos. Las fotos son un tesoro y los comentarios una vuelta, para muchos de nosotros, a ese tiempo pasado cuando éramos jóvenes. Otro día, con más calma, identificaré a algunos personajes. Un saludo cordial a los dos: padre e hijo. Dos orgullos de Toledo.

Ricardo Sánchez Candelas dijo...

Lo primero de todo, agradecer el generoso elogio que en el comentario anterior nos dedica Hilario Barrero, embajador en Nueva York de lo mejor del toledanismo con origen nada menos que en nuestro Santo Tomé del alma. Nunca García Lorca hubiera imaginado mejor heredero de su poemática vivencia neoyorquina.
En cuanto a edades, no, querido Hilario, aunque la diferencia no sea mucha, ¡qué más quisiera yo que tener todavía tus años! Lo que pasa es que los dos, no sé si como premio o como castigo, aún alcanzamos a ese Toledo en el que –tú lo has comentado alguna vez– parecía que nunca cambiaba nada, que todo –calles, tiendas, bares, ¡hasta las personas, coño!– era eterno, tan inmóvil todo como esos muñecotes vestidos con armaduras medievales, y que en las puertas de nuestros comercios de turismo hacen las delicias de nuestros invasores guiris visitantes, en la seguridad de que posando junto al armado, al menos una parte de la foto no saldrá movida. ¡Cuántas veces la multitud de imágenes que nos viene ofreciendo Eduardo en su Toledo Olvidado nos ha arañado en ese íntimo sentimiento de lo que nos parecía inmutable!
A la vista de que ya creo que nunca se publicará, algún día te remitiré unos cuantos párrafos de una de mis obras inéditas, en uno de cuyos capítulos me dio por elucubrar sobre ese sentimiento con los que esos cambios nos dejan a veces el corazón bastante malherido
En fin, por continuar con mi repaso en la procesión a personas y lugares del extraordinario reportaje de Kallmeyer, me detengo ahora en la llegada de las autoridades a la Plaza Juan de Mariana, para nosotros siempre “los jesuitas”, sin ningún desdoro para el extraordinario e ilustre clérigo talaverano, teólogo e historiador, al fin y al cabo también jesuita.
Por aquellos años, la presidencia oficial del cortejo la solía ostentar el Ministro de Justicia, nada que ver con los ministritos autonómicos de ahora, tan pendientes del “aplausómetro” sea cual sea su color político o su afinidad religiosa. Sería cosa de saber en qué día de aquel 1951 cayó la festividad del Corpus, porque fue precisamente el 18 de julio de aquel año, con toda seguridad ya superada la fecha de nuestra Fiesta Mayor, cuando se produjo el relevo en esta cartera ministerial, ocupada hasta entonces por Raimundo Fernández Cuesta –que es la persona fotografiada– , pasando a ser sustituido por Antonio Iturmendi Bañales. El circunspecto semblante del ministro cesante, con cara de pocos amigos, quizá ya en uno de sus últimos actos con representación oficial, haría pensar que ya era conocedor de su relevo.
Ya en Zocodover, poco antes de girar hacia Sillería, la foto de autoridades nos ofrece un claro contraste para la identificación política. En la fila de la izquierda, más civil, menos oficial, vemos –como nos señala Eduardo– la entrañable figura, de apariencia física casi insignificante, del magnífico orfebre y rejero don Julio Pascual, en su condición de Concejal del Ayuntamiento, cargo al que había accedido en 1948. Unos metros detrás desfilaba, también con atuendo civil, don Genaro Ruiz, otro Concejal toledano muy popular y activo en su gestión municipal. En la fila de la derecha, digamos que la más adicta al Régimen, –todo lo dice su indumentaria–, reconozco a don Abel de la Cruz, otro político de Toledo que en aquellos años tuvo bastante relevancia pública. En el centro de la foto, todos ellos precedidos en la presidencia del grupo por quien a la sazón era Gobernador Civil de la Provincia, don Andrés Marín Martín, muy significado partícipe de la defensa del Alcázar en la guerra civil y que con anterioridad ya había ocupado la alcaldía toledana. El letrero de la aseguradora Plus Ultra, que preside en un balcón el fondo de la escena, podría parecer una pura alusión circunstancial al conjunto del fotograma.
Dejo aquí la descripción e identificaciones para proseguirlas en el siguiente comentario.

Ricardo Sánchez Candelas dijo...

La entrada de las autoridades del Régimen en Zocodover, con el Café Español como telón de fondo –¡ay, con su desaparición supimos que era otro de los telones de fondo de nuestra propia juventud!–, es también muy reveladora. Identifico en la presidencia del grupo al señor Rodríguez Bolonio, Presidente de la Diputación y al Diputado Provincial don Pablo Ortega, muy apreciado en Toledo, que en la siguiente foto, casi en paralelo en la otra fila, es acompañado por don José Conde Alonso, con gafas de sol, falangista de la primera hora, defensor del Alcázar, quien también era por entonces miembro de la Corporación provincial. Unos años más tarde, en 1955 ocuparía el sillón de la alcaldía de la ciudad.
No debemos desaprovechar estas series fotográficas para dejar también alguna reseña histórica de aquellos años. Lo hago ahora al mencionar a don José Conde Alonso, padre de mi buen amigo José Luis Conde Olasagasti, para resaltar como mérito de su historial político su frontal oposición al entonces sólo proyectado trasvase Tajo-Segura. Aunque no era el único discrepante de este disparatado proyecto, ser alcalde del Régimen y oponerse de manera tan firme y comprometida a aquella obra tan representativa –emblemática se diría ahora– del mismo, no era cosa precisamente fácil. El señor Conde Alonso lo hizo. Y lo hizo además, lo cual añadía mérito a su oposición, a través de sus frecuentes contactos epistolares con persona tan radicalmente distinta de su credo político como era el también toledano Ingeniero de Caminos Manuel Díaz-Marta, por entonces exiliado por haber pertenecido al bando perdedor de la guerra, (en el supuesto de que todos no hubieran sido perdedores en aquella barbarie colectiva). Hermano de Manolo Díaz-Marta era Gregorio, Goyo para sus muchos amigos, propietario del bazar de la Calle Ancha ya mencionado en anteriores comentarios. Se carteaban Manolo Díaz-Marta y Conde argumentando el primero, desde sus importantes conocimientos en materia hidráulica, las razones que su ilustre paisano debería hacer valer para mantener su oposición al trasvase. Por gentileza de su hijo Pepe, conservo el original de algunas de aquellas cartas entre estos dos insignes toledanos.
Pasados algunos años, ¡quién me lo iba a decir!, tendría el honor de compartir con Pepe Conde Olasagasti, y con el propio Manolo Díaz-Marta, ya regresado de su exilio, la iniciativa de crear el Equipo Defensa del Tajo. Nunca olvidaré aquella primera reunión fundacional en el Hostal del Cardenal en la que, pletóricos de ideas e ilusiones, no nos podíamos permitir el lujo de pensar que terminábamos de empezar un camino lleno de fracasos y frustraciones: nuestro particular “begin the beguine”, con Cole Porter de acompañante casi eterno.
Bueno, aquí lo dejo. No sé por qué, casi siempre que me pongo al teclado del ordenador, la palabra “río”, la palabra “Tajo” y la palabra “Toledo” escapan de mis manos como un designio inexorable.

Ricardo Sánchez Candelas dijo...

No quisiera terminar esta serie de comentarios sin aludir a alguna fotografía del reportaje de Kallmeyer verdaderamente curiosa. Me detengo muy en particular en esa instantánea en la que la procesión, en su regreso a la Catedral, ya enfila la bajada por Arco de Palacio. Al fondo, en la confluencia entre Hombre de Palo y Nuncio Viejo, en lo que hoy son las dependencias del afamado Restaurante Adolfo, se situaba la oficina principal –y se puede leer el rótulo– del Banco Hispano Americano. Se ve que el lugar ya tenía buenas pulsaciones para las prósperas economías.
Tampoco podría olvidar el comentario sobre la foto de la Puerta de los Leones de la Catedral en la que, en primer plano, aparece un personaje muy singular. No es otro que Luis Rodríguez, el hermano pequeño de la saga –Pablo, Pepe y Luis–, de los formidables fotógrafos toledanos de la histórica Casa Rodríguez. Es más que probable que Kallmeyer, en su estancia toledana como profesional del arte fotográfico, tomara contacto con sus colegas, y hasta quién sabe si no fuesen ellos quienes le prestaran asesoramiento y ayuda en el logro de su extraordinario reportaje sobre Toledo.
Del resto de las instantáneas de este magnífico fotógrafo madrileño de ascendencia alemana casi nada que
añadir a su belleza y perfección técnica. San Servando, el río y sus riberas, la Catedral…son auténticas joyas en las que recrear la vista, con admiración inacabable.

Alberto dijo...

Muchas gracias Edu por el trabajo de investigación, documentación y edición de cada entrada. Esta última, junto a los comentarios de Ricardo, son un ejemplo más de tu dedicación y pasión, algo de lo que podemos aprovecharnos quienes leemos tu blog cada semana. ¡Muchas gracias!

Ana Kallmeyer dijo...

Muchas gracias por esta labor de investigacion. Soy la sobrina de Roberto Kallmeyer. El, mi abuelo y mi tio son responsables de los dos tercios de las fotografias del viejo Madrid. Su taller de artes graficas se llamaba Holotipia Kallmeyer y Gautier y estamos intentando descubrir todo el patrimonio que nos legaron. Muchas fotografias se hallan en el museo de historia de Madrid, pero la gran mayoria esta en manos de coleccionistas.

© TOLEDO OLVIDADO
Maira Gall