domingo, 4 de enero de 2009

El Corral de Don Diego

Don Diego García de Toledo era alguacil mayor de Toledo, Señor de Mejorada, portero mayor del rey Enrique II de Castilla y estaba casado con Costanza Fernández. Nació en 1284 y firmó su testamento en 1353, por el que ordenaba repartir todos sus bienes excepto las casas que tenía en Toledo, que irían a su hijo mayor. Estas casas, que había heredado en 1319 de su padre, también llamado Diego, son las hoy conocidas como Corral de Don Diego.
De origen claramente islámico medieval, estos corrales eran viviendas agrupadas en torno a un espacio común y aisladas del exterior por una puerta. El caso que nos ocupa era conocido hacia 1200 como Plaza de los Cambistas, lo que parece localizar aquí la alcaicería de Toledo.
El 22 de julio del año 1467, todo el barrio ardió en las refriegas entre los partidarios del Conde de Cifuentes y los del de Fuensalida, relacionadas con el enfrentamiento entre Enrique IV y su medio hermano el Infante Alfonso, y que provocaron, entre otras cosas, la rocambolesca pero preciosa historia de la salida hacia Tombuctú (Mali) de una importante biblioteca andalusí toledana.
A nuestros días ha llegado de este corral medieval un precioso dintel con decoración vegetal gótica sobre la entrada que da acceso al Corral de Don Diego, así como el precioso Salón de Don Diego, situado en el interior y que está siendo restaurado, y que esperemos sea pronto visitable junto a la nueva calle proyectada que unirá el corral con la Cuesta de la Mona (y permitirá acceder al Teatro de Rojas sin pasar por la calle Tornerías).
Os pongo a continuación las imágenes antiguas que nos han llegado del Corral de Don Diego:
Corral de Don Diego en el siglo XIX. Toledo
Corral de Don Diego en 1907. Fotografía de Roy Lucien. Société Française d'Archéologie et Ministère de la Culture (France), Médiathèque de l'architecture et du patrimoine (archives photographiques) diffusion RMN
Corral de Don Diego en los años 20. Detalle de una Fotografía de Otto Wünderlich. © Fototeca del Patrimonio Histórico
Corral de Don Diego en los años 20. Fotografía de Otto Wünderlich. © Fototeca del Patrimonio Histórico
Corral de Don Diego a comienzos del siglo XX. Colección Luis Alba
Corral de Don Diego a inicios del siglo XX. Foto Grafos
Corral de Don Diego (Toledo). Heliotipia Artística Española, 1927
Corral de Don Diego a principios de siglo
Corrral de Don Diego en 1924. Foto M. Clavería
Corral de Don Diego (Toledo) a principios del Siglo XX
Corral de Don Diego (Toledo) a principios del Siglo XX. Foto Rodríguez.
Corral de Don Diego hacia 1918. Foto Villaba para La Esfera
Corral de Don Diego (Toledo) hacia 1905
Corral de Don Diego. Foto Aldus
Corral de Don Diego a principios del siglo XX
Corral de Don Diego hacia 1970. Colección Luis Alba. Ayuntamiento de Toledo
Corral de Don Diego a mediados del siglo XX
Corral de Don Diego en los años 80
Corral de Don Diego (Toledo) en los años 90. Foto ABC
Corral de Don Diego en los años 80.

Aquí tenéis las del Salón de Don Diego:
Salón de Don Diego en su etapa de cochera a comienzos del siglo XX
Salón de Don Diego (Toledo) hacia 1905
Salón de Don Diego (Toledo) hacia 1905
Salón Rico de los Trastámara en el Corral de Don Diego a mediados del siglo XX.

Pero no acaban aquí los enormes atractivos de este coqueto rincón toledano, sino que, muy al contrario, este lugar guarda justo a la derecha de la entrada al corral uno de los mayores tesoros gastronómicos de la ciudad: el Bar Ludeña. Se trata nada menos que del lugar donde se crearon las ya míticas carcamusas toledanas, uno de los platos más famosos de la cocina local consistente en un guiso de magro de cerdo, chorizo, guisantes y un toque de picante, ideado por Don José Ludeña a mediados del siglo XX. Dicen que este plato tomó su nombre de carcamusas a partir de un curioso juego de palabras, pues el bar era frecuentado por clientes masculinos de cierta edad (los carcas) y por algunas señoritas más jóvenes, que ellos consideraban sus musas. El guiso de Don José era del gusto de ambos colectivos, por lo que en honor a ellos se denominó carca-musas.
Bar Ludeña de Toledo a mediados del siglo XX
Bar Ludeña de Toledo a mediados del siglo XX.

Como curiosidad final, deciros que la Plaza de la Magdalena, hacia la que mira el Corral de Don Diego, no siempre tuvo la amplitud actual, sino que la extensión de la plaza se vio incrementada por la destrucción de las viviendas del centro de la plaza durante la Guerra Civil, como podréis ver en estas imágenes:
Casino y Plaza de la Magdalena (Toledo) en la Guerra Civil. Septiembre de 1936. Fotografía de Hans Namuth/Georg Reisner
Plaza de la Magdalena, Toledo, en la Guerra civil (1936).

Estas fotos se tomaron desde el lado de enfrente y se vislumbra el Corral de Don Diego al fondo bajo la torre de la Catedral:
Toledo en plena Guerra Civil. "Archivo Rojo". Ministerio de Cultura. Foto Albero y Segovia
Plaza de la Magdalena de Toledo en plena guerra Civil. Foto aparecida en la revista L'ILLUSTRATION de agosto de 1936 en Paris. Archivo Matias Alonso Fundació Societat i Progrés Valencia

Esas viviendas delimitaban dos plazuelas en el espacio que hoy ocupa la Plaza de la Magdalena, que se conectaban por un callejón estrecho que se comunicaba con la calle Sierpe, junto a la antigua tienda de Bahamontes. Este es el callejón en 1936:
Toledo en plena Guerra Civil. "Archivo Rojo". Ministerio de Cultura. Foto Albero y Segovia
Toledo en plena Guerra Civil. "Archivo Rojo". Ministerio de Cultura. Foto Albero y Segovia

Esperemos que las las reformas urbanas del futuro no tengan nunca más un origen bélico, y que sigamos muchos años disfrutando del Bar Ludeña y de sus carcamusas.

El Corral de Don Diego y su Salón anejo en Google Maps:

Ver mapa más grande

18 comentarios

Pedro Liñán de Riaza dijo...

Magnifica entrada Eduardo. Además de las carcamusas en el Ludeña existía otra famosa tapa. Ahora apenas la elaboran dos o tres veces al año, pero los más viejos del lugar seguro que que la recuerdan. Me refiero al famoso "repollo" del Ludeña.

morisot (Pilar Álamo) dijo...

Es un privilegio ver y apreciar los rincones de Toledo de la mano de un guía tan bueno.
La próxima vez que vaya a Toledo lo consideraré de otra manera.
Un saludo

Quique dijo...

Gran entrada, como siempre. Muy curiosa la historia de las carcamusas y de Ludeña. Saludos y feliz año.

Ricardo Sánchez Candelas dijo...

En alguna ocasión anterior no he resistido la tentación de revivir y sacar también del olvido a personas o episodios que pertenecen a una determinada vivencia, grabada en nuestra memoria, de ese "toledo olvidado" que toma vida ahora en cada entrega del blog de Eduardo. Algo así como añadir al paisaje el paisanaje. El "homenaje" a las carcamusas de Ludeña, de las que me confieso devoto adicto, me ha venido muy al pelo de este propósito recordatorio. Y así, ya en el propio recinto cerrado de El Corral de Don Diego, no puedo dejar de mencionar que allí se ubicaban las cocheras de los hermanos Maroto, Félix y Angel,tan excelente personas como formidables profesionales, quizá los primeros taxistas de Toledo, cuando de esta profesión se decía que tenían un coche "al punto". La habían heredado de su padre, el señor Raimundo Maroto, cuyo negocio, algo lejos aún de ser oficio motorizado, debía estar todavía más relacionado con los caballos de sangre que con los caballos de vapor.
Y en ese mismo escenario - o casi, Plaza de la Magdalena -, recordar que en el establecimiento en el que alojó su negocio Federico Martín Bahamontes, antes de que alcanzara la celebridad ciclista, (lo cual motivó que para bastantes generaciones de toledanos, Plaza de la Magdalena fuese sinónimo, casi único y exclusivo, del mítico e incomparable "Fede"), hubo una importante y famosa pastelería que, si mal no recuerdo, era la de Juan Labrador. Colindante con este establecimiento, la tienda de Comestibles Ayuso, también durante bastantes años, era otro de los inevitables reclamos de esta plaza toledana. Allí, don Miguel, persona de extraordinaria bondad, regentó durante ese tiempo uno de los establecimientos del ramo más prestigiosos de la ciudad. ¡A buen orgullo lo tenía mi querido amigo y compañero de pandilla de juventud, su hijo Miguel!Y ya puestos a recorrer la plaza, tampoco dejo de mencionar en ese mismo escenario al bar El Nido, que durante mucho tiempo sirvió los mejores bocadillos de calamares de Toledo, y que estaba atendido en la barra por un inefable personaje, cuyo nombre lamento ahora no recordar, pero que ha debido alcanzar uno de los records de más meritorio toledanismo: No es otro que el de dedicarse, desde hace años en que sufriera una operación de traqueotomía que le apartó del trabajo, a dar durante todo el día vueltas al Valle. Haga frío o calor, sea laborable o festivo,caigan rayos o chuzos de punta, ahí tenemos a nuestro intrépido "vueltalvallista", casi como un infatigable semoviente, devorando kilómetros en lo que, sin duda, ya debe ser un record de proporciones históricas. Y, cómo no, aunque ya a una cierta distancia del propio Corral de Don Diego, dedicar también una referencia a la cordelería y tienda de semillas del señor Córdoba, quizá uno de los establecimientos más veteranos de todo el lánguido comercio artesanal que aún subsiste en la ciudad, ajeno a franquicias y a logotipos de marcas de postín.
En fin, séame perdonada esta deriva de la nostalgia, pero en un blog como este de "toledo olvidado" debe ser cosa poco más que de pecado venial.
Saludos a todos.

Ramón dijo...

Si la memoria no me falla, quien regentaba El Nido era Hilario, ayudado por su familia y por un excelente camarero de nombre Pepe, de los que siento desconocer el apellido

Alatriste dijo...

Sobre la historia de los textos perdidos en Tombuctú: recuerdo hace muchos años ver en televisión un personaje de ese país que aseguraba ser descendiente de los antiguos visigodos de la Península. Al leer hoy la historia estoy casi seguro que se trataba del personaje que comentan en el enlace y que recuperó tan importante fondo en los años 90.

Ricardo Sánchez Candelas dijo...

En efecto, amigo Ramón, no te falla la memoria, y quien regentaba el Bar El Nido, como encargado y dependiente, en aquellos años de nuestra lejana juventud - por lo menos la mía - se trataba de Hilario, y era la persona de la que yo exaltaba con admiración su condición de "vueltalvallista". Hoy, (15.01.08), coincidiendo ambos en este pedestre deporte, me lo ha confirmado él mismo. Llevaba catorce años dando dos vueltas diarias al Valle, reducidas a sólo una,por motivos de salud, en los tres últimos años. Haga cualquiera, aunque sea de letras, un elemental cálculo aritmético y vendrá en conocimiento de que nuestro buen amigo Hilario se ha metido ya entre pecho y espalda casi 60.000 kilómetros en este menester. A la salud del señor Guiness. Díganme, si ante tanto homenaje inmerecido a cualquier pelanas con carnet, este hombre no merecería uno más que justificado. Y no lo digo por nuestra común condición de vecinos del barrio de San Justo - Hilario, del Callejón del Toro, y yo, de Sixto Ramón Parro -, que esas cosas siempre estimulan mucho patriotismo y camaradería, sino porque hay una determinada manera de "vivir Toledo" y de "vivir en Toledo" que, de puro heroico, empieza a ser algo muy meritorio.
De momento, a Hilario, este inofensivo deporte del "vueltalvalling", para envidia de los que somos más aficionados al "zocodovering" o al "calleanching", le está proporcionando una razonable convivencia con sus achaques de salud. No a el solo, claro está.

Chantallyne dijo...

Hola Eduardo,
encontré su blog buscando el origen de la palabra "Carcamusas". Una amiga mía, Mary,que es de Toledo, aunque viviendo en Lloret de Mar (Cataluña) me pasó esta receta para colgarla en mi blog de cocina.
Le importaría que haga referencia a su blog, por si alguien quiere saber más sobre el asunto?
Un abrazo y enhorabuena por las fotos estupendas.Ya volveré para conocer mejor Toledo!!!...

Eduardo Sánchez Butragueño dijo...

Chantallyne:
Por supuesto que puede mencionar mi blog, faltaría más.
Muchas gracias y un saludo.

Mari dijo...

Hola Eduardo, yo soy Mari la que menciona mi amiga Chantallyne.he entrado por casualidad en tu blog.
y me as hecho recordar muchas cosas.yo vivo en LLoret de Mar y voy 2 o 3 veces al año al Toledo de mis amores,y siempre voy a comerme las carcamusa,,,que yo hago muchas veces,pero que en casa Ludeñas tienen un encanto especiaal....todo lo que mencionas es como una pelicula para mi,el sr,Angel Maroto era amigo de mi padre,..a casa Ayuso me mandaba mi madre a comprar cuando yo era pequeña.El bar el Nido era del cuñado de mi tio... Su mujer era Carmen...el Hilario y el camarero
Pepe su cuñado un saludo Mari

Mari dijo...

Hola Ricardo donde vivias,Yo en la cuesta del Can,donde vivian mis primos
Pablo,,,Miguel ,Lili ,y Chule
un saludo Mari

Eduardo Sánchez Butragueño dijo...

¡Gracias Mari!
Por si Ricardo no leyera tu comentario te respondo yo: vivía en Sixto Ramón Parro.
Saludos.

Federico dijo...

Gracias Eduardo por esta entrada. Me permito contaros un pequeño secreto que mucha gente desconocerá sobre el portal del Corral: usaron una lapida del antiguo cementerio judío de Toledo con inscripciones en hebreo para construirlo. Cito textualmente a J. Mª Millas y F. Cantera en Inscripciones hebraicas de España (Madrid 1956): "Piedra granítica de 0,64m de longitud por 0,38m de anchura. Hallase empotrada en curiosa fachada del llamado “Corral de Don Diego” de la típica y sugerente plazuela del “Barrio del Rey” toledano. Es solo un fragmento de la lapida total, aprovechado en la construcción de ese edificio, a escasos dos metros del suelo. Creyosela perdida durante mucho tiempo por haberse enlucido de cal dicha fachada; más fue reencontrada en 1913. (...) El muerto era tal vez un hijo (quizá Yehuda, como sospecho Derenbourg, o mejor Israel, según hipótesis de Schwab) de Yosef al-Naqawa († 1349) o de otro Yosef de idéntica familia." El articulo viene acompañado de una foto del portal en la época y de la piedra.
Resulta que se trata de uno de mis antepasados... Sé que quitaron la lapida hace años pero desconozco donde se encuentra ahora y agradezco a quien me podría dar información al respecto. Saludos desde Madrid.

Eduardo Sánchez Butragueño dijo...

¡Gracias Federico por tan valiosa aportación!
Indagaré sobre el tema.
Abrazos.

Pedro Liñán de Riaza dijo...

Federico, la lápida por la que preguntas se encuentra en el Museo Sefardí de Toledo. Si accedes a la Red Digital de Colecciones de Museos de España y en la casilla de búsqueda pones su número de inventarío (0017/001) podrás acceder a ella

http://ceres.mcu.es/

Asimismo en el libro Epigrafía Hebrea de Jordi Casanovas Miró (pág. 100-102), puedes encontrar una amplia descripción de los distintos avatares desde que se tiene primera noticia de la lápida en 1752, su desaparición y su reaparición definitiva en 1912.

Si no los encuentras no dudes en facilitar tu mail que Eduardo o yo te los enviaremos.
Un saludo

Federico dijo...

Pedro, acabo de ver tu entrada ahora. Muchas gracias por la información muy valiosa. Voy justamente mañana a Toledo, a ver si puedo averiguar donde está porque estoy seguro que no está expuesta en el patio con otras lapidas.
El libro de Jordi Casanovas Miró, lo encontré en Google Books pero no se pueden ver todas las páginas. Ahora le envío un mail a Eduardo, sería genial si me puede enviar el extracto.
Mil gracias para este fantástico blog!

José Carlos Moro Maroto dijo...

Hola Eduardo, tras recoger tu libro, del cual te vuelvo a dar la enhorabuena, y según te he comentado me he puesto a buscar y he encontrado una factura del Ayuntamiento de Toledo de mi bisabuelo, Raimundo Maroto http://www.ayto-toledo.org/archivo/exposiciones/facturas/g/1933%20-%20Autom%C3%B3viles%20de%20alquiler%20de%20Raimundo%20Maroto%20Navas.jpg. Posteriormente sus dos hijos Félix y Ángel, siguieron con la tradición. De mi bisabuelo, Raimundo y de mi abuelo, Ángel, en breve te pasaré algunas fotos para que las puedas añadir a tu blog.
Mary me ha emocionado que te acuerdes de mi abuelo y familia, al igual que Ricardo Sánchez Candelas, hablando de ellos con ese cariño.
Un saludo.

Anónimo dijo...

Fernando. Cuando observo una fotografia antigua, siempre me hago la misma pregunta: ¿quien serán las personas que aparecen?, ¿cual fue su historia? o ¿que hacian o donde iban en ese instante?.
La verdad, en esta entrada, has comentado una de esas preguntas que me hago. La historia de una imagen del recuerdo. Corral de don diego, Bar ludeña, carcamusas.
Muy interesante el blog. ¡Enhorabuena!

© TOLEDO OLVIDADO
Maira Gall